Translator Device - Capítulo 18
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18: CAPÍTULO 17: Acuerdos 18: CAPÍTULO 17: Acuerdos Ye In estaba colgada del cuello de Matías en medio de la cocina, observándolo con todo el amor del universo concentrado en sus pupilas.
Era como si hubiese encontrado un tesoro inalcanzable; curioso que ella, siendo quien era, sintiera eso.
La luz tenue de la lámpara dibujaba sus sombras en la pared mientras, tras un tierno beso, ella sentenció: —No más secretos entre nosotros.
—No se trata de que hayas ocultado lo que eres; el asunto es quién eres.
—Soy la misma de siempre, Matías.
No he cambiado nada.
—Todo cambió, Ye In —dijo él, sacando los ingredientes de una bolsa—.
No sé lidiar con el silencio, y es obvio que esto tendremos que mantenerlo en secreto.
—Mati, esto también es nuevo para mí.
Es la primera vez que tengo novio; tendremos que aprender juntos.
—Hablando de aprender —le dijo él señalando un rincón del mesón—, pica esa carne en trozos muy pequeños.
Ye In se arremangó su suéter y, con un cuchillo grande y algo de duda, empezó a procesar la carne.
—¿Has leído los comentarios de tus fans?
—preguntó Matías mientras echaba harina en un bol metálico—.
¡Dios!
Un fan debería apoyar el talento, no querer adueñarse de una vida.
¿Cómo puede alguien desearle tanto mal a quien supuestamente ama?
—Mati, los fans coreanos son más apasionados que en Occidente, eso es todo.
—¡¿Apasionados?!
—exclamó él amasando con fuerza—.
Las tragedias que he leído fueron gatilladas por “gente apasionada”.
No quiero que te pase nada así.
—No te centres solo en lo malo —respondió ella, echando la carne al sartén—.
Muchos me apoyan y están felices si de verdad encontré el amor.
Mira.
Le mostró sus redes sociales; millones de seguidores, pero entre el ruido, había destellos de cariño real.
Matías seguía dándole forma a la masa con el uslero de madera, pensativo.
—No quiero que tu vida se vaya al carajo por mi culpa.
—¿Vas a estar de novio conmigo o con mis fans?
—preguntó ella, poniendo una cucharada de pino sobre el círculo de masa.
—No quiero verte lastimada.
—Mati, lo único que me puede lastimar es no estar contigo —susurró ella, dejando la empanada lista en la bandeja.
Tras meterlas al horno, Matías la miró con una media sonrisa.
—No puedo convencerte, ¿verdad?
—Mmh-mmh —negó ella sonriendo.
—Estoy condenado a estar contigo.
—Mmh-mh —asintió ella.
—Qué hermosa condena —dijo él antes de besarla.
La intimidad fue interrumpida por un portazo.
—¡Llegué!
—gritó Miguel—.
Mira con quién me encontré en el camino.
Venía con Yang Mi.
Miguel se detuvo en seco al ver a Ye In, preguntándose si interrumpía algo importante.
—¡Ye In!
Qué…
agradable sorpresa.
—Hola, Miguel —saludó ella.
—Prima, estás acá —soltó Yang Mi —.
¿Este patán ya te perdonó?
Porque si no, se las verá conmigo.
—Tranquila —la defendió Ye In, tomándose del brazo de Matías—.
Me dio otra oportunidad y no la voy a desperdiciar.
—¡Uuuy!
¿Él te dio una oportunidad?
—se burló Yang Mi—.
El señor importancia.
—¿Y ese olor?
—intervino Miguel olfateando el aire—.
No me digas…
—Sí, preparamos empanadas.
—You…
you’re good —dijo Miguel, imitando a De Niro con un gesto de aprobación.
Más tarde, mientras los hombres terminaban de preparar la mesa, las chicas hablaban en la sala.
—Decidimos intentarlo, pero él tiene mucho miedo —confesó Ye In.
—Será difícil, pero me tranquiliza saber que él te quiere a ti, no a la Idol.
—No me rendiré —dijo Ye In empuñando las manos con determinación.
—¡Ay!
—suspiró Yang Mi—.
Parece que fue ayer cuando casábamos muñecas con príncipes azules…
y ya encontraste al tuyo.
¿Y Miguel?
Es guapo, ¿no?
—No está nada mal, pero solo somos amigos…
por ahora —le guiñó un ojo.
—¡Chicas, a comer!
—gritó Matías.
En la sobremesa, entre empanadas y copas de vino, las risas no faltaron.
—…
y desde ese día, a Matías le apodamos “el fósforo” —contaba Miguel, provocado la risa de todos.
—No puedo creer que hayas contado eso— dijo Matías tapándose la frente de la vergüenza.
—Cuéntanos a qué acuerdos llegaron, para no meter la pata si nos preguntan —pidió Miguel recuperando la seriedad.
—Por ahora, dirán que solo somos amigos.
Así que brindemos por eso.
—¡Salud por la amistad!
—chocaron las copas.
—Es tarde —advirtió Matías—.
Tu mamá puede estar preocupada.
—No sabe que estoy acá, vine directo de la agencia.
