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The Big Bang Theory: Un Nuevo Leonard [Español] - Capítulo 34

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Capítulo 34: Capítulo 34 – Invasión, Exfoliación y Logística

Capítulo 34 – Invasión, Exfoliación y Logística

Sheldon está de rodillas frente al televisor, conectando los cables de la Xbox 360. Leo está sentado en el sofá, con la espalda recta y las piernas extendidas, ocupando casi todo el espacio del mueble. Howard y Raj están inclinados hacia él, mirando el dispositivo que Howard sostiene en la mano.

“Vean esto, es fantástico” dijo Howard.

Los chicos se acercaron más al teléfono. Leo se inclinó hacia adelante para ver la pantalla. Howard presionó un botón.

“Llama a Leonard Hofstadter” dijo Howard.

“¿Usted dijo: Llamar a Helen Boxleither?” respondió el teléfono.

“No, llama a Leonard Hofstadter” volvió a decir Howard, hablando más fuerte hacia el micrófono.

“¿Usted dijo: Llamar a Beth Seder?” respondió el teléfono.

“¡No!” dijo Howard molesto.

Leo soltó una carcajada y estiró su brazo para tomar el teléfono de Howard.

“A ver, déjame intentarlo” dijo Leo.

“Llamar a Mcflono Mcflooloon” dijo Leo en tono de broma.

Raj se rió. Howard se mantuvo con el ceño fruncido mientras Leo sostenía el aparato. El teléfono emitió un sonido de confirmación.

“Llamando a Rajesh Koothrappali” dijo el teléfono.

Howard levantó las cejas con sorpresa. Leo se rió de nuevo. El teléfono en el bolsillo de Raj empezó a sonar y él lo sacó para revisar la pantalla.

“Muy impresionante… y algo racista” dijo Raj.

Leo y Howard se rieron. Sheldon se puso de pie y se giró hacia el grupo, señalando la esfera de su reloj.

“En vez de jugar a burlarse de la tecnología, ¿ya podríamos jugar Halo? Debíamos empezar a las 8:00. Son las 8:06” dijo Sheldon.

Todos se sentaron en sus lugares de juego. Leo dejó el teléfono sobre la mesa de centro y tomó su control.

“Ya vamos a jugar, Sheldon” dijo Leo.

“Sí, pero tenemos que decidir si los seis minutos perdidos se le quitan al juego, al tiempo del baño o de la pausa para pizza” dijo Sheldon.

“Podríamos repartir dos, dos y dos” dijo Raj.

“Si vamos a comer pizza con anchoas, que no sea del tiempo del baño” dijo Howard.

Alguien llamó a la puerta con tres golpes rítmicos. Sheldon giró la cabeza hacia la entrada de inmediato.

“¿Quién osa molestarnos ahora?” preguntó Sheldon.

Leo se levantó del sofá, dejando el control sobre la mesa. Caminó hacia la puerta, superando por mucho la altura de los demás, y la abrió. Penny estaba del otro lado.

“Hola amor, entra. ¿Qué pasa?” dijo Leo.

Penny entró al departamento, se puso de puntillas para darle un beso rápido en los labios a Leo y caminó hacia la sala.

“Hola chicos” dijo Penny.

Howard se puso de pie de un salto para quedar frente a ella.

“Viendo a Penny, hasta en tu muerte todo el día tendrás suerte” dijo Howard.

“Howard, por estas cosas es que Melissa no te regresó las llamadas” dijo Penny.

Howard cerró la boca y volvió a sentarse, hundiéndose en su silla. Leo soltó una carcajada.

“Howard, ya te dije que no hicieras eso” dijo Leo.

Penny se giró para mirar a Leo a los ojos.

“Cariño, sé que es noche de juegos, ¿pero me puedo quedar aquí un rato?” preguntó Penny.

“Claro, ¿qué sucede?” preguntó Leo.

“Bueno, hay una chica que conozco de Nebraska, Christy. Ella me llamó y estaba como ‘oye, ¿qué tal California?’, y yo le dije ‘increíble’, ya que aquí no es Nebraska. Y lo próximo que sé es que vino hasta aquí a quedarse conmigo” dijo Penny.

“¡8:08!” dijo Sheldon, gritándole a Leo desde el televisor.

Leo levantó una mano hacia Sheldon para que esperara, manteniendo su atención fija en Penny.

“Entonces, hoy llegó aquí y ha estado en mi departamento hablándome sobre cada chico con el que se ha acostado en Omaha, que básicamente son todos los de ahí, y lavando la ropa interior más asquerosa y atrevida que haya visto en mi lavabo del baño” dijo Penny, moviendo las manos con gesto de asco.

“¿Pero la lava de tanga en tanga o todo junto cual sopa de pescado muy erótica?” preguntó Howard.

Penny miró a Leo con seriedad.

“En serio necesita calmarse” dijo Penny.

“Howard, no seas asqueroso enfrente de mi novia” dijo Leo.

Leo tomó a Penny del brazo y la guio hacia la barra de la cocina, alejándose de los demás.

“Y si no te agrada Christy, ¿por qué la dejas quedarse?” preguntó Leo.

“Bueno, se comprometió con mi primo mientras dormía con mi hermano, así que es como de la familia” dijo Penny.

Raj, Howard y Sheldon la miraron en silencio desde sus asientos.

“Bueno, me disculpo por mi arrebato de hace un momento. ¿Quién necesita Halo cuando podemos divertirnos con la hermosa historia de la zorra de Omaha?” dijo Sheldon.

“No creemos que sea una zorra” dijo Leo.

“No, una zorra es decente” dijo Penny.

“Mira, no tiene valores ni criterios. Una vez estaba…” decía Penny.

Penny se detuvo al notar que el lugar de Howard estaba vacío. Todos giraron la cabeza hacia la puerta abierta que daba al pasillo. De repente, la voz de Howard se escuchó desde el otro lado, saludando a Christy con entusiasmo. Todos se acercaron a la entrada para mirar hacia el corredor.

“Santo Dios” dijo Sheldon.

—

Sheldon, Penny, Leo y Raj estaban parados en el pasillo, frente a la puerta del departamento de Penny. Desde el interior se filtraba el sonido de música alta.

“Agg, qué asco. No puedo creer que Christy dejara entrar a Howard a mi departamento” dijo Penny, cruzándose de brazos.

“Y no es posible que las personas paguen por horóscopos. Pero hablando en serio, son las 8:13 y aún no estamos jugando Halo” dijo Sheldon, mirando su reloj de pulsera.

“Está bien. No podemos hacer nada si Penny no quiere que entre a sacarlos a patadas. Juguemos uno a uno hasta que Howard regrese” dijo Leo.

Leo, Sheldon y Raj caminaron de regreso al departamento 4A. Penny se quedó un momento más en el pasillo, mirando su propia puerta con gesto de molestia.

“Uno a uno. No jugamos uno a uno en equipos” dijo Sheldon, alzando la voz mientras entraba a la sala. Miró a Leo como si lo que acababa de proponer fuera un error lógico imperdonable.

“Bueno, la única forma en que podemos jugar en equipos es cortando a Raj por la mitad” dijo Leo.

Leo se sentó en el sofá.

“Sí, corten al extranjero por la mitad. Hay un billón más de donde vino” dijo Raj.

En ese momento, Penny entró al departamento tras escucharlos desde el pasillo. Se acercó al sofá y se paró frente a ellos.

“Si necesitan otro, yo puedo jugar” dijo Penny.

“Nos encantaría” dijo Leo, sonriendo mientras la miraba desde el sofá.

“No” dijo Sheldon de inmediato.

“Penny, este es un complejo simulador de batalla con una inclinada curva de aprendizaje. Hay una infinidad de armas, vehículos y estrategias que dominar, además de una extremadamente compleja historia de fondo…” decía Sheldon.

Penny estiró el brazo, tomó el control de Howard y presionó varios botones con rapidez. En la pantalla del televisor, el personaje de Sheldon cayó muerto instantáneamente.

“Genial. ¿De quién era la cabeza que acabo de volar?” preguntó Penny.

“La mía” dijo Sheldon, mirando fijamente la pantalla sin parpadear.

“De acuerdo, ya entendí. Tomen sus puestos” dijo Penny, sentándose en el lugar que ocupaba Howard.

Sheldon miró a Raj y luego a Leo, buscando algún tipo de explicación. Raj tenía los ojos muy abiertos, mientras que Leo soltaba una carcajada ante la expresión de Sheldon.

“Es la única forma de jugar en equipos” dijo Leo, acomodándose y tomando su propio mando.

