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The Witch 4: Insurrection - Capítulo 24

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Capítulo 24: Epílogo

(21 de febrero de 2022, 3:33 PM)

Había viento frío en Jirisan, y allí fue que se escucharon los relámpagos agitarse en las nubes grises, los vientos mover el bosque buscando algo escondido. El estallido fue inmediato, y el barro comenzó a manchar las rodillas de Ark-1 al deslizarse en arroyuelos hacia la ladera al tiempo que la granizada comenzaba y se intensificaba hasta golpear. Desde su última vez en ese lugar, se había ocupado de mantenerlo como un refugio meramente personal, sembrando arboles adultos traídos a cuestas, con sus propias fuerzas.

— Hace algo de frío, ¿no?

Solamente ella sabía qué tres árboles marcaban el sitio de enterramiento de cada miembro de su familia. Más a su derecha, descansaban los restos de Mi-young, su madre; en el centro, al lado, Kyung-hee, para que la primera tuviese con quien susurrar al viento. A la izquierda, con las carcasas de su tableta y celular enterrados junto con él, se hallaba Dae-gil, sobre cuya tierra había metido en parte los dedos.

— Hola, ya vine. Como les prometí.

Las lecciones las conocía, pero seguía sin ser fácil; tomó brevemente el puñado de suelo y lo sostuvo sin apretar, antes de dejarlo derramarse. Lo visualizó, sus lágrimas fusionándose con la pesada lluvia, su chompa impermeable y botines de gamusa azules recibiendo castigo del granizo. Debajo de ellas llevaba un atuendo que creyó perdido; fue en Año Nuevo, que a puertas de la Oficina Administrativa habían dejado un paquete.

Dentro encontró una carta, con una etiqueta:

“Para la linda subdirectora de Yongsadan.

Sí, se de ustedes, no intenten hallarme o lo van a lamentar…entréguenselo, o acabaré con ustedes si lo tiran.”

En efecto se lo habían entregado, mientras supervisaba las remodelaciones de los últimos pisos. Una fuga de gas fue la historia oficial, pero ella más que nadie recordaba los rostros llenos de maldad que habían causado aquel desastre. Fue un agente de la primera generación quien le entregó aquello, y dentro, junto a las prendas que reconoció de inmediato, tenía también una carta:

“Hola, Ark-1,

Nunca tuve tiempo antes, pero recuperé esto de la bodega de evidencias de esos policías metahumanos en Fukuoka. Fue muy fácil, cuando aún estaba en Japón, y después de perder a esos tontos, bueno, querías que lo mandara lavar, ¿te acuerdas? Lo hice, cada mes desde que dejamos de vernos para que oliera bien, espero que te guste la fragancia de sándalo, y eso.

Quedamos sin deuda pendiente. Perdón, prometí que no te molestaría, pero aún debía devolverte esto. Sé lo importante que es para ti. Vive bien.

Sinceramente, tu amigo Ja-gyeong.

P.D.: Mi hermana remendó el pantalón, la hice aprender a tejer, fue gracioso. Ella te manda sus saludos, y te desea suerte. Adiós.”

Tocó la capucha que llevaba dentro de la azul; una de color naranja claro, igual que sus mangas, cuyo resto de cuerpo era similar a un buzo gris casi blanco, ligero. El jean era ceñido, debajo del pantalón que llevaba, pues precisamente no quería que se mojase; después de toda la actividad que había debido hacer, ya le estaba apretando. Sabía que ahora era más improbable que nunca que los encontrara, a los hermanos compartiendo un cuerpo, pues incluso ese día, al salir corriendo fuera, no halló a nadie:

— Gracias, Chae Ja-gyeong. Me gusta el sándalo.

De la mochila a su lado, sacó una caja grande, llena de incienso precisamente de aquella planta, tomando de allí un montoncito. Lo sopló sobre la tumba de Kyung-hee, y tiró un papel con fuego, con un sello dibujado, que rezaba en japonés:

“Nyoze gamon”

De forma pausada, repitió el proceso con Mi-young, y finalmente con Dae-gil. Luego de un minuto, manteniendo ella misma vivo el fuego al mover el aire en orbes con aquel polvo, el incienso comenzó a manar su aroma. Este llenó el pecho de la muchacha, sobre cuyo pálido rostro caía la lluvia, mientras guardaba la caja, con una barrera psiquica encima.

