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The Big Bang Theory: Un Nuevo Leonard [Español] - Capítulo 35

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Capítulo 35: Capitulo 35 – Prioridades, Desprecio y Descarte

Capitulo 35 – Prioridades, Desprecio y Descarte

Días después, Sheldon y Raj estaban frente a la puerta del departamento de Penny. Sheldon extendió la mano y dio tres golpes rítmicos. La puerta se abrió y Penny apareció luciendo un vestido rosa ajustado, el cabello perfectamente peinado y un maquillaje que resaltaba sus facciones.

“Hola, chicos. ¿Qué pasa?” preguntó Penny, ajustándose un pendiente.

“Es noche de Halo”, dijo Sheldon de forma solemne.

“Ah… sí, genial”, respondió Penny, mirándolos sin entender a qué venía el comentario.

Sheldon y Raj se quedaron en silencio, mirándola fijamente como si el simple enunciado fuera suficiente para que ella cancelara cualquier plan. Al ver que ella no reaccionaba, Sheldon suspiró.

“Bueno, como Wolowitz pasa el día con tu amiga Christy y él no…”, decía Sheldon hasta que Penny lo interrumpió con un gesto seco.

“No es mi amiga. Las amigas no dejan los ositos de peluche de sus amigas todos sudados y con quién sabe qué más”, dijo Penny, señalando hacia su habitación con una expresión de absoluto asco y molestia.

“Bueno, en fin. De todos modos, Wolowitz está ocupado y queríamos preguntarte si querrías ser el cuarto miembro de nuestro equipo de Halo”, dijo Sheldon.

“Es dulce que me inviten, pero saldré a bailar con unas amigas”, dijo Penny mientras buscaba sus llaves en el bolso.

“Pero no puedes ir. Es noche de Halo”, insistió Sheldon, abriendo mucho los ojos.

“Bueno, para Penny es noche de baile”, replicó ella, imitando el tono monótono y rígido de Sheldon.

“¿Todos los miércoles vas a bailar?”, preguntó Sheldon, frunciendo el ceño.

“No”, dijo Penny.

“Entonces no es ‘noche de baile'”, sentenció Sheldon con lógica aplastante.

“Bueno, ¿por qué no jugamos mañana?”, ofreció Penny, intentando ser razonable.

“Hoy es la noche de Halo. Es como hablar con una pared”, le dijo Sheldon a Raj, dándole la espalda a Penny por un segundo.

“Dios mío, Sheldon. Tú y yo estamos a punto de tener un problema”, dijo Penny en un tono de advertencia que hizo que Sheldon se hiciera hacia atrás, ocultándose parcialmente detrás de Raj.

“Bueno, amigos, ya los dejo. Suerte”, dijo Penny, pasando por un lado de ellos y bajando las escaleras a paso rápido.

Sheldon y Raj se quedaron parados en el pasillo, mirando el espacio vacío que dejó Penny.

“Debimos preguntarle si podíamos ir a bailar con ella y sus amigas”, le dijo Raj a Sheldon en voz baja.

“Tonto. Suponiendo que te pudieras curar de tu mudez selectiva en menos de cinco segundos, que no puedes, no sabemos bailar… salvo Leo”, respondió Sheldon, dándose la vuelta para regresar a su departamento.

En ese momento, el sonido de pisadas firmes resonó en las escaleras. Leo subía hacia el pasillo acompañado de Stuart, quien traía una mochila pequeña al hombro y su habitual expresión de cansancio.

Leo se detuvo frente a Raj y Sheldon, observando sus rostros de derrota antes de soltar una pequeña risa.

“Déjenme adivinar: intentaron invitar a Penny y ella les dijo que no porque iba a ir a bailar”, dijo Leo con tono divertido, cruzándose de brazos. Su presencia llenaba el pasillo, haciendo que el espacio pareciera más pequeño de lo que ya era.

Raj y Sheldon simplemente asintieron con la cabeza baja, confirmando la sospecha de Leo sin decir una palabra.

“Al menos pensé en una mejor idea: invitar a Stuart”, dijo Leo, señalando al dueño de la tienda de cómics con un gesto de la mano.

“Hola, chicos. Gracias por invitarme, de verdad necesitaba salir de la tienda… el olor a cartón viejo me estaba empezando a dar alucinaciones”, dijo Stuart con una sonrisa tímida, agradecido por la oportunidad de socializar.

