Star wars: Nace una leyenda - Capítulo 30
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- Capítulo 30 - 30 SATINE KRYZE Y BO-KATAN KRYZE
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30: SATINE KRYZE Y BO-KATAN KRYZE 30: SATINE KRYZE Y BO-KATAN KRYZE Mandalore Casa Kryze Todo estaba listo para la partida de Satine Kryze a Concordia.
Su padre, el Duque, había dispuesto un caza clase Kom’rk, además de una escolta de 20 guardias completamente armados.
Satine se encontraba en el hangar conversando con su padre sobre sus deberes como representante de su Casa.
A pesar de su corta edad (11 años), ya demostraba dotes diplomáticos.
Llevaba un atuendo típico mandaloriano, con adornos en su cabello, pendientes en forma de gotas.
Su belleza era innata: piel blanca como la nieve, ojos azules como el mar, una obra de arte hecha realidad.
Lo único que detenía su partida era la tardanza de su pequeña hermana Bo-Katan (6 años); esta no llegaba aún.
Aunque no la acompañaría, le había prometido que estaría para despedirla en su viaje.
Sería la primera vez que saldría de Mandalore.
Había asistido a reuniones, celebraciones, festines, pero nunca estuvo tan lejos de su hogar.
En ese momento llegó un guardia con noticias de la joven Bo-Katan.
—Duque, lo lamento, pero no encontramos a la joven por ninguna parte.
—Está bien, seguro debe haberse escapado a la ciudad para hacer sus travesuras.
Envía a los guardias a buscarla.
—Como ordene, Duque.
—Padre, sé amable con Bo-Katan, ella aún extraña a vuestra madre —dijo Satine con una voz serena cargada con un dejo de tristeza.
—Entiendo, Satine.
Ya debes partir, cuídate mucho, hija mía.
Se acercó, dándole un ligero abrazo cargado de afecto…
Satine, en compañía de su escolta, subió a la nave.
Estaba un poco nerviosa; sería la primera negociación que realizaría por su cuenta.
La nave despegó, dirigiéndose rápidamente a Concordia.
Ella regresó a su cabina personal, a pensar en la manera en que abordaría al Clan Fen’ruus.
¡Auch!
Un extraño sonido provino de una caja que se encontraba en una esquina.
Una pequeña niña de pelo rojo como el fuego, ojos dorados como el alba, salió arrastrándose de esta.
Satine conocía esa pequeña y traviesa figura: era su hermana Bo-Katan.
—Conque por eso no aparecías, tu objetivo siempre fue acompañarme a Concordia —reprendió Satine algo molesta.
La pequeña Bo-Katan simplemente adoptó una pose tierna.
Se acercó lentamente a Satine, abrazando su pierna.
—Hermana, me aburro mucho en casa.
Padre no me hubiera dejado ir contigo.
—Ya es tarde para regresarte.
Sería una falta de respeto si llego tarde a nuestra reunión con el Clan Fen’ruus.
—Avisaré a mi padre de que estás conmigo.
Esta vez, cuando regresemos, no te defenderé.
—Gracias, hermana, eres la mejor —respondió saltando de alegría.
Concordia Casa Fen’ruus La llegada de los representantes de la Casa Kryze estaba programada para esta tarde.
Los preparativos para acogerlos estaban listos; se prepararía un gran festín con nuestros mejores ingredientes.
Pero había algo que me puso muy feliz: ayer, en una reunión con los miembros más altos del clan, fui reconocido como Guardián Lobo Oscuro por mi madre, mi tía Fela y la anciana.
Por mis méritos logrados en las batallas de Concordia.
Era el guerrero más joven en la historia en lograr este rango.
Ahora sería capaz de viajar solo por la galaxia, claro, llevaría a mis compañeros conmigo…
El tiempo pasó volando.
Omega recibió la transmisión de que ya estaban por llegar a Concordia.
Mi tía y yo los esperamos en el hangar, con nuestras armaduras que nos caracterizaban.
