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Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!? - Capítulo 52

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Capítulo 52: Incursión: Enemigo

War Woman apretó el agarre de su maza. El individuo que acababa de revelarse le daba una mala sensación.

Podía sentir el poder manando de aquel cuerpo. Pulsos ominosos desprendidos por las marcas doradas con cada parpadeo.

—¡Hola!— dijo Red Rush, sacándola de su aturdimiento. —¡Sí, tú, el de los tatuajes increíbles! ¿Eres el responsable de esto?— hizo un gesto al entorno de arena flotante.

El hombre similar a Immortal se volvió en su dirección, su rostro indiferente y su postura relajada, como si no se enfrentase a los Héroes más grandes del mundo.

—Krhnqlyn— dijo, tal vez, el sujeto. Su voz fue suave, profunda, pero de algún modo se escuchó como si lo tuvieran al frente.

El trío masculino se volvió a War Woman en busca de orientación, pero ella no conocía esa lengua tampoco.

De repente, el Immortal pirata despegó a gran velocidad, en curso de colisión con el trío de Héroes.

Más rápido de lo que sus reflejos le permitieron reaccionar, Green Ghost se hizo a sí mismo y a sus colegas intangibles de nuevo.

—¡No!— rugió War Woman, abalanzándose en medio. Su maza salió disparada contra el atacante, perfectamente medida para un impacto certero.

¡Bam!

El aire tembló, el polvo fue dispersado bajo sus pies. La maza fue detenida en seco por la mano del hombre.

—Krhnqlyn— dijo, tal vez de nuevo, aparentemente inmutable ante el poderoso golpe.

War Woman escuchó un silbido familiar detrás de ella y se movió a un lado, pero el agarre del hombre en el otro extremo de la maza le impidió distanciarse.

Los explosivos de Darkwing dieron en el blanco, y la detonación engulló tanto al enemigo como a la compañera.

—Aquí somos inútiles. Bájanos— le indicó a Green Ghost. Red Rush hizo una mueca.

—Allí abajo no veremos nada, y si pierdo tracción seré incluso peor que tú— argumentó el Velocista.

Mientras tanto, en el humo de la explosión, War Woman se sacudía el aturdimiento momentáneo cuando una mano se cerró sobre su cuello.

Ojos dorados atravesaron el humo, mirándola con indiferencia. —Krhnqlyn— se repitió la cosa.

—¡Púdrete!— gruñó la heroína, plantando un rodillazo en el abdomen del sujeto.

El impacto no lo sacudió, y el agarre en el cuello de la mujer se intensificó.

Immortal partió las nubes en ese momento, sangre escapándosele de las comisuras de la boca y expresión severa.

Embistió al oponente y lo llevó a un duro aterrizaje, liberando a su compañera en el proceso.

Ambos impactaron la tierra con un estruendo, y abrieron un agujero de varios metros de profundidad.

Immortal no se detuvo ahí. Ya sabía que el oponente era tan o más duro que él mismo.

—¿¡Quién y qué eres!?— exigió, propinando una lluvia de puñetazos al pecho.

Con el rostro medio enterrado, el Immortal pirata frunció el ceño ligeramente. Una de sus manos se cerró en un puño, similar al del hombre que lo golpeaba.

Imitó el movimiento, y clavó un puñetazo demoledor en las costillas del héroe.

Immortal se dobló y escupió sangre. Se hundió en la tierra, trazando un largo túnel con su propio cuerpo.

El oponente se levantó con torpeza, pero no como consecuencia de haber recibido daños. Él se estaba adaptando.

Extremidades, centro de gravedad, cuello, espalda. Conceptos a los que era ajeno hasta hace poco. Claro que los Guardianes desconocían el hecho.

—¡Immortal!— bramó War Woman, adentrándose en el agujero. Descendió con la maza lista, la cabeza del enemigo como blanco.

—No— dijo el sujeto suavemente. Salió disparado hacia la mujer, su mano formada en un puño de nuevo.

El impacto fue masivo. La onda de choque provocó un derrumbe en el estrecho espacio, la maza se le escapó a War Woman de las manos, y ella misma fue arrojada a la superficie, dos veces más rápido que cuando descendió.

Momentos después de que Green Ghost viera a su colega salir despedida, todo el suelo en un radio de 50 metros se levantó.

Arcos de energía dorada destellaron brevemente, lamiendo la roca. En el centro de todo, el oponente emergió tan tranquilo como al iniciar la pelea, sus tatuajes en espiral girando sobre sí mismos más rápido que antes.

Fijó su mirada en él. Green Ghost se estremeció, recordando la intervención de War Woman hace un momento.

Si ella hizo eso, significa que…

—¡Te tengo!— llamó Red Rush. Green Ghost parpadeó, y para cuando se dio cuenta, ya tenía al sujeto frente a él, a punto de darle un puñetazo.

Contra todos sus instintos, se hizo tangible de nuevo y permitió que Red Rush lo salvara, a tan solo centímetros de una muerte segura.

—Esto no pinta bien. Darkwing tenía razón, aquí sólo estorbamos— dijo el Velocista solemnemente.

—¿Cómo? Yo te veo… Oh— Green Ghost comprendió al darse cuenta que ya no estaban en tierra, sino flotando a gran velocidad. Tomó el control y los alejó del peligro. —¿Y Darkwing?— preguntó.

—Está en su elemento. Déjalo observar y estudiar a ese tipo— informó Red Rush.

Efectivamente, el vigilante de Midnight City fue el menos afectado por la ingravidez. Con sus herramientas, y una máscara adicional para cubrir su rostro, se deslizó como pez en el agua. Un pez sigiloso, además.

