The Witch 4: Insurrection - Capítulo 21
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 21: Estabilización
(18 de junio, Palacio Presidencial, Seúl)
En el búnker presidencial de la Casa Azul, el primer mandatario había estado a la espera. Desde hace un par de horas, los reportes indicaron el abrupto final de un enemigo que de igual forma había aparecido, pero no el gabiente, o lo que quedaba, no se confió. Se mantuvieron bajo tierra, realizando las confirmaciones pertinentes a través de la cadena de mando, desde los generales a los comandantes de campo en terreno. Era un teatro de operaciones extenso, he allí su razón de demorar hasta ahora.
“Daegu es segura, señor Presidente” repitió uno de ellos “Estamos terminando el peinado en el área metropolitana. No se han detectado más hostiles.”
— Entendido. Manténgame informado de cualquier novedad.
“Si, señor.”
Cambiaron de canal, esta vez a la ciudad de Jeonju.
“No se detectan más activos hostiles, señor. La ciudad está asegurada.”
— ¿Revisaron la áreas rurales?
“Envié unidades a recorrer los pueblos cercanos. De momento nada.”
— Siga buscando, infórmeme si tienen algo.
“Sí.”
Se cerró ese canal también, e hicieron la llamada a Icheon.
“Nada qué reportar, señor. El enemigo ha caído en todos los frentes.”
— ¿Han capturado a alguno?
“A varios, señor. No reconocemos sus insignias, y se han negado a cooperar.”
El presidente respondió, con urgencia:
— Necesitamos esa información, coronel. Debemos saber quién nos atacó y por qué.
La comunicación fue momentáneamente interrumpida, y se perdió el canal. Un zumbido llegó a los oídos del gabinete, y su Jefe de Seguridad se interpuso entre él y una luz que reventó. Este tenía el arma en espera, y los ministros allí se acuclillaron pegados a la pared posterior, asustados.
El Presidente se mantuvo de pie, mirando el hilillo de polvo caer del techo.
— ¿Qué ocurre ahora?
El Jefe tomó su teléfono de antena:
— Aquí OSS-One. Reporte de estado en oficina superior ingreso, cambio.
Silencio, que se prolongó varios segundos. El gabinete presente contuvo la respiración. Segunda llamada.
— Aquí OSS-One, responda oficina superior.
Una estática chirriante le hizo apartarse y sobresaltó a todos. Espabilándose rapidamente, el Jefe de Seguridad tomó el teléfono:
— Este es OSS-One. Identifíquese.
— Señor, señor. Es un alivio encontrarlo.
— Dije que se identifique, agente.
— Soy OSS-Pi-3, señor, oficina superior entrada.
Bajo brevemente el teléfono, y el Presidente le hizo ademán de seguir hablando, con los del gabinete asintiendo. El Jefe contestó:
— Reporte de estado.
Este respiró agitado, tomando aliento:
— Llegada de vehículo hostil desconocido al frente del Nido. Aerotransporte cuatrimotor sin identificadores, usaba camuflaje activo.
— ¿Cuántos son?
— Aproximadamente diez unidades enemigas.
— ¿Cuál fue el problema, entonces?¿Y por qué se está cortando la energía?
— Usaron un pulso de baja potencia para abrir el acceso. Son metahumanos, señor. Tienen entrenamiento militar. Parecen ser coreanos.
— ¡¿Y cómo deshabilitaron las defensas?!¡Tienen campos inhibidores!
— Emplearon códigos, señor.
— Imposible. Solo yo tengo acceso a esas claves.
— No lo sé señor, pero revisamos las consolas, y los accesos no fueron forzados. Las claves—eran legítimas.
Este se quedó por un momento sin palabras, y el Presidente ahora estaba intrigado, con el puño cerrado bajo el labio:
— ¿Cuál es el estado de las otras unidades?
— Mis compañeros fueron noqueados, señor, no pudimos detenerlos. Nadie más ha contestado las llamadas, creo que estoy solo.
El Jefe miró con gravedad al Presidente.
— Manténgase en espera, infórmeme lo que vea.
— S—sí señor.
Del otro lado de la línea se oyeron puertas abrirse de golpe, y un zumbido electrico.
— No puede ser. ¡Tengo a uno!
El agente volteó y disparó su pistola varias veces. Unos pasos se acercaron, y la vibración de la corriente se acompañó de un grito. Luego nada.
— OSS-Pi-3, responda. OSS-Pi-3.
Bajó el teléfono al darse cuenta que la línea estaba cortada.
— Maldición.
— ¿Y ahora qué haremos?
— Usar el túnel de escape. La Casa Azul ya no es segura.
— Usted vaya delante. Yo jamás he visto ese túnel.
— Y no debería. Si no, no estaría haciendo bien mi trabajo.
Se acercó a un cuadro, y lo tiró al suelo, revelando un panel retinal. Este presionó un botón, y la IA le hizo un reconocimiento facial para dejarlo acceder. La lámina de metal cedió, dejando ceder hacia dentro la puerte blindada cubierta de pared.
— Andando.
Lo que no esperaron fue que desde las sombras, se perfilase una forma delicada de ojos vivaces, andando en botines de tacón medio, y con algo pesado arrastrado en una sola mano.
— No irás a ningún lado.
Esta levantó su pistola EM antes que nadie más, y le dio un tiro limpio en la cabeza al Jefe, que cayó en el suelo de forma ruidosa, disparando su bala a un archivero. Todos los funcionarios retrocedieron llenos de terror, pero el Presidente se quedó inmóvil en el sitio, mirando a su subordinado agitarse antes de quedar inerte. Y dándose cuenta de cómo la piel de este se tornaba pálida de forma anormalmente rápida, mientras un hilillo de sangre verde bajaba por su rostro.
Miró a Ja-yoon a los ojos, boquiabierto y perplejo. La señaló mientras los agentes de la OSS apuntaban sus armas a la joven. Esta leventó las manos, tirando su arma:
— Presidente Moon. Es un honor conocerlo al fin.
— ¡¿Quién es usted—?¿Qué fue lo que hizo?!
— Él era uno de los traidores. Puede ver su verdadera cara ahora.
Con su telequinesia, le quitó al cadáver sus lentes de contacto, y quedaron al descubierto un par de fluorescentes ojos verdes.
— Si no es suficiente evidencia, tengo las pruebas de que forma parte de la actual agitación interna—
La puerta del búnker se abrió, y en silencio pasaron dos de los jóvenes de negro, cargando cada uno una pila de cajas con los mentados archivos.
