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Un Dios De La Muerte Como Ningún Otro En Animé World - Capítulo 30

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Capítulo 30: 27. una pequeña mentira (⁠ ⁠ꈍ⁠ᴗ⁠ꈍ⁠).

En las profundidades de una de las oscuras y sinuosas cavernas ubicadas en el Monte Dikti (también conocido como Monte Ida), el ambiente de la húmeda y reverberante habitación estaba inusualmente agitado.

El aire, denso con el olor a tierra mojada y a esencias penetrantes de hierbas medicinales, vibraba con susurros preocupados y movimientos cautelosos, más propios de una enfermería improvisada que de un sagrado recinto.

En medio de una recámara de piedra apenas iluminada por la luz danzarina y parpadeante de unas antorchas de resina, se podía ver reunido a un selecto grupo de dioses. Todos ellos, con sus auras divinas contenidas para no abrumar el espacio, rodeaban a una única persona que estaba recostada en una cama improvisada, pero sorprendentemente cómoda, recubierta con pieles de animales gruesas y suaves: este era Hades.

El dios del inframundo se encontraba en una situación bastante, al menos en su muy particular opinión, vergonzosa en ese momento.

Su cuerpo, aunque aparentemente recuperado de la monstruosa y traumática transformación, estaba delicadamente envuelto en gasas hechas con hojas grandes y frescas, y vendajes rústicos, mientras un grupo de ninfas del bosque, con sus movimientos ágiles, susurros gentiles y sonrisas angelicales, intentaban untar icor dorado y néctar de ambrosía en las zonas expuestas de su cuerpo: brazos, piernas, y un pecho que él sentía excesivamente expuesto.

Un énfasis particular en “intentaban”, ya que Hades constantemente se movía y esquivaba, haciendo muecas de disgusto que distorsionaban su pálido rostro, para evitar que estas lo “manosearan” demasiado o le pusieran “algo raro” en su ya alterado cuerpo.

Y para aquellos que pudieran pensar que exageraba, una de ellas, con una descarada determinación profesional que rozaba la invasión, ¡incluso intentó revisarlo con su mano en la parte baja de su abdomen, muy, muy por debajo de su abdomen!.

Para Hades, esto no era solo un examen médico, era un asalto a su dignidad.

POV Hades.

“¡Lord Hades, por favor, quédese quieto! Si se sigue moviendo, no podremos tratar sus heridas correctamente”, dijo una de las ninfas, con una voz melodiosa pero firme, mientras intentaba untar icor dorado sobre mi espalda.

Sentí la sustancia fría y pegajosa, y un escalofrío que no tenía nada que ver con la temperatura me recorrió.

Yo, por mi parte, golpeé la mano de la ninfa con un manotazo rápido y decidido, haciendo que el icor se derramara inútilmente en el piso de piedra con un chapoteo húmedo.

“¡No, tú no te me acerques!”, exclamé en tono defensivo, elevando la voz. Agité una de mis manos, haciendo una pose exagerada, casi como una postura de karate, para mantenerlas a raya. “¡Ya les dije que estoy bien! Solo necesito descansar. ¡No necesito que nadie me trate!” Mi voz era firme, pero la situación era tan absurda que sentía mis mejillas tensarse.

Todo este espectáculo bochornoso era observado por las demás personas presentes en la habitación.

Estaba mi madre, Rea, con una mirada entre resignada y visiblemente aliviada, una expresión que sinceramente nunca había visto en ella con tanta intensidad.

Mis hermanos, Poseidón y Hera, tenían expresiones de genuina incertidumbre. Y en cuanto a Deméter… ay, Deméter. Aprecio tu preocupación, pero ¿podrías dejar de mirarme como si me fuera a morir en cualquier momento? Su mirada compasiva era casi más irritante que los toques de las ninfas.

Al menos no todos me miraban con lástima. Hestia, la cual estaba parada junto a Hera, tenía una sonrisa tenue en su rostro, sus ojos reflejando una aparente diversión ante mi ridícula lucha en contra de las ninfas. Al parecer, ella no estaba tan preocupada por mi estado, ¡eso es tenerme confianza!

Por otra parte, mi abuela Gaia, majestuosa y silenciosa, observaba todo desde la entrada de la cueva, su presencia llenando el espacio con una calma terrenal que, irónicamente, contrastaba con mi agitación. Me estudiaba con una mirada silenciosa y penetrante, una que para nada me perturbaba, no señor, ni un poco. Era solo un poco incómodo.

A medida que las ninfas seguían intentando cuidar de mi cuerpo, yo no hacía más que resistirme, mi paciencia disminuyendo con cada intento. No importaba qué tan suave o persistente fuera su enfoque, mi terquedad se mantenía firme.

Mi madre, Rea, finalmente decidió intervenir, su voz suave pero con un matiz de autoridad. “Hades, mi querido niño, por favor, quédate quieto y deja que las ninfas te den tratamiento.” Su tono era sugerente, un intento de que su hijo mayor colaborara, antes de que el ambiente de la cueva se convirtiera en un verdadero campo de batalla.

“Señorito, por favor, permítanos ver su cuerpo. Es por su propio bien”, dijo otra de las ninfas, con una sonrisa demasiado dulce para mi gusto. Al ver que me había calmado momentáneamente (o eso creyó ella), intentó nuevamente acercarse a mis abdominales para revisarlos, su mano peligrosamente cerca de mi anatomía, de nuevo.

¡Manotazo!

En un movimiento tan rápido que ni siquiera dejó una imagen residual, le di una palmada a la mano de la ninfa, sorprendiéndola.

Retrocedió de inmediato, agarrándose la mano, con una expresión de sorpresa mezclada con un poco de dolor. Al momento siguiente, la señalé con un tono acusatorio, mi voz resonando en la cueva, amplificada por el eco.

“¡No te hagas la inocente, vieja cochina! ¡¿Crees que no me di cuenta de cómo estabas tocando mi cuerpecito?!” dije en voz alta, utilizando un tono exagerado, casi teatral, mientras usaba mis brazos para abrazar mi cuerpo, para recalcar mi punto y proteger mi “integridad”.

“Además, como ya les había dicho, ¡estoy bien! Solo necesito mucha agua y un poco de sol y estaré perfectamente.” Terminé, mirando a mi madre, buscando apoyo en su mirada, aunque sabía que era inútil.

“Pfff, ¿qué te crees que eres, una planta?”, Hera, que era la más cercana a la cama, no pudo evitar reírse, soltando una burla descarada que resonó en la cueva.

Ante su descaro, solo pude poner una mirada en blanco, un gesto de fastidio. Ni siquiera me digné a responder lo que dijo, puesto que eso bien podría ser cierto.

¡Literalmente, puedo hacer la fotosíntesis! Puede que mi cuerpo esté débil en este momento debido a las consecuencias de la mutación ocasionada por la sangre del Titán, pero con mis características de Namekiano y mi estadística de vitalidad absurdamente alta, podría recuperarme fácilmente con tan solo unos litros de agua y varias horas al sol.

Pero lamentablemente, no puedo. En el momento en que llegué a Creta y vieron mi estado debilitado, fui arrastrado a esta cueva, lejos de cualquier fuente de luz solar directa. Y ni siquiera puedo sacar una Semilla del Ermitaño de mi inventario, ya que entonces tendría que explicar de dónde demonios la saqué, y eso sería un problema mayor que mis cuernos recién adquiridos.

Esos eran mis pensamientos, mi frustración hirviendo a fuego lento bajo mi piel. Pero no me atreví a decir nada en voz alta, para no darles más motivos para preocuparse o darle motivos a las ninfas para experimentar con mi cuerpo, lo cual sería mi perdición.

Poseidón, que estaba recostado contra una de las paredes de la cueva, observando el escándalo que yo estaba haciendo con una mezcla de diversión y preocupación, finalmente decidió hablar. “Hades… Ya deja de jugar, y deja que las señoritas hagan su trabajo. Deberías dejar que te revisen, tu estado actual no es nada bueno, ¿o sí?”, finalizó dedicándome una mirada algo preocupada, sus ojos azules fijos en mí, sin rastro de burla esta vez.

Su preocupación era palpable, y no solo en él. Todos mis hermanos (menos Zeus, que, por supuesto, estaba ausente, probablemente ocupado persiguiendo alguna diosa… o animal indefenso) me miraban con algo de incertidumbre y una preocupación genuina en sus rostros.

Y no puedo culparlos; después de todo, nunca me habían visto en un estado tan débil.

