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Star wars: Nace una leyenda - Capítulo 24

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24: BATALLA I 24: BATALLA I Concordia Hoy era un día como cualquier otro en las minas del clan Hacha Negra.

Los esclavos de estas minas trabajaban sin descanso, supervisados por capataces gruñones y abusivos.

Muchos de ellos fueron capturados después de la destrucción de sus clanes en Mandalore.

Fueron privados de su libertad y honor, destinados a una vida de abuso y explotación.

Pero no eran los únicos; también había razas extraterrestres tales como twi’lek y wookiees, estos últimos en menor número.

Mientras que esto ocurría en las minas, a unos 5 kilómetros de distancia se encontraba la ciudad base del clan; la situación de los pobladores ahí tampoco era muy diferente a la de los esclavos, ya que eran explotados en las fábricas de armas y suministros logísticos con arduas horas de trabajo.

Debido a la guerra civil en Mandalore, se necesitó una gran producción de armas y municiones.

La vida de los civiles era igual de difícil que la de los esclavos; aunque estos regresaban a sus casas después de jornadas de más de 16 horas de trabajo, apenas tenían tiempo para descansar y luego regresar nuevamente.

Su vida se volvió monótona.

Algunos quisieron huir o rebelarse, pero fueron asesinados por los líderes que controlaban toda la base.

En una torre de vigilancia cerca de la puerta principal se encontraban 2 soldados jugando un extraño juego de cartas similar al póker, aunque estas contaban con diferentes denominaciones.

No les importaba mucho su trabajo; llevaban años vigilando esa posición y nunca tuvieron problemas.

Los últimos meses simplemente se dedicaban a jugar esperando el cambio de relevo.

Mientras reían y se divertían, escucharon una alarma que provenía de los sensores colocados en los exteriores, en prevención de las bestias que atacaban a los mineros o mercantes.

—Malditas bestias, no dejan jugar tranquilo justo cuando estaba ganando —dijo frustrado uno de ellos.

Se levantó, tomó los binoculares y comenzó a observar en el punto donde señalaba el sensor.

—¡¡¿Qué mierda es eso?!!

A lo lejos, a una distancia de 5 km, un gran ejército de droides se movía de manera rápida y ordenada.

Aunque el terreno era irregular y rocoso, estos avanzaban en formación, atravesando todo obstáculo posible.

También se podía observar guerreros montados en grandes lobos que se movían en los flancos del ejército, manteniendo el mismo ritmo.

—¡Imbécil, no te quedes ahí sentado!

¡Suena la alarma!

¡Se acerca una invasión!

¡Avisa a la guarnición, rápido!

Nave de caza —Hermanos, prepárense; atacaremos por la retaguardia.

Nuestro ejército ya fue avistado por el enemigo, muy pronto comenzará la batalla —dije en tono enérgico y apasionado.

Todos estábamos listos para la batalla.

Yo comandaría este grupo, mientras que la madre de Efi comandaría la segunda escuadra.

La nave no aterrizaría; solo bajaría a una altura suficiente para que los lobos pudiesen saltar con seguridad, mientras los demás llevaban mochilas propulsoras.

—Tranquilo, Ragnar, ya llegamos.

Podrás demostrar tu fuerza —dije, palmeando su cabeza mientras este estaba un poco inquieto.

La nave comenzó a tambalearse; habíamos llegado a los exteriores de la ciudad y su sistema de defensa antiaérea comenzó a funcionar.

Aunque no era tan abrumador, dificultaba el desembarco.

—Prepárense, la escotilla se abrirá en 1 minuto —dijo el piloto del caza.

Monté a Ragnar.

Los que tenían su compañero lobo hicieron lo mismo, mientras los demás se colocaban sus cascos y se posicionaban para saltar.

Ya tenía mi casco puesto; palmeé ligeramente a Ragnar.

Esta sería nuestra primera batalla juntos.

No lo había llevado a misiones de cazarrecompensas debido a su tamaño y la falta de una nave adecuada, pero esta vez pelearíamos juntos.

Las compuertas comenzaron a abrirse.

El sonido de los cañones se hacía más fuerte; las ráfagas de viento golpeaban mi casco.

—Llegamos a nuestro objetivo, hermanos… adelante, nos espera una gran batalla.

Salté fuera de la nave montado en Ragnar.

