Un Dios De La Muerte Como Ningún Otro En Animé World - Capítulo 24
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Capítulo 24: 23. reencuentro familiar.
La brisa marina siguió la partida de un barco de aspecto tan misterioso como las aguas que lo llevaban. Las velas grises, que eran casi invisibles en la penumbra de la noche que ya comenzaba a asentarse, se hinchaban con un viento que no se sentía, impulsando la embarcación con una velocidad sobrenaturalmente rápida. La isla donde hace unos minutos Hades y sus hermanos habían estado, ahora se encogía rápidamente en el horizonte, siendo casi devorada por la creciente oscuridad de la noche.
Hades permanecía en la proa, sintiendo la brisa salada acariciando su rostro. Sus ojos habían vuelto a su color negro habitual, reflejando un estado de calma y relajación, pues realmente disfrutaba de su situación actual. Ahora ya no tenía la necesidad de buscar a su madre y hermanos por su propia cuenta. El profeta Prometeo había prometido llevarlos hacia ellos. Según sus palabras, llegarían a su destino, la isla de Creta, para el amanecer, todo gracias a este barco, que en sus palabras era “el barco más rápido” entre todas las embarcaciones de Grecia.
Hades todavía no podía comprender cómo un barco de madera que no tenía nada de aerodinámico podía superar la velocidad del sonido; eso debería ser físicamente imposible. Pero irónicamente, él era un Dios de la muerte que controlaba otras energías y elementos completamente ajenos a su dominio divino, por lo que no era realmente quién para hablar sobre rarezas o imposibilidades. Sin embargo, aunque este barco fuera veloz, su viaje hacia su destino no sería rápido. Tenían que tomar una ruta más larga, trazada por el propio Prometeo, para evitar ser detectados por algún nexo de poder de los Titanes. Aunque Hades no lo veía estrictamente necesario, ya que él mismo podía volar con su Chakra gracias a su Rinnegan sin que otros lo detectaran, decidió seguir el plan de Prometeo. No solo porque era más cómodo para todos, sino porque también tenía cosas que preguntarle al dios de la profecía.
Hades se giró para mirar hacia la popa (la parte trasera del barco, donde suele estar la tripulación y a veces el timón). Pudo ver que sus hermanos también se lo estaban pasando bien. Poseidón estaba balanceando su tridente con gracia, mientras presumía frente a un grupo de diosas que lo miraban con fascinación, embelesadas por sus historias de las profundidades marinas y sus hazañas.
Por otro lado, se encontraba Hera, quien estaba siendo el centro de atención absoluto de otro grupo de diosas. Estas miraban con ojos fanáticos su vestido moderno y sus zapatos de tacón, como si fueran la cosa más asombrosa que habían visto en sus vidas. Aunque al propio Hades esto le pareció un poco ridículo e incluso divertido, tenía bastante sentido. Después de todo, los dioses griegos que conocía solo utilizaban, ¿cómo se llamaban esas cosas? ¿Togas antiguas? ¿Quitones? Bueno, esas prendas que parecían cortinas envueltas en sus cuerpos. Era obvio que él y sus hermanos causarían sensación gracias a sus atuendos modernos. Los tipos ni siquiera utilizaban zapatos; la mayoría andaba descalzo o utilizaba sandalias de cuero o madera, que, a decir verdad, se veían bastante incómodos de usar. Y de hecho, ni siquiera parecían tener los conceptos de intimidad y privacidad, ya que algunos incluso andaban por ahí casi desnudos, mostrándolo todo. Esos eran los tipos con los que Hades bajo ninguna circunstancia quería interactuar.
Al fondo del grupo, sentadas en una banca, se encontraban Hestia y Deméter, las cuales estaban charlando animadamente con una diosa desconocida. Hestia comía dulces… ¿Qué? ¡Eran los dulces que Hades había guardado en el cajón de su habitación antes de abandonar la isla! Se suponía que debían estar en su inventario. ¿Cuándo los había conseguido? Hades juraría que los había ocultado muy bien.
Al girar la mirada hacia la parte trasera del navío, donde se situaba el timón, finalmente pudo ver la figura de la persona que estaba buscando: el dios de la profecía, Prometeo. Este se encontraba parado junto a un dios menor, que era el encargado de dirigir el barco con manos expertas.
Cuando Prometeo vio la figura de Hades, se acercó, su figura esbelta pero robusta moviéndose con una gracia silenciosa. “Hades, espero que tu estancia en el barco haya sido agradable”, comentó el dios de la profecía, con sus ojos carmesí fijos en el horizonte. “Con nuestra velocidad, llegaremos a la isla de Creta al amanecer, si las corrientes son favorables.”
“Las corrientes y los planes de los Titanes”, corrigió Hades, mirando directamente a Prometeo, para luego dirigir su vista al mar de estrellas. “¿Estás seguro de que este barco es indetectable? Nunca se sabe qué métodos pueden usar los Titanes, hasta ahora he aprendido que pueden ser muy necios”, terminó de decir con una ligera sonrisa en la comisura de su boca.
Prometeo lo analizó por un momento, pero luego asintió. “Concuerdo en eso, pero sí, el barco es indetectable para la detección divina convencional. El aura del barco puede camuflarse con las corrientes de agua, por lo que apenas parece un susurro perdiéndose entre las vastas corrientes mágicas del Océano”, dijo con un tono seguro y solemne. “Prácticamente no deja ningún rastro energético en el Mar que pueda ser seguido por otros; su avance es tan limpio como el aliento de un alma. Y siempre que sigamos las rutas que he trazado, podemos evitar los puntos que los Titanes suelen vigilar”, Prometeo detuvo su hablar por un momento para luego añadir: “Además, las fuerzas de los Titanes no pueden actuar tan libremente en el Mar, después de todo, es el territorio del titán Océano, quien no está del todo contento con las acciones de Kronos.”
“Es bueno saberlo”, dijo Hades, satisfecho con la respuesta que recibió. “¿Y la isla de Creta? ¿Qué tan segura es realmente?”, insistió Hades. “Hasta ahora solo nos has mencionado una barrera, pero debería tener algún otro medio de defensa, ¿verdad? Después de todo, un lugar que se opone al gobierno de Kronos no puede simplemente depender de un grupo de dioses para mantenerse”, dijo Hades mirando a la pequeña multitud de dioses y seres mágicos reunidos en la embarcación.
“Lo que dices es cierto”, confirmó Prometeo, asintiendo con la cabeza ante lo dicho por Hades. “Pero, la isla de Creta es un lugar antiguo, Hades”, explicó Prometeo, con un murmullo solemne en su voz. “No es tanto una fortaleza en el sentido convencional, sino un santuario bendecido por la mismísima Gaia, una de las fuerzas más antiguas de este mundo, incluso más antigua que los mismos Titanes”, dijo Prometeo con una pequeña sonrisa y un gesto de manos, mientras continuaba su explicación: “La barrera no solo es un muro impenetrable que puede protegernos de los peligros exteriores, sino que también contiene una serie de velos de ilusión y distorsión espacial. Aquellos que no conozcan la ubicación de la isla se perderán en sus aguas circundantes sin siquiera notarlo. Es un lugar donde el propio tejido de la realidad se pliega para proteger a quienes lo habitan.”
“¿Y vuestros aliados?”, preguntó, girándose para por fin aclarar el punto que más lo inquietaba, “porque aunque veo que eres fuerte, dudo que tu fuerza y la de estos dioses sean suficientes para plantarle cara al gobierno de Kronos.” Aunque Hades sabía que en la Titanomaquia se llevó una guerra a gran escala entre los bandos de los Titanes de la primera generación y los dioses Titanes, Hades no tenía muy claro quiénes eran sus aliados en ese momento.
Prometeo sonrió ante esta pregunta. “Bueno, además de mí, está mi hermano Epimeteo, las ninfas primigenias, los espíritus de la naturaleza que se negaron a doblegarse ante la tiranía de los Titanes. También están los dioses que están cansados del trato injusto que reciben de los Titanes, e incluso algunas criaturas míticas que han buscado refugio con nosotros.” Hizo una pausa, su mirada abarcando a los pasajeros del barco. “Es cierto que no son legiones, pero sus números crecen día a día, gracias a la represión de los Titanes. También su conocimiento y su poder en conjunto son valiosos. Y lo más importante, su lealtad es incuestionable, ya que todos buscamos un mismo fin: la caída de un imperio tiránico.”
Hades asimiló la información. Ninfas, espíritus y dioses… No era exactamente lo que él esperaba, pero tener aliados era mejor que no tener ninguno. Y si su lealtad realmente era genuina, eso ya era otro tema. Con las experiencias que había tenido hasta ahora con los dioses, ya sería suficiente con que no lo traicionaran repentinamente; eso ya sería más de lo que podría decir de la mayoría de dioses que había conocido.
“¿Y qué hay de nuestra… madre, Rea?”, dijo Hades con su voz bajando a un tono ligeramente más neutral. “¿También está con ustedes? ¿Y dónde se conocen?”
