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The Big Bang Theory: Un Nuevo Leonard [Español] - Capítulo 23

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Capítulo 23: Capítulo 23 – Fiesta, Decano y Summer (R18)

Capítulo 23 – Fiesta, Decano y Summer (R18)

Leo salió de su habitación con ropa formal. El traje le quedaba ajustado, elegante, con la corbata perfectamente alineada. Tenía ese aire seguro, como alguien que sabe que debe estar a la altura de la ocasión.

En la sala lo esperaba Sheldon, también vestido de manera formal.

Leo, en cambio, tenía un aire más relajado dentro de la formalidad.

Sheldon se acomodó la chaqueta, ajustando los puños con precisión. Miró a Leo y comentó con tono inquisitivo:

“Todavía no entiendo por qué insististe en regalarme un traje.” dijo Sheldon.

Leo sonrió, ajustando su corbata con calma.

“Porque debes verte mejor. Y como mi mejor amigo, no puedo dejar que me hagas quedar mal.” dijo Leo.

Sheldon levantó las cejas, procesando la respuesta con su lógica habitual, mientras seguía revisando los botones de su chaqueta.

—

Leo y Sheldon salieron del departamento, ambos vestidos de manera formal. El contraste entre ellos seguía siendo evidente: Leo con un aire seguro y relajado; Sheldon con esa rigidez meticulosa que hacía parecer que cada paso estaba perfectamente calculado.

Mientras avanzaban por el pasillo, Sheldon rompió el silencio, como si retomara una idea que llevaba horas desarrollando en su mente.

“Estaba pensando,” dijo Sheldon, ajustándose el cuello de su chaqueta, “si alguna vez construyera una máquina del tiempo, no la usaría para viajar al pasado y corregir errores.”

Leo lo miró de reojo, curioso.

“¿Ah, no? ¿Entonces para qué?” dijo Leo.

“Se la daría a mi yo más joven,” continuó Sheldon con total naturalidad. “De esa forma, eliminaría la necesidad de crearla en primer lugar.”

Leo sonrió ligeramente.

“Suena elegante,” dijo Leo, “pero solo funciona si asumes que viajar al pasado no altera la línea temporal. Y eso… es prácticamente imposible.”

Sheldon frunció el ceño, intrigado más que molesto.

“¿Por qué sería imposible?” dijo Sheldon. “Si yo mismo me entrego la máquina, no hay contradicción. Solo estoy optimizando el proceso.”

Leo negó con la cabeza

“Porque en el momento en que viajas al pasado, ya cambiaste las cosas,” dijo Leo. “Tu yo joven recibe algo que no debería tener. Eso altera sus decisiones, lo que hace después… todo.”

Sheldon lo miró con atención, procesando.

“Entonces, según tú, al regresar no volvería a mi futuro original,” dijo Sheldon.

“Exacto,” respondió Leo. “Volverías a otro futuro. Uno que nace de ese cambio.”

Bajaron por las escaleras

Sheldon se quedó en silencio unos segundos antes de hablar de nuevo.

“Entonces la única forma de evitar la paradoja,” dijo Sheldon, “sería no viajar a mi propio pasado… sino a un universo paralelo donde existe una versión más joven de mí.”

Leo asintió,

“Ahí ya tiene más sentido,” dijo Leo. “Porque no estás alterando tu línea, estás interfiriendo en otra.”

Sheldon acomodó su chaqueta otra vez, pensativo.

“Eso implicaría que la máquina no solo manipula tiempo y espacio,” dijo Sheldon, “sino también la estructura del multiverso.”

Leo sonrió.

“Bienvenido a los viajes en el tiempo,” dijo Leo. “No puedes tener todo sin pagar el precio.”

Sheldon lo miró con seriedad.

“En ese caso,” dijo Sheldon, “yo nunca habría creado la máquina. Sería mi contraparte quien la tendría. Y yo… ¿qué sería exactamente?”

Leo se encogió de hombros.

“Tal vez el punto de origen,” dijo Leo. “Tu decisión crea dos caminos. En uno, tu versión joven recibe la máquina y su vida cambia. En el otro, tú sigues exactamente como estabas.”

Pausa.

“Pero ya no vuelven a cruzarse,” añadió Leo.

Salieron al vestíbulo.

