Telarañas y Omnitrix - Capítulo 15
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15: Voto de confianza 15: Voto de confianza Capítulo 15: Voto de confianza El parque estaba tranquilo a esa hora.
El sol caía de lado entre los árboles, iluminando los senderos de tierra y las bancas dispersas.
Algunas familias paseaban, un par de niños corrían detrás de una pelota, y todo parecía…
demasiado normal para lo que se estaba hablando.
Max estaba de pie junto a una banca, brazos cruzados, observando alrededor con esa calma que no era descuido, sino costumbre.
Gwen, en cambio, estaba sentada, moviendo la pierna con impaciencia mientras miraba el reloj cada pocos segundos.
-Dijo a las dos -murmuró ella.
-Y son las dos -respondió Max sin mirar el reloj-.
Eso ya es buena señal.
-¿Y si no viene?
-Entonces no viene.
Pero por cómo se movía ayer…
ese chico no es de los que desaparecen sin más.
Como si lo hubiera invocado, una sombra pasó por encima de ellos.
Un segundo después, una figura descendió con suavidad, sujetándose de una telaraña que se disipó apenas tocó el suelo.
-Hey, ¿cómo andan?
Max no reaccionó de inmediato.
Lo observó de arriba abajo, midiendo postura, tono, respiración.
Luego extendió la mano con naturalidad.
-Bien.
Leo la estrechó.
-¿La máscara es necesaria?
-preguntó Max con tono neutral, pero directo-.
Supongo que estás del lado de los buenos.
Gwen levantó la mano con una sonrisa ligera.
-¿Qué hay, Spidy?
-Todo en orden -respondió Leo, cruzándose de brazos-.
Y sí, la máscara es necesaria.
Más que protegerme a mí, protege a los que están cerca de mí.
Por algo está.
Max asintió lentamente, aceptando la respuesta sin presionar…
aunque claramente la guardó.
Leo miró alrededor.
-¿No falta alguien más?
El silencio duró medio segundo.
Max entrecerró los ojos apenas.
-No.
Solo nosotros dos.
Pero por cómo lo dijiste…
creo que tú esperabas a alguien más.
Leo no respondió de inmediato.
En cambio, se levantó ligeramente la manga.
El Omnitrix.
Gris.
Inactivo.
-Creo que esto te puede interesar.
El cambio en Max fue inmediato.
Su postura se tensó apenas, sus ojos se abrieron un poco más de lo normal.
-Eso es…
-El Omnitrix -terminó Leo por él-.
Sí.
Lo obtuve hace dos días.
Y…
Vilgax lo estaba cazando.
Max se quedó completamente quieto.
Por un segundo.
Solo uno.
Pero fue suficiente.
Gwen miró entre los dos, completamente perdida.
-Espera, espera…
¿qué es el Omnitrix?
¿Y por qué alguien con nombre de villano quiere eso?
Leo exhaló suavemente.
-El Omnitrix fue creado como un vínculo de paz.
Permite a distintas especies entenderse al transformarse unas en otras.
También funciona como un archivo genético para preservar razas al borde de la extinción.
Gwen parpadeó.
-…Ok, eso es mucho.
Se giró hacia su abuelo.
-¿Tú sabías esto?
Max asintió despacio.
-Sí.
Pero no todos los Plomeros lo ven así.
Para muchos…
es un arma.
Y una que no debería caer en manos equivocadas.
Miró el reloj.
-Como las de Vilgax.
Leo lo observó con atención ahora.
No solo por lo que decía, sino por cómo lo decía.
-Hablas de esto como si ya hubieras estado cerca.
Max no respondió a eso directamente.
En su lugar, dio un paso al frente.
-¿Puedes quitártelo?
La respuesta fue inmediata.
-No.
Max frunció ligeramente el ceño.
-Dices que me conoces.
Entonces deberías saber por qué lo pido.
Gwen intervino, un poco más intensa.
-Mi abuelo fue Plomero.
Puedes confiar en nosotros.
Leo dudó un segundo.
-No es que no confíe…
Mentira a medias.
Se notaba.
-…es que no puedo quitármelo.
Y además, está inactivo.
Max alzó una ceja.
-¿Inactivo?
-Reconocimiento de ADN -explicó Leo, señalando el dispositivo-.
Cuando lo encontré, no era para mí.
Supongo que se bloqueó.
Max guardó silencio unos segundos, procesando.
Luego habló con calma.
-Chico…
entiendo lo de la máscara.
Pero lo que llevas en la muñeca cambia todo.
Vilgax no va a detenerse.
