Star wars: Nace una leyenda - Capítulo 17
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17: GUARIDA DEL LOBO 17: GUARIDA DEL LOBO Después de una noche de descanso y recuperación estaba de vuelta al 100 %.
La prueba de ayer fue desafiante e intensa, pero se lograron los objetivos.
Luego de mi aseo matutino me dirigí hacia el comedor; mi madre ya se encontraba ahí, desayunando con la elegancia que la caracterizaba.
—Azmar, es bueno verte temprano hoy.
Pensé que descansarías un poco más debido a la prueba de ayer —dijo en tono maternal.
—Madre, gracias por tu preocupación, pero mi cuerpo ya está en perfectas condiciones —respondí.
—Me alegro.
Hoy tu tía te llevará a la guarida de los lobos Fen y debes estar en excelentes condiciones si quieres conseguir el reconocimiento para obtener tu propio lobo.
Fen’rar es la actual alfa y aunque es mi compañero, no te pondré las cosas fáciles, así que no te confíes.
—Gracias, madre, por el consejo.
No te preocupes, no te decepcionaré —respondí.
Ella se levantó y se acercó a mí, me dio un beso en la frente y me susurró: —No importa si fallas una vez… mientras te levantes cada vez.
Luego se fue a su estudio.
Estaba feliz.
En esta vida protegería la vida de todos aquellos que amo.
Esa era mi principal razón de existir; ese sería mi destino.
Me puse mi ropa de combate y afilé mi lanza.
Aunque estaba hecha de un material simple, siempre me gustaba mantenerla en óptimas condiciones.
Caminé hacia el campo de entrenamiento; ahí me reuniría con Val y Efi.
Al parecer ellas estaban muy emocionadas, ya estaban ahí.
—Azmar, llegas tarde.
Estamos aquí desde hace mucho —dijo Efi en su característico tono alegre y juguetón.
—Bienvenido, Azmar.
No te ves nervioso, supongo que estás seguro de obtener su reconocimiento —dijo Val.
—No llegué tarde, simplemente ustedes llegaron más temprano.
Al parecer estás muy emocionada, Efi; y Val, siempre estoy preparado para cualquier desafío —respondí en tono sereno.
Como siempre, Efi comenzó a preguntar de todo: cómo sería la prueba, cuánto tiempo nos llevaría, etc.
Val y yo ya estamos acostumbrados a su personalidad, así que guardamos silencio y esperamos a que llegara mi tía.
Minutos después llegó mi tía con su traje de batalla y su loba.
Ya estaba aburrido de escuchar a Efi; por fin terminó este martirio.
Mis oídos, si tuvieran piernas, ya se habrían corrido.
—Veo que todos están aquí.
No daré muchas vueltas, síganme.
Nos dirigiremos a las espaldas del clan Fen’ruus, hacia las montañas; ahí está la guarida de los lobos Fen.
Se dio media vuelta y empezó a caminar en ese rumbo.
Inmediatamente la seguimos de cerca, expectantes por lo que nos esperaba.
Ya podíamos observar la muralla del clan.
Saldríamos por la puerta trasera rumbo a las montañas.
Mi tía saludó a una mujer Colmillo Feroz y esta procedió a darnos paso y abrir la puerta de salida.
Era diferente al bosque: todo eran rocas y montañas.
—Síganme y no pierdan el ritmo.
Al igual que el bosque, aquí también existen algunos peligros.
Caminamos por un sendero que utilizaban los aldeanos mineros.
Claro, estos siempre andaban escoltados por lo menos por un equipo de Guardián Lobo Oscuro.
Al llegar a una intersección tomamos el camino que guiaba a la guarida de los lobos Fen; el otro guiaba hacia las minas.
Ya llevábamos caminando como una hora.
Supongo que el lugar estaba lejos.
Podríamos haber utilizado un transporte y llegar antes, pero era un recorrido que tendría que hacer todo guerrero del clan.
Ya podíamos divisar una gran entrada a lo lejos; también podíamos ver lobos de diferentes tamaños y colores, principalmente negros y grises.
Todos nos observaban tranquilamente.
No transmitían ninguna hostilidad, pero tampoco afecto.
La loba de mi tía nos abrió paso, como si indicara nuestro propósito, y los lobos procedieron a abrirnos paso mientras nos adentrábamos en la cueva.
La cueva tenía unos extraños cristales que brillaban e iluminaban todo.
Tenían forma de rombo y eran de diferentes tamaños: algunos de color azul, otros negros y otros plateados.
—Esos cristales que ven ahí se les otorgarán si forman un vínculo con su lobo.
Con ellos podrán fabricar su propia lanza y serán nombrados Gran Colmillo Feroz.
—Otra manera de obtenerlo es cuando cumplan quince años y se les asigne un equipo; podrán entrar aquí y buscar su cristal.
Claro, si lo obtienen ahora les dará una gran ventaja, podrán entrenar antes con su propia arma, la cual llevarán toda su vida.
Seguimos caminando guiados por la loba de mi tía.
Esta cueva era inmensa.
En algún momento empezamos a escuchar sonidos de pelea y gruñidos.
Llegamos a un amplio pasaje que nos dirigía hacia una enorme entrada; los sonidos se hacían más fuertes, los gruñidos sonaban más desgarradores, como si hubiéramos llegado a un coliseo donde se llevaba a cabo una pelea.
Nos adentramos y vimos cómo un par de lobos peleaban y se mordían entre sí, mientras todos los demás los rodeaban y gruñían o bufaban cuando uno de ellos recibía un ataque.
No sabía qué estaba pasando.
Val, Efi y yo estábamos conmocionados; nunca pensamos tal recibimiento.