Sheldon abrió la boca para argumentar, pero Penny volvió a mover el joystick y el personaje de Sheldon explotó de nuevo en la pantalla. Sheldon cerró la boca con fuerza, tomó su control y se preparó para jugar.

—-

Leo y Penny se inclinaron hacia la pantalla, moviendo los dedos sobre los botones con rapidez. Sheldon tenía la mandíbula apretada y los ojos fijos en el cuadrante superior derecho del televisor.

“Raj, ve por el flanco izquierdo. ¡Asegura el rifle de francotirador!” dijo Sheldon.

“¡Lo intento, pero Leo no me deja salir del pasillo!” dijo Raj.

En la pantalla, el personaje de Leo se movía con una eficiencia brutal. Saltaba desde las plataformas superiores y disparaba ráfagas cortas que mantenían a Raj cubierto tras una caja metálica. Leo no perdía de vista el radar, manteniendo a Sheldon localizado en todo momento.

“Raj, Raj, me arrinconó, ¡cúbreme!” dijo Sheldon, moviendo el mando con movimientos bruscos mientras su personaje intentaba escalar una rampa.

“Cúbranse de esto, idiotas” dijo Penny.

El personaje de Penny apareció por detrás de la posición de Sheldon. Lanzó una granada de fragmentación que rebotó exactamente debajo de los pies del avatar de Sheldon. La explosión lo lanzó contra una pared virtual, reduciendo su salud al mínimo. Antes de que Sheldon pudiera reaccionar, Leo saltó desde un segundo piso y terminó el trabajo con un golpe de culata.

“¡No! ¡Eso es físicamente imposible!” dijo Sheldon, soltando el control sobre sus piernas.

“Se llama estrategia de pinza, Sheldon” dijo Leo, mientras su personaje corría hacia el centro del mapa para recoger más munición.

“¡Me disparó desde las sombras! ¡Ni siquiera lo vi!” dijo Raj, cuyo personaje acababa de ser eliminado por Penny mientras intentaba ayudar a Sheldon.

Leo soltó una carcajada corta y seca, manteniendo el ritmo de los disparos en la pantalla. Penny soltó el joystick un segundo para chocar las palmas con Leo, produciendo un sonido seco que hizo que Sheldon respingara.

“Rayos, es suficiente. No sé cómo, pero ella está haciendo trampa” dijo Sheldon, levantándose de golpe del sofá.

“No puede ser tan atractiva y tan hábil en un videojuego” dijo Sheldon, mirando a Leo como si su presencia física fuera el origen del error en el sistema.

“Espera, Sheldon. Regresa, olvidaste algo” dijo Penny, con una sonrisa de suficiencia.

Sheldon se detuvo a medio camino y se giró hacia la pantalla.

“¿Qué?” preguntó Sheldon.

“Esta granada de plasma” dijo Penny.

Penny presionó el gatillo y el personaje de Sheldon, que acababa de reaparecer en su base, quedó envuelto en una luz azul brillante antes de estallar de nuevo. Raj y Leo se rieron a carcajadas mientras Sheldon miraba el televisor con los puños cerrados.

“Ríete ahora, pero me vas a pedir una taza de azúcar” dijo Sheldon, dándose la vuelta para marcharse a la cocina.

“Dios, es un mal perdedor” dijo Penny, dejando el control sobre la mesa de centro.

“Bueno, para ser justos, también es un ganador fastidioso y aburrido” dijo Leo, estirando los brazos y ocupando casi todo el respaldo del sofá.

“Bueno, fue divertido. Ahora debo revisar si ya terminaron los idiotas de mi departamento. Linda charla, Raj” dijo Penny.

Penny se puso de pie, se inclinó para darle un beso rápido a Leo y le hizo un gesto de despedida a Raj. Cruzó la sala y salió del departamento, cerrando la puerta tras de sí. Leo soltó una carcajada por el comentario sobre Raj.

“¿Qué diablos significa eso?” dijo Raj, recuperando el habla en cuanto la puerta se cerró.

“Es solo un chiste, Raj. Pero fue divertido” dijo Leo, recostándose en el sofá y ocupando el espacio que Penny había dejado vacío.

Sheldon regresó a la sala con un vaso de agua y se detuvo frente al televisor, mirando el lugar donde Penny estaba sentada.

“Y otra cosa, hay cierta ética en el juego. Penny, cuando…” decía Sheldon.

“Ya se fue, Sheldon” dijo Leo, interrumpiéndolo sin mirarlo.

“¿Y no se pudo despedir?” dijo Sheldon, frunciendo el ceño.

En ese momento, la puerta se abrió de golpe. Penny entró de nuevo, pero esta vez su rostro mostraba una mezcla de náuseas y enfado. Caminó directo hacia Leo.

“Chicos, tengo un problema” dijo Penny.

“Te dije que no vinieras por ninguna tacita de azúcar, porque no tenemos” dijo Sheldon, sin moverse de su sitio.

“¿Qué pasa?” dijo Leo, poniéndose de pie. Su altura obligó a Penny a inclinar la cabeza hacia atrás para sostenerle la mirada.

“Bueno, Howard y Christy están… haciéndolo en mi habitación” dijo Penny.

“¿Segura?” dijo Leo, arrugando la nariz con evidente desagrado.

“Oye, crecí en una granja, ¿de acuerdo? Por lo que oí, o están teniendo sexo o Howard se atoró en una máquina de ordeña” dijo Penny.

Raj y Sheldon hicieron muecas de asco al mismo tiempo, desviando la mirada como si pudieran visualizar la escena. Penny se acercó a Leo y lo rodeó con sus brazos, pegando su cuerpo al suyo.

“Cariño, hoy me quedo contigo” dijo Penny.

Penny se empinó para hablarle directamente al oído, susurrando lo asqueroso que había sido tener que escucharlos a través de la pared. Leo bajó la cabeza, acercando su boca al oído de ella para responderle de la misma forma. Le dijo que sentía el mismo asco al pensar en Howard ensuciando su cama y su espacio personal. Sus manos bajaron a la cintura de Penny, manteniéndola cerca.

“Un segundo Leo, hablamos un momento” dijo Sheldon, dando un paso adelante para interponerse entre la pareja y el pasillo.

Leo suspiró, pero no soltó a Penny. La mantuvo sujeta por la cintura mientras miraba a su compañero de cuarto desde su posición más alta.

“Déjame leerte la mente” dijo Leo. “Te molesta. Sé que no te gustan las visitas y, aunque Penny venga aquí seguido como mi pareja, aún no entra en tu término de amistad. Además, no he firmado la responsiva en caso de tener una pareja formal y seria, y te preocupan los suministros para emergencias.”

Sheldon se quedó quieto un segundo, procesando las palabras, y luego asintió con rigidez.

“Es correcto” dijo Sheldon.

“Primero que nada, aún no se cumple el plazo de ella durmiendo aquí un mínimo de tres noches a la semana para entrar en el radar para el artículo de pareja” dijo Leo, hablando con una seguridad que dejó a Sheldon sin argumentos inmediatos. “Dos, tengo mi reserva de emergencia en mi habitación, la cual agregamos debido a la exigencia de permisos de visita y de coito. Además, entra en vigencia el artículo sesenta y ocho de visitas, cláusula doce de amistades o relaciones, sección cinco.”

Sheldon parpadeó, ajustando mentalmente su esquema de reglas. Tras un momento, relajó los hombros y miró a Penny.

“No hay problema, Penny. Te puedes quedar con Leo” dijo Sheldon.

Penny abrió la boca para agradecer, pero Sheldon levantó un dedo índice para interrumpirla.

“Ahora bien, vamos a repasar el horario de la mañana. Yo uso el baño de 7:00 a 7:20, así que planea tus abluciones y tus funciones corporales de acuerdo a eso” dijo Sheldon.

“¡¿Y cómo se supone que planee mis funciones corporales?!” dijo Penny, soltándose de Leo para gesticular con incredulidad.

“Planea. Aprieta lo que tengas que apretar” dijo Sheldon.

Sin decir nada más, Sheldon giró sobre sus talones y caminó hacia su habitación, cerrando la puerta tras de sí. Raj, que seguía sentado observando todo, se puso de pie rápidamente. Miró a Penny, luego a Leo, y se despidió con un gesto rápido de la mano antes de salir del departamento casi trotando.

Leo puso una mano en la espalda de Penny y la guio hacia su cuarto.

“Vamos” dijo Leo.

Ambos entraron en la habitación de Leo y cerraron la puerta, dejando el resto del departamento en silencio.