— Y de que fue contactado por Fundación K. Recibió de su verdadero cabecilla un transplante de riñón.
— Es imposible, yo vi el informe, fue en un hospital de Gangrim.
Los jóvenes dejaron las pilas bien arrimadas a un archivero y la pared posterior. Tan tranquilamente andaron, tan imperturbados, que los agentes presidenciales no se atrevieron a disparar. Les apuntaron eso sí, mirando cada movimiento detenidamente.
— Falsificó los documentos para cubrir sus huellas, y el día de hoy planeaba llevarlo por este tunel—
Con la mente, mantuvo encendidas las luces del túnel por el que había llegado. Los funcionarios pudieron asomarse al horror de varias criaturas redivivas, todas ellas con cuatro brazos cosidos y cascos de metal. Yacían tiradas en el piso, un rastro del líquido verde que indicaba habían sido arrastradas hasta allí desde más profundo.
— Para asesinarlo.
— Pero—¿cómo sobrevivió? El estallido en el cielo. Todas esas—cosas murieron.
— ¿Usted no ha sido informado? La residencia presidencial está provista de escudos de energía. Las ondas inhibidoras no habrían podido entrar.
El presidente tuvo incluso más miedo, pero para este punto había aceptado su actual predicamento, así que suspiró, asintiendo y sorbiendo brevemente sus labios. Hizo la señal:
— Bajen sus armas.
— Pero señor presidente—
— ¡Que las bajen he dicho!
Los agentes obedecieron, y su capitán se dio cuenta de que los jóvenes misteriosos llevaban ya sus manos bajo los abrigos. Dedujo que si, aquellos eran los mismos que habían dejado fuera de combate a la guardia presdencial, era mejor no provocarlos.
— No debe preocuparse más —continuó Ja-yoon— Mi gente y yo nos estamos encargando de limpiar los sitios de donde ellos salieron.
— ¿Y cómo sabe tanto, jovencita? ¿Quién se supone que es usted?
— Mi nombre es Koo Ja-yoon, señor. Y dirijo el Cuartel General de Yongsadan desde que el administrador Jung murió a manos de estos rebeldes. —se inclinó, y luego se acercó— He estado dirigiendo los activos de la agencia en el sur del país, tratando de reunir lo que queda de nosotros, e investigando este caso desde hace meses. —y se inclinó incluso más, a media asa— Lamento no haber podido actuar antes, le pido me perdone.
— Yong—¿Yongsadan? Ehem. No sé—de qué está hablándome.
— Ah, sí. —se levantó— Entiendo que hay presidentes que nunca fueron informados de nuestra existencia, ¿me permite? —él asintió, y se acercó a su oído— Tenía entendido que usted no estaba entre ellos, según mi información.
Este evitó el brillo en la mirada de Ja-yoon, dándose cuenta perfectamente del juego en sus manos. Fue entonces que mencionó, al dar Ja-yoon dos pasos atrás:
— Ah. Ya creo saber quién es usted, por supuesto. Quién mejor que alguien nacida para defender a nuestra nación, —sonrió— para realizar tamaña tarea. En ese caso le agradezco haber venido a tiempo, salvó nuestras vidas.
Este le estrechó ambas manos a la de Ja-yoon. Ella le sostuvo la mirada, y solo entonces sonrió, con falsa humildad:
— Es mi trabajo, señor presidente.
Moon asintió, e hizo ademán, tras bajar las manos:
— Ministro Park—venga.
Uno de los funcionarios se acercó a ellos, con su corto tupé y acomodándose los anteojos:
— Señor.
— Quiero que avises a los otros tres Cardinales—que hemos elegido a todos nuestros candidatos, y su asistencia deja de ser necsaria en el proceso de transición.
— Sí, entiendo.
Este Park vio a la joven con mayor simpatía, entiendendo lo que ocurría.
— También quiero que premies la valentía de esta jovencita. Prepara una ceremonia discreta de condecoración—por sus servicios desinteresados.
— Bien.
Moon indicó a sus agentes:
— Y ustedes, no se queden allí parados, limpien ese túnel, restablezcan las comunicaciones y capitán, da el aviso. El presidente y su equipo de emergencia están a bien y a salvo.
— Sí, señor.
Se dirigió a Ja-yoon:
— Ahora, señorita Koo, entenderá que este proceso toma un poco de tiempo, y debemos reunir, voluntariamente o no, a los candidatos de las otras facciones.
— Lo sé. Y antes de ayudarle a limpiar, señor, quisiera darle un último regalo.
— ¿Hmh? ¿A qué—regalo se refiere?
Ja-yoon hizo un chasquido con los dedos, y de la negrura del túnel emergió una sombra. Al acercarse a la luz, vieron a una muchacha uniformada de brazos pálidos llevar algo pesado sobre el hombro con mucha facilidad. Esta tenía el rostro tapado por un casco, así que no vieron a los ojos a quien dejó caer flotando muy suavemente el cuerpo.
Este estaba quemado, su bata medio consumida, y la muchacha tiró su máscara a su lado. Uno de los funcionarios, un representante del Servicio Nacional de Inteligencia, miró con asombro. Afirmó entonces, señalando con un dedo tembloroso:
— Ese, ese de ahí. Ese es—
— El NIS sabía de este hombre, el arquitecto detrás del Caso K. Y de la rebelión. Pero igual que yo misma, por desgracia se tardó en actuar.
— ¿De qué está hablando? —preguntó el Presidente, indignado— ¡¿Cómo que ya sabían, quién es este tipo?!
El otro se puso pálido, al saber de qué estaba hablando. Ja-yoon entonces mintió en voz alta, diciendo:
— No podían lanzar un operativo sin primero conocer la identidad de este individuo. Descubrimos que fingió su muerte, y usó un suero experimental de reanimación.
El presidente conectó los puntos muy pronto, y el del NIS se acercó con un pad:
— Así que de eso se trató. Es repugnante, en verdad.
— Es cierto, señor. —dijo el del NIS para salvar su cara— Este hombre estuvo detrás de todo. Dirigía una red de tráfico VIP de órganos antes de usar a Lee Kyu-jin para fundar Fundación K.
— Así es —secundó Ja-yoon— Y de ese modo se infiltró hasta su propia oficina, incluso antes de usar un frente como la fundación para financiar su golpe.
— Bien, pero no me dicen todavía a quien rayos estoy viendo ahí tirado.
