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The Witch 4: Insurrection - Capítulo 18

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Capítulo 18: Deudas pagadas (Tercera Parte)

(4 de julio de 2021, Seúl, 5:00 AM)

La noticia transmitida en un noticiero por YouTube daba la vuelta al mundo desde la capital coreana:

“Terror anoche en Gangnam, y la última información que nos llega desde la fuente de la noticia. Ha sido confirmado el fallecimiento del filántropo en ciernes y exabogado Lee Kyu-jin, CEO y fundador de Fundación K. Se indica por parte de autoridades policiales que el crimen fue perpetrado luego de que dos sospechosas aún no identificadas irrumpieran en el evento de apertura del Sarang Childcare Center. También tenemos confirmación de que fuerzas de respuesta rápida de Horang-i-Buseo acudieron a la escena debido a una llamada anónima desde el interior del edificio.”

Unas manos estaban ocupadas en el teclado, escuchando nada más a lo que siguió:

“De hecho, tenemos el video que este testigo grabó, mire usted. En él, podemos apreciar a una mujer arrojar al abogado, por supuesto la imagen se ha censurado por sanitización y respeto. Luego esta se dirige presumiblemente a la parte trasera de las instalaciones, y como se reportó anteriormente, luego hubo una explosión en el almacén a orillas del río Han. La sospechosa habría huido, sin que se haya dado con su identidad, pero ahí lo tiene. Si usted desde casa la reconoce, no dude en contactar a los números que dejaremos en pantalla.”

Jung-hoo se había quedado dentro de su oficina, por varios días, procesando todo lo que había estado recolectando durante los últimos cuatro años. Especialmente pesado era el paquete de información que había sido entregado por Ja-yoon, siendo desde allí que había organizado todo para subirlo a la nube.

— Debería quedar—así. Listo.

Programó la fecha y hora, sin embargo parecía que no tendría un margen holgado de tiempo para el gran momento:

“Hoffen, sus oficinas y filiales, la Fundación K. Todo era mucho más grande de lo que temía.”

Vio muchos nombres en el Archivo Guillotina, y demasiados de ellos coincidían con aquellos del resto de la investigación. Se preguntó si acaso era demasiado bueno para ser cierto:

— Casi todos los nombres corresponden.

— Eso es bueno, amor. Quiere decir que vamos por buen camino de resolver el caso. —y enfatizó— Este—caso.

Aquella mujer de cabellos esponjados le puso la mano al hombro, sonriendo con bolsas en los ojos. Este tomó su mano sin necesidad de mirarla, enfocándose en los archivos de la pantalla:

— La mayoría no tiene vínculos cercanos, porcentajes de acciones menores del 20 por ciento, inversiones mínimas.

— ¿Y los demás?

Este sonrió, como quien reconoce que alguien externo lo ha intentado engañar:

— Son totalmente responsables, sea como financistas o como parte de la nómina. Jefes de área, supervisores, científicos, otros especialistas, incluso relaciones públicas. Varios figuran ocupando más de un rol.

— Es cierto que podría haber omisiones, pero no podemos especular más allá de lo que hay. No sin evidencia.

— Ya lo sé, pero, esto igualmente no me gusta, tampoco cuando en la lista se incluye a gente muerta que no es víctima.

La mujer se cruzó de brazos:

— Hmh, como si quien ofreció la información quisiera embarrar sólo a quien le conviene.

— Sí, eso mismo, Ji-an.

— ¿Entonces lo harás?¿Lo sacarás a la luz hoy mismo?

— Es el mejor momento, y el de mayor expectativa. Y si se hace antes, es incluso mejor. Dejará a muchos en evidencia.

— Justo hoy supe que habrá una audiencia sobre el uso de los fondos de Cheong-ah y Babel. La denunciante es Hong Cha-young, la misma del caso Babel.

— Y como puedes inferir, nada de eso es casualidad; Koo Ja-yoon, ella es quien más me preocupa. Ha compartido todo esto, y sigo sin saber de qué más será capaz.

— ¿Te refieres al nombre en los archivos sobre las gemelas Baek?

— ADP Medical, Hoffen, pero también hay otro nombre. Aparece en correos internos de ellas y sus allegados, incluyendo Jang In-hyuk .

— ¿El sobrino de Jeong-na? Según lo que encontré, el ya falleció. En febrero.

— Exactamente. Pero su conexión a los chats de K debe significar algo, posiblemente un grupo de interés. Algo que Ja-yoon no ha mencionado.

— Yongsadan. La afirmación de Seo Mi-ri.

— Sí. Lo que sea que signifique ese nombre, es vital que se sepa. Alguien con ese conocimiento y capacidad de acceso a información es un jugador peligroso. El mundo debe saber quiénes son, no podemos confiarnos.

— Esto será un buen modo de comenzar la siguiente fase de la investigación. Ahora espérame, te traeré un café, hoy estás más cansado de lo normal.

Este recibió un masaje cariñoso de hombros, asintió débilmente, y siguió metiéndose de lleno en los archivos. Ji-na también tenía la mirada cansada, así que preparó dos tazas, tapándose la boca para bostezar largo y tendido.

— Sea como sea —dijo él— Llegó la hora, Koo Ja-yoon. Veamos cuán efectivo es tu plan. Y suerte, chicos.

(4 de julio de 2021, 2:00 PM)

Cha-young iba vestida en un traje de color negro, incluso sus medias nylon y sus gafas tapándole media cara. Portaba un maletín a mano, pin en forma de rama de azalea en su cabello bien recogido, su maquillaje sencillo, imperturbado por la luz ardiente del sol. Llegó ascendiendo con solemne elegancia los escalones de marmol a las puertas del tribunal, en medio de las cámaras.

