The Witch 4: Insurrection - Capítulo 23
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Capítulo 23: Ser en presente
Cuando despertó, se encontraba tirada en el pasto al lado de la banca, y tomando aliento se levantó apretando los párpados, tratando de dilucidar su propio paradero en el mundo físico.
Una ansiedad la embargó, no sólo al verse allí ya caída la noche, sino que recordaba en bucle lo que acababa de ocurrir en una terrible pesadilla, cuyas sombras comenzó a buscar en la penumbra. Todo, en cambio, se había mantenido en la más absoluta quietud; a esa hora el siseo de las ramas de cerezo era suave, los cantos descoordinados de los grillos cascabel formando el coro, puntuando el silencio entre los árboles. La luz LED que debería haberse encendido sobre el asiento al que se apeó pronto seguía apagada, y el canto de un autillo la estremeció brevemente, desde lo profundo del oscuro verdor.
Se levantó, y tomó su celular de la banca; sus ojos se abrieron como platos al ver que eran las 07:31 PM. Vio varias llamadas perdidas de Seok-hoon y Ro-na, y revisó el buzón de voz con dos mensajes:
“Seok-kyung, ¿estás ahí? Te hemos estado llamando, ¿te sucedió algo? Dime. Ya me estoy precoupando, sólo—regresa a casa temprano, ¿ok? Llámame en cuanto puedas.”
La chica sonrió, enternecida, olvidando los rostros perrunos que creyó ver un momento atrás en las cortezas. Guardó el mensaje, y paso seguido colocó el otro:
“Oye Seok-kyung, ¿por qué no contestas el teléfono? Seok-hoon fue a tu apartamento a buscarte, pero dice que no estabas allí. Por favor, si necesitas ayuda, llámame. Estoy al pendiente.”
Se le vino a la mente esa escena en el auditorio. El día en que la conoció, y los días en que hizo su vida imposible. Suspiró, y se dispuso a marcharse de allí. Sonrió:
— Gracias por preocuparte. Ro-na.
Oyó un ruido lejano. No fue el tren del metro cercano; y allí que lo oyó de nuevo. Tampoco el tráfico de fuera del parque en los puentes. Esos eran como mareas en la playa, pero esto era diferente. Puso en silencio su cabeza, hasta que sólo oyo el látido de su corazón.
“Tal como me enseñaste, Kwon-joo.”
Se dio cuenta. Era el cesped siendo pisado. En donde más oscuro estaba.
Extrañamente, no sintió miedo. Más bien, volvió sobre sus pasos, caminando lentamente. Medio agazapada, se internó entre los árboles, bajando una breve pendiente pedregosa. Un nuevo sonido, el caer de los pétalos, cual lluvia lenta, seca; estaban por todo el alrededor.
Fue cuando llegó a un claro aislado, entre sauces llorones, entre copas rosadas y blancas, con un viejo árbol en el centro, un gran cerezo en flor de madera gris. Lo que la dejó pensativa por un momento fue ver que allí cerca había un estanque totalmente quieto, con agua cristalina, y una flor que, habría jurado, vio en la fuente de Hera. Finalmente, oyó el eco lejano de una voz humana que se fundió en el mar irrelevante del tráfico, que al seguirlo llevaba a una muchacha sentada en la posición del loto.
En medio de sus murmullos, y el tan sutil vibrar de su garganta, Seok-kyung vio cómo le caía en diagonal un rayo plateado de la luna, aclarada tras un golpe de brisa. Y desde el borde de la oscuridad, oyó dos palabras:
— Om.
Una sílaba larga que vibró distinto, al punto que sintió su pecho estremecerse. Un murmullo rítmico, vibrante y constante siguió emergiendo a su alrededor.
— Amo—gha—
La quietud era lo que contemplaba, la paz que la había esquivado durante la tarde y su oscuro viaje onírico. Así la quietud llegó a su propio cuerpo, dejándola paralizada apenas habiendo dado pocos pasos dentro del claro. Esa voz, la reconoció al fin, pero sonaba diferente, profunda y melódica, sin prisa o calma frialdad.
— Om amogha vairocana—mahamudra manipadma—jvala pravartaya hum.
Y sin embargo no era todavía un canto, sino una rima solemne, que nunca había oído. La curiosidad volvió, y caminó lentamente hasta acercarse a unos poco metros. Cruzó por al lado del estanque, ignorando el loto, olvidando a aquel perro terrible.
— Om amogha vairoca—na…
Los pétalos caían sobre ellas, sin aparente final, y aquella muchacha, de piel incluso más pálida bajo el rayo, estaba inmóvil al punto de parecer una estatua de mármol. Uno mucho más puro que ninguno en la Tierra entera, una efigie de ojos cerrados, que a pesar de su remera gris de algodón y calentadores, parecía parte del mismo árbol.
La frase se siguió repitiendo en cadencia suave y constante como el arroyo que baja del monte todo el año, haciendo a Seok-kyung estremecerse, dejando caer el miedo.
Un aire viciado de tragedia ahora acababa de purificarse, y no pudo sino ponerse de rodillas de a poco, deseando poder escuchar más. Cada vibración la sintió hasta los huesos, como si alguién tocara en separados intervalos con una baqueta de madera cada uno de ellos al unísono, limpiándola adentro. En ese momento ya reconocía perfectamente al rostro que en ningún momento abrió sus ojos, uno que había visto en el tribunal, y luego en el auditorio. Pero, mientras la muchacha ralentizaba la cadencia de sus recitaciones, como invitándola, ella sintió su cerrazón aflojar.
— Eres. Tu eres ella. Eres—tú.
Compartiendo el mismo espacio, el inexorable tiempo se detuvo para ambas. Ella misma cerró los ojos, pero no era sueño esta vez, sino una sensación de bálsamo recorriéndole el pecho, la columna. El viento se detuvo cuando el vacío de visión dio paso a un golpe seco de madera, en el cerezo.
Y también lo sintió en los huesos. Pero se dio cuenta que la muchacha no se había movido. Era realmente el tronco vibrando con suavidad. O más bien todos los troncos del claro, vibrando, rítmicamente. Es cuando una frase solemne salió de los labios de Ark-1:
— Myeong-yang-seon-sim-sim-myo-beop…
Su voz era suave, serena, y ahora sí parecía estar cantando.
— Baek-cheon-man-geop-nan-jo-u…
Los ojos de Seok-kyung esta vez se humedecieron por sentir una caricia que no era física.
— A-geum-gyeon-mun-deuk-su-ji…
La chica sintió que aquellas palabras eran como cuerdas de la seda aterciopelada más suave que hubiera sentido, sacándola del pozo más hondo. No evitó soltar una risotada ahogada, sin entender por qué; pero visualizó la sombra de la vieja Seok-kyung del uniforme retroceder y volverse humo en una luz azul. El latido de los troncos se volvió una constante que la estaban llevando a un trance plano.
Fue cuando la muchacha pálida empezó a cantar un solo mantra, y solamente uno, en eterno círculo:
Om-amo-ga-bai-ro-cha-na-ma-ha-mu-deu-ra-ma-ni-pa-deu-ma-jeu-ba-ra-peu-ra-ba-reu-ta-ya-hum.
A veces tomó aire entre dos sílabas, luego entre otras dos, luego dos distintas. Parecía que las combinaciones eran interminables.
Cada sílaba fue un golpe de luz como ondas en el estanque, hasta que no hubo pensamiento, sólo la ilusión de dos personajes imperturbables en un claro.
No supo cuánto duró la eternidad, pero tomando aire ligero con su vientre, abrió los ojos de vuelta en un martes de abril. El mundo parecía ahora haberse vuelto puro, por la vibración ahora viajando por siempre desde el final de una recitación en la noche. Los sonidos de las formas regresaron, pero de estos ella ya no se preocupaba, ni de nada en realidad.
La muchacha había abierto también los ojos:
— Bienvenida de vuelta.
Seok-kyung secó sus ojos con delicadeza:
— No sé—qué fue eso, pero—gracias, muchísimas gracias. Salvaste mi vida. En el auditorio, y aquí. Gracias.
— Claro.
— Tú eres Ark-1, ¿verdad? La que trabaja para Koo Ja-yoon.
— Eso puedo ser, sí. También soy su hermana melliza. Ayer era la que nació 20 minutos y 48 segundos antes que ella, cuando revisaba archivos del Cuartel General. Ahora mismo, soy quien está a tu lado.
Esto le dio como un baldazo de agua fría. Vio por un momento al monstruo perruno, y cuando se desvaneció, miró a Ark-1:
— Tú eres a la que ese—monstruo buscaba. Pero te confundió con Ja-yoon.
La muchacha permaneció en el mismo estado, y Seok-kyung siguió diciendo:
— No fue sólo una pesadilla, ¿verdad? Era real, ¿o no?
— Ya no lo es ahora. Lo importante es que fue tu fe lo que te salvó, y salvó el alma de mi hermana de ser alcanzada. De momento.
— ¿Cómo? No comprendo qué dices. Si ese ser existe. Fue como si verlo me quitara la vida. Tú estás en peligro, y todo el mundo.
