The strongest warrior of humanity - Capítulo 212
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Capítulo 212: Capitulo 212 El peso de la traición
PUNTO DE VISTA: ALICIA EL PESO DE LA TRAICIÓN
—”¿Eh? ¿A dónde estoy?”, murmuré, sacudiendo el polvo de mi ropa. Este lugar… parece que hubo un ataque por mi culpa. O quizás fue el destino cobrándose una deuda vieja.
Apreté contra mi pecho el diario de mi madre. Era lo único que me quedaba, mi único consuelo desde la última vez que vi su rostro. A veces, cuando el dolor se vuelve insoportable, quisiera regresar el tiempo… evitar esa traición. Me pregunto si el mundo es siempre así de cruel: mis propios abuelos nos vendieron por unas monedas. ¿Todo porque mi madre decidió amar a un plebeyo?
El orgullo de la sangre imperial es una enfermedad. En verdad dolió más de lo que esperaba… Duele tanto que, a veces, la sombra en mi corazón me susurra que debería encontrarlos y matarlos yo misma por lo que le hicieron a ella.
De mi padre no sé mucho, solo fragmentos de una pesadilla. Dicen que se convirtió en un monstruo, una bestia que masacró a todos en el Reino Imperial hace mucho tiempo. Un linaje de destrucción corre por mis venas, y tal vez por eso me siento tan conectada a estas ruinas.
Miré hacia la plaza central. Aquí, en el Reino Platinos, la historia se repite. Hace tan solo cuatro años, un enemigo entró y desató el caos. Recuerdo las historias de los caballeros: alguien tan poderoso que parecía invencible. Pero hubo uno… un hombre que dio su vida por sus camaradas.
Ese caballero no tiene una estatua de mármol solo por agradecimiento, sino como un recordatorio. Un ejemplo de lo que significa ser un verdadero caballero. Alguien que no sirve a una corona podrida, sino a su gente, a su reino, a su honor.
—”Ese chico que vi…”, susurré, pensando en Carlos. “¿En verdad era la persona que mencioné?”.
Si él es quien creo que es, entonces las piezas de este rompecabezas de sangre están empezando a encajar. Mientras el cielo se tiñe de rojo por el ataque de Sara y los pétalos de Carlos caen como nieve luminosa, me doy cuenta de que ya no soy solo una espectadora.
—”Woow… qué hermosos son”, susurré para mí misma. “Hacen que mi dolor desaparezca por un momento. Un mundo lleno de pétalos, eh…”.
Es la primera vez que veo algo así. Esta lluvia me dice que, a pesar del caos, todavía hay algo de bondad protegiéndonos. Pero la calma me trajo preguntas. ¿A dónde se fue Hiro? Lo perdí de vista en cuanto aparecieron esos monstruos. Y todo este desastre… empezó por mi error con la droga.
Esos chicos… Shiro, Freya y Natsuki. Vienen de la famosa Academia Ryouou Clannad. Mi madre siempre me contaba historias de ese lugar cuando era niña; decía que hace 20 años, en el festival anual, las tradiciones unían a todas las razas. Decía que en su época había personas con un talento y un prodigio que hoy parecen leyendas.
—”Quisiera estudiar, como mis padres querían… pero ¿cómo?”.
Miré mis manos curtidas por el viaje. Soy una aventurera de 17 años. Carlos tiene 16, ¿no? Al menos podría ser su “hermana mayor”, jeje. Suspiré profundamente. Debería dejar de decir tantas pendejadas. A veces quisiera ver a mis padres juntos otra vez, pero sé que es imposible.
Mi madre está muerta. Mi padre es un fantasma desaparecido. Y mis abuelos… esos traidores de mierda no merecen ni mi recuerdo. La única persona que me queda es Hiro, mi amigo desde hace 4 años. Él es mi verdadera familia.
Me senté en el suelo frío, exhausta. Mi madre decía que yo tenía una fuerza que superaba a cualquiera, una combinación del poder de mis padres. Pero, ¿qué significa eso realmente?
Miré el diario que tenía en el regazo. El cuero estaba desgastado. Quisiera leerlo, pero me da miedo lo que pueda encontrar ahí adentro. ¿Y si la verdad es más oscura que la mentira que vivo? Me dejé caer hacia atrás, mirando el caos de la ciudad a lo lejos, pero protegida por esta cúpula de pétalos.
