Star wars: Nace una leyenda - Capítulo 12
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
12: BOSQUE DEL ORIGEN 12: BOSQUE DEL ORIGEN Caminé lentamente hacia la puerta.
A medida que me acercaba pude apreciar con mayor detalle los intrincados patrones grabados en su superficie.
No eran simples adornos: representaban el universo mismo.
Galaxias, estrellas y constelaciones parecían entrelazarse en una danza eterna tallada en la piedra.
Respiré hondo y extendí las manos.
Empujé la puerta con suavidad.
Para mi sorpresa, a pesar de su tamaño colosal, se movió sin resistencia alguna, como si no pesara absolutamente nada.
En el instante en que mis manos tocaron su superficie, una extraña sensación recorrió mis brazos.
Frío.
Y calor.
Ambos al mismo tiempo.
Era una sensación imposible de describir, pero aun así continué empujando.
A medida que la puerta se abría, un nuevo mundo apareció ante mis ojos.
Era un lugar lleno de vida.
Árboles gigantes se elevaban hacia el cielo, flores de colores imposibles cubrían el suelo y pequeños insectos revoloteaban entre la vegetación.
Todo parecía vibrar con una energía serena y profunda.
En el centro de aquel lugar se alzaba algo que hizo que mi respiración se detuviera por un instante.
Un árbol.
Pero no cualquier árbol.
Era gigantesco.
Majestuoso.
Superaba cualquier cosa que hubiera visto en mis dos vidas.
Entré lentamente.
El espacio ya era lo suficientemente amplio para pasar.
Sin apartar la mirada de aquella colosal presencia, avancé hacia él.
El árbol debía superar fácilmente los quinientos metros de altura.
La guardiana me había dicho que fuera hacia el gran árbol, donde comenzaría la prueba.
Supongo que se refería a este.
Mientras caminaba observaba todo a mi alrededor con atención.
La escena era casi surrealista.
No sabía si aquello era real o si se trataba de algún tipo de proyección creada por la Fuerza.
Pero algo era innegable.
Podía sentir la vida en ese lugar.
Una paz profunda impregnaba el ambiente.
Los insectos, parecidos a pequeñas abejas, zumbaban alrededor de mi cabeza como si observaran a un visitante inesperado.
Al examinarlos con atención noté que eran casi el doble de grandes que una abeja normal y tenían rayas negras y blancas.
Seguí avanzando.
Entonces vi algo extraño en lo alto de algunos árboles.
Un grupo de ardillas mordía una fruta similar a una nuez.
Pero eso no era lo extraño.
Lo extraño era que llevaban ropa.
Pequeños chalecos.
Pantalones cortos decorados con patrones de semillas y nueces.
Parpadeé.
Una de ellas llamó especialmente mi atención.
Llevaba un extraño sombrero adornado con una pequeña rama con hojas incrustadas, muy similares a las del gran árbol.
Y además… Tenía dos colas.
Fruncí el ceño.
¿Desde cuándo las ardillas vestían ropa?
Decidí no darle demasiadas vueltas y continué caminando.
Entonces lo escuché.
—Sonido de masticar—.
¿Qué tenemos aquí?
Un nuevo retador.
Me detuve de golpe.
—Sonido de masticar—.
Han pasado más de doscientos años desde que vi uno.
Miré a mi alrededor.
—Sonido de masticar—.
Este se ve más interesante que el anterior.
—¿Quién dijo eso?
—pregunté en voz alta mientras giraba rápidamente.
—Sonido de masticar—.
Aquí arriba, pequeño humano.
Levanté la vista.
La ardilla del sombrero me observaba desde una rama mientras masticaba tranquilamente una nuez.
—Sonido de masticar—.
Me llamo Ratatosk.
—Sonido de masticar—.
Debes estar aquí para pasar la prueba.
Sonrió con picardía.
—Sonido de masticar—.
Tal vez me una a la diversión.
Suspiré.
Esto se estaba volviendo cada vez más absurdo.
Primero una dimensión extraña.
Ahora una ardilla parlante.
¿No se suponía que estaba en el universo de Star Wars?
¿Dónde demonios me habían enviado?
