The Witch 4: Insurrection - Capítulo 17
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17: Deudas pagadas (Segunda Parte) 17: Deudas pagadas (Segunda Parte) (3 de julio de 2021, Gangnam, Seúl, 7:15 PM) Hubo un tremendo barullo, señalamiento de dedos hacia la chica encapuchada arriba ante ellos.
Seok-kyung sonrió con sorna victoriosa, su corazón latiendo con el aterciopelado fuego de viejos tiempos.
Fue cuando dijo al abogado, pateando una lata de pintura que le cayó sobre la coronilla: — ¡¿Crees que eso es todo, Lee Kyu-jin?!¡Miren todos su sorpresa!
Los celulares de todos sonaron con notificaciones de mensaje, y de forma urgente, observándola de reojo, revisaron.
Por WhatsApp y Line, el público presente incluyendo la prensa recibieron las malas nuevas que hasta esa noche pocos sabían.
El abogado dejó caer su teléfono, tiritando, y miró lleno de terror a Seo-jin, quien rompió su móvil en una sola mano, dejándolo caer.
Su tez se puso pálida, e intento intervenir: — ¡Esa muchachita es una delincuente y una vándala!¡¿Por qué nadie hace nada?!¡¿Seguridad?!
Los guardaespaldas, todos ellos en realidad cazadores tipo II, salieron de entre los asistentes porta do pistolas EM rastrilladas.
El resto de asistentes sintio sus piernas temblar al ver con más atencion sus pieles pálidas mientras se acercaban a Seok-kyung.
La chica salió corriendo por encima del pasillo de ingreso, mientras los escoltas disparaban sus armas sin ningún miramiento por las vidas que hubiese de camino.
Hubo pánico y gritos, incluídos los del abogado, que se agazapó bajo en podio.
Seo-jin sonrió llena de desprecio por su esbirro, y fue aproximándose entre la gente que corría, como un fantasma.
Antes de que se diera cuenta, Kyu-jin había sido levantado del brazo con pasmosa facilidad y llevado dentro de la instalación.
— Es hora de que acabemos con esto —dijo ella.
El abogado gritó, gritó para ser escuchado: — ¿Huh, qué—?¡No, espera, ¿qué me vas a hacer Cheon Seo-jin, eh?!
—y gritó hacia atrás, para que alguien oiga— ¡¿Por qué vas a intentar matarme, Cheon Seo-jin?¿Cómo es que sigues viva?!
Su sonrisa salamera pronto desapareció cuando Seo-jin se internó en el lobby, que se apagó igual que el resto de la instalación: — ¿Así que intentas jugar mi juego?¡Di adiós, inútil!
No dudaría un segundo en arrojarlo contra la mesa de recepción, que estalló en pedazos con el impacto del cuerpo.
Fue así que Lee Kyu-jin pegaría un grito, y que al momento siguiente, dejaría de respirar, al ser lanzado como una bala de cañón.
Esta repiró pesadamente, desencajada por el enojo, y emprendio su camino al almacén, bajando un ascensor.
— Vamos, apúrate.
Se internó por los corredores a oscuras con las lumbreras verdes de su mirada barriendo el área en busqueda desesperada de algo.
Finalmente llegó hasta el área de desembarco, quedándose pasmada al ver que no había absolutamente nadie allí.
Puso la mano en el corazón, y se concentró; pronto se conectó al canal de comunicación, con su pecho subiendo y bajando: — ¿Kim Kwon-sook?
¡¿Dónde demonios crees que estás?!¡Esa gente no ha llegado a recogernos, aquí no hay nadie!
—y bufó apretando los dientes— ¿Y Jung Sun-ah a dónde se fue, por qué no me dices?¡¿Crées que no lo sé?!¡¿Por qué te atreves a tomarme el pelo?!
Del otro lado no respondió la mujer, ni tampoco aquella creadora de ilusiones, sino un tono distorsionado que le heló la viscosidad esmeralda que tenía por sangre: — Kim Kwon-sook no vendrá por usted, señora Cheon.
Ha sido capturada por el enemigo, Koo Ja-yoon; ya no le será de utilidad.
