Sobreviví sin sistema en mi infancia y por eso el mundo me concedió - Capítulo 130
- Inicio
- Sobreviví sin sistema en mi infancia y por eso el mundo me concedió
- Capítulo 130 - Capítulo 130: EL DESPERTAR DEL GUARDIÁN
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 130: EL DESPERTAR DEL GUARDIÁN
TEMPORADA 5 – CAPÍTULO 130: EL DESPERTAR DEL GUARDIÁN
El Guardián del Hábito observaba la ciudad con una mezcla de consternación y algo que podría confundirse con melancolía. Las risas y los nuevos gritos de asombro de los ciudadanos flotantes resonaban en sus oídos, no como ruido, sino como una cacofonía que desmantelaba su propia esencia. El campo de estabilidad de Kael y la música reconfortante de Jax habían logrado lo impensable: transformaron el viento, antes un símbolo de peligro, en un suave aliado.
“Esto no durará”, susurró el Guardián, su voz ahora un mero eco en comparación con la vibrante energía de la ciudad. “La memoria del vértigo está impresa en su misma esencia. La comodidad, el arraigo… son difíciles de erradicar.”
Lira, sintiendo la debilidad en sus palabras, se acercó aún más. “No buscamos erradicar, sino expandir. El arraigo puede coexistir con la libertad. Las raíces profundas pueden sostener un vuelo elevado.”
Mientras tanto, los edificios-árbol, ya convertidos en islas aéreas, continuaban su transformación. Las cortezas se abrían, revelando ventanales que antes no existían, y en sus copas, antes solo follaje, surgían ahora plataformas de observación y aterrizaje. Los Luminiscos, con Serenidad de la Violeta a la cabeza, tejían nuevas rutas entre ellas, creando escaleras de luz y pasarelas etéreas que se adaptaban a los deseos de los ciudadanos.
Jax, aprovechando el momento, proyectó imágenes holográficas en las nubes controladas por Kael: historia de otros pueblos que habían conquistado el cielo, aves de mil colores que migraban sin miedo, y el propio planeta visto desde arriba, una esfera azul y verde que invitaba a la exploración. La visión del mundo, antes limitada al horizonte terrenal, se expandía exponencialmente.
El Guardián del Hábito, al ver las imágenes, detuvo su discurso. Algo en él parecía reaccionar a la información, a la idea de que su “orden” no era la única posible. Su figura, que antes era una masa uniforme de gris, comenzó a mostrar fisuras, como si una luz interna quisiera abrirse paso.
“¿Qué… qué es eso?”, preguntó, señalando una de las proyecciones de Jax: un ave solitaria que se elevaba más allá de las nubes, dejando una estela brillante a su paso.
“Es la libertad, Guardián”, respondió Zora. “La capacidad de elegir tu propio camino, incluso si es uno que nadie ha tomado antes. Y la resiliencia para levantarse si caes.”
De repente, la figura del Guardián se estremeció. Las fisuras se hicieron más pronunciadas y, para asombro de todos, una explosión de color estalló desde su interior. El gris se desprendió como una cáscara, revelando no una forma amenazante, sino una criatura etérea, brillante, compuesta de filamentos de luz y colores cambiantes, como una aurora boreal en miniatura.
El ser recién revelado era majestuoso y frágil a la vez. No tenía voz, pero su presencia era una melodía silenciosa de asombro y comprensión. Los ciudadanos, que habían estado observando con cautela, ahora lo hacían con admiración. El Guardián del Hábito no había sido destruido; se había transformado.
“No era miedo…”, susurró Lira, comprendiendo. “Era una forma de protección extrema. Estaba tan empeñado en evitar el dolor que se había olvidado de la alegría.”
La criatura de luz se elevó lentamente en el aire, danzando en sincronía con los Luminiscos. Mientras ascendía, dejó caer pequeñas esferas de luz que se disolvían al tocar a los ciudadanos, dejándolos con una sensación de paz y una profunda conexión con el cielo y la tierra. El antiguo miedo se había transmutado en una sabiduría arraigada: la seguridad no está en la inmovilidad, sino en la capacidad de adaptarse y volar.
La ciudad de las raíces profundas, ahora la “Ciudad Flotante de la Conciencia Expandida”, había encontrado su equilibrio. Los edificios-islas se movían en una coreografía lenta y majestuosa, conectadas por puentes de luz que se adaptaban a las necesidades de sus habitantes. Los niños ya no saltaban para flotar, volaban, y los adultos habían aprendido a confiar en sus propias alas, sabiendo que la tierra, en su momento, los recibiría suavemente.
La tripulación, observando el espectáculo de esta nueva civilización, sintió una profunda satisfacción. Su misión había ido más allá de la simple ayuda; habían catalizado una metamorfosis.
“Nuestra siguiente parada”, dijo Kael, mirando el mapa estelar en su dispositivo, “es un planeta donde el tiempo corre al revés. Dicen que los recuerdos son el combustible de su futuro.”
Elena sonrió. “Parece que siempre hay algo nuevo que aprender y alguien a quien ayudar a recordar su verdadera naturaleza.”
Mientras la nave de la tripulación se preparaba para partir, la criatura de luz, el Guardián transformado, hizo un último gesto. Se dividió en innumerables motas de luz que se esparcieron por toda la ciudad, fusionándose con los ciudadanos y los edificios, asegurando que la lección de equilibrio y libertad jamás sería olvidada.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com