Translator Device - Capítulo 28
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Capítulo 28: CAPÍTULO 27: La Conferencia
La mañana después de la alfombra roja, Seúl amaneció con un solo nombre en los portales de noticias: Matías. Las fotos del “extranjero misterioso” transformado en un gentleman de traje negro habían roto el internet. Sin embargo, para Matías, la realidad seguía siendo el campus de la universidad, los libros y el peso de un secreto que quemaba.
Se sentó en una de las mesas de piedra del jardín a revisar unos apuntes, dejando el traductor a un lado. El aparato parpadeaba con su luz azul, sereno.
—Vaya, pero si es la estrella de la semana —dijo una voz melosa a sus espaldas.
Era Mina. Llevaba un café de máquina en cada mano y vestía un abrigo de cachemira color crema. Se sentó frente a él sin esperar invitación, dejando uno de los vasos de polipapel del lado de Matías.
—Supe que anoche estuviste en la avant premiere con Ye In —dijo ella, apoyando la barbilla en su mano y mirándolo con una inocencia sobreactuada—. Te veías… diferente. Muy elegante.
—Gracias, Mina. Fue un compromiso oficial —respondió Matías a través del traductor.
—Qué modesto —ella rio—. Pero seamos honestos, Matías. Ese mundo de flashes y cámaras debe ser agotador, ¿no? Ye In siempre está rodeada de gente, de managers, de fans locos. Debe ser difícil tener un momento a solas con ella.
Mina estiró la mano y, con una lentitud calculada, rozó los dedos de Matías sobre la mesa. Él retiró la mano de inmediato, pero ella no se inmutó; solo sonrió de medio lado.
—A veces, lo que un hombre necesita no es una estrella que brilla para todos, sino alguien que brille solo para él —continuó Mina, bajando el tono de voz—. Alguien que no tenga que pedir permiso a una agencia para salir a comer, o que no tenga que esconderse en una camioneta de vidrios polarizados.
Matías frunció el ceño. No necesitó el traductor para saber lo que Mina pretendía.
—Sabes que en Corea las relaciones con idols son como castillos de arena. Un día la empresa decide que ya no sirves y te barren. Una chica normal, en cambio… —hizo una pausa dramática—, quizás pueda ofrecerte algo real.
Mina se puso de pie y rodeó la mesa. Se inclinó sobre el hombro de Matías, su perfume inundando los sentidos de él. —Piénsalo —le susurró al oído.
Ella se alejó con un contoneo elegante, dejando el café intacto y una estela de arrogancia. Mina estaba convencida de que su red estaba tendida. Lo que ella no sabía era que el “extranjero” ya era parte de un plan mucho más grande.
Días más tarde, los titulares del sitio D-Patch gritaban el nuevo escándalo: «El supuesto novio de Ye In no es un santo». La publicación mostraba a Matías abrazando a Mina, la imagen del supuesto beso y el susurro al oído. La bajada era sensacionalista: «¿Quién será esta chica?».
—Ye In, no irás a creer estas tonterías, ¿verdad? —se defendía Matías por videollamada.
—¡Cállate, descarado infiel! —decía Ye In riendo a carcajadas—. Por supuesto que no creo nada, confío en ti. Eres tú el que debe aprender a no confiar, ya lo verás. ¡Ah! El miércoles anunciaré lo que te hablé.
—¿Estás segura?
—Más segura que nunca.
El miércoles llegó raudo. Ye In, frente al señor Kim, se mantenía firme.
—¿Estás segura? —preguntó el señor Kim—. Estás a tiempo para echarte atrás.
—Lo estoy —dijo Ye In con seguridad—. Ya lo hablé con las chicas.
—Bueno, te apoyaremos —y luego preguntó—. ¿Pero era necesaria una conferencia de prensa? Bastaba con un comunicado.
—Créame, es necesario— respondía Ye In con cara maliciosa.
—Bien, haz lo que quieras, últimamente te mandas sola, pero ha dado resultado; has subido en las encuestas y cada día llegan más ofertas para ti.
Ye In entró a la sala de prensa. Los flashes estallaron. Ella hizo una reverencia, probó el micrófono y comenzó con una seguridad aplastante.