— Se trataba de un supercriminal, actuando clandestinamente desde el Centro de Bienestar Nakwon, aquí en Seúl —explicó el del NIS— Era hijo del director del centro, así que siempre pudo cubrir sus huellas, pero—en 2017 cometió un error.
— Tras matar a su propio padre, los agentes de policía del 112 lo siguieron hasta dar con su identidad. Había estado realizando experimentos con pacientes del hospital, y dos oficiales de la unidad lo fueron a arrestar. —explicó Ja-yoon.
— Por desgracia, ellos no conocían del suero, y murieron tratando de detenerlo. Creían que era sólo un asesino en serie, y en realidad lo era; es responsable del asesinato de otro asesino, Mo Tae-gu, y de Kim Moon-ho, un periodista de investigación. Y—de devorar viva—a su familia.
— Los oficiales murieron pero él no. El incidente del Centro no fue una fuga de gas, él planeo hacerlo explotar para borrar su rastro. Y lo hizo en estos últimos años.
— Es allí que descubrimos el vínculo con Hoffen International.
— Baek Jeong-na. Ella ordenó a este hombre realizar sus experimentos a espaldas de nuestra agencia. Y con ella fuera, él quiso morder más de lo que podía abarcar.
— Dime su nombre.
— Se llamaba Kim Do-yun. Psiquiatra, asesino, y exagente de los superhumanistas, los disidentes de Hoffen International. Mejor conocido como Mr. K.
— De haber tenido una identidad a la cual atar sus actividades, lo habríamos evitado, señor. Lo sentimos. —se postró el del NIS.
— Yo tuve que limpiar el desastre de mis predecesores, por desgracia. —acotó Ja-yoon.
Ante toda aquella revelación, el presidente miró los archivos que los jovenes de negro:
— Ya veo. —tragó saliva— Pero si habías estado haciendo todo esto, ¿por qué noqueaste a mis hombres?
— Fueron ellos quienes me denegaron el acceso. Varios de ellos fueron subvertidos por K, y seguro sus agentes—
El teléfono del presidente sonó:
— Diga.
— Señor presidente. No lo va a creer—
— No me lo digas, capitán. Tienen ojos verdes, ¿no es así?
— Ehm. Sí, señor. Pero ¿cómo lo supo?
— Si presentan ese rasgo, mátenlos. Infórmame cuando termines.
— Así haré.
El primer mandatario colgó.
— Ya lo habrán descubierto.
— Por ahora, señorita Koo, le pediré que regrese a su puesto de mando en Jeju. Por favor, termine la tarea de limpieza, mis auditores la visitarán en dos semanas.
— Entendido, señor.
— Y algo más. Trataré de someter a los candidatos a votación lo más pronto posible, así que le pido termine el trabajo rápido. Revisaremos su información, y le daremos nuestra conclusión. Puede—retirarse.
Ja-yoon se despidió con una inclinación:
— Sí.
Y así, Ja-yoon quedó más satisfecha que nunca. Los suyos la siguieron, fuera de aquel búnker, y en dirección al cuatrimotor.
________________________________________
(18 de junio fe 2021, Secundaria y Escuela de Artes Cheong-ah, Seúl)
Acercándose, Seok-kyung, Seok-hoon y Bae Ro-na vieron aquel plantel educativo, construido en ladrillo, y sus tejados negros. Sus puertas enrejadas estaban entreabiertas, y en partes había tablas clavadas, la cadena con candado de acero rotos y colgando. Finalmente pararon en frente, viendo los jardines grisáceos, marchitos por la falta de cuidado, la maleza devorando el concreto.
— ¿Seguro es aquí? No me entusiasma ver este lugar de nuevo. —dijo Ro-na.
Seok-kyung tenía una expresión de pesar al ver aquella fachada, finalmente mostrando todo lo negativo que ella mismo solía pensar de aquel lugar:
— Sí, a mí tampoco me gusta, pero aquí es. Es la dirección que me envió Healer.
— No digo que él no sea de fiar, lo es, pero ¿cómo es que está seguro de que es aquí?
Seok-hoon intervino, sonriéndole y acariciándole los hombros a su novia:
— Jung-hoo nos ha ayudado desde el inicio, ha sido nuestro amigo por meses. ¿Por qué no confías?
— Yo—bueno, creo que podría estar equivocado. Algo me da mala espina.
La paciencia de Seok-kyung pareció agotarse:
— ¡¿Tienes otra pista, Ro-na? Si es así en serio quiero oírla!
Esta agachó la vista, con algo de molestia:
— Uhm. No, la verdad es que no.
Seok-kyung respiró, sintiendo una punzada de culpa en el diafragma:
— Oigan, está bien. Si no es aquí, podemos dar vuelta y largarnos, ¿ok?
Ro-na asintió.
El humo verdoso que había estado diseminándose por Seúl ya se hallaba casi evaporado, pero su mínimo rastro amargo resquemaba las gargantas de los tres chicos. Se agacharon para ingresar por la estrecha abertura entre tablas, y cuando estuvieron allí, se aprestaron a destino:
—Sólo espero que esa loca de Koo Ja-yoon no nos quiera matar por tomar su auto —musitó Seok-hoon.
— La viste irse en un helicóptero. No echará en falta este cacharro —replicó Seok-kyung.
— Debimos decirle que nos lleve —añadió— Seguro su chica Ark-1 nos habría ayudado.
Seok-kyung recordaba aquella máscara inexpresiva, pero serena como una estatua eterna, que los guió fuera del peligro. Y casi se pierde en la memoria, de no haber tragado saliva.
— Hum, no, no creo. Olvídenla. Entremos.
Se dirigieron por la rampa de ingreso; ellos esperaron nunca más encontrarse a sí mismo de vuelta en aquel lugar, que por sus expresiones al entrar, podía notarse que les traía nada gratos recuerdos. Se metieron por una de las salas de música, tras a su diestra el patio con canchas de futbol y volleyball, ahora percudidas por las lluvias; caminaron con lentitud al observar todo aquel sitio cubierto de polvo. Sobre todo, miraron el nombre de aquel pequeño recinto, reconociendo Seok-kyung el púlpito donde el libro de acordes todavía descansaba, reservado para alguien nunca más cantaría las notas:
— Esto es por ti, Je-ni. Espero—que algún día me perdones, amiga. — y miró a los otros— Vengan, terminemos con esto.
