Traicionada por mi marido basura: Me entrego al diablo - Capítulo 106
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Capítulo 106: Capítulo 106: Almuerzo y Puñetazo (II)
POV de Claudia
Anok se encargó de pedir, reservándonos el mejor asiento. Yo solo tenía que quedarme quieta y disfrutar mientras nos traían el pedido.
Pero no lo estaba disfrutando, porque no dejaba de angustiarme la reacción de Ray.
Hasta el momento no había llamado, y tampoco a Anok.
Quería pensar que seguía ocupado con el trabajo y que no había tenido tiempo de revisar las cámaras de vigilancia. Si ese era el caso, podríamos haber terminado de almorzar y haber vuelto a toda prisa al ático, actuando como si no pasara nada.
Pero Anok regresó con una sonrisa radiante y preguntó: —¿Amiga, pareces muy estresada. ¿Es otra vez por culpa de ese sinvergüenza bueno para nada?
Se me escapó una sonrisa divertida cuando Anok lo llamó «sinvergüenza bueno para nada», pero al final asentí.
—Tengo miedo de su reacción.
Anok puso los ojos en blanco y sacó su teléfono del bolso. —No deberías tenerle miedo, porque… —buscó en sus contactos y llamó a un número que tenía guardado como «Ray Loco». Me enseñó el identificador de llamada y el teléfono no tardó en sonar—. …eres preciosa. Estoy segura de que Ray no sería demasiado duro con una mujer preciosa.
Se me encogió el corazón cuando vi que la llamada se había conectado. Me quedé con la boca abierta, y lo primero que quise hacer fue disculparme. Pero entonces me di cuenta de que eso no era lo correcto.
Si me disculpo ahora mismo, me hará parecer culpable, ¿verdad?
—¿Qué quieres? —preguntó Ray con bastante brusquedad al otro lado de la línea. Me di cuenta de que siempre adoptaba esa actitud un tanto defensiva con Anok, como si cada palabra que saliera de la boca de ella fuera a cabrearlo.
—…
Enmudecí al instante, aún temerosa de que su rabia significara que le quitaran la protección a Aurora.
Sin embargo, Anok era intrépida. Sabiendo que yo no iba a decir ni una palabra, preguntó: —¿Has revisado las cámaras?
—Lo he hecho —respondió con calma, lo que me dejó de piedra. Porque pensaba que se volvería loco al saber que me había escapado.
—No sé por qué haces esto, pero ya que Claudia está contigo, quiero que la mantengas a salvo —añadió Ray—. Como le vea un solo rasguño… te lo haré pagar por diez.
La amenaza sonó tan terrorífica que tuve que revisarme la piel para ver si tenía algún rasguño.
Anok soltó una risita al verme y dijo: —Bueno, bueno, no te pongas tan tenso, ¿quieres? No es una muñeca de porcelana.
—Lo digo en serio, Anok.
—Y yo me tomo muy en serio lo de cuidarla, así que no te preocupes —Anok me miró y me pasó el teléfono—. ¿Por qué no le dices algo a este chiflado?
—…
—…
Hubo un largo silencio entre nosotros. Ray estaba esperando a que yo dijera algo, pero yo tenía demasiado miedo para hablar.
Finalmente, fue Ray quien murmuró: —Llámame si te metes en líos.
Bip.
—… Vaya… —fue todo lo que pude decir cuando terminó la llamada. Miré a Anok con incredulidad. No sabía qué clase de brujería había hecho para que Ray no se enfadara por esto.
—¿Ves? ¿No te dije que esta vez no se enfadaría? —dijo ella.
—S-sí, ¿por qué?
Anok enarcó una ceja. —¿No te lo dije antes? ¡Es porque eres guapísima!
Por supuesto, esa no era la verdadera razón. Debía de haber algún acuerdo secreto entre Anok y Ray que yo desconocía.
Aun así, me sentí aliviada de poder salir por fin del ático y almorzar con una amiga, algo que había echado de menos durante muchísimo, muchísimo tiempo.
—¡Hagámonos un selfi, amiga! ¡Se lo voy a mandar a Ray! —dijo Anok antes de cogerme del brazo, atrayéndome hacia ella y levantando el móvil para el selfi.
Me sentí cohibida al mirar a la cámara, y entonces, ¡clic!
—¡Vale, ya está!
—E-espera, no estaba lista… —intenté impedir que la enviara porque sabía que debía de haber salido fatal.
—Pero si aquí ya sales muy guapa, amiga —dijo Anok antes de enseñarme la foto que acababa de hacer.
Entonces, me di cuenta de que no mentía, y finalmente le di luz verde para que se la enviara a Ray.
No era mi primera vez comiendo sushi, pero sí la primera que comía uno caro, no los California Rolls que se compran en el supermercado.
Aun así, el sabor me pareció muy original y tenía una textura interesante. Le eché un par de vistazos a Anok, dándole las gracias en silencio por haberme traído.
Había estallado hacía unos días porque estaba muy estresada en el ático, además de preocuparme en exceso por mi hija. Pero si Ray me hubiera permitido de verdad llevar una vida normal, las cosas no habrían llegado a ese punto, ¿verdad?
Finalmente terminamos de almorzar y charlamos durante al menos media hora antes de que Anok pidiera la cuenta.
Cuando terminamos con todo, nos levantamos, listas para marcharnos.
Sin embargo, justo cuando íbamos a salir por la entrada principal, la puerta se abrió de repente desde el exterior y mi mirada se cruzó con un par de ojos verdes parecidos a los de Ray, pero que carecían de esa fiereza que intimidaría a cualquiera.
Recordé que en aquel entonces esos ojos verdes eran de lo más sencillos y torpes. Su forma de mirarme, tan indefensa, hacía que mi corazón se estremeciera.
Pero ahora, esos ojos verdes parecían taimados y engreídos, como si hubiera cometido tantas maldades que le hubieran hecho perder la conciencia y, con ello, la bondad de su mirada.
Sí, me topé con Miles Hoffman justo cuando estábamos a punto de irnos.
Nos quedamos de piedra, mirándonos fijamente durante un instante, hasta que Anok, que nos miraba alternativamente a Miles y a mí, por fin rompió el silencio: —¿Qué pasa, amiga? ¿Conoces a este tío? ¿Un amigo?
…
—¿Un amigo? ¡Ja! —Miles alzó la voz, asegurándose de que todos a nuestro alrededor pudieran oírnos—. ¡Pensé que te pudrirías en la cárcel por lo que has hecho, asesina!
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