Expandió el campo de fuerza, que tomó aliento con suavidad. Con el granizo repicando fuera de su alcance, juntó las manos, recitando:

— Nyo-ze-ga-mon—

Miró la tumba de su madre, discúlpándose de antemano por ello. Lo creyó necesario:

— Mi-young. Ze-kyo sai-ho. Go-ju-man-oku butsu-do. Go-ru sekai. Go-etsu goku-raku. Ki-koku shu-jo. Mu-u shu-ku. Dan-ju sho-raku. Ko-me goku-raku—

Lo repitió 21 veces, recordando los recuerdos que la mujer le compartió psíquicamente, del primero con su padre, al último descansando en sus brazos. Y terminado, dijo mirando la tumba de Kyung-hee:

— Kyung-hee. Shi-chi-po-chi. Ha-ku-ku-do-su-i. Jū-man-ki-chu. Se-shoku-se-ko. O-shoku-o-ko. Shaku-shoku-shaku-ko. Byaku-shoku-byaku-ko—

Lo repitió 21 veces, recordando los recuerdos de una que fue su refugio, y cada día que pasó en la granja, del primero en que llegó, a aquellos donde tantas cosas cargó, ganado atendió, a llevar fardos ayudó, hasta el último donde ella eligió el amor sobre en miedo. Y terminando, dijo sobre la tumba de Dae-gil:

—

Lo repitió 21 veces, recordando al primero que la había amado, y al primero que había amado, desde su primer momento de rencor, hasta la curiosidad, la entrega, el apoyo, las lecciones, las alegrías. Y su sacrificio.

— Todos somos parte de algo. Todos estamos conectados. No los retendré porque no se han ido. Siempre están aquí, —llevó la mano a su pecho— conmigo.

Con lágrima y una sonrisa, esparcio flores de siria desde su mochila hacia las tumbas, esparciendo sus pétalos como una lluvia para ellos. Recitó entonces:

— Ga-sha-ku-shō-zo-sho-a-ku-gyō. Ka-i mu-shi-ton-jin-chi. Ju-shin-gō-i-shu-sho-shō. Is-sai-ga-sha-ku-kai-san-ge—

Lo recitó 21 veces, y el granizo fue amainando:

— Namu Butsu.

Los vientos cesaron:

— Namu Hō

Un rayo cayó sobre la barrera, pero se disipó al golpearla:

— Namu Sō.

Los árboles que había sembrado vibraron, resonando:

— ​Gwan waku wa kono kudoku o motte. Fugyu issai ni oyoboshi. Warera to shu-jō to

Mina tomo ni butsudō o jōzen.

Lo recitó 21 veces, y repitió una vez lo siguiente:

— ​Gan-ni-shikudoku.

La lluvia cesó.

— Byōdō-se-issai.

Las nubes se comenzaron a apartar.

— Dōgyō-bodai-shin

Oyó a los pájaros cantar.

— Ōjō-anrakukoku

Y supo que debía quitar su barrera. Así lo hizo y recitó 10 veces:

— Na-mu-A-mi-da-But-su—

Alargó la última frase al final.

— Hūm.

Abrió los ojos, y tras estirar las piernas sobre el suelo, se levantó despacio. Tomó sus zapatos, y se inclinó con las manos juntas. Al final dijo:

— Los volveré a visitar el próximo año. Me aseguraré—de hacer lo correcto. Si puedo traer a Ja-yoon, o a mis amigos—lo haré. Namasté.

Y se fue como si hubiese hablado con ellos en el calor de la casa de Kyung-hee, pues a fin de cuentas, ella podía sentir más allá del mundo de la mayoría.

Bajando por la montaña, justo a medio camino, se encontró con aquel hombre de túnica amarilla y gris sobrios, jovial y sonriente. Tratabillaba un poco, pero al verla a esa cercana distancia, sonrió:

— Señorita. Señorita.

Ella en respuesta se detuvo un momento, para saludarlo con alegría, ondeando la mano.

— Señorita, ¿cómo pudo salir con todo ese granizo?

— No te preocupes, Sae-gwon. Ya terminé de meditar; estoy bien.

— ¿Pero cómo puede meditar así? Es una locura, una locura—masculló el acólito.

Ella se acercó, con tranquilidad serena.

________________________________________

(6 de abril de 2022, 20:20 PM)

Ark-1 se alejó varios pasos, enfrentando con determinación la tormenta que se desató a su alrededor.

— ¡¿Qué demonios crees que estás haciendo?!

Ja-yoon estaba furiosa, no con la cara congestionada o bufando ni mostrando los dientes, eso no era propio de ella; peor aún, enhiesta, tensa, con la mirada destellando:

— Así que en vez de quedarte en Incheon, ahora vas por ahí—haciendo nuevos amigos—pero qué bonito.

Ella avanzó lento, levantando en su mano un collar, hecho de semillas rugosas, con una cabecita de oro colgando de una semilla separada de las demás por bolitas del mismo material.

