The strongest warrior of humanity - Capítulo 211
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Capítulo 211: Capitulo 211 pensaste que los dejaría morir
Astaroth, aún con las espadas elementales clavadas, se pasó una garra por su “cabello” de sombras, tratando de adoptar una pose galante a pesar de estar hecho trizas.
—”Esto está mejor que una telenovela”, murmuró el demonio, ignorando el hecho de que su cuerpo seguía supurando energía abismal. “¿De verdad eran así hace años? Mierda, ¿por qué me complico tanto contra ellas? ¿Acaso no ven que aquí tienen a un hombre guapo, poderoso y muy precioso?”.
El general abismal suspiró, mirando al cielo con dramatismo.
—”Es el problema de ser un ícono de la destrucción… las mujeres se distraen con sus traumas y no aprecian la estética del caos”.
Sara se giró lentamente hacia Astaroth. Su aura monstruosa, que se había calmado por el chisme, volvió a encenderse con una frecuencia que hacía vibrar los dientes de todos los presentes.
—”Y a este tipo… ¿qué bicho le picó?”, soltó Sara con una mirada asesina que prometía una muerte lenta y dolorosa. “Oye, Hina, debemos acabar con él de una vez. Ya luego nos besamos… ¡DIGO, nos peleamos!”.
Sara se sacudió la cabeza, ligeramente sonrojada por el lapsus, mientras su mirada recuperaba la lucidez táctica.
—”Como sea, ya ha ocurrido demasiado. Por cierto… ¿cómo está el Profesor William? Hace una eternidad que no sé de ese viejo gruñón”.
Hina, que seguía en guardia pero con una expresión confundida por el comentario de “besarse” de Sara, suspiró profundamente al escuchar el nombre de William.
—”¿William? Pues…”, Hina miró hacia el horizonte, donde la academia solía estar en sus días de gloria. “Sigue siendo el mismo de siempre, aunque los años no han pasado en vano. Pero ahora mismo, Sara, si no cerramos este agujero abismal, no habrá profesor ni academia a la cual regresar”.
Hina empuñó su espada con fuerza, el Poder Nocturno fluyendo de nuevo con un tono gélido.
—”Astaroth ya habló demasiado. Vamos a demostrarle que las ‘protagonistas de telenovela’ saben cómo escribir un final sangriento”.
Sara se agachó, sintiendo cómo sus músculos se tensaban como resortes de acero.
—”No cabe duda… bueno, empezamos”, murmuró para sí misma. Activó [DEPREDADOR], y su percepción del mundo se ralentizó. Los latidos del corazón de Astaroth sonaban como tambores de guerra en sus oídos.
—”Hina, es hora de lucirse un poco ante esta situación de porquería”, dijo con una sonrisa feroz antes de lanzarse al vacío.
Astaroth, a pesar de su actitud de “chisme”, no había bajado la guardia. Al ver a Sara avanzar, golpeó el suelo con su garra. Las grietas de la realidad se fracturaron y de ellas brotaron las Esferas del Equilibrio, orbes de luz blanca pura que vibraban con una frecuencia capaz de desintegrar la materia divina.
Sara, confiando en su agilidad sobrehumana, se adentró en el campo de minas de luz. Se movía como un rayo plateado, pero las esferas eran demasiado numerosas.
¡BOOM!
Una explosión masiva envolvió a Sara. El calor era insoportable; eran destellos del equilibrio, una energía diseñada para derribar dioses. Por un momento, Hina gritó su nombre, viendo cómo el fuego blanco consumía la silueta de su amiga.
Pero desde el centro de la explosión, una luz dorada y eléctrica rasgó el fuego blanco. Sara emergió, con la piel humeante pero la mirada intacta. En su mano, la Lanza de Zeus chispeaba, recuperando su forma original tras el esfuerzo de voluntad de Sara por separarla de su antigua fusión.
—”Quema… pero no es suficiente para detenerme”, siseó Sara.