—”Me siento segura aquí… y feliz de ser quien soy gracias a ellos”, pensé con los ojos húmedos. “Pero me inquieta… me inquieta demasiado lo que planea hacer Adam Soldar”.
El resentimiento hacia ese rey se retorcía en el pecho de Alicia como una serpiente de fuego. “Ese asqueroso rey de mierda… solo deseo que se pudra en lo más profundo del infierno”, masculló, sintiendo cómo el recuerdo de su madre le escocía en los ojos. Sin embargo, su atención fue rápidamente secuestrada por la figura de Carlos y el despliegue de poder que acababa de presenciar.
Sentía un escalofrío recorriéndole la espina dorsal. “Quiero probar su fuerza”, pensó, apretando los puños en un berrinche infantil que no podía ocultar su verdadera frustración. “¿Cómo puede haber tanta diferencia?”.
Mientras caminaba, los ojos de Alicia se cruzaron con una figura que la dejó inquieta.
—”Esa mujer de ahí… esa chica pelirroja, ¿quién es?”.
Sintió una conexión punzante, un hilo invisible que vibraba entre ambas. “Siento que hay algo entre ella y yo… como si hubiera perdido algo que significó tanto para ella”. Alicia sabía lo que era perder padres, pero el vacío en los ojos de esa desconocida parecía una nota musical en la misma sintonía de su propio dolor.
Ignorando el combate a sus espaldas, Alicia se obsesionó con una meta: liberar a Carlos. Tras buscar información sobre magia de sellos, llegó frente a una estructura energética que devoraba la luz.
—”Aquí es…”. Colocó su mano y el escalofrío regresó. Sabía que, si la tocaba, quedaría atrapada. El miedo la paralizó por un segundo. “¿Y si no logro salir?”.
Tragó saliva, imaginando una eternidad en la nada. Pero la curiosidad y la imprudencia ganaron. “¡A la mierda todo! Entraré porque quiero conocerlo de cerca”. Sin temor, Alicia se lanzó al abismo del sello.
🌑
Al entrar, la oscuridad era absoluta, una distorsión que mareaba los sentidos. Al fondo, Alicia divisó una escena que no esperaba. Carlos estaba sentado, con los ojos cerrados, pero no estaba solo. Shadow, Fer y Zani lo rodeaban en una calma sepulcral.
—”Carlos, dime cómo demonios vamos a salir de esta”, dijo Shadow, mirando a los demás.
—”No te preocupes, Yins”, respondió Carlos con una voz que parecía cargar mil años de cansancio. “Solo necesito dos meses. Necesito estar preparado para el festival del año, por eso dejé que me sellaran. Además… Gabriel será quien muera en mis manos. Yo soy su peor pesadilla”.
Fer asintió, mirando las paredes del vacío.
—”Este mundo es tan silencioso… no puedo creer que Shiro haya vivido así, atrapada en este sello”.
—”Es verdad”, suspiró Carlos. “Ella pasó más de un millón de años aquí dentro. Para el mundo fueron 32 años, pero para ella… fue una eternidad. Me pregunto qué tan sola se ha vuelto”.
Carlos esbozó una sonrisa triste, una que Alicia observó desde las sombras, horrorizada.
—”Quisiera volver a verla. No a la Shiro de la academia, sino a la original que conocí hace tiempo. Fer, tú sabes perfectamente…”.
—”Lo sé”, respondió Fer con gravedad. “Tú y ella tenían un respeto único. Un amor que solo ustedes dos se tenían cuando Shirou murió en tus brazos”.
Alicia sintió que el corazón se le detenía. “Shirou… ¿murió?”, pensó, ocultándose más en la oscuridad.
—”No tenías por qué recordar eso, Fer”, cortó Carlos, y su aura se volvió gélida. “Él murió por mi culpa, por no haber llegado a tiempo. Nunca supe quién lo mató, ni tampoco a Mío. Ellos significaban mucho para mí. Dejé de ver la luz del mundo y ahora todo está lleno de oscuridad… una que nadie más conoce”.
Carlos bajó la cabeza, su voz volviéndose un susurro que Alicia apenas alcanzaba a oír.
—”Siento que soy insuficiente. A veces miro todo y es como si el mundo fuera a borrarse por completo. Quisiera estar en paz… donde nadie me moleste. Pero al tenerlos a ustedes, me dieron en el clavo. Fer, tú, Yuki y los demás son como mis hijos. Si algo les pasara, destruiría este mundo por ustedes”.