— ¿Y qué significa esto?

— Debes tranquilizarte, hermana. Estás fuera de ti.

La joven tomó aire, sin dejar de mirar a la muchacha pálida, antes de gritar:

— ¡No me digas lo que debo hacer!

Ja-yoon tomó el collar y lo arrancó con ambas manos, haciendo volar las semillas por todas partes. Soltó los hilos de fibra, respirando con pesadez.

— Eres una estúpida. ¡Harás que nos descubran!

— Seok-kyung, Seok-hoon y Ro-na ya lo saben. Pero nadie en el monte Jiri sabe quién soy o lo que hago en realidad. No me gusta ocultar cosas. Sé que es necesario.

— Me conmueves tanto. Cómo te gusta perder el tiempo en vez de hacer tu trabajo.

— Yo jamás—pierdo mi tiempo. He hecho todo por ti, hermana. Porque estoy contigo, porque no quiero que más inocentes sufran, por eso sigo aquí, ¿lo olvidaste tan rápido?

— Vaya buenos resultados has tenido ¿no? ¿Crees que tus palabritas van a evitar que queme ese templo, con todos esos inútiles dentro—?

Ark-1 la miró con tristeza.

— Sí, hermana. Arderá hasta los cimientos, y cada vez que nuestro secreto esté en peligro, quemaré cada lugar donde andes como si nada. —está sonrió— Hasta que hagas lo que dijiste que harías; tú y yo estamos juntas en esto.

Ark-1 entonces, caminó en su dirección, a pesar de tenerla justo en frente. Ja-yoon sintió su aura crecer, sus corrientes calmas fluir con la intensidad de un arroyo que no se detiene. No necesitaba ser un mar agitado, su profundidad bastó.

— Camino contigo, pero no estoy aferrada a ti. No puedes atarme a ti. Tú tampoco puedes quemar la verdad—

Ahora era Ja-yoon quien retrocedió, intentando no temblar por el hormigueo en sus nervios.

— ¿Qué—qué crees que haces, eh? Ya te lo dije, deja—de hacer tonterías, y haz tu trabajo.

— Es lo que siempre hago, mi trabajo, todos los días. No solo Yongsadan, allá afuera, sino también dentro, lo que por cierto, no has hecho. Sigues temiéndole a eso.

— Otra vez con tus especulaciones. Yo no tengo por qué—calmar los nervios, yo—me paro firme, y cazo. Lo demás es para los débiles.

— Sí, otra vez. Tratas de hacer lo mismo que yo, y aún así—no hallas cómo seguir, porque te bloqueas. Te niegas a tí misma.

— ¿Y quieres que haga tus—ridiculeces acaso? ¿Con toda esta ralea de malditos rodeándonos? Ellos no necesitan una caricia de flores, sino el golpe de un látigo. Si huelen debilidad, miedo, nos destruirán.

— Cortaste el lazo con tu pasado, o eso te dices a ti misma. Los vínculos, los temes, tratas de tirarlos a la basura, fuera de tu centro. No, Ja-yoon; acéptalos.

— Tú sabías que debía hacerlo. Estabas de acuerdo.

— Dije que los protegieras. Pero entendiste mal; y un poco también yo, perdón por eso. Lo que digo—es que ellos son parte de ti, están conectados a ti. No trates de borrarlos así; serías tan cruel como los que quisieran dañarlos.

Cada vez más nerviosa, cada vez más sacada de quicio por palabras que en su suavidad la hacían sentir herida, ella explotó, empujándola:

— ¡No hay nadie, hermana, nadie!¡Abre los ojos! No puede haber nadie.

La muchacha pálida se estremeció al sentir el profundo dolor de su hermana al caer de rodillas. Ella, mientras, se había encargado, en silencio, de erigir una barrera psíquica, cegando los sentidos físicos y empíreos de los Despiertos. Nadie en el Cuartel General sabría lo que se conversó allí, en esa antesala.

— ¿Te das cuenta, Ja-yoon? ¿

Esta negó con la cabeza,

— Por favor, hermana, ya madura. Debes entenderlo de una buena vez. Nadie más escucha—del otro lado.

La mente de Ja-yoon se llenó de recuerdos, en Jardín-01. Recordó haberlo visto, a uno de los científicos en la cafetería del personal, rezando. Recordó que luego ese mismo hombre metió sus manos en su cerebro, mientras lloraba. Mientras Baek veía, sonriendo con emoción. Recordó el tiempo en que, a sus 4 añitos, trató. Estuvo de rodillas, pidiendo y pidiendo que la sacara, hasta que sus rodillas sangraron. La ayuda nunca llegó, y ella quedó con los callos.