Sheldon caminaba con las manos detrás de la espalda, como si estuviera en medio de un experimento.

“Eso es inaceptable,” dijo Sheldon. “No puedo aceptar que otra versión de mí tenga una vida mejor gracias a mi esfuerzo, mientras yo permanezco sin beneficio alguno.”

Leo soltó una risa corta.

“Por eso esto se queda en teorías,” dijo Leo. “Siempre termina en una paradoja incómoda.”

Sheldon lo miró con esa mezcla tan suya de orgullo y lógica.

“Si alguien puede resolverlo,” dijo Sheldon, “seré yo.”

Leo lo miró de reojo, divertido.

“No lo dudo.”

—–

Mientras bajaban por las escaleras del edificio, Sheldon cambió de nuevo el tema. Su voz sonó seria, casi resignada:

“Leo, no voy a disfrutar de esa fiesta,” dijo Sheldon.

Leo lo miró de lado, con una sonrisa tranquila.

“Lo sé, te conozco bien,” respondió Leo.

Sheldon ajustó su chaqueta, recordando con claridad.

“¿Recuerdas la última fiesta? De no ser porque tú alejaste al profesor Finculbay, me hubiera mantenido demasiado tiempo arrinconado hablando de espeleología. Sabes que no tiene nada de interesante.”

Leo soltó una risa breve, mientras abría la puerta hacia el vestíbulo.

“Ya conoces la táctica, Sheldon. Conocemos al nuevo jefe, lo saludamos, comemos algo y ya. Nos vamos con los chicos. Y si alguien intenta acorralarnos, usamos la táctica de la caja de ratón: cerramos el grupo para que nadie se acerque.”

Sheldon lo miró con gesto calculador, como si ensayara mentalmente.

“¿Pero cómo debo saludarlo? ¿Mucho gusto, profesor Houser, qué suerte para usted que la universidad decidió contratarlo a pesar de que no ha hecho una investigación original en 25 años y en cambio escribió una serie de libros populares que reducen la ciencia a una colección de anécdotas, cada una mal escrita para acomodar la duración del movimiento de las vocales… mahalo?” dijo Sheldon, haciendo un gesto cortés al terminar.

Leo no pudo contener la risa.

“Sí, no debes decir eso. No creo que le interese esa opinión. Pero el ‘mahalo’ es simpático.”

Sheldon levantó la barbilla, satisfecho con la palabra.

“Hablando del ‘mahalo’, ¿sabías que por las noches estudio hawaiano?” le dijo Sheldon a Leo.

Leo arqueó una ceja, divertido.

“Ah, mira qué coincidencia. Yo también.”

Y sin más, Leo comenzó a hablar en hawaiano, mezclando frases sobre ciencia y física, como si estuviera dando una pequeña clase improvisada en otro idioma. Sheldon lo escuchó con atención, sorprendido, y luego respondió, entusiasmado, en el mismo idioma.

—

Leo y Sheldon llegaron a la universidad. En la entrada se encontraron con Raj, quien los saludó con entusiasmo antes de que los tres entraran juntos a la sala donde se llevaría a cabo el evento.

El lugar estaba lleno de colegas, mesas bien dispuestas y un buffet que llamaba la atención desde el primer momento. El aroma de distintos platillos flotaba en el aire, mezclando sabores internacionales.

Raj, con los ojos brillando, fue el primero en hablar:

“Nosé ustedes, pero yo me muero de hambre,” dijo Raj, caminando directo hacia la mesa de comida.

Los demás lo siguieron. Cada uno tomó un plato y comenzó a servirse. Raj, emocionado, probaba de todo un poco.

“Amo Norteamérica,” dijo Raj mientras se servía distintos tipos de platillos.

Leo lo miró divertido.

“¿No hacen buffet en la India?” preguntó Leo.

Raj hizo una mueca, como si la pregunta le hubiera recordado algo desagradable.

“Claro que sí, pero de comida india. Primero mueres antes de encontrar baguettes en Bombay,” dijo Raj, haciendo mala cara mientras colocaba pan en su plato.

Sheldon se servía con precisión, como si cada porción tuviera que estar medida. Leo también se servía, relajado, disfrutando del momento.

De pronto, Sheldon levantó la vista hacia la puerta.

