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The Witch 4: Insurrection - Capítulo 20

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Capítulo 20: Ataque frontal

(18 de julio de 2021, Gangrim, 4:20 PM)

— ¿Lo encontraron? —preguntó Ja-yoon.

“No. Hemos buscado en todo el perímetro, y también usamos visión remota. Usó trampas inhibidoras en todos lados. Sólo—desapareció.”

— Incendien las alcantarillas, hasta la última donde esa rata se esconda. Te enviaré las ubicaciones conocidas que Healer usó en las zonas de Seúl, Incheon y Gyeonggi. Cortesía de Seo Mi-ri, pero no le digas, ¿entiendes?

“No, no tengo por qué” se burló Ji-won.

— Destrúyanlas todas, y toda la información que hallen tráiganmela. Te enviaré a dos equipos más que están de camino.

“¿Fulminator y Krasnaya? Entiendo que iba a enviarlos a Chuncheon.”

— Tengo activos más desechables para vigilar a Imugi. Se cerciorarán de que cumplan su parte del trato.

“Entiendo, jefa Koo.”

— Después hablamos.

Al bajar la mano de su oído, ingresó en el túnel a nivel de suelo, y el centro de Gangrim en caos detrás de ella. Pasaron a su lado dos tanquetas con arietes y parachoques en punta, así como filas de tropas de negro con subametralladoras, armaduras de infantería pesada. El símbolo del dragón que llevaban era dorado, pero llevaba el rostro del dragón de frente, con las fauces abiertas y los ojos saltones, sus colmillos afilados en franca ofensiva. Ella se encontró caminando junto a ellos en un uniforme táctico con detalles rojos y placas protectoras de polímero de pecho a pies, con su abrigo negro encima.

— Jaque.

Miró el pad en su otra mano, y sonrió al mirar una sección de pared, los motores ronroneando en sus flancos. La pantalla le indicaba perfectamente que la ubicación que había estado buscando se hallaba justo delante de ellos:

— Gracias, Kim Moo-young. Olvidaré matarte; agradécele a mi hermana. —musitó al viento, y dio la tan esperada orden— ¡Es hora, hay que entrar!

Todos clamaron al unísono.

— Sí señora.

Los dos vehículos aceleraron hasta que salieron disparados contra la pared de bloque. Pero al contrario de los esperable, no colapsó estructura alguna, sino que se reveló un sistema de escotillas secretas, una pequeña y una enorme que fue soldada hace mucho; Ja-yoon asintió con desdén. Cuando la nube de polvo comenzo a clarear, las tanquetas desplegaron cañones anchos, de los que salió una andanada de misiles que se clavaron en el metal como espinas.

— Diga hola, señor K.

La explosión liberó un compuesto naranja que devoró la estructura, y los esbirros de la joven levantaron armas, organizándose en sus posiciones de combate. Cuando la apertura fue clara, comenzó el ataque de los defensores; torretas de artillería de repetición que se ubicaban en las cuatro esquinas en la bajada de suave pendiente. Pero estas no eran automáticas, sino que eran controladas por horribles homúnculos cosidos juntos, parte animal y ojos verdes llenos de odio.

Las tanquetas avanzaron, pero pronto no estuvieron solas, sino que fueron seguidas por dos más, y en un silencio mortal, las tropas tambien se adentraron escuadrón a escuadrón, lentamente, subiendo escudos. Tomaron formaciones horizontales, y pronto se les unieron mientras el primer homúnculo con cabeza de caballo desollado chillaba en agonía, y luego el segundo cuando los cañones explotaban, y una tanqueta se prendía fuego. Varios efectivos fueron tirados de lado por aquella explosión y fueron molidos por el apoyo de las tropas de Cazadores Tipo I equipados con armas y armadura adheridas a sus esqueletos. Los refuerzos de Ja-yoon tambien llegaron como sombras.

Los de la primera generación que dirigían a los regulares vieron cómo varios de la segunda en los mismos uniformes tácticos que la joven saltaban sobre sus cabezas. Estos se lanzaron contra el tercer y cuarto homunculos, que pegados a sus armas se defendieron con brazos robóticos extras, portando sierras y aspersores de gas negro. Esto mató a uno de los de la segunda generación antes de poder apartarse, y los demás equiparon sus máscaras al instante; los cañones fueron desviados al techo.

Los jóvenes brincaron entre paredes, techo y suelo mientras Ja-yoon caminaba tranquilamente la pendiente, mirando a las tropas enfrentar a los muertos vivientes. Ella sonreía, como si la matanza de tiros allí dentro le trajera un recuerdo muy grato; pero ella lo sabía, se trataba de ver la aniquilación mutua de aquello que tanto había odiado. Escudos reventaron con los lanzagranadas de los revividos, y la pelea cuerpo a cuerpo no se hizo ya cuando muchos de lado y lado habían caído; ella los pasaba por encima.

Para Ja-yoon, amigo y enemigo dejaban de existir cuando no estaban a la altura de sostener su mirada brillando con fuego cada vez más difícil de contener. Suspiró.

