The Dark Dreams Book: Dragon Hunt - Capítulo 139
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Capítulo 139: El destino de un enemigo.
Una vez terminado el combate, y ante la mirada odiosa de Galeona, Zeraki corrió a abrazar a su amado Redhand.
Con un salto se aferró a él y lo besó. Redhand correspondió el beso y tomó su rostro cálidamente entre sus dedos.
—Zeraki, no sabes cuánto te extrañé, no sabes cuánto te amo, mi tontita verde.
Zeraki lo miró a los ojos y le dio un sin fin de besos con la boca cerrada.
—No me vuelvas a dejar así.
—Nunca.
Li Wang se acercó al cuerpo de Diablo. Bel, sin embargo, mantuvo la distancia; le costaba ver a Van tan herido… quizá muerto. Sintió lo mismo que cuando vio los restos de Kaldrasus, pero ¿acaso no quería vengarse? ¿Acaso no quería ver a Diablo así?
—Debería reventar a un ser grotesco como este… —dijo la arcanista de Santuario al grupo. Todos la miraron—. No creo que se mantenga mucho rato inconsciente.
—¡No te atrevas!
Se escuchó la voz deformada que ya algunos conocían bien. Les hablaba a todos.
Gar’Dal Dark Dreams.
—Aún nos puede ser útil. Que Krasny se encargue de encerrarlo; ella sabe cómo hacerlo.
—¡Más de tus intrigas y trampas! —le gritó Kuro, intuyendo que se trataba, indudablemente, del asesino de su estirpe—. ¿No deberíamos mejor matar a esta calamidad, y luego a ti, Gar’Dal?
—Como ya te dije, Kuro —le contuvo Farizza—, Gar’Dal sabe lo que hace.
—No, Fary. Él solo sabe pensar en sí mismo.
Kuro avanzó, invocando una espada de luz con el poder de un dragón dorado. Mataría a Diablo solo por contrariar a aquel ser tan odiado. Le había odiado toda su vida: ocultar su nombre, vivir en las calles, esconderse del consejo, la muerte de su padre, de su abuelo, el miedo de ser el siguiente.
—No lo harás —sentenció la voz dulce de Iszel, que se plantó firme delante de su querido Kuro—. Si papá dice que le dejemos con vida, así será. No lo conoces, Kuro; es por el bien de todo Xera.
Un dolor enorme embargó a Kuro. Le había traicionado, había engañado a la mujer que amaba. Ahora tendría un hijo con Farizza… ¿cómo le explicaría aquello a Isz? Casi por compensar aquello, disipó su arma y miró apesadumbrado el suelo.
—Confío en ti, Isz.
—Pero yo no —gritó Li Wang, pero antes de que pudiera conjurar su magia, Red se interpuso y tomó firmemente sus manos, sin dañarla.
—Esta vez le haremos caso al condenado enclenque de Gar’Dal.
Li miró con odio los ojos de Red. No les temía, pero finalmente desistió. Después de todo, la victoria era de aquel humano; era el más herido, quien más tenía derecho de decidir qué le deparaba a Diablo.
Red efectivamente estaba herido. Aunque sus brazos estaban ahora en su lugar, volver a su forma humana había evidenciado lo peligrosa que era la metamorfosis; estaba al borde de caer inconsciente.
—Radjedef —pidió Orion—. ¿Dónde está ese condenado egipcio?
—Murió —respondió Li—. Dejó de creer en Kal y este le abandonó a su suerte. Las hijas de Diablo le destrozaron. Vez cómo merece morir.
—Esto es una guerra, mujer. Las bajas son inevitables.
Red se sentó en el destruido trono de Diablo, que estaba muy cerca de él. Se vio, aunque no era esa su intención —más allá de descansar—, como un Rey. Un Rey Tirano.
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