Caí sobre un gran edificio con una enorme cúpula de vidrio.

Ese era nuestro objetivo.

No pasó mucho tiempo antes de que empezaran a llegar soldados enemigos desde varias direcciones.

Ragnar comenzó a saltar entre las estructuras.

Los disparos blaster comenzaron a resonar.

No tomó mucho tiempo; ya estábamos a metros de nuestros enemigos.

Salté del lomo de Ragnar y avancé con mi lanza, desviando todos los disparos.

Usé la segunda forma de lanza e inyecté la fuerza, haciendo mis golpes más pesados.

Cada vez que blandía mi lanza, un enemigo era partido en dos, mientras Ragnar desgarraba a sus enemigos o aplastaba sus cráneos con sus garras.

Los demás miembros de mi equipo hacían lo mismo.

Eran como cosechadoras de carne; sus lobos no daban tregua y dejaban escenas atroces a su paso.

—Azmar, ya llegamos a la puerta sur del Capitolio —escuché la voz de la madre de Efi por el comunicador.

—Ya estoy cerca de la puerta norte.

Comienza la ejecución, no hay que darles tiempo a reaccionar ni enviar refuerzos.

—Entendido.

—¡Guerreros, avancen!

Ya estamos cerca de nuestro objetivo —dije volteando a ver a mis compañeros.

Ya había olvidado cuántas personas había matado.

Detrás de nosotros se formaba un río de sangre.

Llegamos a la puerta norte.

Nuestro objetivo era claro: alcanzar la gran cúpula donde estaban sus líderes.

Entramos por el pasaje.

Ragnar tomó la delantera junto a los demás lobos.

Cada enemigo que aparecía era despedazado.

Después de unos minutos, llegamos cerca del centro del Capitolio.

Se podía escuchar el sonido de la batalla.

Los primeros en entrar fueron Ragnar y los lobos.

De inmediato buscaron a sus presas.

Al entrar… Me di cuenta de mi error.

La madre de Efi estaba en una feroz batalla.

Solo quedaban de pie 6 guerreros de los 10 y 3 de los 5 lobos.

Los demás yacían muertos.

—Mierda… debí apresurarme.

Estaba furioso conmigo mismo.

Había subestimado gravemente al enemigo.

Por mi culpa perdimos 4 guardianes lobo oscuro.

No había tiempo para lamentos.

Mi furia comenzó a distorsionar el aire.

Me abalancé sobre los enemigos que flanqueaban a la madre de Efi.

Se dieron cuenta de nuestra presencia… Pero era demasiado tarde.

Partí a uno por la mitad.

El otro apenas esquivó, pero perdió un brazo.

—¡Malditos perros del clan Fen’ruus!

¿Cómo osan atacarnos?

—gritó el líder del clan Hacha Negra.

—Ya pedí refuerzos al clan Vask.

En cualquier momento llegarán y serán comida para los cerdos —gruñó.

—Jajaja… Solté una risa fría.

No quería hablar.

Cargué contra él.

Infundí la fuerza en mi lanza.

Esta se oscureció.

La presión era aplastante.

Me dispararon, pero desvié todo.

Llegué al primer guardia.

Intentó usar un lanzallamas.

Le corté ambos brazos antes de que pudiera activarlo.

El segundo quedó atónito.

Su cabeza cayó al suelo.

—¡Tú, demonio!

¡El clan Vizsla no te dejará vivir!

—No me importa quién se interponga en mi camino… —Morirá.

Lancé mi lanza.

Oscura.

Potente.

Lo atravesó.

Quedó empalado contra la pared.

Sus ojos… llenos de horror.

Todos los enemigos habían muerto.

Ragnar se lamía, limpiando la sangre de su pelaje.

La madre de Efi se acercó, sin casco.

—Lo lamento… llegué tarde —dije.

—Esto es guerra.

A veces, por más planes que hagamos, siempre habrá pérdidas.

Asentí.

—Completemos la misión.

—Resguarden los cuerpos de los caídos.

Cuando termine la batalla, tendrán un funeral digno.

—Señor, todas las puertas han sido tomadas.

Están instalando los cañones antiaéreos.

Esperamos las naves enemigas —informó el encargado.

Respiré.

Miré al horizonte.

—Prepárense.

—Vamos al frente.

—Le daremos la bienvenida al clan Vask.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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