Las preguntas y las grabadoras cerca de su cara se apretujaron cerca de su cara, pero ella no de detuvo ni un solo instante. Ella no escuchó, simplemente avanzó con una opresión en el pecho sobre la grande camisa en que se había metido; pero pensó en aquello que tenía, y no le podía ser quitado. Con una sonrisa de alivio, siguió a la sala:

“No te decepcionaré. Me aseguraré de que sigas a salvo. Te lo debo, Vincenzo.”

La parte demandada se presentó, encabezada por una mujer trajeada que Ja-yoon le había mostrado. Se estremeció al pensar en lo que había visto en los videos de seguridad de aquella base ultrasecreta, y cómo podía la misma sombra alzarse allí, como si todo fuese mundano para ella. Esta discutía en voz baja con el equipo de la defensoría, repitiendo órdenes que ya habían sido dadas.

Ella, por su parte, tenía a los sobrevivientes de Geumga Plaza en los asientos detrás de ella, así como a Mi-ri en calidad de técnica acompañándola. Otros presentes de su lado eran Nam Joo-sung, amigo de su padre y ahora su asesor de confianza en el bufet, además de una nueva conocida. Esta había llegado tocando a su puerta al despuntar el alba, y tuvieron una difícil conversación hasta que supieron lo que tenían en común.

Justamente acababa de llegar, a cara destapada, escoltada por dos jóvenes de la segunda generación. En su garbo y elegancia, disimulaba un sobrecogimiento atroz, no ayudando a ello los otros protectores. Ja-yoon les había dado los detalles necesarios sobre el dispositivo de seguridad al último minuto.

La abogada y la antes niña rica se miraron, cuando esta última se sentó a su lado:

— Generaste revuelo allá afuera —reconoció la abogada.

— Era de esperarse. Nunca pensé que llegaría un día como este.

— ¿Por lo que hemos pasado?

— No, un día en el que no quisiera llamar la atención de nadie.

— Ah, vaya, tiene sentido, sí—

Y cuando todos los aparentemente esperados habían entrado, se dio el anuncio:

— ¡Todos de pie para saludar a la Honorable Comisión Nacional de Justicia Especial!

La gente se levantó, y en el centro, aquel viejo jurista, el juez Cho, los observó a todos con atención, asintiendo tras saludar a la audiencia con una reverencia. Pero allí él no estaba solo; representantes adicionales de la justicia y el estado estaban allí, incluídos un fiscal especial en el lado derecho con su grupo de observación. Acompañándolo a él mismo en la tarima se hallaban una jueza de Derechos Humanos, una jueza de Asuntos Metahumanos, la cara de Horang en el tribunal, y el magistrado de Delitos Financieros. Mientras tanto, representantes de ONGs y la prensa internacional se sentaron del lado de la parte acusada, listos para apuntar el dedo o horrorizarse a favor o en contra de quien tocara su moral institucional.

Cha-young estaba nerviosa, así que respiró profundo, con la mirada despectiva de Sun-ah encima de ella. Ya detrás los representantes de Fundación K se habían puesto cómodos, con la certeza de que todo aquello se tornaría en el circo que ya aparentaba ser. La gente se volvía a sentar, y Cho apiló sus papeles como si realmente los fuese a leer; su mirada se tornó seca y fría, al pegar el mazo tres veces:

— Orden en el estrado. Esta Corte abre sesión para conocer el Caso K. A partir de ahora todo quedará grabado para el registro. Como apertura, he de someter a votación de la Comisión que el procedimiento—ehem—sea realizado a puerta cerrada—por razones de Seguridad Nacional y para protección de los menores trasladados a Sarang Childcare Center en el día de su inauguración.

El barullo no se hizo esperar, la comisión especial se puso a debatir entre cuchicheos si aceptar o no aquello, y Cha-young hizo una mueca, haciendo un ademán con el brazo, para azuzar la indiganción, las quejas de tanto víctimas como periodistas. La abogada reclamó:

— ¡Oiga, ¿cómo puede pedir semejante cosa a último minuto?! —dio una mirada al público— ¡¿Qué está sucediendo en esta sala?! —y fijó la vista en Cho— ¡Es indignante!

— ¡Silencio abogada, está fuera de lugar!

Esta se sentó, haciendo lo que debía, sonriendo con sorna, igual que la “representante Ahn” del otro lado, quien le miraba de reojo con bilioso fastidio.

— Sin nada más que agregar, alcen la mano quienes estén a favor—

— ¡Un momento! —se levantó Cha-young— ¡Miren lo que están intentando hacer!¡Primero apelan a su cara limpia y ahoran piensan volver confidencial algo que ya es de conocimiento e interés público!¡No tiene sentido que en este punto nieguen el acceso a la información!

— ¡Ya basta, abogada Hong!¡Si vuelve a interrumpir haré que la arresten por desacato!

— ¡¿Y eso por qué?! —gritó uno de Geumga— ¡Tenemos derecho a saber por qué atacaron nuestras casas!

— ¡Quiero saber cómo es que Fundación K pudo quedarse con el dinero de mi madrastra!¡¿Cómo pudo permitirse subastarlo?! —reclamó Seok-kyung.

— ¡Es verdad, no pueden negarle al público esclarecer la verdad! —reclamó Ji-an entre la prensa.