Mi aura, que normalmente irradiaba poder con la intensidad de un pequeño sol, ahora apenas era un tenue resplandor, engañosamente frágil.

Mi estado actual se debe a las consecuencias de la asimilación forzada de la sangre del Titán en mi cuerpo.

La sangre de Titán indujo en mi cuerpo una transformación constante, una lucha biológica y mágica por adaptarse a las características mutágenas de la sangre, lo que finalmente terminó llevando a mi cuerpo a un estado de desgaste y fragilidad extrema.

Aunque a simple vista no pareciera que nada en mi cuerpo estuviera mal, fuera de mi piel visiblemente pálida y el par de pequeños cuernos que sobresalen discretamente de los lados de mi cabeza, a los ojos de los demás dioses esto no es así.

En realidad, el aura que emana mi cuerpo, que antes era intensa y vigorosa, ahora parece tenue, casi débil en comparación a como era antes, una sombra de su poder habitual.

Ellos creen que me encuentro debilitado luego de la “batalla” que tuve con aquel “monstruo desconocido” que me atacó.

Es de conocimiento común que normalmente los dioses entran en un estado de debilidad luego de recibir una herida grave, causando que sus cuerpos cesen otras funciones para concentrarse en la recuperación. Por supuesto, también soy consciente de esto, pero, ¡el problema es que a mí no me estaba sucediendo nada de eso!.

La razón por la que mi cuerpo se encontraba aparentemente débil se debía al estrés monumental por el que mi cuerpo y mi núcleo divino tuvieron que pasar.

Mi cuerpo tuvo que pasar por una metamorfosis brutal, una reestructuración fundamental para poder asimilar completamente el linaje de los Titanes la carga fue tanta que mi piel volvió a su tono pálido original (recuerden que originalmente la piel de Hades era pálida casi como la de un cadáver).

Mientras tanto, mi núcleo divino tuvo que pasar por un estrés aún mayor, siendo que este constantemente se vio obligado a expandirse forzosamente, como si una fuerza invisible lo estirara (no literalmente), para aumentar su capacidad para almacenar maná.

Para resumirlo, es como si mi núcleo divino fuera una piscina rebosante de energía mágica, y luego llegara una grúa titánica y empezara a cavar sin control hacia abajo en un intento desesperado de expandir su capacidad para almacenar más de dicha energía mágica, causando destrozos, fracturas y daños profundos a la estructura de la piscina en el proceso.

Por lo que en ese momento, mi núcleo divino se encontraba en un estado bastante inestable, en el que su aura divina, que ahora era varias veces más grande de lo que originalmente era, podría desbordarse al exterior en cualquier momento si no tenía cuidado, liberando una explosión de energía incontrolable que podría rivalizar con la que se desató en el mar por parte de, ¿Mi yo Titán?, bueno el nombre para esa forma todavía está pendiente.

Por lo tanto, me vi obligado a restringir el flujo de energía mágica que fluye hacia mi núcleo divino, conteniéndola para evitar que mi poder se salga de control y cause un desastre aún mayor.

Claro que esto me ha causado algunas complicaciones, dándole a mi cuerpo una apariencia enferma y decadente, como si estuviera al borde de la enfermedad, mi piel más pálida de lo normal. Pero yo prefiero mil veces esto a literalmente causar una explosión con mi energía mágica que, sin la restricción, podría destruir la isla de Creta y probablemente a todos en ella.

El problema es que no necesitan restregarme cosas raras en el cuerpo, ni darme ungüentos, ni hacer nada.

El malestar por el que estoy pasando no es físico en el sentido tradicional, sino más bien un malestar a nivel espiritual y energético, una desestabilización interna.

No puedo arreglar los daños que sufrió mi núcleo divino hasta que todos ellos se vayan y me dejen tranquilo para poder concentrarme en la meditación profunda y en el sellado de las “grietas” de mi núcleo.

No hay realmente ningún néctar o icor, ni ninguna “semilla mágica”, que pueda arreglar lo que me pasa. Necesito paz y tiempo a solas, no su Piedad y preocupación intrusiva.

‘Suspiro’.

Hades no pudo evitar suspirar en su corazón, un respiro inaudible de frustración y cansancio. Originalmente, no tenía ningún tipo de problema con su poder mágico. A pesar de que no solía utilizarlo debido a que su poder sobre la muerte era intrínsecamente demasiado destructivo para el uso diario, la base de su núcleo divino era sólida, y su control general sobre su poder, impecable.

Pero ahora, con el repentino y abrumador aumento de su poder, le había traído diversos problemas en lo que respecta al control. Era como intentar manejar un río desbordado con el mismo cauce de un arroyo.

Pero al menos no todo era malo, ya que, aunque tenía que volver a practicar y refinar su control sobre su magia, una vez que lograra acostumbrarse a su nueva y formidable fuerza, no había duda de que el poder general que podía ejercer con su magia crecería de manera exponencial.

Y no solo eso. Ahora que tenía cierto conocimiento sobre los glifos del mundo de The Owl House, la fuerza y versatilidad de su magia alcanzarían nuevas alturas. Bueno, lo harían una vez que lograra dominar la escritura y creación de glifos, que todavía tenía pendientes de estudiar, un desafío fascinante y prometedor. Pero para eso, primero necesitaba reforzar su núcleo divino, para lo cual necesitaba estar solo, en completa calma, sin nadie husmeando a su alrededor.

Soy repentinamente sacado de mis pensamientos por una pequeña mano que se posa suavemente sobre uno de mis cuernos recién aparecidos. Al voltear la mirada, me doy cuenta de que es la mano de Hestia, la cual en algún momento se me acercó lo suficiente como para acariciar mi cuerno, con una delicadeza casi reverente.

No pude evitar esbozar una pequeña sonrisa ante esto. Ella parecía tener mucha curiosidad por mis nuevos apéndices. “¿Qué pasa, te gustaron?”, no pude evitar soltar un comentario, una burla juguetona ante las acciones de Hestia.

Ella soltó un suave murmullo de asombro mientras le daba unos golpecitos a mi cuerno izquierdo con la parte posterior de sus dedos, como si fuera un material de curiosa textura. Hay que aclarar que, debido a nuestra notable diferencia de altura, Hestia tenía que inclinarse ligeramente desde el borde de la cama de piedra para poder alcanzar la parte superior de mi cabeza, lo cual era ciertamente una escena bastante linda de ver, casi tierna.

“¿Te duele?”, esas fueron las únicas palabras que salieron de los labios de Hestia, su voz un susurro cargado de una preocupación apenas contenida.

Ante su pregunta, no pude evitar apretar los dientes. Aunque su tono de voz no lo demostró, era obvio: Hestia estaba preocupada. Lo podía ver en sus ojos azul cielo que parecían brillar con una luz roja, como una llama que aparece y desaparece de manera intermitente, reflejando la ansiedad que contenía. Pero, incluso en esta situación, podía mantenerse tranquila en apariencia, sin mostrar ningún ápice de ansiedad o preocupación desbordada.

Pero por más que me gustara la atención que Hestia me estaba dedicando en este momento, no podía dejar que ella siguiera en ese estado. Por más calmada que pareciera, sabía muy bien que solo se estaba conteniendo. Conozco bien a Hestia, y sé lo realmente impulsiva que puede llegar a ser cuando algo la llega a molestar, ¿quién sabía lo que realmente podría llegar a hacer si la dejaba seguir preocupándose? Podría desatar su furia en la cueva, o peor, ir a buscar a Zeus para desquitarse por mi estado (por más extraña que suene la idea, de alguna manera tiene lógica en su pequeña cabecita).

“No, no me duele”, digo con naturalidad, intentando sonar lo más convincente posible. Luego, levanté mis brazos y procedí a estirar mi cuerpo con un bostezo teatral. “Estoy completamente bien, ¿ves? No necesitas preocuparte.”

Intenté transmitirle que me encontraba completamente en forma a pesar de mi apariencia algo demacrada. Pero ella, por su parte, solo dio un silencioso asentimiento con su cabeza mientras sus dedos seguían moviéndose por la superficie de mis cuernos, como si estuviera sintiendo su textura, estudiando cada milímetro de ellos. Pronto, sus ojos se encontraron con los míos en una mirada que resultó más intensa de lo normal, penetrante, exigiendo respuestas.