— Ese futuro que temes no es, y el peligro de ese demonio era pero ya no es, como dije. Todo gracias a tu entendemiento.
No supo qué preguntar, excepto:
— ¿Por—entender qué?
— Entendiste que ningún Dios; ningún Mesías; ningún Buda o Bodhisattva te puede ayudar. Sin que primero tú puedas reconocer el odio y el rencor dentro de tu corazón—para así dejarlo ir.
Seok-kyung se quedó en silencio.
— Pero eso también significa algo más, ¿sabes?
— ¿Qué?
— También incluye dejar ir ese odio, y ese rencor—hacia tí misma. Puedo sentirlo, debe haber dolido mucho, perder tanto, sin tener nada—por la ilusión de poseer.
La vida de Seok-kyung pasó frente a sus ojos, y de rodillas se arrastró, trastabillando, dandose cuenta de que todo era verdad.
— Sí, fui muy tonta, estaba ciega. No valió nada, ¿verdad? No merecía tanto. La vida me lo quitó por eso.
Pero Ark-1 la corrigió, cuando la chica estuvo junto a ella, en actitud jovial y humilde, negando con ambas manos:
— No, no, no, no quise decir eso. Las cosas no duran igual para siempre. Aprendiste. Creciste. Tienes una oportunidad hoy. Y ahora estamos aquí. No es coincidencia.
Y a su mente llegó de aquella vida un momento muy cercano, pero también muy lugubre, un día en su apartamento, sola. Estaba agotada, su mente llena de dolor, su garganta seca de haber tomado soju; pero ni la borrachera la había sacado de su absimo. Todo estaba sucio y desordenado desde hace semanas, y las moscas volaban por doquier, el lugar lleno de fundas de basura.
Ella se paró, con los ojos vacíos, secos, y caminó tomando una silla vieja hacia el centro de la sala. Era una decisión tomada, una determinación sombría y reseca, atada a un ventilador bien soldado al techo. Lo ató a su cuello, y fue cuando se preparó para tomar el camino de la total derrota, hacia un abismo infinito bajo el asiento. Cayó esa noche también.
Pero ellos llegaron, ese septiembre 13 de 2020, sin dinero, sin empleo, a horas de ser corrida del lugar. No oyó lo que decían, mientras la oscuridad la envolvía, sintiendo brazos que conocía muy bien. Antes de pensar que todo se había terminado, pudo ver sus tres rostros, llenos de miedo. Y a una de las dos chicas poniéndose debajo de sus piernas, haciendo un esfuerzo sobrehumano.
Fue Ro-na, que se lanzó a ella para evitar que se rompiese el cuello. Su hermano gracias a ello tuvo tiempo de sostenerla de la cintura. Al mismo tiempo, Je-ni, aterrada, buscó un cuchillo para cortar el lazo; el que ella misma había atado a la fría mano de la parca.
Estalló en llanto, allí de rodillas, en el hoy, dando un berrido amargo:
— Perdónenme. Por favor perdónenme por ser una carga. Perdónenme.
Dos de esas mismas personas ahora habían llegado al filo del claro, en galas. Ark-1 los miró, los sintió a kilómetros, y ellos entendieron que debían esperar. Esta finalmente se movió adelante, y la abrazó llena de compasión.
— Tú no los obligaste, ¿ves? Cuando los querías aferrar, ellos fueron lastimados, incluso en la enemistad.
— Yo creía—que seguía viva—porque aún debía—recibir mi castigo.
— No, Seok-kyung, fue cuando los soltaste, que ellos aparecieron, eligieron el amor en vez del odio. Porque en el fondo, su cariño por ti siempre fue real.
— Pero—Ro-na, ella nunca fue—
— Incluso ella. Porque sintió lo mismo que tu hermano. Incluso cuando la lastimabas. Y cuando llegó el momento, pudo ver más allá de la pena. A pesar de todo su rencor contra ti. Decidió dejarlo.
— Ro-na. No merezco ser—parte de su familia. No lo merezco.
— Lo demostraste ya, ¿o no? Que ella te importa. La cuidaste, te preocupaste por ella y la defendiste desde que volvieron a juntarse sus caminos. Te costó, pero lo hiciste.
Seok-kyung estrechó a Ark-1 por la remera, sobre las escápulas, un rato más, tiritando. Ya calmándose un poco, suspiró agotada, ligera aún así, y ambas se separaron despacio:
— Ellos—¿te contaron, verdad?
Ark-1 asintió.
— Aunque no tenían mi poder para verlo, sabían que tu vida vale la pena. Lo vale, Seok-kyung, porque bajo el lodo, el loto igual florece, y la joya igual brilla. Todos lo tenemos dentro, la chispa de la luz.
En su perpleja e incipiente admiración por aquella muchacha, ella le tomó la mano con ambas manos, rogándole con ansia:
— Oye, Ark-1. Por favor, dime más—de esas cosas. Esto—lo que acaba de pasar. La forma en que tú has—. Quiero sentirlo de nuevo, te pido, enséñame. Fue—
Se quedó sin aliento, y riendo con ternura, la muchacha respondió:
— ¿Hermoso?¿Dulce? Sí, ya se. Pero el estado más elevado no es algo que se enseña. Ya está en ti. Yo sólo puedo apuntar a la Luna.
— Huh, eres increíble. Rara, pero—increíble.
— Es difícil de encontrar incluso en cien mil millones de kalpas. Y tú lo encontraste. A mí me fue difícil entender a la primera.
Seok-kyung se quedó confundida, y se llevó la mano a la cabeza rascándose. La muchacha miró a los otros, y asintió una sola vez, sonriendo, indicándoles que se acerquen. Ellos fueron caminando presurosos, con expresiones conmovidas.
— Seok-kyung. —llamaron al unísono.
Seok-hoon la abrazó, preocupado, bamboleándose al acariciarla. Mientras, Ro-na le acariciaba el cabello, a lo que Seok-kyung luego respondió estrechándola fuerte. Se disculpaba, ellos le decían que no era necesaro. Pronto se calmaron los ánimos.
— Debiste decirnos que estabas aquí. —dijo el chico.— Te hubiéramos venido a recoger.
— Oye, le destrozaste los nervios a tu hermano, no vuelvas a ausentarte así. —reclamó Ro-na.
Luego Seok-kyung, centrada en el presente, hizo la observación:
— Oigan, esperen. Pero apenas sí desaparecí unas horas. Y no nos hemos visto todo el mes. Ya díganme ¿qué se traen ustedes dos entre manos?
La pareja se miró, y Seok-hoon se rascó la cabeza:
— Sí, eso. Es algo importante, debes ser la primera en saber.
Ro-na mostró entonces un anillo de diamante en su anular, sonriendo. Seok-kyung se llevó las manos al rostro, sintiéndose con el corazón en la mano. Miró a su hermano enternecida, fue y le besó las mejillas un montón.
— Oye, no espera, no hagas eso.
Ro-na rio por lo bajo. Ark-1 simplemente miró.
“En la vida todos los momentos pasan. Felices. Tristes. Dolorosos. Amargos. Divertidos. Emocionantes. Pacíficos. Violentos. Por eso hay que vivir cada uno en el presente. Parece que de eso se trata.”
Seok-kyung los abrazó a ambos, felicitándolos.
— Ay es verdad, teníamos que ir a la reservación a las 9. —apuntó Seok-hoon.
— ¡Me había olvidado por completo! —dijo Ro-na.
— ¿De qué hablan?
— Íbamos a cenar en el Continental —sonrió tontamente— Planeábamos contarte todo allá.
— A ver, déjame ver.
Seok-kyung miró en su celular. Las 8:30 PM.
— Creo que aún podemos llegar.
El grupo volteó a ver a Ark-1, quien se levantó tan suavemente que el cesped no hizo ruido alguno. Seok-kyung arqueó la ceja:
— Oye, un momento.
La muchacha pálida sacó del bolsillo de su pantalón un Samsung de último modelo, y revisó:
— ¿Quieren que llame un Uber?
La chica miraba de un lado a otro, mientras que Ark-1 sacaba su bolso “de vieja” de un agujero en el tronco del cerezo.
— Oh, no, descuida, vinimos en el auto. Ven con nosotros, llegaremos más rápido.
— Gracias. Vamos, Seok-kyung, tengo ganas de comer—
La chica, sintiéndose tonta, detuvo a Ark-1 un rato de la manga:
— Díganme, ¿mesa de cuántos reservaron?
— Ah, claro —explicó Ro-na— Es mesa para 4, hablamos con ella—en la mañana. —y se puso más seria— ¡¿Ya ves?! Por eso debes contestar tu teléfono cuando te llamamos.
Miró a la muchacha:
— Osea que tú—
— Me preguntaron por ti en la tarde, claro —respondió Ark-1— No esperaba encontrarnos—aquí. —y sonrió serenamente— Fue afortunado.
— Huh —suspiró— Está bien, ya salgamos, o llegaremos tarde.
Los cuatro fueron saliendo del claro, y al volver por el camino al centro del parque, la farola LED a medio camino se encendió. Pronto se subirían al auto parqueado en el estacionamiento, y la premisa surgió cuando comenzaron a salir por la carretera:
— Por cierto—
Seok-kyung vio su propia ropa, y la de Ark-1.