Prometeo vaciló por un instante al escuchar la pregunta, su mirada se perdió por un momento en el oscuro horizonte. “Rea… ella es el corazón de nuestra causa. Su sufrimiento por la pérdida de sus hijos fue lo que la impulsó a crear nuestra resistencia en contra del gobierno de los Titanes.” Su voz se volvió más suave, casi reverente. “No puede estar con nosotros todo el tiempo, ya que eso atraería la atención no deseada, sobre todo la de Kronos. Ella es quien se mueve entre las sombras, tejiendo alianzas, buscando a los pocos Titanes y dioses que aún dudan de la tiranía de Kronos. Ella es un faro que nos impulsa en nuestra lucha; la fe de todos en ella es inmensa, así como ella tiene fe en ustedes”, Prometeo le dirigió una mirada significativa a Hades.
Aunque Hades pudo sentir que Prometeo no le estaba diciendo toda la verdad respecto a la alianza contra Kronos, todavía escuchó sus palabras con calma y algunos sentimientos encontrados. Por un momento, Hades sintió una chispa de calor en su pecho al escuchar todo lo que su madre hizo por ellos. Aunque era cierto que apenas recordaba su figura, y el hecho de que ella misma lo entregó voluntariamente a Kronos después de nacer, ya no sabía si podía odiarla. Después de todo, aunque cometió muchos errores, sobre todo la estupidez de no darse cuenta de sus horribles actos hasta que tuvo a su sexto hijo, ella todavía estaba buscando la forma de liberarlos… eso le dio bastante en qué pensar.
Cambio de escena.
Mientras la conversación entre Hades y Prometeo continuaba, Hestia se levantó, jaló a Deméter del brazo y caminó hasta estar junto a Hera, susurrando. “Oigan, ¿escucharon lo que dijeron los otros dioses de allá?”, dijo, señalando a un grupo de dioses que conversaban y reían alegremente mientras bebían néctar y compartían anécdotas.
“¿Qué dijeron?”, preguntó Deméter, con la duda en su voz.
“Dijeron que nos llevarían directamente a la isla de Creta”, dijo Hestia en voz baja, con un brillo en los ojos que apenas podía contener.
Hera, siempre pragmática, levantó una ceja. “Sí, ¿y qué hay con eso?”
Hestia la miró por un momento, como si estuviera mirando a una idiota. “¡Cómo que ‘qué hay con eso’!, a lo que me refiero es que ¡finalmente vamos a conocer a nuestra madre!” Hestia alzó la voz en un tono ligeramente emocionado, sin poder contener del todo su entusiasmo.
Aunque Hestia era consciente de que su madre fue la que dejó que Kronos se los comiera, ella realmente no le guardaba un odio profundo. Aunque era cierto que por culpa de ella terminó encerrada en el estómago de su padre, si no hubiera sido por eso, ella posiblemente nunca hubiera conocido a Hades, o a sus demás hermanos. Además, incluso si ella era una chica ruda, seguía siendo la Diosa de la familia. Aunque ella no se dejaba controlar por su divinidad, todavía no podía odiar a su propia madre, por más que quisiera. Sobre todo desde que Hades le explicó la situación de su madre estando en el estómago del titán, todavía no la perdonaba del todo, pero ya no podía odiarla, y sus hermanos sabían que ella hubiera hecho lo mismo en la misma situación.
Deméter asintió, con su rostro ligeramente confundido. “Eso es algo bueno, ¿verdad? Finalmente vamos a ser una familia completa”, añadió con su característico ánimo infantil, con una sonrisa ingenua.
Hestia alzó una ceja ligeramente mientras miraba a Deméter. “Te ves bastante emocionada, ¿no estás enojada? Después de todo, fue ella quien nos entregó a los brazos de Kronos”, preguntó inquisitivamente, queriendo saber lo que su hermana menor pensaba sobre la madre que nunca habían conocido.
“Yo, yo, esto…” La sonrisa de Deméter vaciló visiblemente y su ánimo decayó; no sabía cómo responder a la pregunta de Hestia. La alegría de la reunión familiar se mezclaba con el oscuro recuerdo del miedo y la impotencia.
Pero en el momento oportuno, Hera intervino, con su tono pragmático de siempre. “No importa lo que haya hecho en el pasado; lo que ya pasó no se puede cambiar. Lo que debe importarnos ahora es reunirnos con nuestra madre y unirnos a su resistencia contra nuestro opresivo padre.”
Al oír esto, el rostro de Deméter se puso ligeramente pálido. “¿He-hermana Hera, realmente tenemos que pelear contra los Titanes? ¿No podríamos simplemente pasar de todo eso y buscar otro lugar donde vivir?” Sintió miedo al pensar en las aterradoras auras de los Titanes, y aún más al pensar en enfrentarlos. Ella no era una mujer guerrera como Hestia, ni siquiera se consideraba alguien valiente; ella prefería buscar un lindo lugar donde vivir cómodamente y pasar el resto de sus días con su hermano… ¡quiso decir con sus hermanos! Con todos ellos. Para ella sería terrorífica incluso la idea de que alguno de sus hermanos se enfrentara a ellos y terminara muriendo debido a ello, por lo que se encontraba realmente reacia a participar en dicho conflicto.
Hera, notando su inquietud, no pudo evitar suspirar, y decir unas palabras que, aunque duras, eran la verdad. “Ahora no tenemos más opción. Prácticamente ya estamos metidos en el conflicto desde el momento en que escapamos de Kronos. Él claramente nunca nos dejará vivir libres, e incluso es muy probable que nos mate cuando nos tenga en sus manos.” Hera dejó que sus palabras se asentaran en la mente de sus hermanas, la cruda realidad de su situación.
“Por lo que, nuestra mejor opción es buscar refugio con nuestros potenciales aliados.” Hera alzó la cabeza y miró a los dioses que pasaban mientras se divertían en el barco. Otros, más al fondo, estaban claramente ebrios mientras jugaban a las vencidas sobre una pequeña plataforma de piedra, con un grupo de dioses masculinos a su alrededor animando. Y un grupo de diosas que estaban básicamente pegadas a Poseidón mientras intentaban seducirlo, notándose cómo estas sentían un claro interés en él.
“Aunque, sinceramente, todavía estoy algo escéptica sobre lo efectivos que podrían ser estos ‘aliados’ contra Kronos”, dijo con claro escepticismo, entrecerrando ligeramente sus ojos mientras su mirada se agudizaba. “Pero por ahora son la mejor opción que tenemos para sobrevivir.” Hizo una pausa, su mirada se encontró brevemente con la de Hades, quien aún conversaba a gusto con Prometeo, antes de volver a sus hermanas. “Además”, Hera giró su cabeza ligeramente y le lanzó una leve mirada furtiva a Hades, “no creo que perdamos en esta guerra.”
Varias horas después.
Las horas pasaron y el júbilo en el barco se disipó gradualmente, siendo reemplazado por la tranquila monotonía del viaje. Deméter se había quedado dormida desde hacía varias horas, acurrucada en una manta. Hestia se encontraba jugando con un cubo Rubik de 6×6, completamente concentrada en resolverlo (Hades le había quitado todas sus consolas después del último incidente, una medida preventiva contra futuras “desapariciones” de dulces).
Hera estaba acostada en una manta, mirando las estrellas, perdida en sus pensamientos sobre el futuro incierto. Y Poseidón… bueno, él estaba dormido en una esquina del barco, inmóvil como una piedra en la oscuridad, producto de la borrachera que tuvo con otros dioses.
Y sí, al parecer, los dioses también podían emborracharse, otra cosa que los asemejaba a los humanos, aunque de una forma mucho más ruidosa y destructiva. Por suerte, Hades pudo quitarle su tridente a Poseidón antes de que se pasara de copas, imaginando con horror lo que el dios del mar, en estado de embriaguez, habría hecho con él.
En este momento, Hades se encontraba en la habitación que le había pedido prestada a Prometeo. Era un pequeño camarote, modesto pero funcional, que le ofrecía la privacidad necesaria para sus experimentos.
“Muy bien, veamos qué tienes esta vez”, murmuró Hades para sí mismo. Se encontraba parado, examinando el tridente de Poseidón, el cual giraba lentamente en el aire frente a él, sostenido por una levitación mágica sutil. Al pasar sus dedos por la superficie de cristal azul marino del arma, notó que tenía leves grietas. Al ver esto, Hades frunció ligeramente el ceño.
“¡Tch!” Hades chasqueó la lengua con fastidio. El tridente de Poseidón era un arma poderosa, pero su durabilidad siempre había sido un problema, a pesar de su dureza destacable. No era irrompible, y el uso intensivo, como el que Poseidón le daba, siempre acababa dejando muescas. Luego, con un movimiento fluido, sacó un yunque de su inventario.
Cuando el yunque tocó el suelo de madera, causó que la habitación se sacudiera levemente, un testimonio de su considerable peso. Después, Hades sacó un libro de su inventario. Este libro era de un color morado profundo y tenía un leve resplandor púrpura, vibrando con una energía contenida. Era un ‘hechizo de reparación’ (Mending), traído de su arsenal de Minecraft.
Hades colocó el libro sobre la superficie del yunque y luego colocó el tridente justo al lado, flotando en el aire. Después de esto, Hades sacó un martillo de su inventario y, en un movimiento rápido y preciso, golpeó la superficie del yunque con fuerza.
‘¡Clang!’