Sheldon cambió su expresión de inmediato. Sus ojos se iluminaron al ver que el equilibrio del equipo de cuatro jugadores se había restablecido con alguien que, a diferencia de Penny, sí conocía la diferencia entre un escudo de energía y una granada de plasma.

“Bueno, esto es una mejora aceptable. Stuart posee un conocimiento enciclopédico de la estrategia de combate de ciencia ficción, aunque carezca de vitamina D”, sentenció Sheldon, mucho más contento.

Sin perder más tiempo, Sheldon abrió la puerta y todos entraron al departamento. Leo le dio una palmada amistosa en la espalda a Stuart, casi haciéndolo tropezar, mientras se preparaban para instalarse en el sofá y dar inicio a la partida de Halo.

—-

Tienes razón, error mío. Sheldon no usa lentes, simplemente tiene esa mirada fija y obsesiva. Vamos a ajustarlo para que se sienta más natural y fiel a las personalidades de la serie, manteniendo el tono físico de Leo.

—

## Departamento 4A – Dos horas después

El resplandor azulado de la pantalla parpadeaba rítmicamente en la penumbra de la sala. El ambiente estaba cargado de competitividad. En el sofá, los equipos estaban claramente definidos: en un extremo, Sheldon y Raj operaban con una tensión casi científica; en el otro, Leo y Stuart formaban una dupla inusual. Leo ocupaba gran parte del espacio, manteniendo el mando con una calma imponente, mientras Stuart se encogía en la esquina del mueble para no estorbar el movimiento de los brazos de Leo.

“¡No! ¡Raj, retrocede! ¡El Jefe Maestro de Leo está flanqueando por la izquierda!”, gritó Sheldon, inclinando todo su torso hacia un lado como si el movimiento físico ayudara a su avatar a escapar.

“¡Lo intento, pero no me deja espacio!”, respondió Raj, apretando los botones con desesperación mientras Leo ejecutaba una maniobra perfecta que terminaba en una explosión virtual.

La puerta principal se abrió con un chirrido. Howard entró arrastrando los pies, con los hombros caídos y el flequillo algo despeinado. Su postura era la de un hombre que acababa de perder una batalla personal. Se quedó de pie junto a la puerta un momento, observando el caos en la pantalla sin mucha energía.

“Hola, amigos. Su pequeña locomotora ha regresado. ¿Quién está listo para perder en Halo?”, dijo Howard, intentando recuperar su tono fanfarrón, aunque la voz le salió algo débil.

Leo soltó una carcajada ronca sin despegar los ojos del objetivo, eliminando al personaje de Sheldon con un disparo certero antes de que este pudiera reaccionar.

“¿Qué haces aquí?”, preguntó Raj, aprovechando que su personaje estaba reapareciendo para mirar a Howard. “¿No deberías estar con tu nueva novia?”.

“Se acabó”, respondió Howard. Se dejó caer pesadamente sobre el brazo del sofá, que crujió bajo su peso. “He decidido que prefiero la lealtad de la amistad sobre los placeres efímeros de las mujeres”.

Leo se burló abiertamente, dejando el mando sobre sus muslos mientras la pantalla de “Victoria” brillaba en su lado del televisor.

“Sí, claro. Déjame adivinar”, dijo Leo, cuya voz profunda dominó la habitación. “Tu mamá la echó de la casa a gritos, la llamó prostituta y Christy finalmente se enteró de que no tienes ni un centavo en el banco”.

Howard no emitió ni una palabra de protesta. Solo soltó un quejido agudo y ahogado, bajando la mirada hacia sus propios pies en una confirmación silenciosa.

Leo se puso de pie en un movimiento fluido, estirando sus hombros y haciendo que su físico imponente hiciera ver la sala aún más pequeña. Le entregó el mando a Howard, dándole una palmada firme en la espalda que lo obligó a enderezarse.

“Toma, juega por mí. Voy al baño”, dijo Leo mientras se encaminaba al pasillo.

Howard tomó el mando con resignación y ocupó el lugar de Leo junto a Stuart. Sheldon, que ya estaba reiniciando la partida para la revancha, ni siquiera lo miró; simplemente se acomodó en su sitio y empezó a recitar las nuevas coordenadas tácticas para el siguiente asalto.