[LANZA DE ZEUS: PRIMERA FORMA – DEFENSA DE ESPERANZA]
[MODO 3: BARRERA CELESTIAL]
Sara clavó la base de la lanza en el aire sólido. Una cúpula de geometría sagrada se expandió instantáneamente, desviando los restos de las esferas de luz de Astaroth como si fueran simples gotas de lluvia. La barrera no solo protegía a Sara, sino que empezó a purificar el aire viciado por la presencia abismal.
Melissa corría, saltando sobre grietas que escupían fuego fatuo, mientras las ondas de choque del choque entre Sara y Astaroth amenazaban con derribarla.
—”No puedo creerlo…”, murmuró Melissa para sí misma, su voz apenas audible sobre las explosiones. “¿Cómo diablos están humillando a ese monstruo? Parece que Astaroth no fuera nada frente a ellas… pero algo me dice que tiene un truco bajo la manga”.
Se detuvo un segundo, ajustando el agarre de su guadaña plateada mientras veía a la mujer de cabello morado —Sara— desplegar la Barrera Celestial.
—”En qué momento alcanzaron ese nivel… Esa mujer es sin duda una de los Legendarios Héroes. Es impresionante, mucho más de lo que imaginaba. Es alguien a quien se debe temer”.
Sin embargo, mientras Melissa analizaba el flujo de maná de Sara, sus sospechas se confirmaron. Notó una irregularidad en la firma energética de la heroína, una especie de “fuga” emocional cada vez que la Lanza de Zeus brillaba con demasiada intensidad.
—”Mis sospechas son correctas”, pensó Melissa, con una expresión de amargura. “Esa mujer carga con una maldición. El título de Heroína de la Esperanza tiene un costo… un sacrificio único: la pérdida de memorias”.
Melissa apretó los dientes, entendiendo la tragedia. Cada vez que Sara alcanzaba un pico de poder para salvar a otros, fragmentos de su propia identidad se borraban.
—”Si usa todo ese poder ahora, sacrificaría todo lo que ha construido. Sus recuerdos con Hina, su pasado con Carlos… lo olvidaría todo. Es una pena en verdad”.
Melissa sabía que no podía quedarse mirando. Su tiempo en este estado de “fusión plateada” era limitado y la presión de Gabriel desde las alturas seguía siendo una amenaza latente.
—”Debo darme prisa”, sentenció, reanudando su carrera hacia el flanco de Astaroth. “Si Sara llega al límite, ganaremos la batalla, pero perderemos a la mujer que Hina tanto esperó”.
Hina, aprovechando la sincronía de Sara, desató su técnica más devastadora.
—”¡Como los viejos tiempos! [MAGIA DE VIENTO: REMOLINO DE LA DESTRUCCIÓN CONITA]”, rugió Hina. El aire se volvió una cuchilla circular que succionaba la esencia de Astaroth, inmovilizándolo mientras Sara cargaba con la Lanza de Zeus.
—”Es ahora o nunca… ¡Ojalá te guste mi regalo!”, gritó Sara, su mirada perdiéndose por un instante en ese vacío que borraba sus memorias, pero entregándolo todo por el golpe final.
Astaroth, acorralado, mostró por qué era un General del Abismo. Sus ojos brillaron con un odio ancestral.
—”¡Esa humana no otra vez! Esta vez no caeré en tus trucos baratos…”, siseó, mientras sus sombras se retorcían para crear un escudo de carne y pecado. “¡[DESVELO MARCIAL]! ¡Esta técnica está cargada con la hostilidad de mil mundos! ¡Sepan cuál es su lugar, humanos sin prejuicios!”.
Una onda destructiva estalló desde el centro del demonio. La luz fue tan intensa que cegó a los tres combatientes. El sonido desapareció, reemplazado por un zumbido eterno mientras el suelo se desintegraba, convirtiendo todo el campo de batalla en polvo cósmico.
Astaroth, emergiendo de la nube de escombros y humo con una risa demencial, se jactó de su victoria.
—”¡Hahahaha! ¡Parece que salí más vivo que nunca! ¿Dónde están sus heroínas ahora?”.