—

La luz de la habitación de Leo era tenue. Leo estaba acostado sobre las sábanas, vistiendo una camiseta blanca de algodón que se ajustaba a su pecho y unos pantalones de pijama oscuros. A su lado, Penny se había puesto una de las camisetas deportivas de Leo; la prenda le quedaba tan grande que le llegaba a la mitad de los muslos, pero se movía con comodidad sobre el colchón.

“Nunca me agradó en Nebraska, pero en mi casa me enseñaron que a la familia se la cuida, sin importar qué” dijo Penny, mirando hacia el techo.

Leo se apoyó en un codo, haciendo que el colchón se hundiera bajo su peso. Su brazo derecho, sólido y marcado, descansaba cerca de ella.

“Howard se pasó de la raya al meterla en tu departamento” dijo Leo. “Carajo, ese es tu espacio privado. No puedo creer que se le haya ocurrido que estaba bien.”

“Lo sé” dijo Penny, soltando un suspiro largo.

“Debiste dejarme sacarlos de ahí a patadas cuando te lo propuse” dijo Leo.

Penny giró la cabeza para mirarlo.

“Tal vez debí hacerlo” dijo Penny. “Pero por mucho asco que me dé la situación, Christy es familia. A menos que quiera una guerra total entre parientes en Omaha, tengo que seguir cuidándola. Son las reglas allá.”

Leo guardó silencio. No compartía esa visión, pero entendía que eran sus costumbres familiares y decidió no opinar más al respecto. Se limitó a asentir, respetando el límite de Penny.

“Pero Howard va a pagar por esto” dijo Leo, con un tono bajo y firme.

“Oh, tenlo por seguro. Howard debe pagar” dijo Penny.

El ambiente cambió de inmediato. Leo se acercó más a ella, eliminando el espacio que los separaba. Su mano, grande y cálida, subió por el costado de Penny hasta su mejilla, obligándola a mirarlo. Se inclinó y la besó, primero de forma suave y luego con una intensidad que hizo que Penny soltara un gemido bajo contra sus labios.

Penny enredó sus dedos en el cabello de Leo, tirando de él para profundizar el beso mientras se giraba hacia él. Leo la atrajo más, rodeándola con sus brazos y haciendo que su físico imponente la envolviera por completo. Sus manos bajaron con lentitud por la espalda de ella, recorriendo la tela de la camiseta hasta llegar a sus nalgas, apretándolas con firmeza mientras el calor entre ambos subía de nivel.

Leo se posicionó sobre ella, apoyando sus rodillas a ambos lados de los muslos de Penny. El colchón cedió bajo su peso. Bajó la cabeza hacia el cuello de Penny, dejando una hilera de besos húmedos mientras ella arqueaba la espalda. Las manos de Leo subieron de nuevo, metiéndose bajo la camiseta que Penny usaba. Sus dedos recorrieron las costillas de ella hasta llegar a sus pechos, apretándolos a través del encaje de su ropa interior.

Penny soltó un jadeo y clavó las uñas en los hombros anchos de Leo. Él subió una de sus piernas, encajándola entre las de ella y presionando con su pelvis. Leo regresó a sus labios con un beso rudo, usando su lengua para reclamar su boca mientras una de sus manos bajaba hacia el muslo de Penny, tirando de su pierna para que ella rodeara su cintura.

El movimiento hizo que la camiseta de Leo se subiera, dejando la piel de su abdomen contra la de ella. Leo se movió con un ritmo lento y pesado, manteniendo el contacto visual por un segundo antes de enterrar el rostro en el hombro de Penny, mordiendo suavemente su piel. Las manos de Leo bajaron de nuevo, sujetando las nalgas de Penny con fuerza para elevarla y pegarla más a su cuerpo, marcando la diferencia de tamaño entre ambos mientras la respiración de los dos se volvía errática.

—

Se omiten 10,000 palabras.

—

Leo abrió los ojos. El reloj digital marcaba las 6:00 a.m. La habitación seguía sumida en la oscuridad, rota solo por la tenue luz que se filtraba por las cortinas. Al girar la cabeza, vio a Penny. Dormía plácidamente, con el rostro relajado y un brazo cruzado sobre el pecho de Leo.

Leo movió el brazo con lentitud, deslizando su cuerpo fuera de las sábanas con cuidado para no despertarla. Se puso de pie y sus pies tocaron el suelo sin hacer ruido. Se vistió rápido con unos pantalones cómodos y una camiseta limpia, y salió de la habitación cerrando la puerta con un clic casi imperceptible.

En la sala, caminó directo hacia la cocina. Empezó a sacar sartenes y platos, moviéndose con la eficiencia de quien conoce cada rincón de su espacio. El sonido del café empezando a gotear llenó el silencio. En ese momento, la puerta de la otra habitación se abrió y Sheldon salió, ya vestido y peinado.

“Buenos días” dijo Leo, sin dejar de batir unos huevos en un bol.

“Buenos días” respondió Sheldon, caminando hacia la barra.

Leo terminó de cocinar, repartió las porciones y le entregó un plato a Sheldon. Sheldon lo tomó con un asentimiento de aprobación y caminó hacia su lugar habitual en el sofá. Encendió el televisor y puso *Doctor Who*.

Leo preparó dos platos más. Dejó uno sobre la barra, cubriéndolo con un paño para que se mantuviera caliente para Penny, y tomó el otro. Caminó hacia el sofá y se sentó al lado de Sheldon, manteniendo una distancia prudente. Ambos empezaron a desayunar en silencio mientras la cabecera de la serie empezaba a sonar.

La puerta del departamento se abrió y Howard entró caminando con paso alegre. Llevaba puesta una bata de seda azul oscuro que le arrastraba por los talones y cuyas mangas le cubrían las manos por completo, haciéndolo lucir aún más pequeño.

“Hola, nerd-migos” dijo Howard, con una sonrisa de oreja a oreja.

Leo y Sheldon giraron la cabeza al mismo tiempo. Leo dejó el tenedor en el plato y se puso de pie. Su altura hizo que Howard diera un paso atrás por instinto.

“¿Estás usando mi bata?” dijo Leo, con la voz baja y tensa.

El volumen de la voz de Leo hizo que la puerta de su habitación se abriera de golpe. Penny salió al pasillo, tallándose un ojo y con el cabello algo revuelto. Se detuvo al ver la escena en la sala.

“¿Qué sucede?” preguntó Penny.

Sus ojos pasaron de Sheldon a Leo, y finalmente se posaron en Howard. Sus cejas se juntaron de inmediato al reconocer la prenda.

“¡¿Esa es la bata que le regalé a Leo?!” dijo Penny, señalando a Howard con el dedo.

“Oh, lo siento. La lavaré” dijo Howard, encogiéndose de hombros mientras intentaba que la seda no se le resbalara de los hombros.

“Quémala” dijeron Leo y Penny al mismo tiempo.

Howard parpadeó, sorprendido por la coordinación de la pareja. Penny caminó hacia la cocina, pasando junto a Leo, quien seguía mirando a Howard con desprecio.

“¿Y Christy?” preguntó Penny.

“En la ducha” dijo Howard, sentándose en una de las sillas de la barra. “Y a propósito, ¿dónde compraste esa esponja exfoliante? La tuya llega a lugares que la mía no.”

Leo dejó su plato sobre la mesa de centro, perdiendo el apetito por completo. Sheldon dejó de mirar la televisión para observar a Howard con una expresión de puro horror clínico. Penny se quedó congelada junto a la cafetera.

“¿Usaste mi esponja?” preguntó Penny, con un hilo de voz.

“Más precisamente, nosotros usamos tu esponja. Le exfolié hasta el cerebro a la linda Christy” dijo Howard, ensanchando su sonrisa de satisfacción.

“Por Dios, Howard. Eso es un asco” dijo Leo, cruzándose de brazos. Su pecho se infló con una respiración profunda mientras intentaba procesar la falta de higiene de su amigo.

“Sí, también quémala” dijo Penny, mirando su propia mano como si estuviera contaminada por asociación.

“Tal vez deberíamos hablar también de tu colección de osos de peluche…” dijo Howard, levantándose rápido para escapar hacia la cocina antes de que Leo pudiera alcanzarlo.

Penny y Leo abrieron los ojos al máximo. Leo dio un paso al frente, apretando los puños.

“¡¿Espera, QUÉ?!” gritó Penny.

Una voz aguda interrumpió la tensión desde el pasillo. Christy apareció en la sala preguntando por Howard. Era una rubia de piel bronceada, con una figura llamativa resaltada por una camiseta verde sin mangas y unos pantalones cortos extremadamente ajustados. Al ver a Howard, le sonrió de forma sugerente.

“Ahí está mi pequeña locomotora que sí pudo” afirmó Christy.