— Pero no nos dejarán entrar así, y tú ni siquiera tienes zapatos puestos.
— No te preocupes.
De su bolso sacó entonces un par de zapatillas de tacón, y comenzó a ponérselas:
— Estas me las prestó Ja-yoon. A mí—la verdad me parecen incómodas. Etiquetas.
Sacó también una funda suavemente doblada, y de ella un vestido naranja de mangas traslúcidas con chal color nácar. Seok-kyung se quedó mirando, incrédula:
— Los de Ja-yoon no me quedan. Me lo compré yo, es la primera vez que usaré uno.
— Seok-kyung…
Ro-na chasqueó los dedos, y señaló atrás:
— Tu vestido está en la cajuela, abre el reposabrazos, y baja el cierre. Funda azul.
— Ah. Ajá, sí, ahí voy.
Siguió la instrucción al pie de la letra, y allí lo encontró, mientras sin reparos, Ark-1 se había quitado la ropa gris, con Seok-hoon intentando concentrarse en el camino. Cuando hubieron terminado de acomodarse los vestidos y guardado su ropa sucia, Ro-na les prestó su maquillaje, pero la muchacha pálida no sabía bien qué hacer con él.
— Déjame ayudarte con eso —dijo Seok-kyung a Ark-1, que se quedó quieta— Ay, qué envidia, tienes la piel tan clara, casi ni necesitas base.
— La envidia es sólo una carencia ilusoria—
Le atenazó suavemente las mejillas con los dedos, y comenzó su trabajo. Lo hizo en movimientos precisos, con una eficiencia endiablada, usando las herramientas a su disposición, dejándola atónita. La muchacha pálida miraba cada detalle con detenimiento, cada empolvada, untada, pincelada, hasta quedar lista. Finalmente Seok-kyung la dejó lista, y sacó el espejo de mano para que se viera bien:
— A ver, ¿qué tal ahora?
Ark-1 tocó suavemente su rostro con los dedos, viéndose boquiabierta. Fue cuando la chica mencionó con orgullo:
— Ahora te ves más bella. Agradécele a mis clases de maquillaje. —sonrió— Tutora.
Ella se quedó mirándose un rato más, su labial, su delineador delgado, sus cortas pestañas ahora con un poco más de volumen. Nunca esperó sentir el punzante pero no tan duro tirón en su cabellera, y frunció el ceño:
— No podemos perder el tiempo, ven más cerca, debemos hacer que esas puntas no se noten tanto. Ugh, mira, hasta todavía tienes pétalos de cerezo atrapados.
— Siempre hay tiempo—¡ay, no tan fuerte!
La pareja delante mantuvo su risa por bajo.
Pronto, llegaron al alto edificio de su destino; Seok-hoon sacó ticket y entraron al parqueadero subterráneo. Pronto hallaron lugar y se detuvieron dentro, tras enderezarse por unos momentos. Cuando el motor se apagó, estaban listos:
— Bien, niñas, bájense. Tenemos tres minutos.
Seok-kyung guardó la bolsa de cosméticos en el compartimento central. Todos bajaron y fueron pronto al ascensor, la muchacha pálida ayudada a caminar por su nueva compañera, vestida en turquesa.
— ¿Dónde es? Nunca he estado —preguntó Ark-1— Si es buena la comida, quiero volver.
Seok-hoon presionó el botón:
— Piso 23.
Fueron subiendo a prisa, o lo más posible, ascendiendo por el riel magnético al ritmo de un ulular. Las compuertas se abrieron en el área de recepción, con mesas de coctel donde las personas, vestidas en su mayor formalidad, bebían lo servido por meseros mientras esperaban o hablaban en reuniones que debían ser breves. Ark-1 se sintió parte del grupo con el que iba, y aunque sintió por un momento no encajar en lo demás, pronto varios curiosos la vieron pasar, capturando la atención de los presentes, que murmuraban:
— Mira a esa chica.
— Dios mío, pero ¿acaso dejan entrar a cualquiera?
— Es muy bonita. Parece actriz de telenovela.
— ¿Quién es ella, la conoces? Es linda.
— Ni idea, pero mira a los otros.
— ¿No es Bae Ro-na, la joven soprano?
— Si, y ese es el pianista Joo Seok-hoon.
— ¿Qué?¿Vienen a dar un espectáculo?
— Mira, la de atrás, es Joo Seok-kyung.
— ¿Hablas de la hermana loca?¿La que estuvo en el reformatorio?
— Creí que su hermano la había repudiado.
— Dicen que friega y limpia a medio tiempo, qué horror.
— Oí que trabaja en una oficina ahora. Seguro usó alguna trampa para trepar.
— Esos tres deberían buscar mejores compañías.
— Pobre chica, ¿sabrá que la otra está—?
— No creo, hay que ver qué sucede.
Ark-1 vio de reojo a Seok-kyung quedándose atrás, tomándose de la muñeca, encogida de hombros. La euforia de la buena nueva que le dio Seok-hoon, de lo que había vivdo, estaba comenzando a desvanecerse.
— Creo que va a salir corriendo.
— No tiene vergüenza.
Mientras este hablaba con el salonero en la puerta, ella hizo algo radical; esperó.
Seok-kyung estuvo a punto de voltear, pero sintió de nuevo ese toque. Fueron instantes nada más; no actuó para no decepcionar a su hermano, ni para quedar bien. Sino para vivir el momento que tenía entre manos.
Lentamente avanzó, vaciando su cabeza de esos rumores, de habladurías como las que ella misma había esparcido de otros antes, y avanzó con los otros, justo cuando voltearon a verla:
— Nos adelantaremos, ¿quieres pan de ajo para la entrada, o trufas?
Seok-kyung respondió
— Trufas, por favor. Pide jugo de naranja.
— Sí, claro.
El salonero la vio con cierto desprecio, antes de decir:
— Su identificación, por favor. O tendré que pedirle que se vaya, sin hacer escándalo.
— Claro —la sacó del bolso— aquí tiene.
Pasó a prisa, pero esperó a Ark-1. Y pensó con un tanto de alarma y confusión:
“Espera, ¿cómo es que va a entrar? ¿Esta gente no son agentes secretos, experimentos, o algo así? ¡¿Tiene RRN siquiera?!”
Ark-1 mostró una justo cuando se fijó para responderse, o ayudarla.
— Aquí está, mire.
— Gracias, señorita, déjeme anotar el número. ¿Es la primera vez que nos visita?
— Sí. Mis amigos dijeron que había comida rica, cuando me hablaron en la mañana.
— Ah, sí, claro. No se arrepentirá, que disfrute su cena.
El salonero le hizo un ademán, sonriendo de oreja a oreja, con cierto rubor alegre. Ark-1 pasó y Seok-kyung no dejó de sorprenderse internamente, al tiempo que la detuvo una vez del brazo:
— Oye, ¿cómo entraste? Creí que Ark-1 no era—un nombre real.
La muchacha pálida se quedo pensativa, evitando su mirada un instante, antes de sonreír por un absurdo que sólo ella captaba:
— Bueno, no lo es. Aquí está el que—uso yo.
— Presta.
Seok-kyung tomó el carnet, y parpadeó varias veces para asegurarse de estar viendo correctamente, leyendo correctamente el nombre de la persona cuyo rostro conocía:
— Naciste el 18 de noviembre del 2000. Sangre O positivo. Soltera. Los nombres de tus padres son—Min Jae-sung, y Kim Mi-young. Y tu nombre aquí—
Era “Min Seol-ah” lo que leía ahí, y la miró buscando explicaciones:
— Ja-yoon me la mando hacer hace meses, pero ese nombre no me gusta. Aun no he decidido cuál tener, así que es temporal.
— Tú—así se llamaba—
Así se llamaba la hermana que había perdido antes. Y ahora, de algún modo, al dejar ese dolor irse de un suspiro, había regresado, en forma de carnet. Y de piel y hueso.
Ark-1 la había enganchado del brazo con una sonrisa, y caminaron hacia la mesa, mientras decía:
— Claro, el resto de la información es real, excepto por el apellido de mi padre biológico; apenas lo conocí. Y no queremos tener problemas con su familia; complicaría las cosas.
Se sentaron, y Seok-kyung se quedó pensativa, codos sobre la mesa, mentón reposando sobre manos entrelazadas un momento.
— Seok-kyung, oye—
Se sobresaltó.
— Ah, sí, sí, ¿qué?
— Las trufas.
— Aquí tiene, señorita —dijo el mesero.
Ella respondió, abrumada por el aroma que le hizo agua la boca. Vino un momento el pensamiento de “Joo Dan-tae” matándola de hambre durante días. Luego se desvaneció, y volvió la deliciosa entrada con polvo de oro:
— Ya no estás. —musitó— Huh, mira, gané.
Ella vio a Ark-1 mirar con ojos brillantes un plato de giozas perfumadas rellenas de hamburguesa de soja, verduras y huevo macerado. Eran más grandes de lo esperado, y eso le dejó más en claro incluso por qué la muchacha fue tan rápida, y tan enfática en juntar sus dos manos, posando su frente brevemente en ellas. Cerró los ojos serenamente un momento, y la chica la imitó, pensando que quizá era algo que debía aprender a hacer:
— Gracias por la comida.
