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Star wars: Nace una leyenda - Capítulo 16

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  3. Capítulo 16 - 16 PRUEBA DE CAZA
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16: PRUEBA DE CAZA 16: PRUEBA DE CAZA Campo de entrenamiento  La tensión se respiraba en el aire.

Estábamos formados en tres filas de cinco.

Hoy pasaríamos la prueba de caza, una que decidiría si continuásemos nuestro camino como guerreros.

Algunos que no pasan la prueba se rinden.Otros perseveran y lo intentan nuevamente al año siguiente.

Pero lo seguro es que este es el primer gran obstáculo en la vida de cada uno de nosotros.

Yo me encontraba tranquilo, al igual que mis compañeros.

Todos habíamos entrenado lo suficiente para pasar la prueba.

Lo único que realmente nos preocupaba era quedar entre los tres primeros, para poder obtener la entrada a la Cueva del Lobo.

El silencio era absoluto.

Nadie hablaba.

Frente a nosotros se encontraba mi tía con su armadura característica mandaloriana.

Sin embargo, esta tenía un patrón especial: un lobo en la hombrera derecha y símbolos de estrellas y lunas en el casco, todos emblemas de nuestro clan.

Llevaba una lanza negra en la espalda con los mismos patrones grabados.

El arma transmitía misterio, pero también una sensación de peligro.

Su filo parecía capaz de partir a un enemigo en dos.

A su lado descansaba su loba.

Llevaba una cota de metal plateada con detalles azules y nos observaba con atención, como si analizara cada uno de nuestros movimientos, igual que su maestra.

Con el paso del tiempo comenzaron a llegar más personas.

Familiares de los cachorros de sangre, aldeanos, guerreros Colmillo Feroz y algunos Guardianes Lobo Oscuro, cada uno con su distintiva armadura y arma.

Algunos llevaban lanzas, otros arcos.

Solo unos pocos portaban blásters.La mayoría prefería arcos energéticos o lanzas, armas que requerían mayor habilidad.

Mi clan no se caracterizaba por usar esas armas.

Consideraban que no representaban un verdadero desafío.

Aun así, todos llevaban dagas para el combate cercano.

Una guerrera llamó mi atención.

Era la madre de Efi.

Ocupaba el rango de Guardián Lobo Oscuro y era la capitana de una de las naves escolta tipo gunship ligero modificadas, encargada de escoltar las naves cargueras.

Nunca la había visto antes.

No llevaba casco y se parecía mucho a Efi.

Su armadura estaba cubierta de marcas de batalla, señales de innumerables combates.

Pero lo que más me llamó la atención fue su lobo.

Estaba erguido a su lado.

Tenía una pata de metal y un ojo perdido.

Sin duda había sobrevivido a muchas batallas.

Mi madre también llegó.

Me sorprendió verla con su armadura, ya que pocas veces la utilizaba.

A diferencia de la de mi tía, la suya tenía la imagen del lobo en ambos hombros.

También llevaba una lanza negra con bordes plateados.

Era un arma hermosa.

Pero su filo podía atravesar metal como si fuera mantequilla.

Finalmente, mi tía habló.

Su voz resonó con fuerza.

—Con la presencia del líder del clan, los guerreros más fuertes y los aldeanos, comenzaremos la prueba de cacería.

Hizo una breve pausa antes de continuar.

—Esta se realizará en el Bosque de Caza, a las afueras del territorio del clan.

Cada uno deberá cazar una sola presa.

Nos observó uno por uno.

—Nosotros no cazamos por deporte.

Cazamos por supervivencia.

—Dependiendo de la presa que cacen, serán clasificados.

Los mejores tendrán la oportunidad de entrar en la Cueva del Lobo.

—Si son reconocidos allí, podrán ser nombrados Gran Colmillo Feroz.

Su mirada se endureció.

—Si completan la prueba serán nombrados Colmillo Feroz.

—Si no logran atrapar una presa antes del final del día, deberán decidir si continuarán en este camino el próximo año o si servirán al clan de otra manera.

Éramos quince cachorros de sangre escuchando cada palabra.

—Bien.

Síganme a la entrada del clan.

Desde allí partirán.

Nos movimos ordenadamente mientras todo el clan nos observaba.

Llegamos a la gran puerta.

El bosque se encontraba a unos cientos de metros.

Era frondoso y oscuro, con árboles gigantes que bloqueaban gran parte de la luz del sol.

Mi tía levantó la mano.

—Este es el inicio de la prueba.

Luego dijo con solemnidad: —Solo les daré un último consejo… Que el destino sea.

—Que el destino sea —respondimos todos al unísono.

Y salimos corriendo hacia el bosque.

Cada uno tomó una senda diferente.

Esta era una prueba individual.

No podíamos ayudarnos entre nosotros.

Aun así, confiaba en mis compañeros.

Aunque el bosque era peligroso, mi tía me había comentado que un grupo de Colmillos Feroz, liderados por un Guardián Lobo Oscuro, supervisaría la prueba.

Si intervenían para salvarlos, ese participante fallaría automáticamente.

Según había investigado, en el bosque existían varias presas.

Los ciervos blancos, rápidos y ágiles, capaces de presentir el peligro.

Las liebres de ojos rojos, el doble de grandes que una normal, veloces y expertas en esconderse bajo tierra.