Y su participación comenzó cuando los cañones se dispararon entre sí, y luego fueron cortados de tajo por las espadas de filo molecular que sus subordinados portaban. Dos de ellos brincaron a su lado, y ella se tomo su tiempo de mirarlos a cada uno mientras le asentían, afirmando el objetivo secundario cumplido; ella volvió a mirar al frente, y estos se lanzaron adelante. Los demás de entre ellos también se lanzaron, portando subfusiles EM a dos manos, esquivando los tiros y golpes de los revividos, antes de darles tiros de gracia:

— Los entrenaste bien, Ark-1. —dijo ella al viento, orgullosa.

Los Cazadores Tipo II no tardaron en aparecer, unos 10 de ellos, y fue cuando Ja-yoon soltó las manos una sola vez, terminándose los cargadores. Fue como un borrón ataravesando el sitio de batalla principal, a través de las barreras donde sus tropas y los muertos vivientes se enfrascaron en un doloroso estancamiento. Tropas de blanco ya habían salido para reforzar a su carne de cañón, fusileros y granaderos comenzando a causar más bajas entre los refuerzos de Ja-yoon.

Hizo pedazos a los monstruos que se atravesaron en su camino, con puro poder telequinético, lanzandolos mortalmente contra las paredes donde quedaron incrustados. Con placas de armadura más fuertes y armas de varios tipos unidas a sus cuerpos, los Tipo II restantes se lanzaron al ataque en manada. La joven se deslizó hacia atrás de uno, balanceandose del cuello de este antes de acertarle un tiro en la nuca, derribándolo. Lanzó una de las barreras contra un segundo y un tercero, que sí logró saltarla para tiratle flechetas explosivas.

Esta dio un giro en el aire para evadirlas y darle una patada doble en el pecho, cuya reacción cinética de vibranio usó para clavarlo al techo. La joven se impulsó al suelo dando un giro para caer de pie, rompiendo el piso en su choque. Sus subordinados de la segunda se aprestaron a ayudarle con otros cuatro, a los que vio de reojo antes de que fueran mortalmente interceptados. Ella corrió generando una onda sónica directo a un quinto y un sexto; no los bloqueó primero, sino que hizo el torso hacia atrás, tomó el rifle EM de uno y lo azotó a la cabeza del otro, agachándose, desviando un golpe y disparándole todo.

— Qué decepcionante. —dijo al verlos caer.

Rompió el esternón de uno, sacándole chispas, luego pateó hacia atrás contra el abdomen de otro, que salió rebotando. Ella misma, con la reacción cinética, le hizo llave al primero y girando en espiral lo decapitó usando su cuchillo.

Dejó que este se fuera a chocar, pero ella misma saltó a la pared, y disparó cuando percibió en su dirección la puntería de soldados de blanco con cañones láser. El primero cayó con un tiro limpio, pero pudo ahorrarse el segundo cuando un haz de fuego púrpura recorrió horizontalmente sus posiciones haciendo un ruido de materia siendo achicharrada. Restos flameantes quedaron en ese rastro de destrucción, y al levantar la vista a donde había entrado, divisó un ancho blindado acercarse.

Era un tanque K2, con el símbolo de Imugi y una torreta secundaria láser que humeó al apagarse, esperando unos segundos mientras recibían fuego enemigo que rebotaba sobre su grueso chasis. Se posicionó en el ángulo correcto y frenó, desplegando patas para su mejor fijación, apuntando sus cañones en una fila horizontal contra la puerta de concreto y metal dentado, que era el obstáculo final. El rugido de los proyectiles de penetración antibúnker resonó en toda la cámara uno a uno, y como resultado, la estructura se fragmentó, reventando en un santiamén.

Se derrumbó y los agentes de Ja-yoon se cubrieron tras las barreras o las tanquetas, replegándose de forma apresurada mientras los vehículos avanzaron. En tanto los muertos que quedaban fueron inmovilizados por los escombros, la formación de Despiertos, armada hasta los dientes, se lanzó al combate, encabezados por los de primera generación. Nunca esperaron que de entre el polvo se manifestase la firma psíquica repentina de un ser como ningún otro que hubiesen enfrentado.

Ja-yoon lo reconoció cuando su perfil apareció, tenso, rugiendo con una potencia antinatural; aquel grito sónico provocó que el proyectil del tanque se atorase en su cañón, y quedase inutilizable. La joven sin embargo se le quedó mirando, tras haber esquivado con gracia a un lado; su hermana había entregado el informe de lo que encontró en el otro sitio, y Ryo-dan, con su morbo de siempre, había tomado la fotografía en los archivos que hallaron allí. Ahora aquel experimento de K se presentaba no como un hombre, sino como una bestia impía, que partió a los enemigos más cercanos a la mitad usando su telequinesia.

— Así que este es él. Mo Tae-gu.

El ser se abalanzó de un salto contra Ja-yoon, pero los de la segunda generación se lanzaron al mismo tiempo con sus espadas. Cortaron la carne, y para su desgracia, cada corte que se permitió recibir se regeneró con rapidez, seguido por un brutal contraataque físico que excedía la velocidad del ojo humano. Sus ojos verdes se posaron en cada uno de los modernos espadachines, dejándolos fuera de combate y casi muertos con golpes críticos.

— No podía ser nadie más que otro despreciable asesino.

De repente habló entre gruñidos animales:

— Muerte por matar. El motor perfecto de la purga. El impulso puro de la evolución.

— ¿Por qué no vienes a decírmelo a la cara?