— Tranquila, está bien, yo invito. Pedí que las hicieran más grandes para ti.
Al volver a su posición normal, Seok-kyung probó lentamente la primera trufa, pero a su lado, el ritmo cambió. Al darse cuenta, dos de las ocho giozas habían desaparecido.
Ñom. Ñom. Ñom.
Ro-na dejó de comer su trozo de pan francés con agua al verlo, y Seok-hoon se aclaró la garganta del vino claro con el que casi se atora. Agachada engullía todo, como un perro su plato de comida, o como una troglodita su carne de caza; Seok-kyung miró a otra gente mirarlos, e intervino. Le puso la mano en el hombro, y la vio alli, con su boca cerrada y los cachetes rellenos, con algo de relleno en el labio.
— Disfrútalo —dijo ella, limpiandola con una servilleta— No lo engullas, el chiste es que aquí la comida es cara.
Ark-1 parpadeó.
— La gente no repite su plato, así que hazlo lento, ¿entiendes?
Ella asintió, y siguió su concejo, que desde Kyung-hee, pasando por Ja-yoon, Mai, Ja-gyeong, e incluso Jae-woong y otros de sus subordinados ya le habían dado. Quizá este era el tiempo perfecto para aplicarlo.
Hablaron entre sí, cosas triviales, cosas más densas, el itinerario de los conciertos de Ro-na y Seok-hoon, o los problemas y anécdotas en la oficina de Seok-kyung. Ark-1 habló relativamente poco, muchas cosas tuvo que decir estaban clasificadas, aunque si habló de otras, como su vida breve en la granja, o de su viaje a Vietnam:
— ¿Así que esa chica que rescató a los niños en Da Nang—eras tú? Ah, wow. No me lo esperaba. —dijo Ro-na— Esa noche estaba volando a Moscú para un evento de gala. ¿Me creerías si te digo que nos encontramos con la orquesta sinfónica de Corea del Norte? Fue raro.
— Debió ser muy tenso, nosotros a fin de cuentas—tenemos a nuestro cargo —comió otro bocado de ensalada— ciertos aspectos de la defensa contra el Norte bajo nuestro cargo.
— No me digas, no puedes ser más específica —dijo Seok-kyung.
Esta negó con la cabeza. Y Seok-hoon continuó con:
— No fue tan malo como lo hacen ver. Háblamos con algunos, eran reservados. Pero saben jugar al poker muy bien—
Ro-na lo miró de reojo, este ya no sonrió tanto, pero más bien continuó con:
— Claro, sólo con algunos, fue sólo un rato. Ya sabes que apostar es malo.
— Lo sé.
— Y bueno, hubo una tarde, antes de irnos en el vuelo a Budapest. Teníamos horas para practicar la última función en la noche.
— No me digas que les debes un piano. —se burló Seok-kyung.
—Uy, no, ahora vendrán—¡a reclamar su pago—!
Ro-na le extendió la mano y se la cerró sobre la nariz. Las dos se rieron. Seok-hoon negó con sus dos índices, conteniendo la vergüenza. Ark-1 sólo parpadeó, mientras el mesero dejaba una enorme bandeja con carbones en su centro, y la destapó:
— No, no las escuches, no fue así como pasó—
El mesero siguió:
— Aquí tiene, el Sinseollo para la festejada.
La pareja aplaudió sonriente.
— ¿Ah?
— Que lo disfrute.
Otro mesero pasó igual plato a Seok-kyung, pero sólo hizo una reverencia de mala gana al verla y destapar la olla. Se fue sin siquiera mirarla, ocultando su desprecio.
— ¿Y esto, por qué—?
— No sólo vinimos a celebrar nuestro compromiso —dijo Seok-hoon— La verdad ya cenamos solos el domingo.
— ¿Qué?
— Y tampoco—queríamos sólo decirte sobre nuestra boda. —dijo Ro-na— También queríamos agradecerles, a ti y a—
Ark-1 ya estaba comenzando a comer lentamente unas verduras encurtidas cuando la atención se enfocó en ella:
— Puedes llamarme Seol-ah si quieres, por ahora está bien.
— A las dos por toda su ayuda. Gracias Seol-ah por—salvarnos de que nos cayera un edificio encima. Y de ponernos a salvo ese día, del ataque, y de ayudarnos en el auditorio.
— No fue nada. Gracias a ustedes por invitarme, y dejarme acompañarlos. —juntó manos— Namasté. ¡Huele delicioso!
Siguió comiendo, y Seok-hoon se dirigió a su hermana.
— A ti hermana, por haber estado con nosotros durante todos esos meses, cuando tuvimos que escondernos. No te arrepientas de nada, estuviste excelente.
A Seok-kyung se le humedecieron los ojos:
— Pero yo—
— Escúchame.
Levantó su rostro, como antaño había hecho tantas veces:
— Je-ni y Eun-byeol. Y también mamá. Estarían orgullosas de verte hoy.
Seok-kyung sonrió, y Ro-na acariciaba la mano de su novio, que siguió diciendo, apartándose un poco:
— Ya no necesitas que yo te proteja. Y ya no tengo que alejarte de mí. Tú tampoco me tienes que proteger más. Ya estamos seguros.
Ella lo abrazó.
— Estamos a salvo, hermanita. Por fin, estamos a salvo.
Ark-1 siguió comiendo, combinando cada tipo de bocado del plato, panqueques, carnes, setas, rábanos, entre otros, en uno y otro orden.
Seok-kyung se apartó, y se limpió el delineador corrido. Seok-hoon terminó diciendo, en tono optimista:
— Ahora caminamos juntos, no hay que apretarnos tanto. Somos familia, no importa cuán lejos estemos—entre nosotros.
Seok-kyung al fin, después de tantos años, le soltó la mano, asintiendo.
— Cuenta conmigo, tú, tonto. Siempre.
Fue cuando el teléfono de Ark-1 sonó en su bolso, muy bajo. Esta dejó de comer de inmediato y lo sacó. Vio que era algo de la mayor importancia.
— ¿Pasa algo? —preguntó Ro-na, al verla levantarse.
— Ya vengo, tengo que contestar esta llamada, es urgente. Voy al tocador.
— Claro, te esperamos, tranquila. —dijo Seok-hoon.
Ellos siguieron cenando, mientras la muchacha pálida se internó en el baño, verificando que no hubiera nadie, con su percepción extrasensorial. Una vez listo se encerró con llave allí dentro, usando telequinesia para poner el letrero de “En mantenimiento.” y apagar las luces. Finalmente contestó, en tono calmo:
— Aquí estoy, Ja-yoon. ¿Qué sucede?
— Finalmente lo encontramos. Sabemos lo que es.
Ark-1 lo pensó, frunciendo el ceño, y lo soltó en su realización:
— Dímelo. ¿Qué es?
— Debemos vernos en Jeju mañana. Hay que organizar un grupo de búsqueda pronto.
— Dime Ja-yoon.
— Finalmente entendemos lo que pasó en el Incidente Forest. No era uno de los nuestros, Geobugsadan encubrió la verdad.
— ¿Qué encontraste?
— Pudimos localizar los elementos rituales en una de sus bodegas de evidencia. Te envío las imágenes.
Ark-1 esperó un minuto y revisó lo que le llegó. Al abrirlo dejo fluir su sorpresa al máximo, viendo los grandes tambores rituales, las dagas de cobre, piedras de túmulo y sobre todo, una sola imagen. Era una pintura antigua, finamente preservada.
— Esa criatura.
— Esta data del siglo XVI. Hay otras. Lo llaman—Inugami.
Miró y en efecto, había más, estatuillas, de piedra, madera, de obsidiana, de oro y una piedra negra con vetas rojas que no reconoció:
— Lo he visto. Yo lo encontré, en Seúl.
Ja-yoon se quedó en silencio, mientras Ark-1 interiorizaba a la criatura perruna negra y tricorne. En todas las efigies este ser abría sus fauces no solamente con malicia, riendo con odio, sino también con hambre. Y en todas ellas, todas las representaciones, ella pudo notar que estaban salpicadas de una sola cosa. Sangre.
— Estaba—en el Forest Park, fue hace pocas horas, y yo—es la misma entidad que atacó a Seok-kyung.
— ¿A quién? ¿Joo Seok-kyung? Explícate.
— Es mejor que te explique todo mañana. Con más calma. No podemos apurarnos, o podría saber.
— ¿Quién podría—qué estás diciendo?
— Hermana.
A Ja-yoon se le estaba escapando lo que su melliza decía, pero prefería no presionar de más. Ark-1 terminó diciendo:
— Estaré allí a las 3 de la tarde de mañana. Estoy comprando el boleto ahora.
— ¿Por qué demorar tanto?
Miró con su visión remota. Su preocupación se calmó al ver a aquellos tres humanos hablar distendidamente, compartiendo un pasado oscuro. Pero también un futuro mejor; que Seok-kyung sonriera, emanando esa alegría libre, era prueba de ello.