Las aves rapaces, que cazaban en grupo y cuyas garras secretaban una toxina paralizante.

Pero esas no eran las más peligrosas.

Los verdaderos depredadores del bosque eran los tigres de rayas rojas.

Podían camuflarse perfectamente entre la vegetación.

Su tamaño era similar al de un toro y sus colmillos podían atravesar armaduras.

Y por último estaban los Acklay, criaturas gigantes similares a mantis.

Vivían en las zonas más profundas del bosque.

Sus patas parecían cuchillas y podían medir hasta tres metros de altura.

Eran los depredadores más letales del bosque.

Mi objetivo era claro.

Cazar un tigre de rayas rojas.

Debía demostrar mi valía ante el clan.

Y como futuro líder, demostrar que estaría a la altura.

Tenía que hacerlo antes del anochecer.

Aunque la prueba duraba un día completo, la verdad era que solo teníamos media jornada útil.

De noche el bosque se volvía mucho más peligroso.

Los depredadores dominaban la oscuridad.

Activé mi Haki de observación.

Podía sentir presencias en un radio de 250 metros, pero mantener ese rango consumía demasiada energía mental.

Así que lo reduje a 50 metros.

Al principio solo encontré liebres de ojos rojos.

Podría cazarlas fácilmente.

Pero no valía la pena.

Entonces tuve una idea.

Usaría una como cebo para atraer al tigre.

Gracias a mi Haki localicé una.

Me acerqué lentamente por su espalda mientras comía hierba.

Tenía que acertar a la primera.

Cuando estuve a unos metros salté y golpeé su cabeza con la parte trasera de mi lanza.

La dejé aturdida.

Ahora tenía mi cebo.

Me adentré más en el bosque, hacia la zona media, donde los tigres de rayas rojas solían cazar.

Até la liebre a un árbol y le hice un pequeño corte.

—Lo siento, pequeño… no es personal.

Cuando cace al tigre te liberaré.

Luego me escondí entre unos arbustos.

Esperé.

Mi Haki seguía activo y comenzaba a sentir la fatiga.

Pero no tuve que esperar mucho.

Sentí su presencia.

Era enorme.

Se movía entre la maleza con una agilidad impresionante.

Su pelaje oscuro se confundía con el bosque, pero su rostro estaba marcado por rayas rojas.

Sin mi Haki habría sido casi imposible detectarlo.

Cuando se acercó a la liebre, preparé mi lanza.

En el momento en que estaba a punto de atacar, salté.

Apunté directamente a sus ojos.

Mi lanza se hundió profundamente en su ojo.

El tigre rugió furioso y se abalanzó sobre mí.

Retrocedí entre los árboles.

Sus garras destrozaban todo a su paso.

Esperé mi oportunidad.

La sangre que brotaba de su ojo comenzó a debilitarlo.

Entonces contraataqué.

Usé la primera forma de lanza para desviar sus ataques.

Sentía su enorme fuerza en cada golpe.

Ataqué sus articulaciones.

Me movía anticipando cada ataque gracias a mi Haki.

Finalmente, sus patas cedieron.

La bestia cayó.

Me acerqué lentamente.

En su ojo restante vi algo inesperado.

Miedo.

—Tu fin ha llegado —murmuré—.

Acepta tu destino.

Y atravesé su último ojo con mi lanza.

—Aplausos… aplausos.

Una voz femenina llegó desde la cima de un árbol.

Levanté la vista.

Era la madre de Efi.

—Como se esperaba del futuro líder del clan —dijo—.

Cazaste una presa digna.

Su lobo estaba al pie del árbol.

Y se estaba comiendo la liebre.

Me había olvidado de ella.

—Gracias por su cumplido, Guardián —dije—.

Espero que me ayude a llevar mi presa… no consideré ese detalle.

Ella sonrió.

—Ya vienen algunos Colmillos Feroz.

Ellos se encargarán.

Minutos después llegaron los guerreros.

Regresamos al clan.

El sol comenzaba a ocultarse.

El tigre era transportado en un remolque flotante.

Estaba agotado.

Pero tenía una sonrisa.

Había derrotado a una bestia que normalmente requería tres cazadores.

Al llegar vi a mi madre y a mi tía.

Ambas parecían serias.

Pero sus labios ocultaban una leve sonrisa.

—Eres el último en regresar, Azmar —dijo mi tía—.

Veo que te fue bien.

Después de evaluar los resultados anunció: —Diez pasaron la prueba.

Cinco fallaron.

Uno resultó herido al enfrentarse a un grupo de aves rapaces.

Nos reunimos esperando los resultados finales.

—Desde este momento serán nombrados Colmillos Feroz.

—Que el destino sea —respondimos.

—Ahora… los tres primeros puestos.

—Efi, un paso adelante.

Demostraste valor e inteligencia.

Ocupas el tercer lugar.

—Val, un paso adelante.

Enfrentaste tus miedos y te adaptaste.

Ocupas el segundo lugar.

Finalmente, mi tía me miró.

—Y el primer lugar… —Azmar.

—Demostraste calma bajo presión y habilidad en combate.

Serás un gran guerrero.

Luego añadió: —Mañana iremos a la Guarida del Lobo.

—Prepárense.

—Esto… apenas comienza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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