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Star wars: Nace una leyenda - Capítulo 31

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31: VIAJE GALACTICO 31: VIAJE GALACTICO Año 44 antes de la Batalla de Yavin Faltaba aproximadamente un año antes del ataque de la Casa Vizsla a Concordia.

Los preparativos ya estaban a plena marcha: la producción de droides, la creación del astillero espacial, la ampliación de la granja y, no menos importante, la construcción de las clínicas médicas en planetas del borde exterior.

Estas clínicas serían administradas en colaboración con el Clan Luna Roja.

Ellos se encargarían de crear una agencia de recopilación de información, además de manejar los peligros ocultos que puedan afectar nuestros intereses.

Las clínicas contarían con droides médicos capaces de realizar diversas operaciones complejas.

Su administración estaría a cargo de personal humano especializado, perteneciente a la Casa Fen’ruus.

La seguridad interna estaría a cargo de droides F17-II, una versión avanzada de los droides policiales, más ligada a la protección y defensa.

Cada clínica estaría resguardada por un escuadrón (8) de droides, además de 3 Colmillos Feroces.

Por el momento solo se implementarían 10 clínicas por la falta de recursos y personal, pero con el tiempo esto se ampliaría.

En lo que respecta a los beneficios, priorizaríamos precios moderados al alcance de la gente más pobre.

Nuestro objetivo no solo es ganar créditos, es afianzarnos en todos los espacios posibles, creando una necesidad de nosotros.

Nuestros preparativos para el viaje por la galaxia ya estaban listos.

Efi se había encargado de modificar la única nave capaz para este largo viaje: el yate clase Nau’ur.

Mejoró su sistema de defensa, agregó cañones de energía y, por último, modernizó su sistema de vuelo, volviéndolo más ágil y flexible.

Se crearon habitaciones especiales para la comodidad de los lobos.

Ragnar, en compañía de los lobos de Efi y Val, serían partícipes de este gran viaje por la galaxia.

Me olvidaba de alguien más: la traviesa ardilla Ratatosk logró convencerme de llevarla con nosotros, pero esa será una historia para otro momento.

Nuestro viaje duraría aproximadamente 10 meses.

La verdad quería tomarme más tiempo, pero el peligro sigue latente.

Esta sería la primera vez que viajaríamos por aventura o exploración; antes, aunque visitamos diversos planetas en misiones, solo nos enfocamos en completarlas, nunca exploramos más allá.

Hangar Espacial Alf se encontraba subiendo las últimas provisiones a la nave.

Efi se encargaba de revisar los motores.

Val y Ali llevaron a Ragnar y a Ratatosk a sus cámaras.

Mientras yo terminaba de programar a los droides exploradores que nos ayudarían en la recopilación de datos en el sistema solar que descubrí.

Claro, al inicio todos se preguntaban de dónde salió Ratatosk y este nuevo sistema solar.

Fue una larga conversación con mi madre: le conté sobre la herencia que obtuve del antepasado, los conocimientos, Ragnar, la creación de Omega y Atena.

Al principio se sorprendió mucho, pero al final todo tuvo sentido.

Le hablé de la Fuerza, aunque ella ya sospechaba algo; nunca la utilicé frente a nadie.

Ahora podía usarla a placer.

Mis compañeros se quedaron sorprendidos cuando me vieron levitar objetos, con este nuevo poder demostrado, su respeto y lealtad hacia mí, aumento.

En lo que respecta al Bosque de Origen y la biblioteca del conocimiento, fue el único secreto que me guardé.

Esa era mi mayor arma.

Se preguntarán: ¿y cómo explicas lo de Atena o Ratatosk?

Simplemente inventé una historia; se la creyesen o no.

Claro, antes de sacar a Ratatosk le advertí que no dijera nada del Bosque de Origen.

Él simplemente me miró como si observara a un tonto… ya me estaba arrepintiendo de haberlo traído.

Esta vez no había despedidas.

Mi madre tenía mucho trabajo que hacer; la incorporación de toda la nueva población aumentó su carga.

En ese momento, una mano áspera y amplia tocó mi hombro.