“Chugga-chugga-chugga” respondió Howard, imitando el sonido de un tren mientras sonreía.

Sheldon sacudió la cabeza con un gesto de decepción profunda.

“Y ese es un libro infantil muy querido que nunca podré volver a leer” dijo Sheldon con tristeza.

Leo, que seguía de pie junto a él, le dio una palmadita en el hombro sin apartar la vista de la escena. Christy se acercó a Howard y lo besó mientras él la rodeaba con sus brazos. Al separarse, los ojos de Christy se abrieron al notar la presencia de Leo. Lo recorrió de arriba abajo con la mirada, lamiéndose los labios mientras sus pezones se marcaban claramente a través de su camiseta, delatando la falta de sostén.

“Entonces, Christy, ¿tienes idea de cuánto tiempo estarás aquí?” preguntó Penny con tono seco.

“Oh, no sé. Odiaría perder a mi pequeño semental” respondió Christy, aunque sus ojos seguían fijos en el físico de Leo.

“Bueno, es que no sé cuánto tiempo más podré hospedarte. No gano lo suficiente para mantenernos a ambas ahora mismo” dijo Penny.

Howard sonrió de inmediato ante la apertura.

“Oye, ¿qué tal si vienes a quedarte conmigo?” ofreció Howard.

“¿En serio?” preguntó Christy.

“Claro, ¿por qué no?” respondió Howard emocionado.

“El hecho de que vivas con tu madre” comentó Leo con voz monótona.

“¡No! Mi madre vive conmigo” gritó Howard, soltando una risa nerviosa.

Leo resopló y se cruzó de brazos, haciendo que sus bíceps se tensaran.

“Uh-huh. Es por eso que su nombre está en la escritura, las facturas, la hipoteca y todas las demás cosas importantes de la casa” agregó Leo.

Howard se giró y lo fulminó con la mirada. Leo simplemente levantó un dedo, indicándole que eso era el cobro por haber arruinado su bata de seda.

“De todos modos, ¿qué dices? ¿Quieres trasladar esto a Casa Wolowitz?” preguntó Howard.

“¿Qué es eso? ¿Algo de comida mexicana?” preguntó Christy confundida.

“Lo siento, mi apellido es Wolowitz” aclaró Howard.

“¡Oh! ¡Eso es genial! ¡Eres mi primer judío!” dijo Christy. “Suena genial, déjame ir a buscar mis cosas y luego podré agradecerte como es debido.”

Christy le lanzó una última mirada de deseo a Leo antes de regresar al departamento de Penny. Howard se quedó mirando el pasillo con cara de éxtasis.

“Cuando perfeccionen la clonación, pediré veinte de esos” afirmó Howard.

“Howard, mira, esto no es una buena idea” dijo Penny intentando razonar.

“¿Estás bromeando? Se quitó la camiseta y casi lloré de alegría” respondió Howard.

“Mira, la conozco. Ella se acostará con cualquiera siempre y cuando le sigan comprando cosas” advirtió Penny.

“¿En serio?” preguntó Howard.

“Sí” afirmó Penny.

“¡SÍ!” gritó Howard, celebrando la noticia.

Leo y Penny suspiraron al mismo tiempo, sacudiendo la cabeza. Christy salió del departamento de Penny cargando sus maletas.

“Todo listo” afirmó ella.

“Genial, déjame ponerme unos pantalones y podemos salir” comentó Howard mientras entraba al departamento 4A.

“Sí, diviértete con eso. Penny y yo tenemos algunas compras que hacer” dijo Leo, pasando su brazo por los hombros de Penny para guiarla hacia las escaleras.

Christy miró a Leo alejarse y luego se giró hacia Sheldon, que seguía en la puerta.

“Eh, Penny no mencionó que tenía un nuevo novio” dijo Christy con curiosidad.

“Oh, sí. Comenzaron su relación oficial hace poco. Antes solo tenían relaciones sexuales de forma recurrente” comentó Sheldon con total naturalidad.

Christy parpadeó, procesando la información.

“Parece que Howard tuvo suerte. Pensé que Leo lo arrastraría a pagar todo lo que usaste, pero tomando en cuenta sus ingresos, supongo que esa cifra no le importó” agregó Sheldon antes de cerrar la puerta del departamento.

“Vaya, interesante” murmuró Christy para sí misma mientras esperaba a Howard.

—-

Penny sonrió mientras ella y Leo subían las escaleras. Ambos cargaban varias bolsas con un juego de cama nuevo, comida, artículos de tocador para que ella dejara en el departamento y algunos atuendos que Penny había elegido específicamente para Leo.

“Eso fue divertido” comentó Penny.

Leo se encogió de hombros mientras abría la puerta.

“Eh, estuvo bien. Que modelaras esa ropa fue la parte divertida” respondió Leo.

Penny sonrió al recordar los atuendos que, definitivamente, no eran aptos para el público. Entraron al departamento y dejaron las bolsas sobre la mesa. Leo comenzó a separar las cosas y, tras unos momentos, le entregó a Penny unos guantes de limpieza y una bolsa grande. Ella soltó un suspiro largo mientras empezaba a meter sus animales de peluche en la bolsa para llevarlos a una limpieza profunda.

“Entonces, ¿notaste cómo Christy seguía mirándome?” preguntó Leo mientras acomodaba los víveres.

Penny asintió sin dejar de embolsar peluches.

“Sí, aunque no me sorprende. Eres sexy; sería raro que las mujeres no te miraran” comentó ella con naturalidad.

Leo se rió entre dientes.

“A ti te pasa lo mismo. Sobre todo desde que vi ese pequeño vestido negro que tienes” bromeó Leo.

“¿Qué puedo decir? Ese vestido ya se pagó solo con bebidas gratis” respondió ella con una sonrisa de suficiencia. Penny se detuvo un momento y lo miró con curiosidad. “¿Por qué lo preguntaste? No quieres acostarte con ella, ¿verdad?”.

“Claro que no. No necesito otra rubia, ya tengo a la más sexy y hermosa en mi vida” dijo Leo.

Se acercó a ella, rodeándola con sus brazos y dándole un beso firme que Penny correspondió. Al separarse, ella lo miró con los ojos entrecerrados y una sonrisa burlona.

“Sí, claro. Lo creería si Summer no estuviera en tu vida, idiota” dijo Penny, dándole un empujón suave en el pecho.

Leo no respondió con palabras. Simplemente soltó una risotada y le dio una nalgada sonora, un gesto rápido que hizo que ella saltara un poco antes de volver a enfocarse en la limpieza de sus peluches.

—-

El vapor de las tazas de té inundaba el ambiente del restaurante de comida china. Sheldon, Leo y Raj estaban sentados alrededor de la mesa circular con los menús abiertos, pero con una tensión en el aire que no tenía nada que ver con los precios.

“Lo siento, no podemos hacer esto sin Wolowitz”, sentenció Sheldon, cerrando su menú con un golpe seco.

“¿No podemos ordenar comida china sin Wolowitz?”, preguntó Leo, arqueando una ceja y recostándose en su silla. Su físico imponente hacía que la silla de madera crujiera levemente bajo su peso.

“Déjame explicarte. La orden siempre es: empanadas orientales, pollo del General Tso, carne con brócoli, camarones en salsa de langosta y pasta con vegetales. ¿Ves el problema?”, dijo Sheldon.

“Veo un problema”, dijo Leo, mirando a Sheldon con una sonrisa de lado.

“Toda nuestra orden está basada en cuatro empanadas y cuatro entradas divididas entre cuatro personas”, dijo Sheldon, señalando con un dedo el lugar vacío de Howard. “Sin él, el sistema colapsa”.

Leo se rió mientras Sheldon y Raj comenzaban a discutir. Raj propuso que simplemente pidieran lo de Howard y lo dividieran entre los tres, pero Sheldon se indignó, alegando que eso alteraría el equilibrio nutricional y logístico de la cena. En ese momento se acercó el mesero, un anciano asiático que los miró con su habitual mezcla de paciencia y cansancio. El hombre preguntó por el chico que “creía que hablaba mandarín”.

“Está con su nueva novia”, dijo Leo.

“Antepuso sus deseos carnales al bien común”, añadió Sheldon con amargura.

Al escuchar el dilema de Sheldon sobre las porciones sobrantes, el mesero sugirió con desgano que, tal vez, al traer la comida una parte podría “caerse accidentalmente” en la cocina y nadie se enteraría.

“¡Yo lo sabría!”, contestó Sheldon de inmediato, exasperando al anciano y a Raj por igual.

El mesero se dio la vuelta maldiciendo a Sheldon en mandarín entre dientes. De repente, Leo habló en un mandarín perfecto, con un tono fluido y natural de nativo.

