Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Translator Device - Capítulo 19

  1. Inicio
  2. Translator Device
  3. Capítulo 19 - 19 CAPÍTULO 18 Cambios
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

19: CAPÍTULO 18: Cambios 19: CAPÍTULO 18: Cambios El viento del océano Pacífico acariciaba suavemente a Viña del Mar, dándole impulso a las gaviotas para surcar el celeste cielo a gusto.

El sol del mediodía hacía que el icónico reloj de flores fuera aún más protagonista del paisaje.

Las palmeras parecían saludar a la brisa marina que soplaba suave desde la costa.

En el césped, las flores multicolores y el nombre de la ciudad hecho de arbustos tenían una saturación más impactante en ese momento.

De pronto, el sonido de pasos sonoros y rápidos interrumpió la pacífica escena; era Matías corriendo con el pavor marcado en su rostro.

Al segundo, tras de él, una masa amorfa y veloz de cientos de personas lo perseguía como una estampida de zombis, dando agudos gritos.

Matías corrió por la avenida y, escapando de la muchedumbre, bajó a las arenas doradas de la playa Caleta Abarca; de pronto se detuvo, estaba atrapado.

Otra horda venía en la dirección opuesta y lo rodearon, sin darle un centímetro de clareo para escapar.

“Autógrafo, autógrafo”, musitaba la horda, como miles de ronroneos guturales que hacían vibrar hasta el alma.

—¡Ye In, ayúdame!

—gritó desesperado a su novia, que miraba un poco más allá ajustando su bikini.

—¿Por qué?

—dijo ella con tranquilidad—.

Tú quisiste ser el novio de una celebridad; ahora asume.

La horda de zombis fans lo envolvió en una masa oscura.

—¡Nooooooo!

—gritó Matías al momento que se incorporaba en su cama de Seúl.

Luego de un baño, sin dejar de pensar que la pesadilla es un signo inequívoco del estrés, tomó desayuno y fue con sus libros a la mesa del patio; quizás estudiar un poco de economía lo sacara de todo pensamiento negativo.

Unos aplausos constantes rompieron la quietud; era Miguel llegando a casa.

—¿Por qué aplaudías?

—preguntó Matías ladeando la cabeza.

—No sabía si aún estaba Ye In, no quería aparecer de sorpresa —dijo Miguel sentándose a su lado.

—Hace años inventaron unos aparatos llamados teléfonos móviles.

¿Lo sabías?

—¿Y?

—dijo Miguel con una sonrisa amplia.

—¿Y qué?

—respondió Matías moviendo los glóbulos oculares de lado a lado.

—No te hagas el huevón —le dijo haciendo desaparecer su sonrisa—.

¿Tú y Ye In son oficialmente novios de nuevo?

—Ese es el punto —dijo Matías dando un sorbo de su tibio café—.

Nunca seremos oficialmente nada.

—¿Y cuál es el problema?

—¿Qué clase de relación tendremos si no podremos hacer nada juntos?

—¿Qué, acaso no la quieres tanto como para soportarlo?

—dijo sacando una galleta del platillo sobre la mesa.

—El amor no lo es todo —dijo Matías, sin pestañear.

—¡Qué frío!

—exclamó Miguel abriendo los ojos y un vaho saliendo de su boca.

—Aún no estoy convencido de seguir con todo esto.

—¿Y por qué no se lo dijiste?

—Lo iba a hacer, pero cuando estoy con Ye In, todo se revuelve dentro de mí; soy vulnerable junto a ella.

—Eso es amor, amigo mío —dijo Miguel tomando otra galleta—.

¿Y qué harás?

—Intentarlo —dijo Matías, corriendo el plato de galletas al ver que Miguel lo estaba dejando sin raciones—.

Es preferible decir: “lo intenté y no resultó” a vivir una eternidad preguntándose “qué hubiese pasado si”.

—Sácate de la cabeza que no resultará —decía Miguel—.

Terminarás realizando una profecía autocumplida.

Disfruta el momento, no pienses en lo que podría pasar o no, disfruta al máximo esos cinco minutos al mes que la verás y no pienses en los otros que no se vieron.

Te conozco, eres muy racional; no todo es dos más dos, Matías —levantando los brazos al cielo, agregó—: ¡Suéltate!

Disfruta ser el amante de la mujer más famosa del mundo.

—Y recordando una canción de Bosé, cantó—: Seré tu amante bandido, ¡bandido!, corazón, corazón malherido.

—Huevón —le dijo Matías riendo, y preguntó—: A propósito, ¿Dónde pasaste la noche?

¿Quieres que todo quede en familia?