—jefe Azmar, todas las provisiones están listas, ¿cuándo vamos a partir?

—dijo Alf en tono emocionado.

—Bien, subamos a la cabina.

Llama a todos, vamos a despegar.

—¡Jaja, genial!

Salió corriendo a toda prisa, con la energía que lo caracterizaba.

Simplemente moví la cabeza ante tal comportamiento… nunca cambiaría.

Llevé los droides exploradores a la nave, los acomodé en un compartimento y luego me dirigí a la cabina.

Ahí ya se encontraba Efi como piloto principal y, a su lado, Val como copiloto.

Alf ya estaba sentado en la parte trasera junto a Ali, que sostenía a Ratatosk en sus brazos; este estaba comiendo, haciendo un ruido molesto.

En un tono molesto y cansado me dirigí a él: —Ratatosk, deja de comer por una vez.

Si no guardas silencio en este momento, te bajas de la nave.

Antes de que continuara mi reprimenda, este engulló toda la nuez que estaba comiendo, dándonos una escena bastante graciosa.

—Jaja… Alf fue el primero en reír, mientras los demás lo conteníamos… pero las lágrimas que salían de nuestros ojos nos delataban.

Recuperando la compostura, comencé a trazar nuestra ruta espacial.

El primer planeta que visitaremos será Ryloth.

Ahí se construyó la primera clínica y está en funcionamiento.

Nuestra misión es simple: dejar provisiones y recopilar información sobre los grupos criminales que podrían afectar nuestros negocios.

El viaje desde Concordia a Ryloth demoraría 2 días como mínimo, si no hay contratiempos.

—Efi, Val, prepárense para el despegue.

Hoy comenzamos un viaje que marcará el inicio de una nueva era, el origen de una… Un ruido exasperante y familiar volvió a sonar.

Ya sabía quién era el culpable.

—¡Despeguen!

—gritó la asustada ardilla, escondiendo la otra mitad de su nuez.

Val y Efi simplemente sonrieron, despegando la nave con rumbo a las estrellas… cómplices de esta rata desagradecida.

Espacio galáctico El primer día, todo fue normal entramos al hiperespacio sin ningún contratiempo, la única molestia era Ratatosk que no dejaba de preguntar cada hora si ya llegábamos.

Por un momento pensé en lanzarlo por una escotilla, pero Ali me detuvo ella lo estimaba mucho, claro solo quise asustarlo.

El segundo día hubo una falla en el motor, tuvimos que salir del hiperespacio para arreglarla, lo cual demoró nuestra llegada a Ryloth.

Efi se estaba encargando del motor, al parecer hubo un desperfecto con la fuente de alimentación.

No le tomó mucho tiempo arreglarlo, ya estaba volviendo a la cabina cuando las alarmas del radar comenzaron a sonar.

Una nave en forma de platillo volador salió del hiperespacio, comenzó a bombardear nuestra nave intentando inutilizarla.

—Malditos piratas Weequay, están buscando la muerte —gruñí molesto.

Esas naves eran las que usaban esa raza para saquear, pero hoy se toparon con su pesadilla.

Comencé a dar órdenes a Val y Efi: —Enciendan escudos, pero no disparen, estos piratas no destruirán la nave, solo buscan saquearla.

Si ven nuestra potencia de fuego escaparán.

—Alf, Ali vengan conmigo, los esperaremos en las compuertas, cuando empiecen a abordarnos los mataremos, no dejaremos que nadie escape.

—Como usted ordene jefe, por fin aplastaré algunos cráneos —dijo Alf eufórico.

—Ratatosk, quédate en mi asiento, ya regreso —dijo Ali en un tono más calmado, pero su aura había cambiado, la de una francotiradora experta.

Tal como predije, los piratas dejaron de disparar al ver que no contraatacábamos y comenzaron a abordarnos.

Simplemente dejamos que ingresaran a la nave, no queríamos que huyeran.

Val me avisó que eran 20 piratas Weequay, todos armados.

Esto sería divertido.

Cuando nos vieron comenzaron a dispararnos.

Alf, que estaba adelante, llevaba un enorme escudo y cargó contra ellos; los disparos rebotaban por todos lados.