“Vaya, interesante giro de eventos,” dijo Sheldon, observando quién entraba.

Era Howard, seguido de una mujer rubia y alta, de porte elegante.

Leo al mirar, se congelo por un segundo para luego sonreir, muy gratamente.

[Brooklyn Decker]

“¿Howard con una chica?” dijo Leo, pensando en las ideas que siempre tenía su amigo.

Sheldon, con tono analítico, añadió:

“Pues la explicación más aceptable es que su obra robótica se haya superado mucho.”

Howard se acercó confiado, tal vez por la presencia de la mujer a su lado. Saludó al grupo con energía.

“Qué tal, cómo están, sabiondos. Les presento a mi amiga especial, Summer,” dijo Howard, intentando rodearla con un brazo.

Summer se apartó un poco, con una sonrisa irónica.

“Howard, tocar cuesta extra,” dijo ella.

Leo y Raj soltaron una carcajada inmediata. Sheldon, en cambio, se quedó serio, sin entender del todo el comentario.

—

Howard carraspeó, intentando recomponerse.

“Summer, ellos son mis amigos,” dijo, señalando al grupo. “Sheldon Cooper, físico teórico. Rajesh Koothrappali, astrofísico. Y él… Leonard Hofstadter.”

Sheldon levantó la mano con gesto serio.

“Mucho gusto,” dijo Sheldon.

Raj apenas asintió, sin poder decir palabra. Sus ojos bajaron de inmediato hacia el plato, como si la presencia de Summer lo hubiera dejado sin voz.

Leo extendió la mano con naturalidad, su porte alto y seguro destacando en el ambiente académico.

“Puedes decirme Leo. Encantado de conocerte,” dijo Leo, con voz cálida.

Summer estrechó su mano, midiendo la firmeza del gesto. Luego sonrió, y en su mente repasó lo que veía: *Sheldon parecía rígido, demasiado serio. Raj, tímido, casi escondido. Pero Leo… Leo era distinto. Alto, entrenado, con una seguridad que resaltaba entre todos los académicos del salón.*

La charla comenzó con un tono casual. Sheldon se servía con precisión, Raj probaba de todo sin mirar mucho a Summer, y Leo se mantenía relajado.

Sheldon levantó la barbilla, curioso.

“Howard, ¿cómo conociste a Summer?” dijo Sheldon.

Howard se apresuró a responder, inflando el pecho.

“Bueno, digamos que tuve mis contactos. No todo es ciencia, Sheldon,” dijo Howard, con tono presumido.

Raj se inclinó hacia Leo, susurrando algo al oído. Leo soltó una carcajada inmediata.

Howard lo miró molesto.

“¿Qué dijo?” preguntó Howard, frunciendo el ceño.

Summer también arqueó una ceja, curiosa.

“Sí, ¿qué dijo?” dijo ella.

Leo, aún divertido, respondió con calma.

“Raj dijo que te gastaste tus regalos de bar mitzvá,” dijo Leo, provocando que Howard se sonrojara.

Raj bajó la cabeza, y Leo, riendo, puso una mano sobre el hombro de Howard.

“Eres un gran tipo, Howard. Pero aún te falta un poco más para salir con alguien del nivel de Summer,” dijo Leo, con tono ligero.

Summer sonrió, sin decir ni sí ni no, pero claramente divertida por la situación.

Howard se recompuso, girándose hacia Summer.

“Bueno, como te decía, mi trabajo es en ingeniería aeroespacial. Trabajo con sistemas complejos, satélites, cosas que realmente cambian el mundo,” dijo Howard, intentando recuperar protagonismo.

Summer lo escuchaba, pero su expresión mostraba confusión. Su sonrisa educada no ocultaba que no entendía del todo lo que Howard decía.

Leo observó la escena y, con naturalidad, intervino.

“Howard, ¿qué tal si lo dejamos para después? Summer vino a disfrutar la velada, no a escuchar un manual técnico,” dijo Leo, con tono simpático.

Summer lo miró agradecida, haciendo un pequeño gesto con la cabeza.

“Gracias,” dijo ella, con una sonrisa más genuina.