La joven lo enfrentó lanzándole pedazos de los cañones automáticos en forma de una corriente binaria que le arrancó trozos. Pero este, tras caer, simplemente sonrió con los ojos entrecerrados y la mirada vacía, con una jadeante carcajada en los labios, y venas negras pulsando junto a las verdes de su cuerpo. Este lanzó su gancho a la sien de Ja-yoon, pero ella lo bloqueó, enfocando su mente para tratar de paralizarlo, y sin embargo este siguió moviéndose con determinación mecánica.

— El Amo de la Carne te quiere probar. Quiere tu carne. Tu sangre. Hasta la ultima gota de médula y el último tendón. Sólo entonces podrá probar que tu alma es poco más que un impedimento. Él te desafía.

— No me importa. Hoy es tu final.

Con un impulso sorpresivo, le hizo el espinazo hacia atrás, cosa que lo hizo rugir de ira, todavía intentando llevar sus brazos a su cuello. Y súbitamente se enderezó para darle un puñetazo en el pecho que la hizo rápidamente para atrás, resquebrajando el concreto bajo sus botas, que echaron humo. Esta se detuvo con una onda de choque, antes de resumir el combate con la pistola EM que había estado reposando cerca del cadaver de un primera generación.

Disparó al hombro, a la clavícula, y el proyectil al chocar se calentó quemando la piel, y revelando la armadura gruesa debajo de ella. Mo Tae-gu se miró y rio de vuelta, corriendo a ella con sus ojos nuevamente nublados por la bestialidad; patada de Ja-yoon, abolló la prótesis de su cadera, y un golpe con el cuchillo raspó el metal pero sin efecto duradero. Clavó una vez, dos veces, tres y cuatro veces más, su puñal entraba en los entresijos, pero el tejido se regeneró por completo.

El ser golpeó contra su abdomen, pero ella usó su parálisis para parar el impacto, las ondas cinéticas esparciéndose y rebotando en el blindaje. Las ondas secundarias comenzaron a comprometer la estructura entera, mientras el asesino levantaba escombros para aplastarla con prisa. Ja-yoon los usó para pegar zancadas, dando vuelta en el aire contra la gravedad para disparar una vez más, esta vez a la espalda.

Se lanzó con el cuchillo rajándole un flanco, para luego ser golpeada por un pedazo de columna contra la pared. Utilizó entonces un terrible poder, al comenzar a convertir toda la materia en polvo disecado, acercándose más y más a Ja-yoon. Esta podredumbre entrópica comenzó a permear, auque la joven fue capaz de ver el verdadero truco de su oponente.

— Boom.

Los proyectiles EM estallaron en masa, tirándolo en pedazos por todos lados, y acabando con los últimos seres de K, las tropas al ver cómo volaba en pedazos celebraron su destrucción. La gloria, sin embargo, duró muy poco, cuando aquellas partes que habían volado y deformado se comenzaron a retorcer con maligna voluntad, caminando con patas negras para reunirse en la forma de un ser roto. Este sonrió con la mandíbula distorsionada, y Da-mol, levantándose de entre los escombros, se abalanzó con su espada para clavársela en el cráneo; la hoja acertó, pero la entidad usó su poder para estrellarla contra la rampa. Esta rodó rota, y quedó severamente herida, obligada a pasar a aquel estado de catatonia que la caracterizaba.

— Tu teatro no me sorprende —afirmó Ja-yoon— Si quieres mi cerebro o algo más, sólo ven y sácamelo.

Por debajo suyo comenzaron a deslizarse pseudópodos negros, con afiladísimas espinas, creciendo como un jardín de agujas. La rodearon desde todas direcciones, incluso desde la pared, y fue entonces que sus esfuerzos dieron frutos después de todos estos meses.

Ella se burló diciendo:

— Animal bruto. Tú y tu dueño comprenderán por que estoy a otro nivel.

El ataque del asesino fue parado en seco, él mismo paralizado, y las tropas de Ja-yoon habían montado filas de cañones inhibidores, que sacaron de las tanquetas y calibraron duranre todo ese tiempo. Los interiores de estos brillaron en un tono verdoso tras terminar su calibración, disparando a toda potencia; Ja-yoon se quedó indefensa y comenzó a sangrar, pero para su dicha, ella ya había asegurado una cosa. Y esta fue la que ahora daría sus frutos, cuando Mo Tae-gu cayó vomitando sangre verde, y las venas negras comenzaron a brotarle del cuerpo, como un pelaje execrable que chillaba al vibrar.

— ¿Qué cree que hace? —dijo Ja-yoon con falsa angustia— Estas malas copias me tienen cansada.

Un altavoz se encendió desde el interior descubierto de los laboratorios, donde el personal permanecía escondido entre la iluminación zumbante de las halógenas:

“¿Crees que no preví esto? Ellos ahora la buscan en todas partes, Koo Ja-yoon. El loto lo conocen; no importa si me vences, me aseguraré de que jamás tengan paz. Datum Point pagará, luego ellos.”

El asesino se postró chillando como un animal herido, comenzando un proceso horripilante en su fisionomía.