—”¿En serio? ¿Eso piensas?”, una voz fría y calmada cortó su risa como un bisturí.
Melissa Smith había llegado en el segundo exacto. Usando su NIVEL PLATEADO había ejecutado una manipulación temporal menor, deteniendo el espacio por unos breves instantes para cubrir a Hina y Sara del impacto directo.
—”Suspiré con calma…”, dijo Melissa, apareciendo frente a Astaroth con su guadaña plateada rodeada de una energía estática. “Para alguien de tu calibre, no creí que fueras tan ingenuo de pensar que podrías borrarlas del mapa así de fácil. Pero, ¿qué crees? El tiempo que acabas de desperdiciar en tu discurso… es el tiempo que ellas usaron para rearmarse”.
Astaroth miró a su alrededor, dándose cuenta de que, bajo el velo protector de Melissa, Hina y Sara no solo estaban vivas, sino que sus auras se habían fusionado en una única columna de poder que amenazaba con rasgar el cielo.
Melissa caminó con elegancia hacia Astaroth, ignorando por completo el caos que la rodeaba. Su guadaña plateada descansaba sobre sus hombros, pero su mirada era lo que realmente pesaba sobre el demonio.
—”Dime una cosa…”, soltó Melissa, con una calma que aterraba. “¿Qué sabes tú sobre ese poder?”.
Astaroth, recuperándose del shock de ver su ataque anulado, rugió con rabia:
—”¡¿De qué demonios estás hablando?!”.
—”Solo responde y no te mataré. Es un buen trato, ¿no lo crees, Astaroth?”, replicó ella, su voz cortando el aire como un cristal.
Astaroth, acorralado por esa presencia que no lograba catalogar, escupió la verdad:
—”A decir verdad, yo tampoco sé nada sobre el Poder Nocturno. Tiene un nombre oculto, pero la única persona que sabe sobre esto es Lucifer. Él sabe más que nada lo que está pasando… ¿pero qué tiene que ver el poder?”.
Melissa entornó los ojos, conectando las piezas de un rompecabezas que abarcaba milenios y múltiples mundos.
—”Ya veo… Entiendo el motivo exacto. Es por eso que han estado eliminando a las personas con el poder. Por eso quieren destruir a Carlos. ¿O me equivoco?”.
Astaroth retrocedió un paso, sus ojos inyectados en sangre fijos en Melissa.
—”Estás al tanto de todo… ¿Cómo es que tú sabes sobre los planes de Lucifer?”.
Melissa se acercó al demonio, invadiendo su espacio personal con una audacia suicida. Se inclinó y susurró a su oído, con una voz que parecía provenir del centro mismo de la tierra:
—”Es porque yo… soy la misma existencia de este mundo podrido. Y dime, Astaroth… ¿qué se sentirá ser aplastado por una humana?”.
Astaroth, temblando de furia y un miedo primario, intentó recuperar su compostura.
—”Alguien como tú no debería meterse en lo que no le concierne o te mataré sin dudarlo. Agradece que te doy una oportunidad, niña estúpida”.
—”Vaya, vaya, vaya… jajaja”, la risa de Melissa fue breve y carente de humor. De repente, su rostro se volvió una máscara de seriedad asesina. “Cometiste el mayor error de tu vida”.
Sin previo aviso, Melissa movió su guadaña en un arco perfecto. El ataque no solo fue físico; fue una ráfaga de energía plateada que selló las heridas de Sara y Hina, sacándolas del radio de impacto de la energía residual de Astaroth.
—(Pensamiento de Melissa): “Al menos logré ver qué tan poderosa es esa mujer… Por ahora debo darme prisa y terminar con este trabajo sucio que provocó este idiota”.
🌑 Análisis Narrativo de Impacto:
La Identidad de Melissa: Su declaración de ser “la misma existencia de este mundo” sugiere que su nivel plateado no es solo poder, sino una conexión profunda con las leyes fundamentales de la realidad.