Y cuando venga, no le va a importar quién seas ni a quién protejas.
Pausa.
-Puedes venir con nosotros.
Mantener el Omnitrix seguro.
Leo se quedó quieto.
Pensando.
Analizando.
No conocía realmente a Max.
No podía confiar solo en recuerdos vagos de una serie que ya ni sabía cuánto coincidía con la realidad.
Pero…
Algo en él decía que no estaba mintiendo.
Suspiró.
Y se quitó la máscara.
-Ta-ra.
Max se quedó en silencio.
Literalmente.
Mirando.
Un niño.
Gwen también se sorprendió, pero más por el contraste que por la lógica.
Max, en cambio, evaluaba otra cosa: movimientos, control, precisión…
todo lo que había visto el día anterior no coincidía con lo que tenía enfrente.
-…Vaya.
Leo se encogió de hombros.
-Sí, bueno.
Sorpresa.
-Pensé que eras alguien con…
-Max hizo un gesto vago- experiencia.
-La tengo.
Y no estaba mintiendo.
Gwen se acercó un poco más, curiosa.
-¿Entonces no puedes venir con nosotros?
Leo negó.
-Estoy viajando con mis padres.
Ellos no saben nada de esto.
Y quiero que siga así.
Max asintió lentamente.
-Entiendo.
Pausa breve.
-Entonces yo encontraré una forma.
Leo levantó una ceja, pero no preguntó.
Solo volvió a ponerse la máscara.
-Nos veremos.
Y se fue.
— Cuando regresó a la autocaravana, lo primero que notó fue el silencio.
No estaban.
Bien.
Entró sin hacer ruido y fue directo al compartimento oculto.
Sacó las piezas del dron.
Las colocó sobre la mesa.
Se sentó.
Y empezó a trabajar.
No era improvisación.
No del todo.
Las piezas tenían una estructura modular, con circuitos compactos y una fuente de energía relativamente estable.
Tecnología claramente avanzada, pero no incomprensible.
Leo tomó una herramienta pequeña y empezó a desmontar con cuidado.
-Arquitectura semi-autónoma…
interesante.
Extrajo un núcleo.
-Fuente energética híbrida…
esto no es terrestre.
Separó cables.
Revisó conexiones.
-Sistema de transmisión…
frecuencia cerrada.
Bien, eso se puede usar.
Su mente trabajaba rápido.
No necesitaba construir desde cero.
Solo adaptar.
Optimizar.
Reconfigurar.
Tomó el casco que había empezado antes.
Ya no era simple tela reforzada.
Había integrado una estructura interna de una aleación ligera, resistente a impactos, con puntos de anclaje para componentes electrónicos.
-Si conecto esto aquí…
Insertó el módulo de transmisión.
-…puedo interceptar señales de banda policial.
Ajustó otro componente.
-Filtro de frecuencias…
y decodificador básico.
Se detuvo un segundo.
Pensando.
-HUD minimalista, no intrusivo…
información en tiempo real sin saturación visual.
Tomó una pequeña lente.
-Visión térmica acoplada al espectro infrarrojo.
Otra pieza.
-Y modo nocturno con amplificación de luz ambiental.
Sonrió levemente.
-Nada mal.
Estaba a mitad del ensamblaje cuando escuchó el sonido.
La puerta.
Voces.
Se movió rápido.
Guardó el casco.
Dejó algunas piezas visibles.
Cuando sus padres entraron, él ya estaba sentado como si nada.
-¡Llegamos!
-dijo Marie con una sonrisa.
-Te trajimos algo -añadió Pierre levantando una bolsa.
Leo giró.
-¿Hamburguesa?
-Obvio.
Pero entonces ambos miraron la mesa.
Piezas.
Cables.
Componentes.
-…¿Qué estás haciendo, hijo?
-preguntó Marie.
Leo ni dudó.
-Estoy ajustando un sistema de almacenamiento energético basado en celdas de litio modificadas con un regulador de voltaje dinámico.
Si logro estabilizar la salida, puedo aumentar la eficiencia del motor cuando construya la moto.
Silencio.
Pierre miró a Marie.
Marie miró a Pierre.
-…Claro -dijo él finalmente.
-Tiene sentido -añadió ella, aunque claramente no.
Leo tomó la hamburguesa.
-¿Puedo quedarme despierto un rato más?
Quiero terminar esto.
Pierre se encogió de hombros.
-Mientras comas, todo bien.
-Y no te quedes hasta muy tarde -añadió Marie.
-Sí, ma.
Se fueron.
Leo esperó unos segundos.