Contrariamente a lo esperado, la espalda de este comenzó a abrirse como una cáscara de fruta reseca al sol, su torso a expandirse, y sus placas de armadura a reflejar brillo. Su carne se fue tornando negra, y la cosa que antes tenía una forma humana se fracturó, quedando obligadamente, deforme como cuadrúpedo, sus manos elongándose. Su cabeza con la hoja clavada también se transformó, su mandíbula se elongó partiéndose a la mitad en medio de gritos huecos, sus dientes se volvieron perrunos.

La cosa resultante aulló lanzando pulsos infrasónicos, que mataron a las tropas de manera instantánea. Los conductores de las tanquetas, sin embargo, habían presionado un botón en específico; el desencadenante del comando que pasaba la activación de los inhibidores de forma automática. Desde las tres tanquetas aún funcionales también salieron emisores que sincronizaron el resto de unidades.

— La IA de comando de Imugi es realmente útil, ¿no te parece, K?

La bestia cuadrúpeda no dijo nada, pues en realidad nada podía decir por sí misma. Expulsó una serie de colas serpentinas que chocaron contra el concreto, azotándolo, empalándolo, y luego mataron tanto a propios como ajenos, que se fueron a los infiernos gritando y ahogándose en su propia sangre. Estas no solo aplastaban sino que tenían ojos, y tenían dientes con los qué morder, patas segmentadas que se formaban y desaparecían casi tan rápido.

Pero también estos eran escupidos de vuelta, deformes, llenos de queloides escamosos, dientes y bocas serpentinas, sus torosos anormalmente flexibles.

— ¿Creen que soy tan tonta de enfrentarte sola?

Por medio de la rampa, rondas de .70 mm volaron como saetas hacia las abominaciones humeantes; era el último tripulante herido del tanque, usando el cañón de repetición. Ja-yoon no tardó en darse cuenta de que aquello último no era verdaderamente biológico, no del todo, no cuando vibraba al partirse y se reformarba como proyecciones de sombra. Por suerte, ella misma se anticipó a los hechos, y había asegurado de que eso no la importunara; vio un casquillo que rodó con inesperada gentileza a sus pies.

Lo recogió, y sonrió al ver el símbolo de un caparazón de tortuga, en medio de dos frases en hanja:

“Que Imugi sea sellado”

“Que el Dragón se alce”

Al acertarle aquellos proyectiles, Mo Tae-gu, o lo que ya no quedaba de él, se lanzó a devorar a su enemiga. Esta saltó sobre su espalda, esquivando en un giro imposible tres colas que intentaron arrancarle la piel y destrozarla en pedazos. En el suelo la recibieron más aberraciones escamosas, a las cuales los tiros habían acertado, atrapados en sus cuerpos.

No solamente eso, sino que el efecto de aquella munición comenzó a notarse; en unos segundos más, las criaturas se retorcieron en agonía. Atacaron con más furia que nunca, mientras un fuego frío las incendaba paulatinamente, convirtiéndolas en poco tiempo en vulnerables masas de materia tangible. Ja-yoon se movió entre ellos enactando una danza mortal, y varios de sus despiertos de la segunda se le unieron, recuperados.

Al ver el ademán de su líder, se levantaron de un salto, y cortaron con sus espadas las colas del horrible monstruo cuadrúpedo, que al perder contacto procedieron a pudrirse. Estas se redujeron a cosas parecidas a cuerdas resecas, y del mismo modo la joven, al terminar de destruir a los monstruos humeantes, pasó debajo del ser, cortandole el vientre con el cuchillo. Al frenarse con la hoja, de vuelta al frente, tomó desde la distancia la espada de Da-mol, aún inerte, y describió un arco en parábola justo en el momento indicado, cortándole la cabeza.

Se puso de pie, jadeando una sola vez:

— Sólo queda uno.

Refuerzos adicionales habían llegado, y habían visto, aquella última parte, igual que los supervivientes. Se habían quedado pasmados viendo lo que aquella a la que sólo habían conocido a través de rumor, y luego del miedo o la voz de mando. Ahora la habían conocido como el sujeto del PROYECTO: ARCO que había destruído a la familia Baek y a los superhumanistas. Conocieron a Ark-2.

— ¡Viva Koo Ja-yoon!¡Viva Yongsadan!

Las tropas gritaron sus vítores al unísono, levantando el puño varias veces. Esta los escaneó con la mirada severamente, sin mostrar reciprocidad. Manchada y sucia, gritó su orden:

— ¡¿Se quedarán ahí parados?! —y fue señalando— ¡Ustedes, recuperen a los heridos y muertos!¡Ustedes al medio, síganme, destruyamos este maldito lugar!¡Y ustedes, encárguense de borrar nuestro rastro!

— ¡Sí!

Todos se dividieron en sus formaciones, cada oficial dirigiendo a su pelotón, y los más pesadamente armados detrás de Ja-yoon, accediendo a los laboratorios de K. Fueron recibidos por un enjambre de pequeños seres con máscaras y tanques de khoisánico en la espalda, sólo que con explosivos en sus pechos y patas afiladas de araña. Las tropas se estremecieron, pero sin ninguna cumplieron su deber al abrir fuego con saña contra aquellas miserables criaturas profanadas.

Las fundaciones se debilitaron por las explosiones, y cayó incluso más polvo. Ja-yoon observó, calculó, para finalmente exclamar:

— ¡Nos quedan menos de cinco minutos!¡Destrocen lo que vean!