“¿Qué fue lo que pasó?”, lo dijo en un tono que indicaba que no me estaba haciendo una pregunta, sino que exigía una explicación. Al mismo tiempo, todos en la habitación, incluyendo a la ninfa chismosa que me había intentado “manosear”, voltearon la mirada hacia mí, esperando.

“Ok, esto es malo. Claramente, Hestia no dejará pasar este asunto”, no pude evitar exclamar en mi mente. Empecé a pensar rápidamente en una forma creíble de librarme de las preguntas, una que no levantara más sospechas.

“…”

¡Oh, quizás no necesite evadirlas del todo!

Rápidamente, convoqué a mi mano un objeto de mi inventario, de manera silenciosa, tan sutil que nadie lo notó. En mi mano derecha, que está oculta bajo las pieles de animal que sirven como sábanas, apareció una pequeña cuenta de cristal verde brillante.

[Gema de la Verdad Engañosa (Warhammer 40K)]

{Descripción: Esta gema, de un tamaño que cabe cómodamente en la palma de la mano y que pulsa con una luz interna iridiscente y cambiante, es un artefacto maligno imbuido con la esencia del Dios del Caos y el Cambio, Tzeentch. No es una simple piedra que miente, sino un fragmento del vasto y retorcido intelecto de su creador, diseñado para desdibujar la fina línea entre la realidad y la percepción. Su poder principal reside en la capacidad de distorsionar la estructura misma de la verdad conceptual. Para quien la sostiene, la gema no le permite mentir descaradamente, sino que remodela la realidad circundante y la mente de los oyentes para que cualquier afirmación, por falsa que sea, adquiera una apariencia inquebrantable de veracidad.}

[Capacidades:]

{Manipulación de la Percepción: Cuando la gema está activa, las palabras de su portador, incluso las más descabelladas, son percibidas por los oyentes como una verdad innegable. La gema teje ilusiones sutiles en la mente de quienes escuchan, altera sus recuerdos recientes o les implanta una convicción interna tan fuerte que dudar sería irracional. Un cielo rojo se convierte en azul en sus mentes, un enemigo en un aliado de toda la vida, solo con las palabras del portador.}

{Reescritura Menor de la Realidad: En ocasiones, para apoyar una “verdad” particularmente audaz, la gema puede inducir pequeños cambios en el entorno físico o en los recuerdos colectivos. No puede mover montañas o crear ejércitos de la nada, pero puede hacer que un documento inexistente aparezca brevemente como si siempre hubiera estado allí, o que el eco de un evento que nunca ocurrió resuene en la memoria de los presentes.}

{La Paradoja de la Verdad: El verdadero horror de la gema no es que mienta, sino que hace que las mentiras se sientan y se comporten como verdades. Aquellos bajo su influencia actuarán en consecuencia, tomando decisiones basadas en una realidad falsificada que para ellos es absolutamente cierta. Esto puede llevar a consecuencias desastrosas y a la disolución de la confianza y el entendimiento en cualquier grupo.}

[Efectos Secundarios del Portador:]

{La Erosión de la Percepción Propia: La gema exige un precio. El usuario, al torcer constantemente la realidad para otros, comienza a ver su propia percepción de la verdad erosionarse. Puede empezar a creer sus propias “verdades engañosas”, perdiendo el ancla con la objetividad y cayendo en una espiral de autoengaño. Cuanto más la usa, más profunda es la confusión entre lo que es real y lo que ha forzado a otros a creer.}

{La Resonancia de Tzeentch: Un sutil murmullo, casi inaudible para la mayoría, acompaña el uso prolongado de la gema. Es el susurro de la misma Tzeentch, deleitándose en el caos conceptual que la gema engendra, empujando al portador a buscar verdades cada vez más complejas y contradictorias para retorcer. Solo los más resilientes o los más dementes pueden soportar esta constante cacofonía de paradojas.}

Obtuve este artículo de uno de mis cupones plateados. Es un objeto que, a simple vista, parece increíblemente útil, pero la verdad es que también es extremadamente peligroso. Tanto que el mismo Hades no se atrevía a utilizarlo por largos periodos de tiempo, y más ahora que sabía que el viaje dimensional era real. No sabía si utilizar esta piedra podría llamar la atención de ese tal Tzeentch, del cual todavía no tenía idea de quién era, pero sonaba a muchos problemas.

(Pero para una ocasión como esta, en la que necesito una mentira creíble y que nadie cuestione, este artefacto es justo lo que necesito. De cualquier forma, gracias al sistema, los efectos secundarios de la gema básicamente no me afectan, o al menos eso es lo que asumo, nunca se sabe con estas cosas). Apreté la gema fuertemente en mi mano, sintiendo un leve cosquilleo de poder, mientras me preparaba para responder las preguntas que pudieran hacerme.

“¡Muy bien, me tienen! Ya que insisten tanto, responderé a sus preguntas”, dije alzando mis manos en señal de rendición, pero con el puño cerrado ocultando la Gema de la Verdad Engañosa.

Hestia parpadeó un poco sorprendida al ver esto. Seguro no esperaba que yo cediera tan fácilmente. Pero al ver que estaba dispuesto a hablar, no perdió el tiempo e hizo su primera pregunta, una que de seguro todos en la habitación se estaban haciendo, con una mezcla de curiosidad y preocupación. “Bu-bueno, para empezar, ¿por qué tienes cuernos?” dijo en tono interrogatorio, señalando mi cabeza con un dedo.

Sin inmutarme ni vacilar, respondí con una naturalidad absoluta, como si fuera la verdad más obvia del mundo. “Siempre los tuve.”

El ambiente en la habitación pareció congelarse por un momento, la respiración de todos contenida. Todos me miraron como si me hubiera crecido una segunda cabeza, un incómodo silencio que se extendió por la habitación, solo roto por el crepitar de las antorchas.

Hera fue la primera en replicar ante la clara incongruencia en mis palabras, su voz teñida de escepticismo. “Hades, he estado viviendo contigo desde el momento en que nací, y puedo confirmar que tú nunca tuviste cuernos, no es—”

“¡Shhh, shhh, shhhshhhhhhh!”, Alcé uno de mis dedos a la altura de sus labios, y se lo restregué ligeramente para indicarle que se dejara de hablar, mi tono sorprendentemente suave pero firme. “Déjame terminar.”

Hera retrocedió un paso, sorprendida, mientras se tocaba la boca con una de sus manos. Pero… extrañamente, no estaba enojada, solo aturdida. Y si no hubiera volteado la cabeza en ese momento, quizás habría podido notar el leve tono rojo que coloreaba sus mejillas, una reacción inesperada a mi atrevimiento.

“Tienes razón en una cosa, nunca visteis mis cuernos, pero no porque no los tuviera”, hice una pausa, dejando que mis palabras se asentaran, permitiendo que la gema hiciera su magia. “La razón por la que no los viste era porque estos eran demasiado pequeños.”

Hestia, su curiosidad volviendo, puso una mirada rara ante mis palabras. “¿O sea, ¿cómo, pequeños?” se rascó la cabeza en señal de confusión, la pregunta genuina.

“Sí, pequeños”, les confirmé con un asentimiento seguro. “Nací con ellos, pero nunca fueron visibles porque estos solían ser demasiado pequeños, cortos y sin filo, apenas si sobresalían de la superficie de mi cabeza. Por eso nunca los notaron, estaban ocultos bajo mi cabello.”

Miento descaradamente, las palabras siguen fluyendo de mi boca con una naturalidad asombrosa, tanta que mi propio yo casi me lo creo. Esto puede deberse a los efectos de la piedra de la verdad engañosa, una sutil pero poderosa manipulación de la percepción.

Al escuchar las palabras de Hades, sus hermanos cayeron en la contemplación, sus mentes revisando sus recuerdos. Pensaron en el pasado en el estómago de su padre Kronos, y las semanas en las que vivieron en una isla en medio del mar antes de llegar a Creta.

Entonces, cayeron en cuenta de que, de hecho, ninguno de ellos nunca había visto o tocado la cabeza de Hades directamente con la suficiente atención. Por lo que no podían decir con certeza si lo que Hades había dicho era la verdad o una mentira. Pero por alguna razón, sus mentes se inclinaron a creer las palabras de Hades sobre el asunto de sus cuernos, como si creer en ellas fuera lo más natural del mundo, y no notaron nada malo en ello. Una extraña certeza se instaló en sus pensamientos.

Por otra parte, Rea, la madre de Hades y todos los demás dioses, estaba concentrándose intensamente, intentando recordar cómo se veía su hijo mayor cuando este era un bebé. Ella podía recordar con mucha claridad cómo se veían todos sus hijos al nacer, sus rasgos, sus detalles. Pero por alguna razón, cuando intentaba recordar la apariencia que Hades tenía cuando era un bebé, la imagen en su mente se difuminaba, volviéndose borrosa, como si un velo cubriera ese recuerdo específico.

Rea entrecerró sus párpados con algo de frustración, arrugando la frente mientras intentaba, con todo su ser, recordar la apariencia de su hijo. A su lado apareció la figura de su madre Gaia, la cual obviamente notó su estado de confusión.

“Mi niña, ¿te sucede algo?”, preguntó Gaia en un tono gentil y maternal, mientras ponía una de sus manos sobre las de Rea, su tacto reconfortante.

Rea no le respondió, se encontraba demasiado absorta en sus recuerdos como para darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor. Cada vez que intentaba volver a aquella noche en la que entregó a su primogénito a su monstruoso marido, le traía recuerdos dolorosos, un eco de la angustia. Pero eso no es en lo que ella se concentraba; su mente estaba en la figura del pequeño bebé que tenía en brazos, la cual estaba ligeramente borrosa, casi fantasmal.

Esto siguió así por unos cuantos segundos más, que para ellas parecieron minutos, hasta que finalmente la imagen en su mente, como si fuera movida por una fuerza misteriosa o un hilo invisible, poco a poco fue aclarándose, ganando nitidez y detalle.

Entonces, Rea abrió los ojos de golpe, un asombro genuino en su rostro, cuando finalmente lo recordó. Esa noche, entre sus brazos, sostenía a un bebé con una pequeña mata de cabello negro, pero lo más distintivo en él era que a los costados de su cabeza, cerca del área de su frente, sobresalían dos pequeñas, casi diminutas protuberancias blancas y redondas, las cuales apenas si se notaban a simple vista.

“¡Es verdad! ¡Ahora lo recuerdo! Cuando su hijo nació, tenía dos protuberancias diminutas en su cabecita. En ese momento, apenas si les presté atención, pero recuerdo claramente que estaban allí”, dijo Rea en voz alta, su tono lleno de una certeza recién recuperada, confirmando definitivamente la existencia de los cuernos de Hades. Mientras, en su mente, se preguntaba con una extraña perplejidad cómo había olvidado una característica tan peculiar y obvia de su propio hijo. La gema había reescrito su percepción, no solo de mis palabras, sino de sus propios recuerdos.

Parpadeé al escuchar lo que dijo mi madre, conteniendo una sonrisa. Los efectos de esta Gema, sin dudas, eran increíbles. Supongo que los recuerdos que tiene son el resultado de la capacidad de la gema para manipular la realidad a baja escala, implantando esa “verdad” en sus mentes.

La explicación de Rea sobre los cuernos de Hades finalmente calmó la curiosidad de las demás partes, disipando las dudas iniciales. Pero Hera, la cual aunque finalmente había creído la explicación de Hades, todavía tenía dudas y preguntas que quería que fueran respondidas, y no pensaba dejarlas de lado.

“Bueno, eso explica lo de tus cuernos, pero no explica por qué ahora son tan largos”, dijo Hera, cruzándose de brazos, su mirada aún perspicaz. Era una pregunta que tenía bastante sentido; después de todo, incluso si tengo cuernos desde siempre, todavía no había explicado el cómo crecieron tanto de un momento a otro.

(Bueno, es hora de inventar otra respuesta rebuscada. Aquí vamos).

“Ni siquiera yo sé el motivo por el que crecieron”, respondí con un encogimiento de hombros, intentando parecer despreocupado. “Supongo que lo hicieron durante mi pelea, quizás sea una consecuencia de forzar a mi cuerpo y divinidad más allá de sus límites, una adaptación. O quizás el cambio fue causado por mi exceso de genialidad”, agregué con una sonrisa ladeada, un toque de ironía en mi voz.

Al escuchar lo que dije, mis hermanos parecieron creer mis palabras sin siquiera dudar de la estupidez a medias que acababa de decir. Sus ojos se abrieron ligeramente, asimilando la “información” como si fuera una revelación profunda.

(¡No manches, los efectos de esta piedra son otra cosa! Incluso puede afectar a los Dioses). No puedo evitar pensar, al ver lo efectiva que es la piedra del Dios Tzeentch, que es capaz de afectar a todas las personas en la habitación, los cuales son dioses… bueno, quizás no dioses en todo el sentido de la palabra, quizás sea más correcto referirse a ellos como “dioses de descuento” o “deidades menores” en comparación con algunas entidades cósmicas de DxD, ¡pero dioses al fin y al cabo! Ellos mismos no se dan cuenta, pero desde que liberé la energía de la piedra mágica en mi mano, sus mentes cayeron en un estado similar a la hipnosis, solo que más sutil, pero todavía lo suficientemente potente como para guiar sus pensamientos a través de mis palabras sin que ellos se den cuenta. Es un engaño perfecto, una verdad maleable.

Lo más aterrador era que incluso Gaia, siendo la deidad más poderosa y arraigada a la realidad en la habitación, parecía estar sumida en los efectos de la Gema de la Verdad Engañosa. Su mirada, aunque curiosa y ligeramente astuta, no denotaba el más mínimo atisbo de duda sobre las “verdades” que yo había tejido. Es más, noté un brillo de diversión en sus ojos, como si disfrutara del espectáculo que estaba montando.

“¿Alguna otra pregunta?”, volví a preguntar, ahora con una confianza renovada, sabiendo que la gema me daba una ventaja inmensa. Podía responder a todo lo que lanzaran, sin miedo a ser descubierto.

“Sí”. Poseidón fue el siguiente en hablar, su voz profunda y resonante. “Todavía no nos has dicho contra quién estabas peleando, ¿quién fue el que te dejó en ese estado?” No solo Poseidón; todos los presentes querían escuchar mi respuesta, sus ojos clavados en mí, expectantes.

Al recorrer a los presentes con la mirada, me encontré con diferentes expresiones, cada una un reflejo de su carácter y de la situación.

Mi madre, Rea, solo tenía en sus ojos una mezcla de precaución hacia mi condición y expectación ante mi respuesta. Estaba preocupada, pero también curiosa.

Deméter estaba extrañamente callada, lo cual era inusual. Lo normal en esta situación sería que ella se lanzara hacia mí llorando, abrazándome y gimoteando… ¡No, olvídalo! Ya está apretando los labios mientras las lágrimas ya se están escurriendo de las comisuras de sus ojos, aunque intenta contenerlas. Me sorprende que aguantara hasta ahora, su preocupación maternal superando su habitual desparpajo.

Poseidón, aunque visiblemente más tenso, mantenía su porte serio con un aire de serena preocupación, sus músculos ligeramente contraídos.

Por otro lado, Hestia, sin cambiar su expresión alegre, me estaba fulminando con la mirada. Ese extraño brillo rojizo en sus ojos volvió, sus manos se apretaron fuertemente en puños mientras pequeños arcos de energía naranja del One For All crepitaban silenciosamente entre sus dedos apretados.

Daba bastante miedo, a decir verdad. Cualquiera que la viera y conociera su fuerza, pensaría que estaba a punto de sufrir un ataque de locura y atacaría a alguien en cualquier momento, por lo general su preocupación se manifestaba de una forma muy… explosiva.

Hera, por su parte, mantuvo su porte noble y serio, pero sus ojos me miraban con una seriedad que parecía antinatural, casi fría. La temperatura a su alrededor parecía haber bajado varios grados, un indicio de su inquietud.

En cuanto a Gaia, bueno, ella solo me miraba con ojos curiosos, es más, incluso pude sentir un atisbo de satisfacción y burla de su parte al ver mi situación, una clara señal de que no le simpatizaba. Y no puedo culparla, de hecho, esta animosidad de su parte se debe a que casi todos mis entrenamientos terminan afectando mi entorno, generalmente terminando con la destrucción de grandes extensiones de tierra.

Lo cual, por supuesto, molesta profundamente a Gaia, ya que como la principal deidad de la tierra, puede sentir todo lo que sucede en la superficie de Grecia. Y aunque el planeta no es literalmente su cuerpo principal, todavía puede sentir todo lo que sucede en él como si lo fuera.

Por lo que cuando destruyo montañas, arraso bosques y quemo la tierra durante mis entrenamientos, ella lo siente.

Me imagino que para ella no debe de ser agradable y por eso su disgusto estaría justificado hasta cierto punto, dobre todo con mi último acto de arrancar una isla entera desde sus cimientos; debería de estar muy, muy enojada.

Aunque no soy el único que suele utilizar su poder con regularidad, ya que Zeus y Poseidón también suelen utilizar sus dominios divinos de vez en cuando.

Aunque Poseidón suele utilizar su poder divino y dominio sobre el mar para practicar su control y los movimientos de su tridente, siendo relativamente contenido.

Mientras que Zeus suele utilizar su dominio divino sobre el rayo para presumir… o escaparse para ponerle los cuernos a Metis con todo lo que se mueva.

Así que por lo que, en general, son menos problemáticos y destructivos que yo.

Al girar mi cabeza un poco más, no pude evitar notar a las ninfas, las cuales estaban mirando toda la situación como si fuera una especie de telenovela, sus ojos brillando con el chismorreo.

¿No tenían algo mejor que hacer? No, mejor dicho, ¿qué rayos siguen haciendo aquí? ¿No ven que esta es una conversación familiar privada? ¿Debería pedirles que se fueran? Naaa, qué pereza. Mejor pienso en cómo responder a la pregunta de Poseidón, mi mente ya maquinando posibles historias.

(Bueno, ahora veamos, ¿cómo debería responder a la pregunta de quién me atacó? No puedo decir que me ataqué yo mismo, ¿o sí? Sería demasiado ridículo, incluso para mí).

Mientras Hades pensaba en cómo debería responder a la pregunta que le hicieron, inconscientemente miró la mano en la que sostenía la Gema de la Verdad Engañosa, sintiendo su leve pulsación. Entonces, una idea le vino a la mente, una que combinaba la eficacia de la gema con su propio sentido del humor oscuro. (Ya que estoy creando una historia, ¿por qué no le doy un toque personal y un poco de mi estilo?)

“Bueno, si realmente quieren saber por quién fui atacado, se los diré”, Hades hizo una pausa dramática, dejando que el ambiente se tensara por la expectación. Y quién puede juzgarlo, ¡le encantaba el dramatismo!

Mientras tanto, en las mentes de todos los demás dioses en la habitación ya se creaban diferentes posibilidades, desde un ataque de una bestia desconocida hasta un atentado planeado por el mismísimo Rey Kronos. Pero ninguno de ellos estaba preparado para las siguientes palabras que dio Hades.

“Fueron los demonios.” Al escuchar sus palabras, el ritmo de todos pareció detenerse, una pausa tensa y silenciosa.

Los hermanos asintieron en confusión. De hecho, conocían el significado general de la palabra “demonio”. Cada uno de ellos tenía más o menos algún conocimiento sobre las criaturas a las que el nombre hacía alusión, aunque realmente nunca habían visto a uno en persona. Para ellos, era más una categoría de monstruos o espíritus malignos lejanos.

Las ninfas tampoco tuvieron una mayor reacción, ya que, si bien eran deidades más antiguas que los jóvenes dioses en la habitación, ellas nacieron en un período más reciente.

Por lo tanto, tampoco tenían ningún tipo de opinión real sobre los demonios ni ningún conocimiento real relacionado con ellos. Como mucho, los consideraban criaturas mágicas de viejas historias de terror, aptas para asustar a los niños.

Pero para Rea y Gaia, escuchar la palabra “demonio” fue bastante diferente. Rea, aunque nunca tuvo una experiencia personal con los demonios, ella, como reina de los dioses de la segunda generación, tenía un acceso privilegiado a algunos conocimientos prohibidos a los que los demás dioses nunca podrían acceder.

Entre ellos, estaba el conocimiento sobre los demonios. Aunque la palabra “demonio” normalmente se utilizaba para referirse a cualquier criatura proveniente del infierno o de reinos oscuros, ella sabía que de hecho existía una raza a la que se le conocía exclusivamente por ese nombre.

No eran simples criaturas demoníacas; eran Los Demonios, seres malvados, perversos, viciosos y sumamente brutales, existencias casi tan antiguas como la de los dioses más antiguos. Nadie sabe casi nada de ellos más allá de su nombre y su naturaleza, nadie excepto…

“¡Sabes de lo que estás hablando!”, Gaia dio un paso al frente, su voz grave y resonante, y encaró directamente a Hades. Ella, entre todos los dioses presentes, era quien más le costaba aceptar las palabras dichas por Hades.

Que le dijeran que un demonio logró infiltrarse en su territorio sin que ella lo supiera, no era diferente de darle una bofetada directa a su orgullo primordial. Y no solo eso, las palabras de Hades le dieron a entender que más de uno se había logrado infiltrar en su territorio.

Ella no dudaba de que lo que dijo Hades fuera verdad.

Después de todo, había estado utilizando su poder divino para sondear cada palabra que salía de su boca y hasta ahora no había detectado ningún tipo de mentira en sus palabras, solo la inquebrantable certeza de la verdad (que la gema del engaño imprimía en su mente).

Pero su orgullo se negaba a creer que lo que dijo era verdad, porque de ser así, ¿su dominio divino sobre la Tierra no se convertiría en una broma? ¿Qué clase de cara tendría si ni siquiera pudiera detectar que un pequeño grupo de demonios se infiltraron en su territorio justo frente a sus narices?

“Dime, ¿cómo se veían? ¿Te dijeron sus nombres?”, preguntó Gaia, su voz exigiendo más información.

Necesitaba determinar la situación.

Aunque no conocía a muchos demonios, sí llegó a conocer a algunos demonios primordiales bastante poderosos que vagaban sobre la tierra durante la era en la que los monstruos y los dragones todavía caminaban libremente por la tierra y los dioses todavía se enfrentaban peleando a muerte por cada pedazo de territorio que pudieran conseguir.

En aquella caótica época, ella junto con sus hermanos, Nix (Nicto), Erebo y Eros, tuvieron que pelear con uñas y dientes para reclamar una parte del inframundo para su panteón y para que ella pudiera dar a luz a la consciencia de su hijo Tártaro.

En aquella época, ella todavía solo era una primordial menor que poseía una parte del credo original de la tierra y todavía no se había convertido en la encarnación viva de la tierra en todo el sentido de la palabra, y tuvo que batallar contra muchos demonios en aquel entonces, entre los cuales hubo algunos que realmente le dejaron una impresión fuerte.

Al ver sus dudas, Hades quiso responder, pero entonces se dio cuenta de algo. ¡La había fregado! Ya que si bien conocía los nombres de muchos demonios de su mundo original, olvidó un detalle muy importante. No conocía el nombre de ningún demonio mitológico fuera de los demonios de los animes y mangas.

Claro, podría decir el nombre de algún demonio famoso de DxD, como Lucifer, o Lilith, pero el detalle estaba en que, ¡esos demonios todavía no existen en esta era!

Se le olvidó que Lucifer se convirtió en el primer ángel caído durante la época de la creación de Adán, el primer hombre creado por el Dios bíblico, rebelándose contra el cielo junto con un tercio de los ángeles creados por Dios.

¡Pero esos eventos todavía no ocurren! ¿Cómo lo sabía? Porque, de hecho, Hades ya había averiguado sobre el estado actual del mundo.

Al parecer, los ángeles todavía no existen o al menos su existencia no ha sido revelada públicamente.

En cuanto a los humanos que existían en la actualidad, ellos formaban parte de las especies mágicas que evolucionaron desde tiempos antiguos. Por lo que se sabía de ellos, evolucionaron de un grupo de monos que aprendieron a utilizar magia y sus cuerpos se adaptaron para parecerse a los dioses.

La fregó en serio.

Originalmente, mencionó a los demonios como una excusa casual, después de todo, esto era DxD y los demonios solían ser siempre los que causaban problemas.

Pero olvidó que los demonios que él conocía todavía no existían. Y aunque sabía de la existencia de otros demonios, ya que el libro maldito que robó de la bóveda de Kronos los mencionaba brevemente, no conocía ninguno de sus nombres específicos.

¡Necesitaba un nombre creíble, y rápido! la Gema podía hacer que creyeran cualquier cosa, pero necesitaba algo que decir.

‘Suspiro’. (Supongo que nuevamente tendré que improvisar).

Entonces Hades, con un suspiro mental de resignación y una chispa de diversión en sus ojos, empezó a narrar lo que “realmente” pasó la noche anterior.

Su voz, ya de por sí profunda, adquirió un tono de cuentacuentos, envolviendo a los oyentes en su fabricada realidad.

“Bueno, era de noche y ahí estaba yo, recostado tranquilamente en el suelo de Chrissis, admirando la majestuosa luna, disfrutando de la sensación del pasto húmedo y el aire frío… ¡Cuando de repente!”, la repentina subida de tono en mi voz sobresaltó a todos los presentes, haciendo que algunos dieran un pequeño brinco. “¡En el suelo apareció un extraño patrón envuelto en llamas, y de él salieron cuatro seres extraños! Eran altos, con pieles rojas escamosas, tenían ojos de contorno amarillo y pupilas reptilianas de color rojo, junto con unos extraños cuernos curvos como los de una cabra en la parte superior de su cabeza”, dije con un tono ligeramente misterioso para darle más sabor y veracidad a la historia, observando cómo la gema hacía su trabajo.

Gaia, que oía todo esto con una atención inusual, se llevó una mano a la barbilla. No recordaba a ningún demonio importante que coincidiera con la descripción de Hades, pero de hecho, recordaba haber visto algunas criaturas demoníacas menores que coincidían con algunas de las características que él describía, sorprendentemente la gema tejía los hilos de la credibilidad incluso en la mente de la Primordial.

“¿Te dijeron sus nombres?”, preguntó Gaia, su voz grave, con un matiz de seriedad.

Ella conocía el carácter arrogante de los demonios y su extraña manía de decirle sus nombres a sus víctimas, creyéndose superiores a todos los demás seres.

“He-sí, se llamaban…”, Hades parpadeó, la pregunta le había pillado por sorpresa, y estaba a punto de responder con una mentira genérica, pero entonces se detuvo por un momento.

En su mente se formó una idea divertida, una que prometía una satisfacción personal inmensa. “Me dijeron sus nombres… El más grande de ellos, y el que parecía ser el líder, se llamaba Benito Camelo. Otro de ellos, un demonio con apariencia y voz femenina, se llamaba Rosa Melano. También había otro demonio muuuy poderoso que se llamaba Débora Meltrozo, y por último, los acompañaba un pequeño demonio de aspecto delgado pero con garras largas y afiladas que se hacía llamar Larry Atota ¡pff~!” Mientras contaba la historia, tuve que hacer un esfuerzo supremo por no reírme a carcajadas.

¡Oh, Dios, ver sus caras de seriedad y concentración ante mis palabras me estaba matando! Jajajaja.

Gaia, ajena a mis pensamientos internos, contempló mis palabras. Y tal como pensaba, ninguno de esos nombres le sonaba en lo absoluto. Era el efecto de la gema, haciendo que lo absurdo pareciera plausible.

“¿Por casualidad te dijeron el propósito por el que estaban allí?”, me miró, esperando mi respuesta. Y por supuesto que se la iba a dar, con un giro inesperado.

“¡Sí! Ellos habían venido a este mundo por órdenes de su señor para buscar a… ¡mis nalgas!”, ¡JAJAJAJA! No podía creer lo que estaba diciendo, y encima, ¡ellos se lo creían! Era un nivel de engaño sublime.

“¿Tu nalga?”, dijo Hestia con un tono de confusión, su cerebro parecía no poder asimilar la información que había recibido, parpadeando aturdida.

“Sí, mi nalga. Dijeron que su señor, ‘Darkar, el Señor Demonio de la Nalga’, era un poderoso señor demonio antiguo que se dedicaba a robar las nalgas más hermosas y llamativas de la creación para añadirlas a su inmensa colección de nalgas—¡pfff!—¡Tos!—¡Tos!—”, tuve que cubrirme la boca para evitar estallar en carcajadas. Tuve que disimularlo en una tos fuerte y convincente, sintiendo el temblor en mi pecho.

“Hades, ¿te sientes bien?”, Hestia, que vio esto, naturalmente se preocupó, su rostro infantil mostrando genuina alarma.

“¡Ejem! Sí, estoy bien, el polvo aquí es abundante. Bueno, como decía, los demonios dijeron que su magnífico señor se había interesado en mis magníficas posaderas, por lo que decidió enviar a sus mejores súbditos con la misión de robar mis nalgas”, terminé, intentando mantener la compostura, aunque el esfuerzo era titánico.

Al escuchar mis palabras, los rostros de todos se contrajeron. A sus mentes les costó mucho asimilar la información. Era demasiado para procesar. No supieron cómo reaccionar.

¡Oh, bueno, no todos! “¡NOOOOOOO!”, de repente, una enloquecida Deméter se lanzó hacia Hades con lágrimas en su rostro, su voz un lamento desgarrador.

“¡No puede ser cierto! ¡Necesito verlo!” Deméter empujó a Hades intentando ponerlo de espaldas para poder ver su espalda baja, sus manos intentando revisar justo la zona de sus glúteos.

“¡Oye, ¿qué rayos estás haciendo, Deméter?!”, Hades gritó, horrorizado, mientras utilizaba su mano libre para intentar evitar que Deméter le arrancara los pantalones a la fuerza.

¿Qué demonios le pasaba? Solo quería bromear, intentando reír un ratito. ¡No esperaba que sus palabras desataran este tipo de reacción tan intensa!

“¡Necesito verlo, no puede haberse ido!”, gritó Deméter, completamente envuelta en lágrimas, mientras aumentaba sus esfuerzos por quitarme los pantalones, sus manos aferrándose a la tela con una fuerza sorprendente.

Para mí buena suerte una Hestia salvaje apareció en su espalda, intentando separarnos a la fuerza con una mezcla de consternación y determinación.

“¡¿De qué demonios estás hablando, qué se ha ido?!”, no pude evitar gritar en consternación, realmente no entendía de qué estaba hablando esta loca.

“¡Tu hermoso trasero! ¡Necesito ver cómo quedó!”, respondió una Deméter completamente enloquecida por la angustia, mirándome directamente a los ojos con la sinceridad de una madre preocupada por la salud de su hijo, o en este caso, de una parte de su anatomía.

¡Demonios señorita! (☉.☉)! Esta sí que se lo creyó de verdad.

“¡Okay, primero cálmate, a mí nadie me robó el trasero, todavía lo tengo completo!”, dije mientras retrocedía, alejándome de la “loca”. “Dije que los demonios habían venido por mi cola, no que se la habían llevado.” Al parecer, con esas palabras finalmente se había calmado un poco, la confusión reemplazando la angustia en su rostro.

Pronto, con ayuda de Hestia y Hera, Deméter volvió a estar en un estado pasivo, aunque noté cómo por instantes dirigía leves miradas hacia el área de mi coxis.

No pude evitar tener un leve estremecimiento ante esto. Aunque no lo parezca, Deméter, de hecho, es la más normal de todos mis hermanos, pero aun así no deja de ser extremadamente rara y sobreprotectora a veces.

Pero ¿en serio tenía que reaccionar de manera tan intensa? ¡Por poco y me arranca los pantalones con todo y ropa interior!, si hay una cosa que detesto en este mundo es el estar desnudo frente a otros. Para los dioses podrá ser normal, pero para mí es aberrante.

Puedo decir con seguridad que la única persona que me ha visto desnudo en mi vida es mi madre Rea, y eso que la única razón por la que me vio fue porque yo era un recién nacido, ¡y ni siquiera en ese entonces lo aprecié!

Punto de Vista General.

Después de esa vergonzosa escena que dejó a Hades al borde del colapso de la risa y el bochorno, el dios siguió contando su maravillosa y fantástica historia sobre cómo él, por sí solo, se enfrentó a los terribles demonios que habían venido a por sus nalgas.

“Entonces, cuando se dieron cuenta de que no podían vencerme, los demonios llamaron a un nuevo aliado, un demonio de apariencia humanoide, con la piel de un color blanco enfermizo, una cabeza desproporcionada con unos ojos grandes y redondos con un único punto negro en medio de sus pupilas blancas”, narró Hades, gesticulando dramáticamente. “Su nombre era el demonio del semen, Mecoboy.”

Siguió contando su heroica lucha contra los demonios subordinados de Darkar, los detalles cada vez más estrafalarios y absurdos, mientras que Hades, sin darse cuenta, estaba sumergiéndose cada vez más en sus propias mentiras, deleitándose en la credulidad de su audiencia.

“…cuando los cinco demonios vieron que no podían vencerme pese a sus esfuerzos, parecieron tomar una decisión. Entonces, de la nada, sacaron unos extraños artefactos y empezaron a bailar de manera sincronizada mientras sus cuerpos se cubrían con una extraña luz, y luego sus cuerpos eran cubiertos por unos llamativos trajes de colores. Nuestra lucha continuó, pero ahora eran más fuertes.”

