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Uma Musume: Serie-Darklines - Capítulo 38

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  3. Capítulo 38 - 38 CAP 34 Hagámoslo
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38: CAP 34: “Hagámoslo” 38: CAP 34: “Hagámoslo” McQueen no lo soltó.

Sus brazos rodearon su cintura con la fuerza de quien lleva toda la vida entrenando para no soltar nada que haya decidido sostener, bloqueando cualquier posibilidad de retirada mientras continuaba subiendo y bajando con un ritmo que, no tenía compasión pero, que tampoco tenía crueldad, solo la determinación fría y absoluta de llegar al final de lo que había comenzado.

–(Yo soy el que juega con usted, no ustedes con- conmi- haaa- conmigo).

El joven luchó.

Sus manos encontraron sus hombros y empujaron con una urgencia que en cualquier otro contexto habría sido suficiente.

Contra una Uma no lo fue.

La fuerza de McQueen era a prueba de humanos y sus brazos no cedieron un milímetro ante la presión de sus palmas, sus codos absorbiendo el esfuerzo sin transmitirlo a ninguna otra parte de su cuerpo.

Lo que sí transmitió fue otra cosa.

El esfuerzo del joven, su desesperación física y honesta, encendió en McQueen algo que no esperaba encontrar en ese momento.

–(Jejeje, no hay salida entrenador, perderá esta carrera, mwah ~Mwah~).

El deseo de tomar, de retener, de no dar tregua.

Intensificó su succión como respuesta directa, subiendo y bajando con más lentitud deliberada, extrayendo de cada centímetro del recorrido toda la información que su boca podía recoger.

Cali se echó de espaldas.

Intentó arrastrarse hacia el borde de la cama en una retirada que habría sido efectiva contra cualquier cosa que no fuera una corredora de élite arrodillada entre sus piernas con sus caderas, atrapadas por un cerrojo de brazos.

Retrocedió dos centímetros.

McQueen avanzó dos centímetros con él, sin interrumpir el ritmo.

–(Esta señorita, puedo entender que tenga fuerza de más en la piernas, pero, ¿por qué debía de también tenerla aquí arriba?) Intentó girarse.

Ella lo detuvo con un reposicionamiento de cadera que bloqueó la rotación antes de que pudiera completarse, sus rodillas clavadas en el colchón como anclas, su cintura inamovible bajo sus brazos cruzados.

Al joven no le quedó nada más.

Sus manos encontraron las sábanas.

Sus puños se cerraron sobre la tela con una fuerza que la arrugó completamente, sus nudillos blancos contra el blanco del tejido, y se quedó así, tumbado de espaldas, con la liberación golpeándole desde adentro, rogando que alguien detuviera a esta Mejiro, mientras la dama sobre él no tenía la menor intención de ser esa persona.

–(¿Vaya…, cuáto más piensa resistirte, obstinado entrenador?) McQueen sintió el ritmo cambiar.

Los latidos a lo largo de él se aceleraron y densificaron con una consistencia que era lenguaje claro para quien supiera leerlo.

Supo que estaba por venir con la misma certeza con que sabe cuándo una rival está a punto de ceder en los últimos metros.

Dejó de respirar.

Subió por toda su extensión en un ascenso largo y continuo, hasta su cuello, y ahí lo bloqueó, con la cara interna de sus labios, con una firmeza que no cedería.

—Haaa— La voz del joven se quebró.

—Jaaa— —Umm— Se tambaleó.

Su espalda seencorbó sobre el colchón y luego cayó de nuevo, sus puños apretando las sábanas con una fuerza que las arrancó parcialmente de las esquinas de la cama.

McQueen no se separó.

No succionó.

No actuó sobre él, en absoluto en ese momento porque…, ese momento no era suyo, sino de él, y lo entendía con una claridad que la sorprendió a ella misma.

–(Disfrute entrenador…, disfrute como a mí me hizo sentir, el golpe eléctrico que atravesó mi espalda, mis caderas, el calor que salió de mí…) Se quedó quieta.

Recibió.

-(Goce este momento que es…, SUYO…) Todo lo que el joven tenía guardado después de esa noche llegó a su boca en oleadas que McQueen procesó con los ojos cerrados y los labios sellados, guardando cada parte dentro de su boca sin desperdiciar nada.

¡DISPARAR!!!, DISPARAR.

Degustando la viscosidad y el sabor con la atención de alguien que ha esperado esto desde que tomó la primera decisión al levantarse del borde de esa cama hace lo que parecían horas.

DISPARAR.

Esperó.

DISPARAR… Disparar, disparar… –(Esto…, se lo regresaré de vuelta, señorita McQueen) El temblor del joven se ralentizó.

Sus puños sobre las sábanas perdieron tensión.

Su respiración comenzó el largo camino de vuelta hacia algo sostenible.

–(Wow, no- no es una cantidad modesta, pero, lo quiero, lo quiero todo…, de inicio a fín…) Entonces…, ella lo supo, supo que estaba hecho.

Relajó la presión de sus labios alrededor de su cuello, con una suavidad que era casi ceremonial, liberándolo del bloqueo, pero sin separarse de su cabeza, modelando sus labios a través de su forma mientras esta comenzaba su ascenso hacia la cima.

Reduciéndose, adaptándose, hasta que, sus labios encontraron la hendidura de su punta.

Y succionó.

Sin aviso.

Sin demora.