—No, no; dejé a Yang Mi en su casa y luego me fui a un hotel —dijo Miguel incorporándose de su silla y robándole la última galleta—.

Pensé que era mejor dejar solo a los tortolitos.

Unos metros calle abajo, en casa de la señora Kim, ella estaba, obviamente, en la cocina junto a Ye In.

—Me alegro de que se hayan arreglado las cosas —decía la señora Kim revolviendo un huevo con especias en un sartén—.

Él es un chico con alma limpia y te quiere a ti, no por lo que eres.

—Él desearía que yo no fuera quien soy —contestaba Ye In.

—Pero eres lo que eres, también tendrá que amar eso; si su destino es estar juntos, nada de eso importará.

—Quizás el destino lo llevó a conocerte y eso lo trajo ante mí.

Es como si él estuviese hecho para mí —y abrazándose, continuó—: Es la primera vez que siento esto, cómo mis entrañas se retuercen cuando me sonríe, me sonrojo solo con pensar en él, lo dejé hace unas horas y lo extraño como si no lo hubiese visto en años, quiero correr donde él.

—Eso, hija mía, es amor, innegable amor, y está en ti el convertir ese amor en un edén o en un infierno —y dejando los huevos en un pocillo, continuó—: A propósito, ¿no crees que fue irresponsable que te quedaras en su casa hasta la madrugada?

—Mamá, él es un caballero, no pasó nada de lo que te estás imaginando, solo conversamos mucho.

—No lo decía por eso, pero ya que lo mencionas, ¿no se supone que él es latino?

—y agregó con una risita pícara—: Lástima que sea un caballero.

—¡Ay, mamá!

—le dijo Ye In, ruborizada.

—Lo que quiero decir es que ese tipo de cosas son las que te pueden traer problemas —decía la señora Kim pausadamente—.

Imagínate que ese fotógrafo hubiese estado cerca y te toma fotos saliendo de la casa de Matías; imagina el nuevo escándalo.

Deben cuidarse de esas cosas.

—Lo tendré en cuenta, pero ¿Cómo hacerlo?

Tanto él como yo queremos gritarle a este mundo que nos queremos.

—Hagan todas las cosas normales que puedan, evitando que los descubran —aconsejaba la señora Kim con un brillo en los ojos—, pero no lo vean como un problema, aprovéchense de la situación, saquen lo positivo de ella, nada más excitante que la posibilidad de que te descubran.

—Y bien sabes tú de ello.

—¡Ya!

—exclamaba la señora Kim—.

Ahora dime la verdad: ¿Son los latinos tan apasionados como dicen?

—¡Mamá!

—gritaba Ye In, riendo.

El día había transcurrido largo; Ye In sabía que Matías debía estudiar para un examen, así que no lo molestó, pero al llegar la noche ambos compartían un momento por video a través de sus portátiles.

Sus traductores estaban sincronizados.

—Quizás tu madre tenga razón —decía Matías sentado en su escritorio—, pero seamos cuidadosos, no quiero que algo malo te pase.

—Ya te dije que nada malo me puede pasar si estoy contigo —respondía Ye In, recostada de barriga en su cama frente al portátil.

—Será difícil y un poquito doloroso negarnos.

—¿Qué importa si los demás lo saben o no?

—decía Ye In con seguridad—.

Mientras tú y yo lo sepamos, que los demás nos importen un pepino —y haciendo memoria, agregó—: ¡Ah!, este viernes voy a un programa de televisión, ¿verías el show?

—No veo televisión; pero por ti no me lo perderé por nada del mundo.

—¡Bien!, cuando haga este gesto es porque estoy pensando en ti —le decía ella mostrándole la mano con el índice, el corazón y el anular extendidos y separados, mientras que el pulgar y el meñique están doblados hacia la palma.

—¿Por qué?

—preguntaba él sin comprender.

—Es una M, de Matías —decía Ye In dando vuelta la mano y girándola, dejando los tres dedos hacia abajo.

Matías sonrió; sintió como si le hubiesen dado la contraseña de la caja fuerte que alojaba el mayor secreto del mundo.

—Sabes —decía Ye In—, me gustaría presentarte a las chicas del grupo.

¿Irías el sábado a la agencia?

¡Di que sí!

—¿No te meterás en problemas si voy?

—Para nada —tranquilizó—.

Además, ellas tienen muchas ganas de conocerte.

—Hija, vienen a buscarte —se escuchó desde la habitación contigua.

—Mati, llegó el chofer a buscarme, hablamos después.

Al salir de la casa de la señora Kim, Ye In hablaba por teléfono con Kimy, con tono misterioso, susurrando: —Diles a las chicas que no vayan a ningún lado; debo hacer algo en el programa de este viernes y no lo haré sin su permiso.