Esta vez no traje a Ragnar; no quería parecer demasiado intimidante.
Un caza clase Kom’rk azul apareció en el cielo.
Bajó lentamente en una de las plataformas.
La compuerta se abrió.
Los primeros en bajar fueron guardias; ellos formaron columnas en espera del representante.
Lentamente bajaron dos hermosas damas.
Las reconocí fácilmente: Satine y Bo-Katan.
Esta última no la esperaba.
Presentía la llegada de Satine; fue toda una sorpresa ver a su hermana.
Ambas, aun siendo jóvenes, emanaban el brillo y la belleza en que se convertirían cuando crecieran.
Mi tía fue la primera en acercarse a saludar, con el porte heroico que la caracterizaba.
Por supuesto, ninguno de los dos llevábamos cascos por respeto.
—Bienvenida, Satine Kryze, heredera de la Casa Kryze.
Espero que su estancia aquí sea de su agrado.
—Agradezco su hospitalidad, lady Fela.
Espero lleguemos a un acuerdo que beneficie a ambas casas.
—Traje a mi hermana conmigo, espero no cause molestias.
—No hay problema, es bienvenida.
Le presento al heredero de la Casa Fen’ruus, Azmar.
En ese momento di un paso adelante, inclinando mi cabeza levemente.
—Bienvenida, Satine Kryze.
Mi clan y yo les damos acogimiento.
—Gracias, Azmar.
Solo llámame Satine.
—Entiendo, lady Satine.
En ese momento, una voz quejumbrosa interrumpió el ambiente cordial.
—Hermana, ¿cuándo me vas a presentar?
Acaba con las formalidades, quiero explorar este nuevo lugar.
Todo el mundo dirigió la mirada a la pequeña niña que interrumpió la conversación.
—Hermana, no me olvidé de ti —dijo Satine con voz neutral, con un toque de frío que solo la pequeña y yo sentimos—.
Disculpen a mi hermana, se llama Bo-Katan.
Suele ser muy juguetona, espero no les cause problemas.
—Entiendo, lady Satine.
Ambas son bienvenidas —respondí en tono cordial.
—Por favor, síganme.
Mi madre preparó un banquete para su llegada.
Ambos caminamos juntos, con sus guardias siguiéndonos a cierta distancia.
La más emocionada era la pequeña Bo-Katan.
Preguntaba sobre cada cosa que veía.
A mi tía parecía molestarle un poco, por lo que se alejó de ella.
Pero yo le respondí amablemente, ganándome una mirada de sorpresa por parte de Satine.
Al llegar a nuestro destino, entramos al salón del banquete.
Mi madre ya nos esperaba.
Se acercó lentamente y comenzó a conversar con Satine.
Yo simplemente me arrepentí de haber intentado conversar con Bo-Katan; esta no paraba de preguntar, ya me comenzaba a aburrir.
Pero hubo algo que me llamó la atención: su pasión por las costumbres mandalorianas, por mantener la identidad de los clanes tradicionales.
Aunque su padre y hermana tenían una idea más pacifista, su sueño era ser una gran guerrera mandaloriana, siguiendo las antiguas costumbres de honor.
El banquete se llevó de manera armoniosa, jocosa.
Al final de la bienvenida, ambas se dirigieron a sus aposentos preparados por mi madre.
La reunión se llevaría a cabo mañana, en presencia de los tres Señores Lobo del Abismo: mi madre (Fey), mi tía (Fela) y la anciana (Arami).
Yo también asistiría como futuro líder del clan; además, con mi nuevo rango, podía opinar sobre las decisiones que afectaran al clan.
Salón de Reuniones Después de una mañana ocupada —y algo divertida— en compañía de Bo-Katan y Satine, recorriendo los diversos ambientes del pueblo, la granja, el mercado y por último los campos de entrenamiento donde Bo-Katan demostró su destreza en combate.
Quedé muy impresionado.
No por nada será la futura capitana de la Guardia de la Muerte, al mando de Pre Vizsla.