La Sombra de Lucifer: Se establece a Lucifer como el cerebro detrás de la purga de los usuarios del Poder Nocturno, elevando la escala de la guerra más allá de los generales.
El Sacrificio de la Maestra: Melissa ha gastado una cantidad enorme de energía para salvar a Hina y Sara mientras interrogaba a Astaroth, lo que significa que su tiempo de combate está llegando a su límite crítico.
El Error de Astaroth: Al subestimar a Melissa como una “humana”, el demonio ha permitido que ella descifre el plan maestro, dándole al grupo la ventaja estratégica que necesitaban.
—”¿Quién es esa mujer, Hina?”, preguntó Sara, sin apartar la vista de la silueta de Melissa, cuyos ojos carmesí brillaban con una intensidad que no pertenecía a este plano.
—”Ella es Melissa Ogawa, una amiga de mi hijo”, respondió Hina, su voz cargada de asombro. “Pero es la primera vez que la veo así. Esos ojos… no se parecen en nada a los de la Melissa que conozco. Angélica me contó que era un poder oculto, pero verla mantenerse firme ante un General Abismal es… es otra cosa”.
Sara apretó el pomo de su espada, sintiendo la vibración del aire plateado.
—”¿En serio? Eso es increíble… pero…”, Sara dudó un segundo, sintiendo que el poder de Melissa no era solo magia, sino algo que resonaba con las leyes del mundo.
—”Lo sé, Sara”, interrumpió Hina, recuperando la compostura y encendiendo de nuevo su Poder Nocturno. “Esa niña es demasiado fuerte. Por ahora nos salvó, pero no podemos dejarle todo a ella. Deberíamos atacar las tres juntas”.
Sara soltó una risa corta, recuperando esa chispa de confianza que la convirtió en leyenda.
—”Jeje… tienes razón. Al fin nos ponemos de acuerdo en algo”.
—”Astaroth”, sentenció Melissa, su voz resonando con la autoridad de las tres. “Tu chisme fue divertido, pero tu tiempo en este mundo se ha acabado”.
En la quietud de su mente, Melissa se alejó del rugido de Astaroth. Sus pensamientos volaron hacia Karina, la niña cuya alma fue forjada en el fuego de la pérdida absoluta.
—”Tu caso no es como el de los demás, Karina…”, pensó con una melancolía que le desgarraba el alma. “Tú no despertaste tu poder por entrenamiento; lo obtuviste cuando viste morir a tus padres. Esa tragedia te contuvo, te moldeó en un monstruo de determinación aterradora”.
Melissa sintió el eco del dolor de Karina al haber presenciado también su caída y la de Karen.
—”Has sufrido demasiado. El destino fue cruel al obligarte a ver cómo acabábamos… Dios te abandonó, igual que a este chico cuando lo perdió todo. Pero ahora, si él pierde, no quedará nadie para sostener el mañana. Ojalá sus caminos se crucen, porque solo ustedes dos, nacidos del abandono divino, llegarán más lejos que cualquiera de nosotros”.
Melissa sintió la herencia de su “yo” futuro: el Nivel Plateado. Era un poder de orden, de sacrificio y equilibrio. Pero al verse en este cuerpo joven, vibrante y lleno de una vida que creía perdida, lo rechazó con un desprecio salvaje.
—”Quédate con tu plata, futuro”, susurró Melissa, y el suelo bajo sus pies se convirtió en lava líquida. “Hoy elijo el Rojo Puro”.
Cerró los ojos con fuerza. Un latido sordo sacudió el Reino Platinos, silenciando incluso los cánticos de Gabriel en las alturas. Cuando los abrió, sus pupilas se habían transformado en rendijas de fuego. Sus rasgos se afilaron y sus ojos estallaron en un Rojo Brillante, una luz tan antigua y absoluta que era capaz de borrar la existencia misma.
—”Me prometí a mí misma volverme fuerte para proteger a Karina”, pensé, mientras mi aura roja devoraba el oxígeno a mi alrededor. “Pero hay un problema… Karen también está aquí”.