La conversación se relajó. Sheldon seguía corrigiendo detalles, Raj se mantenía callado, Howard intentaba recomponerse, y Leo aligeraba la charla con humor y carisma. Summer, aunque recatada, comenzaba a fijarse más en él, sorprendida por cómo destacaba en un grupo tan peculiar.

—

El salón estaba lleno, pero no era nada nuevo.

Mesas, copas, conversaciones en voz baja… lo de siempre. Gente importante hablando de cosas importantes con caras importantes.

Leo miró alrededor un segundo y soltó el aire por la nariz.

“¿Soy yo o cada vez invitan a más gente para que se sienta igual de vacío?” dijo Leo.

Raj soltó una risa baja, llevándose la mano a la boca mientras asentía.

“Sí… hay mucha gente, pero nadie parece estar pasándola bien,” dijo Howard.

Sheldon respondió sin mirar.

“Eso es porque la interacción social en estos eventos es superficial. Lo he señalado en múltiples ocasiones.”

Leo giró un poco hacia él.

“¿Qué, mandaste un memo o algo así?” dijo Leo.

“Sí,” dijo Sheldon. “Una lista de sugerencias para mejorar la calidad del intercambio académico.”

Pausa.

“Nadie respondió.”

Leo asintió.

“Qué sorpresa.”

Raj negó con la cabeza, divertido, y le dio un pequeño codazo a Howard.

Howard acomodó su chaqueta antes de hablar.

“No todos vienen a socializar. Algunos venimos a hacer contactos,” dijo Howard, mirando a Summer.

Leo lo miró de lado.

“Sí, pero podrías intentar no parecer vendedor de seguros mientras lo haces,” dijo Leo.

Raj se inclinó un poco hacia adelante, soltando una risa ahogada, y le susurró algo a Howard al oído.

Howard forzó una sonrisa.

“Estoy siendo profesional.”

“Te falta parecer humano,” dijo Leo.

Summer dejó escapar una risa suave.

Howard la miró de reojo, pero no dijo nada.

“Deberíamos hacer una prueba,” dijo Leo, mirando su vaso. “A ver cuánto tarda alguien en mencionar teoría de cuerdas si dejamos de hablar.”

Sheldon respondió de inmediato.

“Doce segundos.”

Leo giró hacia él.

“¿Ya lo mediste?” dijo Leo.

“Varias veces.”

Raj levantó las cejas, impresionado, y asintió como si eso tuviera todo el sentido del mundo.

La conversación siguió un poco más, ligera, sin nada especial. En algún punto, Sheldon empezó a explicarle algo a Raj en voz baja, y Howard se distrajo con otra mesa.

Summer se inclinó un poco hacia Leo.

“No pareces de aquí,” dijo Summer.

Leo giró hacia ella.

“Depende. ¿Eso es bueno o malo?” dijo Leo.

“Bueno,” dijo ella.

“Entonces me quedo con eso,” dijo Leo.

Ella sonrió.

“Eres más interesante que el resto.”

Leo alzó ligeramente una ceja.

“Eso no es muy difícil aquí,” dijo Leo.

Ella rió otra vez.

Metió la mano en su bolso y sacó una pequeña tarjeta. Se la ofreció.

Leo la tomó sin prisa, la miró y sonrió.

“Ok… eso no me lo esperaba,” dijo Leo.

“Podría interesarte,” dijo Summer.

Leo giró la tarjeta entre sus dedos.

“No lo sé… suena caro,” dijo Leo.

“Depende de lo que busques,” dijo ella.

Leo levantó la mirada.

“Ahí está el problema. No estoy buscando mucho,” dijo Leo.

Summer inclinó la cabeza.

“¿En serio? ¿O solo no soy lo que buscas?” dijo Summer.

Leo negó con una pequeña sonrisa.

“No es eso.”

Se inclinó un poco hacia ella.

“Tengo mis razones.”

Ella se acercó apenas.

“A ver,” dijo Summer.

Leo levantó tres dedos.

“Uno: no me falta compañía.”

Bajó uno.

“Dos: ya no me impresiona tan fácil nada nuevo.”

Bajó otro.

Miró de reojo.

Howard estaba distraído y Raj asentía a algo que Sheldon le decía en voz baja.

Volvió a ella y se acercó un poco más.

“Y tres…” dijo Leo.

Se inclinó lo suficiente para quedar cerca.