En ese momento mi tía habló: —El clan de lobos Fen define su posición en la manada desafiando a otros en batalla.
Mi loba Fen’la ocupa el tercer puesto actualmente, mientras que el lobo de tu madre, Fen’rar, ocupa el primer puesto y es el actual alfa.
En ese momento se escuchó un aullido y vi cómo aparecía Fen’rar.
Esta vez su mirada era digna de un líder.
Todos los demás lobos le abrían paso y agachaban la cabeza.
Los lobos que peleaban ya se habían detenido, pero solo uno se mantenía de pie, considerándose ganador.
—Bienvenido, Azmar, hijo de Fey Fen’ruus, líder del clan Fen’ruus y a ustedes también, pequeños.
Escuché una voz ronca y poderosa que salía entre los colmillos de Fen’rar.
Diablos… ¿cómo es que este lobo habla?
Pasé años con él y nunca me dijo nada.
Estaba conmocionado y enojado a la vez.
Entonces era inteligente todo este tiempo; se burló de mí.
—JAJA —rió en tono burlón, como si hubiera leído mis pensamientos.
—Fen’rar, no estamos aquí para tus bromas.
Es momento de que pasen la prueba y, si son dignos, formen su vínculo con un lobo —dijo mi tía.
—Bien, la prueba es simple —continuó—.
Tendrán que pelear contra el padre del cachorro que elijan.
Solo si ganan u obtienen su aprobación serán dignos de formar parte de nuestro legado: caos, destrucción y destino.
Nosotros no somos una raza cualquiera; somos descendientes del gran Fenrir.
En ese momento entraron pequeños cachorros lobos guiados por sus padres.
Algunos eran completamente negros; otros, más pequeños, de diferentes tamaños y personalidades.
Pero los padres de estos cachorros se mantenían erguidos y daban una sensación de orgullo y fiereza.
—Adelante, Efi.
Serás la primera.
Escoge tu compañero —dijo mi tía.
Efi se acercó cautelosamente y escogió una pequeña cachorra gris con manchas negras en sus patas.
El padre de esta gruñó fuertemente, preparándose para el combate.
—Ingresen a la arena y empieza el combate —dijo Fen’rar.
La batalla fue dura al inicio para Efi.
En comparación con la presa que cazó, un ciervo blanco, este lobo era más ágil y tenía experiencia en batalla; era un cazador nato.
Todo estaba en su contra.
Parecía que perdería, pero aprovechó una oportunidad que creó con uno de sus nuevos droides mina y logró asestar un fuerte golpe en el lomo del lobo.
Aun así, no fue suficiente.
El lobo logró impactarle con una de sus garras y le rasgó su armadura.
—El combate ha terminado —dijo Fen’rar—.
Ahora decidirás si la consideras digna.
El lobo solo asintió con la cabeza y empujó a su hija hacia Efi, demostrando que ella sí era digna.
Yo estaba feliz.
Aunque no había ganado, Efi había obtenido su aprobación y por ende su nueva compañera.
Ahora era el turno de Val.
Eligió un cachorro lobo negro con manchas grises en las patas.
El padre era más grande y feroz que el lobo que enfrentó Efi.
Val dio una dura batalla, pero al final fue derrotada.
El lobo al que se enfrentó ocupaba un rango alto en la manada: el puesto once, mientras que el de Efi ocupaba el veintiuno.
Pero aun así fue reconocida y consiguió un nuevo amigo.
Ahora era mi turno.
Pero no me moví.
Todos se sorprendieron ante esa situación, incluso mi tía frunció las cejas.
Me acerqué lentamente a Fen’rar y le hablé: —Yo ya tengo mi lobo… mi compañero de vida.
Todos se sorprendieron por mi afirmación.
Días antes de la prueba de caza, Atena me había llamado al bosque del origen.
Allí vi a un pequeño cachorro lobo comiendo las frutas del Yggdrasil y usando pequeñas grietas espaciales para hacerlas caer.
Cuando lo vi supe que sería mi amigo para toda la vida.
Lo llamé Ragnar, asociado al destino y la destrucción.
De vuelta en la cueva dije: —Sé que no me creen… pero aquí está la prueba.
Un pequeño cachorro completamente negro apareció.
Sus ojos eran azules como las estrellas.
Cuando todos los lobos lo observaron, incluso Fen’rar, sintieron como si estuvieran ante su ancestro.
—Él es Ragnar, mi compañero de vida.
Fen’rar bajó de su roca y, junto con todos los lobos presentes, se inclinó ante Ragnar.
—Tú tienes la sangre del ancestro.
Nos guiarás hacia un futuro mejor.
Ragnar simplemente saltó a mis brazos y se acurrucó.
En ese momento recordé que Atena me había dado cinco pociones para mejorar el linaje de los lobos.
Se las ofrecí a los lobos de Val, Efi, Fen’rar y Fen’la.
Primero bebió Fen’la.
Su cuerpo comenzó a crecer, sus ojos se volvieron más azules y su color gris más oscuro.
Luego fue el turno de Fen’rar.
Su tamaño aumentó hasta parecerse al de un búfalo.
—Siento mi sangre más pura.
Siento la fuerza de mis ancestros —dijo.
Luego hice lo mismo con los cachorros de Val y Efi.
Finalmente le di la última poción a mi tía.
—Úsala en quien creas que aportará más al clan.
Ella me miró y dijo: —Hoy has cambiado muchas cosas, Azmar.
Este nuevo poder reforzará las bases del clan Fen’russ Pero no te confíes.
Solo cuando tú mismo seas lo suficientemente fuerte podrás construir tu destino.
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