Cho pegó un suspiró y miró a la comisión, luego a sus colegas, pero estos evadieron su mirada. Este tomó de nuevo el mazo para detener el gallinero de reclamos que se estaba formando en frente suyo. Nadie cerca de Cho

— ¡Orden orden! —y afirmó— Solicitud aceptada. Votación de 0 en favor del cierre. Será un juicio abierto. Pero les advierto a todos los presentes, que cualquier nuevo disturbio o interrupción será sancionado con arresto bajo fianza. —Se sentó— Continuemos, entonces, señora secretaria.

— Entendido, su señoría.

Esta asintió y siguió escribiendo. De igual modo el bocetista continuó con su trabajo.

— De este modo, procederemos a dar palabra a la defensa. Representante Ahn, puede proseguir.

Esta se puso de pie, y comenzó au exposición:

— Saludo a su señoría y a todos los miembros de la Comisión presentes, con todo el respeto que este espacio se merece. Lo primero que tengo que decir es que todo este espectáculo es parte de una vil campaña de difamación en nuestra contra. No hubo irregularidades en la adquisición de fondos por subasta, ni se ha hecho uso ilícito de las inversiones o donaciones recibidos; tengo los recibos, nuestro historial de facturación y declaraciones de impuestos. Segundo; el abogado Lee lo único que quería era pagar su deuda con la sociedad a través de su duro trabajo y servicio hacia los indefensos. Pero esta mujer de aquí —señaló a Cha-young— no es más que una herramienta para la venganza personal de una heredera que se había declarado previamente a favor de que los activos de Cheong-ah fueran fiscalizados, y que sólo ahora que conoce lo que es la vida de honestidad y el trabajo duro, se ha arrepentido de su decisión impulsiva.

Esta mostró una foto de Seok-kyung lavando toda una vajilla y rejillas en un balde, poniendo una expresión de hastiado agotamiento. Seok-kyung agachó la mirada, con los hombros encogidos y los ojos pesados; ella simplemente no estaba lista para que el mundo viera el camino que eligió. Cha-young acarició su espalda cln visible condescendencia:

— Objeción, su señoría —interrumpió la abogada— Estas imágenes fueron tomadas sin consentimiento de mi testigo, y no guardan relación probada ni con el caso Cheong-ah ni con el actual. Joo Seok-kyung tampoco está haciendo nada ilegal en esas imágenes.

Los dos jueces de DDHH y financiero vieron a Cho esta vez, la de Horang lo ignoró, y este se aclaró la garganta:

— A lugar. Por favor, representante Ahn, limítese a hablar del caso. Por favor, ¿qué solicita ante el tribunal?

— Solicito la anulación de los espurios cargos que pesan sobre Lee Kyu-jin y mis defendidos aquí presentes. Que se pida a la abogada Hong Cha-young una disculpa pública, el pago de 100 mil dólares por daños y perjuicios por concepto de calumnias. Y que en el documento escrito se ponga en claro que Fundación K no se relaciona ni ha recibido fondos o peticiones de participación en experimentos médicos de ningun tipo.

— Su solicitud se anota para que quede constancia.

La jueza de Derechos Humanos habló:

— Sólo lo diré una vez; no son relevantes las vidas personales de los aquí presentes por concepto de derecho a la privacidad y la dignidad, ni los rumores que circulen a esta hora, a menos que se presenten como pruebas procesadas bajo peritaje. Se cede la palabra a la abogada Hong.

Cha-young había hecho colocar para vista de todos un pequeño proyector con pantalla, al menos en comparación al principal, y en este comenzó a mostrarle su evidencia principal a todos, como fotos principalmente:

— Buenas tardes nuevamente, señores jueces. El día de hoy he venido a presentar las pruebas del caso ante esta sala, que ya fueron revisadas por fiscalía. Mi acusación es que Fundación K fue creada desde un inicio como frente fantasma para la realización de experimentos genéticos metahumanos ilegales contra personas en estado de vulnerabilidad. Estos fueron auspiciados por elementos disidentes de Hoffen International contra los que se abrió ya una investigación en Estados Unidos hace 2 años. Mi tesis incluye a cómplices dentro del sistema institucional público y el sector privado de la República de Corea que coadyuvaron a Lee Kyu-jin a abrir su organización sin fines de lucro para ocultar una red de trata de personas para fines de creación de armamento biológico metahumano.

El silencio en la sala era más pesado que los murmullos.

— Será mejor que haya traído algo mejor que lo que presentó en la fiscalía. Varias hojas de evidencia fueron denegadas dado que las personas supuestamente afectadas previamente ya habían figurado como muertas —afirmó la jueza de Horang— Incluyendo a este supuesto señor K, del que hasta ahora no ha ofrecido usted evidencia convincente de que no haya sido una persona ya antes nombrada en su caso.

Cha-young se levantó en dirección del fiscal especial y su gente, llevando varias carpetas bajo el brazo, con una sonrisa orgullosa:

— Pero por supuesto su señoría.

— ¿Pero qué clase de conducta irregular es esta?¿Qué—cree que hace? —se quejó Cho.

— Objeción, no puede hacer eso, es evidencia de última hora, no ha pasado previa revisión.

— A lugar. Absténgase de estos espectáculos. Siéntese, abogada.

Ella lo miró con frío desprecio sobre su sonrisa:

— Como iba diciendo—¡ay! Ups, perdón.

Dobló su tobillo como si hubiera tropezado, dejando las carpetas frente al fiscal especial, quien le hiz paremano al juez, que lo miró de forma retadora. Ella se volvió a su asiento:

— Ejem. Bien, decía que, como podrán sus excelentísimos mirar —hizo ademán a las carpetas, y volvió a una seriedad severa— El principal responsable de estos delitos, quien ha actuado bajo el alias Mr_K777, actualmente se encontraría prófugo, y es deber de las autoridades iniciar su búsqueda y captura. Como se puede ver, y muestro en pantalla la copia, para fines de transparencia—

Mi-ri puso la imagen de los chats.

