Star wars: Nace una leyenda - Capítulo 13
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
13: PRUEBA 13: PRUEBA En la cima del Yggdrasil —Bienvenido, joven descendiente.
La voz resonó dentro de mi mente, profunda y antigua.
—Soy Droll Fen’ruus, creador de este hermoso paraíso que observas.
No hablaré mucho de mí, pues solo soy una proyección de la Fuerza.
Mi propósito es elegir al futuro heredero de este mundo y de todo lo que conlleva.
La voz hizo una breve pausa antes de continuar.
—Hasta ahora nadie ha completado la prueba.
Espero que seas el primero.
En todo caso… seguiré esperando.
Sentí un escalofrío recorrer mi espalda.
—La prueba es simple.
La llamo “El Destino”.
En el momento en que la completes, te convertirás en el heredero de todo.
Lo sabrás… aunque quizá, al final, lo hayas olvidado todo.
El tono de la voz era enigmático y profundo.
Entonces… Sonido de caída.
—¿Qué pasó?
De pronto dejé de flotar.
—¡Me voy a estrellar!
El viento silbaba en mis oídos mientras caía.
Luego… Silencio.
Un silencio absoluto.
Creo… creo que estoy bien.
Intenté ponerme de pie y observar a mi alrededor.
Pero lo que vi me dejó paralizado.
Mi madre estaba allí.
Junto a ella había una anciana y varias mujeres alrededor.
Mi madre estaba dando a luz.
—¿Qué… es esto?
Me acerqué para hablarle.
—¡Madre!
Pero cuando intenté tocarla, mis manos atravesaron su cuerpo.
No podía interactuar con nada.
Era un espectador.
Podía ver su dolor.
Podía sentirlo.
—¡Puje, señora!
¡Ya no queda tiempo!
—gritó la anciana con desesperación.
Un grito desgarrador llenó la habitación.
—¡Ahhh!
Mi madre gritaba de dolor.
Vi cómo la sangre comenzaba a manchar las sábanas.
Su agonía se hacía cada vez más intensa.
Sentí que mi corazón se detenía.
Mi respiración se volvió irregular.
Mi mente no reaccionaba.
Era como si una daga estuviera desgarrando mi alma.
Nunca había visto a mi madre sufrir así.
Quería hacer algo.
Cualquier cosa.
Pero nada de lo que hacía… nada de lo que gritaba… podía detener aquella escena.
Entonces ocurrió lo inevitable.
El silencio llenó la habitación.
Mi madre había dejado de gritar.
Había dejado de luchar.
La anciana sostenía a un bebé sin vida en sus brazos.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—No… —susurró.
Todas las mujeres comenzaron a llorar.
En ese momento la puerta se abrió de golpe.
Mi tía entró corriendo, empujando a todos a su paso.
Se arrodilló junto a mi madre.
Y sollozó con desesperación.
—¡No… no…!
Las mujeres murmuraban entre ellas.
—El bebé también murió… —Ya no queda esperanza… —Nuestro clan está destinado a la extinción… Mis ojos se llenaron de lágrimas.
Mi mente comenzó a oscurecerse.
No.
No podía ser real.
Yo había vivido.
Mi madre estaba viva.
¿Qué mierda es esta maldita prueba?
Entonces el tiempo comenzó a correr más rápido.
Como escenas de una película.
Observé cómo mi clan era lentamente destruido por una enfermedad terrible.
Solo unos pocos sobrevivieron.
Luego vi cómo eran conquistados y masacrados por otros clanes al inicio de la Guerra Civil de Mandalore.
Vi a mi tía luchar.
Vi cómo se sacrificaba para salvar a los últimos niños del clan.
Para darles una oportunidad de escapar.
Un sable negro atravesó su cuerpo.
Y luego… Fue decapitada.
Los últimos sobrevivientes huyeron en una nave.
Pero incluso allí… La muerte los alcanzó.
Un caza estelar los atacó.
La nave explotó.
No quedó nadie.
Todo el clan había desaparecido.
Todo lo que quería proteger… había desaparecido.
Mi vida había perdido todo sentido.
Sentía que todo había sido un sueño.
Un sueño en el que jamás existí.
Había olvidado que esto era una prueba.
Para mí… Todo era real.
Nunca existí.
Nunca conocí a mi madre.
Nunca tuve amigos.
Nunca tuve familia.
Comencé a negar mi propia existencia.
Y poco a poco… Comencé a desaparecer.
Mi fin había llegado.
Entonces… Una voz suave rompió la oscuridad.
—Azmar… no te rindas.