Esa semana los días pasaron normales, bueno, dentro de lo que se podría llamar «normal»; el hype por Matías había menguado en la universidad, todos lo miraban, pero ya no se le acercaban, era solo el alumno famoso de la facultad.

Eso le molestaba sobremanera; extrañaba los días en que era parte del paisaje, una hoja más en el otoño, cuando no despertaba la atención.

Y llegó el viernes en la noche.

Matías estaba en el sofá de la sala de estar; un vaso de cerveza en la mesa de centro reflejaba como prisma los colores del gran televisor.

Su traductor estaba conectado a la salida de audio Bluetooth, así que todo lo que oyera sería en español para él.

Luego de una fanfarria, la voz de un presentador carismático, delgado, con unas gafas negras de marco muy grueso, gritó: —¡Bienvenidos a Noche Idol!

Y sin más preámbulos, ¡con ustedes B6!

La galería del estudio de televisión, con un centenar de personas, estalló en un grito.

Las luces se apagaron, unas siluetas se dispusieron en medio del escenario, un fuerte sonido de explosión inundó el estudio al momento que las luces multicolores se encendían dejando ver al grupo de chicas, todas vestidas de trajes negros de distintos estilos, en una postura misteriosa.

Las cinco rodeaban a Ye In, ocultándola de la transmisión.

La música dio inicio y todas se movieron hacia ambos costados, revelando a una Ye In con el cabello corto y liso, estilo bob.

—¡Se cortó el pelo!

—gritó Matías—.

Se ve hermosa, pero ¿por qué hizo eso?

El show continuó; la canción era rítmica y hablaba sobre ser libre.

Las tomas alternaban entre las chicas y el gentío entusiasta.

A Matías le llamó la atención un tipo del público; le pareció conocido.

“Será alguien de la universidad”, pensó por un instante, sin darle mayor importancia.

De pronto la cámara enfoca a Ye In y esta hace el gesto de la M con su mano; Matías sonrió, un orgullo tonto lo recorrió al reconocer el gesto que solo dos personas en el mundo comprendían.

Al terminar la canción, el presentador mandaba a comerciales: —¡Ellas son las mejores!

Luego de una pausa, volvemos con la sección de preguntas de los fans.

Al volver, el grupo de chicas estaba sentado en unos sillones púrpura estilo Eggor.

El conductor preguntaba: —Kimy, el año pasado ganaste el premio a la mejor voz de Corea.

Una de tus fans pregunta: ¿De cuál de tus padres heredaste el talento?

—De ninguno —contestaba riendo—.

La cantante de mi familia es mi abuela, ella tiene una voz maravillosa.

—No hay grupos pop de chicas mayores, podrías darle la idea a tu abuela —bromeó el conductor—.

Vamos con otra pregunta, esta vez es para Ye In.

Los gritos en el estudio se hicieron ensordecedores.

—Hace poco estuviste involucrada en un chisme, una fan pregunta: “¿Ye In, él es tu novio?”.

—Sabía que iba a llegar esta pregunta —dijo Ye In riendo, y luego dio la respuesta programada—: Pues, mis únicos novios son mis fans.

El público rugió.

—Acá entre nosotros, te juro que no saldrás de este estudio —insistió el conductor—.

¿Quién es él?

¿De verdad es extranjero?

—Sí, es sudamericano —respondió ella—.

Pero como ya lo aclaró mi agencia, es solo un amigo de la familia, no es mi novio… Detrás de cámara, Sun Mi, la manager, sonreía: —Bien, tal cual lo habíamos ensayado.

Matías, al oír esto, bajó la cabeza; sabía que iba a pasar, pero dolió igual.

—… pero —continuó Ye In.

Matías levantó la cabeza.

Sun Mi abrió la boca despacio.

—Pero él ahora es mi amigo, y es probable que me vean más veces con él.

Todos los artistas nos esforzamos y nos privamos de muchas cosas por brindarles al público lo mejor de nosotros, y lo mejor de nosotros también está fuera de las cámaras, con los amigos y la familia.

Luego, mirando directamente a la cámara, continuó: —Soy miembro de un grupo musical, pero también soy una chica como tú.

Y al igual que a ustedes no les gustaría que las obligaran a no tener amigos o novios, yo tampoco quiero ser obligada.

¡Cambiemos!

Dejemos las viejas prácticas en el pasado.

—Guiñando un ojo, remató—: Él es parte de mi vida privada y espero que lo respeten, porque nada lo va a cambiar.

Matías, frente a la pantalla, sonrió.

Sung Mi, con los ojos muy abiertos, solo atinó a decir: Shibal.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo