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Translator Device - Capítulo 29

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Capítulo 29: CAPÍTULO 28: Fiebre

La noche estaba fresca y un par de grillos sonaban a la distancia. “¿Los grillos coreanos entenderán a los grillos chilenos?”, se preguntaba Matías riendo para sus adentros mientras estudiaba para su próximo examen.

Los días habían transcurrido con una calma extraña. Tras la conferencia de prensa, Mina se había esfumado de la universidad sin dejar rastro. El amor con Ye In crecía libre, aunque el timbre de la puerta, que sonó rompiendo el silencio, no traía precisamente buenas noticias.

—¡Señor Lee! —exclamó Matías, sorprendido al ver al padre de Ye In en el umbral.

—Hola. ¿Puedo pasar? —preguntó el hombre, con el rostro de piedra.

—Sí, por favor —contestó Matías, invitándolo a entrar.

Se sentaron en la sala. Matías encendió el traductor y lo dejó sobre la mesa de centro, dejando que la luz azul mediara el encuentro.

—¿A qué se debe su visita? —preguntó Matías, intuyendo el golpe.

—Iré directo al grano —dijo el señor Lee, rotando el cuello para descontracturarse—. Quiero que dejes de ver a mi hija.

—¿Qué? —Matías ladeó la cabeza, confundido.

—Aquí las cosas son distintas —dijo con firmeza—. No llegarás a nada serio con ella. Sé que pronto volverás a tu país y no permitiré que te la lleves. Ella tiene sus propios sueños; no puedes llegar de la nada y arrebatárselos por una aventura pasajera.

Matías mantuvo la compostura.

—Señor Lee, comprendo su preocupación, pero habla con la persona equivocada. Si quiere que no estemos juntos, debe hablarlo con Ye In, no conmigo —expuso entrelazando los dedos—. Con todo respeto, no la voy a dejar porque usted me lo pida. Solo lo haré si ella misma me lo pide.

—Ya dije lo que tenía que decir —sentenció el señor Lee levantándose hacia la salida.

Más tarde, Matías y Ye In hablaban por videollamada, iluminados solo por el brillo de sus portátiles.

—No le hagas caso a mi papá, es enchapado a la antigua —lo consoló ella.

—Como sea, pero trajo a colación un tema pendiente: pronto tengo que volver a Chile.

—Ah, eso… ¿Y? —Ye In se encogió de hombros.

—¿Cómo que “y”? ¡Me tengo que ir poh!

—Es tan divertido cuando usas el “poh” —rio Ye In—. Mati, Chile queda a un día de viaje, ¡no te vas a Marte! Por ti viajaría cada fin de semana. Además —añadió con una mirada coqueta—, si nos casamos, no tendrías que irte nunca de Corea.

—¡¿Casarnos?! —Matías se echó hacia atrás, casi cayéndose de la silla—. A ver, espera un minuto…

Ye In estalló en carcajadas.

—Ustedes son iguales en todo el mundo: oyen la palabra matrimonio y se asustan de inmediato. Hablamos después antes de que te vayas al aeropuerto. Buenas noches, mi amor.

Al cortar, Ye In escuchó a Kimy en el pasillo, jugueteando con el celular.

—Corta tú… no, corta tú… ya, idiota, hablamos luego —decía Kimy entre risas.

—¿Hablabas con Miguel? —preguntó Ye In, saliendo al encuentro.

—Sí, es demasiado divertido.

—¿Hasta cuándo vas a seguir con esto? Mi prima no lo está pasando nada bien con tu bromita.

—¡Ay, Ye In! —se defendió Kimy, algo molesta—. Él ya sabe lo que soy. Tu prima es la tonta; en vez de echarse a morir, debería pelear por él. No me veas como la villana, soy el fuego que enciende el espíritu de lucha; o lo destruye.

Esa semana, en la Korean Business School, Yang Mi estaba en uno de los pasillos de la rectoría hablando con la Gerente de Markenting.

—Yang Mi, como sabes, nuestra universidad abrirá oficinas de intercambio en varios países.

—Sí, lo supe, en Europa y en América, ¿no?

—Así es, analicé varios perfiles y quiero que tú seas la embajadora de la oficina de Nueva York.

—¿Yo?, ¿por qué yo? — preguntó Yang Mi asombrada.

—Eres la mejor en tu área, hablas perfecto inglés, eres cismática y además estás soltera, este cargo requiere que te radiques allá.

“¿Dejar todo e irme a vivir a estados unidos?” trataba de asimilar la oferta.

—Tiene unos días para pensarlo, en una semana más debes partir a Nueva York, sé que es pronto, pero las grandes oportunidades se dan así.

“Qué haré”, pensaba, con miles de dudas.

Poco después, se encontró con Matías en los jardines.

—Es una oportunidad increíble —le dijo él—. ¿Qué vas a hacer?

—No lo sé. Necesito hablar con Miguel, pero no contesta.

—Está en casa, hoy faltó al trabajo porque andaba con un resfriado fuerte. Quizás está durmiendo.

—Iré a verlo. Dame la clave de su puerta.

Al rato Yang Mi entraba despacio a la habitación de Miguel; él estaba durmiendo.

—Miguel, te traje algunas medicinas, ¿Miguel?

Yang Mi tocó la frente de Miguel, él ardía en fiebre. Yang mi preparó unas compresas heladas y se las puso en la frente; montó guardia en una silla junto a la cama.

—Idiota, por qué no me llamaste. ¿Si me voy, quien te va a cuidar? — susurraba Yang MI.

En un instante, Miguel se movió, al parecer soñaba y balbuceó: Kimy.

Yang Mi sintió un frío, no era tristeza, era otra cosa, y dijo:

—Ya no tengo nada más que hacer en Corea.

Horas después, en medio de la noche, Miguel abrió los ojos y vio a Yang Mi durmiendo en la silla, agotada de velar por él. La observó un largo rato, conmovido por su muestra de cariño, o algo más, y suspiró:

—Es tan linda… lástima que sea mi amiga.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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