“请原谅我的朋友,他小时候被他妈妈摔坏了头,脑子一直不太灵光。” [Por favor, perdone a mi amigo, su madre lo dejó caer de cabeza cuando era pequeño y su cerebro no ha funcionado bien desde entonces].

El anciano se detuvo en seco, sorprendido por el nivel de mandarín de Leo, y soltó una carcajada antes de irse a la cocina aún riendo.

“Decidan algo ya”, suplicó Raj, “porque no solo hay indios muriendo de hambre en la India, ¡aquí hay un indio que también se está muriendo!”.

Leo suspiró, tomando el mando de la situación para evitar que la noche se perdiera en debates matemáticos.

“Bien, Sheldon, tengo la solución para que no entres en crisis”, dijo Leo. “Pediremos la orden para cuatro personas. Yo me haré cargo de la parte de Howard. Debido a mi entrenamiento y mi físico, necesito esas calorías extra, así que yo me comeré su empanada y su ración de las entradas. La orden llega completa a la mesa, nadie tiene que dividir fracciones y tú puedes dormir tranquilo”.

Sheldon lo meditó unos segundos, procesando la lógica.

“Dos empanadas para ti, una para Raj y una para mí… Es una distribución asimétrica pero mantiene la integridad de la orden original. Aceptable”, concluyó Sheldon.

“Perfecto”, dijo Leo, haciendo una señal al mesero para ordenar finalmente.

—

Acuerdo de Compañeros de Cuarto (ACC)

Artículo 67 – Pareja

Define las condiciones bajo las cuales un invitado adquiere el rango de pareja dentro del acuerdo.

Cláusula 1 – Estancia mínima

Todo invitado que permanezca en el departamento por tres noches consecutivas o más por semana será automáticamente considerado dentro del Artículo de Pareja. Cláusula 2 – Reconocimiento de vínculo íntimo

En caso de que un invitado mantenga relaciones físicas o íntimas con algún inquilino, se le otorgará el rango automático de novia, concubina o pareja, independientemente de que exista o no un acuerdo previo de relación formal. Cláusula 3 – Diferenciación de invitadas ocasionales

Se reconoce que el inquilino principal ha mantenido múltiples encuentros íntimos con personas sin que estas fueran consideradas pareja. Dichos encuentros no generan automáticamente responsabilidades legales, salvo que se cumpla con la Cláusula 1 – Estancia mínima. Cláusula 4 – Responsabilidades legales

El reconocimiento de pareja implica la aceptación de responsabilidades legales y sociales, detalladas en el Artículo 70 – Novia o Pareja, incluyendo:

o Obligación de convivencia mínima.

o Responsabilidad compartida en situaciones de emergencia.

o Respeto a las normas de privacidad y convivencia.

Artículo 68 – Permisos de visita

Regula las responsabilidades del anfitrión respecto a las visitas que se quedan en el departamento.

Cláusula 10 – Responsabilidad del invitante

El inquilino que invite a una persona a permanecer en el departamento será responsable de proveer los recursos necesarios para su estancia, incluyendo:

o Espacio seguro para dormir.

o Acceso a alimentos básicos.

o Condiciones de refugio en caso de emergencia.

Cláusula 11 – Emergencias y desastres

El anfitrión deberá cumplir con lo establecido en el Artículo 72 – Emergencias y Desastres, específicamente en:

o Sección A – Responsabilidades: garantizar la seguridad de la visita en caso de incendio, sismo, inundación u otra contingencia.

o Sección B – Recursos: contar con provisiones mínimas (agua, alimentos, botiquín) para atender a la visita durante la emergencia.

Artículo 69 – Visitas

Define las personas que pueden entrar al departamento y las responsabilidades derivadas.

Cláusula 12 – Amistades y relaciones

Regula la entrada de amistades y relaciones afectivas.

o Sección 5 – Responsabilidades afectivas de la relación

Toda amistad o relación que ingrese al departamento será evaluada bajo criterios de convivencia. Se reconoce la responsabilidad del anfitrión de prestar apoyo emocional y material en situaciones de vulnerabilidad, incluyendo:

§ Provisión de techo y refugio en momentos de tristeza o crisis personal.

§ Acceso a comida y compañía en situaciones de dificultad.

§ Respeto a la privacidad y bienestar emocional del invitado.

o Sección 6 – Observaciones de convivencia

Los compañeros de cuarto podrán emitir observaciones sobre la naturaleza de dichas visitas, siempre que estas no interfieran con la libertad individual del anfitrión.

Platicaba con unos amigos, cuantos de nosotros caeriamos ante la oportunidad con Christy, varios de mis amigos se quedarian pobres.

Que tan interesante seria para ustedes?

Eh de decir que yo conservo mi dinero ante ella, asi es

Capitulo 35 – Prioridades, Desprecio y Descarte

Días después, Sheldon y Raj estaban frente a la puerta del departamento de Penny. Sheldon extendió la mano y dio tres golpes rítmicos. La puerta se abrió y Penny apareció luciendo un vestido rosa ajustado, el cabello perfectamente peinado y un maquillaje que resaltaba sus facciones.

“Hola, chicos. ¿Qué pasa?” preguntó Penny, ajustándose un pendiente.

“Es noche de Halo”, dijo Sheldon de forma solemne.

“Ah… sí, genial”, respondió Penny, mirándolos sin entender a qué venía el comentario.

Sheldon y Raj se quedaron en silencio, mirándola fijamente como si el simple enunciado fuera suficiente para que ella cancelara cualquier plan. Al ver que ella no reaccionaba, Sheldon suspiró.

“Bueno, como Wolowitz pasa el día con tu amiga Christy y él no…”, decía Sheldon hasta que Penny lo interrumpió con un gesto seco.

“No es mi amiga. Las amigas no dejan los ositos de peluche de sus amigas todos sudados y con quién sabe qué más”, dijo Penny, señalando hacia su habitación con una expresión de absoluto asco y molestia.

“Bueno, en fin. De todos modos, Wolowitz está ocupado y queríamos preguntarte si querrías ser el cuarto miembro de nuestro equipo de Halo”, dijo Sheldon.

“Es dulce que me inviten, pero saldré a bailar con unas amigas”, dijo Penny mientras buscaba sus llaves en el bolso.

“Pero no puedes ir. Es noche de Halo”, insistió Sheldon, abriendo mucho los ojos.

“Bueno, para Penny es noche de baile”, replicó ella, imitando el tono monótono y rígido de Sheldon.

“¿Todos los miércoles vas a bailar?”, preguntó Sheldon, frunciendo el ceño.

“No”, dijo Penny.

“Entonces no es ‘noche de baile'”, sentenció Sheldon con lógica aplastante.

“Bueno, ¿por qué no jugamos mañana?”, ofreció Penny, intentando ser razonable.

“Hoy es la noche de Halo. Es como hablar con una pared”, le dijo Sheldon a Raj, dándole la espalda a Penny por un segundo.

“Dios mío, Sheldon. Tú y yo estamos a punto de tener un problema”, dijo Penny en un tono de advertencia que hizo que Sheldon se hiciera hacia atrás, ocultándose parcialmente detrás de Raj.

“Bueno, amigos, ya los dejo. Suerte”, dijo Penny, pasando por un lado de ellos y bajando las escaleras a paso rápido.

Sheldon y Raj se quedaron parados en el pasillo, mirando el espacio vacío que dejó Penny.

“Debimos preguntarle si podíamos ir a bailar con ella y sus amigas”, le dijo Raj a Sheldon en voz baja.

“Tonto. Suponiendo que te pudieras curar de tu mudez selectiva en menos de cinco segundos, que no puedes, no sabemos bailar… salvo Leo”, respondió Sheldon, dándose la vuelta para regresar a su departamento.

En ese momento, el sonido de pisadas firmes resonó en las escaleras. Leo subía hacia el pasillo acompañado de Stuart, quien traía una mochila pequeña al hombro y su habitual expresión de cansancio.

Leo se detuvo frente a Raj y Sheldon, observando sus rostros de derrota antes de soltar una pequeña risa.

“Déjenme adivinar: intentaron invitar a Penny y ella les dijo que no porque iba a ir a bailar”, dijo Leo con tono divertido, cruzándose de brazos. Su presencia llenaba el pasillo, haciendo que el espacio pareciera más pequeño de lo que ya era.

Raj y Sheldon simplemente asintieron con la cabeza baja, confirmando la sospecha de Leo sin decir una palabra.

“Al menos pensé en una mejor idea: invitar a Stuart”, dijo Leo, señalando al dueño de la tienda de cómics con un gesto de la mano.