— Estamos solas. Sólo te tengo a ti. Kim Do-yun, ese desgraciado—

Ark-1 sabía lo que iba a decir:

— Trató de destruir lo que hiciste en Busan. Por esa gente. A ellos no les va a importar. Creerán que estuvste tras la rebelión. Siempre seremos monstruos para ellos. No podemos—ser humanos. O moriremos.

Ella se acercó, poniendose de rodillas a su lado, acariciando su espalda despacio. Con una sonrisa llena de compasión, y una mirada comprensiva, dijo:

— Ese hombre perdido. Sufre en Naraka por sus propias acciones, y eso es digno de compasión. Ja-yoon, él ya no puede hacerte más daño, si tú no lo dejas.

— No puedo dejar que ellos te pongan las manos encima. Si ese maldito director Cho sospecha de—cómo eres, él—

— Cada persona vive en más o en menos ignorancia, hermana. No temas a lo que puede ser, o lamentes lo que fue. Hoy yo estoy aquí, y ni aunque mi cuerpo fuera destruido, borraría nuestra conexión. Y tampoco necesito reconocimiento, o repudio, por mis actos. Mis acciones ya hablaron solas, ¿lo entiendes?

Ja-yoon suspiró, cerrando los puños:

— Es absurdo preocuparse, tienes razón. Nadie ha podido, y seguiré actuando para que nunca puedan. —esta asintió con una sonrisa maliciosa— Ellos no ganarán, y cuando haya terminado, lo perderán todo.

Se puso en pie. Ark-1 la siguió, y se sintió bien de que cuanto menos entendiera algo de lo que le dijo. No importaba, si solo fue una parte, había entendido, incluso si todavía estaba hundida en odio; lo estaba menos ahora. Eso la hice sentirse aliviada, y siguió con el tema que les competía:

— Entonces dime ¿cuándo debo salir?

— En 20 minutos. Si ya reuniste a tu equipo, deben ir a prepararse en el hangar sur.

— Ya di la orden, se debieron haber alistado en su barraca. Deben estar yendo hacia allá.

— Bien, entonces deberías ir con ellos. Encontrar a Inugami es atrapar a su portadora. Si no coopera, claro, mátala.

— Llegaremos a ella. Y ya revisé el archivo que me enviaste en la mañana; procuraré que viva, si es posible.

“¿Qué pasa, Kwon-sook? ¿Estaba muy caliente tu café? No te ves muy bien ¿o sí?”

Las dos hermanas voltearon, y Ja-yoon pulsó el micrófono:

— Ya deja eso, agente Park. Debes regresar con tu unidad, pronto les daré nuevas instrucciones.

Esta mujer, que Ark-1 conoció tras enfrentar a Kwon-sook en el sitio de Chuncheon, ahora cargaba un dolor de haber sido usada, oculto tras el brillo hostil en su mirada:

“Lo que digas, nueva Directora. Pero si me haces lo mismo, acabarás como ella.”

Dentro de la cámara, el aro desintegrador fue activado, y aún exhalaba su último aliento. Delante de él, las cenizas de aquel terrible cadáver humeaban, carbonizadas. Kim Kwon-sook ya no sólo estaba muerta; ni siquiera existía su forma.

Y allí estaba, Sook-hee, con el pulsador en una mano, pateando la silla con la estatua fragmentaria, convirtiéndola en una nube de polvo:

“Hasta nunca, maldita” dijo, y le escupió.

— Huh, deberías agradecerle a mi hermana por seguir con vida. Es por ella que estás allí, amenazándome.

— Sook-hee —interrumpió Ark-1— ¿Estás segura de haber extraído—toda la información antes?

“Sí, ya le sacamos todo. Lo investigamos, y de paso acabamos con algunos supervivientes de su facción, eso lo sabes. Ahora sólo nos queda ver lo último que dijo.”

— ¿Qué cosa?

“Si es verdad que K quería hacer salir a la que estás buscando—¿cómo dijiste que se llamaba?”

Ja-yoon respondió:

— Su nombre es conocido en el bajo mundo—mágico—del país. Me sorprendería que un demente de ciencia como ese estuviese interesado en ella.

“¿Por qué, quién se supone que es?”

— Eso no te incumbe. Tienes otra tarea, así que ya fuera.

“Cómo ordenes, señorita Bruja”

Ja-yoon cerró un puño, pero Ark-1 le dio palmaditas en el hombro:

— Dale tiempo. A ella le lavaron el cerebro media vida. Dale una razón para confiar en ti. En esta Yongsadan.