Aun así, intenté mantener la calma.
—Hola, Ratatosk —respondí—.
Mi nombre es Azmar Fen’ruus.
Y sí… estoy aquí para la prueba.
La ardilla inclinó la cabeza.
—Sonido de masticar—.
Interesante… veo algo especial en ti.
Tal vez tengas una oportunidad de pasar la prueba de ese viejo gruñón.
Sus ojos brillaron.
—Y con suerte nos dejará en paz.
“Viejo gruñón”.
Eso llamó mi atención.
—Quizás podrías acompañarme —propuse—.
Según veo, todavía queda un largo camino hasta el gran árbol.
Podemos conversar mientras caminamos.
Ratatosk saltó inmediatamente de la rama.
—Sonido de masticar—.
Buena idea.
No hay mucho entretenimiento en este bosque.
Con una agilidad sorprendente aterrizó directamente sobre mi hombro.
Era un poco pesado, pero no dije nada.
Tenía información que podría ser útil.
Retomé el camino.
—¿Puedes hablarme de este lugar?
Ratatosk infló el pecho con orgullo.
—Este es el Bosque del Origen.
Mi familia ha vivido aquí durante generaciones.
Y aunque no lo parezca… Se señaló a sí mismo.
—Soy el líder actual de mi tribu.
Luego señaló hacia adelante.
—Ese árbol al que nos dirigimos es el Árbol de Yggdrasil.
Está custodiado por un viejo lobo gruñón.
Nunca me deja a mí ni a mis amigos jugar allí.
Bufó.
—Siempre está acostado bajo su sombra.
Se relamió.
—Si tan solo pudiera coger esos deliciosos frutos… Tosí ligeramente.
—Un momento… dijiste que el último que vino a pasar la prueba fue hace más de doscientos años.
Lo miré de reojo.
—¿Cuántos años tienes?
—Soy muy joven —respondió con naturalidad—.
Tengo doscientos cincuenta y un años.
Parpadeé.
—Mi especie vive hasta los mil años.
Se encogió de hombros.
—Bueno… esa fue la edad que tenía mi abuelo cuando murió aplastado por un árbol.
Lo dijo con tanta tranquilidad que me dejó sin palabras.
Supongo que esta ardilla no era muy brillante.
Pero al menos ahora sabía que su especie tenía una vida extremadamente larga.
—¿Sabes algo sobre la prueba?
Ratatosk negó con la cabeza.
—No mucho.
Nadie ha logrado completarla.
Ese lobo gruñón nunca quiso explicarme nada.
La última vez que le pregunté me agarró con los dientes y me lanzó por los aires.
Resopló indignado.
—Pero mis ancestros dicen que quien complete la prueba se convertirá en el gobernante y protector de este bosque.
Sus ojos brillaron de emoción.
—Y podremos conocer nuevos mundos.
Me dio una pequeña patada en la espalda.
—Así que espero que la completes.
Sonrió.
—Quiero salir de este aburrido lugar y explorar todo lo desconocido.
Finalmente llegamos al pie del Árbol de Yggdrasil.
Habíamos caminado cerca de una hora.
A lo lejos pude distinguir una enorme silueta.
Supuse que era el famoso lobo gruñón del que tanto se quejaba Ratatosk.
Al principio pensé que era del tamaño de un león, similar al de mi madre.
Pero mientras me acercaba comprendí que estaba completamente equivocado.
Era mucho más grande.
Mucho más imponente.
Cuando finalmente llegué frente a él… Mi respiración se detuvo.
Aquel lobo medía más de veinte metros de altura.
Su presencia dominaba todo el bosque.
Entonces habló.
—Bienvenido, heredero de Fen’ruus.
Su voz era profunda y antigua.
—Te he estado observando desde que llegaste.
Luego olfateó el aire.
—Y a ti también, pequeña rata.
Ratatosk se congeló detrás de mi espalda.
—La última vez escapaste con algunas frutas del gran árbol.
Los ojos del lobo brillaron.
—Esta vez lo dejaré pasar.
Hizo una pausa.
—Pero la próxima vez… serás fertilizante para este bosque.
Ratatosk empezó a sudar.