Se escuchó el fuerte sonido de metal impactando contra metal, resonando en el pequeño camarote. Y cuando esto sucedió, el libro desapareció repentinamente, dejando solo el tridente. Cuando Hades levantó el tridente y utilizó su habilidad de observación sobre él, pudo ver los cambios que había tenido.
{Tridente}
{Encantamientos: Conductividad, Lealtad III, Reparación.
Conductividad: El objeto encantado con este hechizo tiene la capacidad de canalizar energía eléctrica mediante dicho objeto; si se utiliza durante una tormenta eléctrica, tiene la capacidad de atraer los rayos.
Lealtad III: El objeto encantado con este hechizo tiene la capacidad de regresar a las manos de su portador a una gran velocidad, casi pareciendo que se teletransporta.
Reparación: El objeto encantado con este hechizo tiene la capacidad de autorrepararse, por medio de la recolección de experiencia. Esta se consigue mediante la caza de mobs, minando, cocinando, etc.}
“Hm, hermano, me debes una”, dijo Hades, mirando fijamente el tridente de Poseidón con una leve sonrisa. Esta sería la última vez que lo encantaba para él. En el pasado, ya lo había encantado un par de veces utilizando los libros de Lealtad y Conductividad, convirtiendo el tridente de su hermano en un arma bastante versátil para la batalla.
El único problema que tenía el tridente era precisamente su durabilidad. A pesar de ser un arma bastante buena, con una dureza destacable, no era irrompible. Después de cierto tiempo de uso intensivo, se empezaba a desgastar, como lo demostraban las grietas en la superficie de cristal marino. Después de todo, no existía ningún arma en Minecraft que fuera irrompible, bueno, excepto quizás las de Netherita. Por eso, Hades a menudo había tenido que reforzar el tridente utilizando el yunque y un tridente nuevo, así evitando que este se rompiera.
Pero ahora no sería necesario, ya que Hades acababa de utilizar un libro con el hechizo Reparación. Esto le permitiría al tridente recuperar su dureza a medida que Poseidón realizara acciones que el tridente detectara como “ganar experiencia”. Con tan solo salir al mar y matar algunos peces, o incluso al blandirlo en combate, el tridente se curaría solo. Lo único malo era que era el único libro con ese hechizo que tenía Hades; él lo estaba planeando guardar para cuando consiguiera un arco con encantamiento de llamas, algo mucho más adecuado para su propio arsenal.
No había que subestimar el encantamiento de Reparación; era una joya de la tecnología mágica, ya que podía aplicarse a cualquier objeto que fuera identificado como un arma. La única razón por la que Hades decidió utilizarlo ahora era porque, probablemente, Poseidón lo iba a necesitar más adelante, si se unían a la Titanomaquia.
Aunque Hades estaba algo reacio a participar en un conflicto tan monumental, él sabía que su participación era inevitable. La relación entre él y Kronos era insalvable; era más que seguro el hecho de que se matarían uno al otro en el futuro. Así que lo mejor que podía hacer por ahora era prepararse a sí mismo y a sus hermanos para cuando llegara el momento. Incluso estaba pensando en que si conseguía un encantamiento de Irrompibilidad en el gacha en el futuro, lo utilizaría directamente en el tridente de su hermano, a ver si finalmente dejaba de desgastarlo. Ya que, una vez que el tridente se rompiera por completo, no tendría forma de volver a repararlo. Sí, era extraño, pero el material del que estaba hecho seguía las reglas de Minecraft, y una vez un arma se rompía del todo, incluso si sus partes eran reforjadas, no podía volver a unirse.
Después de revisar el arma por unos momentos, finalmente asintió y convocó una sombra. Le dio el tridente para que lo dejara junto al cuerpo dormido de Poseidón, asegurándose de que su hermano lo encontrara a salvo al despertar.
Después de eso, Hades sacó otro artículo de su inventario. Era un pequeño jarrón de cerámica blanco, con decoraciones en oro y pequeñas gemas de color azul, con cuatro asas que servían para sostener el cuerpo de la botella, y en la parte superior del jarrón, un corcho chapado en oro. Esta era, el ‘Jarrón del Agua Súper Sagrada’.
{Agua Súper Sagrada” (o Ultra Divina) – Dragón Ball}
{Descripción: Es una sustancia mística que, al ser bebida, tiene la capacidad de despertar el poder oculto de quien la consume. Sin embargo, no es tan simple como parece, ya que es un líquido extremadamente peligroso; sus características son:
Es un veneno potente: En realidad, el Agua Súper Sagrada es un veneno muy fuerte. La persona que la bebe experimenta un dolor intenso y la mayoría muere al intentarlo. Solo aquellos que poseen una gran fuerza espiritual y vital pueden sobrevivir al proceso.
Desata el potencial: Si el individuo logra soportar el tormento, sus habilidades latentes y su poder general se incrementan drásticamente.
No es para todos: Si alguien ya ha alcanzado su máximo potencial a través del entrenamiento, el Agua Súper Sagrada no tendrá ningún efecto en ellos.}
{Nota del sistema: Es importante diferenciarla del “Agua Sagrada” que el Maestro Karin les da a los guerreros para entrenar. Esa “Agua Sagrada” es, en realidad, agua común.}
Hades había estado guardando este objeto en específico para cuando su crecimiento se hubiera topado con una barrera. Si bien era cierto que Hades tenía la capacidad de crecer infinitamente, esta característica suya tenía una grave limitante: su fuerza, aunque podía crecer por medio del entrenamiento, a medida que se hiciera más fuerte, su cuerpo necesitaría requisitos de entrenamiento más elevados y extremos para aumentar su fuerza de manera eficaz. Por lo que, a este punto, a menos que consiguiera una cámara de entrenamiento de gravedad, sus métodos de entrenamiento convencional ya no le servían de mucho. Por supuesto, Hades sabía que todavía era un Dios joven, ni siquiera tenía medio siglo de vida y aún no alcanzaba su límite máximo de crecimiento, pero también podía sentir que estaba cerca de alcanzar ese punto. Y con su evento canónico estando a la vuelta de la esquina (es decir, la Titanomaquia), necesitaría cada gramo de poder que pudiera ganar. Así que había tomado la decisión de utilizar los artículos del sistema que pudieran aumentar su poder, y el primero que utilizaría sería el Agua Súper Divina.
Hades, con un movimiento fluido, quitó el corcho del jarrón y rápidamente se lo llevó a la boca.
‘¡Tragar!’ ‘¡Tragar!’
Hades siguió bebiendo el Agua Súper Sagrada hasta dejar vacío el pequeño jarrón. Repentinamente, Hades dejó caer el jarrón al suelo, el cual se rompió en pedazos al chocar fuertemente contra el piso de madera, su mente ya enfocada en lo que venía.
Su cuerpo se encogió debido a un repentino dolor que asaltó todo su ser sin previo aviso. Hades podía sentir cómo todo su organismo gritaba de dolor, mientras sus músculos se expandían como si tuvieran hinchazón y sus venas palpitaban visiblemente a través de su piel, marcando un patrón verdoso sobre su tez pálida. Una presión brutal se apoderó de su cabeza, como si su cerebro estuviera siendo estrujado por una mano invisible. Sentía náuseas, un mareo tan intenso que apenas podía mantenerse en pie, y un calor abrasador que se extendía desde su estómago hasta cada extremidad.
“¡Mierda!”, exclamó Hades, su voz ronca y entrecortada, reconociendo que los efectos que su cuerpo estaba sufriendo deberían ser a consecuencia del veneno que contenía el Agua Súper Sagrada.
“¡Ja, jajaja!”
Pero Hades no estaba asustado ni enojado por su precaria situación. Al contrario, este parecía estar feliz por la extraña situación por la que parecía estar pasando su cuerpo. A pesar de estar siendo afectado por el veneno, sintiendo dolor de cabeza, mareos e incluso ganas de vomitar, podía sentir cómo su cuerpo poco a poco se estaba volviendo más fuerte. Y no solo eso, podía sentir cómo su fuerza vital iba creciendo a un ritmo constante, causando que su energía psíquica se descontrolara por un instante, irradiando desde él como un pulso invisible.
Una onda de energía invisible se expandió desde el cuerpo de Hades, causando que todos los objetos en la habitación fueran envueltos en un leve brillo verde, vibrando con una energía anómala. Esto hizo que se sacudieran e incluso algunos empezaran a flotar levemente en el aire, otros directamente fueron aplastados por una fuerza invisible. La pequeña habitación gemía bajo la presión, la madera crujía peligrosamente.
Esto continuó por más de media hora, un tormento sostenido que ponía a prueba cada fibra de su ser, hasta que Hades finalmente pudo sentir que el veneno desaparecía de su cuerpo, dejando tras de sí un residuo de agotamiento, pero también una sensación de ligereza y poder. Cuando Hades se levantó, temblando ligeramente, miró a su alrededor y pudo ver el desastre que había hecho. Afortunadamente, Hades contuvo sus poderes lo más que pudo, y las consecuencias no se extendieron fuera de la habitación, por lo que nadie se dio cuenta de lo que había pasado. De no haberlo hecho, posiblemente el barco hubiera sido aplastado bajo el peso de sus ondas psíquicas descontroladas.
Al abrir su sistema, rápidamente verificó su información de estado.