— ¿Y qué más quiere? Ya le di su venganza.

— Averígualo. Sé que pensarás en algo.

Ark-1 salió, y ni siquiera vio los restos, ni al escolta Seo-jin resguardando la puerta, solamente guardó las semillas, atrayéndolas con su poder, dentro del bolsillo de su chaleco. Recorrió pasillos, ascensores, y fibalmente llegó a un corredor más amplio que daba al mentado lugar, donde bimotores y cuatrimotores, así como varios helicópteros negros de doble hélice estaban aparcados. Acortó pronto la distancia con sus hombres, todos en sus trajes tácticos, y aunque no con prestedad militar, se enderezaron al verla.

— Muy bien, equipo, ya saben cual es la misión.

Allí estaban. Como lugarteniente, Ji-won, casco al brazo, luego Hwang, a su lado Ryo-dan, Bae-rin, Jae-Woong y Da-mol.

— Esta no es, y les repito, no es una misión de neutralización, sino de recuperación y contención. El objetivo debe ser extraído en una pieza.

— De ser posible —musitó Ryo-dan.

— Y debemos asegurarnos de mantenerla sedada una vez esté rodeada, o podría escapar.

— ¿Qué ocurre si trata de huir? —preguntó Da-mol.

— Lo rastreamos y lo capturamos igual.

— ¿Por qué no podemos destruir el objetivo como siempre, y ahorrarnos el fastidio? —preguntó Hwang.

— Porque ese no es el propósito de esta misión. Lo que lleva el objetivo es peligroso, y si muere, podría destruirnos. A todos.

— Entendemos. —dijo Jae-woong.

— ¿Están seguros de eso?

Exclamó entonces, con firmeza, mirándolos con preocupación genuina, bajo la máscara de mármol que estaban aprendiendo no sólo a temer, sino a admirar.

— ¡¿Lo entienden?!

— ¡Si, señora!

Ja-yoon, mientras tanto, se cercioró de que Sook-hee regresase a su sector, para luego marcharse hacia el Área de Informática. Vio a través de la ventana al equipo trabajando agitado sobre sus teclados e interfaces táctiles, con un escritorio a la cabecera de las filas de empleados en sus terminales. Allí, en un computador de múltiples monitores, usando un visor de protección y display virtual, se hallaba aquella mujer de cabellos como de fantasma.

La joven se acercó a ella, mientras los demás agachaban cabeza para evitar su mirada. Tocó una de las pantallas cual si fuera una puerta:

— Jefa Seo.

Esta miró a un lado, y se sobresaltó, poniéndose de a pie con el siempre presente dejo de prudente desconfianza en su rostro:

— Directora.

— ¿Completaste la tarea?

— Si, señorita. Envíe copias del Archivo a cada implicado en casos de corrupción relacionados a Hoffen International—y el PROYECTO: ARCO.

— Supongo que incluiste el malware que te ordené.

Mi-ri dijo con cierto rechazo:

— Sí. Si deciden pasarse de listos o denunciarlo—secuestraremos todos sus sistemas operativos, y sus actos de corrupción se liberará a la prensa.

— ¿Y el spyware?

— Se encuentra trabajando, señorita. Si Horang, Gombumun o Geobugsadan se mueven, lo sabremos.

— ¿Los dispositivos de mi querido superior del NIS?

— También, pero es posible que lo descubra si no somos cuidadosos.

— Descuida, la gente como él descarga clntenidos con esa clase de virus a menudo.

Mi-ri se esttemeció ante la implicancia:

— También—tengo línea directa—con la Casa Azul, Directora.

— Perfecto.

Esta se acercó por detrás de su asiento, y masajeó sus hombros levemente, dándole un palmada en ambos hombros. Susurró en su oído:

— Sigue con el buen trabajo.

Antes de que se alejase, la hacker preguntó:

— Entonces—¿me dejará ir?¿Cumplirá—su promesa?

Ja-yoon la miró con falsa pena:

— Hah. Claro que sí. Oficialmente trabajas para mí como empleada del gobierno en un cargo medio. Te pagaremos bien, y sólo debes darme un informe una vez al mes. Si te necesito te llamaré. No será pronto.

Sabía que eso era mejor que ser esclava o un cadáver más en su lista:

— Está bien. —se inclinó— Gracias.

— Ya mandé llevar tus cosas de la casa segura a Geumga Plaza. Revisa tu correo, irás en el vuelo a Seúl a primera hora, no lo pierdas.

Salió de allí, y Mi-ri fue terminando sus deberes allí, mirándola con palpable resentimiento. Luego puso cara de tristeza cuando pensó en Ark-1:

— Ojalá tengas razón, niña. Yo no la soporto.