Era la voz de una niña.
—Me lo prometiste… vivirías feliz y sin remordimientos.
Mi corazón tembló.
—Tú siempre cumples tus promesas.
¿Quién era?
No la recordaba.
Pero su voz… Era cálida.
Amable.
Familiar.
Entonces los recuerdos regresaron.
Era ella.
Mi hermana.
La única familia que tuve en mi vida pasada.
La luz de mi vida.
Hasta que le fallé.
Murió por mi culpa.
Había olvidado el pastel de su cumpleaños.
Ese día ella regresaría del colegio y yo le había preparado una pequeña sorpresa.
Pero faltaba lo más importante.
El pastel.
Salí corriendo a comprarlo.
Pero cuando regresé… La casa estaba en llamas.
No sabía si ella ya había llegado.
Corrí.
Corrí lo más rápido que pude.
El pastel cayó al suelo.
No me importaba.
Atravesé el cerco policial.
La gente me gritaba.
Pero no escuchaba nada.
Solo recordaba sus últimas palabras.
—Hermano… espero mi pastel.
—Es una promesa.
—Claro —le respondí—.
Yo siempre cumplo mis promesas.
Entonces ocurrió lo peor.
Vi cómo los bomberos sacaban un pequeño cuerpo sin vida de la casa.
—Es demasiado tarde —dijo uno de ellos.
—Murió por asfixia.
Mi mundo se derrumbó.
Desde ese día mi vida terminó.
Nunca me perdoné por romper mi promesa.
Si tan solo hubiera estado allí.
Si no hubiera olvidado el maldito pastel.
Lo último que recuerdo de ese mundo… Fue una fotografía.
Ella sonreía mientras la llevaba sobre mis hombros.
—Luna… ¿eres tú?
Mi voz temblaba.
—Luna… perdóname.
—No cumplí mi promesa.
—Sí, soy yo, hermano.
Su voz era suave.
—No hay nada que perdonar.
No fue tu culpa.
—¡Sí lo fue!
Si hubiera estado allí… No te habría perdido.
—No, hermano.
—Ese era mi destino.
—¿Recuerdas cuando me enfermé gravemente y me llevaste al hospital?
—Pensé que moriría.
Te pregunté qué pasaría si eso ocurría.
—Me dijiste que tu vida perdería sentido… y que no permitirías que eso pasara.
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
—Esa noche me hiciste una promesa.
—Que vivirías feliz.
—Que seguirías adelante.
—Que formarías una familia si yo no sobrevivía.
—Pero sobreviviste… —respondí llorando.
—Sí, hermano.
—Pero cuando morí en el incendio… olvidaste esa promesa.
—Te aislaste del mundo.
—Perdiste toda tu felicidad.
—No tuviste familia.
—Moriste solo.
Sus palabras atravesaron mi alma.
—Pero tú eras mi única familia… —No, hermano.
—Debiste tener esposa.
—Hijos.
—Nietos.
—Pero ahora tienes otra oportunidad.
Su voz se volvió más cálida.
—Cumple tu promesa.
—Vive feliz.
—Ten hijos.
—Logra lo que no pudiste.
—Siempre estaré orgullosa de ti.
Su voz comenzó a desvanecerse.
—Adiós, hermano.
—Siempre te amaré.
—¡Luna!
—Lo prometo.
—Esta vez cumpliré mi promesa.
—Lo prometo.
—Lo lograré.
—Estarás orgullosa de mí.
Un susurro lejano llegó hasta mí.
—Lo sé, hermano… —Tú siempre cumples tus promesas.
El miedo y la tristeza comenzaron a desaparecer.
Recuperé mi conciencia.
Mi cuerpo aún estaba en el suelo.
Pero mis brazos… Habían desaparecido.
Mis piernas también comenzaban a desvanecerse.
Dejé de negar mi existencia.
Mi madre estaba viva.
Mi familia estaba viva.
Mi clan estaba vivo.
Esto… Era solo una prueba.
—¡Todo es real!
Grité con todas mis fuerzas.
Mi cuerpo dejó de desaparecer.
Mis extremidades regresaron.
Volví a sentirme vivo.
—Gracias… Luna.
Entonces una voz anciana habló.
—Muy bien, joven.
—Has superado la Prueba del Destino.
Esta vez pude verlo.
Un anciano alto y erguido caminaba hacia mí.
Cabello negro.
Ojos azul oscuro.
Vestía una túnica gris y antigua.
—Ahora eres el dueño de este lugar.
—Mi destino aquí ha terminado.
Me miró con serenidad.