Dispararon sus lanzagranadas a las criaturas restantes, a los de escafandra escondidos en los bloques de hacinamiento, volaron en pedazos las mesas de operaciones desde la borda donde estaban. Lo que había sido la oficina de K y el bloque debajo fue volado por cuatro cohetes, y todo salió despedido por los aires; Ja-yoon revisó todo con su visión remota, cuarto por cuarto, y el interior de las cápsulas, ahora vacío.

— Él no estaba ahí. Pero está acorralado. ¡Lancen explosivos!

Las granadas de mano, cilindros con una luz roja, fueron lanzados, y estas reventaron la zona de las cápsulas, que quedaron como plástico doblado y derretido.

— Voy para allá.

— Señora —dijo el oficial— No es seguro, deberíamos retirarnos, no podrá escapar.

Ella replicó sin mirarlo:

— Terminen aquí y váyanse. Me contactaré contigo luego.

Él no necesito ver el brillo predatorio en sus ojos para sentir lo que había removido debajo de aquella delicadeza. Hizo saludo militar y asintió, gritando la orden de replegarse.

Ja-yoon saltó la baranda y se dirigió a su objetivo.

Fuera, la gente bajo órdenes de la joven, y el Cuerpo Imugi, no se habían quedado de brazos cruzados. Justamente en la zona por la que salían las alcantarillas desde la base de K, Ark-1 y tropas de Yongsadan habían estado haciendo la limpieza, bloqueando a cualquiera que de allí saliese. La muchacha pálida acabó de convertir a otro cadáver andante más en una mancha verde contra ladrillo, y se alzó meditabunda de entre el polvo.

Su mirada denotaba una ansiedad creciente, al observar su alrededor. Parecía que habían terminado su trabajo en aquella zona de callejones y casas evacuadas, al menos la mayoría, pero ella claramente aún esperaba algo. Recordó lo que decía el papel que el comandante de Imgui le había dado:

“Soy el Señor de Toda Carne. Soy el Alfa y Omega. Quito y doy la vida. Y a Datum Point en verdad le digo. La vida de los que amas fue devuelta. Ven a mí y cree.”

Por supuesto, ella no había ido a la base de K, sino que estaba allí, viendo cómo en ese preciso instante tanquetas de Horang se presentaban, y sus efectivos bajaban. Estos levantaron sus armas al verla, y la gente de Yongsadan hizo lo propio para comenzar con el inmediato combate; Ark-1 se lanzó de inmediato, pero tuvo cuidado. Abolló e inutilizó las primeras dos tanquetas con abolladuras telequinéticas precisas, destrozando sus rines y ejes sin tocarlos.

Fue difícil verla realizar su siguiente ataque, pero para cuando terminó, todos los hombres de Horang habían sido noqueados y heridos, mas ninguno, de acuerdo a los escáneres biométricos, estaba muerto. Las tropas de Yongsadan, que se habían aprestado en sus posiciones de combate, bajaron sus armas, quedando incluso más perplejos cuando no tuvieron tiempo de interceptar una nube de drones kamikaze. Ark-1 ni siquiera tuvo que mirarlos, y estos brillaron en un azul calmo antes de caer como una lluvia ligera de cenizas sobre sus cascos.

La miraron. Y cayeron de rodillas ante ella, sin siquiera buscarlo. Cabeza en tierra. La muchacha pálida los observó:

“¿Poder?¿Es lo único—que se respeta—en la vida?¿Nada más—importa en este mundo?”

Una voz femenina, pero gutural, que parecía sacada con tirabuzón desde las cuerdas vocales que la pronunciaban, acarició su percepción como una pica:

— ¿Por qué no fuiste a vernos?

Ella volteó, y al verlo, fue ella quien sintió debilidad en sus piernas. Una voz masculina, la de un joven, agravada y rencorosa, secundó a la primera:

— ¿Por qué nunca nos buscaste?

— Yo. Y—yo—yo no—

Con pesar, se sintió derrumbarse. Siendo consciente de que no sólo ellos, sino ella misma, se hallaban en peligro, volteó a ellos. Mantuvo para ellos la máscara de la muerte en su rostro, sentenciosa:

— Váyanse. Me encargaré de esto.

Y estos, sintiendo su potentísima emoción a pesar de la mera humanidad de la mayoría, salieron corriendo por el callejón detrás de ellos. Sus posturas tiesas, sus pieles pálidas, y en sus pieles marcadas de forma intencionada las mismas heridas que tenían la noche en la granja.

— Kyung-hee —y más grave, más desgarrador— Dae-gil. No, por favor.

Ark-1 cayó rendida de rodillas.

Era verdad. Los dos hermanos estaban allí, de pie, sus ojos como fuegos enfermizos mirándola directamente. Escleróticas inyectadas en venas negras, rostros contraídos, dientes presionados al punto que parecía iban a romperse. Y al alcanzarlos, sentir su aura no sólo plana, sino que dentro de ella fluía una corriente circular, una cadena empírea.

Dolor. Sus mentes estaban sufriendo. Ella sintió que su voz faltaba. Sintió su hambre.

— No—lo hagan.