Caminaron por los pasillos, vacíos y saqueados; tras recorrer salones vacíos, salieron por el boquete de uno de los salones, alcanzado por un misil. Tuvieron ante ellos el escenario de un combate ya terminado, paracaidistas del ejército caídos junto a seres de sangre verde, varios de ellos aberraciones deformes. Ro-na señaló hacia uno de aquellos monstruos achicharrados, cuyas garras metálicas estaban clavadas a la puerta de entrada de un edificio medio demolido.
— Es allí, ¿no es verdad?
Seok-kyung contuvo el aliento, asintiendo con incomodidad. Seok-hoon interrumpió:
— Bajemos. No quiero seguir viendo. Está—mal.
Cruzaron el campo de batalla, hasta llegar a la puerta media rota, y temblaron las dos chicas sin querer cuando tuvieron al horrible ser cosido de varios cuerpos ante ellas. Ro-na se tapó la boca por su horrible hedor.
Al verlo, Seok-hoon tomó un rifle tirado cerca, disparando a la zarpa de diez dedos hasta desprenderla, dejando caer la estructura. Con furia pateó a la cosa muerta a un lado, haciendo que su novia retrocediera temblorosa, Seok-kyung poniéndose delante de ella con un brazo, sólo por si acaso. Incluso ella creyó que podía llegar a revivir y saltarles encima; si eso pasase, estarían acabados.
No ocurrió, más bien su piel quemada se resquebrajó, y Seok-hoon las guió con ambas manos dentro, el rifle colgándole de una correa en su hombro. Se internaron por el vestíubulo, reviviendo el emblema por el que una vez estuvieron separados, y en conflicto, por los palcos desde los que una tiró pintura roja a la otra, y los salones, donde todo era una performancia constante. Avanzaron siguiendo a Seok-kyung, quien revisó su teléfono una última vez, deteniéndose ante una puerta que todos conocían.
— Es aquí.
Seok-hoon tomó de nuevo el arma, levantándola, con Ro-na detrás de él, sacando una pistola de debajo de su chompa. Ante ellos se abrió al Auditorio de la Escuela de Artes Cheong-ah, donde la competencia por crear a los cantantes y músicos clásicos entre los mejores de esa región del mundo alcanzaba el pináculo de su crudeza. Y delante de un público de muertos vivientes vueltos a matar, boquiabiertos, comenzando a pudrirse, una mujer que ellos conocían de sobra.
Seok-kyung metió una mano a su bolsillo, guardando su teléfono con la otra. Sus gargantas se secaron, sus corazones se llenaron de constricción al verla con los brazos hacia el cielo de un tragaluz formado por una explosión, de rodillas. Les dio un vuelco el diafragma por los recuerdos terribles que aquella mujer había creado en sus mentes, y pensaron en el fin trágico que la había alcanzado, sin consuelo ni descanso. Su pena, empero, no superó su estremecimiento, el trauma revivido de oírla cantar como nunca, en el momento donde más cerca había estado del Abismo:
— Der Hölle Rache kocht in meinem Herzen…
Fueron acercándose por el pasillo central, caminando sin detenerse, mientras los ojos verdes de la mujer seguían fijos en un palco vacío.
— Tod und Verzweiflung flammet um mich her!
Pero aquel canto perfecto no era el que habrían esperado, sino uno de pecho pesado, rasgueo reseco, su fuerza solo igualada a su gravedad.
— Fühlt nicht durch mich Su-ryeon und Yoon-he Todesschmerzen
Escuchar la modificación oscura, los nombres de sus madres en la garganta de ella, hizo que sus corazones latieran a mil por hora, que Seok-kyung cerrara los puños.
— So bin Ich deine Mutter nimmermehr.
Eso a Seok-kyung le chocó más que nada. Recordó a Eun-byeol, una amiga a la que jamás supo querer ni apoyar. Y a Min-ah, aquella hermana que no supo ganarse, y que acabó perdiendo por su maldad, incluso si ella no dio el empujón. Su hermano, al verla, le puso la mano en el hombro.
— Verstossen sei ich auf ewig, verlassen sei ich auf ewig.
La mujer dijo eso eso en un casi susurro, con una lágrima y una sonrisa al lugar donde su hija nunca habría de estar para verla. Se tambaleó, y su mirada al fin se fijo en los tres chicos, pero no reaccionó. En su mente, eran todavía sombras, y su voz se quebró en un hilillo:
— Zertrümmert sind auf ewig alle meine Bande der Natur. —murmuró en cantar, dejando que el peso de su propia condena la hundiera— Verstossen, verlassen und zertrümmert alle unsere Bande der Natur.
La mujer que tenían delante ya no era la directora de Cheong-ah; era el cascarón hueco de un mundo que se devoró a sí mismo. Pero ella reconoció al fin a quienes tenían una vida joven delante de ella, a costa de la que, en su mente, habían arrebatado sin piedad. Extendió los brazos a su putreciente audiencia, como si de un tribunal oyendo testimonio se tratase:
— Hört, hört, hört, Rachegötter! Hört der Mutter Schwur!
Seok-hoon, totalmente sobrecogido, murmuró:
— Cheon Seo-jin, ¿cómo acabaste así? —su seguro hizo clic— No importa; esta locura se acaba ahora.
Disparó apuntando firme, las ráfagas del rifle volaron los metros faltantes, pero sin jamás golpear a su objetivo. Los proyectiles, se detuvieron a centímetros de su cuerpo, enfundado en un vestido plateado viejo, hecho jirones. Se mantuvo quieta, pero sus ojos se incendiaron completamente de furia, sus dedos se curvaron como garras; sonrió con odio.
Al dsrse, cuenta, el chico se encontró paralizado, sus pies pegados a donde estaba. Entonces miró a Ro-na, diciendo con veneno, riendo entre dientes:
— ¿Después de todo este periplo, todavía quieres este bonito trofeo, Oh Yoon-hee?
En la chica, el miedo y asco dieron paso a la tristeza. Su dedo se había quedado sin tirar del gatillo, viendo cómo el objeto volaba solo a la mano de Seo-jin. Esta lo blandió con fuerza, su mano tiritó de rabia.
— ¡No soy mi madre!¡Soy yo, señora Cheon, Bae Ro-na!¡Y no he venido aquí a pelear!
Seo-jin pegó una melodiosa carcajada antes de dar un grito sónico rabioso que hizo caer los reflectores y bastidores a su alrededor:
— Entonces, ¡¿por qué vienes a mí blandiendo una pistola, eh?!