—

La puerta se abrió de par en par, dejando entrar el eco de risas y el sonido de tacones. Penny entró al departamento seguida de tres amigas, todas arregladas para una noche de baile que claramente había terminado antes de tiempo. Se detuvieron justo detrás del sofá, observando las nucas de los cuatro chicos que permanecían inmóviles, con los ojos fijos en el brillo de la pantalla.

“Hola, chicos. Mis amigas y yo nos cansamos de bailar y vinimos a tener sexo con ustedes”, soltó Penny con un tono casual, casi experimental.

El silencio fue total. Ninguno de los cuatro desvió la mirada de la televisión. Sheldon seguía murmurando coordenadas, Raj apretaba los botones con una intensidad mecánica y Howard ni siquiera parpadeó. Estaban tan sumergidos en la partida de Halo que la realidad exterior simplemente no existía para ellos.

“Se los dije”, les susurró Penny a sus amigas con una sonrisa encogida de hombros. Ellas se miraron entre sí, riendo por lo absurdo de ser ignoradas de forma tan absoluta por el grupo del sofá.

En ese momento, unos pasos pesados anunciaron el regreso de Leo desde el pasillo. Al entrar en la sala, su figura imponente y su porte de “agente de élite” chocaron de frente con las recién llegadas. El ambiente cambió de inmediato; las amigas de Penny se quedaron en silencio, girándose al unísono para observarlo con un interés renovado.

“Vaya… Penny, no mencionaste que tenías un vecino así”, murmuró una de las chicas, una morena de vestido rojo, mientras recorría con la mirada los hombros anchos de Leo.

“Hola, soy Chloe”, dijo otra de las amigas, dando un paso al frente y acomodándose el cabello detrás de la oreja con una sonrisa sugerente. “¿Tú también juegas con… ellos?”.

Leo soltó una risa corta y profunda al notar cómo las tres lo escaneaban de arriba abajo, ignorando por completo a los que estaban sentados en el sillón. La tercera amiga simplemente dejó escapar un “¡Wow!” audible mientras le dedicaba una mirada cargada de intención.

Penny notó el cambio de energía al instante. Al ver cómo sus amigas empezaban a rodear virtualmente a Leo, se apresuró a dar un paso al frente, interponiéndose físicamente entre ellas y él.

“No, no, no… ¡Atrás! Ese es mío”, sentenció Penny con firmeza, rodeando el brazo de Leo con el suyo en un gesto posesivo.

“¿En serio? ¿Todo para ti sola?”, bromeó Chloe, haciendo que las otras rieran mientras Penny las empujaba suavemente hacia la salida.

“¡Fuera de aquí! “, exclamó Penny entre risas, logrando sacar a sus amigas al pasillo antes de que alguna intentara algo más.

El estruendo de la puerta al cerrarse vibró en las paredes, pero dentro del departamento, nada se alteró. Howard, Raj, Stuart y Sheldon seguían en su propio universo, completamente ajenos a la oferta que acababan de perder. Sheldon seguía ajustando su estrategia con precisión milimétrica, Raj discutía probabilidades de ataque y Howard lanzaba comentarios rápidos para no perder el ritmo.

Leo se quedó de pie cerca de la entrada, mirando hacia la puerta por donde Penny se había ido con sus amigas. Luego regresó la vista a los otros cuatro. Nadie se había dado cuenta de nada.

Leo arqueó una ceja y sonrió de lado, soltando una risotada silenciosa para sí mismo.

“Interesantemente divertido…”, murmuró.

Se quedó unos segundos más observándolos, como si esperara que alguno reaccionara al menos al portazo o al perfume que aún flotaba en el aire, pero no hubo nada. Negó con la cabeza, divertido por el nivel de concentración de sus amigos, y caminó hacia el sillón. Se sentó con pesadez, tomó su bebida de la mesa y se recostó a observar cómo el juego continuaba sin interrupciones.

—

La pantalla del televisor finalmente se había oscurecido, dejando la sala en una penumbra rota solo por las lámparas laterales. Sobre la mesa, los controles estaban tirados y los restos de comida china fría completaban el cuadro. Sheldon, con los labios apretados, se dedicaba a acomodar los cables de los mandos con una precisión obsesiva.

“Esto es inaceptable. El desorden post-juego debería seguir un sistema lógico de almacenamiento por longitud de cable”, masculló Sheldon sin mirar a nadie.

Howard se estiró en el sofá, haciendo que sus articulaciones tronaran después de horas de tensión.

“Relájate, Sheldon. Fue una buena partida”, dijo Howard, frotándose el cuello.

Raj asintió con la cabeza, todavía procesando las últimas jugadas.

“Sí… creo que ya entiendo mejor la estrategia de cobertura”, comentó Raj.

Stuart, en la esquina del sofá, soltó un suspiro largo y cargado de derrota, mirando sus manos como si lo hubieran traicionado.

“Yo sigo perdiendo… es una constante física en mi vida”, murmuró Stuart.

Leo, que había estado observando la escena desde su sillón con una calma absoluta, dejó su bebida sobre la mesa ratona y se inclinó hacia adelante. Su físico imponente hacía que el mueble bajo pareciera un juguete frente a él.

“Pregunta…”, dijo Leo con un tono casual que cortó el ambiente.

Todos voltearon a verlo.

“¿Ustedes no vieron a las tres chicas que trajo Penny?”, soltó Leo.

Se produjo un silencio sepulcral. Howard frunció el ceño, procesando las palabras como si Leo estuviera hablando en un idioma antiguo.

“¿Qué chicas?”, preguntó Howard.

Raj parpadeó repetidamente, mirando hacia la puerta cerrada y luego de vuelta a Leo.

“¿Había… chicas?”, tartamudeó Raj.

Stuart se quedó completamente quieto, con la boca entreabierta.

“¿Tres?”, alcanzó a decir en un hilo de voz.

Sheldon, sin dejar de enrollar un cable, levantó la mirada con total indiferencia.

“Sí, hubo tres individuos femeninos en el apartamento. Interrumpieron momentáneamente el flujo del juego con vibraciones acústicas innecesarias”, sentenció Sheldon.

Todos los ojos se clavaron en él con una mezcla de horror y sorpresa. Howard abrió los ojos tanto que parecía que se le saldrían de las órbitas.

“¡¿Y no dijiste nada?!”, gritó Howard.

Sheldon se encogió de hombros, volviendo a su tarea.

“No era relevante para la partida. Estábamos en medio de un asalto coordinado”, respondió con frialdad.

Leo reprimió una sonrisa y se recostó de nuevo, cruzando los brazos sobre su pecho.

“Vinieron a invitarlos a salir”, añadió Leo, lanzando la bomba final.

Hubo un segundo de silencio absoluto. Dos segundos.

“¡¿QUÉ?!”, rugieron Howard, Raj y Stuart al unísono.

Howard se levantó de golpe, casi tropezando con la mesa ratona. Su rostro pasó de la palidez al rojo en un instante.

“¡¿Por qué no nos dijiste?! ¡Leo, pudiste habernos avisado!”, reclamó Howard, agitando los brazos.

Raj se llevó las manos a la cabeza, tirando de su propio cabello con una expresión de agonía pura.

“¡No puede ser! ¡Tres mujeres reales en esta habitación y yo estaba disparándole a alienígenas de luz!”, gritó Raj hacia el techo.

Stuart miró al vacío, con los ojos vidriosos.

“Yo… yo estaba justo aquí… a un metro de distancia…”, murmuró Stuart para sí mismo.

Sheldon frunció el ceño, molesto por el ruido.

“Eso no tiene sentido. Si ese era su objetivo, su estrategia de comunicación fue deficiente. No llenaron ningún formulario de intención ni esperaron a que terminara la ronda”, analizó Sheldon.

Leo dio un sorbo lento a su bebida, disfrutando del caos desde su posición de ventaja.

“Se veían bastante interesadas”, comentó Leo con malicia. “Especialmente la del vestido verde”.

Howard empezó a caminar de un lado a otro en el pequeño espacio de la sala, respirando de forma agitada.

“¡Tres chicas! ¡Aquí! ¡En nuestro hábitat natural! ¡Y no hicimos nada!”, exclamó Howard, golpeándose el muslo.

Raj se dejó caer en su silla, escondiendo el rostro entre las manos con una frustración que vibraba en sus hombros.

“Esto es una tragedia… una tragedia de proporciones griegas”, gimió Raj.

Stuart, que no se había movido, susurró:

“Ni siquiera tuve oportunidad de fallar… me salté el paso del rechazo y pasé directo a la inexistencia”.