15 minutos después…

“Luego del cielo emergieron cinco gigantes de piedra con la forma de animales: un gato pelón, una paloma, un caballo, un gusano y un cangrejo jorobado de xochimilco. Luego, los cinco demonios saltaron al interior de las gigantescas estatuas de piedra para poder acceder a su máximo poder.

Pronto, las estatuas de animales se deformaron para formar al mega guerrero de piedra gigante demoníaco, ¡una abominación de proporciones épicas!”

30 minutos después…

“Y finalmente, después de muchos esfuerzos y del sacrificio de Pablo, el pingüino, logré destruir el núcleo de su super rayo de la muerte alimentado por arcoíris, causando una poderosa explosión que terminó con la vida de los demonios, acabando con su plan malvado de robar todas las nalgas del mundo, y finalmente después esa sangrienta batalla caí en un estado de debilidad por el agotamiento, pero por suerte uno de mis clones logró traerme de vuelta a Creta sano y salvo. ¿Alguna otra pregunta?”, dijo Hades, con un aire de agotamiento bien actuado, mientras se quitaba sus gafas de lectura y acomodaba el cuello de su suéter café que, nadie sabía cómo, se había puesto en algún momento.

Miró fijamente las expresiones de los demás dioses ante su increíble y fantasiosa historia, y para su suerte, estos no lo decepcionaron.

Poseidón tenía una cara realmente graciosa, parecía que en algún momento su cerebro había muerto en algún momento, quizás porque no podía asimilar todos los aspectos de la increíble historia de aventura-acción-ficción caricaturista que le contó Hades… o quizás por lo estúpido que sonó todo lo que escuchó durante la última hora.

Hera, por su parte, pareció estar sumergida en sus propios pensamientos, con una mirada casi vacía en sus ojos, como si fuera una estudiante de primaria a la que le hubieran puesto como tarea resolver un problema de matemáticas de nivel universitario.

Por otro lado, Hestia y Deméter se estaban abrazando mientras lloraban y reían de manera simultánea, profundamente conmovidas por la historia que acababan de escuchar, como si hubieran presenciado una épica tragedia y comedia a la vez.

Las ninfas no estaban mejor; parecían estar desahuciadas, con los ojos vidriosos, como si les hubieran dicho que su actriz de telenovelas favorita había muerto.

Rea, por su parte, lo miraba con ferviente preocupación, sintiendo sus intenciones, parecía que quería lanzarse a él y envolverlo en un fuerte abrazo maternal, buscando consolarlo después de tan “terrible” experiencia.

Gaia, por su parte, se dio la vuelta y salió sin siquiera mirar atrás. ¡Qué lástima! A Hades en verdad le hubiera gustado ver su expresión en ese momento.

Y así, finalmente, después de una corta conversación y varias promesas de no sobre esforzarse y descansar por ese día, los hermanos y la madre de Hades finalmente salieron de su habitación, dejando la cueva en un silencio relativo.

En cuanto a las ninfas, por supuesto, Hades terminó echándolas después de que estas se ofrecieran a hacerle compañía en la cama, con propuestas que él consideró demasiado atrevidas.

Finalmente, estando solo, Hades pudo suspirar de verdad. Se sentía aliviado de finalmente poder parar su palabrería absurda. Levantó su mano y miró la pequeña cuenta verde que sostenía entre sus dedos, su superficie lisa y brillante.

“Gema de la Verdad Engañosa”, dijo, mirándola fijamente con una sonrisa tensa en sus labios mientras una gota de sudor bajaba por su sien.

“Un objeto realmente aterrador.”

Aunque esperaba que sus efectos fueran efectivos en los dioses, no esperaba que fueran tan buenos.

Mientras soltaba su palabrería absurda ante sus hermanos y los demás dioses, no sintió ningún tipo de resistencia o dudas de su parte, solo la certeza ciega.

Sin dudas, la habilidad de naturaleza psíquica de esta pequeña gema era otra cosa; de hecho, podría estar al nivel o incluso por encima de la habilidad de su propio Mangekyo Sharingan en manipulación mental.

También se había dado cuenta de que entre más utilizaba la piedra, más quería seguir hablando, creando historias y relatos locos.

Tenía que admitir que el sentimiento era bastante adictivo y, de no ser por la protección que le otorgaba su característica del sistema Mente de Gamer, quizás podría no haber soltado la pequeña gema nunca.

“Bueeeno, al inventario”, dijo Hades con un tono ligeramente alegre mientras tiraba la pequeña piedra dentro de su espacio de inventario.

No le preocupaba mucho lo que pasaría con su mentira después; después de todo, los efectos de manipular la mente y los recuerdos de la gema, junto con su manipulación menor de la realidad, se encargarían del resto, asegurando que su fantasiosa historia permaneciera como una “verdad” en sus mentes.

Definitivamente no era una Gema del Infinito de la Mente ni de la Realidad, pero sus efectos no eran mucho peores que los de una.

Entonces, finalmente gozando de un merecido descanso y de la tan anhelada soledad, Hades se sentó en su cama improvisada en posición de meditación, mientras canalizaba el chakra senjutsu en su cuerpo, sintiéndolo circular por cada fibra y célula de su ser, reparando los restos del daño interno que la transformación en titán le causo a su cuerpo.

Mientras tanto, canalizó una mínima parte de su poder divino sobre el agua. ¿El porqué hacía esto? Bueno, además de que está divinidad tenía una naturaleza más fácil de manejar que su divinidad sobre la muerte, fue porque desde el repentino aumento de tamaño de su “estanque” de poder divino (su núcleo divino), la capacidad de su cuerpo para almacenar y condensar poder divino a partir de la magia en el aire también aumentó drásticamente.

Ahora su capacidad de almacenamiento era más de dos veces y media mayor de lo que era antes, lo cual era muy bueno, pero a la vez muy malo para él, después de todo, empeoró su capacidad de controlar su poder divino, haciendo que su control se sintiera mucho más volátil y torpe.

“Je, supongo que es hora de empezar de nuevo”, dijo Hades con una pequeña sonrisa nostálgica en la comisura de sus labios.

Esta misma situación era por la que él pasó la primera vez que aprendió a controlar su energía mágica para condensar un cuchillo de sombras cuando todavía estaba en el estómago de Kronos.

En ese entonces, le tomó varios minutos el aprender a controlar su pequeña reserva de poder mágico, y tuvo que practicar por más de una hora para obtener un control decente de su energía.

Aunque claro, en ese momento, sus reservas de poder divino eran muy pequeñas y su capacidad para condensar el maná del estómago de Kronos no era muy buena.

De hecho, tuvo que desarrollar las habilidades “Control Mágico” y “Extracción de Maná” para poder ejercer su control sobre las sombras de manera eficaz.

Y ahora, como en aquel entonces, tenía que aprender a controlar su poder, solo que tenía que trabajar con un núcleo divino completamente formado y parcialmente mutado, y una reserva de energía mágica miles de veces mayor a la de aquel momento, era como volver a aprender a caminar, pero ahora con piernas que podían mover montañas.

Con esos pensamientos, Hades volvió a concentrarse en familiarizarse y dominar su nuevo poder, la cueva sumergiéndose en un silencio roto solo por el suave murmullo de la energía divina.

Cambio de escena.

En la devastada y cicatrizada isla de Eubea, una herida abierta en el corazón del Egeo, se había abierto una grieta espacio-temporal al borde de un cráter de magnitudes colosales.

Esta cicatriz, que abarcaba toda el área central de la isla, se extendía por varios miles de kilómetros de tierra arrasada, formando una inmensa depresión de más de cien metros de profundidad. Era un testamento mudo y desolador de una batalla cataclísmica que había dejado la isla al borde de la aniquilación ecológica.

El aire mismo parecía vibrar con el eco de la destrucción, un lamento silencioso de la tierra.

De la grieta, que se rasgó en el velo de la realidad con un suave zumbido, emergió la hermosa y etérea figura de una mujer. Era alta, con una piel de tono bronceado saludable que parecía irradiar la vitalidad de la vida misma.

Su largo cabello, de un vibrante color verde esmeralda, estaba delicadamente adornado con hermosas flores silvestres recién brotadas y ramas jóvenes con espinas, cayendo en cascada por su espalda como una cascada de follaje. Era la primordial de la tierra del panteón griego, Gaia, la Gran Madre, la esencia viviente del planeta.