No tenía buena respuesta para ello. Era verdad que hubiese querido por momentos acabar con ella por lo que había hecho a la vida de su madre por ese inútil premio. Pero no era esa la idea del arma; Ja-yoon lo dijo, y su novio lo demostró, que ningún arma normal mataría a aquella criatura.
— ¡¿Y cómo más esperaba que me defendiera?!¡Usted le hizo—demasiado daño a mi familia!¡No lo he olvidado!
— Ah, encima lo admites. Dime, maldita, ¡¿eso es lo que le hiciste a mi Eun-byeol?! —su rostro se descompuso —¡¿Te defendías de ella—cuando enviaste a alguien a matarla?!
Ella gritó, frustrada:
— ¡Eso no es verdad!¡Yo jamás quise hacerle daño a su hija! —y dijo con voz amarga— A pesar de todo, ella era mi hermana. ¿Cómo podría querer que muriera así?
El labio de Seo-jin tembló, su ojo tuvo un tic, una nueva lágrima rodó en su mejilla, por una verdad profunda que no quería ver:
— ¡Mentiras!¡Tú siempre le tuviste envidia! —interrumpió Seo-jin— Si tanto quieres esto, arrastrada, te lo clavaré en el cuello como debí hacer con Yoon-hee.
Ro-na sintió que su sangre iba a salir como vapor rojo de lo caliente que se puso. Seo-jin, en su delirio, sentenció:
— Terminaré el trabajo aquí mismo. Podrás dárselo en el infierno, ¡a tu vagabunda madre!
Seo-jin mandó a volar a Seok-hoon con su telequinesia en contra de los asientos, y lanzó un grito sónico enfocado a Ro-na. Esta disparó por puro reflejo, sin saber acertarle, y las balas que fueron por buen camino las destrozaron las ondas fracturando el aire. Al ver que no le había hecho nada, se cubrió inútilmente para recibir el impacto.
— ¡Ro-na, quítate!
Seok-kyung se lanzó sobre Ro-na para hacerla a un lado, y por esto ella acabó recibiendo el impacto de lleno. Fue rodando hasta atrás, y al detenerse, comenzó a sentir que sus huesos eran de cristal, y sus ojos se enrojecieron, antes de vomitar sangre. Tembló allí recostada, sintiendo como si la hubiesen atropellado, tosiendo con fuerza.
Seo-jin bajó flotando de la tarima, y atrajo a Ro-na hacia sí desde los asientos, tomándola del cabello con fuerza:
— Tuviste la cara de meterte en nuestras vidas. De fingir que querías recibir mi enseñanza.
Esta emitía quejidos roncos, herida.
— Te metiste como una serpiente al nido, y atacaste cuando no estuve para protegerla. Fuiste muy paciente, ¡¿no?!
La levantó, y le dio un fuerte manotazo, reventándole el labio. Levantó el trofeo, un ángel Trono dorado con sus afiladas alas:
— No te dejaré irte sin sufrir. Veamos quien te reconoce—
Llevó una de las alas a la mejilla de Ro-na, y comenzó a cortarla hacia abajo. Ella gritó, arañando el brazo de Seo-jin sin efecto alguno, y su enemiga sólo veía un rostro. El de Oh Yoon-hee.
— ¡Cuando termine con tu cara!
Fue cuando Seok-kyung, con sus pocas fuerzas, gritó destemplada:
— ¡Ya detente, bruja!
Al fin, lanzó lo que había estado guardando en el bolsillo. Recordó lo que Ja-yoon, por intermedio de Ark-1, dijo al dárselo:
“Úsalo cuando ella haga su movimiento. Sólo cuando esté vulnerable, podrán hacerle ver la verdad. Eso dijo que les dijera. Suerte.”
La granada se estrelló contra su pecho en medio de su salto, liberando un humo que la desorientó en su trayectoria. Se arrastró por el corredor tortuosamente, sintiendo a cada instante cómo su vida se le estaba escapando, y sus sienes latían con fuerza. Seo-jin absorbía el humo, dejando caer el trofeo y retrocediendo a toda prisa, hasta chocar y caer sentada contra la pared de la tarima.
— ¡¿Qué—qué es esto—?¿Qué crees que has hecho, pequeña bastarda?
Esta se sentía ahogarse, y llevó las manos al cuello, luchando por respirar. Pronto el humo se disipó, y Ro-na se pusó de pie, corriendo a socorrer a Seok-kyung. Mientras, Seok-hoon, con su espalda matándolo, se puso en pie; el rifle se había partido en dos, así que lo desechó.
Este vio a Seo-jin debilitada, y se dispuso a tomar una navaja de su cinto, pero al oír el quejido de su hermana, se apresuró a ella. La encontró con la cabeza recostada sobre las rodillas de Ro-na, y la revisó, viendo que tenía moretones en todo el cuerpo, a los que reaccionaba apretando los dientes. Seok-hoon buscó entonces algo en su mochila, pero su hermana le puso la mano en el brazo, negando con la cabeza:
— Detente, tonto.
— No, Seok-kyung. Espera, déjame buscar algo, debe haber—
— Basta, o te golpearé.
— No, no, yo te lo prometí—
— Está bien.
— ¡Prometí que te protegería!
Ro-na intervino, angustiada, abrazándolo:
— Ya, Seok-hoon, ven aquí.
Este lloró, agarrando con fuerza la mano de Seok-kyung.
— Deja de lamentarte. Me avergüenzas—delante de mi cuñada.
Este pegó una risotada triste:
— Ey, ya no hables más, ¿ok? Vas a estar bien.
Seok-kyung miró de reojo a Seo-jin, quien trataba de ponerse de pie. Ro-na se dio cuenta, y se levantó con seguridad. La otra chica le haló de la basta, deteniéndola:
— Espera.
Ro-na volteó.
— Debes—tener esto.
Le extendió una memoria, conectada a un cable USB doble tipo C.
— Cheon Seo-jin—debe saber la verdad. Por eso estamos aquí.
— Ella no merece saber nada. Voy a matarla—
— No, Seok-hoon. Déjalo así. Es inútil—seguir con el ciclo—de nuevo. Ve, Ro-na.
Esta se apresuró, y conectó la memoria a su celular, acercándose finalmente a Seo-jin. Esta quiso usar sus poderes, pero se dio cuenta de que no tenía efecto; de inmediato sintió débiles las piernas. Ro-na la ayudó y aunque la mujer trató de apartarla, esta la hizo sentarse en un asiento delantero.
— ¿Qué es lo que pasa, maldita?¿Vas a tratar de manipularme como a mi hija?¿Vienes a pedirme clemencia para tus cómplices?
