Un Bebé Secreto con el Multimillonario - Capítulo 51
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- Capítulo 51 - 51 Listos para la misión
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51: Listos para la misión 51: Listos para la misión Navira fulminaba con la mirada su teléfono, con el ceño fruncido y el puño apretado a un costado.
En el móvil estaba el video de Delfina y su hijo, junto a su esposo, Dominic, en Leolandia.
Su matrimonio se estaba desmoronando y Delfina andaba por ahí en el parque, pasando el rato con su familia, como si no fuera la causante de todos sus problemas.
—¿Qué tanto le miras al teléfono?
—preguntó la señora Delamonte al ver que Navira tenía el ceño tan fruncido que sus cejas casi podían anudarse.
—Mira esto —dijo Navira mientras le restregaba el teléfono en la cara a su madre.
La señora Delamonte entrecerró los ojos al ver el video de Delfina con Dominic y su hijo.
Ya estaba al tanto de la noticia de que Dominic Silvestri estaba casado, pero con Delfina.
Al ver su beso en el video, todavía le costaba creer que Delfina, la niña que había adoptado de un orfanato inmundo, hubiera conseguido un esposo mucho mejor y más poderoso que Navira, a cuyo marido podían despedir de su empresa con facilidad.
—Esa zorra de verdad que está empezando a pasarse de la raya —dijo Navira entre dientes.
—Más te vale tener cuidado con cualquier paso que des de ahora en adelante.
Ya tiene suficientes pruebas en tu contra —le advirtió su madre.
Navira soltó el aire.
—Ya tengo un plan para deshacerme de ellas.
—¿Deshacerte de qué?
Navira se quedó helada al oír la voz de su padre a sus espaldas.
Bajaba las escaleras con el rostro sombrío y la mirada fija en ellas.
—¿De qué están hablando ustedes dos?
—cuestionó él.
—No es nada, padre —dijo ella con una sonrisa.
Tras una acalorada discusión con Filippo esa mañana, había decidido visitar a sus padres y desahogarse con su madre sobre el comportamiento de Filippo.
Su padre no tenía ni idea de que habían intentado matar a Delfina tres veces.
Él la despreciaba tanto como ellas, pero no estaban seguras de que su desprecio llegara al punto de mancharse las manos con la sangre de Delfina solo para deshacerse de ella.
—Estábamos hablando de Delfina y Dominic —respondió Navira.
El señor Delamonte echó un vistazo al teléfono que ella tenía en la mano y se lo arrebató de inmediato.
Vio el video varias veces con una sonrisa en los labios.
—Se ven tan felices juntos —dijo, lo que provocó que madre eija se miraran la una a la otra, con los mismos pensamientos en mente.
Mientras le devolvía el teléfono a Navira, añadió: —Invita a Delfina a cenar uno de estos días.
Hemos sido demasiado duros con la muchacha.
Solo cometió un error.
Después de todo, somos familia.
Navira fulminó con la mirada a su padre antes de abrir la boca para hablar.
—¿Y por qué iba a hacer yo eso?
Mi matrimonio se está desmoronando desde que ella volvió y Filippo me amenaza con divorciarse de mí para estar con ella.
¿Y ahora quieres que la invite a cenar y hagamos las paces?
Su pecho subía y bajaba agitadamente mientras hablaba.
Y para colmo de su ira, su padre hablaba sin el menor ápice de vergüenza.
—Delfina ahora está casada con Dominic.
¿Acaso sabes lo que eso significa?
—preguntó él, ignorando por completo las palabras de ella—.
Las familias Delamonte y Silvestri ahora están conectadas por una relación mucho más estrecha.
Si hablo con ella, podría convencer a Dominic de que invierta en mi empresa.
¿Sabes cuántos beneficios me traerá eso?
Navira rechinó los dientes ante el descaro y la codicia de su padre.
A la empresa ya le iba bien.
Su familia todavía era temida en Milán.
Eran ricos y poderosos y, aunque no se acercaban ni de lejos a los Silvestri, seguía siendo algo.
Sin embargo, para su padre no era nada, sobre todo si encontraba la oportunidad de conseguir más.
—No voy a hacer eso —dijo—.
Si quieres invitarla a cenar, invítala tú.
Agarró su bolso y se marchó sin decir una palabra más.
Se había ido de casa para no oír el nombre de Delfina a cada rato, solo para acabar escuchándolo aún más en boca de su padre.
Le hervía la sangre.
Que si Delfina esto, que si Delfina lo otro.
Justo cuando estaba a punto de salir de la mansión, una figura le bloqueó el paso.
Alzó la vista y se encontró con un rostro que no había visto en mucho tiempo.
—Hola, hermanita.
En la mansión de Filippo,
Delfina intentó reprimir los recuerdos que inundaron su mente al ver la mansión en la que había vivido con Filippo durante años, después de prometerse y estar a punto de casarse.
Guardaba muchos recuerdos hermosos de aquella mansión, pero también otros terribles.
—¿Estás segura de que puedes entrar sola?
¿Quieres que te acompañe?
—preguntó Lux mientras las verjas se abrían.
Hoy era el día en que volvería a entrar en aquella mansión, fingiendo interés en lo que fuera que Filippo tuviera que decirle, pero en realidad estaba allí para recuperar la grabación del CCTV de la habitación de invitados donde la había encerrado y de la que había abusado a su antojo.
—No, puedo encargarme de esto.
Además, tú tienes que encontrar la grabación —respondió ella.
Al principio, Delfina había querido hacerlo sola, pero no tenía ni idea de tecnología, y Lux se ofreció a ayudarla.
Planeaba mantener a Filippo ocupado mientras él se encargaba de recuperar la grabación.
Por suerte, la sala que controlaba las cámaras de CCTV de la casa estaba en un edificio más pequeño cercano a la mansión, así que Filippo ni siquiera se enteraría de que Lux había ido con ella.
Delfina echó un vistazo a su alrededor y solo vio a tres guardias de seguridad, lo cual era otra buena señal.
Con la gran habilidad para la lucha de Lux, podría noquearlos fácilmente.
—Si ese cabrón intenta hacer alguna tontería, dale dos toques a este reloj de pulsera y enviará una señal a mi teléfono —dijo él, entregándole un reloj de pulsera negro que parecía normal, pero que en realidad era un dispositivo avanzado.
Ella asintió mientras se lo ponía.
Con una leve sonrisa y tras respirar hondo, bajó del coche, con el corazón martilleándole en el pecho.
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