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Star wars: Nace una leyenda - Capítulo 26

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  3. Capítulo 26 - 26 BATALLA III
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26: BATALLA III 26: BATALLA III Muralla Sur  Los tanques enemigos avanzaban lentamente, destrozando todo a su paso.

Los guerreros del clan Llama Negra cedían terreno cada minuto; no pasaría mucho antes de que fueran rodeados completamente y aniquilados.

—Líder, ¿qué pasó con los refuerzos?

Ya no podemos aguantar más, hemos perdido muchos hermanos —dijo un guerrero con tristeza.

—La ayuda ya está en camino.

Tenemos que aguantar el mayor tiempo posible, no podemos perder esta posición —respondió el líder.

BOOM BOOM El sonido de los cañones era cada vez más constante; cada explosión significaba la muerte de más hermanos.

Auuuuuu!

En ese momento, un atronador aullido resonó en el campo de batalla.

Un gran lobo apareció, y sobre él, Azmar, con la lanza firmemente sujeta entre sus manos.

—¡Llegó el Lobo de la Calamidad, hermanos!

¡Contraataquen!

—gritó su líder.

Todos comenzaron a disparar con mayor ferocidad, mientras Ragnar avanzaba hacia los tanques acompañado por un grupo de Guardianes Lobo Oscuro, también montados en sus lobos.

Punto de vista de Azmar —Ragnar, encárgate de los tanques; yo me encargo de los guerreros enemigos.

Salté de su lomo y comencé a esquivar los disparos bláster mientras me acercaba para eliminarlos.

Las batallas anteriores habían causado fatiga en mi cuerpo y mente.

Cometí un error muy estúpido al no controlar mi energía; desde el inicio desperdicié mucha, no la administré correctamente.

Nunca había participado en una guerra, por lo que me dejé llevar por el poder.

Ahora ya no podía descansar: tenía que destruir a todos los enemigos y proteger a Ragnar mientras este destrozaba los tanques.

Ragnar no decepcionó.

Se movía con una destreza extrema, saltando de un tanque a otro y destruyendo sus cañones, inutilizándolos por completo.

Esta vez usé la tercera forma, eliminando enemigos de manera más eficaz sin desperdiciar energía.

Los demás Guardianes Lobo Oscuro también avanzaban con gran destreza; sus lobos formaron grupos para destruir los tanques.

Su flanco derecho había sido destrozado completamente por nosotros.

Los habíamos tomado por sorpresa.

Pero en el momento más álgido de la batalla… Se escuchó un aullido distinto.

Un aullido de dolor.

Tres lobos que atacaban un tanque fueron alcanzados por un conjunto de misiles lanzados por enemigos con jetpacks que volaban hacia nosotros.

Vi cómo sus compañeros de vida se quebraban al ver la muerte de sus lobos.

—¡¡Mierda, mierda!!

—¡Dispérsense!

—grité con todas mis fuerzas.

No podía permitir que murieran más.

Ragnar ya había entrado en el centro enemigo destruyendo sus tanques.

El clan Llama Negra había avanzado y ahora peleaban en el flanco izquierdo.

Nuestra victoria estaba cerca.

Pero estos nuevos enemigos cambiaban el panorama.

Se movían con gran habilidad y estaban colaborando con los guerreros novatos, rodeando a los Guardianes Lobo Oscuro.

Si esto seguía así, esta victoria sería trágica.

Observé con calma; tenía que hacer algo.

Mi cansancio no importaba.

Activé mi Haki de observación al máximo.

Buscaba al líder.

Al cerebro.

Y entonces… —Bingo… Lo encontré.

Se movía constantemente, dirigiendo los ataques.

No perdí tiempo.

Avancé, esquivando todo lo que se interponía en mi camino.

Disparos.

Explosiones.

Aullidos.

Cada sonido era muerte.

—¡JAJA!

¡Mueran, perros del clan Fen’ruus!

¡Recuerden a su verdugo, el gran Brom Vask!

¡Todo su pueblo pagará su osadía y serán esclavos en las minas de mi clan!

—gritó mientras decapitaba a un Guardián lobo oscuro.

En ese instante, lancé mi lanza.

Oscura.

Directa a su cabeza.

Con gran destreza, desvió el ataque con su vibroespada, generando chispas por la fricción de las armas.

—¡JAJA!

¿Qué tenemos aquí?

Si no es el último descendiente hombre de la línea principal del clan Fen’ruus.

¡Hoy es mi día de suerte!

Acabaré con su última esperanza… ¡y te entregaré a esa perra en pedazos, jajaja!

—¡Maldito!

Cuida tu boca.

No te atrevas a dirigirte así a mi madre.

El único que caerá hoy eres tú, basura —respondí con furia contenida.

La batalla comenzó.

Un intercambio de golpes explosivos.

Imbuí toda la fuerza que me quedaba en la lanza.

Mi Haki de observación estaba al máximo.

Cada choque generaba estruendos.

Pero él los desviaba todos.

Seguía burlándose de mí, intentando hacerme perder la cordura.

Pero sabía que, si perdía la concentración, moriría.

Tenía que encontrar una abertura.

O crearla.

—Maldita fatiga… Cada segundo mis golpes perdían potencia.

Lo sentía.

A ese ritmo, me quedaría sin fuerza.

Tenía que terminar la batalla rápido.

Reuní mis últimas energías.

Usé la segunda forma.

Ataqué sin parar.

Golpe tras golpe.

Tenía que abrir su defensa.

—JAJA, ¿qué pasa?

¿Se acaba tu tiempo?

¿Ya no sientes tus brazos?

Deja de luchar… tu final descansa en mi espada.

—¡NO!

Nada funcionaba.

No mostraba ninguna abertura.

—¡Mierda… mierda!

CLANG Desvió mi lanza.

Vi cómo movía su vibroespada hacia mi pecho.

Mi cuerpo no…

reaccionó.

No podía sentir mis brazos.

KRRRZZZ!

El impacto resonó.

Mi armadura detuvo el primer corte… Pero su sonrisa lo decía todo.

CRACK Aumentó la frecuencia.

Mi pechera comenzó a romperse.

El metal se desgarraba.

Sentí el calor quemando mi carne.

Moriría.

No.

No me rendiré.

Aún no.

Aún no cumplo mis promesas.

Nunca me rendiré.

Con mis últimas fuerzas… Me impulsé hacia atrás.

Me alejé de él.

—JAJA… interesante.

Puedes usar la Fuerza.

Lo sabía, esos golpes no eran normales.

Aunque esta batalla está perdida, me regocijaré sabiendo que maté a un futuro peligro para el clan Vask.

Caí al suelo.

A varios metros de él.

Mi pechera destruida.

Una enorme marca en el pecho.

No sangraba.

El calor había sellado la herida, pero el daño interno era grave.

No sentía dolor.

No sentía mi cuerpo.

Levanté mi lanza.

Con lo poco que me quedaba.

Me puse de pie.

Apoyado en ella.

Él seguía mirándome.

Como si todo estuviera decidido.

—Ya me quitaste mucho tiempo.

Por respeto a tu resistencia, tu muerte será rápida.

Se acercó lentamente.

Espada lista.

Respiré.

—Tienes razón… ya llevamos mucho tiempo… —Mi amigo… ya habrá terminado su trabajo.

—¿Amigo?

—¡Ragnar… acábalo!

Una grieta apareció en el cielo.

Un gran lobo emergió de ella.

—¿Qué demo—?

No terminó.

Ragnar lo alcanzó.

Un solo golpe.

Un zarpazo.

Su cabeza fue destruida.

Silencio.

—Gracias… amigo… Y todo se volvió negro.

Caí.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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