— Primero debo asegurarme de algo. Ja-yoon—
— ¿Hmh?
— Tú y yo tendremos mucho de qué hablar.
(21 de febrero de 2022, 3:33 PM)
Había viento frío en Jirisan, y allí fue que se escucharon los relámpagos agitarse en las nubes grises, los vientos mover el bosque buscando algo escondido. El estallido fue inmediato, y el barro comenzó a manchar las rodillas de Ark-1 al deslizarse en arroyuelos hacia la ladera al tiempo que la granizada comenzaba y se intensificaba hasta golpear. Desde su última vez en ese lugar, se había ocupado de mantenerlo como un refugio meramente personal, sembrando arboles adultos traídos a cuestas, con sus propias fuerzas.
— Hace algo de frío, ¿no?
Solamente ella sabía qué tres árboles marcaban el sitio de enterramiento de cada miembro de su familia. Más a su derecha, descansaban los restos de Mi-young, su madre; en el centro, al lado, Kyung-hee, para que la primera tuviese con quien susurrar al viento. A la izquierda, con las carcasas de su tableta y celular enterrados junto con él, se hallaba Dae-gil, sobre cuya tierra había metido en parte los dedos.
— Hola, ya vine. Como les prometí.
Las lecciones las conocía, pero seguía sin ser fácil; tomó brevemente el puñado de suelo y lo sostuvo sin apretar, antes de dejarlo derramarse. Lo visualizó, sus lágrimas fusionándose con la pesada lluvia, su chompa impermeable y botines de gamusa azules recibiendo castigo del granizo. Debajo de ellas llevaba un atuendo que creyó perdido; fue en Año Nuevo, que a puertas de la Oficina Administrativa habían dejado un paquete.
Dentro encontró una carta, con una etiqueta:
“Para la linda subdirectora de Yongsadan.
Sí, se de ustedes, no intenten hallarme o lo van a lamentar…entréguenselo, o acabaré con ustedes si lo tiran.”
En efecto se lo habían entregado, mientras supervisaba las remodelaciones de los últimos pisos. Una fuga de gas fue la historia oficial, pero ella más que nadie recordaba los rostros llenos de maldad que habían causado aquel desastre. Fue un agente de la primera generación quien le entregó aquello, y dentro, junto a las prendas que reconoció de inmediato, tenía también una carta:
“Hola, Ark-1,
Nunca tuve tiempo antes, pero recuperé esto de la bodega de evidencias de esos policías metahumanos en Fukuoka. Fue muy fácil, cuando aún estaba en Japón, y después de perder a esos tontos, bueno, querías que lo mandara lavar, ¿te acuerdas? Lo hice, cada mes desde que dejamos de vernos para que oliera bien, espero que te guste la fragancia de sándalo, y eso.
Quedamos sin deuda pendiente. Perdón, prometí que no te molestaría, pero aún debía devolverte esto. Sé lo importante que es para ti. Vive bien.
Sinceramente, tu amigo Ja-gyeong.
P.D.: Mi hermana remendó el pantalón, la hice aprender a tejer, fue gracioso. Ella te manda sus saludos, y te desea suerte. Adiós.”
Tocó la capucha que llevaba dentro de la azul; una de color naranja claro, igual que sus mangas, cuyo resto de cuerpo era similar a un buzo gris casi blanco, ligero. El jean era ceñido, debajo del pantalón que llevaba, pues precisamente no quería que se mojase; después de toda la actividad que había debido hacer, ya le estaba apretando. Sabía que ahora era más improbable que nunca que los encontrara, a los hermanos compartiendo un cuerpo, pues incluso ese día, al salir corriendo fuera, no halló a nadie:
— Gracias, Chae Ja-gyeong. Me gusta el sándalo.
De la mochila a su lado, sacó una caja grande, llena de incienso precisamente de aquella planta, tomando de allí un montoncito. Lo sopló sobre la tumba de Kyung-hee, y tiró un papel con fuego, con un sello dibujado, que rezaba en japonés:
“Nyoze gamon”
De forma pausada, repitió el proceso con Mi-young, y finalmente con Dae-gil. Luego de un minuto, manteniendo ella misma vivo el fuego al mover el aire en orbes con aquel polvo, el incienso comenzó a manar su aroma. Este llenó el pecho de la muchacha, sobre cuyo pálido rostro caía la lluvia, mientras guardaba la caja, con una barrera psiquica encima.
Expandió el campo de fuerza, que tomó aliento con suavidad. Con el granizo repicando fuera de su alcance, juntó las manos, recitando:
— Nyo-ze-ga-mon—
Miró la tumba de su madre, discúlpándose de antemano por ello. Lo creyó necesario:
— Mi-young. Ze-kyo sai-ho. Go-ju-man-oku butsu-do. Go-ru sekai. Go-etsu goku-raku. Ki-koku shu-jo. Mu-u shu-ku. Dan-ju sho-raku. Ko-me goku-raku—
Lo repitió 21 veces, recordando los recuerdos que la mujer le compartió psíquicamente, del primero con su padre, al último descansando en sus brazos. Y terminado, dijo mirando la tumba de Kyung-hee:
— Kyung-hee. Shi-chi-po-chi. Ha-ku-ku-do-su-i. Jū-man-ki-chu. Se-shoku-se-ko. O-shoku-o-ko. Shaku-shoku-shaku-ko. Byaku-shoku-byaku-ko—
Lo repitió 21 veces, recordando los recuerdos de una que fue su refugio, y cada día que pasó en la granja, del primero en que llegó, a aquellos donde tantas cosas cargó, ganado atendió, a llevar fardos ayudó, hasta el último donde ella eligió el amor sobre en miedo. Y terminando, dijo sobre la tumba de Dae-gil:
—
Lo repitió 21 veces, recordando al primero que la había amado, y al primero que había amado, desde su primer momento de rencor, hasta la curiosidad, la entrega, el apoyo, las lecciones, las alegrías. Y su sacrificio.
— Todos somos parte de algo. Todos estamos conectados. No los retendré porque no se han ido. Siempre están aquí, —llevó la mano a su pecho— conmigo.
Con lágrima y una sonrisa, esparcio flores de siria desde su mochila hacia las tumbas, esparciendo sus pétalos como una lluvia para ellos. Recitó entonces:
— Ga-sha-ku-shō-zo-sho-a-ku-gyō. Ka-i mu-shi-ton-jin-chi. Ju-shin-gō-i-shu-sho-shō. Is-sai-ga-sha-ku-kai-san-ge—
Lo recitó 21 veces, y el granizo fue amainando:
— Namu Butsu.
Los vientos cesaron:
— Namu Hō
Un rayo cayó sobre la barrera, pero se disipó al golpearla:
— Namu Sō.
Los árboles que había sembrado vibraron, resonando:
— Gwan waku wa kono kudoku o motte. Fugyu issai ni oyoboshi. Warera to shu-jō to
Mina tomo ni butsudō o jōzen.
Lo recitó 21 veces, y repitió una vez lo siguiente:
— Gan-ni-shikudoku.
La lluvia cesó.
— Byōdō-se-issai.
Las nubes se comenzaron a apartar.
— Dōgyō-bodai-shin
Oyó a los pájaros cantar.
— Ōjō-anrakukoku
Y supo que debía quitar su barrera. Así lo hizo y recitó 10 veces:
— Na-mu-A-mi-da-But-su—
Alargó la última frase al final.
— Hūm.
Abrió los ojos, y tras estirar las piernas sobre el suelo, se levantó despacio. Tomó sus zapatos, y se inclinó con las manos juntas. Al final dijo:
— Los volveré a visitar el próximo año. Me aseguraré—de hacer lo correcto. Si puedo traer a Ja-yoon, o a mis amigos—lo haré. Namasté.
Y se fue como si hubiese hablado con ellos en el calor de la casa de Kyung-hee, pues a fin de cuentas, ella podía sentir más allá del mundo de la mayoría.
Bajando por la montaña, justo a medio camino, se encontró con aquel hombre de túnica amarilla y gris sobrios, jovial y sonriente. Tratabillaba un poco, pero al verla a esa cercana distancia, sonrió:
— Señorita. Señorita.
Ella en respuesta se detuvo un momento, para saludarlo con alegría, ondeando la mano.
— Señorita, ¿cómo pudo salir con todo ese granizo?
— No te preocupes, Sae-gwon. Ya terminé de meditar; estoy bien.
— ¿Pero cómo puede meditar así? Es una locura, una locura—masculló el acólito.
Ella se acercó, con tranquilidad serena.
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(6 de abril de 2022, 20:20 PM)
Ark-1 se alejó varios pasos, enfrentando con determinación la tormenta que se desató a su alrededor.
— ¡¿Qué demonios crees que estás haciendo?!
Ja-yoon estaba furiosa, no con la cara congestionada o bufando ni mostrando los dientes, eso no era propio de ella; peor aún, enhiesta, tensa, con la mirada destellando:
— Así que en vez de quedarte en Incheon, ahora vas por ahí—haciendo nuevos amigos—pero qué bonito.
Ella avanzó lento, levantando en su mano un collar, hecho de semillas rugosas, con una cabecita de oro colgando de una semilla separada de las demás por bolitas del mismo material.
— ¿Y qué significa esto?
— Debes tranquilizarte, hermana. Estás fuera de ti.
La joven tomó aire, sin dejar de mirar a la muchacha pálida, antes de gritar:
— ¡No me digas lo que debo hacer!
Ja-yoon tomó el collar y lo arrancó con ambas manos, haciendo volar las semillas por todas partes. Soltó los hilos de fibra, respirando con pesadez.
— Eres una estúpida. ¡Harás que nos descubran!
— Seok-kyung, Seok-hoon y Ro-na ya lo saben. Pero nadie en el monte Jiri sabe quién soy o lo que hago en realidad. No me gusta ocultar cosas. Sé que es necesario.
— Me conmueves tanto. Cómo te gusta perder el tiempo en vez de hacer tu trabajo.
— Yo jamás—pierdo mi tiempo. He hecho todo por ti, hermana. Porque estoy contigo, porque no quiero que más inocentes sufran, por eso sigo aquí, ¿lo olvidaste tan rápido?
— Vaya buenos resultados has tenido ¿no? ¿Crees que tus palabritas van a evitar que queme ese templo, con todos esos inútiles dentro—?
Ark-1 la miró con tristeza.
— Sí, hermana. Arderá hasta los cimientos, y cada vez que nuestro secreto esté en peligro, quemaré cada lugar donde andes como si nada. —está sonrió— Hasta que hagas lo que dijiste que harías; tú y yo estamos juntas en esto.
Ark-1 entonces, caminó en su dirección, a pesar de tenerla justo en frente. Ja-yoon sintió su aura crecer, sus corrientes calmas fluir con la intensidad de un arroyo que no se detiene. No necesitaba ser un mar agitado, su profundidad bastó.
— Camino contigo, pero no estoy aferrada a ti. No puedes atarme a ti. Tú tampoco puedes quemar la verdad—
Ahora era Ja-yoon quien retrocedió, intentando no temblar por el hormigueo en sus nervios.
— ¿Qué—qué crees que haces, eh? Ya te lo dije, deja—de hacer tonterías, y haz tu trabajo.
— Es lo que siempre hago, mi trabajo, todos los días. No solo Yongsadan, allá afuera, sino también dentro, lo que por cierto, no has hecho. Sigues temiéndole a eso.
— Otra vez con tus especulaciones. Yo no tengo por qué—calmar los nervios, yo—me paro firme, y cazo. Lo demás es para los débiles.
— Sí, otra vez. Tratas de hacer lo mismo que yo, y aún así—no hallas cómo seguir, porque te bloqueas. Te niegas a tí misma.
— ¿Y quieres que haga tus—ridiculeces acaso? ¿Con toda esta ralea de malditos rodeándonos? Ellos no necesitan una caricia de flores, sino el golpe de un látigo. Si huelen debilidad, miedo, nos destruirán.
— Cortaste el lazo con tu pasado, o eso te dices a ti misma. Los vínculos, los temes, tratas de tirarlos a la basura, fuera de tu centro. No, Ja-yoon; acéptalos.
— Tú sabías que debía hacerlo. Estabas de acuerdo.
— Dije que los protegieras. Pero entendiste mal; y un poco también yo, perdón por eso. Lo que digo—es que ellos son parte de ti, están conectados a ti. No trates de borrarlos así; serías tan cruel como los que quisieran dañarlos.
Cada vez más nerviosa, cada vez más sacada de quicio por palabras que en su suavidad la hacían sentir herida, ella explotó, empujándola:
— ¡No hay nadie, hermana, nadie!¡Abre los ojos! No puede haber nadie.
La muchacha pálida se estremeció al sentir el profundo dolor de su hermana al caer de rodillas. Ella, mientras, se había encargado, en silencio, de erigir una barrera psíquica, cegando los sentidos físicos y empíreos de los Despiertos. Nadie en el Cuartel General sabría lo que se conversó allí, en esa antesala.
— ¿Te das cuenta, Ja-yoon? ¿
Esta negó con la cabeza,
— Por favor, hermana, ya madura. Debes entenderlo de una buena vez. Nadie más escucha—del otro lado.
La mente de Ja-yoon se llenó de recuerdos, en Jardín-01. Recordó haberlo visto, a uno de los científicos en la cafetería del personal, rezando. Recordó que luego ese mismo hombre metió sus manos en su cerebro, mientras lloraba. Mientras Baek veía, sonriendo con emoción. Recordó el tiempo en que, a sus 4 añitos, trató. Estuvo de rodillas, pidiendo y pidiendo que la sacara, hasta que sus rodillas sangraron. La ayuda nunca llegó, y ella quedó con los callos.
— Estamos solas. Sólo te tengo a ti. Kim Do-yun, ese desgraciado—
Ark-1 sabía lo que iba a decir:
— Trató de destruir lo que hiciste en Busan. Por esa gente. A ellos no les va a importar. Creerán que estuvste tras la rebelión. Siempre seremos monstruos para ellos. No podemos—ser humanos. O moriremos.
Ella se acercó, poniendose de rodillas a su lado, acariciando su espalda despacio. Con una sonrisa llena de compasión, y una mirada comprensiva, dijo:
— Ese hombre perdido. Sufre en Naraka por sus propias acciones, y eso es digno de compasión. Ja-yoon, él ya no puede hacerte más daño, si tú no lo dejas.
— No puedo dejar que ellos te pongan las manos encima. Si ese maldito director Cho sospecha de—cómo eres, él—
— Cada persona vive en más o en menos ignorancia, hermana. No temas a lo que puede ser, o lamentes lo que fue. Hoy yo estoy aquí, y ni aunque mi cuerpo fuera destruido, borraría nuestra conexión. Y tampoco necesito reconocimiento, o repudio, por mis actos. Mis acciones ya hablaron solas, ¿lo entiendes?
Ja-yoon suspiró, cerrando los puños:
— Es absurdo preocuparse, tienes razón. Nadie ha podido, y seguiré actuando para que nunca puedan. —esta asintió con una sonrisa maliciosa— Ellos no ganarán, y cuando haya terminado, lo perderán todo.
Se puso en pie. Ark-1 la siguió, y se sintió bien de que cuanto menos entendiera algo de lo que le dijo. No importaba, si solo fue una parte, había entendido, incluso si todavía estaba hundida en odio; lo estaba menos ahora. Eso la hice sentirse aliviada, y siguió con el tema que les competía:
— Entonces dime ¿cuándo debo salir?
— En 20 minutos. Si ya reuniste a tu equipo, deben ir a prepararse en el hangar sur.
— Ya di la orden, se debieron haber alistado en su barraca. Deben estar yendo hacia allá.
— Bien, entonces deberías ir con ellos. Encontrar a Inugami es atrapar a su portadora. Si no coopera, claro, mátala.
— Llegaremos a ella. Y ya revisé el archivo que me enviaste en la mañana; procuraré que viva, si es posible.
“¿Qué pasa, Kwon-sook? ¿Estaba muy caliente tu café? No te ves muy bien ¿o sí?”
Las dos hermanas voltearon, y Ja-yoon pulsó el micrófono:
— Ya deja eso, agente Park. Debes regresar con tu unidad, pronto les daré nuevas instrucciones.
Esta mujer, que Ark-1 conoció tras enfrentar a Kwon-sook en el sitio de Chuncheon, ahora cargaba un dolor de haber sido usada, oculto tras el brillo hostil en su mirada:
“Lo que digas, nueva Directora. Pero si me haces lo mismo, acabarás como ella.”
Dentro de la cámara, el aro desintegrador fue activado, y aún exhalaba su último aliento. Delante de él, las cenizas de aquel terrible cadáver humeaban, carbonizadas. Kim Kwon-sook ya no sólo estaba muerta; ni siquiera existía su forma.
Y allí estaba, Sook-hee, con el pulsador en una mano, pateando la silla con la estatua fragmentaria, convirtiéndola en una nube de polvo:
“Hasta nunca, maldita” dijo, y le escupió.
— Huh, deberías agradecerle a mi hermana por seguir con vida. Es por ella que estás allí, amenazándome.
— Sook-hee —interrumpió Ark-1— ¿Estás segura de haber extraído—toda la información antes?
“Sí, ya le sacamos todo. Lo investigamos, y de paso acabamos con algunos supervivientes de su facción, eso lo sabes. Ahora sólo nos queda ver lo último que dijo.”
— ¿Qué cosa?
“Si es verdad que K quería hacer salir a la que estás buscando—¿cómo dijiste que se llamaba?”
Ja-yoon respondió:
— Su nombre es conocido en el bajo mundo—mágico—del país. Me sorprendería que un demente de ciencia como ese estuviese interesado en ella.
“¿Por qué, quién se supone que es?”
— Eso no te incumbe. Tienes otra tarea, así que ya fuera.
“Cómo ordenes, señorita Bruja”
Ja-yoon cerró un puño, pero Ark-1 le dio palmaditas en el hombro:
— Dale tiempo. A ella le lavaron el cerebro media vida. Dale una razón para confiar en ti. En esta Yongsadan.