Luego sacó el casco otra vez, para volver a trabajar.
— El parque estaba tranquilo.
Demasiado tranquilo para lo que había pasado la noche anterior.
El viento movía apenas las hojas, y el sonido lejano de autos apenas rompía el silencio.
Gwen Tennyson estaba sentada en una banca, balanceando ligeramente los pies mientras miraba a su abuelo.
Max estaba de pie, un poco apartado, con el teléfono en la oreja.
Su expresión no era la de siempre.
-Sí…
-dijo en voz baja.
Pausa.
-Ajá.
Escuchaba más de lo que hablaba.
Del otro lado, la voz continuó soltando datos con precisión casi mecánica.
-Nombre: Léo Durand.
Edad: cinco años.
Nacionalidad francesa-italiana.
Sin antecedentes.
Sin registros en bases de datos de los Plomeros…
ni de ninguna otra organización relevante.
Max entrecerró los ojos apenas.
-Sigue.
-Padre: Pierre Durand.
Panadero.
Propietario de múltiples sucursales en París y una en Italia.
Madre: Marie Durand.
Ejecutiva en una disquera independiente.
Sin historial sospechoso.
Otra pausa.
El viento sopló un poco más fuerte.
-El niño muestra capacidades fuera de lo normal -continuó la voz-.
Alto coeficiente intelectual.
Intereses en mecánica y música.
Canal digital: “Tout en Musique”.
Popularidad creciente.
Gwen levantó la mirada al escuchar eso.
-¿Canal?
Max no respondió.
-Se han registrado patrones inusuales en su actividad reciente -añadió la voz-.
Posibles indicios de comportamiento no convencional…
pero nada concluyente.
Silencio.
Max bajó un poco la mirada.
-¿Algo más?
-No.
Otra pausa.
Y entonces, el tono cambió.
Más ligero.
Casi curioso.
-Ahora mi pregunta…
¿por qué lo estás investigando, Max?
Gwen levantó la cabeza de golpe.
Max no respondió de inmediato.
Sus ojos se desviaron un segundo hacia su nieta.
Luego al suelo.
-Nada importante -dijo finalmente, con tono neutral-.
Solo…
un niño que se acercó demasiado a Gwen.
Del otro lado hubo una risa baja.
-Claro.
Tú nunca investigas “niños” sin razón.
Max no sonrió.
-Te debo una.
-Ya me la debes -respondió la voz-.
Cuídate, viejo.
La llamada terminó.
El silencio volvió.
Max bajó el teléfono despacio.
Gwen lo miraba.
-¿Qué fue eso?
Él guardó el móvil sin prisa.
-Nada que te preocupe.
-Abuelo…
El tono de ella no era insistente.
Max suspiró apenas.
-Información que necesitaba confirmar.
Gwen frunció ligeramente el ceño.
-¿Sobre Léo?
Max no respondió de inmediato.
-¿Por qué no le dijiste la verdad?
-preguntó ella.
-Porque no toda la verdad debe compartirse -respondió él con calma.
Gwen bajó la mirada un segundo.
-Pero…
él confió en nosotros.
Max la observó.
-Nos mostró algo importante, sí.
-Entonces- -Y precisamente por eso -interrumpió suavemente- hay que tener cuidado.
El viento volvió a mover las hojas.
-El Omnitrix no es cualquier cosa, Gwen.
Gwen levantó la vista otra vez.
Max miraba hacia el frente.
Pensando ahora en leo.
-Ese chico -añadió- sabe demasiado.
Gwen inclinó un poco la cabeza.
-A mí no me parece peligroso.
-No dije que lo fuera.
-Entonces…
Max tardó un segundo en responder.
-Dije que no lo parece.
Gwen suspiró y se sentó a su lado.
-No parece tener relación con los Plomeros…
ni con ninguna organización rara.
Max apoyó los codos en las rodillas, mirando al suelo.
-No…
no lo parece.
Pero esa no era la parte que le preocupaba.
Lo que realmente le inquietaba era otra cosa.
Cómo sabía tanto.
— A la mañana siguiente, el sol ya estaba alto cuando Leo abrió los ojos.
Miró el reloj: más de las diez.
-…Me pasé.
Se estiró un poco y entonces escuchó voces afuera.
Se levantó.
Salió.
Y se quedó quieto.
Sus padres estaban hablando…
con Max.
Y Gwen estaba a un lado.
Leo parpadeó.
-…Ok.
Se acercó como si nada.
-Buenos días.
Marie se giró enseguida.
-¡Léo!
Justo hablábamos de ti.
Pierre sonrió.