Ali, desde atrás, comenzó a disparar con su rifle, cada disparo era una vida menos de los piratas.

Yo seguía detrás de Alf.

Este se estrelló contra 3 piratas aplastándolos por completo.

No quería perder tiempo con esos gusanos.

Fui directo al puente que conectaba nuestras naves.

Antes de que pudieran reaccionar, ya me encontraba del otro lado.

La masacre comenzó ahí.

Cada pirata que se interponía en mi camino era partido en dos.

Los piratas ya no me atacaban, cuando me veían solo corrían, llenos de terror.

—Azmar regresa, la nave pirata está intentando desacoplarse de nosotros —escuché la voz de Val en mi comunicador.

—No te preocupes, estoy cerca de la cabina de mando, envía a Ragnar, quiero que acabe con los que se esconden.

—Está bien, por favor no dejes un desastre en la cabina, que la última vez costó mucho limpiarla —me reprochó por la última captura.

—Jaja, tranquila, aprendí la lección —respondí un poco avergonzado.

Abrí la compuerta haciendo uso de mi lanza.

En comparación de los Jedi que introducen sus sables y forman agujeros… Yo prefiero usar la manera de Wolverine.

Dos trazos en forma de “X” … y empujar con la Fuerza.

Con el recordatorio de Val, simplemente estrangulé a los pilotos con la Fuerza.

No me gustaba usarla de esta manera… Pero no había opción.

Tenía que estar lo más limpio posible.

La limpieza no duró mucho.

Ragnar, con su percepción espacial, encontró y mató a todos los piratas que se escondieron.

Revisando las bóvedas y almacenes de la nave pirata, me encontré con una gran cantidad de créditos, además de un contenedor de especias Ryll.

Al parecer venían de Ryloth, ya que es el único lugar más cercano que las produce.

Pero mi sorpresa fue mayor cuando me encontré con esclavos Twi’lek.

Estaban encerradas en una celda.

Eran 10 mujeres.

Al parecer estos piratas hicieron buenos tratos en Ryloth, pero su codicia fue mayor, lo que los llevó a la ruina.

Al principio, cuando me acerqué, tuvieron miedo.

Se alejaron, acurrucándose en una esquina de la celda, todas juntas.

Todas eran jóvenes, entre 15 y 18 años.

Me acerqué a la cerradura, destrozándola con mi lanza.

Se asustaron cuando blandí mi lanza, pero al ver lo que hacía, una de ellas se armó de valor.

Temblando y con miedo me habló: —Disculpe su eminencia… ¿está aquí para salvarnos?

¿Usted es un Jedi?

—Se podría decir que nuestro encuentro es fortuito.

No soy un Jedi, pero tampoco un pirata… solo un simple viajero que está de camino a Ryloth.

—Ustedes son de ahí, ¿verdad?

Puedo regresarlas si así lo desean.

—Gracias por su bondad… pero nuestros padres fueron asesinados, todo nuestro pueblo fue esclavizado… no tenemos a dónde regresar —dijo la Twi’lek sollozando, mientras las demás hacían lo mismo.

—Entiendo su situación… en ese caso pueden trabajar en mi empresa.

No pasarán hambre ni frío, es lo que les puedo asegurar.

La Twi’lek se acercó a mí, arrodillándose.

Podía apreciar sus lekku de color rosa… eran hermosos.

Mis manos quisieron acariciarlos… pero me detuve.

—Gracias, benefactor… estaremos eternamente agradecidas.

Después, todas siguieron su ejemplo.

La Twi’lek rosa se llamaba Aida.

Claro, mis palabras no eran vacías.

Las clínicas necesitaban recepcionistas… y qué mejor que unas hermosas Twi’lek… ¿o qué, pensaron otra cosa?

😉 Después de todos los problemas que causaron los piratas, volvimos a nuestro rumbo: llegar a Ryloth.

Yo manejé la nave pirata, acompañado por las Twi’lek, lo que ocasionó unas miradas de desaprobación por parte de mis compañeras… y una de envidia de Alf.

Qué puedo decir… soy un ganador de la vida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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