Traicionada por mi marido basura: Me entrego al diablo - Capítulo 105
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Capítulo 105: Capítulo 105: Almuerzo y puñetazo (I)
POV de Claudia
[Canción recomendada: Pink Pantheress & Zara Larsson – Stateside.]
—Bueno, ¿qué te parece? ¿Nos vamos ya? Siempre podemos escribirle a Ray cuando nuestro avión aterrice en París —dijo Anok con entusiasmo, pero al final tuve que negar con la cabeza.
—No tengo permitido salir del ático sin su supervisión. Está escrito en el contrato que firmé y, por alguna razón, el contrato de mascota es legal a ojos de la ley.
—¡Uf, qué tipo más raro! —protestó Anok antes de levantarse y tomarme de la mano—. Vamos a almorzar fuera. Es tan aburrido quedarse aquí encerrada todos los días.
—N-no puedo… —me opuse de inmediato, pensando en que tenía que cumplir el contrato para que Ray hiciera lo mismo.
No podía permitirme enfadarlo, porque Aurora necesitaba toda la seguridad posible para escapar de las garras de Clarissa.
Pero Anok no pareció entenderlo. —¿Por qué no? ¿No me digas que le tienes miedo a su ira? ¡Oh, vamos, da miedo, pero no es irracional!
—Él…, él es irracional… —dije—. C-creo que es mejor que no vaya a ninguna parte…
Anok chasqueó la lengua. —Te propongo algo: lo llamaré en cuanto salgamos del ático y almorcemos en algún sitio. Confía en mí, Ray Gatlin no se enfadará contigo mientras te quedes a mi lado.
Me sorprendió de verdad su audacia con Ray. Dijo que le tenía miedo, pero todo lo que hacía demostraba que no sentía ninguno.
Quizás porque tenía el respaldo del abuelo de Ray, así que su autoridad estaba a la par de la de él.
Y tuve que admitir que su confianza era como una luz en un camino oscuro. Me hizo sentir segura y, de hecho, me dio la confianza para dejar de resistirme por fin y levantarme para seguirla.
No estaba segura de si era la decisión correcta. Pero estaba realmente harta de quedarme en el ático todo el día.
Quería volver a sentirme humana, no un hámster de mascota al que pudiera alimentar y vigilar.
Sin embargo, me detuve justo cuando mis pies estaban a punto de cruzar la puerta principal.
La miré con ansiedad.
—¿E-estás segura de que esto está bien? Aquí hay cámaras de vigilancia —señalé tres CCTVs que apuntaban directamente a la puerta principal—. En cuanto salga del ático, recibirá una alerta de inmediato, y yo…, no quiero meterte en problemas, como tampoco quiero arriesgarme a su ira.
Anok puso los ojos en blanco. —Mira, déjame enseñarte.
Miró la CCTV que tenía encima y luego le hizo la peineta antes de sacarme a rastras por la puerta.
Estaba demasiado aturdida como para resistirme, y el corazón me dio un vuelco en cuanto salí por la puerta.
Miré por encima del hombro hacia la puerta y luego a la cámara de vigilancia, antes de tragar saliva y decidirme a seguir a Anok.
Después de todo, con la audacia de Anok, seguro que Ray me daría algo de margen, ¿verdad?
Anok sacó su genial Mercedes plateado del aparcamiento. Me recordó mucho a mi yo anterior, cuando aún trabajaba como Médico General.
Conducía mi coche por el centro de Los Ángeles con una taza de café y un dónut, escuchando a tope algo de la Britney Spears de los 90 y totalmente centrada en el trabajo: construir un futuro con Miles.
Entonces, ¿por qué cambié?
—¿Qué te pasa, chica? Pareces preocupada —rompió el silencio Anok, sin apartar la vista de la carretera—. ¿O es por Ray? Oh, vamos, lo llamaré cuando estemos en el restaurante.
—Eh, esta vez no es por Ray —respondí con una sonrisa—. Solo estaba rememorando mi pasado, cuando trabajaba como doctora en algunas clínicas. Solía ser una mujer de carrera como tú.
—¿Ah, sí? ¿Y qué cambió?
—… Me quedé embarazada.
Sí, cambié después de quedarme embarazada. El negocio de Miles también despegó por aquella época, y me dijo que dejara mi trabajo para centrarme en el embarazo.
—Entonces, ¿te arrepientes? De tener un hijo y todo eso.
—No, pero me arrepiento de haber escuchado a mi marido infiel —resoplé, pensando en la persuasión de Miles en aquel entonces—. Podría haber seguido trabajando estando embarazada, y luego tomar la baja por maternidad antes de volver al trabajo contratando a una niñera a tiempo completo. También podría haber trabajado en una sola clínica, así habría tenido más tiempo para cuidar de mi hija y verla crecer sin estar a la completa merced de Miles.
Tenía muchos remordimientos al hablar de los «y si…» del futuro que podría haber tenido. Las cosas no habrían llegado a este punto si no hubiera sido tan sumisa con ese cabrón inútil.
—Mmm, bueno, no tiene sentido arrepentirse de lo que ha pasado, chica. Lo mejor es apañárselas con lo que tienes ahora mismo e intentar conseguir el mejor resultado posible —dijo Anok con una sonrisa—. Confía en mí, sé lo que es arrepentirse del pasado. Pero el arrepentimiento y los lamentos solo conseguirán deprimirte.
Justo en ese momento, Anok por fin aparcó el coche justo delante de un exclusivo restaurante de sushi.
—¡Ahora, lo único que tenemos que hacer es comer! Dios, pensaba que estaría llena después de picar algo, pero supongo que sigo siendo la misma de siempre, ¡ja, ja, ja!
Anok rio con ganas mientras salía del coche, y yo la seguí por detrás. El restaurante de sushi se llamaba Nobu, y era uno de esos sitios de sushi de alta gama en los que por aquel entonces solo podía soñar con comer.
Por desgracia, incluso después de que el negocio de Miles se disparara, solo me daba un poco de dinero, y después de pagar las facturas, la gasolina, la compra y todo lo de Aurora, me quedaba muy poco para mí. Miles se negó a aumentarlo porque decía que tenía que ajustarme a un presupuesto sin importar la situación, para prepararme para los malos tiempos.
Así que terminé siendo austera incluso cuando técnicamente era la esposa de un hombre rico.
Pensándolo bien, fui una completa idiota por no pedir más, ya que había sacrificado tanto solo para tener esta buena vida con él.
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