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Translator Device - Capítulo 16

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  3. Capítulo 16 - 16 CAPÍTULO 15 Latin Lover
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16: CAPÍTULO 15: Latin Lover 16: CAPÍTULO 15: Latin Lover La luz suave se filtraba a través de las cortinas translúcidas, bañando la habitación en un resplandor sutil.

Ante un escritorio minimalista, Matías estaba sentado en su silla ergonómica.

Sus ojos celestes, fijos en la pantalla del portátil, reflejaban una mezcla de concentración y melancolía.

Junto a él, una taza de café humeaba, esperando el primer sorbo.

En la pantalla se veía a Ye In en una entrevista de hace un par de años.

—Ye In, ¿Qué es lo más difícil de ser una celebridad?

—preguntaba el entrevistador en coreano.

—Estar atrapada en los estereotipos de mi imagen —contestaba ella—.

Siempre debo estar alegre; no se me permite verme triste o enojada.

No poder expresar mis emociones reales es lo más difícil.

—¿Tienes un sueño por cumplir?

—La actuación —dijo ella casi sin pensar—.

Mi sueño es ser una gran actriz y algún día ganar un Grand Bell Award.

¡O muchos!

—rio.

El sonido del timbre despabiló a Matías.

«¿Quién podrá ser tan temprano?», pensó.

Al abrir la puerta, se encontró a la señora Kim con un par de bowls plásticos repletos de comida.

—Joeun achim-ieyo —dijo ella con una gran sonrisa.

—Joeun achim-imnida —respondió Matías, invitándola a pasar con el saludo formal.

Se sentaron en la sala y Matías encendió su traductor, dejándolo sobre la mesa de centro para que mediara la conversación.

—Veo que estás aprendiendo coreano —dijo ella con una pequeña risita.

—Solo sé lo básico —respondió él.

—Supongo que sabes por qué estoy acá.

—Sí.

—Ye In me contó lo que pasó y debo pedirte disculpas por su comportamiento —le dijo ella, haciendo una pequeña reverencia—.

Y también que me perdones a mí por haberte ocultado la verdad.

—No hay nada que disculpar, señora Kim —dijo Matías, aunque su voz sonaba poco convencida.

—Sí lo hay.

Si fueras otra persona, no me importaría, pero tú eres un muchacho bueno.

Por favor, no seas tan duro con Ye In, trata de comprender —suspiró—.

Hace un tiempo, un fan trastornado chocó el auto del padre de una cantante solo para poder verla.

A partir de eso decidimos ser herméticos con su vida privada.

Matías asintió con un dejo de condescendencia, pero su conflicto interno seguía intacto.

—La situación no es normal, no se puede solucionar de forma normal.

—¿Normal?

—preguntó ella, ladeando la cabeza—.

¿Qué se supone que es normal en el amor?

¿Qué una chica solo pueda enamorarse de un chico, que una veinteañera solo de un veinteañero, o que un famoso solo de otro famoso?

—No se trata de eso.

Entre más me informo del mundo en que está inserta Ye In, más creo que lo mejor es que me aleje.

Ella tiene proyectos, quiere ser actriz…

es su sueño, su verdadero amor.

¿Cómo puedo interponerme?

Si por mi culpa ella tuviese que renunciar a todo eso, no podría mirarme al espejo.

Además, soy un tipo tranquilo; las luces y las cámaras no son lo mío…

y pensé que ella era como yo.

—¿Y qué te hace pensar que porque a ella sí le gustan esas cosas no es como tú?

—la señora Kim se acomodó en el sofá—.

Además, ella no es como tú y jamás lo será.

Ella es coreana y tú latino, ella es mujer y tú hombre, ella es hermosa y tú…

bueno, eres tú —rio pícara—.

¿Por qué ahora te importa no ser como ella, si cuando no sabías que era famosa no te importó la diferencia de nacionalidad ni el idioma?

La señora Kim tomó el traductor de la mesa y se lo mostró como quien sostiene una prueba irrefutable.

—Siempre hay una solución para los obstáculos, ¿no?

—Mi corazón y mi cabeza están en conflicto, señora Kim.

No sé qué hacer —susurró Matías.

El timbre volvió a sonar.

Al abrir, una Yang Mi vestida de oficina entró como una furia, sin saludar.

—¡Ah!

Estabas vivo —soltó en coreano, con sarcasmo—.

¡Imbécil!

¿Por qué no le contestas a mi prima?

Está destrozada.

¿Por qué eres tan malo?

—¡Kim Yang Mi!

Compórtate, esta no es tu casa —le gritó con firmeza la señora Kim.

Es curioso; allá también utilizan el nombre completo cuando alguien quiere reprender a un familiar.

Un código universal de peligro que Matías reconoció de inmediato.

—¡Tía, este tonto me saca de quicio!

—decía Yang Mi llevándose las manos a la cabeza—.

Todo el mundo se muere por solo verla y tú ni siquiera le contestas el teléfono.

¿Te volviste loco?

—No es tan simple, Yang Mi —dijo Matías, un tanto ido.

—A ver, ilústrame —desafió ella.

—Ella es prácticamente una diosa acá; yo soy un simple tipo que vino a estudiar.

¿Acaso no leíste todo lo malo que le escribieron?

¿Qué quieres que haga?

¿Qué juegue al latin lover sin importar lo que le pase a Ye In?

—¿Sabes lo que creo?

Creo que no la quieres.

Si la quisieras, te daría lo mismo que fuera famosa o lo que digan los fans.

¡Tú no la quieres, Matías!

—¡Eso no es así!

—gritó Matías, y tras una pausa, agregó—: Si debo alejarme de ella es justamente por eso…

porque la quiero.

Nunca pensé que podría querer así en tan poco tiempo.

Mi lado racional creía que eso pasaba solo en las películas.

Matías elevó la mirada hacia Yang Mi, mesurando el tono.

—Si no la quisiera, me aprovecharía de la situación.

¿Sabes cuántos medios me han ofrecido dinero por la exclusiva?

Tendría fama y plata fácil.

Pero Ye In es más importante que todo eso.

Si me interpongo, ella puede perderlo todo: su carrera, su pasión…

y eso no me lo perdonaría.

¿Cómo podría vivir en paz si por mi culpa ella no es feliz?

¿Tú podrías?

Dime, ¿eso para ti es querer?

Hubo un silencio contemplativo.

La señora Kim lo observaba con ternura y Yang Mi sintió que sus defensas se relajaban.

En el bolsillo de Yang Mi, el celular transmitía la escena en vivo.

A kilómetros de distancia, Ye In veía la conversación con una lágrima bajando por su mejilla.

—Con razón lo amas —dijo Kimy, que estaba a su lado.

—Ahora sabes por qué no quiero perderlo.

—¡Ve por él!

—apuntó Kimy hacia la puerta.

—Eso haré —dijo Ye In incorporándose—.

Pero antes, debo ir a comprar algo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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