“…te vas volver adicta”

Summer lo miró sin apartarse.

“¿Ah, no?” dijo Summer.

Leo sostuvo la mirada.

“No,” dijo Leo. “Te complicarías.”

Hubo un pequeño silencio.

Leo se apartó con naturalidad, tomó su bebida y miró hacia el grupo.

“¿Entonces cuánto dijiste? ¿Doce segundos?” dijo Leo.

“Diez,” respondió Sheldon.

Raj levantó un dedo, como corrigiendo, y asintió con una sonrisa divertida.

La conversación continuó.

Summer se quedó mirándolo un momento más antes de volver la vista al frente.

—

Leo levantó la copa y miró a Summer con una sonrisa traviesa.

“A ver, Summer, dime tú… del uno al diez, ¿cuánto se parece Sheldon al robot dorado de Star Wars o a Piggy Sherman?” dijo Leo.

Summer lo miró sorprendida, y luego soltó una risa auténtica.

“¿En serio? ¡Eso es cruel!” dijo Summer, aunque no podía dejar de reír.

Sheldon levantó la barbilla, serio.

“Si te refieres a C-3PO, debo señalar que ese androide es un experto en protocolos de comunicación. No es un insulto.”

Raj se dobló hacia adelante, riéndose en silencio, y le dio un codazo a Howard. Howard se encogió de hombros, divertido.

“Bueno, al menos no dijo R2-D2,” dijo Howard.

Leo sonrió.

“Exacto. R2-D2 es demasiado simpático para compararlo con Sheldon,” dijo Leo.

Summer volvió a reír, esa vez más abierta, y miró a Leo con complicidad. La mesa se llenó de un ambiente ligero, como si por un momento el evento académico se hubiera transformado en una reunión de amigos.

En medio de la charla, un hombre alto con gafas se acercó a Leo. Era un colega suyo, con gesto serio.

“Leo, disculpa que interrumpa,” dijo el hombre. “Acaban de dejar un paquete importante en tu oficina. Me pidieron que te lo entregara personalmente, pero está bajo resguardo. Necesitan que lo revises cuanto antes.”

Leo bajó la copa y asintió.

“¿Ahora mismo?” dijo Leo.

“Sí, es urgente,” respondió el colega.

Leo se giró hacia el grupo, con una expresión de disculpa.

“Chicos, me tengo que retirar un momento. Parece que me dejaron un paquete importante en la oficina,” dijo Leo.

Howard levantó las manos.

“¿Un paquete? ¿Qué clase de paquete?” dijo Howard, curioso.

Leo sonrió.

“El tipo de paquete que no puede esperar,” dijo Leo, con tono ligero.

Raj levantó las cejas y asintió, como si entendiera la gravedad del asunto. Sheldon simplemente dijo:

“Entonces no deberías perder tiempo.”

Leo se inclinó hacia Summer, con una sonrisa breve.

“Fue un gusto conocerte. Espero que disfrutes la velada,” dijo Leo.

Summer lo miró mientras se levantaba. Sus ojos lo siguieron mientras se alejaba entre las mesas, su porte destacando en el salón.

Howard retomó la palabra, intentando llenar el vacío.

“Bueno, como les decía, mi trabajo en ingeniería aeroespacial…” dijo Howard, pero su voz sonaba más débil.

Summer miró a los chicos. Raj se encogió de hombros, Sheldon seguía hablando de teoría, y Howard intentaba recomponerse. Ella pensó un momento, dudó, y luego sonrió con cortesía.

“Voy al baño,” dijo Summer, levantándose con calma.

Los chicos asintieron sin darle mucha importancia. Raj levantó una mano en un gesto rápido, Sheldon apenas murmuró un “muy bien”, y Howard se quedó mirando cómo ella se alejaba.

Summer caminó hacia la salida del salón, siguiendo con la mirada la dirección en la que Leo había desaparecido. Sus pasos eran firmes, pero su gesto mostraba que estaba pensando en algo más que un simple descanso.

—

“Oh, atención, aquí viene el nuevo jefe”, dijo Raj mientras sostenía un plato lleno de comida.

“Caballeros, un placer conocerlos, Eric Gablehauser”, se presentó Gablehauser extendiendo su mano.

“Hola señor, soy Howard Wolowitz, ingeniería”, dijo Howard, haciendo que Gablehauser asintiera.

“Rajesh Ramayan Koothrappali, astrofísica”, se presentó Raj, logrando otro gesto de aprobación de Gablehauser.

“Doctor Sheldon Cooper, un científico de verdad”, dijo Sheldon, haciendo que Gablehauser lo mirara con cierta sorpresa.

“¿Lo siento?”, preguntó Gablehauser, y Sheldon resopló.

“Doctor Gablehauser, con todo respeto. Es una suerte para usted que la universidad haya decidido contratarlo a pesar de que no ha realizado ninguna investigación original en 25 años y, en cambio, ha escrito una serie de libros populares que redujeron los grandes conceptos de la ciencia a una serie de anécdotas, cada una simplificada para adaptarse a la duración de una evacuación intestinal promedio. Como tal, solo puedo compararlo y llamarlo apropiadamente un glorificado profesor de ciencias de secundaria cuyo último experimento exitoso fue encenderse sus propios pedos y luego reírse con sus amigos”, afirmó Sheldon mientras Gablehauser lo miraba, y Howard y Raj solo podían observar con sorpresa.

“Doctor Cooper, normalmente no quiero ser ese tipo el primer día. Sin embargo, como está más que claro que no tiene ningún respeto por mí, ni por mi autoridad, ni por mi credibilidad, ni por la universidad, me alegrará decirle que ya no tendrá que aguantarme más”, afirmó Gablehauser, haciendo que Sheldon lo mirara confundido.

“¿Oh? ¿Vas a dejarlo? Vaya, ni siquiera puedes aguantar porque a alguien no le gusta”, dijo Sheldon mirando a sus amigos.

“No, doctor Cooper, está despedido de inmediato”, afirmó Gablehauser con sencillez.

Gablehauser luego asintió con la cabeza a los demás y se alejó, dejándolos allí parados en estado de shock.

“Si hubiera sabido que era tan fácil sacar a Sheldon de aquí, lo habría arrastrado a cada uno de estos”, dijo Howard, mientras Raj negaba con la cabeza y soltaba una risa nerviosa.

——

“Doctor Hofstadter. Tengo el archivo que me pidió”, dijo Rachel al entrar en la oficina de Leo. Sostenía una carpeta marrón mientras él se reclinaba en su silla, mirando la pantalla de su computadora.

“Gracias, Rachel. Puedes dejarlo aquí”, respondió Leo con un gesto profesional hacia su escritorio. Su tono era cordial pero distante, el apropiado para un jefe con su asistente.

Rachel asintió y colocó la carpeta en el lugar indicado. “¿Hay algo más en lo que pueda asistirle?”

“No, por el momento no. Siéntete libre de ir a la fiesta del departamento a comer algo si quieres. No hay razón para gastar dinero en el almuerzo cuando hay comida disponible”, comentó Leo sin levantar la vista del monitor, sus dedos deslizándose sobre el touchpad.

“Entendido. Avíseme si necesita algo más”, dijo Rachel antes de salir de la oficina, cerrando la puerta con suavidad.

En el momento en que el pestillo hizo clic, un movimiento surgió desde debajo del amplio escritorio de roble. Summer se enderezó, apartándose el cabello rubio de la cara con el dorso de la mano. Tenía los labios brillantes y húmedos.

“¿En serio? ¿Puedes mantener una conversación tan normal con tu asistente mientras alguien te chupa la polla?” preguntó, su voz era un susurro ronco y cargado de incredulidad. Se bajó las tiras del vestido, dejando sus pechos al aire, y volvió a inclinarse, tomando la longitud gruesa y semierecta de Leo en su boca con un ansioso pop.

Leo dejó escapar un suspiro que se transformó en un leve gruñido de placer. “En primer lugar, fuiste tú quien insistió en hacer esto aquí y ahora. En segundo lugar, Rachel es mi asistente, no mi confidente. La profesionalidad evita preguntas. En tercer lugar,” continuó, su voz se volvió más firme mientras su mano se posaba en la nuca de Summer, guiándola sin fuerza, “¿por qué estás hablando y no chupando?”