Ro-na se mantuvo de pie, firme, pero con cierto dolor en la voz:
— No me interesa su perdón, y yo ya la he odiado—por mucho tiempo. Quiero dejar ir esto de una vez por todas.
— Huh, sí claro. Tú nunca vas a librarte de mí. Esa estúpida cosa tuya de hacerte la virtuosa, como tu madre. Hacerte la buena, y la especial; lo veo por lo que es. Basura.
La chica revisó en su teléfono lo que había en la memoria, y se quedó helada al ver lo que había en los videos. Entonces se lo extendió, y Seo-jin se le quedó viendo con desprecio:
— Tenga esto.
— ¿Por qué querría yo algo tocado por tus sucias manos de palurda—?
— Ya cierre la boca, y hágame caso. No rete mi paciencia—
Sacó una navaja de bolsillo.
— Hágalo, o le haré lo que me acaba de hacer.
— Entonces hazlo de una vez, no pierdas tiempo. ¡Acaba conmigo—!
— ¡No! —gritó al punto que le dio miedo a ella misma— ¡No lo haré, señora Cheon! —y puso play al video— ¡Mire!
Seo-jin se quedó pasmada un instante, mirando con ojos abiertos como platos. Ro-na le puso la pantalla del celular en frente, extendiéndosela a la cara. La mujer le agarró el brazo y empujándola, comenzó a forcejear con ella en el piso, pero la chica mantuvo la mano quieta.
Con Seo-jin encima de ella, y justo cuando a duras penas pudo arrastrar el trofeo de vuelta a su mano, se quedó gélida. En el video, vio incrédula cómo la supuesta Koo Ja-yoon cambiaba su apariencia ante una cámara en el barrio donde cometió el crimen. Pero lo que más le dejó paralizada y sin palabras, fue reconocer quien había suplantado a la joven, diciendo el nombre de aquella, con la voz temblorosa:
— Jung—¡Sun-ah!
Ro-na fue tirada a la tarima, y el grito de la vengativa banshee terminó de desbaratar las sillas del lugar. Esta destrozó con varias ondas de choque la integridad de las paredes y columnas; su mirada estaba desencajada. Esta gateó estúpidamente, y tiró el celular a un lado, tiritando, bramando del dolor:
— Maldito Kim Do-yun. —golpeó con fuerza el suelo, quebrándolo— ¡Maldito!¡Maldito!¡Maldito!
Pegó un grito clavando las uñas al piso como una bestia. Pronto se levantó, llorando llena de ira por la traición última en la que había caído, a manos de aquellos desconocidos. Reclamó entonces a Ro-na:
— ¡Habla, Bae Ro-na! ¿Dónde están Jung Sun-ah y Kim Do-yun? —y pegó un berrido, pisando el trofeo con su tacón, rompiéndolo— ¡¿Dónde están?!
Por detrás de ellos, Ark-1 había entrado en silencio, y pronto estuvo acuclillada entre dos filas de asientos, al lado de los hermanos Joo. Seok-hoon la miró, y se sobresaltó, pero ella le hizo gesto de hacer silencio; pronto se dio cuenta de que otros jóvenes de negro estaban escabulléndose. Poco a poco, comenzaban a rodear a Seo-jin como una manada de lobos.
— Tú, tú eres Ark-1.
Esta asintió.
— Por favor, mi hermana está muriendo, ayúdenla.
Esta agachó la vista con lástima, pero de inmediato sacó un par de viales del bolsillo. El primero era una muestra del suero verde, pero el otro era suero regulador, celeste. Suspiró, y le susurró:
— No sé si funcione. Hay que inyectarlos en su yugular, al mismo tiempo. ¿Estas listo?
— Sí, ya.
Ark-1 se posicionó a gatas al lado de Seok-hoon, y pronto le dijo:
— A cuenta de 3. Uno.
En la tarima, Ro-na se levantó y Seo-jin estaba parada frente a ella. Se reflejaba ira, pero también entendimiento paulatino, un sentimiento de estupidez. Sentirse ignorante ante la chica le habría sido insoportable, pero no ahora. No después de que todo estaba ya hecho:
— Yo—en verdad lo siento mucho, por su pérdida. No puedo imaginar como debió sentirse; a mí me dolió. No imagino—lo que debió ser cuando lo supo.
Seo-jin apartó la vista, tragando saliva
— No te disculpes conmigo, Ro-na. Sólo dime, lo que quiero saber.
“Dos.”
— Puede estar tranquila. Jung Sun-ah murió aplastada en el juicio del Caso K. La estructura del tirbunal. Koo Ja-yoon, la real, la hizo tirar abajo.
— ¿Y K?
— A esta hora, debe estar muerto ya.
“Uno.”
— Así que Koo Ja-yoon es real, ¿huh? Debe ser con quien luché en Ansan. Heh, esa jovencita es lista. Seguro planeó todo desde el inicio. Que vinieran a decirme, y lo demás.
— Sí, es verdad. Yo—siempre le he hablado con la verdad, señora Cheon. Desde el principio.
“Ya.”
Ark-1 y Seok-hoon inyectaron los sueros en el cuello de Seok-kyung, y esta se agitó, tomando un boquido de aire. Seo-jin rio por lo bajo al ver a los hermanos, y a Ark-1 allí, sintiendo a los Despiertos a su alrededor:
— De verdad esa joven está en otro nivel.
— No sabía que vendrían todos ellos, señora, yo—
— Descuida, te creo. —y la miró— Supongo que cuando dijiste—que querías aprender de mí—
Los jóvenes subieron a la tarima, rodeándola con sus armas en alto:
— Todo fue verdad. Yo siempre la admiré —sintió una punzada en el pecho— Y a pesar de todo lo que ha hecho—cuando la defendí frente a mi mamá ese día, lo hice de corazón. Todavía la sigo admirando, como soprano y cantante.
Esas palabras calaron en su corazón, que creyó haber perdido. Se sintió extremadamente avergonzada.
— Usted no necesitaba hacerle el daño que le hizo a mamá, y ojalá no lo hubiese hecho. Siempre fue de las mejores del mundo; y nada pudo opacarlo. Pero sin importar eso, la perdono, señora Cheon.
Seo-jin miró al cielo:
— No, jovencita. No merezco que me perdonen, ni ustedes, ni mi Eun-byeol. Puedo vivir con eso. —y dijo al aire— La criaste bien, Yoon-hee. Mejor que yo a mi niña.