Apenas negó con la cabeza, dando un resoplido gutural antes de que los revividos se lanzasen a atacarla de un salto, con garras de metal implantadas en las manos. Ella no pudo contraatacar, los esquivó con facilidad, pero entre más peso sintió en toda su alma, más vacilantes fueron sus maniobras, y a cada segundo, cada retroceso por callejones, saltos largos por muros, paredes, techos, su deseo imposible se hacía más fuerte. Quiso que, a cada intento de mordedura o zarpazo, aquellos días regresasen, que ella un día despertase para encontrarse a sí misma durmiendo en aquella cama caliente. Quiso verse a cada techo roto, cada pared derrumbada, cada fachada estrellada por sus cuerpos al fallar sus ataques, o su aliento ácido, que los tres estuviesen en el campo recogiendo heno, o en el camino viajando al supermercado.

Lo más pesado de todo era saber que, precisamente, aquello jamás podría pasar, no de nuevo. Sus gemidos sufrientes, su forma de mirarla mientras la atacaban, le decían todo aquello que necesitaba hacer. No podía negarse, no quería tener que hacerlo, pero estaban cada vez más cerca de que alguien inocente, oculto en alguna habitación, saliese lastimado. Y el tiempo se terminaba, por lo que la decisión era impostergable; Ja-yoon ya tenía su as bajo la manga, pero no, la muchacha pálida no escaparía.

No podía ya salvar sus desecrados cuerpos o sus terminadas vidas, esquivando cada golpe, cada cortada, pero sí podía salvar algo mucho más importante. Sus almas, y su libertad.

Con resignación sombría, se hizo a un lado y comenzó a correr por las calles, hasta llegar a una avenida, donde una bomba de gas negro de K cayó cargada en un obús. Vio a los agentes de Horang y soldados del ejército, y los sacó del peligro haciéndolos volar aterrados en dirección a una terraza cercana. En cuanto a los hermanos, los obligó a perseguirla allí abajo, rodeandolos con un vórtice esférico hecho de restos de vehículos abandonados, tan afilado que por reflejo no se atrevieron a intentar salirse.

Al descender, actuó con brevedad. Al absrober de a poco la nube negra, sus cuerpos temblaron, y su coordinación falló. Pero ella no habría tenido corazón de darles tan lento final, así que lo usó para dar su golpe.

“Gracias Kyung-hee. Por no juzgarme . Por acogerme en tu familia y enseñarme—que existe luz en la vida, y que trabajar por lo que quieres—no es una pérdida. Por compartir tu pasado, tu presente, por confiar en mí, y refugiarme en tu hogar. Que el bien que hiciste te sea devuelto. Y tu próxima vida—sea muy feliz junto a las personas que amas.”

Esquivó un zarpazo final, y dio un golpe a mano firme en su cuello, con potencia supersónica e hiperenfocada. Las cervicales reventaron adentro como globos, y en un instante, el cuerpo quedó flácido, cayendo entre boquidos ahogados. Volvió al vacío de Todo, de donde había sido arrancada.

Asimismo, tuvo que enfrentarlo a él. Caminó con aparente tranquilidad hacia él, y cuando este se preparó para atacar, ella se movió. No se apartó, sino que hizo algo que hasta entonces sólo había hecho por su propia hermana:

“Sufriste mucho por tu familia. Pero te conocí, sé que tenías miedo, y aún así elegiste ser valiente. Eras más fuerte de lo que creías, el chico más noble, el más dispuesto a entregar sin esperar nada; amé ver el mundo—con tus ojos. Tenías un corazón muy puro, y lo que sentías por mí—era algo hermoso. Nunca pude decírtelo.”

Ark-1 tragó saliva, esquivando un último golpe a su rostro, y preparando el suyo:

— Pero yo también—empecé a sentir lo mismo. Por eso te salvaré—

Ark-1 se giró a espaldas de él, y acertó con dos dedos directo bajo su nuca.

— De ti mismo. Los salvo a ambos.

Lo estrechó entre sus brazo, y tras unos momentos, lo dejó caer. El silencio fue absoluto, en el momento en que el comunicador en su oído volvió a la vida:

“Aquí Delta-Actual, ¿me escuchan?”

Respondió pero sin decir nada, interrumpida en los pensamientos que comenzaban a formarse en su mente:

“Aquí Delta-Actual. Responda Ark-1, ¿me recibe?”

— Lo oigo.

“La bomba inhibidora ha sido embarcada. Repito. La bomba inhibidora ha sido embarcada. El pájaro subirá a la línea de alta atmósfera en T menos 20 minutos.”

— Entiendo. Gracias por su colaboración, comandante.

Su mirada estaba perdida en los dos cascarones sin inherencia alguna, sin aura ni rastro sutil alguno de lo que alguna vez fueron.

“Gracias a usted, señorita.”

Bajó el comunicador, y lo dejó en el bolsillo de su abombado pantalón color cartón.

— Ya no habrá más dolor para ustedes. En esta vida. Que el Cielo—les tenga piedad.

Con el corazón encogido, ella bajó para sentarse a su lado, cruzando las piernas, e impuso sus manos para acariciar sus cabellos. Su pecho se agitó por la congoja, y dos pesadas lágrimas corrieron al tiempo que sorbía los labios, y suspiraba entrcortado; al fin liberó el hilillo de un alarido. Agachó la cabeza, dejando que aquellas brillantes lágrimas como joyas perlaran su caída a la nada en el asfalto, donde las acompañó el llorar del cielo.