Summer emitió un sonido entre queja y sumisión antes de hundir la cabeza de nuevo, enfocándose en su tarea. Leo, por su parte, se inclinó hacia atrás y abrió la carpeta que Rachel había traído. Con una mano sostenía un bolígrafo, haciendo anotaciones al margen, mientras la otra se enredaba distraídamente en el cabello suave de Summer.

Ella había sido persistente. Quería demostrarle su “valor”, impresionarlo para conseguir un lugar en su círculo íntimo o, al menos, una oportunidad. Finalmente, Leo le había dicho que se lo demostrara.

Su respuesta había sido inmediata: liberar sus pechos, subirse a su regazo y, tras unos frotamientos preliminares contra su erección a través de la tela, desabrocharle el pantalón para comprobar con sus propias manos y boca que lo que había intuido era real. Y vaya si lo era.

Tras el shock inicial, se había puesto a trabajar con determinación, usando lengua, saliva y manos. Pero Leo había permanecido impasible. Era placentero, sin duda, pero él quería ver resistencia, técnica, dedicación. Hasta ahora, era competente. Ni la mejor ni la peor.

Probablemente Howard no había contratado a alguien por sus habilidades sociales, sino por su apariencia. El pobre idolo.

Un golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos. “Adelante”, llamó Leo, al mismo tiempo que aumentaba ligeramente la presión en la nuca de Summer, instándola a mantener el ritmo.

La puerta se abrió y entró Howard. “Oye, ¿has visto a Summer? Pagué por cuatro horas y desapareció antes de que terminara la primera”, se quejó, omitiendo convenientemente que ella se había ido tras la estela de Leo.

Leo alzó la vista del archivo con una expresión neutra. “No, lo siento. Despues de que los deje, ya no la mire, pensé que se había quedado con ustedes”.

Howard suspiró, exasperado. “Genial. Quinientos dólares tirados a la basura”.

Leo arqueó una ceja, fingiendo interés mientras, bajo el escritorio, Summer se ajustaba para tragar más profundamente, su vestido ahora completamente bajado hasta la cintura. Solo llevaba unos tacones altos y una tanga mínima.

“¿Quinientos? ¿Solo por aparecer en un evento?” preguntó Leo con tono de incredulidad.

“Se suponía que impresionaría a los demás, que me haría quedar bien… ya sabes”, murmuró Howard, evasivo.

Leo sonrio akgo que hizo parpadear a Howard. “Howard, eres un gran tipo tipo, no necesitas impresionar a nadie, a decir verdad te va mejor que a muchos de nuestros compañeros, solo date tiempo y algo llegara”.

Howard lo miró con una mezcla de incredulidad y un leve alegria. “¿Encerio?”

“Claro, hay cosas que mejorar, pero date tiempo”, dijo Leo con una sonrisa que no llegaba a los ojos. “Y recuerda, hay un roto para un descocido, alguien llegara”.

Howard frunció el ceño, confundido pero intuyendo que no era una amenaza vacía. “Bueno… lo que sea. Mejor regreso a la fiesta, hay un chisme que te espera , pero al rato te lo cuento”.

En cuanto la puerta se cerró, Summer salió a la superficie, jadeando. “Para que conste, esos quinientos eran solo por el acompañamiento visual. El idiota no leyó la letra pequeña. Tocarme habría costado otros cuatrocientos”.

“Escolta de gama media”, comentó Leo, sus dedos jugueteando con un mechón de su cabello. “Aunque supongo que Howard solo quería lo básico”.

“Exacto”, dijo Summer, lamiendo una gota de fluido del extremo de su pene. “Ofrecemos descuentos por grupo. Tres chicas o más, y el precio baja un treinta por ciento para… todo lo que puedas desear”. Su mirada era una clara oferta. Quería tenerlo como cliente. No solo por el dinero que olía a su alrededor, sino por el paquete mismo. Era el pene más atractivo que había visto, y él no era un imbécil prepotente. Era sexy y con mucha energia.

“Aún en modo ventas, ¿eh?” dijo Leo con una leve sonrisa.

“Por supuesto. Soy profesional. Mis amigas y las… directoras estarían muy interesadas en conocerte”, afirmó. Sabía que “directoras” sonaba mejor que “proxenetas”, pero en el fondo, el negocio era el mismo. Un negocio lucrativo y discreto.