Pronto se dirigió al subsuelo uno por el ascensor, y recorrió los pasillos que llevaban a su oficina. Se detuvo cerca de su puerta doble, hecha en madera de cedro tallada, con el sello del dragón en pan de oro. Lo miró pero no fue hacia allí, sino que se internó en una oficina o grupo de oficinas a la derecha, también con placas de madera. Allí, personas en elegantes trajes estaban ocupadas revisando archivos, bajo candelabros dorados y de cristales, o sentados en despachos.

Fue a una oficina cerrada al fondo, y tocó la puerta antes de abrir:

— Ah, pero si es mi Supervisora de Asuntos Legales favorita.

La mujer entrecerró levemente los párpados al apartarse de su monitor:

— Directora, qué placer me da verla —sonrió, pasivo agresiva— Por favor, tome asiento, esta oficina es más suya que mía, ¿o no?

— Cierto. Pero no vengo aquí a charlar, abogada Hong.

Esta se reclinó sobre su buró con un codo y in brazo, levantando una pluma entre dos dedos:

— No me diga.

— Quiero saber qué tienes hasta ahora en cuanto al caso K.

— El departamento se está encargando de todo, y sí, Fundación K ya no existe por haber pagado todas las indemnizaciones. Los familiares de los niños muertos y desaparecidos—están recibiendo compensaciones mientras hablamos.

— ¿Lo ve? ¿No se lo dije? Usted puede hacer mucho más desde aquí que con su bufete de mala muerte.

La mirada de Cha-young se afiló con furia, y el aire que salió de su nariz rezumó veneno, al mismo tiempo que sonreía:

— Hmh. Claro, pero mejor no siga hablando del tema. No hay que perder el enfoque en lo que nos ocupa.

— Si, claro, también iba a preguntarte. Los familiares de los rebeldes de nuestra agencia que murieron el año pasado. ¿Ya te encargaste de ellos, cierto?

Cha-young tragó saliva, mirando brevemente hacia abajo. Giró la pluma en su mano una sola vez, con más ira:

— Por supuesto. Se quedarán en silencio. Se están confiscando todos los bienes—de esas familias—bajo falsas causales. Deberíamos terminar—en un par de semanas.

— Bien, supongo que ya me mandó los detalles a mi oficina.

— Los archivos están allí para que los lea. ¿No necesito hacer eso por usted, señorita?

— No. Y descuida, tu pase a Incheon ya fue arreglado. Transferiremos tu departamento allí, cuando las remodelaciones terminen. Dentro de 3 semanas.

— Ay, muchas gracias, es usted tan gentil. Me prepararé para irme desde ahora, entonces.

Ja-yoon se levantó, y se despidió diciendo:

— Claro. Usted no es prisionera aquí, después de todo. Le pagaré su boleto a Malta—cuando quiera. Nos vemos luego.

Al irse cerró la puerta sin tocarla.

“¿Cómo acabé recibiendo órdenes de esa mocosa? Huh, pero ya verá, cuando su hermana se entere—sí, he visto tu lenguaje corporal cuando está parada a tu lado. Se ve que te da lecciones cuando eres una niña mala. Ya vas a ver.”

Negó con la cabeza, relamiéndose por dentro la mejilla.

________________________________________

(Afueras de Gyeongju, 21:35)

Ark-1 y su equipo habían descendido a la espesura fuera de la antigua villa museo, un pueblo restaurado que databa del siglo VIII. Haciendo ademanes, los Despiertos se esparcieron por todo el perímetro de aquel sitio, corriendo a ligera velocidad, callados. No sonó una hoja del piso boscoso, ni una piedrecilla de los caminos conforme los miembros del equipo cerraron el círculo.

La muchacha pálida podía sentir esa esencia, ese hedor pestilente metafísico manar de un antiguo complejo señorial. No era una quinta, o un palacio de verano, ni siquiera una residencia de verano, solamente una casa amurallada, y media. La estructura secundaria era sencilla, recubierta de papelillos de colores amarrados a cuerdas que caían del techo.

Las puertas y ventanas cerrados también estaban acordonados con listones de seda de muchos colores, ondeando en la brisa. Fue allí que Ji-won, Hwang, y Ark-1 se acercaron, manteniendo sus auras lo más planas posibles, mientras sentían al objetivo.

Da-mol y Jae-woong en cambio fueron colocando el aceite de un montón de vasijas que habían saqueado de una bodega cerca. Regaron por toda la casa, y cuando Ryo-dan iba a echárselo, fue Jae-woong quien la detuvo, negando con la cabeza; esta bufó. Usando camuflaje activo, cerraron el cerco con sus rifles EM en mano y granadas inhibidoras en los cinturones.