Immortal emergió de la tierra, sosteniéndose el costado con una mueca de dolor.

War Woman descendió, magullada y con las muñecas adoloridas. Se miraron el uno al otro, llegando a un acuerdo silencioso.

A miles de kilómetros del enfrentamiento, al Sur de Estados Unidos, la prisión donde Zill estaba retenida entró en estado de alerta máxima.

Black Samson, Martian Man y Aquarus vigilaban a la mujer misma, justo fuera de su celda.

Paranoico como la mierda, Cecil pidió que ellos estuvieran presentes para cuando la onda de choque que cruzaba el mundo llegara a la prisión.

Y a tan sólo 1 minuto del impacto, su paranoia fue justificada.

Eficiente como él solo, Darkwing tomó imágenes del enemigo y las envió a Cecil.

Los rasgos del desconocido no podían ser más semejantes. —Samson, prepárense para atacar— Cecil contactó a los Guardianes en la prisión.

30 segundos para el impacto.

La información llegó al héroe afroamericano y no pudo evitar soltar un suspiro. El viejo lo hizo de nuevo.

—Hm, es inconfundiblemente pariente de esta mujer— comentó Aquarus al echarle un vistazo.

—¿Más bien de Immortal, no creen?— Martian Man se rascó la barbilla, mirando la imagen con sospecha.

—Ya lo averiguaremos. ¿Listos?— Black Samson desactivó el holograma y adquirió una postura de combate.

2 segundos para el impacto.

Ignorante de las tramas a su alrededor por decisión propia, Zill luchaba por apartar un mechón de cabello de su cara a costa de soplidos.

Podría simplemente alterar la posición a voluntad, pero cuando hacía esas cosas recibía dolorosas descargas de energía.

Distraída y aburrida, fue tomada por sorpresa por la onda de choque que preocupaba a Cecil.

Afuera, Samson, Martian Man y Aquarus se tensaron, listos para arremeter con todo.

La onda pasó, el momento pasó, el segundo pasó, después otro, luego un tercero.

Nada. Silencio, tranquilidad, luces parpadeando y metal vibrando levemente.

Samson prestó atención al monitor que mostraba a la prisionera. Ella tampoco se movía, congelada con los labios formando una “o”.

Incluso los patrones en espiral de su cuerpo se habían detenido.

—…¿Y ahora qué?— preguntó Aquarus.

Samson esperó otros diez segundos. Al no percibir cambios en el aire, asintió lentamente a una de las cámaras.

Los operadores al otro lado abrieron la celda y los héroes ingresaron. Zill seguía congelada, pero con un cambio visible: la luz de sus tatuajes se había opacado considerablemente.

Al mismo tiempo, en Arabia Saudita, Immortal y War Woman forcejeaban para someter al extraño ridículamente fuerte.

En el momento en que Zill fue golpeada por la onda de choque antinatural, este individuo clavó su mirada en la dirección de Norteamérica.

—Krhnqlyn…— murmuró las mismas palabras, si es que se le podía llamar así al sonido que emitía constantemente.

Con desdeñosa facilidad, se sacudió a los dos Guardianes más fuertes.

El espacio a su alrededor se onduló, y al instante siguiente salió disparado a una velocidad tan ridícula, que la arena a sus pies se cristalizó.

El aire gritó de agonía, más fuerte que el más fuerte de los truenos. El espacio comprimido estalló en la dirección contraria, desatando una explosión de presión pura, como nada que el mundo haya visto.

Como una bomba de hidrógeno, pero sin la radiación. Otra onda de choque, más contenida que la primera.

Red Rush localizó a Darkwing, llevándoselo lo más rápido que pudo a costa de varias fracturas y hemorragias internas.

Immortal y War Woman fueron empujados, zarandeados por una multitud de impactos incoherentes que los hizo retroceder casi diez kilómetros.

Aturdido, el héroe observó al oponente perderse en la distancia, una espiral creciente de aire desplazado dejado atrás.

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –

[Mar Rojo, cerca de la frontera Sudán-Egipto]

—¿Me recuerdas por qué nunca hemos comprado un barco?

Leonardo miró de reojo a su amigo. Cuando Rafael se aburría, empezaba a hablar más estupideces de lo normal.

—No tenemos gente en las costas— se encogió de hombros.

Rafael frunció el ceño, pensativo. De hecho, ninguno de sus asociados poseía dominios en el mar.

—Huh, mira qué cosas… No me había dado cuenta. ¡Ferb, ya sé que vamos a hacer h—

—No— Leonardo lo cortó. —Tenemos más que suficiente sin llamar la atención.

—¿Ves esto?— Rafael hizo un gesto a la pila mucho más pequeña de joyería que logró recuperar de Georgia. —El viejo guardaba esta fortuna en la casa donde se iba a dar masajes.

—¿Tu punto?

—Nuestro “suficiente” debería ser más— sentenció Rafael. Un brillo de codicia destelló en sus ojos.

En ese momento, en ese preciso momento, un punto indistinguible en la distancia surcó el cielo a una velocidad hipersónica.

Trajo consigo una presencia densa y pesada. Rafael y Leonardo tardaron un momento en sentirlo, pero para cuando lo hicieron, el sujeto ya se había alejado.

Segundos después vino el estampido sonoro, potente al grado de sacudir a ambos Saiyajin.

Y entonces el horror se reflejó en la cara de Rafael.

—¡¡MALDICIÓN, MALDICIOOÓN!!

Era demasiado tarde. La potente onda de choque los alcanzó, mucho más fuerte que la primera por su cercanía.

La olla se partió y las joyas cayeron al mar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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