“Mmm. ¿Y cuánto durará esta ‘prueba’?” preguntó Leo, su mirada bajando hacia donde ella lo acariciaba.

Summer sonrió, desafiante. “No tengo más citas hoy. ¿Por qué? ¿Te está gustando?”

“Tal vez. Estoy considerando ver cuánto aguantas en un maratón”.

“¿Ah, sí? ¿Quieres tenerme para ti hasta mañana? ¿Puedes tú aguantar tanto?” preguntó, aunque internamente dudaba que él fuera el primero en caer. Llevaba cerca de media hora chupándoselo y no mostraba señales de inminencia.

“La pregunta no es si yo puedo durar, sino si tú puedes seguir el ritmo sin desmayarte”, replicó él, su tono era plano pero desafiante.

“Una apuesta entonces”, propuso Summer, sus ojos brillando. “Si no puedo seguirte el ritmo, esta prueba es gratis y consideras ser cliente. Si yo gano, pagas una tarifa y te haces cliente oficial”.

“Vas a perder”, declaró Leo con simple certeza.

“¿Y si no?” insistió ella, deslizándose para lamer sus testículos.

Leo resopló. Si ella supiera la resistencia sobrehumana que realmente tenía… Pero al menos serviría para liberar tensiones. “De acuerdo. Trato hecho. Pero prepárate para una noche larga”.

“Oh, lo estoy”, murmuró Summer antes de volver a tomar todo lo que pudo en su garganta, mientras Leo retomaba su informe con la otra mano.

MÁS TARDE

El sonido de carne golpeando carne, gemidos ahogados y el chirrido constante de los resortes del colchón llenaban la suite del hotel. Un teléfono vibró sobre la mesilla de noche.

Summer se desplomó sobre el pecho sudoroso de Leo, jadeando como si hubiera corrido un maratón. Sus caderas seguían moviéndose en pequeños círculos agotados, tomándolo aún profundamente dentro de ella. Leo estiró el brazo para tomar el teléfono sin desalojarla.

Al revisar era Sheldon, quien llamaba, colgó la llamada, para luego escribirle un mensaje que no podía atender y que hablarían al dia siguiente.

Sheldon respondio con un “Disfruta tu coito”

Le dio una palmada suave a la nalga de Summer, instándola a continuar. Ella gimió contra su piel.

Leo contuvo un resopló mientras presionaba un dedo contra el anillo anal de Summer, haciéndola arquearse y morder el músculo de su hombro para sofocar un grito.

La línea se cortó. Leo soltó una risa breve antes de colocar ambas manos en las nalgas de Summer y apretar, cambiando el ángulo. Ella gritó, un sonido crudo y desgarrado.

“Vamos, ¿ya te rindes?” preguntó Leo, su respiración apenas acelerada. “¿Qué pasó con ganar la apuesta?”

“¡A la mierda la apuesta!” gimió Summer, sus fuerzas finalmente flaqueando después de horas. Él seguía tan firme como al principio. “Te daré mi número personal. Llámame cuando quieras follar. Gratis”.

“¿Tan impresionada?” preguntó él, rodándola sobre la espalda y colocándose entre sus piernas temblorosas.

“Es que… ¡Dios!… deberías… considerar el servicio… de todos modos”, logró articular entre embestidas que la hacían ver estrellas. “Te daría acceso… a otras chicas… como yo… No puedo estar… ¡Ah!… disponible 24/7…”

“Lo pensaré”, gruñó Leo, hundiéndose hasta el fondo una vez más, sintiendo cómo ella volvía a convulsionar a su alrededor. “Por ahora, solo quiero disfrutar del pedazo de culo que tengo atrapado”.

Y procedió a demostrarlo, llevándola a través de otro orgasmo prolongado y abrumador mientras el ritmo de sus caderas no perdía un ápice de su potencia inicial. Summer solo podía aferrarse a las sábanas, completamente superada, conquistada y exquisitamente satisfecha. La apuesta estaba olvidada. Esto era otra cosa completamente distinta.

[Este fragmento de R18, lo tome de otro fanfic, se llama Big Bang Maelstrom, por si les interesa]

Guapo , poderoso, asombroso, muy hermoso, soy precioso…..

No, ya bien, aqui les dejo esto, se les quiere

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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