— ¿Y qué más quiere? Ya le di su venganza.
— Averígualo. Sé que pensarás en algo.
Ark-1 salió, y ni siquiera vio los restos, ni al escolta Seo-jin resguardando la puerta, solamente guardó las semillas, atrayéndolas con su poder, dentro del bolsillo de su chaleco. Recorrió pasillos, ascensores, y fibalmente llegó a un corredor más amplio que daba al mentado lugar, donde bimotores y cuatrimotores, así como varios helicópteros negros de doble hélice estaban aparcados. Acortó pronto la distancia con sus hombres, todos en sus trajes tácticos, y aunque no con prestedad militar, se enderezaron al verla.
— Muy bien, equipo, ya saben cual es la misión.
Allí estaban. Como lugarteniente, Ji-won, casco al brazo, luego Hwang, a su lado Ryo-dan, Bae-rin, Jae-Woong y Da-mol.
— Esta no es, y les repito, no es una misión de neutralización, sino de recuperación y contención. El objetivo debe ser extraído en una pieza.
— De ser posible —musitó Ryo-dan.
— Y debemos asegurarnos de mantenerla sedada una vez esté rodeada, o podría escapar.
— ¿Qué ocurre si trata de huir? —preguntó Da-mol.
— Lo rastreamos y lo capturamos igual.
— ¿Por qué no podemos destruir el objetivo como siempre, y ahorrarnos el fastidio? —preguntó Hwang.
— Porque ese no es el propósito de esta misión. Lo que lleva el objetivo es peligroso, y si muere, podría destruirnos. A todos.
— Entendemos. —dijo Jae-woong.
— ¿Están seguros de eso?
Exclamó entonces, con firmeza, mirándolos con preocupación genuina, bajo la máscara de mármol que estaban aprendiendo no sólo a temer, sino a admirar.
— ¡¿Lo entienden?!
— ¡Si, señora!
Ja-yoon, mientras tanto, se cercioró de que Sook-hee regresase a su sector, para luego marcharse hacia el Área de Informática. Vio a través de la ventana al equipo trabajando agitado sobre sus teclados e interfaces táctiles, con un escritorio a la cabecera de las filas de empleados en sus terminales. Allí, en un computador de múltiples monitores, usando un visor de protección y display virtual, se hallaba aquella mujer de cabellos como de fantasma.
La joven se acercó a ella, mientras los demás agachaban cabeza para evitar su mirada. Tocó una de las pantallas cual si fuera una puerta:
— Jefa Seo.
Esta miró a un lado, y se sobresaltó, poniéndose de a pie con el siempre presente dejo de prudente desconfianza en su rostro:
— Directora.
— ¿Completaste la tarea?
— Si, señorita. Envíe copias del Archivo a cada implicado en casos de corrupción relacionados a Hoffen International—y el PROYECTO: ARCO.
— Supongo que incluiste el malware que te ordené.
Mi-ri dijo con cierto rechazo:
— Sí. Si deciden pasarse de listos o denunciarlo—secuestraremos todos sus sistemas operativos, y sus actos de corrupción se liberará a la prensa.
— ¿Y el spyware?
— Se encuentra trabajando, señorita. Si Horang, Gombumun o Geobugsadan se mueven, lo sabremos.
— ¿Los dispositivos de mi querido superior del NIS?
— También, pero es posible que lo descubra si no somos cuidadosos.
— Descuida, la gente como él descarga clntenidos con esa clase de virus a menudo.
Mi-ri se esttemeció ante la implicancia:
— También—tengo línea directa—con la Casa Azul, Directora.
— Perfecto.
Esta se acercó por detrás de su asiento, y masajeó sus hombros levemente, dándole un palmada en ambos hombros. Susurró en su oído:
— Sigue con el buen trabajo.
Antes de que se alejase, la hacker preguntó:
— Entonces—¿me dejará ir?¿Cumplirá—su promesa?
Ja-yoon la miró con falsa pena:
— Hah. Claro que sí. Oficialmente trabajas para mí como empleada del gobierno en un cargo medio. Te pagaremos bien, y sólo debes darme un informe una vez al mes. Si te necesito te llamaré. No será pronto.
Sabía que eso era mejor que ser esclava o un cadáver más en su lista:
— Está bien. —se inclinó— Gracias.
— Ya mandé llevar tus cosas de la casa segura a Geumga Plaza. Revisa tu correo, irás en el vuelo a Seúl a primera hora, no lo pierdas.
Salió de allí, y Mi-ri fue terminando sus deberes allí, mirándola con palpable resentimiento. Luego puso cara de tristeza cuando pensó en Ark-1:
— Ojalá tengas razón, niña. Yo no la soporto.
Pronto se dirigió al subsuelo uno por el ascensor, y recorrió los pasillos que llevaban a su oficina. Se detuvo cerca de su puerta doble, hecha en madera de cedro tallada, con el sello del dragón en pan de oro. Lo miró pero no fue hacia allí, sino que se internó en una oficina o grupo de oficinas a la derecha, también con placas de madera. Allí, personas en elegantes trajes estaban ocupadas revisando archivos, bajo candelabros dorados y de cristales, o sentados en despachos.
Fue a una oficina cerrada al fondo, y tocó la puerta antes de abrir:
— Ah, pero si es mi Supervisora de Asuntos Legales favorita.
La mujer entrecerró levemente los párpados al apartarse de su monitor:
— Directora, qué placer me da verla —sonrió, pasivo agresiva— Por favor, tome asiento, esta oficina es más suya que mía, ¿o no?
— Cierto. Pero no vengo aquí a charlar, abogada Hong.
Esta se reclinó sobre su buró con un codo y in brazo, levantando una pluma entre dos dedos:
— No me diga.
— Quiero saber qué tienes hasta ahora en cuanto al caso K.
— El departamento se está encargando de todo, y sí, Fundación K ya no existe por haber pagado todas las indemnizaciones. Los familiares de los niños muertos y desaparecidos—están recibiendo compensaciones mientras hablamos.
— ¿Lo ve? ¿No se lo dije? Usted puede hacer mucho más desde aquí que con su bufete de mala muerte.
La mirada de Cha-young se afiló con furia, y el aire que salió de su nariz rezumó veneno, al mismo tiempo que sonreía:
— Hmh. Claro, pero mejor no siga hablando del tema. No hay que perder el enfoque en lo que nos ocupa.
— Si, claro, también iba a preguntarte. Los familiares de los rebeldes de nuestra agencia que murieron el año pasado. ¿Ya te encargaste de ellos, cierto?
Cha-young tragó saliva, mirando brevemente hacia abajo. Giró la pluma en su mano una sola vez, con más ira:
— Por supuesto. Se quedarán en silencio. Se están confiscando todos los bienes—de esas familias—bajo falsas causales. Deberíamos terminar—en un par de semanas.
— Bien, supongo que ya me mandó los detalles a mi oficina.
— Los archivos están allí para que los lea. ¿No necesito hacer eso por usted, señorita?
— No. Y descuida, tu pase a Incheon ya fue arreglado. Transferiremos tu departamento allí, cuando las remodelaciones terminen. Dentro de 3 semanas.
— Ay, muchas gracias, es usted tan gentil. Me prepararé para irme desde ahora, entonces.
Ja-yoon se levantó, y se despidió diciendo:
— Claro. Usted no es prisionera aquí, después de todo. Le pagaré su boleto a Malta—cuando quiera. Nos vemos luego.
Al irse cerró la puerta sin tocarla.
“¿Cómo acabé recibiendo órdenes de esa mocosa? Huh, pero ya verá, cuando su hermana se entere—sí, he visto tu lenguaje corporal cuando está parada a tu lado. Se ve que te da lecciones cuando eres una niña mala. Ya vas a ver.”
Negó con la cabeza, relamiéndose por dentro la mejilla.
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(Afueras de Gyeongju, 21:35)
Ark-1 y su equipo habían descendido a la espesura fuera de la antigua villa museo, un pueblo restaurado que databa del siglo VIII. Haciendo ademanes, los Despiertos se esparcieron por todo el perímetro de aquel sitio, corriendo a ligera velocidad, callados. No sonó una hoja del piso boscoso, ni una piedrecilla de los caminos conforme los miembros del equipo cerraron el círculo.
La muchacha pálida podía sentir esa esencia, ese hedor pestilente metafísico manar de un antiguo complejo señorial. No era una quinta, o un palacio de verano, ni siquiera una residencia de verano, solamente una casa amurallada, y media. La estructura secundaria era sencilla, recubierta de papelillos de colores amarrados a cuerdas que caían del techo.
Las puertas y ventanas cerrados también estaban acordonados con listones de seda de muchos colores, ondeando en la brisa. Fue allí que Ji-won, Hwang, y Ark-1 se acercaron, manteniendo sus auras lo más planas posibles, mientras sentían al objetivo.
Da-mol y Jae-woong en cambio fueron colocando el aceite de un montón de vasijas que habían saqueado de una bodega cerca. Regaron por toda la casa, y cuando Ryo-dan iba a echárselo, fue Jae-woong quien la detuvo, negando con la cabeza; esta bufó. Usando camuflaje activo, cerraron el cerco con sus rifles EM en mano y granadas inhibidoras en los cinturones.
Llegó la señal.
Los tres invisibles corrieron, los dos visibles entraron por las ventanas, y Ark-1 por detras, despacio. Allí vio a quien debía buscar, vestida en un hanbok negro y rojo, con el cabello atado en un moño; como si nada pasase, se hallaba sentada sobre una almohada, prendiendo inciensos. Fue cuando la muchacha pálida, mirándole la espalda, preguntó:
— ¿Eres tú Baek So-jin?
Esta no respondió, e hizo sonar, de forma rítmica, unos cascabeles en un palo.
— He venido a llevarte conmigo. A un lugar seguro.
La chica, apenas una adolescente, respondió al fin, tras alinear unas fotografías con etiquetas, y chucherías sobre su mesa:
— Él te conoce. Hueles a loto azul, y sándalo.
Supo perfectamente a lo que se refería.
— Lo que está—consumiendo—mi interior. No importa cuán difícil, debo resistir. Para esto me preparé, y entreno.
— Sabes entonces que estás fallando. Te encuentras débil, puedo sentirlo. Déjame ayudarte.
— No debes. Él te quiso poseer, pero no conoce tu nombre. Es mejor así.
— Lo sentí. Intentó poseer a mi amiga. Por suerte envié luz cerca. Pero el resto lo hizo ella misma.
— Ah, sí. Joo Seok-kyung, él sabe su nombre. Tienes razón, lo desterró de su mente —sonrió— Es ms más fuerte de lo que ella misma cree.
— ¿Cómo pudo hallarla?¿Tú lo sabes?¿Cómo se conectó a ella?
— No quiere que te diga—
So-jin escupió sangre, y comenzó a toser pesadamente. Ark-1 iba a ayudarla, pero esta hizo su mano hacia atrás, antes de sacar un tambor de mano, y tocarlo. Sudaba frío, su piel se palideció:
— ¡No, debo hacerlo sola!¡Dile a tus amigos rodeándome que se aparten!
Asintió a Ji-won y Hwang.
— ¡También los otros!¡Puede verlos!
Los otros tres se hicieron visibles al fallar sus arnese. Jae-woong, con su cuchillo sobre la garhanta del objetivo, se apartó perplejo. Ryo-dan y Da-mol bajaron las armas que le apuntaban a la niña chamana sobre la cabeza.
— ¡Otra jefa, rápido! —apresuró Ryo-dan— ¡Cuál es tu orden, ¿la noqueamos?,¿le disparo?, dinos!
Ark-1 debería tomar rápido la decisión, al ver la sombra del perro diabólico en el suelo, y sus cuernos aparecer y desvanecerse alrededor de So-jin…
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(10 de abril de 2022, 15:10)
Las cosas en la viña Cassano no habían estado fáciles desde que Vincenzo se despertó de aquella dolorosa resaca. No había sido fácil despertar y encontrar su residencia manchada de sangre, o parte de la infraestructura derrumbada sin remedio. Tener que reemplazar todo le costó un ojo de la cara, pero por suerte la fortuna de la otra rama de la familia pagó el resto.
No fue capaz de recordar, en lo más mínimo, aquello que había pasado consigo mismo antes de despertar tirado en el mármol cuadriculado del piso. Fue incapaz de recordar también qué había ocurrido con la familia extendida que le había dado el apellido, y tiempo le tomó establecerlo, encontrar las pistas. Luego fue con supervivientes bajo hermanastro, sobornando y chantajeando para que le dieran acceso a él y a sus conocimientos de la red criminal.
Pasó meses reconstruyendo todo, reencauzando los negocios, reinvirtiendo en lo más posible la logística de su operación. Por ellos, a día presente, tenía a dos filas de hombres con uniformes tácticos, unos rifles, otroz carabinas, otro un látigo o cuchillos. Este entonces les dijo con calma, cruzándose de manos:
— Ustedes son lo mejor de lo mejor. No podría haber pedido conocer a gente más dedicada y leal a la familia. Debemos estar listos, para cuando las otras familias de la mafia vengan por nosotros, creyéndonos débiles.
Fue después de um breve sermón, que todos le hicieron reverencia. Él al quedarse solo, volteó hacia atrás, y miró al mausoleo con un angel llorando con la cabeza apoyada a su techo. Fue durante sus oraciones, casi ya al final de ver a aquel padre fallecido que le dio el valor pero también la frialdad, que sintió un toque.
— Reciescat in pace mio papa—
— Disculpe. Señor, disculpe.
Al mirar a su diestra, había allí una muchacha joven, de ojos grandes, cabello rojizo ondulado. Su apariencia era delicada, su estatura baja, vistiendo su chaqueta, pantalón acampanado y blusa a cuadros. Este sonrió, saludándola en silencio con una inclinación.
— ¿Es usted—Vincenzo Cassano?
— ¿Y quién pregunta?
— Me llamo Bong-soon. Do Bong-soon. Es un gusto. Y—sólo soy una chica del barrio Dobong, en Seúl.
— El gusto es mío, pero dígame señorita Do, ¿por qué me conoce usted?
— Del caso Babel. Y—es señora. No es por presumir, es que—ya estoy casada.
— Ya veo, felicitaciones.
— Muchas gracias.
— Ahora explíqueme, si es tan amable. ¿Por qué ha venido desde Corea a buscarme?
— Porque es un hombre bastante persistente. Trabajador. Hace justicia a su manera y es ingenioso, recursivo. Pero también construye, y ayuda a otros a construir. Me parece también honrado, en cierto sentido.
— Son demasiados halagos, viniendo de alguien a quien acabo de conocer. Y se puede decir que estoy con alguien más. Es complicado.
— Es verdad, lo siento. No quería molestarlo. Simplemente presentarme.
— Ah. Sí claro, adelante. Puedo verlo—en esa mirada ansiosa. Quiere decirme algo importante. Por favor.
— Ah, sí, por supuesto. Sólo vine a entregarle el mensaje.
El mafioso esperó a que siguiera:
— Debió conocer a Koo Ja-yoon, de la agencia Yongsadan. Y habrá visto de lo que gente así es capaz. El hombre que causó todo el sufrimiento del año pasado, Kim Do-yun, pudo hacer lo que hizo—
Vincenzo cruzó los brazos, esperando atentamente.
— Debido a que fueron creados y amamantados—por estructuras de poder corruptas—como las que esa chica dirige. Nosotros somos aquellos que hemos evitado que Busan y Corea sufrieran, apoyando a la gente correcta.
— Y eso me incluye, supongo.
— Sí, así es. Es lo que—desde la organización mis jefes creen.
— ¿Quiénes son tus jefes?¿Y por que permitieron que esas cosas terribles sucedieran entonces?
— Porque fuimos confiados. Y gente que creímos aliada nos traicionó. En Horang. En el NIS. No cometeremos ese error nunca más, y para asegurarnos, estamos contactando a nuevos socios potenciales.
— Gracias, pero a decir verdad, tengo mucho por hacer en Italia.
— Y queremos que lo siga haciendo, señor Cassano. Eso es justo lo que necesitamos. Si colabora junto a nosotros, le diremos por qué. Preferimos reservárnoslo si decide declinar.
— Pero aún no he dicho eso.
Bong-soon se sonrojó, encogiéndose de hombros:
— ¡Claro, es verdad, qué despistada soy! Tenga.
Del bolsillo de su chaqueta le entregó una tarjeta. Vincenzo observó sus detalles, la pesó, vio lo fino del material, y el diseño minimalista. Leyó el nombre.
— Opulentia.
— Así es. No somos públicos como red, pero seguro reconocería a muchos de nosotros si nos viera en televisión. Invertimos y promovemos iniciativas para la lucha contra el supercrimen de alto nivel y el superterrorismo transnacional. Aunque somos originarios de Corea, como dijo.
— Así que de eso se trata.
Él sabía perfectamente que Cha-young y Mi-ri seguían en Jeju, en manos de esa joven.
— Pensándolo bien, estoy interesado en su propuesta.
— Me alegra escucharlo, es un alivio. En serio.
— ¿Ya ve? No debe asumir el resultado negativo sin intentar antes.
— Sí, lo tomaré en cuenta. Y pues, como ua aceptó, contactaré a mi gente para avisarles. Hay mucho de lo que quieren hablar con usted.
— Me lo imagino.
— Nos reuniremos en la dirección que anoté en el reverso.
— Ginebra.
— Dentro de un mes. Por favor, no le diga a nadie sobre nuestra reunión.
— Mis labios están sellados, señora Do. Y le agrdezco que haya venido.
— Adiós, señor Cassano. Lo veré allí.
Bong-soon comenzó a alejarse, colocándose un par de gafas de sol, y alejándose por el camposanto hacia la casa de recepciones. Ella tomó un camino, y lo llevó a él, por lo que otros fueron llevados en otros caminos, debido al camino que la joven Ja-yoon decidió tomar, 4 años atrás.
Los caminos que tantos tomaron, estaban ahora convergiendo en formas que nadie esperaba, por una variable que nadie imaginó posible. La bruja, y su hermana.
FIN
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