Esto la sobrecogió, pero se mantuvo firme, desviando levemente el tema que sabía sería central: — ¿Me vuelves a tratar de usted?¿Qué es lo que está pasando esta vez?
Silencio, y tomándose del cabello gritó.
— ¡¿Cómo esa mocosa pudo venir a fastidiarnos?!¡Tus zombis descerebrados sólo lo acabaron arruinando!
En respuesta solamente oyó al enmascarado reír en su oficina: — ¿Creyó que jamás sabría lo que Kim Kwon-sook hizo con los reguladores al apagarlos con esos aparatos?
Seo-jin abrió los ojos como platos, como una niña a la que su padre descubría haciendo una travesura, pero en vez de un regaño traía un palo de golf.
Recordó a alguien que, de hecho, había sido así, y por un momento se sintió divertida, en tanto K continuaba con su perorata: — ¿Que no me daría cuenta de las percepciones que transmitían los aparatos que se implantaron ustedes tres?
Seo-jin hizo una mueca burlona, llena de asco y rencor, respondiendo con puro desprecio, mientras andaba hacia la puerta de carga: — Huh, entonces no eres tan narcisista como pareces.
¿En serio creíste que no intentaríamos quitarnos tu hedor de encima?
Eres más patético que mi primer exesposo.
— He estado aguardando este momento; de todas formas iba a deshacerme de ustedes al final, cabras indignas.
De todas formas, una vez usted y su amigo muerto abrieran el Centro con la firma de—mi amor por la carne— La rompió abriéndola con ambas manos, tras sangrar por el campo inhibidor que tuvo que atravesar, sintiéndose agitada.
— Sí, ya me lo imaginaba, “Señor”.
Tu complejo de inferioridad me apestó a kilómetros desde un inicio.
No me imagino lo que habría pasado si hubieras elegido a mi segundo exesposo, pero por suerte para todos —rio— sólo dejé cenizas.
Eso debió hacerte enojar bastante; no tenía esa perspectiva antes de conocerte, pero lo disfruté, no te mentiré.
Recordó cuando salió de prisión, tras aquellos tres años de suplicio, y fue a la morgue a reclamar el cuerpo—para cremarlo.
Caminó hasta el borde del muelle, con el vestido hecho girones, pero completamente regenerada.
— No lo imagine, señora Cheon.
En comparación con los frutos que ha cosechado, habría sido una peor decisión revivir a esa basura que sacarla a usted de una fosa común.
Usted tenía un propósito, pero se ha terminado.
Se enderezó con dignidad, mirando el río Han al frente: — Hahahahah, ¿y crees que eso me importa ahora?
No podrás volver a tocarme, infeliz.
Así que ya sal de mi oído, y mantente escondido, como el cobarde que eres si no te las quieres ver conmigo.
K siguió diciendo: — ¿Que se atrevieron a engañar a su hacedor y han ganado?¿Eso es lo que realmente creen?¿Crees que esa barrera es el único medio que tenía para evitar que escapes?
Entonces observa, la hora de tu castigo ha llegado, criatura mía.
Su regulador estalló, y ese habría sido su final de no ser por su fuerza de voluntad, usando desde hace varios minutos su laringe.
Con esta había estado haciendo vibrar todo su cuerpo de tal forma que los tejidos no fueran rotos de forma abrupta por resistir, sino que la onda explosiva pasase por sus células sin hacer daño significativo.
Fue como un soplido, fuego cáustico pero nada en comparación a lo que había sentido en su vientre cuando quiso ser libre.
Cayó dejando un reguero a su alrededor, pero con la estimulación ultrasónica, su cuerpo prácticamente se reordenó solo.
Cuando estuvo lista, se convulsionó hasta que su cerebro volvió a lograr la coordinación correcta con sus músculos.
Se puso de pie, respirando hondo, y extendiendo ambos brazos, riendo a ojo cerrado: — ¿Qué significa esto?¿Pero qué es lo que has hecho?
Esta prestó atención al comunicador achicharrado, en medio del légamo del piso, mirándolo por encima del hombro: — Adiós, maldito.
Vas a pagar lo que hiciste, aunque sea lo último que haga.
Pero antes—tengo cuentas qué saldar.
Pisó las lentes que habían estado en sus ojos con la base de su dedo gordo derecho.