-¿Por qué no nos dijiste que tenías una amiga americana?
Leo se quedó en blanco un segundo.
Max intervino con total naturalidad.
-Fue hace un tiempo.
Gwen estuvo en Italia por un programa de intercambio.
Yo la acompañé.
Léo fue de gran ayuda, la hizo sentir parte de la clase.
Gwen sonrió y se acercó sin dudar, abrazando a Leo con naturalidad.
-¡Cuánto tiempo!
Te extrañé, amigo.
Leo reaccionó medio segundo tarde, pero le devolvió el abrazo.
-Sí…
claro…
Aprovechó la cercanía y susurró.
-¿Qué están haciendo?
-Síguenos el juego -respondió Gwen en voz igual de baja.
Marie soltó una pequeña risa.
-Ay, qué lindos…
Léo, no estarás engañando a Lila, ¿verdad?
Leo se separó de golpe, ligeramente rojo.
-Mamá, por favor…
Pierre soltó una carcajada.
Max intervino con calma.
-Gwen, ¿por qué no vas con Léo?
Pueden ponerse al día.
Marie asintió.
-Sí, vayan a jugar un rato.
Leo suspiró por dentro.
-Claro…
Entraron a la autocaravana.
Gwen miró alrededor con curiosidad.
-No está nada mal.
Leo cruzó los brazos.
-¿Qué estás haciendo realmente?
-Mi abuelo está intentando convencer a tus padres para viajar juntos.
-Sí, eso lo veo -respondió Leo-.
Me refiero a tú.
Gwen se quedó en silencio un segundo.
-Oh…
eso.
Se rió nerviosa.
-Bueno…
me trajo de vacaciones.
Pero también para entrenar.
Leo ladeó la cabeza.
-¿Entrenar?
-Sí…
me ha contado algunas cosas de los Plomeros.
No sé si debería decirte más.
Leo la miró unos segundos.
-Puedes hacer magia, ¿no?
Gwen se quedó congelada.
-¿Qué?
-Magia.
-¿Cómo…?
Leo sonrió levemente.
-No importa.
Se inclinó un poco hacia adelante.
-¿Puedes mostrarme?
Gwen dudó.
-No la controlo bien…
es más emocional.
-Inténtalo.
Gwen respiró hondo.
Se concentró.
Levantó las manos.
Un brillo azul comenzó a formarse.
Lento.
Inestable.
Hasta que tomó forma.
Un pequeño escudo.
Transparente.
Tembloroso.
Leo lo observó con genuina curiosidad.
-Wow…
Se acercó un poco.
Tocó con los nudillos.
-¿Puedo probar?
Gwen asintió, algo insegura.
Leo lanzó un golpe…
leve para él.
Para alguien normal, no lo era.
El escudo se rompió al instante.
Gwen salió despedida hacia atrás, medio metro, soltando un pequeño grito.
Leo abrió los ojos.
-¡Mierda!
Corrió hacia ella.
-Perdón, perdón, no medí la fuerza.
La ayudó a levantarse rápidamente.
-¿Estás bien?
-Sí…
creo…
En ese momento se escucharon pasos.
Los adultos entraron.
Y lo primero que vieron fue a Gwen en el suelo y a Leo inclinándose sobre ella.
Silencio incómodo.
Gwen reaccionó primero, levantándose rápido.
-Me caí -dijo de inmediato-.
Él solo me estaba ayudando.
Leo asintió.
-Sí, eso.
Marie los miró un segundo…
y luego sonrió.
-Bueno, tengan cuidado.
Pierre se rascó la nuca.
-Eh…
sí.
Max no dijo nada, pero observó todo con atención.
Luego carraspeó.
-Justo estábamos hablando de algo.
Marie asintió.
-Sí.
El señor Tennyson nos propuso viajar juntos por un tiempo.
Pierre cruzó los brazos.
-Tiene experiencia en carretera, conoce rutas, zonas seguras…
y bueno, no es mala idea viajar en grupo.
Max intervino con tono tranquilo.
-Además, dos vehículos son más seguros que uno en trayectos largos.
Especialmente si piensan recorrer varios estados.
Marie miró a Leo.
-¿Qué opinas?
Leo miró a Gwen.
Luego a Max.
Suspiró.
-Supongo que está bien.
Gwen sonrió.
Max también.
Pero ninguno de los dos lo hizo por la misma razón.
— Buenos días, buenas tardes y buenas noches.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Imitadora Aprende a distinguir entre alguien que quiere que mejores y alguien que solo quiere proyectar sus inseguridades en ti.