Hizo una pausa amarga.
—”Pero tarde o temprano, tendré que aislarme de todos para no verlos morir frente a mí…”.
Zani y Fer bajaron la mirada. Carlos miró a Fer directamente.
—”Fer, tu orgullo es tan grande que en verdad te admiro. Eres el usuario de Sol más fuerte que conozco, pero necesito un favor… quiero que me ayudes a entrenar a Kimberly. Ella es inteligente y manipuladora, pero quiero que mejore su magia. Ella también fue elegida, tiene la misma magia que tú. Hazlo por mí… le debo un favor a esa mujer”.
Carlos suspiró, frotándose la sien mientras procesaba la política interna de su grupo.
—”Debemos tener en cuenta algo… Emilia debe estar enojada conmigo por darle la espalda. Sé que era la mejor candidata para gobernar, pero elegí a Yuki por su determinación”.
Zani y Fer se miraron antes de soltar la bomba.
—”Ahora que lo mencionas… ella es nuestra mamá”.
El rostro de Carlos pasó de la seriedad a un estallido de incredulidad total. —”¡¿QUÉEEEE?! ¡¿Cómo que…?!”.
—”Es una larga historia”, rió Zani ante el trauma de su señor. “Emilia es nuestra madre adoptiva. Ella nos dio el mismo amor que tú nos diste. Y como somos sus consentidas, ya sabes: si nos haces llorar, ella te dará la golpiza de tu vida”.
Carlos se quedó pálido, visualizando el desastre. —”Esa loca… ¿acaso quiere destruir el multiverso?”.
Pero la risa se cortó en seco. Carlos se encogió, sujetándose el brazo con un gesto de agonía pura. Una marca oscura comenzó a palpitar bajo su piel.
—”Mierda… la magia del Héroe de las Sombras… ¿Acaso mi hermano Abrán…?”.
En ese instante, una voz espectral y profunda, la del mismísimo Héroe de las Sombras, resonó en el vacío del sello, ignorando las leyes del espacio.
—”Niño… tu hermano Abrán está… en peligro. No hay tiempo”.
Carlos, ignorando el dolor, cerró los ojos para proyectar su conciencia fuera del sello. No podía salir físicamente, pero su mente cruzó las dimensiones hasta contactar a su subordinada.
—”Eime…”
—”¿Eh? ¿Quién habla?”, respondió la voz de Eime, confundida desde los pasillos de la academia.
—”Yo, idiota”.
—”¡Ahhhhh! ¡Mi amor! Digo… ¡Mi señor! ¿Qué pasó?”.
—”Dime qué pasa en la academia. Ve a ver a mi hermano Abrán. El Héroe de las Sombras dice que algo grave le sucede”.
Eime salió del aula a toda prisa, recorriendo los pasillos de la Academia Ryouou Clannad. Al doblar una esquina, el aire se volvió pesado y frío. Allí, cerca de los salones de práctica, encontró la escena.
Kronos estaba de pie, con una expresión sombría que rara vez mostraba. A sus pies, Abrán parecía estar luchando contra algo que nacía de su propia sombra, una energía que amenazaba con devorarlo desde adentro.
Kronos levantó la vista, sintiendo la presencia de Carlos a través de Eime.
—”Carlos… creo que lo que te diré no te va a gustar para nada”.
Alicia sintió que el corazón le martilleaba contra las costillas. Estaba allí, en el centro de la distorsión, observando a Carlos y preguntándose en silencio si él era la respuesta a sus problemas, cuando el frío acero le devolvió a la realidad. En un parpadeo, Zani y Yins habían acortado la distancia; las puntas de sus espadas rozaban su garganta.
—”¿Quién diablos eres y por qué estás aquí adentro?”, siseó Yins, con una mirada que prometía un final rápido si la respuesta no era satisfactoria.
—”Yo… yo…”, tartamudeó Alicia, sintiendo el peso de la muerte sobre ella.
—”Yins, ya basta”, intervino la voz de Carlos, rompiendo la tensión. Se levantó con una calma que contrastaba con la violencia de sus subordinadas y caminó hacia ella. “Perdón por las molestias que hicieron estas dos tontas, pero dime… ¿quién eres y por qué estás aquí?”.
