The Dark Dreams Book: Dragon Hunt - Capítulo 138
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Capítulo 138: La Odisea
Aquel hombre demoró diez años en conquistar y quemar la ciudad de altos muros. Gracias a su astucia, los aqueos triunfaron sobre Troya. Murió Príamo, Héctor, Paris, Aquiles y Ajax, junto a una infinidad de héroes de quienes no se contarán canciones.
Pero de él sí. De Odiseo, rey de Ítaca, se contarán sus desventuras en el regreso a casa; por osar enfrentarse a los dioses, diez años más se demoraría en volver con la siempre bella Penélope y su joven hijo Telémaco.
Aunque como un viejo vagabundo, solo su fiel can Argos le reconoció, en su último aliento.
Entonces tuvo que revelar su identidad y diezmar a todos los gañanes pretendientes de su amada esposa, que habían depredado la fortuna de su casa durante su larga ausencia.
Uno tras otro cayeron, víctimas de su imponente arco, que alguna vez perteneció a un gran y antiguo héroe, Eurito, discípulo del dios Apolo.
Cuando ya los cuerpos se amontonaban unos sobre otros, algo jaló a Odiseo hacia atrás. No era uno de sus enemigos, ni tampoco un amigo; era, sin duda, un agente de los dioses.
Era enorme, con el cuerpo deformado por una musculatura excesiva. Su piel repleta de runas verdes destellaba en la oscuridad que era el resto de su figura. Sus ojos, rojos, de pura energía, y dos cuernos, como los de un toro, salían de su frente.
—Se te requiere —le dijo el espectro con voz gutural—. A alguien tan listo como tú, tan capaz, tan limitado por este pequeño mundo… no. La grandeza te depara, Odiseo. Una aventura que terminará indudablemente en tu muerte, pero… te necesito.
—¡Por Zeus! ¿Qué cosa horrible eres? Otra prueba de los dioses.
—Mi nombre es irrelevante ahora. Ya lo sabrás. Zorath te espera.
Los pretendientes restantes, paralizados de terror, se miraron entre sí y salieron arrancando en todas direcciones. Pero, como serpientes, extensiones sombrías de aquel ser los persiguieron y engulleron en la oscuridad que las formaba.
Cuando Telémaco y Penélope volvieron la vista hacia su querido Odiseo, él ya no estaba. En el suelo, sin embargo, había una marca que nunca pudieron descifrar.
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