[Estado]
{Nombre: Hades}
{Dios del Inframundo – Dios del Agua}
{Nivel de potencia: {33.312} – {37.414}
{STR: 950} + {650} – {1.600}
{DES: 878} + {522 – {1.400}
{VIT: 1.990} + {1.010} – {3.000}
{MAG: 16.652} + {3.300} – {19.952}
{CHA: 44} + {1} – {45}
{KRA: 82.200} + {8.000} – {90.200}
{Puntos: 27}
Hades apretó su puño con fuerza, causando que el aire se sacudiera visiblemente a su alrededor, una manifestación involuntaria de su poder recién aumentado. Esbozó una sonrisa ante esto; ahora su fuerza era al menos un 50% mayor de lo que era antes, lo cual le había traído una mejora significativa en todas sus estadísticas físicas y energéticas.
Eso sin contar la mejora en su capacidad de percepción y velocidad de pensamiento; incluso su magia y Chakra habían mejorado visiblemente, siendo mucho más densos y fáciles de manipular. No había que tomar los bajos números de aumento en algunas categorías como si no fueran nada. Debido a las enormes reservas de magia y Chakra de Hades, incluso un aumento del 5% ya era una mejora significativa que se traduciría en mayor potencia y menor costo de energía para sus habilidades.
“Bien, esto es excelente, pero será mejor que me acostumbre primero a mi nueva fuerza.” Al momento siguiente, Hades se sentó en el suelo en posición de loto y empezó a canalizar su energía mágica y Chakra, que se habían desbalanceado un poco después del repentino crecimiento de sus reservas. Tenía que acostumbrarse a su nueva fuerza y regular su energía para evitar más incidentes.
Lo primero que notó fue que, aunque su energía mágica no creció en un porcentaje tan alto como sus atributos físicos, ahora le era más fácil de controlar. Incluso sintió su núcleo divino, una esfera de poder en su pecho, y se dio cuenta de que ahora podía movilizar su poder sobre los conceptos de las sombras, la muerte y el agua con mayor facilidad y fluidez. Como si no solo su “tanque” de energía hubiera crecido, sino que el “canal” por el que la energía fluía en su cuerpo también lo hizo, ensanchándose y permitiendo un flujo más potente y refinado.
Hades extendió su mano hacia adelante con la palma abierta apuntando hacia arriba, y luego canalizó energía divina hacia sus dedos. ‘¡Chispa!’ En la punta de sus dedos emergió una pequeña llama de color morado oscuro, casi negro, vibrando con el poder del inframundo. Y pronto, con el control preciso de Hades, esta llama se estiró y moldeó hasta formar unas palabras hechas completamente de fuego en el aire, que flotaban con una tenue luminiscencia. El texto que flotaba frente a Hades decía: ᾍδης (Aīdēs), que significa Hades en el idioma griego. O al menos, Hades creía que era griego; después de todo, ese era el idioma que su cerebro tenía instalado de fábrica; nunca lo aprendió, pero lo conocía desde que tenía conciencia.
Ahora podía controlar su energía de mejor manera, apenas haciendo un esfuerzo consciente; ya ni siquiera necesitaba concentrarse de manera activa para manipular sus llamas. Esto era un avance notable en su maestría.
Hades extendió la otra mano y un aura de muerte y decadencia empezó a manifestarse desde la palma de su mano en la forma de una niebla negra y gélida, cargada con el peso del final.
Hades hizo que la niebla flotara hacia un tazón de fruta que estaba sobre una mesa en una esquina de la habitación e hizo que la niebla lo envolviera completamente, manteniéndolo suspendido dentro de la densa oscuridad. Después, la niebla flotó de regreso hasta la mano de Hades, para después disiparse lentamente. Cuando la niebla se disipó, solo quedó el tazón con frutas, las cuales estaban intactas, luciendo tan frescas como antes.
“Jeje, bastante mejor que antes”, musitó Hades con una sonrisa de satisfacción. Esta era una mejora considerable en comparación con el control que tenía antes sobre su poder de la muerte. Si fuera antes, la fruta en el tazón se habría podrido instantáneamente al entrar en contacto con su energía divina decadente, a menos que hubiera utilizado su divinidad sobre el agua para aislar la fruta, evitando que entrara en contacto con la niebla de muerte. Y lo mejor era que el gasto de energía que esto costaba no solo no era mayor, sino que incluso se sentía más “fluido y suave”, por así decirlo. Ese era el beneficio de tener un cuerpo más fuerte; ahora podía soportar un uso más intenso de su energía sin agotar sus reservas tan rápidamente.
“Muy bien, probemos otra cosa.” Hades disipó directamente la llama que flotaba en el aire. Luego, sonrió levemente y abrió ambas palmas. En una mano surgió una energía oscura e impura, densa y ominosa, y en la otra, una energía limpia y sagrada, brillante y purificadora.
Estos eran los dos aspectos fundamentales de su divinidad: una representaba la oscuridad y la muerte, el fin de todo, y la otra parte representaba el agua y la purificación, la vida y la limpieza. Hades acercó sus manos una hacia la otra, intentando mezclar estas energías claramente opuestas. Al inicio, ambas energías se negaban a mezclarse, repeliéndose una a la otra e intentando devorarse entre sí con chispazos de poder. La habitación vibraba con la tensión de las dos fuerzas enfrentadas.
Pero aún así, Hades siguió intentando mezclar estas energías, con paciencia y una concentración férrea. Pasada una hora de intentos constantes, calibrando el volumen, la densidad y la proporción de cada energía, finalmente Hades había logrado encontrar el punto de equilibrio necesario para enlazar ambas divinidades en una síntesis armónica.
“¡Maravilloso!”, exclamó, es todo lo que pudo decir al mirar la pequeña esfera de energía grisácea que flotaba entre las palmas de sus manos. No era blanco ni negro, sino un gris neutro, que pulsaba con una extraña sensación de finalidad y comienzo.
[¡Felicidades al anfitrión por crear una nueva habilidad!]
{Habilidad: ¿?}
{Descripción: Cuando la energía Divina de la muerte y la energía Divina de la purificación se mezclan, ocurre una transformación profunda. La energía de la muerte termina con lo viejo o impuro, y la de purificación lo limpia completamente, dejando espacio para un nuevo comienzo o un estado más puro.}
[Capacidades:]
{Eliminación Radical: Puede destruir y purificar completamente cosas como maldiciones, plagas o energías negativas arraigadas, asegurando que no quede ningún rastro.}
{Renacimiento y Renovación: Facilita la reencarnación o el renacimiento de almas o situaciones, limpiando lo viejo para permitir un comienzo más puro y sin cargas.}
{Justicia o Juicio: Puede actuar como una forma de justicia divina, aniquilando la corrupción o el mal de raíz para restaurar el equilibrio.}
{Sanación Profunda: A nivel espiritual, puede inducir una transformación interna donde viejos patrones negativos mueren y son purificados, llevando a un ser más elevado y liberado.}
{En resumen: Esta combinación es una fuerza para el cambio definitivo, borrando lo negativo y sentando las bases para lo puro y nuevo.}
“Esto es inesperado, pero no es algo malo. Sistema, ¿qué capacidades tiene esta nueva habilidad?”, preguntó Hades, sus ojos fijos en la descripción.
[Respondiendo a las preguntas del anfitrión, las limitaciones de ¿?, son:]
{Requerimiento de Energía Divina Sustancial: Para lograr una transformación tan radical (muerte y renacimiento/purificación), la habilidad consume una cantidad inmensa de energía divina. No es algo que se pueda usar a la ligera o con frecuencia sin agotar la fuente de poder mágico del usuario.}
{Dificultad de Control y Precisión: Esta habilidad, al ser una fuerza tan absoluta (el fin de algo y la creación de algo nuevo y puro), controlarla con precisión quirúrgica puede llegar a ser extremadamente difícil. Un error podría resultar en la eliminación total de algo deseable o en una purificación excesiva que altere la esencia de lo que se intenta preservar.}
{Irreversibilidad: Una vez que la “muerte” y la purificación se han completado, el proceso es muy probablemente irreversible. Lo que fue transformado no puede volver a su estado anterior. No hay “deshacer” cuando se trata de la eliminación total de un estado y la creación de uno nuevo.}
{No Puede Crear de la Nada Absoluta: Si bien puede transformar y purificar, no parece tener la capacidad de crear algo de la nada absoluta. Necesita una base, un objeto o un concepto sobre el cual actuar para “matar” su estado actual y “purificarlo” en algo nuevo.}
{Posibles Ramificaciones Éticas y Existenciales: El poder de decidir qué “muere” y qué “renace” puro conlleva inmensas responsabilidades éticas. ¿Quién determina qué es “impuro” y debe ser erradicado? ¿Qué pasa con la libre voluntad o la evolución natural si todo puede ser purificado a la fuerza?}
{Límites de la Fuente Divina: La naturaleza y los límites exactos de la habilidad también dependerían de la deidad o entidad divina que la otorga o la utiliza. Las intenciones, los dominios y la “moral” de esa entidad podrían influir en cómo se manifiesta y qué limitaciones inherentes tiene, y pueden desencadenar cambios inesperados en aquello que se quiere “rehacer”.}
Hades se frotó la cabeza con un rostro complicado. Esta habilidad tenía más implicaciones de las que pensaba, tanto en poder como en responsabilidad.
[¿Cómo desea nombrar el anfitrión a esta habilidad?]
Hades parpadeó. “¿Nombrar? Hmm, ¿qué nombre podría ponerle?”, se llevó una mano al mentón, su mente ya buscando la palabra perfecta. “¿’Muerte y Purificación’?, no, es demasiado sencillo”. Se levantó del suelo y empezó a caminar por la habitación, sus pasos resonando suavemente. “Ah, ¡’Aniquilación Pura’!, no, es demasiado pretencioso. Quizás algo más simple, ¿’Limpieza Absoluta’?, no, tampoco suena bien.”
Hades siguió en su estado de meditación, lanzando cualquier nombre que se le ocurriera, descartándolos tan rápido como los pensaba. Quería algo que encapsulara la esencia de su nuevo poder, la dualidad de la destrucción para la creación, el fin y el nuevo comienzo. Hasta que finalmente encontró uno que le gustaba.
“¡Ya sé!”, dijo, golpeando su puño contra la palma de su mano con una exclamación repentina. “¡Sistema, esta habilidad se llamará ‘Vacío Púrpura’!”
Era simple, pero memorable, y la combinación de “vacío” (sugiriendo la eliminación, el fin y la nada que precede a la creación) con “púrpura” (evocando transformación, misterio, divinidad y la mezcla de oscuridad y luz) encapsulaba perfectamente la esencia de una habilidad que aniquilaba para purificar y dar paso a algo nuevo.
[Entiendo. A partir de ahora, la habilidad quedará registrada como ‘Vacío Púrpura’ en el registro del sistema.]
Hades soltó una pequeña risita ante esto, sintiendo una punzada de orgullo por su creación.
“Muy bien, entonces sigamos practicando”, dijo con determinación, con la mirada fija en sus manos. Estaba dispuesto a averiguar hasta qué límites podría llegar con esta nueva habilidad después de entrenarla; estaba ansioso por dominarla por completo.
A la madrugada de ese mismo día.
Hades se encontraba sentado de rodillas, con los ojos cerrados en profunda concentración, mientras que en sus manos sostenía un cubo de plástico. Bajo su control, el cubo fue envuelto en una energía gris pulsante, el Vacío Púrpura. Esta energía lo consumió, transformándolo. Y pronto, en lugar de un cubo de plástico barato, se encontraba un cubo de metal, perfectamente pulido y sin imperfecciones, con un brillo mate que parecía absorber la poca luz del camarote.
Hades había estado trabajando incansablemente en distintas aplicaciones para su “Vacío Púrpura”. Había descubierto que si combinaba su capacidad para manipular la materia y los elementos mediante el Chakra durante el proceso de reestructuración de un objeto, podía alterar directamente su composición. Así, lograba cambiar el material del que estaba hecho el objeto, pero manteniendo la configuración y la forma original. Por ahora, solo había logrado hacerlo con objetos pequeños y solo podía cambiar materiales simples como el plástico, el acero, la piedra y la madera. Todavía no sabía cómo alterar materiales orgánicos, aunque en teoría, como portador del Rinnegan, debería ser capaz de aprender a hacerlo en algún momento. Pero estaba seguro de que si lograba dominar más esta habilidad, no tardaría mucho en poder aplicarla a objetos más grandes, o incluso cambiar objetos con propiedades mágicas; eso todavía estaba pendiente, un ambicioso objetivo en su mente.
‘¡Tocar!’ Se escuchó un golpe suave en la pared de afuera, junto a la puerta (que en realidad solo era una cortina de madera que separaba el camarote del pasillo).
Hades escuchó el toque y, con un suspiro, dijo: “Pase”.
Quien entró fue uno de los dioses menores que mantenían el barco en funcionamiento. El dios, un joven de aspecto cansado pero respetuoso, hizo una reverencia apresurada.
“Lord Hades”, dijo, su voz un poco somnolienta. “Vine para avisarle que estamos por llegar a nuestro destino.” El dios lanzó una mirada curiosa a la habitación, notando el yunque y el martillo sobre el suelo, antes de volver su atención a Hades, quien se había levantado.
“Entiendo, saldré enseguida”, Hades se estiró, haciendo crujir sus músculos con un alivio perceptible después de horas de meditación y experimentación. “Gracias por el aviso.”
El dios menor le dedicó una mirada extraña, quizás notando la intensidad en los ojos de Hades o la repentina energía que desprendía, pero no dijo nada. Luego, procedió a salir de la habitación, tirando de la cortina de madera tras de sí.
“Bueno, hora de ver qué es lo que nos depara”, Hades respiró hondo, un gesto de expectación. Pero al hacerlo, frunció el ceño. Su cuerpo olía terrible; el sudor del entrenamiento intensivo y el esfuerzo mágico se habían acumulado. “Pero primero necesito bañarme, huelo del asco.”
Rápidamente, Hades se quitó la ropa con un gesto despreocupado, ya acostumbrado a la eficiencia. Luego, convocó una esfera de agua pura usando Chakra y sumergió su cuerpo en el líquido cristalino. Después de un rápido pero efectivo aseo, disipó el agua en una densa niebla que dejó un poco mojado el piso con un movimiento de su mano, y procedió a secar su cuerpo con una toalla que sacó de su inventario.
Luego, sacó varias prendas nuevas de su inventario. Se puso unas zapatillas cómodas, luego se colocó un pantalón de sudadera largo de color oscuro y una camisa negra suelta con el texto “I LOVE” y una rebanada de pizza estampada en ella. Podría parecer ridículo para los estándares divinos, pero esa ropa era realmente cómoda, y Hades valoraba la comodidad por encima de cualquier pretensión de divinidad.
Hades ya había subido nuevamente a la cubierta del barco, el aire fresco de la mañana reemplazando el ambiente cargado de su camarote. Caminó hasta la parte de la proa para encontrar a sus hermanos.
“¡Hermano!”, Deméter, alegre como siempre, fue la primera en saludar a Hades. Se abalanzó hacia él en un caluroso abrazo, que Hades correspondió con gusto, sintiendo el calor familiar del cuerpo de Demeter.
Después, Deméter tomó a Hades del brazo, jalándolo con una fuerza sorprendente para su tamaño hacia la parte delantera del barco, donde se encontraban sus demás hermanos.
“¡Ven a ver, Hades, mira, mira!”, Deméter parecía estar un poco demasiado emocionada, saltando de un pie a otro.
Hades solo pudo soltar una sonrisa impotente, divertida, para dejar que su hermana lo jalara sin importarle su imagen ante las demás personas en el barco, quienes, como siempre, observaban con curiosidad.
“Hermano, qué bueno que ya estás despierto”, la primera en saludarlo con palabras fue Hestia, la cual estaba inclinada de puntillas sobre la barandilla del barco, con la mirada fija en el horizonte.
“Hades”, saludó Poseidón, pareciendo tan sereno como siempre. Pero si lo veías bien, podías notar que su rostro estaba ligeramente pálido y su aliento todavía olía a néctar de ambrosía, confirmando la resaca de la noche anterior.
“Hmm”, Hera simplemente le dedicó una mirada junto con un asentimiento, su expresión impasible, para volver su mirada al frente, concentrada en el espectáculo que se avecinaba.
Hades se apoyó en el barandal para mirar al frente, y entonces fue recibido con una vista espectacular. En el horizonte, frente a él, se podía distinguir la silueta imponente de una gigantesca isla. Este era su destino: Creta.
A medida que el barco se acercaba más, pudo ver la isla que ofrecía contrastes espectaculares, con costas y playas diversas, teniendo más de 1000 km de litoral. Se podía ver que Creta tenía una gran variedad de playas que se podían apreciar, desde las lagunas de aguas turquesas y poco profundas como Balos o Elafonissi (con su arena rosada), hasta calas solitarias y playas de guijarros ocultas. Más adentro de la isla, se podían ver las siluetas de altas e imponentes montañas, con una vasta cordillera que la cruzaba de oeste a este. Se podían distinguir tres grupos montañosos principales: las Montañas Blancas (Lefka Ori) al oeste, la cordillera Idi (Psiloritis) en el centro (donde se encontraba el Monte Ida, el punto más alto, majestuoso y cubierto por una ligera neblina matinal), y las Montañas Dikti al este. Algunos de los picos de estas montañas, incluso en esta época, estaban pintados de blanco debido a la nieve residual del invierno y presentaban paisajes rocosos y áridos, pero también zonas fértiles y boscosas, teniendo numerosas gargantas y cuevas (como la famosa cueva donde, según la leyenda, nació Zeus).
“Hermoso”, fue todo lo que pudo decir Hades al admirar el paisaje, un suspiro de admiración escapando de sus labios. Tenía que admitir que las historias sobre la isla Creta que él recordaba no le hacían justicia a la vista que tenía enfrente; la realidad superaba con creces cualquier descripción.
El barco siguió acercándose a la isla y, cuando cruzaron lo que parecía ser una barrera natural de corales que separaba el mar de la isla, Hades sintió algo extraño, una leve punzada en su percepción que no era natural. Rápidamente activó su Rinnegan y entonces lo vio: vio cómo el barco atravesaba una especie de membrana de energía invisible que parecía rodear toda la isla, separándola sutilmente del mundo exterior. No era un muro físico, sino una distorsión en el espacio mismo.
“Esta debería ser la protección de la que hablaba Prometeo”, se dijo a sí mismo, desactivando su Rinnegan. Hades estaba bastante interesado en la barrera que parecía envolver la isla como un manto invisible, sobre todo porque no la notó hasta que su cuerpo estuvo muy cerca de ella; su naturaleza de Rinnegan era la única razón por la cual pudo percibirla, y eso era un testimonio de su sofisticación.
Al llegar a la costa, un grupo de dioses se lanzó desde los costados del barco, sus cuerpos cayeron pisando las aguas poco profundas con salpicaduras alegres. Luego, empezaron a jalar el barco con unas cuerdas gruesas hasta que este estuvo firmemente atracado en la playa, la quilla hundiéndose ligeramente en la arena húmeda.
Prometeo se acercó en ese momento, llamando a los hermanos y pidiendo que lo siguieran. En ese momento, Hestia, Deméter, Poseidón, Hera y Hades empezaron a seguir los pasos de Prometeo. El grupo bajó del barco utilizando una rampa de madera que el personal había desplegado para su cómodo descenso hasta el suelo firme.
Hades no pudo evitar sonreír e inhalar el aire salado de la playa, sintiendo la brisa fresca en su rostro. Sus ojos recorrieron la extensión de árboles que se alzaba hacia el interior de la isla, el verde prometedor de la vegetación contrastando con el azul del mar.
“Por favor, síganme y no se separen; los llevaré a reunirse directamente con su madre”, dijo Prometeo con su voz resonante.
Prometeo se dio la vuelta y empezó a caminar en dirección a un pequeño sendero que se adentraba en el bosque, hacia una dirección desconocida para los recién llegados. Hades estaba a punto de seguirlo cuando notó que ninguno de sus hermanos se movía.
“¿Qué pasa? ¿Por qué nadie camina?”, preguntó Hades con curiosidad, una ceja alzada.
“Bueno, tos, creo que el hermano mayor debería liderar el camino”, dijo Poseidón, desviando la mirada con una incomodidad apenas disimulada, rascándose la nuca.
“Adelante, puedes liderar el camino”, dijo Hera con simpleza, su rostro impasible, como si lo que dijo fuera lo más lógico y natural del mundo.
Deméter no dijo nada, pero tampoco dio el primer paso, y simplemente ofreció una sonrisa de disculpa, sus ojos expresando una mezcla de inocencia y astucia.
“¿Por qué están tan cautelosos? No es como si esto pudiera ser una trampa, ¿o es que desconfían de Prometeo?”, dijo Hades, alzando una ceja y sonriendo divertido, intuyendo el juego de sus hermanos.
Poseidón rápidamente intervino, recuperando la compostura. “No es que desconfiemos de las intenciones de Prometeo; hasta ahora ha demostrado ser bastante fiable con sus intenciones… pero…”, Poseidón se rascó la cabeza sin saber cómo expresar su intención sin que pareciera que estaba acusando a la persona que claramente los estaba ayudando a reunirse con su madre.
“Pero siempre es mejor ser cauteloso”, al ver que Poseidón se había estancado, Hera intervino con su semblante siempre serio, pero con un matiz de sabiduría en su voz. “A veces es mejor no confiar demasiado en alguien que está decidido a dar algo sin recibir nada a cambio. Aunque Prometeo parece ser auténtico, no sabemos qué intenciones tiene él o las personas con las que nos reuniremos, ni siquiera sabemos si realmente nuestra madre está en esta isla.” Hera tenía un rastro de cautela en su tono de voz, y luego se giró para mirar a Hades con una mirada penetrante. “Por eso, como el más fuerte de nosotros, creo que lo mejor sería que tú tomaras la delantera en caso de que suceda algo inesperado.”
Hades parpadeó. Bueno, estaba confirmado; al parecer, ninguno de sus hermanos confiaba del todo en Prometeo, o al menos, eran extremadamente precavidos. Aunque Hades estaba más inclinado a creer que Hera, siempre tan analítica y precavida, había convencido a los otros de esta idea. Después de todo, Hades no estuvo con ellos la mayor parte de la noche para ser parte de la conversación donde se gestó este plan.
‘Básicamente soy el caballo de guerra’, no pudo evitar tener ese pensamiento, una resignación divertida, al ver claramente la intención de sus hermanos.
En ese momento, la pequeña Hestia dio un salto al frente para agregar con picardía: “Sí, en caso de que sea una trampa, tú serás nuestro tanque. ¡No por nada eres nuestro MVP (Mejor Jugador)!”, dijo, cubriéndose la boca con una expresión divertida y cómplice. Ella sinceramente no creía que Prometeo los estuviera engañando, pero nunca estaba de más ser precavido, y la oportunidad de molestar a Hades era demasiado buena para dejarla pasar.
Ante sus palabras, Hades puso su expresión en blanco, no dijo nada y simplemente avanzó, cruzando el camino por el que avanzó Prometeo. Dejando de lado la burla descarada de Hestia, él sabía bien que Prometeo no les estaba mintiendo. Gracias a su vago conocimiento sobre la mitología, sabía que Prometeo de hecho era uno de los aliados clave que ayudó a los olímpicos a lograr su victoria contra los Titanes, pero como no tenía forma de explicarlo sin revelar demasiado, prefería no decir nada y simplemente seguir el juego.
A medida que el grupo se sumergía más en el denso bosque, Hades pudo notar que, a pesar de su orografía montañosa, la isla también contaba con extensas llanuras, incluyendo zonas agrícolas con diversos cultivos, como los olivos y otros tipos de plantas que no pudo reconocer, pero que se veían exuberantes y bien cuidados. De toda la familia, Deméter siempre era la principal interesada cuando se trataba de estos temas. Cuando pasaban por las zonas de cultivo, parecía una niña en un centro comercial, mirando todo lo que el campo le podía ofrecer con ojos brillantes y una avidez infantil.
También se pudo apreciar una cantidad considerable de flora, estando la flora típica del Mediterráneo, como cipreses, castaños, enebros y muchas plantas aromáticas como salvia, tomillo y orégano, cuyo aroma impregnaba el aire. A simple vista, se notaba que esta Isla no solo era más grande, sino también mucho más diversa y vibrante que la isla donde solían vivir anteriormente.
Y eso no era todo. Gracias a sus habilidades de detección a gran escala, Hades pudo sentir múltiples presencias, algunas dispersas por toda la isla, pero la mayoría se concentraban en un solo lugar, el mismo lugar al que Prometeo se dirigía. Eran auras divinas, algunas fuertes, otras débiles, y muchas otras que no eran divinas pero que emanaban una energía vital inusual.
No pasó mucho tiempo hasta que el grupo llegó a la parte baja de una cadena de montañas. En ese lugar, Prometeo ya los estaba esperando, su figura destacándose contra la ladera rocosa.
“Bueno, ya se habían tardado, y yo que pensaba que tendría que volver para recogerlos”, dijo Prometeo con humor, una sonrisa en su rostro.
“Disculpa, solo nos entretuvimos un poco con el paisaje”, dijo Hades en tono de disculpa, aunque su mirada se desvió un instante hacia Deméter, quien aún observaba las plantas con fascinación. Pero al oír esto, Prometeo le dedicó una mirada extraña, como si estuviera mirando a un alienígena, una mezcla de sorpresa y curiosidad. Pero no duró mucho antes de que volviera a sonreír.
“Bueno, en ese caso, espero que hayan disfrutado de la vista; no es exagerado de mi parte decir que Creta es uno de los lugares más hermosos para visitar en toda Grecia”, el orgullo en su voz era evidente, y Hades tenía que estar de acuerdo con lo que dijo.
“Sin duda es un lugar bastante único”, dijo Hera en reconocimiento, su tono serio, pero con un matiz de aprecio.
“Sí, tienen todo tipo de plantas que no había visto antes”, añadió Deméter con un tono emocionado, tanto que Hades estaba seguro de que si tuviera la oportunidad, Deméter habría corrido de vuelta hacia el área donde estaban los cultivos, para estudiarlos y quizás, incluso, cultivarlos. Sí, así de intensa se podía poner cuando había nuevas plantas que ella podía estudiar y cultivar.
El grupo de dioses y el titán subieron la montaña por un estrecho camino rocoso y árido, que serpenteaba entre peñascos. Finalmente, llegaron a una zona donde el paisaje se deformaba para formar una meseta conectada con varias montañas circundantes. En esta meseta, había numerosas gargantas y cuevas cavadas en la ladera de la montaña. Estas estaban divididas en tres zonas principales, cada una con tres enormes agujeros cavados en la montaña, que servían como entradas a cavernas más grandes.
Al acercarse, Hades pudo ver múltiples figuras a la distancia, el asentamiento de los aliados de Rea. Eran hermosas mujeres de piel clara y apariencia suave, las Ninfas primigenias, irradiando una conexión palpable con la naturaleza. Otros eran hombres robustos vestidos con quitones, algunos eran dioses menores, otros tenían un aura no menos fuerte, pero carecían de divinidad, aparentemente humanos de la Era Dorada, poderosos guerreros y líderes. Y los que más llamaron la atención de Hades eran aquellos que poseían rasgos animales, ya fueran orejas de lobo, patas de cabra en vez de piernas, o alas en los brazos y garras de aves en vez de pies, criaturas míticas que habían encontrado refugio allí. También una figura que llamó especialmente la atención de Hades: en la cámara más grande, en medio de las tres montañas, parado sobre un marco de piedra, había una cabra de piel blanca y una majestuosa cornamenta. Pero lo que llamó la atención de Hades no solo era el hecho de que la cabra medía casi tres metros, sino que la cabra que posaba ante la luz del sol parecía estar… ¿brillando? No la juzgó; en este mundo de magia y eras sobrenaturales, cualquier cosa que a él le pareciera rara podría resultar ser normal desde una perspectiva general.
Cuando su pequeño grupo cruzó por el asentamiento, no pudieron evitar llamar la atención de las personas que había a su alrededor. Todos parecían mirar a Hades y sus hermanos como si fueran la gran novedad del siglo. Hades no pudo evitar soltar una ligera sonrisa incómoda; a este paso, se crearía una nueva tendencia en la moda en Grecia, que muy probablemente sería creada por él y sus hermanos.
Pero no solo era eso. Hades no era consciente de que su presencia y la de sus hermanos habían llamado la atención más allá de sus peculiares prendas. Lo que realmente había llamado la atención de las personas a su alrededor fueron dos cosas: la belleza conjunta que irradiaban los hermanos, junto con la presión que emanaban de sus cuerpos debido a la liberación pasiva de su aura divina. Durante el tiempo que los hermanos habían estado en libertad, no solo recuperaron la conexión con sus dominios divinos, sino que también su fuerza había estado aumentando constantemente. Hestia y Poseidón se estaban cerca de tener 9.000 unidades de potencia, mientras que Deméter y Hera tenían 5.000 y 6.500 respectivamente. Esto se debía principalmente a que, a diferencia de los dos anteriores, ellos no entrenaban de forma intensiva, pero igualmente su poder mágico y dominio sobre sus divinidades crecía con cada día que pasaba, simplemente por existir y respirar el aire de su era.
Y por el lado de la belleza, pues Hades nunca fue realmente consciente de esto, ya que a sus ojos, él y sus hermanos eran personas con una belleza por encima del promedio, nada más lejos de la realidad. En el mundo sobrenatural, tanto sus hermanos como él mismo podrían ser considerados existencias con una belleza destacable, que trascendía los cánones humanos. No solo sus rostros tenían una simetría y proporciones perfectas, sino que cada uno tenía un encanto único que los hacía inolvidables.
En el caso de los hermanos, Poseidón tenía una altura destacable, siendo el más alto de los dos. Su físico robusto y musculoso irradiaba una inmensa fuerza y una masculinidad indómita, como las olas del mar que gobernaban. Su cabello, que caía en ondas sobre su espalda, recordaba a las olas agitadas del mar. Su rostro, serio e imperturbable y sin imperfecciones, decorado con una barba de candado que realzaba su presencia, irradiaba una sensación de serenidad pero también de majestuosidad y poder crudo.
Hades, por su parte, era un poco más bajo y esbelto, pero su falta de altura y volumen muscular era compensada con un físico atlético y poderoso que irradiaba un aura de poder silencioso y letal. Su rostro era más juvenil en comparación con su hermano menor, pero su belleza destacable, sumada a su sonrisa alegre, junto con su actitud carismática pero relajada y a sus ojos encantadores que parecían atraer las miradas de forma natural, le daban un encanto innegable que hacía imposible el poder ignorarlo. Eso sumado al hecho de que la presión de su poder divino parecía ser la mayor de todos los hermanos, incluso si este la estaba reprimiendo deliberadamente.
Hera, su belleza era simplemente deslumbrante. Irradiaba una majestuosidad y dignidad inigualables. A los ojos de todos los hombres y mujeres que la veían, ella era la encarnación viva de la realeza, con un porte imponente y una gracia soberana. Su atractivo era complementado por su rostro delicado, su cabello que parecía brillar como el sol mismo, su mirada penetrante y su figura esbelta y elegante, pero a la vez poderosa. Cada uno de sus gestos denotaba una autoridad y orgullo innatos; era una belleza que exigía admiración y respeto a aquellos que la miraban, incluso con su porte indiferente y severo.
Hestia tenía una belleza bastante singular. Su figura más menuda e infantil irradiaba una alegría y calidez inmaculadas. Aunque su figura, principalmente sus atributos físicos, no eran tan destacables como los de sus hermanas, seguía siendo bastante atractiva. Pero su atractivo no residía allí; ella no era una belleza que buscaba seducir o impresionar a otros, sino que era una belleza que emanaba una paz y una pureza que invitaban a la devoción y al confort. Su belleza, aunque sencilla, reflejaba la sensación de una chica comprensiva con la que te podías sentir seguro, y todo esto era complementado por su rostro infantil ligeramente regordete y su expresión curiosa e inocente, que mostraba su calidez natural. (¡Ja!, si estos tipos supieran cómo era realmente, no se atreverían a describirla como “inocente y cálida”).
Y finalmente Deméter, quien poseía una belleza madura y fértil. Su atractivo era tan abundante como la tierra misma, y la energía que brotaba de su cuerpo se parecía a la vida que brotaba de la tierra misma. Su físico solo podía ser descrito como robusto y voluptuoso, siendo la más desarrollada de las tres hermanas. Tan solo eso ya atraía las miradas indiscretas de muchos dioses masculinos y los celos y envidia de muchas ninfas y diosas. Pero a pesar de su físico mortal, su rostro irradiaba un carisma y una gentileza deslumbrante que inconscientemente atraía el cariño y simpatía de los que la rodeaban. Su cabello dorado parecía un campo de trigo dorado durante la cosecha; ella era una belleza que inspiraba gentileza, confianza y generosidad.
Cada uno de los cinco hermanos parecía tener una belleza única que atraía la atención de los dioses y seres mágicos que los rodeaban, haciendo que pareciera que el mundo se silenciaba a su alrededor por ese instante de asombro. Pero no solo fue ese el motivo por el que llamaron tanto la atención; la gente, al ver al profeta Prometeo guiando al grupo, algunas personas en la multitud ya habían empezado a especular sobre la identidad de los jóvenes dioses, intuyendo su linaje y destino.
Cuando el grupo llegó a la entrada de la caverna, el grupo finalmente se detuvo. Prometeo se dio la vuelta para hablar.
“Muy bien, solo los puedo acompañar hasta aquí. Sigan caminando en línea recta las profundidades de esta cueva y encontrarán a su madre.” Después de que Prometeo terminó de hablar, se dio la vuelta para irse, desvaneciéndose con discreción entre la multitud de aliados, como si nunca hubiera estado allí.
Al ver la figura de Prometeo alejándose en la distancia, Hades se dio la vuelta para mirar a sus hermanos, que parecían un poco inquietos, sus ojos fijos en la oscura entrada de la cueva. Hades no se anduvo con rodeos y simplemente dijo:
“Muy bien, entonces sigamos. No prolonguemos más esto.”
Ninguno de los hermanos dijo nada, se limitaron a asentir con la cabeza y caminar hacia las profundidades de la cueva, listos para lo que les deparara el destino y el reencuentro con su madre.
Cambio de escena.
El aire húmedo al interior de la cueva vibraba con una tensión invisible, una mezcla de amor agridulce y una profunda resignación. Hades y sus hermanos miraban con miradas complicadas a la mujer que tenían en frente, una figura que era a la vez familiar por los relatos y extraña en su presencia física.
{Rea}
{Diosa de la maternidad, diosa de la fertilidad, madre de los dioses griegos.}
{Nivel de potencia: 13.780.}
Esta mujer era su madre, Rea. Su rostro estaba marcado por las lágrimas de angustia y un claro, aunque doloroso, alivio. Las pronunciadas arrugas en su rostro, surcos de preocupación y noches sin dormir, evidenciaban un sufrimiento prolongado. Sus pies temblaban ligeramente mientras los hermanos llegaban frente a ella, uno a uno, el reencuentro largamente esperado finalmente materializado.
Su mirada recorrió a los dioses hermanos, sus hijos, deteniéndose en cada uno. Primero, se fijó en la pequeña Hestia, su figura menuda pero elegante. Sus ojos, aunque reflejaban una extraña curiosidad infantil, contenían también la serenidad que emanaba de su dominio sobre la familia y el hogar mientras miraba a Rea con un interés burbujeante, casi impaciente por el desarrollo.
Luego estaba la humilde Deméter, cuyo cabello dorado, trenzado, parecía brillar levemente en la oscura cueva, que se iluminaba apenas con antorchas crepitantes. Su semblante tenía el nerviosismo habitual que la caracterizaba, una ligera aprensión, pero también había algo de anhelo y esperanza profunda en sus ojos, una búsqueda de conexión materna.
Poseidón se paró de manera imponente con los brazos cruzados, su físico robusto transmitiendo una inquebrantable solidez. Sin embargo, aunque su postura parecía impasible ante todo lo que estaba pasando, su presencia parecía un poco apartada, distante, con una melancolía silenciosa en su mirada azul verdosa, como la calma antes de una tormenta marina. La traición pasada aún resonaba en él.
Hera mantuvo su mirada neutral, con su característica postura elegante que tanto la distinguía, una reina innata incluso en estas circunstancias. No dejó que ningún atisbo de emoción se mostrara en su estoico rostro, una máscara perfecta de compostura. Pero si mirabas bien, podías ver que su pie se movía en el suelo con ligera impaciencia, como si no supiera cómo proceder en esta peculiar y emotiva situación, o quizás conteniendo una furia silenciosa.
Hades era el único que parecía no estar siendo afectado por el ambiente ligeramente triste y deprimente que impregnaba el aire. Giró la cabeza hacia sus hermanos y su madre en confusión, luego consultó rápidamente con el sistema. Curiosamente, resultó que la divinidad de su madre podía afectar a sus hermanos, alborotando sus emociones y pensamientos, envolviéndolos en un aura de melancolía y alivio. Él parecía ser el único que no estaba siendo afectado, gracias a su ‘mente gamer’ que funcionaba como un escudo mental, manteniéndolo objetivo. Aun así, decidió no decir nada, no tenía interés en interferir en la extraña conexión que se estaba formando entre sus hermanos y su piadosa madre. Después de todo, ya no la odiaba (tanto) por lo que les hizo, el tiempo y la comprensión habían dulcificado su perspectiva.
Rea los observó, su corazón oprimido por una mezcla de culpa y un amor inmenso. Había pasado tanto tiempo desde que esperó por este momento; finalmente, ella y sus hijos podían reunirse así, sin el temor constante que Kronos sembró en sus vidas, una sombra que había dictado cada uno de sus días.
“Madre,” dijo Hestia con suavidad, rompiendo el tenso silencio. Se acercó y tomó una de sus manos con firmeza, un gesto simple pero cargado de significado. “Es un gusto finalmente conocerte. Soy Hestia. Ya estamos aquí, a salvo.”
Rea apretó la mano de su hija, sintiendo los callos suaves de las manos de Hestia, el testimonio de su crecimiento y su propio trabajo. “Sí, mis queridos. Siento un gran gozo al finalmente sentir su presencia y tenerlos conmigo de nuevo.” Su voz se quebró ligeramente al final, ahogada por la emoción.
Hera se cruzó de brazos, su mirada fija en Rea, su mente normalmente serena parecía distante mientras formulaba una pregunta que rondaba su mente desde hacía tiempo, una duda que la carcomía. “Entonces, ¿qué ocurrió realmente entre tú y… él?”, la pregunta quedó suspendida en el aire, el nombre de su padre, Kronos, siempre era un tema delicado que deliberadamente evitó tocar, una palabra cargada de dolor y resentimiento. Aun así, esperó una respuesta, una explicación.
Rea negó con la cabeza lentamente, sus ojos llenándose de lágrimas que amenazaban con desbordarse. “No… no directamente. Pero siento… el peso de lo que hice. Ustedes, les negué la oportunidad de crecer libres y felices, mis pequeños. Pero él temía a sus poderes, tenía que en algún momento sus poderes crecieran hasta hacerlos más fuertes que él mismo. Y él… su miedo, a medida que crecía, se transformó en obsesión y locura. Él no los habría dejado ir, no les habría permitido vivir.”
Poseidón, claramente incómodo e impaciente con las evasivas, pateó una piedra con frustración, el sonido resonando en la cueva. “Entonces, ¿por qué no nos salvaste? Nos entregaste directamente a él. ¡También somos tus hijos, Madre! Debiste haber hecho más por nosotros, haber luchado.” Su voz, aunque contenida, vibraba con el reproche y el dolor acumulado.
Hades, apoyado contra una de las paredes de la cámara de piedra, donde la luz de las antorchas danzaba sobre su rostro, habló con su voz serena y pausada, el contraste con la tensión de sus hermanos era notable. “La confrontación directa con Kronos sería una locura, hermano, incluso para nosotros. Su poder es inmenso, tú mismo lo viste. En esa situación, Rea, tos, nuestra… madre, hizo lo que pudo. Ya bájale dos rayitas, Poseidón.” Las palabras eran un intento de calmar la situación, aunque con un toque de sarcasmo.
“¿Y? ¿No había una alternativa entonces?”, replicó Poseidón, su temperamento volcándose por un momento, amenazando con estallar. La herida era profunda. “¿Esperas que esté en paz con la mujer que dejó que ese tipo nos devorara uno por uno?”
Rea suspiró, el peso de sus decisiones gravitando sobre sus hombros, una carga que llevaba milenios. “No quise eso para ustedes, nunca lo he querido. Pero…” Dudó, buscando las palabras correctas, su voz apenas un susurro. “En ese momento estaba cegada por el amor. El amor incondicional que sentía hacia su padre en aquel entonces nubló mis acciones, me hizo débil.” Bajó la cabeza con impotencia, reviviendo en su mente las dolorosas imágenes de ella entregando a sus hijos, uno por uno, a las fauces de Kronos, las lágrimas amenazando con salir de sus ojos nuevamente. “Por eso permití… lo que ocurrió con Zeus.”
Un silencio tenso cayó sobre la cueva, el eco de su última palabra resonando ominoso. Los hermanos se miraron confundidos ante lo que dijo Rea. Todos, a excepción de Hades, se hacían la misma pregunta: “¿Quién es Zeus?” Un nombre desconocido, ajeno a su propia trágica historia.
Deméter finalmente rompió el silencio, su suave voz, normalmente tan meliflua, ahora cargada de dudas y perplejidad. “¿Quién?”, preguntó, sin comprender por qué Rea había nombrado a un completo desconocido en un momento tan íntimo y cargado.
Rea al parecer no notó el cambio en el ambiente o la confusión evidente en los rostros de sus hijos y continuó hablando, su voz adquiriendo un tono de esperanza renovada.
“Lo hice para salvarlo”, respondió Rea con firmeza en sus ojos, una chispa de determinación en medio de su dolor. “Recordando lo que pasó con ustedes, sus hermanos mayores. No podía permitir que él corriera el mismo destino. Era la única manera de protegerlo… Él se convirtió en mi única esperanza, la última oportunidad para un futuro diferente.”
Hades se enderezó, su mirada antes seria ahora tenía un matiz de diversión y una pizca de culpabilidad. Pero no interrumpió el discurso apasionado de Rea, aunque le costaba contener la risa. La situación era cómica en su ignorancia.
“Pero ahora él no está solo”, dijo Rea con un brillo creciente en los ojos, una alegría genuina aflorando. “Él tiene su propia fuerza, su propia astucia. Y… por sobre todo, los tiene a ustedes, sus hermanos, su familia. Juntos, pueden ser la luz que detenga la oscuridad.”
Hestia interrumpió directamente el discurso apasionado de Rea, su curiosidad superando la cortesía. “Disculpa, eh, Madre. Aprecio tu preocupación, pero quisiera saber, ¿quién es Zeus? Realmente no entendemos de quién hablas.”
Rea detuvo su comportamiento en ese momento, la euforia se disipó de su rostro al notar finalmente la confusión colectiva. “¿Ustedes no lo conocen? ¿Prometeo no les dijo nada?”
Los hermanos negaron con la cabeza al unísono, sin tener la menor idea de quién estaba hablando Rea, sus rostros una mezcla de asombro y perplejidad.
Mientras tanto, Hades, desde un lado, estaba temblando levemente, intentando controlar sus ganas de reír a carcajadas. Se podría decir que esta situación era completamente su culpa, ya que él nunca mencionó a Zeus a sus hermanos, actuando como si no supiera nada de él, lo que técnicamente sería correcto ya que en verdad él y sus hermanos jamás se conocieron hasta ahora en esta línea temporal. Y tampoco dejó que sus hermanos interactuaran con ningún tipo de material educativo, película o videojuego con referencias a las mitologías, y sobre todo la mitología griega. No sabía qué hacer si a sus hermanos se les llegase a romper la mente si llegaban a descubrir que sus vidas solo eran una representación de leyendas antiguas en otros mundos, que su destino estaba preescrito en juegos como ‘God of War’.
Incluso Hades llegó al punto de dejar de jugar su amado ‘God of War’ hace mucho tiempo, todo para que nadie llegase a enterarse del futuro y de las intrigas divinas, ya que los mismos juegos en sí tienen muchas referencias a la mitología griega, y tampoco quería que creyeran que en un futuro un Calvo tatuado vendría a por sus cabezas, una amenaza que no existía en esta realidad (Dios quiera no), pero que su mente de gamer proyectaba con horror.
Y así, mientras el peculiar encuentro entre una madre y sus hijos continuaba dentro de la cueva en la montaña, el sol comenzaba a ascender, tiñendo las hojas de los árboles de un tono verde brillante, marcando el inicio de un nuevo día y de un nuevo capítulo en la vida de los jóvenes dioses.
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Fin.
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Gracias por leer.
disculpen la tardanza estaba ocupado con un asunto familiar.
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Estado actual del protagonista.
[Estado]
{Nombre: Hades}
{Dios del Inframundo – Dios del Agua}
{Nivel de potencia: {37.414}
{STR: 1.600}
{DES: 1.400}
{VIT: 3.000}
{MAG: 19.958}
{CHA: 45}
{KRA: 90.200}
{Puntos: 27}
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