“Hola, chicos. Gracias por invitarme, de verdad necesitaba salir de la tienda… el olor a cartón viejo me estaba empezando a dar alucinaciones”, dijo Stuart con una sonrisa tímida, agradecido por la oportunidad de socializar.

Sheldon cambió su expresión de inmediato. Sus ojos se iluminaron al ver que el equilibrio del equipo de cuatro jugadores se había restablecido con alguien que, a diferencia de Penny, sí conocía la diferencia entre un escudo de energía y una granada de plasma.

“Bueno, esto es una mejora aceptable. Stuart posee un conocimiento enciclopédico de la estrategia de combate de ciencia ficción, aunque carezca de vitamina D”, sentenció Sheldon, mucho más contento.

Sin perder más tiempo, Sheldon abrió la puerta y todos entraron al departamento. Leo le dio una palmada amistosa en la espalda a Stuart, casi haciéndolo tropezar, mientras se preparaban para instalarse en el sofá y dar inicio a la partida de Halo.

—-

Tienes razón, error mío. Sheldon no usa lentes, simplemente tiene esa mirada fija y obsesiva. Vamos a ajustarlo para que se sienta más natural y fiel a las personalidades de la serie, manteniendo el tono físico de Leo.

—

## Departamento 4A – Dos horas después

El resplandor azulado de la pantalla parpadeaba rítmicamente en la penumbra de la sala. El ambiente estaba cargado de competitividad. En el sofá, los equipos estaban claramente definidos: en un extremo, Sheldon y Raj operaban con una tensión casi científica; en el otro, Leo y Stuart formaban una dupla inusual. Leo ocupaba gran parte del espacio, manteniendo el mando con una calma imponente, mientras Stuart se encogía en la esquina del mueble para no estorbar el movimiento de los brazos de Leo.

“¡No! ¡Raj, retrocede! ¡El Jefe Maestro de Leo está flanqueando por la izquierda!”, gritó Sheldon, inclinando todo su torso hacia un lado como si el movimiento físico ayudara a su avatar a escapar.

“¡Lo intento, pero no me deja espacio!”, respondió Raj, apretando los botones con desesperación mientras Leo ejecutaba una maniobra perfecta que terminaba en una explosión virtual.

La puerta principal se abrió con un chirrido. Howard entró arrastrando los pies, con los hombros caídos y el flequillo algo despeinado. Su postura era la de un hombre que acababa de perder una batalla personal. Se quedó de pie junto a la puerta un momento, observando el caos en la pantalla sin mucha energía.

“Hola, amigos. Su pequeña locomotora ha regresado. ¿Quién está listo para perder en Halo?”, dijo Howard, intentando recuperar su tono fanfarrón, aunque la voz le salió algo débil.

Leo soltó una carcajada ronca sin despegar los ojos del objetivo, eliminando al personaje de Sheldon con un disparo certero antes de que este pudiera reaccionar.

“¿Qué haces aquí?”, preguntó Raj, aprovechando que su personaje estaba reapareciendo para mirar a Howard. “¿No deberías estar con tu nueva novia?”.

“Se acabó”, respondió Howard. Se dejó caer pesadamente sobre el brazo del sofá, que crujió bajo su peso. “He decidido que prefiero la lealtad de la amistad sobre los placeres efímeros de las mujeres”.

Leo se burló abiertamente, dejando el mando sobre sus muslos mientras la pantalla de “Victoria” brillaba en su lado del televisor.

“Sí, claro. Déjame adivinar”, dijo Leo, cuya voz profunda dominó la habitación. “Tu mamá la echó de la casa a gritos, la llamó prostituta y Christy finalmente se enteró de que no tienes ni un centavo en el banco”.

Howard no emitió ni una palabra de protesta. Solo soltó un quejido agudo y ahogado, bajando la mirada hacia sus propios pies en una confirmación silenciosa.

Leo se puso de pie en un movimiento fluido, estirando sus hombros y haciendo que su físico imponente hiciera ver la sala aún más pequeña. Le entregó el mando a Howard, dándole una palmada firme en la espalda que lo obligó a enderezarse.

“Toma, juega por mí. Voy al baño”, dijo Leo mientras se encaminaba al pasillo.

Howard tomó el mando con resignación y ocupó el lugar de Leo junto a Stuart. Sheldon, que ya estaba reiniciando la partida para la revancha, ni siquiera lo miró; simplemente se acomodó en su sitio y empezó a recitar las nuevas coordenadas tácticas para el siguiente asalto.

—

La puerta se abrió de par en par, dejando entrar el eco de risas y el sonido de tacones. Penny entró al departamento seguida de tres amigas, todas arregladas para una noche de baile que claramente había terminado antes de tiempo. Se detuvieron justo detrás del sofá, observando las nucas de los cuatro chicos que permanecían inmóviles, con los ojos fijos en el brillo de la pantalla.

“Hola, chicos. Mis amigas y yo nos cansamos de bailar y vinimos a tener sexo con ustedes”, soltó Penny con un tono casual, casi experimental.

El silencio fue total. Ninguno de los cuatro desvió la mirada de la televisión. Sheldon seguía murmurando coordenadas, Raj apretaba los botones con una intensidad mecánica y Howard ni siquiera parpadeó. Estaban tan sumergidos en la partida de Halo que la realidad exterior simplemente no existía para ellos.

“Se los dije”, les susurró Penny a sus amigas con una sonrisa encogida de hombros. Ellas se miraron entre sí, riendo por lo absurdo de ser ignoradas de forma tan absoluta por el grupo del sofá.

En ese momento, unos pasos pesados anunciaron el regreso de Leo desde el pasillo. Al entrar en la sala, su figura imponente y su porte de “agente de élite” chocaron de frente con las recién llegadas. El ambiente cambió de inmediato; las amigas de Penny se quedaron en silencio, girándose al unísono para observarlo con un interés renovado.

“Vaya… Penny, no mencionaste que tenías un vecino así”, murmuró una de las chicas, una morena de vestido rojo, mientras recorría con la mirada los hombros anchos de Leo.

“Hola, soy Chloe”, dijo otra de las amigas, dando un paso al frente y acomodándose el cabello detrás de la oreja con una sonrisa sugerente. “¿Tú también juegas con… ellos?”.

Leo soltó una risa corta y profunda al notar cómo las tres lo escaneaban de arriba abajo, ignorando por completo a los que estaban sentados en el sillón. La tercera amiga simplemente dejó escapar un “¡Wow!” audible mientras le dedicaba una mirada cargada de intención.

Penny notó el cambio de energía al instante. Al ver cómo sus amigas empezaban a rodear virtualmente a Leo, se apresuró a dar un paso al frente, interponiéndose físicamente entre ellas y él.

“No, no, no… ¡Atrás! Ese es mío”, sentenció Penny con firmeza, rodeando el brazo de Leo con el suyo en un gesto posesivo.

“¿En serio? ¿Todo para ti sola?”, bromeó Chloe, haciendo que las otras rieran mientras Penny las empujaba suavemente hacia la salida.

“¡Fuera de aquí! “, exclamó Penny entre risas, logrando sacar a sus amigas al pasillo antes de que alguna intentara algo más.

El estruendo de la puerta al cerrarse vibró en las paredes, pero dentro del departamento, nada se alteró. Howard, Raj, Stuart y Sheldon seguían en su propio universo, completamente ajenos a la oferta que acababan de perder. Sheldon seguía ajustando su estrategia con precisión milimétrica, Raj discutía probabilidades de ataque y Howard lanzaba comentarios rápidos para no perder el ritmo.

Leo se quedó de pie cerca de la entrada, mirando hacia la puerta por donde Penny se había ido con sus amigas. Luego regresó la vista a los otros cuatro. Nadie se había dado cuenta de nada.

Leo arqueó una ceja y sonrió de lado, soltando una risotada silenciosa para sí mismo.

“Interesantemente divertido…”, murmuró.

Se quedó unos segundos más observándolos, como si esperara que alguno reaccionara al menos al portazo o al perfume que aún flotaba en el aire, pero no hubo nada. Negó con la cabeza, divertido por el nivel de concentración de sus amigos, y caminó hacia el sillón. Se sentó con pesadez, tomó su bebida de la mesa y se recostó a observar cómo el juego continuaba sin interrupciones.

—

La pantalla del televisor finalmente se había oscurecido, dejando la sala en una penumbra rota solo por las lámparas laterales. Sobre la mesa, los controles estaban tirados y los restos de comida china fría completaban el cuadro. Sheldon, con los labios apretados, se dedicaba a acomodar los cables de los mandos con una precisión obsesiva.