Pero tengo llaves…
puedo llegar a cualquier hora —dijo ella, y con un leve rubor añadió—: o no llegar.
Matías, como buen hombre ante una sutileza, no captó el peso de la frase.
Pero para Yang Mi, el mensaje fue un radar encendido.
—¡Ouahh!
—fingió ella un bostezo—.
Miguel, ¿me llevas a casa?
—¿Tan temprano?
Tengo otra botella de…
—¡Ahora!
—le interrumpió ella, dándole un golpe en la panza.
—¡Auch!
Está bien, vamos —rio Miguel.
Cuando se quedaron solos, Matías cambió el vino por un par de cervezas.
—Miguel es encantador.
Se nota que te quiere mucho.
—Es como mi hermano mayor.
—Como Kimy y yo —comentó Ye In.
— ¿A qué se dedica ella?
—También es del grupo B6.
—¿En serio?
¿Cuál de todas?
—Espera —preguntó Ye In abriendo los ojos—.
¿Acaso viste los videos de mi grupo?
—Sí, ya que supe quién eras, te busqué en internet.
Vi muchos videos, las escenas de los dramas en los que actuaste e investigué el K-pop —remató, hinchando el pecho—.
Soy muy aplicado.
—Eres tan lindo —decía ella con ternura mientras buscaba una foto en su celular—.
Ella es Kimy.
—Ah, la talentosa —dijo Matías al ver la fotografía.
—¿La talentosa?
—preguntó con duda.
—Sí —respondió Matías, tomando posición como para dar un discurso—.
En tu grupo todas tienen un rol bien definido; todos los grupos de K-pop los tienen.
Son una copia de la copia para mí: todos bailan igual, mezclando movimientos suaves con robóticos y violentos.
Son como un karateka practicando golpes mientras baila un vals.
Entre un grupo y otro no noto la diferencia.
—¡Hum!
—expresó Ye In frunciendo el ceño.
—No te enojes, solo soy honesto —le decía acariciando su cabello, como calmando a una bestia a punto de estallar—.
Los grupos de K-pop son construidos para gustar.
Ese es el negocio; por eso fabrican tantos grupos con tantos miembros, para aumentar la posibilidad de que los futuros fans se sientan identificados con un integrante.
Por ejemplo, tú eres la visual, la más bella del grupo, sin desmerecer tu talento.
Cantas hermoso y te mueves tan bien…
¡Dios!, ¿qué hice para merecer una mujer así?
—dijo con teatralidad.
—Agradece que estoy feliz por verte —le dijo ella dándole un golpecito en su brazo.
—Luego está Kimy, es la que tiene la mejor voz.
Es linda, baila bien…
no me extraña que sea la líder del grupo, y de seguro se involucra en los arreglos de las canciones.
—Así es —decía Ye In riendo—.
Sigue.
—Byeol es la popular; apuesto que le llegan más correos y regalos que a ti.
—¡Sí!
—respondió sorprendida—.
¿Cómo lo sabes?
—Simple: es la más normal, la menos bonita, pero la más extrovertida.
Imagino que muchas chicas se identifican con ella y piensan: Cualquiera puede ser un ídolo, no es necesario ser perfecta, solo tener personalidad.
—¡Oye!, ella es linda —le dio otro golpecito—.
Sigue.
—Jewel es la belleza exótica, la sensual; la que tiene permitido hacer cosas que una coreana común no haría.
Por sus rasgos, supongo que es medio coreana y medio occidental, ¿europea?
—Su papá es inglés —Ye In lo miraba como a un tarotista que adivinaba cada secreto—.
Sigue, sigue.
—Joy es la rebelde, la rapera.
Siempre la vemos vestida distinta, con actitud de chica mala.
—Pero es muy tierna, lo sabrás cuando la conozcas.
—Y por último, Yeon, el miembro infaltable: la tierna, la que pone caras de niña y tiene actitudes infantiles.
—Bueno, ella es la maknae —dijo Ye In como algo obvio.
—¿Ves?
—concluyó Matías dando un sorbo de cerveza—.
Todas tienen un rol, y estos mismos roles están en todos los grupos.
Pero el modelo no es nuevo; partió en los 60 con The Marvelettes, Jackson Five y muchos otros.
—De verdad hiciste la tarea —admitió Ye In con admiración.
—Pero tengo una duda: si lo de B6 es porque son seos integrantes, obviamente, pero ¿Qué significa la B?
—Podrían ser diez y nos llamaríamos igual.
El dueño de la agencia ama “El Principito”.
B6 es por el asteroide B 612.
—Mira tú…
un dato nuevo —Matías sonrió—.
Ah, y me encantó el video de Fused Hearts.
Te ves muy bien con el pelo corto.
—¿De verdad?
—Mucho.
—Entonces…
—ella se puso de pie sobre la silla con rapidez— ¡Te la cantaré en vivo!
Pero el ticket cuesta caro.
—¿Cuánto?
—rio él.
—¡Un millón de besos!
—gritó ella abalanzándose sobre él.
La cocina se llenó de risas y besos, dejando atrás, al menos por esa noche, el ruido del mundo exterior.
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