Alicia tragó saliva, tratando de mantener la compostura frente a esos ojos que parecían haberlo visto todo.
—”Mi nombre es… Alicia. No te puedo revelar mi apellido, pero sí mi nombre. Te vi cuando fuiste sellado y decidí entrar… quería conocerte en persona”.
En ese instante, el ambiente dentro del sello se fracturó. Sin que Alicia pudiera controlarlo, una inmensa cantidad de poder mágico estalló desde su interior. Era una energía densa, antigua y vibrante que obligó a Zani y a Yins a retroceder varios metros, cubriéndose el rostro.
—”¡¿Qué mierdas es eso?!”, gritó Zani, incrédula. “¡¿Cómo es que esa niña tiene tanto poder mágico?!”.
Carlos no se movió, pero sus ojos se entrecerraron. Aquella esencia no se parecía a nada que hubiera sentido antes. Inmediatamente, contactó al ente que habitaba en su sombra.
—”Oye, Héroe… ¿conoces ese poder?”, preguntó por telepatía.
El Héroe de las Sombras guardó silencio un segundo, pero cuando finalmente respondió, su voz temblaba de una forma que Carlos nunca creyó posible.
—”¿Cómo…? Es… imposible. Esto no puede estar pasando… Creí que jamás volvería a sentir esa magia, esa esencia es del…”.
Las palabras se perdieron en un murmullo ininteligible, como si la sola mención del origen de ese poder fuera un tabú incluso para una leyenda. Carlos entendió el mensaje oculto: si esta chica poseía un poder capaz de aterrorizar al Héroe de las Sombras, no podía ser tratada como una simple pieza del tablero. Tenía que ser tratada como un igual, como un ser humano.
Carlos relajó su postura y miró a Alicia directamente a los ojos, ignorando el caos que el aura de ella estaba provocando en la estructura del sello.
—”Ya veo… creo que cuando salga de este sello hablaremos personalmente, Héroe de las Sombras”, dijo mentalmente antes de volver su atención a la chica.
—”Dime, Alicia… dices que querías conocerme, ¿verdad?”, preguntó Carlos con una sonrisa que ya no era de un guerrero, sino de alguien que acababa de encontrar una pieza fundamental de un rompecabezas que ni él mismo sabía que estaba armando. “¿Qué es lo que esperabas encontrar en este vacío?”.
—Bueno, en realidad… quería hablar contigo. Quería saber qué tan poderoso eras; al sentir tu presencia, supe que estás ocultando tu verdadera fuerza. Yo también puedo sentir tu magia, ¿sabes? —El ambiente se volvió denso, casi peligroso para ambos.
—Si lo sabes, parece que te has dado cuenta… ¿Qué más escuchaste?
—Todo. Lo oí todo. Eres un reencarnado y hay preguntas que quisiera hacerte… —Alicia bajó la mirada antes de continuar—. Dime, ¿sabes algo sobre mis padres en tu vida anterior?
—¿Tus padres?
—Sí… mis padres fueron caballeros en el Reino del Imperio.
Carlos se puso en alerta de inmediato. *¿Ella es del Imperio?* Aquella era una historia verdaderamente horrible.
—No te preocupes, adelante… pero dime, esas personas por las que preguntas, tal vez… ¿podría saber cómo se llamaba tu madre?
—Jimena.
—¡¿Jimena?! —Carlos se hundió en sus pensamientos al escuchar ese nombre—. Mira, si te lo dijera… antes quisiera que guardaras este secreto. Por favor, nadie más puede saber sobre mi reencarnación. Te lo pido porque no quiero que esto se vuelva una tragedia.
—¿Una tragedia?
—Algo que tú jamás entenderías —respondió él. Carlos recordó entonces a los que cayeron en la larga lucha; cada recuerdo, cada sonrisa y cada lágrima de los compañeros que vio morir regresó a su mente—. Sobre tu madre… su apellido es Darcy, ¿estoy en lo cierto?
—Así es —Alicia mantuvo la mirada baja—. Dime, ¿qué sabes sobre ella?
—Todo. Ella fue una caballera con un talento inigualable; nadie podía superarla en la esgrima. Yo fui una de las personas que se enfrentó a ella… Pero en aquel tiempo, tu madre murió tras la llegada del Dios Demonio. Dio su vida para salvar a todos.