Varios suboficiales se apresuraron hacia ella, hasta que llegaron a pocos metros. No pudieron avanzar más, al sentir una emoción azul oscuro, y oler una corriente de tristeza. Se quedaron de pie, y tuvieron el impulso casi al mismo tiempo de bajar sombreros.

Nadie allí se atrevió a cuestionar lo que hacía allí, ni a interrumpirla en su duelo, mientras el aguacero causaba picazón en sus pieles. Las toxinas liberadas en la atmósfera estaban siendo lavadas, los muertos una y dos veces eran limpiados y llorados. Su visión remota se extendió por toda Gangrim hasta la última calle, la última casa y departamento, tanto sufrimiento. Ella pagó sus respetos, encorvándose hasta quedar postrada entre los dos.

Aquellos que tanta felicidad le indicaron en la vida, y fue cuando recordó el templo. Ese día en Vietnam, cuando sintió que se había cansado, y se dejó caer de rodillas. Y recordó la frase, tomandolos de las manos:

— Kyung-hee. Dae-gil. —y musitó, tras una pausa— Sólo perdemos—aquello a lo que nos aferramos.

Comenzó a respirar, en medio de sus sollozos. Buscando un vacío que ni siquiera Ja-yoon conocía, uno donde lo había todo. Donde estaban ellos tres, siempre, hoy:

— Está bien. Estamos bien. Los amo a los dos. —y tomó aire lentamente— Los tendré vivos en mí—siempre. Hoy—los dejo ir.

Esa frase, una de muchas que aprendió, una de las que encontró en su búsqueda, en la privacidad de su refugio, salió de sus labios:

— Gate gate—paragate—parasamgate—bodhi svaha.

Las corrientes de su aura se iluminaron en una forma que no se veía, sino que se sentía a la distancia, al tiempo que recitaba. La melodía hizo sentir a quienes estaban allí que sus gargantas se cerraban, y luego, un alivio como nunca imaginaron posible.

Se dirigió al capitán, levantándose:

— Gracias—por dejarme encontrarlos de nuevo.

Este asintió, tragando saliva.

— Por favor, ayúdeme a llevar sus cuerpos. Sé donde pueden descansar.

— Sí.

Hizo señales a sus subordinados, y ellos levantaron a los dos jóvenes hermanos. Ella los soltó, con suavidad, antes de que los miembros del Cuerpo Imugi se alejasen. Entraron a una tanqueta, y allí los guardaron, en bolsas blancas de cierre.

Mientras, Ja-yoon finalmente entró a aquel cuarto polvoriento con un proyector caído por los anteriores impactos. El polvo caía como un espectro, la luz parpadeaba, los cimientos del lugar temblaban, con las sacudidas que los misiles y bombas de los aviones militares fuera causaban contra los muertos vivos y sus propias fuerzas aliadas. Del otro lado de la mesa estaba él, aquel que había causado todo esto, un hombre enmascarado portando una suerte de chaleco, que Ja-yoon pudo percibir como explosivos del mismo material que destruyó a Hee-sung.

— Oh, sí. El Cuerpo Imugi siempre fue muy estratégico. Coexistieron conmigo desde el inicio.

— Hmh, pues ya me lo esperaba. Pero cambiaron de bando—al mejor postor. Lástima por ti.

El enmascarado rio negando con la cabeza, sonriendo con su psicopática mirada de ojos verdes:

— Eres tal y como te describían. Tal y como vi a través de Mo Tae-gu, y todos los demás pedazos de carne inútil. Lo desatado en la Tierra, sin embargo, ya no se volverá a atar, jefa Koo Ja-yoon.

— Me aburrí de tus metáforas. Terminemos con esto.

De los lados de las paredes volaron ventiscas de instrumentos quirúrgicos y cuchillas afiladas de toda clase, a velocidad supersónica. Con su percepción extrasensorial y visión remota, tuvo la perspectiva para reaccionar con tiempo, y desviar buena parte del ataque hacia K. Este usó solamente su mano blindada con guantelete para inteceptarlos, y la joven vio con claridad los cableados sintéticos quemando sus nervios. Ella se adelantó varios pasos con las manos en los bolsillos:

— Dígame señor K, ¿esto es todo lo que tiene? Noté que usted era un experto en desecrar a los muertos todo este tiempo. No sabía que también fuera un ingeniero en cibernética.

— Hay tanto que la Señorita Bruja sabe. Pero no ha visto todavía la pieza faltante. Descuide, muy pronto, todo quedará claro. Prepárese, nada es lo que aparenta.

— Tus palaberías son sólo eso. Pero tú mismo aparentas demasiado tu obviedad.

Ja-yoon, enfocando la mente, le arrancó la máscara a K, revelando a la luz el último misterio por resolver.

— Doctor Kim Do-yun.

Este sonrió con aquel rostro marcado de viejas quemaduras, alzando la vista y desenfundando una sola arma. Un mazo de carne:

— No me gusta que las criaturas inferiores observen mi rostro.

Ja-yoon lo paralizó de inmediato, sonriendo al tiempo que tocaba su mejilla, apareciendo frente a él:

— Al contrario, creo que eso es por lo que más desesperado estás. —y rio bajo— Amo de la Carne, eres un mal chiste.