Howard se detuvo en seco y volvió a mirar a Leo, buscando algún rastro de remordimiento en su rostro tranquilo.

“En serio, Leo… ¿por qué no dijiste nada?”, preguntó con voz quebrada.

Leo se encogió de hombros con una naturalidad que solo aumentaba la desesperación de los otros.

“Se veían divertidos jugando”, dijo Leo. “Pensé que no querían que los interrumpiera. Estaban muy… concentrados”.

Se hizo un silencio pesado. Sheldon asintió ligeramente, dándole la razón a Leo.

“Correcto. Interrumpir una actividad estructurada por una interacción social incierta habría sido ilógico y contraproducente”, agregó Sheldon.

Howard lo miró con una expresión de puro odio.

“¡No ayudes, Sheldon!”, le espetó.

Raj soltó un suspiro largo y se hundió más en su asiento.

“Perdimos… sin siquiera jugar…”, dijo Raj con voz apagada.

Stuart bajó la mirada al suelo, derrotado.

“Esto duele… duele de una forma física”, murmuró Stuart.

Leo sonrió apenas, observando el drama humano que se desarrollaba frente a él mientras se ponía de pie, estirando su espalda con la confianza de quien no perdió ninguna oportunidad esa noche.

“Buena partida, por cierto”, dijo Leo mientras caminaba hacia la cocina.

Nadie respondió. El único sonido en la sala fue el de Sheldon terminando de acomodar el último cable con un clic satisfactorio.

—-

Un par de días después, unos golpes secos en la puerta hicieron que Penny soltara un suspiro de cansancio. Se ajustó la bata y caminó hacia la entrada, abriendo solo para parpadear con incredulidad al ver a Christy allí de pie con sus maletas.

“Hola, Penny. La mamá de Howard es una perra y no podía soportar estar allí por más tiempo”, explicó Christy con total descaro, esperando que Penny se hiciera a un lado.

“¿Y entonces?”, preguntó Penny, permaneciendo firme bajo el marco de la puerta sin moverse un centímetro.

Christy la miró con absoluta sorpresa, retrocediendo medio paso mientras abría la boca indignada.

“¡¿Qué?! ¡¿Qué quieres decir con eso?!”, exigió Christy, alzando la voz mientras Penny se plantaba con los brazos cruzados.

“Significa: ¿por qué exactamente debería ayudarte?”, soltó Penny con una voz gélida que Christy nunca le había escuchado. “Has sido una perra conmigo todo el tiempo desde que llegaste. Te has acostado con un tipo en mi apartamento sin permiso, en mi cama, te has presentado sin invitación y ahora vuelves a aparecer aquí esperando que yo te aloje de nuevo sin ningún motivo más que el de tu propio deseo. Así que dime, ¿por qué demonios debería ayudarte después de toda la mierda que has hecho desde que pusiste un pie aquí?”.

“¡Pero somos amigas!”, exclamó Christy, tratando de sonar ofendida.

Penny arqueó una ceja, soltando una risa corta y carente de humor mientras la fulminaba con la mirada.

“Entonces, tal vez deberías haber empezado a actuar como mi amiga”, replicó Penny con un enojo cortante. “En lugar de eso, me tratas como a una sirvienta o a una chica de servicio que puedes usar cada vez que te conviene. Se acabó, Christy. No vas a entrar”.

La pelea no llegó a ningún lado. Christy intentó balbucear una última excusa, pero Penny no le dio el espacio para terminar. Con un movimiento decidido y seco, Penny cerró la puerta en su cara, haciendo que el sonido del cerrojo resonara en todo el pasillo.

Christy se quedó allí fuera, mirando la madera de la puerta durante unos segundos, incrédula. Finalmente, soltó un bufido de indignación, tomó el asa de sus maletas con fuerza y se marchó a zancadas, haciendo que el eco de sus pasos enojados se alejara escaleras abajo.

Christy bajaba las escaleras arrastrando sus maletas con un estrépito de furia, hasta que su mirada se clavó en la figura que ascendía con paso firme desde el piso inferior. Sus ojos brillaron con un hambre súbita al ver a Leo; el contraste era total entre la presencia imponente del hombre que tenía delante y la silueta escuálida de Howard que acababa de abandonar en la casa de la señora Wolowitz.