Claro, con mi llegada esto cambiará… más ahora que somos enemigos jurados de la Casa Vizsla.
Solo existe una opción: la derrota total de la Casa de Pre Vizsla.
Por otra parte, Satine fue más reservada, interesándose más por los productos de la granja y la economía estable de nuestro clan.
Observaba las sonrisas de los niños, cómo los padres llevaban comida a la mesa de sus hijos; algo que sucede poco en Mandalore debido a la devastadora guerra civil.
Todos ya nos encontrábamos en el salón de reuniones, excepto la traviesa Bo-Katan.
Satine fue la primera en hablar, en el tono sereno y elegante que la caracteriza.
—Estimados presentes, Matriarca Fey, les agradezco por toda la hospitalidad que recibí hasta ahora.
Pero tengo que cumplir con mis deberes como representante de mi Casa Kryze.
—Mi padre y el consejo pacifista los invita amablemente a unirse a nuestra facción, en un objetivo en común: poner fin a la guerra que devasta nuestro planeta natal.
Mi madre se levantó de su asiento y, con un tono suave pero firme, respondió: —Entiendo su noble objetivo, pero nuestro clan se mantendrá firme a sus principios.
No se unirá a esta guerra; mantendrá neutralidad total en Mandalore.
—Comprendo su postura, Matriarca Fey, pero con la destrucción de los clanes vasallos de la Casa Vizsla, ellos no los dejarán en paz.
Tengo noticias de que reúnen información de ustedes, preparándose para una futura invasión a Concordia.
—Agradezco su advertencia, pero si ellos osan atacar nuestro dominio, nuestras lanzas se bañarán en su sangre.
—Veo que no puedo convencerla, pero aún podemos cooperar de otras maneras; seguimos teniendo al mismo enemigo en común.
—Bien, los detalles de esta cooperación los dejaré a cargo de mi hijo.
Ahora me retiro; espero que tu visita haya sido fructífera.
Mi madre, en compañía de mi tía y la anciana, se retiraron, dejándome solo con Satine.
—Lo hiciste muy bien.
Pocas personas pueden mantener la compostura cuando enfrentan a mi madre —dije en tono reconfortante.
—Gracias por tus palabras, Azmar.
Espero quedarme más tiempo en tu clan, conocer sus costumbres y su pueblo.
—Claro, siempre serás bienvenida.
Después de esa larga reunión, Satine y Bo-Katan se quedaron una semana más.
Cada día hacíamos algo diferente: visitamos las nuevas ciudades base, supervisamos los avances de la nueva carretera, visitamos la forja, la granja, etc.
Fue una semana muy divertida.
Pude conocer más a Satine… sus verdaderos ideales… esos que la llevarían a la muerte… lo cual intentaría que no sucediera.
Por otra parte, con Bo-Katan, nuestro vínculo era más ligado al combate.
Le gustaba verme entrenar y, a veces, le enseñaba algún truco de supervivencia.
En lo que respecta a la cooperación con la Casa Kryze, llegamos a un acuerdo: Les venderíamos patatas (baja calidad, 5%) a cambio de la construcción de un astillero capaz de producir pequeñas naves cargueras (100T).
Claro, toda la financiación correría por nuestra parte; solo requeríamos la capacitación de nuestros ingenieros junto con la tecnología para su construcción.
Cuando llegó el momento de la despedida, Bo-Katan me abrazó amablemente, algo que dejó sorprendida a Satine.
Le entregué un comunicador, para que siempre que pudiera estuviera en contacto conmigo.
Por otra parte, Satine fue más mesurada; me dio una cordial sonrisa, invitándome a visitarla en Mandalore.
No rechacé su invitación, diciéndole que cuando llegue el momento estaría ahí.
Después de esa gran semana llena de momentos divertidos y una despedida algo renuente, comencé los preparativos para el viaje galáctico que llevaría a cabo con mis compañeros.
Exploraríamos algunos planetas del borde exterior, culminando nuestra aventura en el sistema solar que será nuestro futuro hogar.
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