— Se puede distinguir en estos chats, sacados de una aplicación social en Deep Web, claramente cómo Lee Kyu-jin es una persona distinta de este autor intelectual K.

— ¿Cuál es su solicitud? —cortó Cho— No nos haga perder más el tiempo. Algo tan grave—debe esclarecerse cuanto antes.

— Solicito una Medida Cautelar de Urgencia contra las cuentas, personal administrativo y activos inmuebles para el cese de actividades inmediato de Fundación K, así como el procesamiento penal de los principales responsables bajo cargos de tráfico humano, experimentación médica ilegal y crimenes transnacionales de lesa humanidad.

La mesa de la CIO se puso pesada, todos se miraron con preocupación, así como los otros tres jueces. Los hombros de Cho se tensaron:

— Además, en estas otras conversaciones, podemos observar referencias directas a los experimentos, y también los movimientos financieros que lo hicieron posible y cómo se logró. Por supuesto, dispongo de los comprobantes de envío a Islas Cayman de activos tanto de Grupo Cheong-ah como de Babel, ahora propiedad de Fundación K.

— Objeción.

— A lugar.

— En tales documentos no consta ningún nombre nuestro, ni tampoco se establece el vínculo de las cuentas presentadas con Fundación K. Los nombres de las empresas ni siquiera son iguales o siquiera similares. Es una difamación muy obvia.

— Explíquese abogada —exclamó el fiscal— Veo que en este dossier existen listas de nlmbres detalladas, pero tiene razón la representante, los nombres no son iguales a los del papel expuesto.

Cha-young se llevó dos dedos al mentón:

— ¿Pero qué extraño, verdad? Hmm, qué podría haber ocurrido, bueno—

— Esto es un asunto demasiado serio —señaló el juez de delitos financieros, atónito— ¿Acaso le parece que esto es un juego, cómo se atreve—?

— Si la fiscalía me lo permite, pasen a la página 89 del dossier.

Mi-ri también colocó la imagen, y al verlo tanto la jueza de Horang como Cho tuvieron que disimular su nerviosismo. Sun-ah se mantuvo quieta y cruzada de brazos, a la espera del siguiente movimiento.

— Como podrán apreciar los nombres no corresponden a la nómina de Fundación K, ni tampoco a la de Hoffen International.

— ¿Y entonces qué tiene que ver?

— La abogada Hong habla con mucho conocimiento aparente de causa sobre mover dinero —acusó Ahn— Como si ella tuviese mucho que ver con esa clase de corruptelas.

— ¡Silencio, representante Ahn! —reclamó la jueza de Horang —Tendrá su derecho de réplica.

— Se lo doy ahora mismo, y acabemos con esta discusión. —interrumpió el de delitos financieros— ¿Qué tiene que decir en su defensa?

— Toda esta retahíla de informaciones azarosas siguen sin conectarse con las actividades reales de Fundación K. Como puede apreciar en los documentos entregados, se confirma por parte del público que nos mira y de ustedes excelencias que no hay irregularidades antes el Estado.

Las diapositivas mostraban los documentos de K, donde todo aparentemente estaba en orden. Esto hizo negar con la cabeza y dar palmadas en rodillas que estaban cada vez más confundidas respecto del asunto. No tanto así la gente de Geumga, que veía en ello los tecnicismos que casi les quita su hogar otra vez.

— ¡¿Enonces cómo explica, representante Ahn—?! —señaló Cha-young— ¡¿que estos nombres de funcionarios del Servicio Nacional de Inteligencia estén sirviendo de testaferros a Fundación K?!

— ¡Pruébelo!

La diapositiva cambió a un chat y a una foto de video de vigilancia:

— ¡Aquí lo tienen, su encargado de finanzas aquí presente contactando con un jefe operativo de la inteligencia antinarcóticos de Jeolla del Sur!

— ¡Debe estar alterado! —se defendió el viejo, del lado defensor— ¡Todo esto es una gran calumnia!

Hubo asombro, y Cha-young volteó al público:

— Este video fue revisado por peritos profesionales dentro de la fiscalía, se comprobó que no presentaba alteración o edición de IA.

La representante Ahn casi se difuminó por la rabia repentina apoderándose de ella, pero viró la tortilla hacia el otro lado:

— ¡¿Qué clase de criminal es usted?!¡¿Cómo se atreve a manchar el nombre de la Fundación?! —señaló Ahn.

Cha-young sonrió con desprecio, mientras la representante se defendía:

— Su señoría, no puede transigir esto. Si es verdad que—hay involucramiento de este hombre en tales movimientos, no nos opondremos, pero no tiene sentido que paguemos todos por delitos a título individual.

— ¡Mejor no diga otra cosa, representante Ahn, o se hundirá más! —advirtió Cha-young.

— ¡¿Quién eres tú para amenazarnos?!¡Le exijo que pruebe que Fundación K movió dinero para realizar experimentos médicos! No he visto una sola prueba indique vínculo alguno.

— Tengo las pruebas exactamente aquí, en primer lugar quiero llamar a mi primer testigo, la señorita Joo Seok-kyung.

— Tiene conflictos de interés con el dinero que anteriormente era parte de su familia política —apuntó el juez de delitos financieros — No es admisible, presente otro, o si no aténgase a sus elementos de acusación disponibles.

El fiscal especial seguía revisando con atención la carpeta, hasta que llegó al fondo de la lista. Este se puso pálido sin querer al alzar la vista, y tragando saliva evitó los ojos de Cha-young, para mirar a los demás miembros de su grupo. Estos se intercambiaron señas sutiles consternadas.