Carlos hizo una pausa, midiendo sus palabras.
—Pero ella nunca me habló de ti; tal vez lo hizo para proteger tu existencia. A tu padre nunca lo conocí, pero escuché historias similares sobre lo que pasó hace tiempo. Se dice que se convirtió en alguien que solo inspiraba terror… el miedo de la misma existencia eterna. Hace cinco años, me enfrenté a un ser misterioso, un caballero oscuro. Era alguien tan poderoso que ni siquiera yo fui capaz de vencerlo, aunque estuve a su altura… fallé en aquel entonces.
Carlos la miró con una mezcla de respeto y tristeza.
—Alicia, lamento lo de tu madre. Me enteré hace unos años, cuando me fui de la academia para buscar aliados. Antes de irme al reino de los elfos, investigué sobre el Imperio y lo que encontré fueron historias sobre ustedes; nadie hizo nada para ayudarlos en ese entonces. Pero hay algo que quiero comprobar… ¿Cómo se llama tu padre?
Las manos de Alicia empezaron a temblar y su cuerpo se tensó. Su voz sonó baja, pero se mantuvo firme, con la entereza de una verdadera guerrera.
—Mi padre se llama Emanuel Clifford.
El silencio que siguió fue absoluto. Carlos se quedó mudo al procesar la información. *¿La persona con la que estuve todo este tiempo era su padre? Y ella aún no lo sabe…*
Recordó que Emanuel le había contado sobre su vida y cómo la oscuridad terminó formando parte de él. *No puede ser posible… ¿Entonces Jimena y Emanuel tuvieron una hija?*
Observó a Alicia con detenimiento. Esos ojos, esa mirada, esa sonrisa… No cabía duda, era idéntica a ellos. Eran el fruto de un amor que jamás pudo ser arrebatado; un vínculo único entre una princesa noble y un plebeyo. Una pequeña sonrisa se le escapó a Carlos sin poder evitarlo.
—Jajaja… qué hermosa es la vida, ¿verdad?
—¿Eh? ¿Pasa algo, Carlos?
—No, no es nada, Alicia. Solo que…
Carlos se guardó el resto de la frase. *No puedo decirle que su padre estuvo a punto de morir contra un dios… Tengo que mantener el secreto. No revelaré nada sobre Emanuel por ahora.*
Alicia se quedó paralizada por un momento, procesando la propuesta antes de que la sorpresa ganara terreno en su voz.
—¿Espera… voy a entrenar contigo?
—Pues claro. Además, quiero saber más sobre tu magia —respondió Carlos, mientras el aire alrededor parecía vibrar con una intensidad distinta—. Esa fuerza que sentí antes… algo me dice que es capaz de desafiar a los dioses más poderosos cada cierto tiempo. Y da la casualidad de que yo tengo un asunto pendiente con ellos; han roto el trato. Sé más de lo que aparento, al igual que el Dios Antiguo… Por el momento me quedaré aquí, viendo cómo pasa el tiempo. Valdrá la pena.
Carlos desvió la mirada hacia el horizonte, y su tono se volvió amargo, cargado de un peso que los años no habían logrado aliviar.
—A veces, este mundo parece estar tan lleno de maldad que siento la necesidad de cambiarlo por completo. Hay demasiada corrupción… Esto me recuerda a mi vida anterior, en aquel mundo paralelo. Países enteros sumidos en lo mismo; en ningún lado se puede estar en paz porque la vida siempre encuentra la forma de arrebatarnos lo que amamos. Y tú, Alicia… lo que te pasa es una prueba de ello. Tus padres nunca debieron morir a esa edad. ¿Y sabes qué es lo que más me entristece?
En ese instante, Alicia y los que estaban cerca sintieron la verdadera esencia de un hombre que ya estaba cansado de perder. Era el aura de alguien que había pasado años luchando, viviendo entre la muerte y el sabor del vino amargo. Sus ojos se tornaron fríos, inyectados con una seriedad que erizaba la piel.
—Yo… Alicia, mírame a los ojos —sentenció Carlos con una voz que parecía venir desde un abismo—. Dime, ¿qué es lo que ves?
—¡No lo hagas! —intervino de pronto Yins Shadow, con una urgencia que rompió el silencio—. ¡No lo veas a los ojos! Conozco esa mirada… está llena de dolor, de rabia, de traición. Es un odio que nadie más podría entender.
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