Traicionada por mi marido basura: Me entrego al diablo - Capítulo 102
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Capítulo 102: Capítulo 102: ¡Mejores amigas
POV de Claudia
—Buenos días, cielo. ¿Cómo lo llevas?
Tal como dijo Ray, Anok vino al ático no mucho después de que él se fuera. Ayer llevaba un vestido rosa pálido y hoy, en cambio, uno amarillo sol.
Ese tipo de color habría sido demasiado para la temporada de otoño. Pero con su belleza y confianza, en realidad le quedaba perfecto.
Llevaba una bolsa de papel de una pastelería popular del centro por la que pasaba siempre que llevaba a Aurora a su jardín de infancia.
—Buenos días, Anok. Mmm… estoy mejor —respondí.
—¿Y tu hombro? ¿Aún te duele? —continuó preguntando mientras dejaba su bolso Hermes y me entregaba el postre—. Toma, aquí tienes postre y algo de picar. El dolor mejorará si comes algo dulce.
—G-gracias…
Sinceramente, pasar de Jane Jiang, que siempre me miraba como si quisiera asesinarme y me escupía, a Anok me resultaba abrumador.
La forma en que Anok me trataba me recordaba a mis compañeras de las clínicas en las que trabajaba. Eran muy amables, pero a veces también un poco cotillas: la mejor combinación que se puede tener en una amiga del trabajo.
Además, Anok era tan guapa que ni yo podía evitar admirarla. Me hizo preguntarme si la mujer que aparecía en el sueño de Ray era en realidad Anok, ya que hacían muy buena pareja.
Y parecían llevarse bastante bien.
—Mi hombro está mejorando. Todavía me duele, pero es normal —respondí mientras revisaba la caja de los postres. Anok había comprado tantos que se me hacía la boca agua.
Como yo también soy muy golosa, no podía evitar rebosar de alegría cuando alguien me compraba dulces.
Aunque, por aquel entonces, Ray, con sus manías, siempre me decía que vigilara mi consumo de azúcar porque no era saludable, algo muy propio de su personalidad.
Anok se percató de mi alegría y se rio entre dientes. —Venga, yo también soy muy golosa, chica. Olvídate de ese maniático de la salud y comamos dulces juntas.
Anok y yo comimos dulces mientras contemplábamos las vistas del centro de Los Ángeles desde el gran ventanal que iba del suelo al techo, y me sentí mucho más relajada ahora, con una chica que de verdad quería ser mi amiga en lugar de asesinarme mientras dormía.
—Sabes, Anok, he olvidado la última vez que pasé el rato con una amiga —confesé mientras comía una mousse de chocolate—. Mis amigas del trabajo y yo solíamos ir a veces a un restaurante cerca de la clínica a comer y cotillear.
—¿Amiga? —Anok enarcó una ceja y el corazón me dio un vuelco.
Lo solté sin pensar porque me sentí demasiado cómoda, a pesar de que Anok y yo acabábamos de conocernos y su posición no parecía facilitar que fuéramos amigas.
—¿Es… es un no? —pregunté con humildad—. L-lo siento, me estoy tomando demasiadas confianzas, supongo. Ja, ja…
—Oh, cielos, no me pongas esa cara triste, ¿cómo se supone que responda a eso? —bromeó Anok con una risita—. No me extraña que él no pueda evitar hacer cosas por ti.
—Eh, ¿de qué estás hablando?
—De nada —sonrió misteriosamente—. Como sea, somos mejores amigas, ¿vale? No tienes que ser tímida conmigo. Después de todo, ambas tenemos algo en común…
Se inclinó más y susurró: «…que a ambas nos da miedo Ray Gatlin».
Abrí los ojos de par en par.
La miré con incredulidad. —¿T-tú le tienes miedo?
—Mmm~ —admitió Anok—. Pero no es porque parezca intimidante. Quiero decir, sí que lo parece, pero es más por lo impredecible que es.
La mirada de Anok se intensificó y su sonrisa desapareció mientras hablaba de Ray. —Ese hombre puede hacer las cosas más locas solo para conseguir lo que quiere. Un hombre imprudente da miedo, pero un hombre que puede ejecutar un plan con una precisión extrema da aún más miedo, porque no podrás encontrar ningún resquicio en su plan que explotar.
Cuanto más escuchaba a Anok, más percibía la animosidad entre ella y Ray.
Pero, al mismo tiempo, también percibía la familiaridad que había entre ellos.
Si pudiera decirlo sin rodeos, eran como una serpiente contra un tejón melero. Ambos eran igual de fuertes y estaban tan igualados que era imposible saber quién ganaría.
—¿Entonces lo odias? —pregunté.
—No —su respuesta fue demasiado rápida, dejando claro que no sentía ningún odio hacia Ray.
—Ha hecho un gran trabajo como CEO de Gatlin Gold, mejorando el sistema, manteniendo relaciones comerciales con clientes de alto calibre y asegurándose de que cada inversión que hace la empresa solo beneficie aún más a Gatlin Gold. Eso es más de lo que podría pedirle —Anok hizo una pausa por un momento y añadió—: Sobre todo si sabes la gran decepción que es su padre. Gatlin Gold podría haberse hundido si Ray no hubiera tenido la habilidad de arreglar el desastre de su padre.
El padre de Ray…
En realidad, no tenía ni idea sobre su padre. Todo lo que dijo en su día fue que su padre se casó con su madrastra y que así fue como Miles se convirtió en su hermanastro.
Pero nunca habló de nada más, y no me atreví a preguntar porque sus ojos perdían gradualmente el brillo cuando mencionaba a su padre, como si para él no fuera más que un animal.
Sin embargo, sí que mencionó una vez que nunca llegaría a ser como su padre.
—Gatlin Gold perdió cientos de millones y también un montón de clientes importantes bajo el liderazgo de Peter Gatlin. Es un milagro que Ray pudiera salir adelante —sonrió Anok. Apuntó el tenedor de madera hacia mí en tono juguetón y añadió—: Yo diría que tener la mitad de su sangre en tu hijo no sería una pérdida. Ese niño será extremadamente inteligente y guapo. Pero, por otro lado, ¿quién querría el gen de un loco en su bebé, verdad?
Me estremecí al imaginar que tuviera hijos con Ray. Serían inteligentes, capaces y guapos, pero ¿y si tuvieran la misma mentalidad que Ray y vieran todo como si fuera ganado?
¿Y si me vieran a mí —a su madre— como un robot que satisfacía sus necesidades y luego me ignoraran por completo una vez que ya no me necesitaran?
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com