— Inadmisible, ejem, a menos que la testigo presente evidencia nueva para la revisión de la CIO en este tribunal.

— ¡Sí, así es! —exclamó Seok-kung, sacando de su bolsillo algo que levantó en la mano para que todos lo vieran —¡Esta es una cámara oculta!¡Tiene la evidencia que sus “señorías” necesitan!

Hubo cuchicheo entre los magistrados, y al final Cho se vio obligado a decir:

— Entonces procederé a tomarle juramento. De pie aquí en frente.

Seok-kyung le lanzó una mirada desafiante al avanzar, y llegó un perito con la Constitución de la República de Corea.

— ¿Jura decir la verdad y nada más que la verdad?

— Lo juro.

— Entonces adelante, pase al estrado.

Se sentó tras este, y uno de los esbirros del fiscal especial se acercó. Este comenzó con las preguntas:

— ¿Díganos, conocía a la abogada Hong Cha-young?

— Sí, así es.

— ¿Y jura usted que el testimonio y evidencias aquí presentados por ella corresponden a un vínculo entre Fundación K, funcionarios públicos y de Hoffen International en asociación para los delitos de los que ella los acusa?

— Lo confirmo.

— ¿Este supuesto vínculo, cómo llegó a saberlo usted, y cómo es que llegó a asociarse usted a la abogada Hong?

— Ella y yo nos contactamos mediante un enlace en común. Seguro el público recuerda un cado en particular en 2014. Su alias es Healer, nunca me dijo su verdadero nombre.

La gente se sorprendió, y hablaron entre ellos, sobre los periodistas de medios coreanos, que supieron de inmediato a quién se refería.

— ¿Y qué quiere decirnos con eso?¿Tiene relación con las recientes filtraciones a la prensa del día de hoy, a pesar de que la prueba o no de culpabilidad debe ser determinada por la ley y no por un juicio público desordenado?

— ¿Eso qué tiene que ver? Como le dije, nuestro contacto en común o lo que haga depende de él. Yo no puedo saber si filtra cosas o no, es lógico que no me dijera.

— Ah, ya veo, entonces sospechando que podía haber filtraciones usted no lo evitó. Y es consciente, ¿sí o no?

— ¿Y cómo podría? Sospechar algo no lo vuelve verdad ¿o sí?

— Respóndame.

Molesta, Cha-young se levantó:

— Objeción. ¿Qué clase de pregunta? No busca esclarecer nada con ello. Es irrelevante.

— A lugar. Señor fiscal, sólo vaya al tema.

Este quiso decirle con la mirada lo que había visto con la lista, pero el juez insistió en que siguiera con la suya propia.

— ¿Y qué sabe, señorita Joo, que el investigador anónimo ayudándolas, o la abogada Hong no sepan, o no tengan en consideración?

Seok-kyung tembló ligeramente, antes de decir:

— Sí, porque yo los ví. Todo comenzó cuando yo, mi hermano, su novia y mi—mejor amiga íbamos a protestar contra la subasta de Cheong-ah el 25 de febrero. T

Y todavía recuerdo cuando la gente de Fundación K nos arrolló con un camión, a hora de la tarde.

— Hubo un accidente ese día ciertamente, en la zona de Gangnam entre el medio día. Puede constatarse en los registros del 119. —intervino Cha-young.

— Puede ser, pero los reportes de tal siniestro no mencionaron nombres, y la comisaría no los reportó por razones de privacidad. Ni siquiera conocemos la matrícula.

— Pero es cierto, un camión blanco sin placas fue el que nos chocó de lado.

— Suena a una buena telenovela, pero no tiene pruebas del vínculo. Pruebas es lo que le pedimos.

— Están en los dossiers que entregué. Se solicitó bajo el acta de libertad de información que se revelaran las matrículas de los vehículos. Esto sabemos.

Cha-young mostró las imágenes.

— El primer vehículo corresponde a aquel a nombre de Joo Seok-hoon, hermano de la testigo. El segundo, su señoría, es un vehículo de renta a nombre de este hombre, quien figura como empleado de mantenimiento en la nómina de una empresa contratada por Fundación K. Fue contratado para limpiar la oficina del fallecido abogado Lee Kyu-jin.

Más barullo, más circo, reclamos de parte y parte, y otra vez el mazo llamando a orden. El fiscal se llevó el puño a la boca, antes de decir:

— ¿Cómo puede suponer algo así?

— Sé que sólo eso no sería suficiente. Por suerte hubo alguien que nos salvó de morir aquel día. Trabajaba para Healer, fue cuando lo conocí, y supe de su investigación contra Hoffen International.

— ¿Y del vínculo con Fundación K? Respóndame

— Adquirí las pruebas por un—contacto—nuestro. No me dijo su nombre tampoco, pero obtuvo video de lo que digo. Y yo misma reuní fotos poco antes, cuando nos atacaron una segunda vez.

— Abogada Hong, ¿tiene usted esa evidencia a mano? —preguntó la jueza de DDHH

— Sí, así es su señoría.

Y mostró el video del incidente en que los helicópteros atacaron in barrio en Gangrim, desde la perspectiva que ella tuvo, desde la parte del ataque:

— Fue así, yo—

Seok-kyung comenzó a exagerar, apartando la vista entre temblores no tan debidos a alguna dote actoral.

— ¡No puedo, es horrible—quítenlo!

Llegaron a la parte donde la oficial cayó protegiéndolos, y luego, ya llorando sin querer por el recuerdo, vieron los cuerpos pqueños. Todo el público se indignó, al ver de cerca que aquellos, en realidad, eran niños, con aquellos tanques de oxígeno.