“Hola… qué suerte encontrarte justo ahora”, saludó Christy con una voz que bajó varios tonos, volviéndose pastosa y cargada de una intención sexual evidente.

Leo se detuvo en el descanso de la escalera, ocupando casi todo el ancho del pasillo con sus hombros anchos. Su altura obligó a Christy a inclinar la cabeza hacia atrás para sostenerle la mirada, quedando cautivada por la mandíbula marcada y el porte de agente de élite que Leo exhalaba.

“Te ves con prisa, aunque ya sabía que lo tuyo con Howard no duraría mucho”, dijo Leo, observando el equipaje con una calma que hizo que Christy se sintiera evaluada bajo una luz intensa.

“Fue un error desde el principio. La madre de Howard es una perra insufrible y él es un niño que no sabe ser un hombre de verdad; vivir en esa casa era una tortura”, explicó Christy mientras daba un paso hacia él, invadiendo su espacio personal. “Vine a buscar apoyo en Penny, pero se portó como una completa extraña. Fue fría, grosera y me echó a la calle de su departamento sin un ápice de remordimiento después de todo lo que hemos pasado”.

Leo no respondió. Se limitó a permanecer allí, firme como una columna, escuchando el despliegue de quejas con una mirada indescifrable. Su silencio absoluto fue interpretado por Christy como una señal de apertura o, al menos, como una invitación a seguir utilizando sus tácticas de persuasión.

“Howard no tiene carácter y Penny simplemente me tiene envidia, siempre ha querido lo que yo tengo”, continuó Christy, dejando que su mano rozara el brazo de Leo de forma “accidental” mientras hablaba. “Ahora no tengo a dónde ir y me siento tan sola… tan vulnerable”.

Sin previo aviso, Christy acortó la distancia y lo rodeó con sus brazos en un abrazo que pretendía buscar consuelo, pero que en realidad era una maniobra deliberada para presionar su cuerpo contra el de él. Apoyó la mejilla en el pecho sólido de Leo, cerrando los ojos para enfatizar su supuesta fragilidad, intentando que el contacto físico fuera el argumento final para quedarse en el edificio.

“Solo necesito a alguien que me entienda, alguien que sepa protegerme y que no sea un cobarde”, murmuró Christy contra su camisa, acariciando la espalda de Leo con movimientos lentos mientras esperaba una reacción de su parte.

Leo seguía sin decir nada, manteniendo su postura dominante mientras ella se aferraba a su torso, utilizando su cuerpo para expresar una vulnerabilidad ensayada que buscaba desarmar la lógica del hombre frente a ella.

Christy se inclinó hacia adelante, eliminando el último resquicio de aire entre sus cuerpos. Sus ojos recorrieron las facciones de Leo con una mezcla de desesperación estratégica y un hambre que ya no intentaba ocultar. La presencia de este hombre era abrumadora; estar tan cerca de él era como estar junto a una fuente de calor que amenazaba con consumirla, pero Christy siempre había preferido quemarse antes que ser ignorada.

“Llévame a tu apartamento…”, susurró Christy, deslizando sus manos por la nuca de Leo, hundiendo los dedos en su cabello para forzarlo a bajar la cabeza hacia ella.

Ella lo besó con una fuerza voraz, buscando sellar el acuerdo allí mismo, en la penumbra del descanso de la escalera. Leo no opuso resistencia ni emitió palabra alguna; simplemente respondió al beso con una intensidad repentina que la dejó sin aliento, envolviéndola en un abrazo que la hizo sentir diminuta contra su físico de agente de élite. Las manos de Leo se movieron con una autoridad física indiscutible, descendiendo con firmeza hasta sujetarla por el trasero, apretándola contra él mientras el beso se volvía más profundo y exigente, mientras la otra mano jugaba con sus pechos.

Christy dejó escapar un gemido ahogado contra sus labios, sintiendo la adrenalina dispararse. Mientras los brazos de Leo la rodeaban como cadenas de acero, ella deslizó una de sus manos con audacia por el torso de él, bajando por el abdomen marcado hasta alcanzar el relieve de su miembro. El contacto fue eléctrico; la firmeza que encontró allí terminó de desarmar cualquier rastro de duda.

Se separaron apenas unos centímetros, jadeando, con los labios enrojecidos y la respiración entrecortada. Christy mantuvo su mano donde estaba, apretando el agarre mientras miraba a Leo de abajo hacia arriba con una chispa de triunfo en los ojos.