—Gracias por venir. Debido a los últimos acontecimientos, creo que es necesario aclarar algunas cosas e informar otras, no a través de comunicados, sino de frente para no aumentar las especulaciones y por el gran respeto que tengo por mis fans. —decía con seguridad, y continuó—. Primero que todo, les informo que a partir de hoy he dejado de pertenecer a B6; dedicaré todo mi tiempo y esfuerzo a mi sueño de convertirme en actriz.
Los flashes y rumores de la prensa se hicieron más intensos.
—Y respecto a los rumores maliciosos sobre Matías… quiero que vean estos videos.
Ye In encendió las pantallas tras de ella y reprodujo unos videos mientras explicaba:
—Como pueden ver, esta chica esperó escondida para provocar un accidente. Matías la ayudó a levantarse, ya que ella fingió torcerse el tobillo, pero una vez que él se alejó, ella corrió donde su cómplice que tomó las fotografías.
Luego mostró otro video que contenía la escena del supuesto beso.
—Acá vemos que ella solicitó ser besada por Matías, y él la rechazó pasando por su lado, así que las imágenes que circulan donde pareciera que se besan son claramente una edición de imagen.
Los flashes se hicieron más intensos y los rumores de los periodistas sonaban como enjambre. Ye In continuó.
—A esto me refería con dejar las viejas prácticas en el pasado. Usar fake news para vender más publicidad en sus sitios no puede ser más valioso que la honra de las personas —decía lanzando una mirada inquisidora.
Los rumores se silenciaron, como si los periodistas hubiesen recibido el golpe. Ye prosiguió:
— Y además no sé qué pretendía esta chica, pero si quería fama y éxito, debió esforzarse, estudiar y trabajar duro por ello como todos los coreanos, no usar tretas bajas sin importar lo que le pase a los demás. — y luego de una pausa, continuó.
—Él es un chico bueno, no es de la industria y siempre lo defenderé. No es justo que lo ataquen a él si buscan dañarme a mí —y con una amplia sonrisa, agregó — Y antes que lo pregunten la respuesta es: Sí. Estoy enamorada y Matías es mi novio.
Los flashes inundaron la habitación y comenzó un tsunami de preguntas.
Kilómetros más allá, en una habitación oscura, el sasaeng miraba la transmisión de la conferencia de Ye IN.
—¡No, no, no, no!… —Repetía; y su puño, con furia, rompía el monitor; y con ira sentenció:
—Si no entienden por las buenas, será de otra forma.
La noche estaba fresca y un par de grillos sonaban a la distancia. “¿Los grillos coreanos entenderán a los grillos chilenos?”, se preguntaba Matías riendo para sus adentros mientras estudiaba para su próximo examen.
Los días habían transcurrido con una calma extraña. Tras la conferencia de prensa, Mina se había esfumado de la universidad sin dejar rastro. El amor con Ye In crecía libre, aunque el timbre de la puerta, que sonó rompiendo el silencio, no traía precisamente buenas noticias.
—¡Señor Lee! —exclamó Matías, sorprendido al ver al padre de Ye In en el umbral.
—Hola. ¿Puedo pasar? —preguntó el hombre, con el rostro de piedra.
—Sí, por favor —contestó Matías, invitándolo a entrar.
Se sentaron en la sala. Matías encendió el traductor y lo dejó sobre la mesa de centro, dejando que la luz azul mediara el encuentro.
—¿A qué se debe su visita? —preguntó Matías, intuyendo el golpe.
—Iré directo al grano —dijo el señor Lee, rotando el cuello para descontracturarse—. Quiero que dejes de ver a mi hija.
—¿Qué? —Matías ladeó la cabeza, confundido.
—Aquí las cosas son distintas —dijo con firmeza—. No llegarás a nada serio con ella. Sé que pronto volverás a tu país y no permitiré que te la lleves. Ella tiene sus propios sueños; no puedes llegar de la nada y arrebatárselos por una aventura pasajera.
Matías mantuvo la compostura.
—Señor Lee, comprendo su preocupación, pero habla con la persona equivocada. Si quiere que no estemos juntos, debe hablarlo con Ye In, no conmigo —expuso entrelazando los dedos—. Con todo respeto, no la voy a dejar porque usted me lo pida. Solo lo haré si ella misma me lo pide.
—Ya dije lo que tenía que decir —sentenció el señor Lee levantándose hacia la salida.
Más tarde, Matías y Ye In hablaban por videollamada, iluminados solo por el brillo de sus portátiles.
—No le hagas caso a mi papá, es enchapado a la antigua —lo consoló ella.
—Como sea, pero trajo a colación un tema pendiente: pronto tengo que volver a Chile.
—Ah, eso… ¿Y? —Ye In se encogió de hombros.
—¿Cómo que “y”? ¡Me tengo que ir poh!
—Es tan divertido cuando usas el “poh” —rio Ye In—. Mati, Chile queda a un día de viaje, ¡no te vas a Marte! Por ti viajaría cada fin de semana. Además —añadió con una mirada coqueta—, si nos casamos, no tendrías que irte nunca de Corea.
—¡¿Casarnos?! —Matías se echó hacia atrás, casi cayéndose de la silla—. A ver, espera un minuto…
Ye In estalló en carcajadas.
—Ustedes son iguales en todo el mundo: oyen la palabra matrimonio y se asustan de inmediato. Hablamos después antes de que te vayas al aeropuerto. Buenas noches, mi amor.
Al cortar, Ye In escuchó a Kimy en el pasillo, jugueteando con el celular.
—Corta tú… no, corta tú… ya, idiota, hablamos luego —decía Kimy entre risas.
—¿Hablabas con Miguel? —preguntó Ye In, saliendo al encuentro.
—Sí, es demasiado divertido.
—¿Hasta cuándo vas a seguir con esto? Mi prima no lo está pasando nada bien con tu bromita.
—¡Ay, Ye In! —se defendió Kimy, algo molesta—. Él ya sabe lo que soy. Tu prima es la tonta; en vez de echarse a morir, debería pelear por él. No me veas como la villana, soy el fuego que enciende el espíritu de lucha; o lo destruye.
Esa semana, en la Korean Business School, Yang Mi estaba en uno de los pasillos de la rectoría hablando con la Gerente de Markenting.
—Yang Mi, como sabes, nuestra universidad abrirá oficinas de intercambio en varios países.
—Sí, lo supe, en Europa y en América, ¿no?
—Así es, analicé varios perfiles y quiero que tú seas la embajadora de la oficina de Nueva York.
—¿Yo?, ¿por qué yo? — preguntó Yang Mi asombrada.
—Eres la mejor en tu área, hablas perfecto inglés, eres cismática y además estás soltera, este cargo requiere que te radiques allá.
“¿Dejar todo e irme a vivir a estados unidos?” trataba de asimilar la oferta.
—Tiene unos días para pensarlo, en una semana más debes partir a Nueva York, sé que es pronto, pero las grandes oportunidades se dan así.
“Qué haré”, pensaba, con miles de dudas.
Poco después, se encontró con Matías en los jardines.
—Es una oportunidad increíble —le dijo él—. ¿Qué vas a hacer?
—No lo sé. Necesito hablar con Miguel, pero no contesta.
—Está en casa, hoy faltó al trabajo porque andaba con un resfriado fuerte. Quizás está durmiendo.
—Iré a verlo. Dame la clave de su puerta.
Al rato Yang Mi entraba despacio a la habitación de Miguel; él estaba durmiendo.
—Miguel, te traje algunas medicinas, ¿Miguel?
Yang Mi tocó la frente de Miguel, él ardía en fiebre. Yang mi preparó unas compresas heladas y se las puso en la frente; montó guardia en una silla junto a la cama.
—Idiota, por qué no me llamaste. ¿Si me voy, quien te va a cuidar? — susurraba Yang MI.
En un instante, Miguel se movió, al parecer soñaba y balbuceó: Kimy.
Yang Mi sintió un frío, no era tristeza, era otra cosa, y dijo:
—Ya no tengo nada más que hacer en Corea.
Horas después, en medio de la noche, Miguel abrió los ojos y vio a Yang Mi durmiendo en la silla, agotada de velar por él. La observó un largo rato, conmovido por su muestra de cariño, o algo más, y suspiró:
—Es tan linda… lástima que sea mi amiga.
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