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Uma Musume: Serie-Darklines - Capítulo 37

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  3. Capítulo 37 - 37 CAP 33 Canta para mí otra vez
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37: CAP 33: “Canta para mí otra vez” 37: CAP 33: “Canta para mí otra vez” Dentro de su boca, su lengua no descansaba.

Subía por la cabeza del joven, la aplastaba con una presión plana que cedía y volvía, la rodeaba en movimientos circulares que no seguían ningún patrón predecible, la acariciaba con la punta en zonas que McQueen había catalogado mentalmente como las que producían las reacciones más honestas.

Y las melodías llegaban.

Sonidos que Cali no elegía, que escapaban de su garganta sin consultarle, cada uno ligeramente distinto al anterior en tono y en urgencia, construyendo una colección que McQueen absorbía con los oídos mientras su boca seguía trabajando.

-(Que buena afinación acaba de soltar, entrenador) Quiso probar algo más.

Dejó de jugar.

Bajó su cabeza con una lentitud deliberada, extendiendo su lengua hacia abajo para convertirla en colchón, en superficie de bienvenida para el intruso que avanzaba hacia el interior de su boca poco a poco, centímetro a centímetro, sin prisa y sin vacilación.

Bajó hasta el punto de que había establecido como su límite en toda esa longitud.

No quería perder su elegancia por atorarse, atragantarse o toser por quedarse sin aire.

Luego regresó hacia arriba.

Sus labios encontraron la base de su cabeza.

Se cerraron.

BLLUUB Un bloqueo limpio y completo que atrapó al joven dentro de su boca con una suavidad que no tenía nada de accidental, su succión activándose con una presión continua que tiraba hacia adentro mientras sus labios sellaban cualquier posibilidad de salida.

El tirón en el cuello del joven creció.

Creció más.

BLOOOP.

El sonido resonó en el interior de la habitación con una claridad casi cómica que contrastaba absolutamente con la intensidad de todo lo que lo había precedido.

La cabeza del joven fue liberada de su boca, de sus labios, de su succión, de golpe y con una honestidad acústica que no tenía precedente en esa noche.

El gemido que siguió tampoco.

–Ufffffiu, ha~ Salió de Cali sin ningún filtro, largo y completamente desprovisto de la contención que había mantenido durante horas, resonando en el techo y paredes del dormitorio con una claridad que Dober procesó en algún lugar de su sueño profundo sin llegar a despertar.

McQueen lo escuchó.

Y algo dentro de ella se bloqueó.

No el calor inferior, aunque ese seguía presente con su insistencia habitual.

Algo más específico.

Un pensamiento que ocupó todo el espacio disponible dentro de su cabeza desplazando cualquier otra consideración con una eficiencia absoluta.

–(Otra vez por favor.

Canta para mí otra vez.) El joven no sabía del peligro que acababa de nacer en la cabeza de la heredera Mejiro.

McQueen actuó sin avisar.

–Mc -McQueen, pero qué estas-.

Sus manos encontraron sus caderas y jalaron hacia abajo con una torpeza que era honesta porque la elegancia de McQueen siempre había vivido en la pista y no necesariamente en esto, elevándolas del colchón mientras ella buscaba con movimientos imprecisos la posición correcta para lo que había decidido hacer.

Probó un ángulo.

No era ese.

Probó otro.

Tampoco.

Al final se decidió.

Separó las piernas del joven con sus manos.

Se arrodilló entre ellas con sus rodillas encontrando el colchón a ambos lados de sus muslos.

Apoyó una de sus palmas en su costado para estabilizarse.

La otra tomó al joven.

Lo apuntó hacia ella.

–Gracias por el postre, entrenador Cali.

Y bajó su rostro.

Sus labios encontraron su cabeza una vez más con la familiaridad de quien ya conoce el camino, se abrieron y lo recibieron con la misma suavidad de antes, dejándolo entrar hasta el punto exacto donde su lengua comenzaba, ni un milímetro más porque no quería interrumpir su ritual con algo tan poco elegante como ahogarse.