—Solo tengo una última petición.
—Protege este bosque.
—Sus habitantes te serán de gran ayuda.
Su cuerpo comenzó a desvanecerse.
—Lo prometo.
—Nada le pasará al bosque ni a sus habitantes.
El anciano sonrió.
—Gracias, joven.
—Te deseo suerte.
—Y qué crees tu propio destino.
Entonces desapareció.
Sentí un cosquilleo en mi mano.
Miré mi palma.
El símbolo del Yggdrasil apareció grabado en ella.
—Supongo que esta es la llave… y el símbolo de mi herencia.
El mundo comenzó a girar.
Todo cambió a mi alrededor.
Mi conciencia regresó a mi cuerpo.
Estaba nuevamente frente al gran árbol.
—Al parecer pasaste la prueba, joven Azmar.
La voz solemne del lobo resonó.
—Sabía que lo lograrías.
Sonido de masticar.
—¡Ja!
¡Sabía que lo lograrías!
—Ahora nos aventuraremos por todo el universo.
Ratatosk reía lleno de emoción.
Solo pude sonreír.
—Felicidades, joven amo.
La voz etérea de Atena apareció.
—Gracias, Atena.
—Espero que me guíes y me ayudes a proteger este mundo.
—Siempre estaré a su servicio, joven amo.
Entonces Fenrir habló.
—Mi momento ha llegado.
Guardó silencio por un momento.
—He cumplido con mi destino y con mi promesa.
—Ahora es tiempo de irme.
—Por fin me reuniré con mi viejo amigo.
Atena habló con tristeza.
—Gracias, Fenrir.
—Cumpliste con tu propósito.
—Espero que encuentres tu camino.
Ratatoske gritó desesperado.
—¡Viejo lobo gruñón!
¿Por qué te vas?
—¡Prometo no comer más frutos de tu árbol!
—¡Viaja con nosotros por el universo!
Fenrir soltó una pequeña risa.
—Gracias, Atena.
—Cuida al joven maestro.
Luego miró a la pequeña ardilla.
—Y tú, pequeña.
—Preferiría esperar otros cuatro mil años antes de viajar contigo a algún lugar.
Ratatoske protestó indignado.
Fenrir volvió a mirarme.
—Vive bien, joven heredero.
—Disfruta tus aventuras.
—Adiós, Fenrir.
—Me habría gustado conocerte mejor.
—Pero protegeré el Yggdrasil y este mundo.
Fenrir negó con calma.
—No te preocupes.
—Solo mi conciencia desaparecerá.
—Un nuevo yo renacerá a los pies del Yggdrasil.
—Solo espera.
—Atena te avisará cuando llegue el momento.
Su cuerpo comenzó a transformarse en una niebla oscura.
La niebla se fusionó lentamente con el árbol.
Había desaparecido.
Atena habló suavemente.
—Joven amo.
—Un nuevo guardián del Bosque del Origen nacerá algún día.
—Yo le avisaré cuando ocurra.
—Gracias, Atena.
Miré a Ratatosk.
—¿Estás bien?
—Masticar.
—Sí… —Extrañaré al viejo lobo.
—Siempre fue bueno conmigo.
—Me dejaba comer los frutos del gran árbol.
Suspiré.
Este roedor no cambia.
—Joven amo.
—Quiero hablarle de la marca en su mano.
—Esa es la llave de este mundo.
—El Bosque del Origen.
Atena acercó su mano a la mía.
De pronto aparecieron estrellas y planetas alrededor del símbolo del Yggdrasil.
—Ahora también posees la llave de la Biblioteca del Conocimiento.
—Tienes la autoridad máxima en ambos mundos.
—Pero recuerda algo importante.
Su voz se volvió seria.
—El Yggdrasil es el núcleo del Bosque del Origen.
—Debes protegerlo a toda costa.
Asentí.
—En cuanto a la Biblioteca del Conocimiento… cuando llegue el momento te mostraré todo el lugar.
—Aún tenemos tiempo.
Luego añadió: —Ya no necesitas el antiguo holocrón para entrar.
—Solo concéntrate en la llave y en la Fuerza.
—Y podrás ingresar.
Hizo una pausa.
—Debes regresar.
—Han pasado diez horas aquí.
—En tu mundo… unas cinco.
—Tal vez te estén buscando.
—Gracias por todo, Atena.
—Pronto volveré.
Cerré los ojos.
Respiré profundamente.
Mi destino aún no está escrito.
Pero hoy… Hoy logré aceptar mi pasado.
Y finalmente… caminar hacia el futuro.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com