Ro-na sonrió tristemente al oírla. Ark-1 ahora se acercaba, a paso firme:
— Cheon Seo-jin.
— Ya lo sé. Cumpliré mi parte del trato. Hice lo que me dijiste; el dinero de Cheong-ah y Babel ya fue desviado al fondo de caridad.
— ¿Qué trato? —preguntó Ro-na
— Fue Kwon-sook en realidad. Es una larga historia, pero le prometí a la chica lista que trabajaría para ella a cambio de no entregarme a las autoridades.
— Señora—
— Sí, Ro-na, pero está bien. Al menos tus nuevos amigos me salvaron sin querer —miró a Seok-kyung siendo sentada— de cometer otro error más en mi miserable vida.
Un pensamiento increíble le cruzó a Ro-na por la cabeza. Ella misma se resistió a él, peeo luego miró al balcón que antes Seo-jin miraba. Podría haber jurado que la vio, allí de pie, sonriendo.
Dudó, pero aquella visión asintió. Y quedó claro.
Ro-na detuvo a Seo-jin, tomándola de la mano, tomando aire para lo que iba a decir:
— Señora Seo-jin.
Se giró a la chica:
— Ah, espera, tú—¿me llamaste?
— Sé que nada, ni la muerte de nadie, le devolverá a Eun-byeol. Pero como sabe, las dos compartíamos sangre—de parte de padre.
Seo-jin se quedó en silencio absoluto. No podía creer aquello que estaban por decirle:
“No me digan que ella va a—¿en verdad?”
— Sé que no estamos emparentadas directamente, pero—si usted me lo permite—
Seo-jin tiritó, llevándose la mano a la boca, conteniendo un llanto, y Ro-na tragó saliva, sonriendo, ojos húmedos:
— Yo puedo ser una hija para usted, a partir de hoy.
Seo-jin se derrumbó, y el llanto salió lleno de congoja, dolor, arrepentimiento y realización. Pero Ro-na evitó que cayera de nuevo, y la abrazó con fuerza, llorando ella misma, esperando que el acto dictado por su corazón no fuera traición a su madre. Y sin embargo, lo que su cabeza angustiaba no se sentía en su corazón; Seo-jin dejó que pase, pero no tuvo valor aún de tocarla.
Ark-1 sonrió, sintiendo la dulzura de sus corazones, y el influjo siempre diáfano, dos almas sin cuerpo, posándose en ellas.
________________________________________
(12 de octubre de 2021, Desconocido)
El presidente Moon se levantó de su asiento, y sus acompañantes en la mesa de reuniones le miraron con anticipación:
— Habiendo examinado la historia, hechos y las pruebas de caso para conocer el trabajo de la señorita Koo Ja-yoon, antes y durante su intervención contra el criminal de guerra Kim Do-yun, llegó la hora de hacer votación.
Todos prepararon un brazo para levantar en cualquier caso, y se miraron de reojo para hacer sus propios cálculos, en pro de lo que creyeren más conveniente. Ante un archivista escribiendo todo a máquina, el primer mandatario dijo:
— Que los que estén a favor de designar a la Jefa Administrativa actuante Koo como Directora Adjunta de la Inteligencia Nacional en Cardinal Este, levanten la mano.
Sólo basto que el propio presidente para que 6 más levantasen su propia mano de inmediato, incluyendo el comandante de Imugi, con su uniforme del ejército. El destino de Ja-yoon, su viaje, no se sellaba en ese día, sino hace ya tiempo, cuando salió caminando de un monte en Jeolla del Norte, dejando su “falsa” vida humana atrás. Ark-1, disfrazada de agente de Yongsadan en la puerta junto a Jae-woong, sabía esto, y sonrió bajo su máscara pasamontañas.
— Que los que estén en contra de de designar a la Jefa Administrativa actuante Koo como Directora Adjunta de la Inteligencia Nacional en Cardinal Este, levanten la mano.
Levantaron la mano justamente los representantes de Horang-i-Buseo y Gombumun, junto a una representante de la Armada. El director del NIS, con prótesis cibernéticas varias, y la marca de sus quemaduras, se abstuvo de votar, y dijo el Presidente:
— Con 7 votos a favor, 3 en contra, y una abstención, doy por cerrada esta votación. Que la Jefa Koo se acerque al púlpito.
Esta, que había estado sentada tras aquel, se levantó y caminó al lado del primer mandatario. Estaba estida en un elegante uniforme negro de falda ceñida, con un moño en forma de flor por detrás del cabello. El hombre tomó la Constitución, e hizo un llamado, con un ademán de brazo:
— Director Cho. Háganos los honores.
El viejo, tenso, con la mirada fría, acomodó su corbata brevemente con una sola mano, y caminando al sitio sin hacer ruido alguno, llegó casi al espacio entre la joven y el primer mandatario, formando un aplanado triángulo entre ellos.
El Presidente le pasó la Constitución, y debajo de esta, el director mismo colocó un libro negro más delgado. Este, vio Ja-yoon, tenía el sello dorado del dragón, era por título la ley que la debería haber regulado, el Reglamento Orgánico de la misma Yongsadan. Ella sabía lo que debía hacer ahora, pero esperó a que el director del NIS lo dijese, en un tono que nunca denotaría si lo hacía a regañadientes o muy satisfecho:
— Coloque su mano derecha, señorita Koo.
Ella entonces lo hizo, con una prestedad asertiva, mas no rápida o urgente. El director, mirando a ningún lugar en particular, y Ja-yoon con una casi sonrisa ante el Presidente observándola. Comenzó:
— A fecha del 12 de octubre de 2021 a las 20 horas, 14 minutos de la noche, procedo a oficiarle a usted, Jefa Administrativa actuante Koo Ja-yoon, la toma del Cuádruple Juramento, como Directora Adjunta del Cardinal Este, la Yongsadan.
El Presidente intervino:
— ¿Entiende usted el peso irrenunciable de este Juramento? Si no se ve a sí misma a la altura de este deber, hable ahora.
Ja-yoon respondió:
— Entiendo el peso irrenunciable de este Juramento, y me declaro ahora y hasta que la Patria demande, a la altura de este deber.
— Como oficiante y testigo de este Juramento, será ante la oficina del Director Nacional de Inteligencia y la oficina del Presidente de la Nación que rinda cuentas. ¿Lo va a respetar?
Ella los miró a ambos:
— Así lo respetaré, señor Director, y señor Presidente, su Excelencia.
— Puede proceder al Juramento, Director.
