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Tras el divorcio, me casé por accidente con un frío multimillonario - Capítulo 218

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  3. Capítulo 218 - 218 Capítulo 218 Tuve un sueño
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218: Capítulo 218: Tuve un sueño 218: Capítulo 218: Tuve un sueño Roger dormía profundamente cuando su teléfono vibró sobre la mesita de noche.

Se estiró un poco, lo alcanzó y, al ver el identificador de llamadas de su secretaria, frunció el ceño de forma imperceptible.

—¿Acaso sabes qué hora es?

—preguntó con voz pastosa, pero que no perdía su firmeza.

Dahlia se puso nerviosa al otro lado de la línea y fue directa al grano.

—Señor, me acaban de informar que Silent Chase está tratando de llevarse a nuestro cliente más importante, Juegos de Freddie.

Le han propuesto diseñar un juego para niños en menos de veinticuatro horas.

Si lo consiguen, Juegos de Freddie cancelará su contrato con nosotros.

Roger sintió que le empezaba a doler la cabeza.

Con solo cinco días para convencer a Karen de que se quedara como su esposa, no tenía ninguna intención de ir a la oficina.

Pensaba enviarle un correo a Dahlia en cuanto se despertara para informarle, pero ahora surgía esto.

Se alborotó el pelo rizado con frustración.

—¿Cuánto tiempo tenemos para cumplir el plazo?

—Veinticuatro horas, que acaban a medianoche.

Rick quiere saber si debemos participar en el desafío, porque Brad es el nuevo director de Ventas y Marketing de Silent Chase y creo que está intentando devolvérnosla deliberadamente tras haber renunciado a su puesto.

Roger sonrió levemente.

Nunca tuvo la intención de despedir a Brad, solo de ponerlo en su sitio.

Creía en eso de mantener a los amigos cerca, y a los enemigos más cerca todavía.

Sin embargo, Brad sabía que con Roger como Director Ejecutivo, no podría manejarse como antes, así que lo mejor era renunciar a su puesto y unirse a la competencia de Roger.

Fue una jugada inteligente, pero Roger no consideraba que Brad fuera un rival a su altura.

—Ya entiendo.

Llevamos cinco años colaborando con Juegos de Freddie, y son nuestro cuarto cliente más importante.

Aceptamos el reto, pero trabajaré desde casa.

Nada iba a alejarlo de su esposita.

—Pero…

—empezó a decir Dahlia al otro lado de la línea, pero hizo una pausa.

El instinto de Roger no falló, así que le preguntó—: ¿Cuál es el problema?

Ella se lo explicó sin vacilar.

El estilo de Roger era diferente al de su padre y ella todavía estaba intentando adaptarse.

—Hay muchos documentos que necesitan su firma por unas colaboraciones que se acaban de aprobar.

Necesitamos las firmas tanto en formato digital como en físico.

Roger suspiró, sin ganas de moverse.

Karen dormía profundamente y él quería despertarse cada día así, con ella entre sus brazos.

No solo eso.

También quería darle el mundo entero.

—Llámame cuando llegues a la oficina.

Te enviaré mi ubicación para que me traigas los documentos impresos.

—Sí, señor —respondió Dahlia, aunque aún tenía algo más que decir—.

Pero la programación necesitará un buen respaldo y no consigo localizar a Ryan.

Corren rumores de que Brad está intentando ficharlo.

Esta situación no era nueva para Roger, pero encargarse él mismo de la programación le llevaría mucho tiempo.

Ryan era su programador principal y Roger supuso que estaba ilocalizable porque no era su horario de trabajo.

Si se trataba de un intento de fichaje, entonces tanto Ryan como Brad eran unos completos idiotas.

Lo único que le impedía hacer el trabajo él mismo por ahora, mientras esperaba un sustituto de Recursos Humanos, era su esposita.

Pasara lo que pasara, él la pondría en primer lugar, sin importarle los miles de millones que pudiera perder por ello.

Después de todo, hubo un tiempo en que no le importaba nada de esto y se dejaba morir de hambre con la única intención de verla.

Momentos como aquel le hicieron darse cuenta de que el dinero no puede comprar la felicidad.

La alegría que sentía al estar con Karen no se parecía a nada que hubiera sentido en su vida.

Era surrealista y, a la vez, apacible, y no lo cambiaría por nada del mundo.

Para él, esto era como una luna de miel y quería asegurarse de que no interfiriera en su tiempo con Karen.

—Yo me encargaré de los sistemas y los robots desde aquí —dijo él.

La voz de Dahlia sonó sorprendida.

—¿Usted puede?

—A Roger se le escapó una risita y continuó—: Haz lo que tengas que hacer.

Yo me ocuparé de lo que pueda desde aquí.

Menos mal que conocía a fondo todos los departamentos y sabía hacer el trabajo de todo el mundo, incluido el del conserje.

Sí, Roger había peinado todos los departamentos de incógnito.

La llamada terminó y, justo cuando intentaba completar la tarea más importante antes de que Karen se despertara, la suerte no pareció estar de su lado, pues ella intentó zafarse de sus brazos.

Incluso con el portátil encima, se aseguró de seguir abrazándola mientras dormía, temeroso de que pudiera desaparecer.

—Gatita, te has despertado.

—Sus inocentes ojos verdes estaban algo adormilados, como si aún estuviera en el país de los sueños, pero no tardó en darse cuenta de que a él le pasaba algo y preguntó con seriedad—: ¿Ocurre algo?

Su relación no estaba definida, pero eso no significaba que ella fuera a quedarse de brazos cruzados viéndolo cargar con todos los problemas él solo.

Roger apartó el portátil y la atrajo hacia él, uniendo sus labios en un beso corto y apasionado.

—No pasa nada, gatita.

Vuelve a dormir.

Quizá si sus dedos no hubieran golpeado el teclado con tanta fuerza, no la habría despertado.

—Soñé que estaba en el jardín con un sombrero de verano —sonrió ella tras apartarse del beso, pasándose los dedos por el pelo.

—No fue un sueño —la corrigió Roger—.

Te traje de vuelta cuando te quedaste dormida.

—El sutil recordatorio le refrescó la memoria a Karen.

Había estado tan obsesionada con la cabaña de verano que se la había llevado a su mundo de los sueños.

Estaba a punto de darle las gracias cuando Roger cogió el portátil y lo giró hacia ella.

—Tienes que firmar esto.

—Lo había recibido del abogado hacía unas horas, pero no había podido dárselo porque estaba dormida, y ese parecía el mejor momento.

Karen vio el acuerdo que habían pactado y frunció el ceño.

Después de ver esa faceta suya, ya no le interesaban aquellas exigencias.

—¿Tengo que hacerlo?

—Insisto —dijo Roger con seriedad, sin estar dispuesto a ceder.

Karen lo pensó detenidamente; le parecía innecesario.

¿Qué clase de hombre era para estar tan ansioso por renunciar a toda su fortuna y sus bienes?

El motivo por el que le había hecho aquellas exigencias era para ahuyentarlo, pero no parecía haber funcionado.

—Me lo pensaré.

Roger respiró hondo, cerró el portátil, lo dejó a un lado y la atrajo hacia sí para abrazarla.

Una parte del trato era que, una vez firmado el documento, ella nunca lo abandonaría.

—Me encantaría que lo firmaras.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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