Subió.

Sus labios bloquearon su salida en la cima.

Su lengua lamió la hendidura desde dentro de su boca, jugando con esa zona con una precisión que ya había demostrado ser la más efectiva del repertorio.

Un gemido del joven llegó puntual como respuesta.

–Lheee, Lhaashh, SLIM… Bajó.

Hasta el límite.

Luego de vuelta hacia arriba.

El bloqueo.

La lengua.

El gemido.

Bajó de nuevo.

McQueen estableció el ritmo con la misma determinación con que marcaba su cadencia en los últimos cuatrocientos metros de una carrera, cuando el cuerpo pide detenerse y la mente dice que no.

Una vez.

Otra vez.

Y Otra.

Sintiendo con cada ciclo, cómo el calor del joven aumentaba a lo largo de todo él, cómo la temperatura dentro de su boca escalaba con una consistencia que le informaba exactamente hacia dónde se dirigía todo esto.

—Ma… McQueen… estoy por… haaa— El aviso llegó fragmentado y urgente desde arriba.

McQueen notó el intento.

Sus caderas empujaban levemente hacia atrás buscando distancia, su cuerpo buscando instintivamente el espacio que ella no tenía ninguna intención de darle.

Sus manos respondieron antes que su cerebro, cerrándose sobre sus caderas con la firmeza de un cerrojo, anclándolo exactamente donde estaba.

–(Nnn noo~, entrenador, SLIM…, esto no terminará aquí.) No lo dejaría ir.

La misma lógica que él había aplicado sobre sus muslos cuando ella había intentado escapar de su lengua.

La misma fuerza que la había mantenido exactamente donde él quería mientras su cordura se deshacía.

McQueen lo recordaba con una claridad perfecta y aplicaba ahora el principio con una equidad que le parecía completamente razonable.

Él la había demorado en su entrada, hasta que sus jugos, llegaron solos.

Ella no lo dejaría, ir un milímetro, antes de haber obtenido, lo mismo de él había tomado de ella.

–(BLAAaaa~, me lo dará todo entrenador, ) Bajó una vez más hasta su límite prudente.

Subió despacio.

El bloqueo de sus labios en su cima fue más firme esta vez; su succión, más decidida, su lengua más precisa sobre la hendidura, ensayando para extraer de él todo lo que el joven le daría, con la paciencia absoluta de alguien que tien a 2 zancadas la línea de meta y solo está esperando que el cronómetro confirme lo que ya sucederá.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES AutoresRAR *Sonidos de conversaciones en la hora libre*.

“Escucha Juan no puede haber error…” “El jueves, te presté 5 monedas para tus papitas, ¿correcto?” *Crujir crujir* Ammm, Shi Aitham, me preshtashte SHINCO (5).

“El viernes fueron otras 2 monedas para el batido de chocolate, ¿me sigues?” *Glug glug glug* Shi, es correcto.

“Según mis cálculos matemáticos básicos, me debe 7 monedas, ¿verdad?” …

Te responderé con mucha seriedad: Lo siento, socio, en mi economía personal, la suma es correcta…

*le pone un mano en el hombre para decir que está de acuerdo* Pero el resultado está sujeto a un ajuste por inflación y, a mi actual falta de liquidez.

“Y…

eso en cuántos dígitos se traduce?

…

O sea…

te debo un “luego te pago”.

*Sale huyendo* *Se queda mirando* Haaaaa…

“Juan, tu amistad vale oro, pero tu álgebra financiera vale menos que un billete de 1 dólar”.

…

Amigos deudores que leen esto, y para los deudores de mis lectores, por favor, cambien la “comodidad” por “responsabilidad”, y empiecen a mover los billetes de sus bolsillo a los nuestros… Antes de que la suma de mi paciencia y la de MIS LECTORES dé como resultado cero.

LOS LEO Y VEO EN EL Próximo cap.

GUIÑO GUIÑO.

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