— El detective privado Kim Moo-young denunció esto a la policía de Gangrim, pero no fue escuchado. —dijo Seok-kyung— La mujer que me protegió era quien nos hizo entrar en contacto—a mí y a la abogada Hong—pero eso no es todo. Ella se volvió mi amiga en esos meses; y ese día, mi amiga Jeni dio su vida para salvar al detective Kim.

Retrocedieron a la escena donde podía apreciarse un francotirador de blanco en la casa al otro lado de la calle, no muy claro pero reconocible:

— Como puede ver —dijo Cha-young con pesadez— Un asesino fue enviado, no puede ser coincidencia que al mismo tiempo mi testigo fuera atacada. Y la identidad del niño en este cuadro. Su nombre era Nam Jung-gil, era huérfano; el aparato a su lado es un suministrador de nebulizaciones de la misma marca y serie que Fundación K solicitó a través de una filial. Los nombres están en el archivo peritado antes de esta sesión.

El fiscal se quedó de piedra, boquiabierto. Tembló y apartó el puño del estrado frente a Seok-kyung. Apartó la vista y se dirigió a su asiento. El juez Cho preguntó

— ¿Tiene más preguntas para la testigo?

El fiscal respondió:

— No su señoría.

— Entonces le pido que vuelva a su asiento.

— Sí, su señoría.

— No somos los únicos compradores de tales tanques. —afirmó Ahn— La vinculación sigue siendo írrita, en cualquier caso no hace a la entidad jurídica entera—responsable.

El juez, levantando el mazo martilló con fuerza para parar el ruido:

— ¡Orden!¡Orden! —exclamó Cho— Por favor, señorita Joo, regrese a su asiento.

Esta caminó, y disimuló una sonrisa, mientras limpiaba sus ojos.

“Esto va por ustedes. Kwon-joo. Je-ni. Al fin se va a terminar, por nuestro bien.”

Al sentarse en el asiento al lado de Cha-young, la chica suspiró con un resoplido. Ya en el silencio restablecido, y oyendo a la parte defensora por su lado, un sonido llegó a sus oídos, un susurro. Esta vocecita, que pareció venir de su cabeza, luego se percató de aue venía de más atrás.

Quiso saber de dónde venía o qué decía, y aunque pronto lo ubicó, no fue capaz de entender el idioma. Se giró discretamente, cabeza gacha, hacia un joven calvo en ropas grises planas, con sus manos juntas y ojos cerrados. Recitaba lo siguiente, repitiéndolo:

— Nam. Nyoho. Renge. Kyo.

Comenzó a escucharlo, enfocandose, enderezándose en su silla mientras su mente era llevada a cada tono y nota susurrada. Pronto fue, o quizá después de mucho, no lo supo en verdad, el dolor la había abandonado, o por lo menos las aguas turbias de sus recuerdos habían amainado. Respiró en silencio para cuando la representante Ahn terminó de hablar, y la palabra volvió no a Cha-young, sino esta vez a su asesor:

— En verdad un buen argumento, excepto que tengo las grabaciones dadas a nosotros por un extrabajador de Fundación K, cuya identidad está protegida. Observe, y también se revela aquí el nombre de la persona que contactó a Mr_K777, quien por el contenido de los mensajes, sabemos también que fue funcionario de Horang. Al menos hasta su retiro tras el Incidente de Busan.

Mi-ri puso las imágenes de la grabación, y la cinta. Era una ubicación desconocida, pero los pasillos mostraban un logo inconfundible. Mostró chats de Mr_K777 con un nombre de Horang, o su supuesto alias de mensaje directo, y la mención de un “experimento” que pronto el público vería. Un sótano, y un hombre sentado en medio, sometido a pruebas con un gas. Este vomitó sangre, pero no se movió.

La tumba había sido sellada.

— Solicito entonces a esta Comisión presentar a un testigo sorpresa.

— No puede ser, ¿hay más? —musitó un periodista.

El juez Cho llevó discretamente una mano al comunicador en su oído, como si asentará el hombro sobre el estrado.

“La situación se salió de control. Si esto continúa, Kwon-sook, expondrán tu identidad. Debes desaparecer.”

“Todo está arreglado, señor Cho.”

Se estremeció al no reconocer la voz, y encontrarse de frente con un gorgoteo infernal, disfrazado de humano.

“Kim Kwon-sook se encuentra—indispuesta.”

“¿Quién es usted?”

“Yo, yo soy su Señor, contra quien ha pecado.”

“¿De qué demonios habla?”

“No importa. Ahora debe tomar una decisión. Permita que caigan las fichas que Kwon-sook utilizó. O dele la razón a Hong Cha-young para salvar su cuello. Una lo hará vivir. Y la otra lo hará morir.”

“¿Y cuál debo elegir?”

“Usted ya lo sabe. Adiós, señor Cho.”

El juez, antes de que aus colegas le dijeran algo más, dio el martillazo, colocándose de pie justo cuando la puerta de la sala se abrió. Por ella pasaron un hombre trajeado llevando una bolsa de evidencia en su mano enguantada, con una sonrisa enigmática. Junto con él, un hombre calvo, similarmente al joven que Seok-kyung vio, vestía túnica gris y negra, llevando cuentas en una mano.

Pero eso no perturbó a la prensa, ni lo que les hizo tomar fotos, sino que el hombre llevaba una piel pálida grisácea, y serenos ojos verdes.

El hombre trajeado saludó a la Comisión con ina reverencia.

— Usted—

— Me presento, por si no les soy familiar señorías. Soy Vincenzo Cassano, asesor legal en asuntos exteriores y miembro del bufet de la abogada Hong Cha-young.