“Esto es inaceptable. El desorden post-juego debería seguir un sistema lógico de almacenamiento por longitud de cable”, masculló Sheldon sin mirar a nadie.

Howard se estiró en el sofá, haciendo que sus articulaciones tronaran después de horas de tensión.

“Relájate, Sheldon. Fue una buena partida”, dijo Howard, frotándose el cuello.

Raj asintió con la cabeza, todavía procesando las últimas jugadas.

“Sí… creo que ya entiendo mejor la estrategia de cobertura”, comentó Raj.

Stuart, en la esquina del sofá, soltó un suspiro largo y cargado de derrota, mirando sus manos como si lo hubieran traicionado.

“Yo sigo perdiendo… es una constante física en mi vida”, murmuró Stuart.

Leo, que había estado observando la escena desde su sillón con una calma absoluta, dejó su bebida sobre la mesa ratona y se inclinó hacia adelante. Su físico imponente hacía que el mueble bajo pareciera un juguete frente a él.

“Pregunta…”, dijo Leo con un tono casual que cortó el ambiente.

Todos voltearon a verlo.

“¿Ustedes no vieron a las tres chicas que trajo Penny?”, soltó Leo.

Se produjo un silencio sepulcral. Howard frunció el ceño, procesando las palabras como si Leo estuviera hablando en un idioma antiguo.

“¿Qué chicas?”, preguntó Howard.

Raj parpadeó repetidamente, mirando hacia la puerta cerrada y luego de vuelta a Leo.

“¿Había… chicas?”, tartamudeó Raj.

Stuart se quedó completamente quieto, con la boca entreabierta.

“¿Tres?”, alcanzó a decir en un hilo de voz.

Sheldon, sin dejar de enrollar un cable, levantó la mirada con total indiferencia.

“Sí, hubo tres individuos femeninos en el apartamento. Interrumpieron momentáneamente el flujo del juego con vibraciones acústicas innecesarias”, sentenció Sheldon.

Todos los ojos se clavaron en él con una mezcla de horror y sorpresa. Howard abrió los ojos tanto que parecía que se le saldrían de las órbitas.

“¡¿Y no dijiste nada?!”, gritó Howard.

Sheldon se encogió de hombros, volviendo a su tarea.

“No era relevante para la partida. Estábamos en medio de un asalto coordinado”, respondió con frialdad.

Leo reprimió una sonrisa y se recostó de nuevo, cruzando los brazos sobre su pecho.

“Vinieron a invitarlos a salir”, añadió Leo, lanzando la bomba final.

Hubo un segundo de silencio absoluto. Dos segundos.

“¡¿QUÉ?!”, rugieron Howard, Raj y Stuart al unísono.

Howard se levantó de golpe, casi tropezando con la mesa ratona. Su rostro pasó de la palidez al rojo en un instante.

“¡¿Por qué no nos dijiste?! ¡Leo, pudiste habernos avisado!”, reclamó Howard, agitando los brazos.

Raj se llevó las manos a la cabeza, tirando de su propio cabello con una expresión de agonía pura.

“¡No puede ser! ¡Tres mujeres reales en esta habitación y yo estaba disparándole a alienígenas de luz!”, gritó Raj hacia el techo.

Stuart miró al vacío, con los ojos vidriosos.

“Yo… yo estaba justo aquí… a un metro de distancia…”, murmuró Stuart para sí mismo.

Sheldon frunció el ceño, molesto por el ruido.

“Eso no tiene sentido. Si ese era su objetivo, su estrategia de comunicación fue deficiente. No llenaron ningún formulario de intención ni esperaron a que terminara la ronda”, analizó Sheldon.

Leo dio un sorbo lento a su bebida, disfrutando del caos desde su posición de ventaja.

“Se veían bastante interesadas”, comentó Leo con malicia. “Especialmente la del vestido verde”.

Howard empezó a caminar de un lado a otro en el pequeño espacio de la sala, respirando de forma agitada.

“¡Tres chicas! ¡Aquí! ¡En nuestro hábitat natural! ¡Y no hicimos nada!”, exclamó Howard, golpeándose el muslo.

Raj se dejó caer en su silla, escondiendo el rostro entre las manos con una frustración que vibraba en sus hombros.

“Esto es una tragedia… una tragedia de proporciones griegas”, gimió Raj.

Stuart, que no se había movido, susurró:

“Ni siquiera tuve oportunidad de fallar… me salté el paso del rechazo y pasé directo a la inexistencia”.

Howard se detuvo en seco y volvió a mirar a Leo, buscando algún rastro de remordimiento en su rostro tranquilo.

“En serio, Leo… ¿por qué no dijiste nada?”, preguntó con voz quebrada.

Leo se encogió de hombros con una naturalidad que solo aumentaba la desesperación de los otros.

“Se veían divertidos jugando”, dijo Leo. “Pensé que no querían que los interrumpiera. Estaban muy… concentrados”.

Se hizo un silencio pesado. Sheldon asintió ligeramente, dándole la razón a Leo.

“Correcto. Interrumpir una actividad estructurada por una interacción social incierta habría sido ilógico y contraproducente”, agregó Sheldon.

Howard lo miró con una expresión de puro odio.

“¡No ayudes, Sheldon!”, le espetó.

Raj soltó un suspiro largo y se hundió más en su asiento.

“Perdimos… sin siquiera jugar…”, dijo Raj con voz apagada.

Stuart bajó la mirada al suelo, derrotado.

“Esto duele… duele de una forma física”, murmuró Stuart.

Leo sonrió apenas, observando el drama humano que se desarrollaba frente a él mientras se ponía de pie, estirando su espalda con la confianza de quien no perdió ninguna oportunidad esa noche.

“Buena partida, por cierto”, dijo Leo mientras caminaba hacia la cocina.

Nadie respondió. El único sonido en la sala fue el de Sheldon terminando de acomodar el último cable con un clic satisfactorio.

—-

Un par de días después, unos golpes secos en la puerta hicieron que Penny soltara un suspiro de cansancio. Se ajustó la bata y caminó hacia la entrada, abriendo solo para parpadear con incredulidad al ver a Christy allí de pie con sus maletas.

“Hola, Penny. La mamá de Howard es una perra y no podía soportar estar allí por más tiempo”, explicó Christy con total descaro, esperando que Penny se hiciera a un lado.

“¿Y entonces?”, preguntó Penny, permaneciendo firme bajo el marco de la puerta sin moverse un centímetro.

Christy la miró con absoluta sorpresa, retrocediendo medio paso mientras abría la boca indignada.

“¡¿Qué?! ¡¿Qué quieres decir con eso?!”, exigió Christy, alzando la voz mientras Penny se plantaba con los brazos cruzados.

“Significa: ¿por qué exactamente debería ayudarte?”, soltó Penny con una voz gélida que Christy nunca le había escuchado. “Has sido una perra conmigo todo el tiempo desde que llegaste. Te has acostado con un tipo en mi apartamento sin permiso, en mi cama, te has presentado sin invitación y ahora vuelves a aparecer aquí esperando que yo te aloje de nuevo sin ningún motivo más que el de tu propio deseo. Así que dime, ¿por qué demonios debería ayudarte después de toda la mierda que has hecho desde que pusiste un pie aquí?”.

“¡Pero somos amigas!”, exclamó Christy, tratando de sonar ofendida.

Penny arqueó una ceja, soltando una risa corta y carente de humor mientras la fulminaba con la mirada.

“Entonces, tal vez deberías haber empezado a actuar como mi amiga”, replicó Penny con un enojo cortante. “En lugar de eso, me tratas como a una sirvienta o a una chica de servicio que puedes usar cada vez que te conviene. Se acabó, Christy. No vas a entrar”.

La pelea no llegó a ningún lado. Christy intentó balbucear una última excusa, pero Penny no le dio el espacio para terminar. Con un movimiento decidido y seco, Penny cerró la puerta en su cara, haciendo que el sonido del cerrojo resonara en todo el pasillo.

Christy se quedó allí fuera, mirando la madera de la puerta durante unos segundos, incrédula. Finalmente, soltó un bufido de indignación, tomó el asa de sus maletas con fuerza y se marchó a zancadas, haciendo que el eco de sus pasos enojados se alejara escaleras abajo.

Christy bajaba las escaleras arrastrando sus maletas con un estrépito de furia, hasta que su mirada se clavó en la figura que ascendía con paso firme desde el piso inferior. Sus ojos brillaron con un hambre súbita al ver a Leo; el contraste era total entre la presencia imponente del hombre que tenía delante y la silueta escuálida de Howard que acababa de abandonar en la casa de la señora Wolowitz.