El Director, aclarando su garganta, entonces comenzó, y Ja-yoon levantó su otra mano:
— Señorita Koo Ja-yoon. ¿Jura solemnemente proteger los intereses de la República de Corea, y cumplir su rol sagrado como el Oriente de los Cuatro Cardinales, manteniendo la vanguardia en su defensa?
— Lo juro.
— ¿Jura cumplir con y acudir al llamado de su deber legal, en la guerra y en la paz, bajo cualquier condición o circunstancia, protegiendo los secretos de la nación a costa de su propio interés y hasta su vida?
— Lo juro.
— ¿Jura preservar la integridad de su labor, su secreto, y su lealtad, así como la de aquellos bajo su mando, ante el Estado y la sociedad de Corea, en contra de intereses externos a ellos, extranjeros y nacionales?
— Lo juro.
— Y finalmente. ¿Jura usted estar siempre preparada en la mejor de sus capacidades, defender los activos de Yongsadan, y emplearlos para defender la Patria contra sus enemigos extranjeros y domésticos?
Ja-yoon tomó aire en silencio por la nariz, para que su pecho se hinchiera lo suficiente. Que se notase apenas para quienes tenían la vista aguda; en total tampoco es que hubiesen muchos, en su mayoría asesores fungiendo como representantes. Cada uno de los otros cuatro cardinales, y los comandantes del Estado Mayor, a los que miró de reojo; sonrió de forma enigmática:
— Lo juro.
— Si es así, que la Patria la honre. Caso contrario, su falta le sea reprochada. Felicidades, Directora Adjunta Koo Ja-yoon.
El primer mandatario le tendió la mano con una sonrisa amable, como si fuera una conocida de años o un buen recuerdo. Era muy claro que aquel era un político de carrera, y Ja-yoon devolvió el gesto, inclinándose lo suficiente como para mostrar su sumisión nominal y respeto, sin llegar a ser lambiscona. A pesar de ello, el viejo director del NIS dibujó una sonrisa socarrona, burlándose más de sí mismo que de ella, o de su acto.
Entonces el presidente intervino:
— Señorita Koo. Hace rato me dijo que ya tenía pensado un nombre para ocupar el cargo de Vicedirector Adjunto. Si es así, deberíamos cerrar la ceremonia con su juramentación.
— Señor —intervino el Director Cho— No podemos designar a nadie en ausencia.
— Descuide, señor Director —replicó Ja-yoon, y señaló— Se encuentra entre nosotros.
Hubo cuchicheos nerviosos.
— Está justamente ahí.
Todos miraron a donde apuntaba, y no pudieron creer que fuera allí. Lo que ellos veían era a una agente de Yongsadan, con la cara tapada, pero Ja-yoon, en cambio, a aquello que le dio un futuro. Fue entonces que la llamó, bajando el brazo:
— Hermana, ven aquí. Deja que los excelentes miembros de la Comisión te conozcan. Están impacientes.
Sin ninguna clase de pretensión, se acercó al escritorio, y se despojó del casco ante los balbuceos de la mesa. Luego se bajó el pasamontañas y también se lo quitó, como quien se cambia de ropa en la mañana; desató su cabello, peinándolo a mano. Al quedar despejada, acomodó su sencillo peinado de cabellos largos hasta la espalda alta, y sonrió de forma segura, aunque inocente.
El viejo Director del NIS se quedó boquiabierto, retrocediendo con un temor involuntario. La señaló, titubeando:
— T—t—tú. ¿Cómo es que—? —y vio al Presidente— ¿C—cómo es que está aquí? ¿Quién le dejó pasar?
Ja-yoon sonrió, respondiendo:
— Ah, veo que la reconoce muy bien, Director. En efecto —y dijo al Presidente— ella es mi hermana melliza; si han escuchado del frente ADP Pharma, y el Cuartel General antes —se dirigió al público— la habrán conocido por cierta—denominación.
El Director Cho respondió a la interrogante:
— Es el sujeto experimental—Ark-1 Datum Point, señor presidente. El primer—y más peligroso especimen creado por el PROYECTO: ARCO, hace casi 21 años.
El Presidente asintió, y Ja-yoon afirmó:
— Si he tomado en consideración a mi hermana para esta posición, no es por nuestro vínculo sanguíneo, sino por su capacidad, ya ampliamente probada, para ejecutar y dirigir operaciones de campo en entorno hostil. Lo habrán visto ya en la información suministrada a los auditores y a usted, su Excelencia.
Este se quedó pensativo, pues una vez más se vio a sí mismo atrapado en la misma encerrona de antes. Y si la palabra del Director Cho era algo por lo que guiarse, el riesgo estaba multiplicado cientos de veces esta vez, en caso de negarse. Por otro lado, también consideró si Ja-yoon sería capaz de apuñalarlo frontalmente cuando se había recién ligado al Estado formalmente; ella no había demostrado estar conspirando en su contra. Por tanto, haciendo el balance, y tomando en cuenta el vínculo de confianza que la joven quería crear con él, consideró que tener regulado a un activo como Ark-1 sería un ganar-ganar para los dos lados.
Respondió:
— Está bien, lo aceptaré. Bajo la condición de que, como se espera de aquellos bajo su mando, usted sea responsable de su accionar, más que nadie. Señorita —dijo a Ark-1— acerquese aquí, si está de acuerdo.
— No necesito que mi hermana me controle. Es Yongsadan la que necesita control.
Hubo murmullos molestos.
— Yo ayudaré a mi hermana a que eso sea una realidad, y toda esta muerte jamás vuelva a repetirse, señor presidente.
Su voz segura le sacó al primer mandatario una risita, y este asintió:
— Bien, bien, lo tenemos claro. Así me gusta oír. Venga.
Al subir a la tarima, la ceremonia de Ark-1 procedió similarmente a la de Ja-yoon, sólo que esta vez la constitución y el manual lo sujetaba la joven para que su hermana colocase la mano, levantando la otra. El Director Cho fue quien recogió el juramento como testigo, y el Presidente cruzó manos, observando todo.
Al terminar, todos aplaudieron con calculado entusiasmo. Ark-1 se inclinó sonriendo con entusiasmo auténtico.
Ja-yoon agradeció la confianza de quienes eran testigos de la frugal ceremonia, inclinándose, mano al corazón, y pensó de aquel hombre, tras su propia cortesía:
“Cuando mandaste a matarme, hace 13 años, debiste asegurarte tú mismo. Mira ahora, y mira bien; esto apenas comienza.”
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com