Una succión directa y decidida que recorrió toda la extensión de él desde la punta hacia adentro, recogiendo todo lo que había quedado a lo largo del camino y llevándolo a su boca con una eficiencia que no dejó nada a mitad de trayecto.

Lo quería todo.

Lo obtuvo.

Solo entonces soltó sus brazos de su cintura.

—Mmwua…!

Ella se recompuso de rodilla a la cama, sentada sobre su tobillos.

El ronroneo salió solo, bajo y satisfecho, mientras saboreaba lo que tenía.

Intentó tragar con compostura y casi lo logró.

Una parte pequeña escapó por la comisura de sus labios antes de que pudiera evitarlo, pero, el joven había guardado mucho después de todo eso, y McQueen llevó sus dedos a limpiarlo con la naturalidad de quien resuelve un detalle menor.

Llevó esos dedos hacia su boca.

Y como si algo la instara a parar su movimiento, se detuvo en el último centímetro.

Llevando la sustancia a otro lado, lo desvió hacia su nariz.

Inhaló despacio.

El aroma era caliente y específico y completamente suyo, la esencia más privada del joven que ahora tenía sus dedos impregnados y su boca llena.

Y ese olor, combinado con todo lo que esa noche había construido en su cuerpo, activó lo que siempre activaba en ella.

Su calor inferior respondió.

McQueen bajó esa mano despacio…, por su propio abdomen, sintiendo el calor de su propia piel mientras descendía, hasta encontrar su entrada.

Se sorprendió.

El calor que la recibió era intenso y la viscosidad que salía de ella era abundante, sus propios dedos impregnados ahora de dos cosas simultáneamente.

–(Pe- pero…, y si, esto y eso… se juntaran, yo podría…) Los movió, las juntó, quería saber… el resultado que ello provocaría.

Sintiendo ambas esencias mezclarse sobre sus yemas con una intimidad que le cerró la garganta un momento.

Levantó los ojos hacia el joven.

Él seguía tumbado recuperándose, su pecho subiendo y bajando en respiraciones largas, sus ojos entreabiertos y nublados por todo lo anterior.

Pero la miraba.

–Es, esto no termina aquí, McQuee-san.

Él dijo mientras la veía arrodillada entre sus piernas con esa expresión en su rostro.

McQueen no pudo soportarlo.

Caminó de rodillas hacia él.

–Esa mirada…, me gusta, entrenador.

Abriendo sus rodillas y ponerlas a los lados de su torso –Espero y pueda dar más de su honesto esfuerzo, así que… Despacio… Arrastrándose sobre el colchón hasta alinear sus caderas con las de él, sus cabellos cayendo por su espalda y colgando entre ellos, como cortinas de seda que brillaban con la luz del ambiente.

Lo miró a los ojos desde arriba con los suyos todavía cargados del calor que no encontraba salida.

—Hagámoslo —dijo.

Sin adornos.

Sin la táctica de Dober ni la compostura habitual de la heredera Mejiro.

Solo McQueen diciéndole exactamente lo que quería con la voz directa de alguien que ya no tiene nada que disimular.

El joven la miró desde abajo.

Sus ojos nublados procesaron la petición con una lentitud que era el rastro visible de su recuperación todavía en curso.

Y entonces habló.

—No te arrepientas de tus palabras luego, señorita Mejiro…

No fue una advertencia fría.

Fue honesta, dicha en voz baja, con algo en su tono que preguntaba sin preguntar si ella sabía lo que estaba pidiendo más allá de esta habitación y esta noche.

–Fufufu…~, para que usted me hiciera “eso”, entrenador, no bastaría con este regado superficial.

McQueen, respondió entre frases coquetas.

Cali levantó sus brazos.

–Nuestra biología es…, tan cercana, pero a su vez, tan diferente… Los pasó por su espalda con una suavidad que era completamente distinta a la fuerza que usó para zafarse de su abrazo.

Rodeándola sin apretar.

–Sería como si usted colocara una “semilla”… Sosteniéndola con el peso abierto de sus palmas contra su espalda baja, esperando.

Esperando a que ella bajara.

Para acomodarse.

–… en el desierto.

Para que sus cuerpos se unificaran como ella había pedido, como ambos querían, como algo que ya había ocurrido días antes pero que esta vez llegaba con un peso diferente porque esta vez era completamente mutuo y completamente elegido.

McQueen sintió sus brazos rodeándola.

–Tendría que regar esa semilla por mucho tiempo, mi entrenador~ jujujum~.

Y comenzó a bajar.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES AutoresRAR “Le juro profesor, este debía de ser un árbol de Cacao…”: Señor García, lo que hi VEMOS toda la clase es una planta de Habas.

“No es así…, Yo- YO MISMO LO PLANTE, después de ir a la feria del Cacao”.

Jejeje, está bien nosotros le creemos señor García, pero…

“…” La BIOLOGÍA, y las calificaciones ¡NO!

ESTÁ JALADO, lo veo en VACACIONES.

“Noooooo, proooofe, deme otra oportunidad”.

Tuvo 4 meses de oportunidad para hacer germinar y madurar su planta de ambiente cálido, no sé qué gran oportunidad está esperando…

“Nooo, Tu ESTUPIDA SEMILLA DE CACAO estoy reprobado por tu CULPA”.

“”y yo que hice solo me planteaste, que haya nacido de esta manera por “~CASUALIDAD~” no es mi problema…”” …

No tengo algo que decir…

SE CUDAN bañan y comentan.

GUIÑO GUIÑO.

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