—G-gracias… venerable Fenrir.
Fenrir.
El legendario lobo de mi ancestro.
Y seguía vivo.
—Soy Fenrir, protector del Árbol de Yggdrasil y de todo este bosque.
Cada vez este mundo era más extraño, pero tenía una duda desde que mi madre me habló del ancestro de los lobos.
Tal vez por fin hallaría respuestas.
—Gran Fenrir, tengo una pregunta —dije con respeto—.
Escuché una antigua historia de un universo donde existían dioses y diferentes reinos.
En esa historia había un lobo mitad gigante y mitad dios destinado a traer caos y matar al dios rey de ese universo.
Fenrir guardó silencio por un momento.
—No sé de dónde escuchaste esa historia, ni quiero saberlo —respondió finalmente—.
Pero hay algo cierto en ella.
Sus ojos brillaron con una luz antigua.
—Mi propósito era traer caos, destrucción y cumplir el destino impuesto sobre mí.
Luego suspiró.
—Pero todo cambió cuando conocí a tu ancestro Droll.
Su voz se volvió más tranquila.
—Vivimos muchas aventuras por el universo.
Conocimos culturas, salvamos vidas… y por primera vez tuve algo que proteger.
Miró el gran árbol.
—Aprendimos los secretos de la Fuerza y acumulamos innumerables conocimientos.
—Fueron tiempos felices.
Hizo una pausa larga.
—Pero todo inicio tiene su final.
—Aunque la Fuerza le permitió vivir más tiempo, después de doscientos años su vida llegó a su fin.
Mi corazón se tensó al escuchar aquello.
—Sabía que su hora se acercaba.
Así que decidimos crear este lugar… el Bosque del Origen.
—Un mundo apartado del universo.
—Aquí pasaría sus últimos días en paz y almacenaría todo el conocimiento que reunimos durante nuestras aventuras.
—Atena sería la guardiana del conocimiento.
—Y yo permanecería aquí, protegiendo el Árbol de Yggdrasil, el pilar de este mundo.
Fenrir me observó fijamente.
—Este mundo es real.
Existe separado de las reglas del universo al que perteneces.
—El tiempo aquí fluye de forma distinta.
—Por cada año en tu universo… aquí pasan dos.
Mis ojos se abrieron ligeramente.
—Si en tu mundo han pasado dos mil años… aquí han pasado cuatro mil.
No supe qué decir.
La magnitud de todo aquello era abrumadora.
Pero una cosa estaba clara.
Este era mi nuevo camino.
—Gracias por responder mis dudas, gran Fenrir.
El lobo asintió.
—Ahora llega el momento más importante.
—La prueba.
Su mirada se volvió solemne.
—Fue creada por mi amigo, tu ancestro.
Quiso dejar una oportunidad para sus descendientes.
—He estado esperando aquí durante milenios a alguien digno.
Bajó la cabeza ligeramente.
—Pero hasta ahora… nadie ha logrado superarla.
Sus ojos se fijaron en mí.
—No sé cuál es el desafío.
—No puedo ayudarte.
—Solo puedo desearte valor y coraje.
Se apartó ligeramente del árbol.
—Coloca tu mano sobre Yggdrasil.
—Y enfrenta tu destino.
Ratatosk asomó la cabeza detrás de mi hombro.
—Sonido de masticar—.
Te estaré esperando.
Fenrir gruñó.
—Pequeño roedor… otra vez robaste frutas del Yggdrasil.
—¡Mentira!
¡Las traje de mi casa!
—respondió Ratatosk mientras masticaba.
Suspiré.
Esos dos no dejarían de discutir jamás.
Caminé lentamente hasta el árbol.
Respiré hondo.
Y coloqué mi mano sobre el tronco de Yggdrasil.
En el instante en que lo toqué… Sentí cómo mi conciencia abandonaba mi cuerpo.
Mi mente fue arrastrada hacia lo más alto del árbol.
Cuando abrí los ojos, me encontraba en la cima de Yggdrasil, en una forma etérea.
Desde allí podía ver todo el bosque.
Era una vista absolutamente hermosa.
Una que jamás olvidaría.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com