Un aura que lo cubrió como un campo de electricidad emergió del cuerpo de K, y este le propinó un mazazo que la mandó al suelo; el campo se expandió, provocando que cargas en todo el complejo detonasen. Ella se indignó, su sangre hirvió al punto que la flama dentro de su cuerpo sutil se había transformado en el enorme incendio de su respuesta; este trató de molerla con su arma sangrante, pero ella esquivó cual sombra titilante. K sin embargo la esquivó cuando ella le apuntó el cuchillo al cerebro con la diestra, repetidas veces, mientras el laboratorio colapsaba entero a su alrededor, y la joven comprendió la trampa que le habían tendido.

Tuberías con el gas se habían roto, y ella comenzó a sangrar por la nariz, al tiempo que trepaba por la avalancha de concreto. Recibió un puñetazo, luego un corte, luego otro, luego varios más con una sierra oxidada que voló como rotor hacia su hombro. Ella bramó de dolor, y su herida no regeneró como debería.

En aquel tortuoso ascenso dentro de la implosión, K se ocultó en el polvo. Saltó de aquí para allá, sus ojos verdes la única cosa distinguible en tanto ruido, pero por más que lo intentó, Ja-yoon no logró enfocarse lo suficiente como para atraparlo. Intentó hacer girar piedrecillas a su alrededor como un ciclón que bamboleaba, y la luz de cuarto menguante era visible ya.

K dijo en tono monótono, su sonrisa oculta burlándose de Ja-yoon:

— Todos verán a tu melliza con odio, la culparán de toda su desgracia. No importa si no estoy yo; mi semilla ha sido sembrada en sus mentes. Corea jamás olvidará a su enemiga.

— Ya deja de delirar.

Lanzó proyectiles en las direcciones donde la sombra del aura plana de K aparecía, y sin embargo este era demasiado ágil, reaccionaba a un ritmo que ella no podía ni sospechar.

— Eso jamás va a ocurrir. No mientras yo aún respire.

Una única solución, y en un silencio tanto vocal como muscular, dio el último salto hacia arriba, al cielo de la noche joven. El tiempo pareció volver a correr a ritmo normal, y la base de K se había convertido en historia bajo sus elevadas botas. Describió un giro hacia atrás, luego hacia derecha ventralmente, apuntó hacia abajo su rostro frío. Con ojos llenos de sentencioso vacío, se mantuvo quieta, dejando que la gravedad la halara.

— No significa nada. De todos modos —y contuvo la carcajada— ¡Tu ya la estás convirtiendo en eso!

Kim Do-yun bramó lleno de diversión, y saltó como un proyectil, riéndose con desafino. Cuando llegó a donde caía la joven, esta no pudo percibirlo a tiempo, pero fue innecesario. Esta vez, con su campo empíreo activado en pasivo, el infame ser de bata frente a ella quedó completamente estático, atado a ella.

Ja-yoon lo tomó por el pecho, e impactó contra el suelo, reventándole los huesos al completo. Su enemigo gritó lleno de ira:

— ¡Tú, ¿qué crees que haces?!

Ja-yoon sonrió victoriosa:

— Aquí, tú y yo nos despedimos.

Un avión de gran tamaño pasó por encima de la línea de nubes, a través de un cielo estrellado muy claro. En la sala de mando, el capitán y sus hombres estaban procediendo a enactar los comandos finales, siempre volando en dirección sur.

— Bloqueando activo en el riel. Escudos exteriores asegurados.

En este, un objeto de dos subdivisiones fue encapsulado en un objeto cilíndrico con punta.

— Transporte a escotilla activado.

El proyectil corrió lentamente por el riel, sin hacer ningún chirrido hasta llegar al vientre central de la aeronave.

— Abriendo compuertas.

Estas se hicieron a un lado, primero una linea de luz penumbrosa, luego los cielos debajo, la oscuridad distintiva de la tierra.

— Preparando descenso del activo.

El proyectil fue soltado de sus agarraderas superiores.

— Blanco asegurado. Soltando en 3. 2. 1.

Las agarraderas inferiores cedieron, y la bomba inhibidora cayó desde los cielos. Ganó momento y velocidad, generando por sí misma una corriente de viento en su caída en espiral. Las nubes dieron el paso al mapa viviente de un horror con luces amarillas y humo, hasta llegar a los 20000 pies de altura.

Y de ella no quedó nada. Un maligno flash de luz verde se incendió en el cielo, una aurora en forma de anillo, un campo ominoso que esparció sus rayos desde el centro de Daegu. Pero no paró en los límites de la ciudad, sino que la radianza invisible se esparció como un domo por la península y el mar. Todos aquellos de entre los muertos tocados por ella pasaron de atacar y devorar la carne de los inocentes a pegar un alarido.

De ellos no quedó nada, dentro. Los cadáveres cayeron con el sistema nervioso quemado, y muchos de los horripilantes homúnculos se prendieron en flamas. Los militares y las fuerzas de Horang que habían estado resistiendo pararon, al ver a sus enemigos caer.

Celebraron, sin importar a quién debían agradecer. Y de vuelta en Gangrim, la joven sonrió al ver a K incendiarse como una hoguera. Se puso de pie con cansancio:

— Jaque Mate. Adiós.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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