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Translator Device - Capítulo 15

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  3. Capítulo 15 - 15 CAPÍTULO 14 Sueños
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15: CAPÍTULO 14: Sueños 15: CAPÍTULO 14: Sueños Los gritos de mil fanáticos habían sido reemplazados por la melodía de un anuncio de limpia grasa en la pantalla LED.

Las palomas regresaban a su rincón del parque tras el estruendo.

El sol descendía y la temperatura caía; faltaban “cuatro dedos” para que se fuera al otro lado del mundo.

Detrás del escenario, un lamento se distinguía entre el murmullo del equipo.

—¿Por qué no contesta?

—sollozaba Ye In, en una sentadilla profunda con el celular en las manos.

—¿Aún no hablas con él?

—preguntó Kimy preocupada.

—Tiene el teléfono apagado.

Esto es tu culpa por incitarme a decirle quién soy.

—¡¿Qué?!

—se indignó Kimy—.

Te dije que hablaras con él, no que te le aparecieras cantando en un escenario.

¡¿En qué estabas pensando?!

—Lo estropeé…

tengo que explicarle —susurró Ye In con los ojos hinchados.

Mientras tanto, en una cocina que olía a especias y madera, la señora Kim disfrutaba de su máxima felicidad: cocinar.

Su cocina era acogedora, con azulejos geométricos y un refrigerador moderno con pantalla LED.

El teléfono la sacó de su rutina; ese superpoder de madre le avisó que algo iba mal.

—Aló, mamá…

¿podrías ir a casa de Matías?

—suplicó Ye In desde la VAN del grupo.

—¿Qué pasó, hija?

—Cometí un error.

Lo invité al show para revelarle quién soy, pero se llenó de flashes y desapareció.

Por favor, ve a ver si está y dile que prenda el teléfono.

Minutos después, la señora Kim devolvió la llamada: —Hija, Matías no está en su casa.

Quizás está con su amigo.

—Gracias, mamá.

Llamaré a Yang Mi.

En la universidad, el pasillo entero se giró cuando Yang Mi soltó un grito: —¡¿Quéee?!

—Tras percatarse, bajó la voz—.

¿Por qué hiciste eso, Ye In?

Estás loca.

Dame un minuto, llamaré a Miguel.

Miguel, solo en su oficina, se sobaba las sienes.

—No puedo creer que Ye In haya hecho esa estupidez.

Pensé que se lo diría tras bambalinas, no así.

—Tiene el teléfono apagado —le dijo Yang Mi—.

¿Sabes dónde puede estar?

—No tengo idea…

es extranjero, dudo que tenga un bar favorito…

—¡Espera!

¡Lugar favorito!

—exclamó Miguel—.

Yang Mi, eres un genio.

◇ ◇ ◇ El sol poniente teñía el río Han de dorado.

Matías, sentado en una banca frente al Puente Hangang, observaba a las parejas y familias que disfrutaban de la paz del atardecer.

El caos de hace unas horas contrastaba violentamente con esta serenidad.

—Supuse que te encontraría aquí —dijo Miguel sentándose a su lado.

—¡Tú también lo sabías!

¡También me mentiste!

—espetó Matías con rabia.

—¡No me hables así, pendejo, que soy mayor que tú!

—le reclamó Miguel.

—El respeto se gana, no se da por la edad.

¡¿Lo sabías o no?!

—Obvio que lo sabía, ¡todo el mundo lo sabía!

—confesó Miguel—.

¡¿Cómo pudiste no darte cuenta?!

¿No tienes internet?

Ella sale en cada comercial y programa.

¡Es uno de los rostros más conocidos del mundo!

—Sabes que no veo tele y en la calle ando con audífonos.

¡Cómo cresta lo iba a saber!

Además, eres mi amigo, ¡podrías haberme advertido!

—¿Advertirte qué?

—ironizó Miguel—.

¿Qué el amor daña la capa de ozono?

Si no dije nada fue porque ella quería decírtelo personalmente.

Aunque nunca imaginé que sería así.

Matías ocultó su cara cuando una pareja pasó frente a ellos.

—¿Por qué te escondes?

La famosa es ella, no tú.

—¿Ah, sí?

—Matías sacó su teléfono (aún en modo avión) y le mostró varios sitios de noticias con su rostro en primer plano—.

Y escucha esto…

Reprodujo un audio de WhatsApp de su hermana en Chile: «¡Hermano!, ¡por qué no me dijiste que eras el pololo Ye In!, mándame los pasajes ahora ¿Cuándo se casan?

estoy aquí con mis amigas, ¿ella está allí?

usa la cámara para que me mande un saludo; no, no, mejor dile que me presente a los BTS, y a EXO y a las…».

Él cortó.

—¡Dios!

—exclamó Miguel, dimensionando el problema.

—No sé cómo pudo mentirme así —dijo Matías con congoja—.

¿Fui un juguete?

¿Me usó para un escándalo de popularidad?

¿Se disfrazó de plebeya para enamorar al primer incauto?

—¡Ay, idiota!

—exclamó Miguel—.

No seas exagerado, esto no es una teleserie mexicana.

—No, es un drama coreano —sentenció Matías.

—Saca eso de tu cabeza.

Ella te quiere, se le nota a mil años luz.

Créeme, soy experto en mujeres.

—¡JA!

—soltó una carcajada sarcástica.

—Oye, huevón —dijo Miguel exaltado—, deberías estar saltando de alegría.

Conquistaste a la mujer más cotizada de Corea siendo un don nadie, feo y sin hablar una puta palabra de coreano.

—Gracias por el apoyo —masculló Matías.

El sol desapareció tras los edificios.

El frío del río Han se hacía sentir.

—Miguel, ¿Qué hago?

—preguntó Matías con melancolía—.

Soy un simple tipo que solo quiere estudiar.

Me gusta el perfil bajo, y mírame ahora, tengo que andar escondido en un país donde no paso muy desapercibido que digamos.

Además, ella es de otro mundo, uno al que no pertenezco, ni quiero pertenecer.

—¿Sabes cuál es el error que separa a más parejas en el mundo?

—La mentira, obvio—.

respondió Matías sin pestañear.

—No; es la presunción —corrigió Miguel—.

Muchas parejas dañan su relación al presuponer; presuponen que las están dejando de querer, presuponen que sus parejas están interesadas en otros o las engañan; presuponen, presuponen, pero no preguntan, no dialogan.

Miguel tomó el hombro de Matías y agregó: —Exactamente lo que estás haciendo, presupones que Ye In jugó contigo, pero ¿le preguntaste mirándola a los ojos si eso es verdad, si no te quiere o la razón que tuvo para ocultarte quién era en verdad?

—No lo sé —decía Matías, lleno de emociones encontradas—.

Creo que es mejor simplemente desaparecer.

Antes que tú llegaras estaba leyendo comentarios.

Dicen que ella debería dejar el grupo; y algunos están rompiendo sus fotos.

Los fans coreanos son despiadados; esta relación podría dañarla más a ella que a mí.

—No hagas caso a un puñado de imbéciles.

Pero si quieres terminar, no des por sentado lo que ella piensa antes de hablarlo.

Te guste o no, hoy Ye In es tu pareja.

Matías miró una foto de Ye In en su celular, la acarició y pensó: «Los sueños, sueños son; es hora de despertar».

Luego, se paró raudo.

—Iré a beber la botella de ron que traje de Chile.

¿Me acompañas?

Miguel abrió los ojos y exclamó con cólera: —¡Tenías un ronaldo y no me avisaste!

¡Maldito tacaño!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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