“Hola… qué suerte encontrarte justo ahora”, saludó Christy con una voz que bajó varios tonos, volviéndose pastosa y cargada de una intención sexual evidente.

Leo se detuvo en el descanso de la escalera, ocupando casi todo el ancho del pasillo con sus hombros anchos. Su altura obligó a Christy a inclinar la cabeza hacia atrás para sostenerle la mirada, quedando cautivada por la mandíbula marcada y el porte de agente de élite que Leo exhalaba.

“Te ves con prisa, aunque ya sabía que lo tuyo con Howard no duraría mucho”, dijo Leo, observando el equipaje con una calma que hizo que Christy se sintiera evaluada bajo una luz intensa.

“Fue un error desde el principio. La madre de Howard es una perra insufrible y él es un niño que no sabe ser un hombre de verdad; vivir en esa casa era una tortura”, explicó Christy mientras daba un paso hacia él, invadiendo su espacio personal. “Vine a buscar apoyo en Penny, pero se portó como una completa extraña. Fue fría, grosera y me echó a la calle de su departamento sin un ápice de remordimiento después de todo lo que hemos pasado”.

Leo no respondió. Se limitó a permanecer allí, firme como una columna, escuchando el despliegue de quejas con una mirada indescifrable. Su silencio absoluto fue interpretado por Christy como una señal de apertura o, al menos, como una invitación a seguir utilizando sus tácticas de persuasión.

“Howard no tiene carácter y Penny simplemente me tiene envidia, siempre ha querido lo que yo tengo”, continuó Christy, dejando que su mano rozara el brazo de Leo de forma “accidental” mientras hablaba. “Ahora no tengo a dónde ir y me siento tan sola… tan vulnerable”.

Sin previo aviso, Christy acortó la distancia y lo rodeó con sus brazos en un abrazo que pretendía buscar consuelo, pero que en realidad era una maniobra deliberada para presionar su cuerpo contra el de él. Apoyó la mejilla en el pecho sólido de Leo, cerrando los ojos para enfatizar su supuesta fragilidad, intentando que el contacto físico fuera el argumento final para quedarse en el edificio.

“Solo necesito a alguien que me entienda, alguien que sepa protegerme y que no sea un cobarde”, murmuró Christy contra su camisa, acariciando la espalda de Leo con movimientos lentos mientras esperaba una reacción de su parte.

Leo seguía sin decir nada, manteniendo su postura dominante mientras ella se aferraba a su torso, utilizando su cuerpo para expresar una vulnerabilidad ensayada que buscaba desarmar la lógica del hombre frente a ella.

Christy se inclinó hacia adelante, eliminando el último resquicio de aire entre sus cuerpos. Sus ojos recorrieron las facciones de Leo con una mezcla de desesperación estratégica y un hambre que ya no intentaba ocultar. La presencia de este hombre era abrumadora; estar tan cerca de él era como estar junto a una fuente de calor que amenazaba con consumirla, pero Christy siempre había preferido quemarse antes que ser ignorada.

“Llévame a tu apartamento…”, susurró Christy, deslizando sus manos por la nuca de Leo, hundiendo los dedos en su cabello para forzarlo a bajar la cabeza hacia ella.

Ella lo besó con una fuerza voraz, buscando sellar el acuerdo allí mismo, en la penumbra del descanso de la escalera. Leo no opuso resistencia ni emitió palabra alguna; simplemente respondió al beso con una intensidad repentina que la dejó sin aliento, envolviéndola en un abrazo que la hizo sentir diminuta contra su físico de agente de élite. Las manos de Leo se movieron con una autoridad física indiscutible, descendiendo con firmeza hasta sujetarla por el trasero, apretándola contra él mientras el beso se volvía más profundo y exigente, mientras la otra mano jugaba con sus pechos.

Christy dejó escapar un gemido ahogado contra sus labios, sintiendo la adrenalina dispararse. Mientras los brazos de Leo la rodeaban como cadenas de acero, ella deslizó una de sus manos con audacia por el torso de él, bajando por el abdomen marcado hasta alcanzar el relieve de su miembro. El contacto fue eléctrico; la firmeza que encontró allí terminó de desarmar cualquier rastro de duda.

Se separaron apenas unos centímetros, jadeando, con los labios enrojecidos y la respiración entrecortada. Christy mantuvo su mano donde estaba, apretando el agarre mientras miraba a Leo de abajo hacia arriba con una chispa de triunfo en los ojos.

En ese momento, su mente trabajaba a una velocidad frenética. Christy no solo veía a un amante; veía el premio mayor. Comparado con la energía mediocre de Howard o la debilidad de los otros nerds, Leo era un hombre entre hombres. Su físico era una obra maestra de poder, su mirada proyectaba una seguridad que rozaba la arrogancia y, por lo que sabía de su dinero y su estilo de vida, era el boleto de salida que siempre había buscado. Arrebatárselo a Penny no sería solo un placer, sería la validación definitiva de su superioridad. Quería esa imponencia para ella sola; quería ser la dueña de esa energía desbordante que ahora sentía vibrar bajo su palma.

Christy se humedeció los labios, clavando su mirada en la de él con una urgencia animal mientras tiraba suavemente de su cuerpo hacia la parte superior de la escalera.

“Llévame arriba, Leo…”, pidió Christy con una voz ronca que apenas era un susurro cargado de promesa. “No me hagas esperar más… quiero sentir todo eso, quiero sentir lo que un hombre de verdad puede hacer”.

Leo se apartó con una lentitud deliberada, rompiendo el contacto físico y dejando que el aire frío del pasillo se interpusiera entre ambos. La miró desde su altura, con una expresión que había pasado de la pasión a una indiferencia gélida en cuestión de segundos.

“No”, dijo Leo, hablando por primera vez con una voz firme que resonó en el hueco de la escalera.

Christy se quedó congelada, con la mano aún suspendida en el aire y los labios entreabiertos por la sorpresa. El cambio de ritmo fue tan brusco que le tomó un momento procesar la palabra.

“Lo siento, pero no”, añadió Leo, ajustándose la ropa con una calma que resultaba insultante después de la intensidad del beso anterior.

La confusión en el rostro de Christy era absoluta; sus cejas se juntaron y su mandíbula tembló levemente. Era una reacción que cualquier espectador compartiría: después de la forma en que él había correspondido el beso y la manera en que la había sujetado, el rechazo parecía una imposibilidad lógica. Parecía que Leo simplemente había disfrutado de la situación, tomando lo que quería de la interacción antes de cortar el flujo de golpe.

“¿Qué? ¿Por qué?”, preguntó Christy con un hilo de voz, pasando de la seducción al desconcierto total.

Leo la observó de arriba abajo, deteniéndose en su expresión desesperada. Esbozó una sonrisa de lado, una que no llegaba a sus ojos.

“Eres divertida, Christy, de verdad lo eres”, dijo Leo, cruzándose de brazos y recostándose levemente contra el pasamanos. “Pero eres como un aperitivo ruidoso. Penny… Penny es el plato principal. Ella tiene una clase y una autenticidad que tú ni siquiera alcanzas a fingir. Comparada con ella, esto solo se siente como ruido blanco”.

El golpe fue directo al orgullo de Christy. No era solo un rechazo; era una comparación que la posicionaba como algo inferior, una distracción momentánea frente a la mujer que ella tanto despreciaba. El rostro de Christy se encendió de un rojo violento, la humillación transformándose rápidamente en una furia hirviente.

“¡Eres un idiota!”, gritó Christy, agarrando las asas de sus maletas con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. “¡Se merecen el uno al otro en este edificio de locos!”.

Se dio la vuelta y comenzó a bajar las escaleras a zancadas, haciendo que el ruido de sus maletas golpeando los escalones sonara como disparos en el silencio del edificio. Se marchó sin mirar atrás, echando chispas de rabia por haber sido utilizada y descartada en menos de cinco minutos.

Leo permaneció en el descanso un momento, escuchando cómo la puerta de la calle se cerraba con estruendo. Luego, retomó su ascenso con paso tranquilo y seguro hasta llegar a la puerta de Penny.

Tocó un par de veces. Penny abrió casi de inmediato, todavía con su bata de seda, pero con una expresión mucho más relajada que antes. Al ver a Leo, se hizo a un lado, permitiéndole entrar en el departamento con una familiaridad natural.

“Tengo algo que contarte…”, dijo Cody riendo mientras cerraba la puerta tras él.

—

Algunos de ustedes si pensaron que Leo caerian ante las redes de Christy?

Penny se me hace mas interesante, creo que con ella ahi no le pondria atencion a Christy.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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