Llegó la señal.

Los tres invisibles corrieron, los dos visibles entraron por las ventanas, y Ark-1 por detras, despacio. Allí vio a quien debía buscar, vestida en un hanbok negro y rojo, con el cabello atado en un moño; como si nada pasase, se hallaba sentada sobre una almohada, prendiendo inciensos. Fue cuando la muchacha pálida, mirándole la espalda, preguntó:

— ¿Eres tú Baek So-jin?

Esta no respondió, e hizo sonar, de forma rítmica, unos cascabeles en un palo.

— He venido a llevarte conmigo. A un lugar seguro.

La chica, apenas una adolescente, respondió al fin, tras alinear unas fotografías con etiquetas, y chucherías sobre su mesa:

— Él te conoce. Hueles a loto azul, y sándalo.

Supo perfectamente a lo que se refería.

— Lo que está—consumiendo—mi interior. No importa cuán difícil, debo resistir. Para esto me preparé, y entreno.

— Sabes entonces que estás fallando. Te encuentras débil, puedo sentirlo. Déjame ayudarte.

— No debes. Él te quiso poseer, pero no conoce tu nombre. Es mejor así.

— Lo sentí. Intentó poseer a mi amiga. Por suerte envié luz cerca. Pero el resto lo hizo ella misma.

— Ah, sí. Joo Seok-kyung, él sabe su nombre. Tienes razón, lo desterró de su mente —sonrió— Es ms más fuerte de lo que ella misma cree.

— ¿Cómo pudo hallarla?¿Tú lo sabes?¿Cómo se conectó a ella?

— No quiere que te diga—

So-jin escupió sangre, y comenzó a toser pesadamente. Ark-1 iba a ayudarla, pero esta hizo su mano hacia atrás, antes de sacar un tambor de mano, y tocarlo. Sudaba frío, su piel se palideció:

— ¡No, debo hacerlo sola!¡Dile a tus amigos rodeándome que se aparten!

Asintió a Ji-won y Hwang.

— ¡También los otros!¡Puede verlos!

Los otros tres se hicieron visibles al fallar sus arnese. Jae-woong, con su cuchillo sobre la garhanta del objetivo, se apartó perplejo. Ryo-dan y Da-mol bajaron las armas que le apuntaban a la niña chamana sobre la cabeza.

— ¡Otra jefa, rápido! —apresuró Ryo-dan— ¡Cuál es tu orden, ¿la noqueamos?,¿le disparo?, dinos!

Ark-1 debería tomar rápido la decisión, al ver la sombra del perro diabólico en el suelo, y sus cuernos aparecer y desvanecerse alrededor de So-jin…

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(10 de abril de 2022, 15:10)

Las cosas en la viña Cassano no habían estado fáciles desde que Vincenzo se despertó de aquella dolorosa resaca. No había sido fácil despertar y encontrar su residencia manchada de sangre, o parte de la infraestructura derrumbada sin remedio. Tener que reemplazar todo le costó un ojo de la cara, pero por suerte la fortuna de la otra rama de la familia pagó el resto.

No fue capaz de recordar, en lo más mínimo, aquello que había pasado consigo mismo antes de despertar tirado en el mármol cuadriculado del piso. Fue incapaz de recordar también qué había ocurrido con la familia extendida que le había dado el apellido, y tiempo le tomó establecerlo, encontrar las pistas. Luego fue con supervivientes bajo hermanastro, sobornando y chantajeando para que le dieran acceso a él y a sus conocimientos de la red criminal.

Pasó meses reconstruyendo todo, reencauzando los negocios, reinvirtiendo en lo más posible la logística de su operación. Por ellos, a día presente, tenía a dos filas de hombres con uniformes tácticos, unos rifles, otroz carabinas, otro un látigo o cuchillos. Este entonces les dijo con calma, cruzándose de manos:

— Ustedes son lo mejor de lo mejor. No podría haber pedido conocer a gente más dedicada y leal a la familia. Debemos estar listos, para cuando las otras familias de la mafia vengan por nosotros, creyéndonos débiles.

Fue después de um breve sermón, que todos le hicieron reverencia. Él al quedarse solo, volteó hacia atrás, y miró al mausoleo con un angel llorando con la cabeza apoyada a su techo. Fue durante sus oraciones, casi ya al final de ver a aquel padre fallecido que le dio el valor pero también la frialdad, que sintió un toque.

— Reciescat in pace mio papa—

— Disculpe. Señor, disculpe.