Al sumergirme en los recuerdos de Melissa Ogawa, la verdad me golpeó como un rayo: Karen Tanaka Sánchez. En mi mundo original, Carlos nunca existió, pero su hermana sí. Esto dejaba una pregunta aterradora flotando en el aire:
—”Entonces… ¿Carlos es un error? ¿Un fallo en la matriz del destino?”.
El origen del Poder Nocturno se volvía un misterio cada vez más denso. Si Carlos no debía existir, su poder no era una bendición, sino una anomalía que el universo intentaba corregir.
Ignoré los ataques de Astaroth. Eran explosiones de energía abismal tan destructivas que un solo roce significaría mi ejecución inmediata. Pero con el Nivel Rojo activo, el tiempo comenzó a fluir como si fuera miel.
Esquivé cada estocada, cada ráfaga de vacío, moviéndome con una velocidad que desafiaba la física. Bloqueaba sus hechizos con el dorso de mi guadaña, sintiendo el impacto vibrar en mis huesos.
—”¡Eres demasiado lenta, escoria!”, rugió Astaroth, lanzando una lluvia de lanzas oscuras.
Me deslicé entre ellas, elevando mi velocidad hasta convertir que el mundo fuera una fotografía estática.
Miré de reojo a mis compañeras. Hina ya sabía lo que estaba haciendo; ella conocía mi estilo. Yo no era el verdugo en este momento, era la distracción.
—”Por algo soy la carnada”, siseé, atrayendo toda la furia de Astaroth hacia mi posición, dejando su flanco completamente expuesto.
—”¡Hina, ahora!”, grité mentalmente. “¡Espero que tú, Heroína de la Esperanza, des el mejor golpe de tu vida a este abismal!”.
Sara no dudó. Sus manos se movieron con una precisión ancestral mientras volvía a fusionar la lanza con la legendaria Kogarasumaru. Al cerrar sus ojos y activar [DEPREDADOR], el mundo dejó de existir para ella; solo quedaba el objetivo.
El ataque no fue una simple estocada. Fue una liberación de aura tan masiva que el horizonte mismo pareció doblarse. El aire, antes heroico, se tornó siniestro; un viento negro y eléctrico empezó a arrancar los cimientos de la realidad, amenazando con convertir el reino en cenizas.
—”¡Ese ataque!”, gritó Hina, el terror marcando sus facciones mientras sentía cómo la presión de Sara aplastaba el suelo. “¡Mierda, Sara! ¿Estás planeando destruir este continente? ¡Hay miles de personas aquí!”.
Justo cuando la onda destructiva de Sara estaba a punto de expandirse y aniquilar todo a su paso, una chispa de energía familiar brotó del sello de Carlos. No era una energía de lucha, sino de protección absoluta.
Desde el interior de su prisión, la conciencia de Carlos se manifestó, revelando la jugada maestra que había preparado antes de ser contenido:
—”¿Pensaste que dejaría que las personas de este reino murieran?”, la voz de Carlos resonó en la mente de Hina, calmada pero firme. “No podría permitirlo. Por eso dejé este hechizo activo… por si alguien usaba un poder tan descomunal”.
MAGIA DE RANGO 26: BARRERA DE LUZ DE PÉTALOS
Millones de pétalos luminosos, imbuidos con la esencia del alma de Carlos y las enseñanzas de su padre, brotaron del suelo. Cada pétalo actuaba como un escudo individual, absorbiendo la vibración siniestra del ataque de Sara. El costo de esta magia era inmenso, un desgaste que solo un portador del Poder Nocturno con determinación de acero podría soportar.
Melissa, en su forma de Rojo puro, observó con asombro cómo la destrucción total era contenida por la belleza de los pétalos. La brutalidad de Sara y la elegancia protectora de Carlos habían creado un estancamiento de poder que dejó a Astaroth atrapado en medio de una tormenta de luz y sombra.
—”Aprendiste bien de tu padre, Carlos”, susurró Melissa, mientras su aura roja se estabilizaba. “Pero el costo de esta técnica… es demasiado alto”.
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