Gaia miró la escena apocalíptica a su alrededor, y un profundo ceño se frunció en su frente, oscureciendo sus ojos que normalmente brillaban con la serenidad inmutable de la naturaleza.

Su mirada abarcaba la desolación: montañas reducidas a meros cúmulos de tierra estéril, sus picos antes orgullosos ahora simples montículos; bosques enteros quemados hasta las cenizas, donde antes había vida ahora solo quedaban esqueletos calcinados de árboles y cadáveres ennegrecidos de animales adornando los rincones más recónditos; profundos cráteres de gran tamaño, como heridas abiertas y supurantes, salpicaban la superficie de la isla.

Ver toda esta escena de destrucción la enojaba profundamente, una ira que vibraba a través de la tierra misma, una resonancia telúrica que hacía temblar el suelo bajo sus pies.

Como la primordial de la tierra, ella era la encargada de promover el desarrollo y el florecimiento de todos los ecosistemas del mundo animal y vegetal, y de mantener la estabilidad y el equilibrio del planeta. No podía, y no permitiría, que las cosas se quedaran como estaban. La injuria a su dominio era personal, una afrenta directa a su propia esencia.

Gaia, después de darle una última mirada a la devastación a su alrededor, con una expresión de dolor y furia, giró su mirada hacia el centro del gigantesco cráter que tenía enfrente y comenzó a caminar hacia sus profundidades.

A medida que avanzaba, una poderosa aura de poder divino envolvía su cuerpo, una luz verde esmeralda con destellos dorados que se extendía a su paso, como una marea de vida.

Cada vez que sus pies descalzos tocaban el suelo, surgían cambios importantes y milagrosos.

La tierra muerta y quemada que pisaba se transformaba al instante en tierra viva y fértil, vibrante con nueva energía. Y de ella, como por arte de magia, brotaban flores de colores vibrantes, pasto verde intenso, árboles jóvenes y robustos, y todo tipo de plantas, restaurando la vida con cada paso de la diosa.

El aire se llenaba con el dulce aroma de la tierra recién nacida y el zumbido de los insectos que regresaban.

esta escena no estaba limitada a los alrededores inmediatos de Gaia; en toda la isla de Eubea, estaban sucediendo escenas similares, un tapiz de restauración que se extendía desde el centro de la isla hacia sus costas, un milagro de renacimiento a una escala colosal.

Lo que antes era un paisaje árido devastado por la batalla pronto se fue transformando en naturaleza nuevamente, como si la herida de la tierra se estuviera cerrando con una velocidad sobrenatural, borrando las cicatrices de la furia desatada.

Sin inmutarse por los cambios que había causado con su mera presencia, Gaia continuó caminando hasta el centro del cráter, hasta que estuvo justo en el corazón de lo que antes había sido una extensa y hermosa porción de Eubea.

Sus pasos se detuvieron, y Gaia extendió sus sentidos, una vastísima red de conciencia que abarcaba toda la isla, penetrando la tierra, el aire y el mar, buscando algo en particular.

Entonces, finalmente lo encontró.

En su visión interior, aparecieron rastros de energía mágica que se encontraban en distintos puntos de la isla e incluso se extendían por el aire y el mar, como ecos persistentes de un evento reciente.

Una de esas energías le pertenecía a Hades, un rastro familiar de su poder, pero eso no podía importarle menos en ese momento. Sus sentidos se concentraron con una intensidad feroz en las firmas de energía mágica desconocidas, rastros que la alarmaron profundamente, pues no eran de este mundo.

Pasaron los segundos en los que su cuerpo no se movía ni siquiera un centímetro, una estatua de poder concentrado, su rostro una máscara de concentración.

Entonces finalmente algo cambió.

De su cuerpo empezó a filtrarse una estela de energía divina verde con destellos dorados, más brillante y densa que antes, pulsando con la energía del planeta.

Su aura divina se elevó violentamente hacia los cielos, formando una columna de luz esmeralda que perforó las nubes. Por un momento, se pudo sentir cómo todo el continente europeo tembló de manera violenta, una resonancia telúrica que hizo vibrar los cimientos del mundo, para luego detenerse abruptamente, como si la propia Gaia hubiera contenido su furia.

“¡Esos malnacidos! ¡¿Cómo se atreven esos malditos seres retorcidos a venir aquí y pisar mi cuerpo?!”, su voz, normalmente melodiosa y gentil como el susurro del viento, se transformó en un gruñido bajo y gutural, cargado de pura ira primordial, una furia que prometía venganza, el relato de Hades, antes apenas creíble, ahora resonaba con una verdad innegable en su mente.

Ella finalmente lo había confirmado, en esta isla, definitivamente había rastros de energía demoníaca, y por la intensidad y el tipo de magia, pudo discernir que todos eran demonios de alto rango, con una naturaleza inherentemente retorcida y corruptora que le revolvía el espíritu.

Al principio, le pareció ridícula la historia que Hades había contado, especialmente los nombres absurdos y el propósito inverosímil de los demonios. Aunque su relato sonaba muy creíble (gracias a la influencia sutil de la Gema de la Verdad Engañosa), todavía albergaba sus propias dudas hacia sus afirmaciones de demonios rondando libremente por la tierra.

Le sonaba absurdo, sobre todo con “ese tipo” (el Dios Bíblico) vigilando constantemente todo lo que pasaba en el mundo, si hubiera algún demonio suelto, él sería el primero en actuar, independientemente de si ejercía su poder fuera de su territorio reconocido.

Pero ahora, al sentir las firmas de energía con sus propios sentidos, la duda se disipó como la niebla, había empezado a creer en la historia de Hades asimilándola como una verdad innegable, una amenaza real.

Su orgullo se sintió herido por la intrusión, pero la evidencia era irrefutable. Quizás debería reforzar su control sobre la barrera que rodeaba a Grecia, o quizás, incluso expandirla, para evitar futuras incursiones de estas abominaciones.

Después de revisar por un rato más, Gaia, al no encontrar ningún rastro de algún demonio vivo, ni algún rastro persistente de la influencia del poder de otros dioses aparte de los de Hades (que eran los suyos), finalmente decidió abandonar la escena, con la isla renacida, y su misión de restauración cumplida podía partir inmediatamente, quería hacerle una visita a su hermana nix para comentarle lo sucedido.

Con un pensamiento, se abrió una nueva grieta en el espacio, un portal que se onduló en el aire, y esta procedió a atravesarla, su figura desvaneciéndose en la luz esmeralda, finalmente dejando la escena en Eubea, que ahora, bajo su toque, volvía a florecer.

Pero, de lo que no se dio cuenta fue de que en el momento en que se fue, aquellos rastros de “energía demoníaca” que la habían enfurecido se transformaron, con una sutileza imperceptible, en destellos de energía verde translúcida, la misma energía residual de la Gema de la Verdad Engañosa de Hades, desvaneciéndose en el aire como un espejismo.

Pero para su mala suerte, y la buena suerte de Hades, eso era algo que ella jamás sabría. La verdad había sido moldeada, y la Tierra misma, en su sabiduría primordial, había aceptado el engaño como una realidad innegable.

Fin del capítulo.

———————————————————————————-

Bueno ahí está, finalmente logré reconstruir él capitulo 27… o bueno al menos la mitad de el.

Originalmente el capítulo sería más largo, pero tuve un problema con el guardado del capítulo, ya si bien todos los capítulos de Mi historia se guardan en mi celular, yo suelo utilizar mi computadora para escribirlos, por medio de la conexión de la nube de Word, al parecer hubo un problema a la hora de guardar mi Progreso con el capítulo 27, lo cual terminó causando que la mayor parte del capítulo que ya había escrito no se guardara.

Pero de cualquier forma le agradezco a los seguidores de esta historia por su paciencia.

En fin, ¡Muchas gracias por leer mi historia!

Deja tu comentario.

¡Y dale a la estrellita!.

Estado actual del protagonista.

[Estado]

{Nombre: Hades}

{raza: Dios griego/ Aithyropoioi- Titán primigenio/Colossus Sapien Arcana }

{Dios del Inframundo – Dios del Agua- Titan}

{Nivel de potencia: 57.308}

{STR: 2.672}

{DES: 2.000}

{VIT: 9.000}

{MAG: 53.900}

{CHA: 45}

{KRA: 140.000}

Puntos: 95.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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