— Sé quién es usted —dijo la abogada de DDHH— Pero usted no tiene licencia para ejercer en Corea.

— No la tenía, su señoría; fue un trámite difícil, pero todo está en regla. Solamente he sido llamado para traer una muestra de evidencia física irrefutable. Esta prueba que Fundación K permitió los experimentos de Hoffen dentro de sus instalaciones. Miren esto.

— Pero primero, ¿jura que dice nada más que la verdad? —interrumpió Cho.

La Constitución, y él puso la mano:

— Lo juro, y aquí —fue al escritorio y lo sacó del maletín— tengo la documentación que me hace constar como en capacidad de asesorar en temas no legales y servir como testigo en nombre de una persona religiosa como mi representado.

— Entonces díganos, ¿qué lleva en esa bolsa? —preguntó una representante de Gombumun.

— Esto es algo que ya se vio en el Caso Babel. Khoisánico, extracto opioide de uso analgésico o depresor del sistema nervioso, pero que es altamente adictivo. Los niños—usados en el atroz ataque en Gangrim—lo respiraron antes de morir.

Hubo desmayos en el público, y Ahn se levantó con brusquedad. Uno de los jóvenes que había escoltado a Seok-kyung se comunicó discretamente. Era Jae-woong:

— Jefa Koo, el activo presentó la prueba.

“Comiencen el espectáculo. Que todos vean el rostro de quien nos vio la cara.”

— Sí, señora.

Se comunicó con otro, y tocó con un dedo el muslo de su compañera, quien asintió. Bae-rin.

— Oye, Hwang. Llegó la hora.

“Ok, muy bien, ahora sí se viene.”

Nadie tuvo tiempo de reaccionar. A todos capturó por sorpresa un sismo repentino, asustando a los civiles. Los miembros de la Comisión trataron de llamar a la calma, pero otro temblor hizo caer polvo del techo, y la pantalla principal cayó al suelo junto a una lámpara. La estructura vieja comenzó a fracturarse, y los gritos fueron seguidos de una huida total de los presentes de ambos bandos.

— Vaya —dijo Vincenzo con calma— Seguro esto también lo construyó Babel.

Bae-rin, hasta entonces oculta entre los asistentes, sacó una pistola taser de mano desde el bolsillo de su abrigo. Entre la confusión, disparó el proyectil a la abogada Ahn, sabiendo que sería capaz de percibir su llegada. De repente, al ser impactada por la electricidad, se vio forzada a romper la ilusión que proyectaba en la mente colectiva.

Muchos de los que corrieron vieron de reojo una sombra del pasado, con piel de cadáver y ojos tan verdes como fuegos malignos.

— ¡Miren, es ella!¡Es la jueza Jung Sun-ah! —gritó Ji-an desde fuera de la sala.

Varios reporteros pararaon en el pasillo, no afectado del todo por el próximo colapso. Vincenzo pasó al lado de la mujer, ahora develada, guiñando el ojo, antes de salir corriendo cuando un escombro casi le cae. Cha-young le reclamó llena de preocupación, halándolo fuera junto con Mi-ri.

Los otros habían salido cubriéndose con lo que mejor podían, incluída Seok-kyung. El juez Cho salió corriendo con sus colegas, dejando todo atrás al tiempo que el fiscal especial dejaba un fósforo encendido sobre los archivos de su mesa. El único que se quedó fue el monje, y tanto la joven Joo como el mafioso lo vieron directo a los ojos.

Este sonrió con serenidad, con sus manos juntas; Sun-ah, que seguía allí de pie, se dio cuenta con horror que había sido paralizada. El joven calvo quiso ir de vuelta, pero Vincenzo lo detuvo.

— ¡No, maestro!

Una parte del techo bloqueó el paso, y finalmente el resto de la estructura cayó. La gente salió corriendo excepto ellos tres, que quedaron pasmados, capturados por la nube de polvo que siguió. El colapso del pasillo que hubiera terminado con ellos fue desviado por el escudo de energía que apareció sobre ellos.

Cuando todo se asentó, y los sobrevivientes aterrados se comenzaron a espabilar, Ark-1 se había dado vuelta entre la multitud, desvaneciéndose de la vista de Seok-kyung.

“Esa era—¿quién era?”

(4 de julio de 2021, Incheon, 2:00 PM)

Han-seok, vestido con excesiva elegancia, veía la tele desde una bodega con olor a moho, y reía al ver la noticia que esperaba:

“Explosión en tribunal de Seúl donde la Comisión Nacional celebraba el litigio en el caso de Fundación K. Este atentado presuntamente superterrorista es información de último, y todavía no se sabe nada acerca de sospechosos o móviles confirmados para el siniestro—”

Recibió la comunicación, y oyó la voz con asco:

“Esa es la señal, criatura mía.”

— Claro, señor K. Considere su encomienda hecha. ¿Alright?

Salió del lugar, una tienda de segunda mano bañada en la sangre de todos los que habían estado presentes, desmembrados con un palo de hockey tirado en medio de ellos.

— This is mine, mate.

Tomó la limusina justo en frente del local, y arrancó con camino al lugar acordado. Recorrió bostezando de aburrimiento las autopistas, sin ninguna prudencia ni interés por el bienestar ajeno. Al llegar, se encontró frente a un edificio ochentero de ventanales negros y divisiones verticales:

— Parece un edificio aburrido de oficinas. Es tal como dijo, ese maldito.