Sintió, por primera vez desde su reanimación, el frío de la madrugada, agravado porque su ropa se había destruido.
Su piel renovada encima se hallaba recubierta de una película gelatinosa que la hizo asquearse al tocar su antebrazo.
“Debo tomar un baño.
Y buscar algo qué ponerme.” La carcajada de K la devolvió a la realidad, y a su bullente odio: — Oh, no creas que este juego ha terminado.
Adivina a quién culparán por esto.
Los reflectores de helicópteros de Horang se asomaron sobre la otra orilla del río: — Tsk.
No soy estúpida, no tienes pruebas de nada.
— ¿Eso piensas?
Envié a un fisgón tras tu pista hace mucho tiempo.
Tiene toda la evidencia de Cheon Seo-jin viva.
Y también de su cómplice Mr.
K.
— Ya has enloquecido por completo.
Ese eres tú.
— ¿Ese soy yo?¿O realmente la K era simplemente Lee Kyu-jin a quien acabas de matar?
— ¿Qué?¡¿De qué rayos hablas?!¡No intentes confundir a nadie, infeliz!
— Adiós.
Y suerte explicándole teorías de conspiración a los oficiales de tu caso, que me permitiste silenciar de antemano con tu preciado dinero familiar.
Tus servicios ya no serán necesarios.
— ¡Maldito!
Esto la hizo estallar, usando su grito sónico cuando vio a los Cazadores rodeándola como lobos rabiosos, y disparándole.
La onda de choque fue inmensa, y a su alrededor reventó todo el almacén, reduciendo con su grito las estanterías.
Todos los contenedores explotaron, y ella fue salpicada de ascuas, al correr lejos de allí con rapidez inhumana.
________________________________________ (4 de julio de 2021, Gangrim, 5:29 AM) Moo-young estaba haciendo limpieza en el pasillo, lanzando a un uniformado de blanco contra la pared antes de patearlo al concreto.
Recibió los disparos de rifles inhibidores, aunque siguió avanzando a pesar de que estos lo ralentizaron, cubriendo su cuerpo con el de un enemigo más.
Las municiones de los rifles destrozaron el escudo en pedazos, pero le dieron tiempo suficiente al detective para disparar su pistola a la cabeza de tres.
Corrió cuando las ondas dejaron de afectarle, sus gatillos ya sueltos, pegando un gran brinco para agarrar a dos y chocarlos entre sí.
— ¡Seo Moon-jo!¡Ya sal!
Estos salpicaron su abrigo, dándole la apariencia del vengador que en su mente sobrecogida de pesar se comenzó a creer.
— ¡No te puedes ocultar!
Caminó pasando la torreta fija y desprendiéndolas del techo.
La giró del lado por el que una manada de abominaciones con formas de animales, tejidas en su forma final, se lanzaron gritando en agonía.
Tenían espinas y arneses de metal que controlaban sus movimientos, llevándoles a morder y arañar con garras de cuchilla.
Acabó con la primera tanda casi al momento, pero vinieron muchos más por el pasillo zumbante y mal iluminado.
Las manos del detective tuvieron un temblor involuntario al ver aquella abominación, pero decidió la mejor opción.
No la violencia, sino la piedad que conocía, de manos que ya no podían enfriarse más dado su estado muerto.
Y así fue que tomó granadas de sus bolsillos, tirándolas rodando hacia las cosas similares a ciempieses, arañas, lagartos.
Pasó corriendo por las paredes, esquivando los golpes y coletazos que rompían todo, amigo y enemigo.
Varios guardias fueron atrapados por las pinzas, las zarpas, fueron vistos por los ojos carentes de humanidad.
Como llegó, se fue, todo el corredor se llenó de gas nervioso, mismo que había sido diseñado para Despiertos.
La puerta trampa se cerró justo a tiempo detrás de él como para no ser quemado de dentro hacia afuera.
Todo allí estaba a oscuras, mas era el último tramo hacia un destello azul en uno de los cuartos laterales.
Los aullidos no demoraron, y humanoides con venas negras y ojos tumorosos corrieron hacia Moo-young.
Estos parecían aparecer y desaparecer a su vista, traqueteando sus dientes de metal.