Al mirar a su diestra, había allí una muchacha joven, de ojos grandes, cabello rojizo ondulado. Su apariencia era delicada, su estatura baja, vistiendo su chaqueta, pantalón acampanado y blusa a cuadros. Este sonrió, saludándola en silencio con una inclinación.

— ¿Es usted—Vincenzo Cassano?

— ¿Y quién pregunta?

— Me llamo Bong-soon. Do Bong-soon. Es un gusto. Y—sólo soy una chica del barrio Dobong, en Seúl.

— El gusto es mío, pero dígame señorita Do, ¿por qué me conoce usted?

— Del caso Babel. Y—es señora. No es por presumir, es que—ya estoy casada.

— Ya veo, felicitaciones.

— Muchas gracias.

— Ahora explíqueme, si es tan amable. ¿Por qué ha venido desde Corea a buscarme?

— Porque es un hombre bastante persistente. Trabajador. Hace justicia a su manera y es ingenioso, recursivo. Pero también construye, y ayuda a otros a construir. Me parece también honrado, en cierto sentido.

— Son demasiados halagos, viniendo de alguien a quien acabo de conocer. Y se puede decir que estoy con alguien más. Es complicado.

— Es verdad, lo siento. No quería molestarlo. Simplemente presentarme.

— Ah. Sí claro, adelante. Puedo verlo—en esa mirada ansiosa. Quiere decirme algo importante. Por favor.

— Ah, sí, por supuesto. Sólo vine a entregarle el mensaje.

El mafioso esperó a que siguiera:

— Debió conocer a Koo Ja-yoon, de la agencia Yongsadan. Y habrá visto de lo que gente así es capaz. El hombre que causó todo el sufrimiento del año pasado, Kim Do-yun, pudo hacer lo que hizo—

Vincenzo cruzó los brazos, esperando atentamente.

— Debido a que fueron creados y amamantados—por estructuras de poder corruptas—como las que esa chica dirige. Nosotros somos aquellos que hemos evitado que Busan y Corea sufrieran, apoyando a la gente correcta.

— Y eso me incluye, supongo.

— Sí, así es. Es lo que—desde la organización mis jefes creen.

— ¿Quiénes son tus jefes?¿Y por que permitieron que esas cosas terribles sucedieran entonces?

— Porque fuimos confiados. Y gente que creímos aliada nos traicionó. En Horang. En el NIS. No cometeremos ese error nunca más, y para asegurarnos, estamos contactando a nuevos socios potenciales.

— Gracias, pero a decir verdad, tengo mucho por hacer en Italia.

— Y queremos que lo siga haciendo, señor Cassano. Eso es justo lo que necesitamos. Si colabora junto a nosotros, le diremos por qué. Preferimos reservárnoslo si decide declinar.

— Pero aún no he dicho eso.

Bong-soon se sonrojó, encogiéndose de hombros:

— ¡Claro, es verdad, qué despistada soy! Tenga.

Del bolsillo de su chaqueta le entregó una tarjeta. Vincenzo observó sus detalles, la pesó, vio lo fino del material, y el diseño minimalista. Leyó el nombre.

— Opulentia.

— Así es. No somos públicos como red, pero seguro reconocería a muchos de nosotros si nos viera en televisión. Invertimos y promovemos iniciativas para la lucha contra el supercrimen de alto nivel y el superterrorismo transnacional. Aunque somos originarios de Corea, como dijo.

— Así que de eso se trata.

Él sabía perfectamente que Cha-young y Mi-ri seguían en Jeju, en manos de esa joven.

— Pensándolo bien, estoy interesado en su propuesta.

— Me alegra escucharlo, es un alivio. En serio.

— ¿Ya ve? No debe asumir el resultado negativo sin intentar antes.

— Sí, lo tomaré en cuenta. Y pues, como ua aceptó, contactaré a mi gente para avisarles. Hay mucho de lo que quieren hablar con usted.

— Me lo imagino.

— Nos reuniremos en la dirección que anoté en el reverso.

— Ginebra.

— Dentro de un mes. Por favor, no le diga a nadie sobre nuestra reunión.

— Mis labios están sellados, señora Do. Y le agrdezco que haya venido.

— Adiós, señor Cassano. Lo veré allí.

Bong-soon comenzó a alejarse, colocándose un par de gafas de sol, y alejándose por el camposanto hacia la casa de recepciones. Ella tomó un camino, y lo llevó a él, por lo que otros fueron llevados en otros caminos, debido al camino que la joven Ja-yoon decidió tomar, 4 años atrás.

Los caminos que tantos tomaron, estaban ahora convergiendo en formas que nadie esperaba, por una variable que nadie imaginó posible. La bruja, y su hermana.

FIN

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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