Arriba, un grupo de funcionarios con pin de dragón, y la directiva de Gombumun, el NIS y Horang estaban reunidos, discutiendo:

— Es hora de tomar acciones definitivas. La anarquía debe ser detenida, y pronto. Avisaré a las fuerzas para realizar una tarea nacional de contención preventiva —dijo el director del NIS.

— Deberemos mover numerosos recursos para ello. Y los equipos operativos principales deberé mantenerlos fuera del país más tiempo. Sobre todo al 01. —se quejó el director de Horang. —Nos arriesgamos a que las fuerzas armadas o el público acaben directamente involucrados.

— O pueden hacerme caso a mí.

Todos voltearon sorprendidos a la entrada, donde ahora se apoyaba Kwon-sook, vestida en su chompa blanca:

— ¿Y quién es usted? Fuera de aquí, esta reunión es privada.

— Lo lamento, me encargaré —se disculpó una secretaria— Por favor señorita, abandone esta sala—

Kwon-sook suspiró de hastío antes de romperle el cuello frente a todos. Estos se pararon, y sacaron sus armas ocultas:

— He venido a proponerles algo importante. No es necsaria tanta violencia. —se burló ella.

— Pero yo sí sé quién es —dijo el director del NIS— Usted daba mucho de hablar cuando dirigía Yongsadan. Supervisora Kwon-sook.

— Director, es un gusto verlo bien de salud.

— Mejor será que explique qué quiere —dijo uno de Yongsadan— O le vuelo lls sesos ahora mismo.

— Ah, usted es el supuesto director a cargo, ¿eh? Mejor cierre la boca, los adultos tenemos que hablar.

— Entonces hable.

Agentes de Yongsadan locales le apuntaron con sus armas inhibidoras desde atrás, y ella levantó las manos con un a risotada soberbia:

— Claro, como sea. Más que una propuesta, es un ultimatum para ustedes. Es tiempo de que sangre joven tome el lugar que le corresponde. Tenemos el Archivo Guillotina en nuestras manos, así que no intenten nada. Cedan la dirección de Yongsadan a esta servidora aquí presente, y yo misma les entregaré la cabeza de Koo Ja-yoon, y Mr. K, juntas.

— ¡Wow, you’re such a smartass, aren’t you?!

Por detrás de ellos, apareció Han-seok. En segundos, usando su blindaje, destrozó a los guardias como si fuera un tanque humano, a golpes. Varios directivos se echaron al suelo, excepto por el viejo director del NIS, quien sonrió con sorna;

— Bah, pero sí sólo eres otro de esos monstruos. Debí matar a Baek hace mucho tiempo. Sólo mira lo que su legado ha provocado.

— Me da lo mismo tu parloteo, viejo senil. Llámame como quieras, igual el señor K ya decidió su destino.

Este rápidamente sacó un detonador, y lo presionó.

— Bye bye.

La nube de fuego se expandió por las últimas siete plantas del edificio, y cual antorcha, la punta de este se prendió. El incendio fue visible, y causó incluso más pánico general, sobre todo a los trabajadores y oficinistas de la zona circundante, que comenzaron a evacuar.

En medio de las flamas, el blindaje de Han-seok se mantuvo intacto, y sus ojos verdes refulgieron de placer al ver a Kwon-sook envuelta en fuego, bramando de dolor y apretando los dientes:

— Hora de acabar con esto.

— Espera.

— ¿Qué quieres?¿Piensas que creería en una alimaña como tú? Pero qué ingenua

— Sabes que ya empezó. Para él somos piezas del tablero. Si nos rompemos, y tú estás cerca, nos desecha.

— Tú lo traicionaste primero.

— Él ya lo esperaba. Ese sujeto nos conoce más de lo que creemos. Por eso nos eligió.

— Bien, bien.

El tipo sacó una granada de un compartimento, mostrándosela con una sonrisa:

— Quiero entretenerme un poco. Dame tus razones por las que no debería acabar contigo ahora.

Ella liberó un gas fresco a su alrededor, apagando el fuego. Su piel carbonizada pronto comenzó a regenerase, igual que su carne chamuscada. Sonrió.

(Ansan, 2:30 PM)

Y tan de repente, la computadora de Healer sufrió una descompostura catastrófica. El software se derritió en corrientes de datos corruptos, y el sistema operativo dejó de existir justo antes que el monitor estallase. El periodista se había apartado rápidamente cuando los cables transmitieron fuego por el sobrecalentamiento, y el CPU se derritió:

— ¡Koo Ja-yoon, maldita!¡Lo sabía! De nada sirvió venir aquí.

Lo que ocurrió no le gustó nada, y menos el humo, pero lo que vio por las persianas le agradó incluso menos. Un grupo de jóvenes con cuchillos rodeando el edificio donde se ocultaba, y acercándose de prisa, al tiempo que corría hacia el primer piso por las escaleras. Oyó sus zancadas, y paredes rotas, huyendo por los pasillos, pero finalmente alcanzó un casillero.

Activó un botón, y un campo inhibidor se activó alrededor. Al abrirlo, este daba a un pasadizo secreto, cubierto de las mismas luces titilantes; allí se metió, y los sujetos los perdieron de vista un momento. Al acercarse, se miraron entre sí y a su lider:

— ¿Y ahora qué, Ji-won? —cuestionó Ryo-dan— Se nos escapó y yo quería jugar con él. Sigo molesta.

— No hay tiempo. Rodeen el edificio y métanse al alcantarillado. La orden fue clara. Healer no puede escapar con esa información vivo. Elimínelo cualquiera de ustedes, y lo subiré de rango a líder de equipo.

Los otros dijeron al unísono.

— Sí.

Ryo-dan sólo hizo una mueca desinteresada y un chasquido de lengua antes de irse a buscarlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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