El primer ataque le arrancó un brazo, por lo que se hizo a un lado para que uno de cabeza hecha con varios cráneos remoldeados no le tascase la suya.
Destrozó a uno de varios brazos a puñetazos, y este en respuesta lo empaló varias veces con los puñales oxidados en sus muñones, haciéndolo gritar.
A pesar de sus heridas, lo remató rompiéndole la pistola en la cabeza, quedando con la cara manchada de verde.
Dos corrieron a él para cortarlo en tres partes usando sus espadas bucales con probóscide jeringa en medio.
Su pantorrilla fue cortada, pero Moo-young tomó al de arriba por el cuello doble cosido, y atravesó al segundo de lado a lado cuando quiso rematar en su pecho.
Ciertamente lo atravesó numerosas veces, hasta que ya no se movió más, y usando su pie, fijó al otro al suelo, que chilló como un cerdo.
Los cuatro restantes fueron fulminados por los golpes de espada, su mano metida dentro de aquella cabeza deformada.
No quedó uno entero, antes de que el detective se alejase con una pierna herida de aquellos, en dirección al misterioso cuarto.
Al asomarse por el umbral, vio al encorvado ser de bata blanca con sus anteojos sellados, sonriendo sobre una consola.
Las pantallas los iluminaban a ambos ahora, y no había más opción que hacer la pregunta, ya con el tipo agarrado de la tráquea por la mano que le quedaba: — No me he olvidado de ti—Seo—Moon-jo.
Vas a sufrir —su voz se tornó grave— por lo que hiciste con Sun-ji.
El psicópata rio, antes de responder con voz ahogada, eufórica en su limitación: — El Amo de la Carne te dio su mano, ¡y tu la rechazaste!¡Lo perseguiste!¡A nuestro salvador!
Moo-young rugió y lo restregí contra uno de lls tableros, que estalló en chispazos y arcos de electricidad, el monitor reventando.
La luz roja de emergencia se encendió sin ningún ruido: — ¡Buscas los placeres del hombre, cuando los placeres de los dioses están a tu alcance!
Moo-young lo pateó al otro lado, despedazando otra pantalla: — ¡Sí, eso es, Kim Moo-young!¡Sácalo de tu interior, no lo reprimás más!¡Siente el hambre!
Este llegó a una terrible realización cuando estuvo lanzándose hacia él, para arrancar sus intestinos, deseando masticarlos.
Cuando se dio cuenta el líquido verde estaba en sus manos, y él estuvo por morder una especie de quistes negros olor acre.
— ¡No!
Lo tiró destripado al piso, pero Moon-jo más que agonizante se mataba de la risa en el suelo.
Retrocedió con las manos en su caebza y recordó aquella horripilante noche, en que su mundo en poscréditos adquirió una nota de infierno.
Un cuarto de concreto limpio excepto por en equipamiento médico, el quirófano, y lo que había sobre él: — Ah, sí, tú recuerdas.
Recuerdas el filo de mi escalpelo, recuerdas el aroma, la escultura de la perfección.
Y tu adoración por la carne.
Los flashes eran terribles, sobre todo cuando recordó oler la sangre de un cuerpo desollado, retorcido y con largas zarpas enfrentarle en un horror sin límites, chillando con su cabello color rojizo, saltando de un lado a otro, girando la cabeza de forma antinatural.
Pero como inició, así también acabó aquel día, y la única semblanza de normalidad en su mundo debió esfumarse, transformada en pesadilla, puesta a descansar sobre sus propias manos cuya mancha nunca habría de ser limpiada.
— ¡Cállate!
Lo haló hacia él ahorcandolo con sus intestinos y preguntó lleno de furia: — ¡¿Donde está K?!¡Dímelo!
Le dio un puñetazo, y los golpes no pararon.
Moon-jo traqueteaba sus dientes, sonriendo en un rictus de locura.
Quiso rematar, pero sabía que debía obtener una respuesta.
— ¿Recuerdas esa canción?¿Lo que ella tarareaba cuando la llevé conmigo?¿Lo que yo tararée cuando ella no pudo?
No fue de su voz retorcida tarareando una canción, no fue su alma siendo rota pedazo a pedazo por aquellas palabras, ni la mención a esa canción que ambos sabían, sino la mirada fugaz de un ojo verde hacia una consola en particular.
— Gracias maldito.
Lo pateó sobre la cabeza dejándolo inmóvil por shock, e ingresó a la computadora, descubriendo con repugnante rapidez la contraseña.
GONG SUJIN Revisó cada cosa, hasta abrir una carpeta en particular, “MAPS”.
— Bingo.
— ¿A dónde vas, Kim Moo-young?No hemos terminado nuestra charla lúdica.
Quería saber tu opinión.
Este paró sin mirarlo.
— ¿Qué?
— ¿Dónde debería poner la piel de tu amada prometida?¿En mi papel tapiz, o en el hombre mosca que cosí?
Tú sabes más de textura.
El detective se desencajó, y con un grito de locura absoluta, le dejó colgando la cabeza hacia atrás.
Seo Moon-jo había muerto al fin, de forma definitiva, en medio de haber reído al último, entre chasquido de dientes.
“ALERTA DE AUTODESTRUCCIÓN.
T MENOS 30 SEGUNDOS.” Y Kim Moo-young, de prisa, revisó la ubicación.
Tomó su memoria y lo extrajo, para entonces salir corriendo por el rastro de muerte que había dejado su paso.
Aquel día, parte de su alma habría muerto de no haber terminado todo con una granada de gas nervioso sobre el psicópata.
Debía asegurarse.
“No importa lo que me ocurra cuando acabe.
Puedes descansar en paz.” Al salir, elementos del Cuerpo Imugi lo estaban esperando en el descampado a la falda del monte, guardando una distancia prudente.
La entrada de la falsa mina colapsó, dejando tras el detective una nube de polvo; a él llegaron un par de oficiales, uno de ellos ordenando.
— ¿Consiguió extraer el paquete?
Moo-young, con su mirada perdida, entregó el aparato en su mano, alejándose por el bosque.
Y la forma del oficial vaciló un instante en el rabillo de su ojo, viendo a una chica de cabello largo.
Esta le veía con la mirada sombría, una forma de expresarle su pesar por lo que sentía, había perdido.
“Tómalo, llévaselo a tu líder y déjame en paz, Yoo Bae-rin o como te llames.
El trato queda saldado.” Los elementos de Yongsadan se prepararon para ultimarlo por la espalda, pero la chica levantó el brazo en ademán de pare: — ¡No disparen!
Déjenlo que se vaya.
— ¿Pero qué dice?
—reclamó otro— Es un testigo, debe ser eliminado.
— Nadie creyó que fuera un zombi.
Dudo que le crean cualquier historia más.
Olvídense de él.
— Sí.
Y en esto, ¿Qué procede, entonces?
— Traigan maquinaria, hay que tapar todos los accesos que quedaron a este sitio.
Son órdenes de la jefa Koo.
—dijo Bae-rin — Como ordene, señor.
Y así, este desapareció de su vista, pensando: “Debo ir por esos chicos y llevarlos a Seúl.
Rápido” ________________________________________ (17 de julio de 2021, Gangwon, 8:45 AM) — Coronel, la señal ya fue dada.
El oficial asintió, y ambos hombres se dirigieron por el pelado pasillo hacia una cámara octogonal con otros altos mandos y mapas de relieve 3D.
— Bien.
Que se preparen todas nuestras unidades, debemos estar listos para enfrentarlos directamente.
— Le informaré a nuestro general sobre la coordinación de lo que viene.
Ya comenzó la tormenta, hay que tener bien abierto el paraguas.
Aquel día iniciando pronto se convertiría en un amanecer de sol rojo, un astro de sangre que no dejaría de levantarse, y solamente los fuertes sobrevivirían, los que supieran jugar sus cartas, las fichas que tuviesen.
En su oficina el enmascarado rompió un vaso, y dio el anuncio a todas sus unidades, en todos sus sitios y casas seguras todavía en funcionamiento.
“Ha llegado la hora mis hijos, es hora de que reclamen lo que les pertenece, pues a los recogidos del seno del olvido pertenecerá la Tierra.” Un temblor en Gangrim.
Un temblor marcó la hora de la verdad.
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