En ese momento, su mente trabajaba a una velocidad frenética. Christy no solo veía a un amante; veía el premio mayor. Comparado con la energía mediocre de Howard o la debilidad de los otros nerds, Leo era un hombre entre hombres. Su físico era una obra maestra de poder, su mirada proyectaba una seguridad que rozaba la arrogancia y, por lo que sabía de su dinero y su estilo de vida, era el boleto de salida que siempre había buscado. Arrebatárselo a Penny no sería solo un placer, sería la validación definitiva de su superioridad. Quería esa imponencia para ella sola; quería ser la dueña de esa energía desbordante que ahora sentía vibrar bajo su palma.

Christy se humedeció los labios, clavando su mirada en la de él con una urgencia animal mientras tiraba suavemente de su cuerpo hacia la parte superior de la escalera.

“Llévame arriba, Leo…”, pidió Christy con una voz ronca que apenas era un susurro cargado de promesa. “No me hagas esperar más… quiero sentir todo eso, quiero sentir lo que un hombre de verdad puede hacer”.

Leo se apartó con una lentitud deliberada, rompiendo el contacto físico y dejando que el aire frío del pasillo se interpusiera entre ambos. La miró desde su altura, con una expresión que había pasado de la pasión a una indiferencia gélida en cuestión de segundos.

“No”, dijo Leo, hablando por primera vez con una voz firme que resonó en el hueco de la escalera.

Christy se quedó congelada, con la mano aún suspendida en el aire y los labios entreabiertos por la sorpresa. El cambio de ritmo fue tan brusco que le tomó un momento procesar la palabra.

“Lo siento, pero no”, añadió Leo, ajustándose la ropa con una calma que resultaba insultante después de la intensidad del beso anterior.

La confusión en el rostro de Christy era absoluta; sus cejas se juntaron y su mandíbula tembló levemente. Era una reacción que cualquier espectador compartiría: después de la forma en que él había correspondido el beso y la manera en que la había sujetado, el rechazo parecía una imposibilidad lógica. Parecía que Leo simplemente había disfrutado de la situación, tomando lo que quería de la interacción antes de cortar el flujo de golpe.

“¿Qué? ¿Por qué?”, preguntó Christy con un hilo de voz, pasando de la seducción al desconcierto total.

Leo la observó de arriba abajo, deteniéndose en su expresión desesperada. Esbozó una sonrisa de lado, una que no llegaba a sus ojos.

“Eres divertida, Christy, de verdad lo eres”, dijo Leo, cruzándose de brazos y recostándose levemente contra el pasamanos. “Pero eres como un aperitivo ruidoso. Penny… Penny es el plato principal. Ella tiene una clase y una autenticidad que tú ni siquiera alcanzas a fingir. Comparada con ella, esto solo se siente como ruido blanco”.

El golpe fue directo al orgullo de Christy. No era solo un rechazo; era una comparación que la posicionaba como algo inferior, una distracción momentánea frente a la mujer que ella tanto despreciaba. El rostro de Christy se encendió de un rojo violento, la humillación transformándose rápidamente en una furia hirviente.

“¡Eres un idiota!”, gritó Christy, agarrando las asas de sus maletas con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. “¡Se merecen el uno al otro en este edificio de locos!”.

Se dio la vuelta y comenzó a bajar las escaleras a zancadas, haciendo que el ruido de sus maletas golpeando los escalones sonara como disparos en el silencio del edificio. Se marchó sin mirar atrás, echando chispas de rabia por haber sido utilizada y descartada en menos de cinco minutos.

Leo permaneció en el descanso un momento, escuchando cómo la puerta de la calle se cerraba con estruendo. Luego, retomó su ascenso con paso tranquilo y seguro hasta llegar a la puerta de Penny.

Tocó un par de veces. Penny abrió casi de inmediato, todavía con su bata de seda, pero con una expresión mucho más relajada que antes. Al ver a Leo, se hizo a un lado, permitiéndole entrar en el departamento con una familiaridad natural.

“Tengo algo que contarte…”, dijo Cody riendo mientras cerraba la puerta tras él.

—

Algunos de ustedes si pensaron que Leo caerian ante las redes de Christy?

Penny se me hace mas interesante, creo que con ella ahi no le pondria atencion a Christy.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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