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Translator Device - Capítulo 47

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Capítulo 47: EPÍLOGO

Los noticieros y canales de farándula de todo el mundo se dieron un festín con los detalles del suceso durante casi un mes. El canal de noticias más popular de Corea informaba: «…Estos trágicos acontecimientos dieron pie para que hoy el parlamento aprobase la Ley Mad-i (que fonéticamente suena como “Mati”), la cual endurece las penas para los fanáticos denominados sasaengs…»

En Chile, el segmento internacional de CNN comunicaba: «En un hecho inédito, la ministra de Relaciones Exteriores de Corea homenajea a Matías Castillo otorgándole la nacionalidad por gracia. El joven chileno que…»

Algunos de los hechos y datos que se filtraban eran ciertos, otros tergiversados, y definitivamente muchos eran fake; hasta un canal de conspiraciones debatía la teoría de que Matías era un reptiliano que se infiltró en la crème de la sociedad coreana.

Pero, como toda gran noticia, el tiempo la fue menguando. Matías y Ye In fueron reemplazados por la “otra gran noticia del momento” y quedaron archivados en la memoria digital. Todo es efímero.

◇ ◇ ◇

Un grupo de graduados conversaba con diplomas en mano frente a la sala de ceremonias.

—Gracias por compartir esta aventura conmigo, los echaré de menos —decía Matías.

—Los tres semestres pasaron volando. ¿Y al final qué harás? —preguntaba Sofía, curiosa.

—Como saben, soy el “novio de la nación” —decía él rodando los ojos con ironía—. Me dieron la residencia, así que abriré una sucursal de la empresa de mi familia aquí en Seúl. ¿Y tú?

—Vuelvo a Madrid. Corea es lindo, pero no es para mí.

—¿Y tú, David?

— I’m headin’ back to America to find me a job in Silicon Valley.

—América es un continente, no un país, gringo porfiado —le soltó Matías riendo.

—Yo debo regresar a Colombia, pero volveré —prometió Juan.

—Más te vale —le amenazó Jin Ah, tomándolo del brazo.

—Sí, mi amor —respondió Juan, totalmente sometido.

Todos rieron a carcajadas.

—Debo irme, adiós, chicos, les deseo mucha suerte. — se despedía Matías.

—¿Nos volveremos a ver? —preguntaba Sofia.

—No puedo predecir el futuro; lo que sí sé es que, no importa en la parte del mundo en que se encuentren, siempre serán mis amigos.

◇ ◇ ◇

Las fotografías empezaron a caer una tras otra sobre la mesa, como recuerdos que cobran vida:

Matías frente a su primera sucursal, junto a Miguel, Ye In y su nueva familia coreana.

Un viaje: ruinas míticas en Perú, el cielo abierto y Ye In sonriendo al borde del encuadre.

Una selfie: mejillas abultadas frente a una mesa llena de comida y la señora Kim riendo al fondo.

La última: trajes de boda, una ceremonia íntima y manos entrelazadas.

Cuando las fotos dejaron de caer, habían pasado dos años. La luz de la tarde filtraba una calidez suave en la cocina de Miguel.

—Hacía tiempo que no venía a tu casa —decía Matías.

—A mí me encanta venir, me trae recuerdos lindos —comentaba Ye In.

—Mati, dame tu opinión —interrumpió Miguel con seriedad—. Quiero abrir un restaurante de comida chilena, ¿Qué dices?

—Es una pésima idea —respondió Matías tajante—. Muy de nicho. Lo mejor es uno de comida latinoamericana, así podrás combinar la oferta del menú. —Y luego de beber un sorbo de jugo, continuó—. Por ejemplo, por países. El mes de Paraguay, solo comida de allí, o por ingredientes; el mes de la papa, únicamente platos latinos que llevan papa; y así.

—Mira tú, huevón ¿eh? —rio Miguel—. Solo te falta aprender a hablar para parecer persona.

—Prima —susurraba Yang Mi al oído de Ye In—. ¿Le darás su presente?

—Sí, ya es hora —dijo, y luego de un carraspeo dijo en voz alta:

— Matías, te tengo una sorpresa.

—¡Entradas a la Champions! —exclamaron Matías y Miguel al unísono.

—No, algo que te dará más emociones.

Bajo la mesa, Ye In sacó su mano y le mostró un par de zapatitos de bebé rosados.

◇ ◇ ◇

El silencio del cementerio en una montaña de Seúl era solemne. Ye In, arrodillada frente a una lápida de granito negro, sostenía el premio Grand Bell a mejor actriz que acababa de ganar.

—Te dije que lo lograría —decía sollozando—. Ojalá estuvieras aquí para ver lo feliz que soy. Te extraño tanto, mamá.

Una niña de unos cuatro años llegó corriendo a sus brazos; vestía un overol de mezclilla y su pelo ondulado brillaba con destellos cobrizos bajo el sol.

—Mi pequeña… ¿y tu abuelo?

—Le dije que no corriera, pero es tan porfiada como su padre —decía el señor Lee llegando al lugar.

—Y tan hermosa como su madre —añadió Ye In.

—¡Papá! —gritó la pequeña.

Matías llegaba caminando despacio, sonriendo. En un coreano casi perfecto, aunque con ese eterno acento extranjero, se disculpó:

—Perdón por la demora, señor Lee.

—Tranquilo, hijo; llegas justo a tiempo. Ahora te dejo con tu familia; debo ir a buscar a los gemelos de Yang Mi.

—Verdad que hoy Miguel inaugura una sucursal de su restaurant.

—Sí, tú y Ye In no pueden faltar, llévame a mi nieta más tarde. —y agregó riendo— no sé en qué momento me convertí en niñera, pero me encanta.

Matías se arrodilló ante la tumba de la señora Kim, fallecida hacía un año.

—La extraño mucho —dijo con tristeza.

Dejó su viejo dispositivo traductor sobre la piedra.

—Le traje mi traductor de regalo, por si allá arriba tiene amigos que no hablen coreano. Yo ya no lo necesito.

Tras un breve rezo, se incorporó y abrazó a su hija.

—Y bien, ¿ahora qué haremos?

—Mati —dijo Ye In con entusiasmo—. Estaba pensando en recorrer Latinoamérica contigo antes de mi próximo proyecto.

—Pero la niña es muy pequeña para un viaje así.

—Ya empezó a preocuparse el preocupón —dijo Ye In riendo.

—No creo que sea una buena idea.

—¡A ver! —le dijo ella con carácter, mostrándole la palma de la mano.

—¿En qué momento se me ocurrió empoderar a esta mujer? —bromeó Matías sobándose las sienes.

—Te amo —le dijo Ye In dándole un beso corto—. Tomemos la decisión juntos, pero sería una aventura hermosa, ¿no?

La niña, abrazada a las piernas de su padre, pidió:

—Papá, cántame esa canción en español que me gusta.

—Claro que sí, mi amor.

Matías y Ye In, sosteniendo cada uno la mano de su hija, se alejaron por el sendero de la montaña, entonando juntos una melodía en español que se perdía entre los árboles.

FIN.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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