Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Translator Device - Capítulo 41

  1. Inicio
  2. Translator Device
  3. Capítulo 41 - Capítulo 41: CAPÍTULO 40: Automóvil
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 41: CAPÍTULO 40: Automóvil

La calle rebosaba de vida y los automóviles pasaban raudos por la avenida. Al igual que en Chile, no era un caos ruidoso de bocinazos; todo fluía en un orden discreto. Un taxi naranja se detuvo frente a la agencia Princes Entertainment y de él bajó Matías, sonriendo y rojo de vergüenza mientras el chofer lo despedía agradeciéndole el autógrafo.

Caminaba por el estacionamiento cuando la voz de Ahn Myong resonó desde el interior de una SUV negra. Matías activó su traductor.

—¿Vienes a ver a Ye In? —le preguntó.

—Sí, así es, Ahn Myong.

—Ella avanza bien con las clases de defensa personal —comentó con un tono de aprobación profesional.

—No le enseñes tanto, que si se enoja conmigo me dará una paliza —le respondió Matías riendo.

Poco después, mientras recorría el pasillo al encuentro de su novia, la voz de Kimy lo hizo voltear.

—Hola, Matías, ¿cómo estás?

—Muy bien. ¿Y tú? —Guapa, como siempre —soltó ella con una carcajada—. ¿Tienes un minuto? Necesito mostrarte algo.

Caminaron hacia una de las salas de ensayo. Kimy le explicó que, dado que la popularidad del grupo había bajado tras la salida de Ye In, necesitaban exposición y por eso habían aceptado participar en el festival universitario.

—Estoy preparando un nuevo baile que incluye movimientos latinos y quiero tu opinión —le dijo antes de entrar. Una vez dentro, se puso en posición—. Ponte allí y dime qué piensas.

Kimy comenzó a moverse en el silencio del salón. —Y un, dos, tres… un, dos, tres —repetía mientras marcaba pasos disciplinados. Matías miraba hacia todos lados con el entrecejo arrugado, confuso. —Y un, dos, tres… un, dos, tres — repetía Kimy y terminaba con una pose extraña. Al finalizar, jadeó un poco.

—¿Qué te pareció?

—¿Ustedes bailan sin música? —preguntó Matías, genuinamente confundido.

—¿Cuál es el problema? Solo es una coreografía.

Matías negó con la cabeza, esbozando una sonrisa.

—Con todo respeto, pero es por eso que a ustedes no les resulta el baile latino. Les sale rígido porque creen que es solo una coreografía. Para nosotros es un sentimiento. Nadie nos enseña a bailar; la música es la que nos mueve los pies.

Sacó su teléfono y buscó en Spotify un cumbión de aquellos. El ritmo inundó la sala.

—Cierra los ojos —le pidió—. Escucha. No hagas nada más que escuchar. Olvida las cuentas y siente cómo tu corazón late al ritmo de los tambores. Deja que tus caderas se relajen… que tengan vida propia.

—¡Oh! ¡Se mueven! —exclamó Kimy al notar que su cuerpo empezaba a oscilar de izquierda a derecha de forma casi involuntaria.

—¿Ves? Esos dos movimientos se vieron cien veces más naturales que toda tu coreografía de antes.

—Por favor, Matías, ¿me enseñarías unos pasos?

—¡¿Qué?! —Matías explotó en carcajadas—. Olvídalo. Probablemente nosotros los chilenos seamos los latinos más troncos para bailar, pero tengo un compañero de Colombia que les puede ayudar. Ellos sí que saben bailar.

Más tarde, Matías entró a la habitación donde estaba Ye In.

—¿Molesto?

—¡Matías! Nunca molestas. Solo estaba estudiando un guion.

—¿Para esa serie de la cuchara de no sé qué metal? — Preguntó él.

—de oro— respondió riendo por el olvido de su novio.

Se sentaron juntos en el sofá. Tras unos minutos de charla trivial, Matías fue al grano.

—Y bien, aquí estoy. ¿Qué era eso tan importante que querías decirme?

—Como sabes, la cómplice de los ataques sigue suelta. Hace poco te filmaron en una parada de autobús y creo que, por nuestra tranquilidad, lo mejor es que tengas un automóvil. Iremos a una concesionaria ahora mismo; te compraré uno.

Matías arrugó el ceño, procesando las palabras.

—¿De qué rayos estás hablando, Ye In?

—Pues de eso. Te compraré un auto—respondió ella con la naturalidad de quien compra un café.

—¿Acaso piensas que no sé defenderme? ¿O que debo andar oculto como un ninja? ¿O que no puedo comprar mi propio vehículo?

—No es eso, Matías. Es por tu seguridad. Prometí que te cuidaría.

—Ye In, eres mi novia, no mi madre —dijo él con tono enérgico mientras se ponía de pie—. ¡Olvídate del automóvil! Adiós.

Matías salió a paso acelerado, dejando a Ye In sentada en el sofá, suspirando.

—Tan lindo, pero tan complicado que me salió —se dijo a sí misma.

Al anochecer, Matías estaba sentado en el patio de la casa de Miguel con una botella de cerveza y el rostro deprimido.

—¡Chist! —lo saludó Miguel al verlo—. Préstame la cara para ir a pedir un crédito al banco. ¿Qué pasó ahora? ¿Otro video del antifan?

Matías le soltó la noticia de golpe.

—Ye In me iba a comprar un auto, ¿puedes creerlo?

—¿Y? —preguntó Miguel encogiéndose de hombros mientras se servía un vaso

—No porque sea millonaria me puede comprar ese tipo de cosas, no corresponde.

—¿Qué no corresponde? ¿Qué una mujer le compre cosas caras a su novio o que te quite el puesto de macho proveedor?

—No se trata de eso, Miguel.

—Entonces, ¿de qué se trata? No comprendo tu enojo. Cada vez que te tomen una foto en una parada de bus puede afectar la carrera de Ye In; es obvio que el automóvil es una herramienta necesaria, no una demostración de quién la tiene más grande.

—No es eso, desde el disparo ella se preocupa demasiado por mí, es hasta asfixiante, me hace sentir como un niño.

Miguel bebió un sorbo y lo miró con fijeza.

—Entonces no te comportes como uno. Ella no está actuando diferente a como tú lo hacías con lo del sasaeng. Además, huevón— dijo riendo —eres un chilenito que con suerte hila dos frases, ¿y te enojas porque tu novia te trata como un rey?

—Idiota—. Matías no pudo evitar reírse.

En ese instante, vieron a Ye In entrar a la casa.

—Ahí viene —susurró Miguel—. Mejor arreglen las cosas. Recuerda que ahora ella sabe artes marciales; además de mantenido vas a terminar siendo un hombre golpeado.

—¡Huevón! —exclamó Matías, ya más relajado.

Ye In se acercó en silencio. Matías se levantó para quedar frente a ella.

—Matías, no me gusta pelear contigo. Si te ofendí, te pido disculpas, no era mi intención.

—Soy yo el que debe disculparse. Sobrerreaccioné —admitió él antes de abrazarla—. Pero entiende que necesito que seas mi compañera. Tú tienes tu vida, yo la mía, y juntos tenemos la nuestra. No te preocupes tanto por mí.

La estrechó más fuerte y recordó algo.

—Sabes… te diré lo que una vez me dijo la mujer más maravillosa que conozco: si el destino tiene escrito que algo malo pase, pasará, no podrás evitarlo. Pero si algo malo me ha de pasar, quiero que suceda estando contigo.

Ye In lo besó y le sonrió con ternura.

—Te amo, enojón.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo