Un Dios De La Muerte Como Ningún Otro En Animé World - Capítulo 41
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Capítulo 41: 34. la estrella .W
POV Hades.
Bueno… dependiendo de cómo salga esto, podría terminar convirtiéndome en el genio más dominado de la historia -hasta el momento- o en el idiota más desafortunado que haya existido jamás.
Después de todo, cualquier persona con un mínimo de racionalidad se lo pensaría dos veces antes de siquiera intentar escapar de los dominios de Océano.
Puede que mis hermanos no se hayan dado cuenta, pero yo sí.
Nuestros tíos -o más específicamente, nuestro tío, el titán de los mares, Océano- mantiene una vigilancia constante sobre nosotros.
Al principio solo fue un leve presentimiento, algo parecido a esa sensación incómoda de que alguien te observa fijamente: una especie de picazón mental cuya fuente no puedes identificar con claridad.
Sin embargo, a medida que pasaron mis días en la ciudad submarina, comprendí que ese “sentimiento” no era una simple ilusión. Aparecía siempre en momentos muy específicos: durante mis entrenamientos, cuando interactuaba con figuras influyentes de la ciudad, o -curiosamente- cada vez que tenía algún tipo de contacto con cualquiera de las hijas de los gobernantes del lugar.
Eso, sumado a mis interacciones secretas con las líneas ley que se extienden en las profundidades bajo la ciudad, me permitió entender una verdad inquietante:
Siempre hemos estado bajo la mirada de Océano.
O, para ser más preciso, toda la maldita ciudad lo ha estado.
La ciudad submarina se encuentra conectada a una gigantesca red mágica interconectada, una estructura colosal que funciona como una extensión directa del dominio personal de Océano.
Todo lo que existe dentro de ella se encuentra, de una forma u otra, bajo su control.
Al parecer, nuestro tío es capaz de ejercer un dominio absoluto sobre el flujo de energía de las líneas ley. Utiliza ese poder para expandir su autoridad divina de manera sutil e imperceptible, convirtiendo toda la ciudad en un mecanismo de vigilancia perfecto.
Desde su salón del trono en el castillo principal, hasta los límites más alejados de su territorio en el mar Egeo, nada escapa completamente a su percepción.
Suena a una teoría paranoica digna de un conspiranoico…
pero después de haber experimentado de primera mano el inmenso poder que reside en la fuente de origen de la línea ley de Thalassia, no me resulta difícil de creer.
Después de todo, si un ser gobierna esta ciudad, domina estas aguas y además controla el origen mismo del flujo de un poder tan absurdo… no sería extraño que recibiera una amplificación monstruosa de sus capacidades.
Y más aún si ese ser no solo es un titán, sino también un usuario de magia -o teurgia- con una habilidad más que respetable.
Y, por supuesto, eso no es bueno para mí.
Aunque a primera vista a Océano no parece importarle demasiado lo que los hijos de Rea hagamos dentro de su territorio, nunca ha sido descuidado.
Siempre ha sabido mantener una vigilancia discreta, silenciosa, pero constante sobre cada uno de nosotros.
Y estoy completamente seguro de que, en el preciso instante en que cualquiera de nosotros intente escapar, el titán actuará con rapidez para detenerlo.
¿Y cómo lo sé?
Bueno… principalmente por intuición y deducción. Después de todo, la razón principal por la que mis hermanos y yo vinimos a este lugar no fue ni entrenamiento ni turismo.
Fue por algo mucho más grave.
Kronos…
Sí, al parecer el viejo pedorro de nuestro padre había estado buscándonos con una intensidad francamente obsesiva.
Al punto de que cada centímetro de tierra y cada kilómetro de los tres mares de Grecia estaban siendo vigilados con una vehemencia casi enfermiza.
Según los rumores que escuché hace algún tiempo, la mayor parte de la fuerza militar de los Titanes se había dedicado exclusivamente a rastrear cualquier indicio de nuestro paradero.
Incluso se habían dado órdenes explícitas de matar a la vista a cualquiera de mis hermanos… o a mí.
Y, de hecho, algunos rumores que en su momento consideré exagerados bien podrían ser ciertos:
al parecer están capturando a cualquier dios masculino que tenga cabello negro y ojos negros los muy cabrones.
(pero incluso así ellos perderían porque no saben que ahora tengo los cuernos bien puestos, ¡Jajaja!… Espera, eso sonó mal…)
(…Ugh.)
Parece que realmente logré romper la mente del anciano para que emitiera órdenes tan absurdas, que sólo generan dudas y terror entre los suyos.
Aunque, siendo justos, puede que haya exagerado un poco su reacción.
Después de todo, lo único que hice fue causarle dolores estomacales durante más de una década, hacer explotar su estómago desde dentro, humillarlo públicamente, casi destruir su reino, hacer volar su castillo por los aires y, ocasionalmente, arrojarle explosivos y misiles desde las alturas solo para asegurarme de que su asqueroso trasero jamás encontrara la paz.
No era para tanto.
De verdad… no había ninguna necesidad de reaccionar de esa manera.
eso no es lo importante, lo que importa ahora es encontrar una manera segura, efectiva y 100% original de pasar la barrera de Océano sin ser detectado.
Claro, podría tomar la ruta fácil utilizando uno de mis clones de limbo para intercambiar lugares y aparecer en otro lugar que se encuentre lejos de aquí.
¿Pero dónde estaría lo entretenido en eso?
Porque, seamos honestos, ¿no sería terriblemente aburrido si pudiera resolverlo todo sin esfuerzo?
Si bien estoy haciendo esto más por aburrimiento personal y por curiosidad -solo para ver hasta dónde puedo llegar usando métodos alternativos en lugar de soluciones directas-, eso no quita que aprender a desafiar las defensas de Thalassia y escapar campantemente por mi propia cuenta pueda resultarme bastante beneficioso a largo plazo.
Esa también era la razón por la que estaba leyendo un mapa que parecia ser una especie de híbrido entre un dibujo echo a lápiz y una proyeccion en 3D hiperrealista, que mostraba un mapa parcialmente completo de la ciudadela submarina.
Un mapa de localización que había fabricado en una mesa de trabajo de Minecraft utilizando ocho hojas de papel común y una brújula de redstone.
“Tsk, tsk, tsk, cómo me lo imaginaba, mirar está cosa de siente extraño”
Lo digo enserio, era como mirar una imagen estática que a simple vista carese de cualquier tipo de relieve, pero que de alguna manera parecía poder proyectar una ilusión de estar en tres dimensiones, sobre todo porque a diferencia de los mapas de Minecraft, esté mapa no estaba proyectando una versión angulosa a cuadros de la ciudad de thalassia, si no que proyectaba una versión híper realista y a color de toda la ciudad, como si fuera una imagen tomada por un satélite.
Excepto por algunas partes no tan importantes, pero eso de debe principalmente a qué al igual que el juego, el mapa tiene un límite de área que es capaz de registrar.
Pero eso no importa, lo importante es que con éste mapa puedo se totalmente consiente de mi ubicación actual en thalassia, la cual actualmente se encuentra en mi habitación el en la torre adjunta la castillo del titán de los mares.
Pero, a medida que seguía analizando el mapa, también pude darme cuenta de algo…
no había salidas opcionales en toda la ciudad.
“¡¿Qué porquería es esta?!”
No pude evitar gritar mientras golpeaba la superficie de la mesa, haciendo que esta temblara levemente.
“¿Dónde están las salidas traseras?, ¿dónde están los pasajes secretos?, ¿dónde están las entradas ocultas para que ladrones como yo… ejem, quiero decir, para que la gente común pueda escapar en situaciones de emergencia?”
La frustración me recorrió el cuerpo al comprender la magnitud del problema.
El hecho de que en toda Thalassia solo existiera una única entrada y salida era un defecto enorme.
¿En qué estaba pensando Océano cuando diseñó esta ciudad?
O mejor dicho… ¿siquiera lo pensó?
¿O simplemente dejó que sus subordinados construyeran cualquier cosa que sirviera y se viera bonita?
Porque dejando de lado la extrema fortificación externa y las complejas defensas internas de la ciudad…
esto no era más que una gigantesca tumba.
Es decir, si un enemigo lograba atravesar los pilares de piedra e invadir la barrera que protegía la ciudad -aunque no lograra ingresar por completo- era cien por ciento seguro que los habitantes quedarían atrapados en el fuego cruzado, en ese punto o son capturados u asesinados por el enemigo, o la cúpula protectora se rompe y son aplastados por la presión del agua.
Y ni hablar de otros métodos de escape como la teletransportación.
Sobre todo porque la barrera que impedía el acceso externo también bloqueaba cualquier forma de teletransportación basada en magia, dejando como único punto de entrada y salida el gigantesco arco que conecta el interior de la ciudad con el profundo abismo marino.
Además, al parecer, esta ciudad magníficamente diseñada con los mejores y más raros materiales, no contaba ni con búnkeres, ni con una mísera ruta de evacuación.
Sentía que me venía un dolor de cabeza, no me estaba divirtiendo en lo más mínimo con esto.
“No es su culpa… es culpa de la época”, intenté repetirme mientras me cubría el rostro con una mano.
Pero al final no pude contenerme.
“¡Y que jodan! ¿Quién fue el soplav€rgæs subnormal que diseñó este lugar?, que el muy incompetente ni siquiera es capaz de diseñar bien algo tan básico como una ruta de evacuación segura en caso de necesidad, si hasta las cuevas en las que vivimos en Creta tienen salidas alternativas en caso de invasión, y eso que fueron echas prácticamente a medias. ¡Pero esta ciudad ni siquiera cuenta con un sistema básico de coordinación para desastres, o salidas opcionales!”
Me sentía tanto confundido como frustrado.
Porque, si bien era cierto que, en caso de la caída de la barrera que separaba a la ciudad de la fosa marina, la mayoría de los habitantes probablemente podría escapar nadando a través de la cúpula hacia un lugar seguro -después de todo, la mayoría de los que vivían aquí eran personas pez y dioses del agua o alguna otra criatura mítica relacionada con el mar.
pero también sabía que no todos lo lograrían.
Por ejemplo, estaban las ninfas del bosque, que eran prácticamente indefensas en el mar debido a su falta de conexión con la tierra y su nulo domino sobre el entorno.
Y también las especies mágicas comunes, como los espíritus de fuego y tierra y los druidas, extremadamente vulnerables fuera de su dominio natural.
Pero siendo honesto…
eso a Hades no podía importarle menos.
Lo que realmente me importaba era algo mucho más grave:
¡Mi maldita familia estaba viviendo aquí!
¿Qué pasaría si algún día, mientras yo no estuviera presente, Kronos y su pandilla de raros decidieran invadir?
No quería ni imaginar ese escenario.
“Hmmm… bueno, está decidido.”
Inmediatamente me di la vuelta y miré en dirección a mi cama.
Encima de ella descansaba tranquilamente la figura de una pequeña babosa, la cual tenía la cabeza metida dentro de una bolsa de comida para mascotas.
Al notar mi mirada, Katsuyu sacó la cabeza del envoltorio y me miró. Tenía migajas por toda la cara e incluso, en ese mismo instante, seguía masticando los restos de una croqueta con su extraña boca.
Por un momento me quedé observando aquella escena tan surrealista, pero no me detuve en ella por mucho tiempo.
“Maestra, le pido que me disculpe, pero tengo que hacer algo antes de irnos. Espero que no le moleste que retrase un poco nuestra salida.”
Al escuchar mis palabras, Katsuyu asintió sin darle demasiadas vueltas al asunto.
En ese momento, su atención estaba completamente centrada en el tesoro frente a ella; ni siquiera mostró signos de confusión u objeción alguna.
“No hay problema, Hades Sama. Puede irse con tranquilidad y resolver sus asuntos. Yo estaré esperando su regreso aquí.”
Dicho esto, la sabia babosa volvió a meter la cabeza dentro del envoltorio de alimento para mascotas y empezó a llenar sus mejillas -o lo que fuera que tuviera en su lugar- con trozos de croquetas, como si fuera una ardilla hambrienta.
Al ver la escena desarrollarse frente a mí, no pude evitar negar con la cabeza. Estaba seguro de que, si alguien del mundo ninja que conociera a Katsuyu presenciara esto, se sentiría increíblemente confundido.
Después de todo, ese no era el comportamiento que se esperaría de la legendaria babosa sabia que había vivido por casi mil años.
“Bueno… entonces me despido, maestra.”
Me di la vuelta para salir de la habitación, cerrando la puerta tras de mí con un sonido seco.
Luego, con un movimiento rápido, saqué una pequeña cadena junto con un candado y me dispuse a colocarlo en la puerta.
‘clic’
Sonó la cerradura una vez quedó bien ajustada.
Realmente no había necesidad de poner un candado. Si bien las puertas que adornaban los pasillos del palacio no poseían ningún tipo de seguro más allá de una simple barra de madera que se ajustaba desde el interior, tampoco era probable que alguien invadiera mi espacio privado.
Después de todo, prácticamente todos los sirvientes del palacio sabían que yo dormía allí y no se atreverían a tocar mis cosas.
Aun así, no estaba de más usarlo.
Gracias a mis costumbres, los sirvientes ya habían aprendido a interpretar mis señales de comportamiento, y sabían que cuando algo bloqueaba la puerta de mi habitación significaba una sola cosa: NO ENTRAR.
“Ha, casi lo olvido”
Volví dos pasos hacía atrás y pose mi mano sobre la superficie de una de las paredes de piedra.
‘brillar’
Rápidamente un círculo compuesto por símbolos glificos se levanto con un brillo ligero para luego desaparecer, una barrera simple que bloquea la perspectiva de aquellos que utilizan medios mágicos para el espionaje.
De ese modo, nadie molestaría a la maestra ni husmearía entre mis pertenencias. No quería que alguien encontrara por error mis esquemas y planos de Thalassia y terminara enterándose de mis planes para salir al exterior, especialmente mis hermanos.
Estaba más que seguro de que, si lo descubrían, harían todo lo posible por bloquearme, y eso era algo con lo que realmente no quería lidiar en este momento.
No porque fuera un desalmado al que no le importara irse y dejarlos atrás; por el contrario, me sentiría increíblemente incómodo sabiendo que se preocuparían por mí en mi ausencia.
Eso me haría sentir fatal, sobre todo porque sabía que, como mínimo, Deméter reaccionaría con su llanto insufrible y Hestia probablemente haría algo impulsivo si no supieran dónde me encontraba.
Pero esa era otra preocupación.
Por ahora, lo primordial era resolver mi pequeño problema con mi salida turística de Thalassia.
“Puedo encargarme de mi ausencia después. Pero por ahora… vamos a reunirnos con mi querido tío y ver si podemos improvisar algo.”
Así, con mi típica sonrisa relajada, me dirigí en dirección al salón del trono de Océano.
.
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Caminando por los largos pasillos de piedra blanca, adornados con innumerables piedras preciosas que ofrecían una ostentosa exhibición de la vasta riqueza del mar, me dirigí hacia unas puertas gigantes de metal que me resultaban familiares.
Estaban grabadas con patrones que se asemejaban al oleaje de aguas tranquilas y adornadas con antiguos símbolos mágicos cuya superficie se encontraba chapada en oro.
La estética, combinada con los pisos de losa blanca que parecían haber sido pulidos con una lija eléctrica, le daba al lugar el aspecto de una mansión para ricos… lo típico de los dioses.
Como siempre, además de la fuerza, mostrar la riqueza era la forma predilecta en la que los dioses demostraban su estatus. Y si bien la estética elegante de Océano contrastaba bastante con el estilo exageradamente ostentoso del palacio de Kronos, seguía siendo, sin lugar a dudas, extremadamente lujosa.
Al llegar frente a las puertas fui recibido de inmediato por dos guardias vestidos con armaduras de escamas de pez y lanzas hechas de acero celestial. Por supuesto, eran de la estirpe de Océano.
“Saludos, primo Hades. ¿Qué te trae por aquí?”
Uno de ellos habló con un tono que oscilaba entre lo reservado y lo respetuoso. Se notaba que solo estaba siendo formal, puesto que, al igual que la mayoría de los miles de hijos e hijas de Océano… no tenía ni idea de quién era realmente.
Y tampoco me interesaba saberlo.
Incluso si usara mi habilidad de {observación} en todas las personas de la ciudad submarina, lo más probable era que no recordara ni a una fracción de ellas después.
(Saludos, dios sin importancia cuyo nombre no recuerdo)
Eso era lo que quería decir en ese momento, pero obviamente no podía soltar algo tan escandaloso.
Pero, solo por la curiosidad.
[Analisis]
[Díos random N.1]
[Raza: Dios griego]
[Títulos: Dios del pasto marino, no hay nada más que sea destacable en el]
[nivel de potencia: 14.300]
[Nota: más fuerte que el Dios debilucho promedió, al borde de la mediocridad]
[Estado]
[Díos random N.2]
[Raza: Dios griego]
[Títulos: Dios del coral marino, lo mismo que él anterior pero más aburrido]
[Nivel de potencia: 12.450]
[Nota del sistema: un debilucho más del montón]
(sistema… ¿que fue eso?, pareciera que ni siquiera te interesa intentarlo)
[Al Anfitrión le interesaria conseguir información más detallada?]
(No, la verdad no me importan lo suficientemente como para interesarme en saber sus estados, olvida lo que dije Sistema)
“Hola a ti también, primo.”
Respondí con un saludo bastante estándar, omitiendo deliberadamente el típico tono despectivo de superioridad que se esperaría de un dios de mi estatus.
“He venido a reunirme con mi querido tío por un asunto de vital importancia, agradecería que me permitieran el paso para hablar con él.”
Al escuchar mis palabras y ver mi semblante serio, ambos guardias se miraron confundidos.
No era extraño que alguien solicitara una audiencia con su padre rey, pero el hecho de que Hades, el mismo dios que durante años ni siquiera se había molestado en transitar por los pasillos del palacio principal, lo pidiera… era desconcertante.
Además, ambos conocían la infame reputación del dios que tenían enfrente. Esa era la razón principal por la que dudaban si mis palabras eran sinceras o simplemente otra de mis ocurrencias nacidas de un capricho repentino del dios de los muertos.
(¡Hey, eso me ofende!)
Ambos dioses se quedaron en silencio durante unos segundos, deliberando si debían atender mi petición e informar a su padre.
“Señor Hades, atenderemos su solicitud, pero lamentablemente en este momento nuestro padre no se encuentra disponible-“
‘CRACK’
El guardia fue interrumpido abruptamente cuando las enormes puertas detrás de él se abrieron de par en par, produciendo un estruendo que resonó por todo el corredor..
No se escuchó ninguna palabra desde el interior del salón, pero ambos dioses comprendieron la señal de inmediato.
Golpeando la punta de sus lanzas contra el suelo, se pusieron firmes y adoptaron expresiones completamente serias.
“Hades Sama, nuestro padre lo espera.”
No pude evitar sorprenderme ante el cambio de actitud. Pasaron de ser guardianes apenas competentes a parecer centinelas inamovibles en cuestión de segundos.
Bastante impresionante.
Aunque no tenía tiempo para admirar la disciplina militar de los dioses del mar; tenía una reunión no planeada con un titán a la cual asistir.
“Ok, nos vemos luego entonces. Cuídense.”
Pasé junto a ellos sin que siquiera reaccionaran ante mi presencia.
Antes de entrar al salón pude percibir sus emociones: confusión, un leve temor… y, curiosamente, un rastro de algo parecido a la admiración.
“Heh…”
No pude evitar esbozar una ligera sonrisa.
Parece que Océano no solo era un rey competente, sino también un padre ejemplar.
No era de extrañar que, según la mitología, no tuviera un final trágico y lograra sobrevivir hasta el día en que cedió voluntariamente su trono como gobernante supremo de los mares a su cuñado, Poseidón.
Su sabiduría y pensamiento estratégico le permitieron esquivar los innumerables peligros ocultos del mundo sobrenatural, así como evadir las conspiraciones de los dioses que deseaban su caída.
Había que decirlo: entre los dioses griegos nunca ha existido -ni existirá- un rey perfecto o un gobernante verdaderamente bueno.
Pero si hubiera que nombrar a uno que se acercara, aunque fuera un poco, a ese ideal… sin duda ese sería el titán Océano.
.
.
.
En el gran salón podía percibirse una atmósfera densa, cargada de poder y autoridad. Sentado en el majestuoso trono al fondo de la estancia se encontraba la imponente figura de Océano, el titán que gobernaba todos los mares de Grecia.
Hades caminó con paso firme hasta situarse a una distancia cuidadosamente medida: ni lo suficientemente lejos como para parecer temeroso o inferior, ni tan cerca como para invadir descaradamente el dominio del titán.
Los ojos de Océano, profundos e insondables como la vastedad del océano mismo, analizaron durante largos instantes la figura del joven dios sin revelar emoción alguna en su rostro envejecido por eras incontables.
Se sentía incómodo. Por múltiples razones.
A simple vista, Hades no parecía particularmente distinto. Nada resaltaba más allá de lo extraño y poco convencional de su vestimenta, incluso cuando el estilo que su sobrino había popularizado comenzaba a normalizarse dentro de su territorio.
Sin embargo, no era su apariencia lo que inquietaba al titán.
Tampoco era su aura.
Lejos de imponer el peso abrumador que cabría esperar de un dios de su nivel, aquella presencia resultaba inquietantemente tranquila.
Tan serena que parecía fundirse con el entorno, tan apacible que ni siquiera él, un titán con cientos de años de existencia, podía evaluar con claridad el verdadero nivel de amenaza que Hades representaba.
Esa sensación era como una picazón persistente, imposible de ignorar por más que intentara rascarla.
Durante los últimos dos años, Océano había sido testigo del extraordinario ritmo al que el poder de su sobrino mayor había crecido. Aunque aquel crecimiento parecía haberse ralentizado recientemente, no se había detenido en absoluto.
Como entidad antigua y poderosa, Océano conocía bien el funcionamiento de los cuerpos divinos.
Conocía a los dioses de segunda generación, como él mismo: poseedores de un poder divino inmenso y cuerpos extremadamente resistentes, muy por encima de los dioses de la era actual.
Conocía también a los dioses de generaciones más recientes, menos poderosos en términos brutos, pero con una conexión mucho más profunda con el mundo y sus leyes.
E incluso poseía cierto conocimiento sobre las entidades primordiales, aquellos seres que en el pasado habían establecido las leyes fundamentales que hoy regían el panteón griego y gran parte del continente. Un conocimiento incompleto y restringido, pero suficiente para comprender la escala en la que operaban: más cercanos a desastres naturales que a dioses propiamente dichos.
Y aun así, Hades no encajaba en ninguna de esas categorías.
A ojos de Océano, no, Hades era algo distinto. Algo que no debería existir en esta era.
No pertenecía del todo a los dioses, ni a los titanes, ni mucho menos a los primordiales… y sin embargo parecía poseer rasgos de todos ellos.
Un físico extremo, tan formidable como el de un titán.
Un poder divino ligado al dominio griego, conectándolo con los nuevos dioses.
Y lo más perturbador de todo: algo que ni siquiera él lograba comprender por completo.
Una segunda autoridad divina.
Una presencia débil, pero innegable, que contrastaba con su dominio sobre la muerte y las tinieblas. Un dominio sobre el agua. No burdo ni superficial, sino tan profundamente conectado con el entorno que parecía capaz de influir directamente en las leyes del mundo.
Aquello no era único. Ni siquiera particularmente extraño en términos absolutos.
Pero que un poder tan fundamental proviniera de un individuo que, en teoría, no debería poseerlo… eso lo convertía en un caso extraordinariamente raro.
Según todo lo que Océano sabía, solo los seres primordiales deberían ser capaces de portar una autoridad de ese nivel.
Sus dudas habían comenzado más de un año atrás.
Aquel día, el titán de los mares había decidido tomarse un descanso de sus deberes como rey y pasear discretamente por los extensos jardines de su dominio, disfrutando de la exuberante vegetación que florecía a casi mil metros bajo la superficie del mar.
Entonces, quizá por azar… o quizá por destino, lo vio.
A su sobrino.
Hades se encontraba a lo lejos, sentado con las piernas cruzadas, manteniendo un temperamento sereno, controlando cada respiración. A su alrededor danzaba un aura de un azul puro, tan claro como el cielo, mezclado con suaves destellos dorados que parecían pequeñas estrellas flotando a su alrededor.
Pese a la enorme distancia que los separaba, Océano pudo observar la escena con total claridad.
Era una visión extraña.
La forma en que el poder de Hades se manifestaba no se parecía a nada que el titán hubiera visto antes. Al principio pensó que se trataba simplemente de otra manifestación de aquella energía sin nombre que solo su sobrino parecía poseer.
Pero cuando intentó percibir su presencia con mayor profundidad…
Sus ojos se abrieron con genuino shock.
La divinidad que fluía alrededor de Hades no era aquella energía extraña. Tampoco era el dominio sobre la muerte con el que todos asociaban su nombre.
Era otra cosa.
Un poder con el que Océano estaba íntimamente familiarizado.
Un dominio sobre el agua.
Similar al suyo… pero al mismo tiempo completamente distinto.
No era superior en potencia ni en cantidad de poder divino. Pero la pureza de aquella autoridad era algo que jamás había presenciado.
Ni siquiera cuando estuvo en presencia del mismísimo Pontos, antes de que este le cediera el dominio sobre todas las aguas de Grecia, había sentido algo tan fundamental.
El agua no parecía obedecer a Hades.
Se postraba ante él.
Fluía y se doblaba sin resistencia alguna, como si el elemento mismo reconociera su autoridad. Una agua tan pura que su mera presencia parecía purificar el entorno, las plantas cercanas se mecían suavemente, danzando al ritmo de su respiración, como si expresaran cuán cómodas se sentían en su presencia.
Desde aquel día, Océano comenzó a vigilar a su sobrino con atención constante.
Con el tiempo, logró comprender mejor aquella extraña divinidad: un poder ligado tanto al agua como a la pureza.
Conceptos compatibles, sí, pero raramente unidos fuera de lugares sagrados y ocultos del mundo.
Que Hades poseyera semejante autoridad lo convertía en un ser de valor incalculable a los ojos del titán.
No solo por su fuerza.
Sino por la compatibilidad casi perfecta de su poder con el linaje de los mares.
Fue entonces cuando Océano intentó, por todos los medios posibles, unir a Hades con su descendencia. No solo Amaltea: bajo sus sutiles sugerencias, muchas de sus hijas comenzaron a acercarse al joven dios con intenciones claras de seducirlo y ganar su favor.
Pero, para su sorpresa…
Ninguna tuvo éxito.
Ni una sola logró establecer un vínculo real con él.
Para mayor confusión -y cierta diversión-, Océano descubrió que Hades, pese a ser un dios adulto en plena juventud, seguía siendo virgen.
Algo prácticamente inaudito en la actualidad.
Incluso las más puras de sus hijas habían tenido al menos una experiencia en ese ámbito.
Océano jamás había escuchado de un dios masculino que permaneciera virgen en plenitud.
Aquello lo llevó a teorizar aún más sobre el origen del poder de su sobrino.
Al principio pensó que había nacido con esa divinidad… pero algo no encajaba.
Ese poder le pertenecía, sí, pero no compartía su mismo origen.
Además, que un dios poseyera dos divinidades completamente opuestas -vida y muerte- sin sufrir consecuencias era algo sencillamente imposible.
Normalmente, los dioses con múltiples divinidades solo poseen dominios relacionados entre sí, extensiones o complementos de su poder principal.
En raras ocasiones, se dan casos de dominios distintos, pero nunca directamente opuestos.
Un dios del inframundo jamás debería tocar la vida.
Un dios de la tierra nunca dominaría el cielo.
Un dios del mar jamás impondría su voluntad sobre el fuego.
Y, sin embargo… Hades desafiaba todas esas reglas.
Al principio Océano pensó en la posibilidad de que Hades hubiera usurpado la chispa divina de otro Dios después de matarlo, pero rápidamente descartó la idea, puesto bien es posible para un Dios fortalecerse por medio de la usurpación del poder en la chispa divina de otros dioses, esto como mucho les permite reforzar y fortalecer sus divinidades originales.
No es posible obtener nuevas divinidades por ése medio, ni asimilar conceptos con los que no son compatibles.
Eso llevó a Océano a considerar una posibilidad descrita únicamente en textos antiguos, restos de una civilización divina anterior incluso a la suya.
La herencia divina.
No una herencia de linaje.
Sino absoluta.
Poder, dominio, esencia… todo transferido de una entidad a otra.
Un acto que, en teoría, era posible, pero que implicaba la completa desaparición del donante.
Como una llama que se sacrifica para avivar otra.
Una teoría viable… pero plagada de incógnitas.
¿Cuándo ocurrió?
¿Quién fue el predecesor?
¿Y qué clase de entidad decidió entregar su existencia a Hades?
Si alguna de esas teorías era correcta, aquel ser debía ser tan antiguo como Gaia… o incluso más.
Un dios de agua y vida.
Una existencia ajena a la era actual.
<<Aqua: ¡jajajaja! Que sabio eres al reconocerlo humilde Dios, esté gran y fabuloso poder pertenece a la única, irrepetible e incomparable diosa aqu- ¡Ahggg!.
‘golpe’
Hades: ¡qué demonios crees que haces!, tu ni siquiera perteneces a esta historia, mejor lárgate antes de que llame a seguridad, !no podemos costear tu maldito cameo!.
Hades: y tú, ¿qué crees que haces?, ven y llévate a esta inútil que estorba en la escena.
B. Goku: Tsk, ya ves los problemas en los que nos metes maldita diosa falsa.
Aqua: ¡A quien llamas diosa falsa!, y tú -señalando a Hades- tuviste la suerte de obtener mi increíble poder, cómo te atreves a Mmmmmm!
-B. Goku le tapa la boca con la mano y procede a llevársela a la fuerza por una lágrima espacio temporal-
Hades: bueno éso fue extraño… En fin, ¡director puchale play!>>
Rodando la escena anterior.
Mientras tanto, Hades permanecía de pie frente al trono, completamente ajeno a la tormenta de pensamientos que atravesaba la mente de su tío.
Comenzaba a sentirse incómodo.
Océano lo había estado observando durante más de cinco minutos en completo silencio.
Y lo peor no era eso.
Lo peor era la forma en la que lo miraba.
Como si quisiera diseccionarlo allí mismo.
La mirada del titán se prolongó medio minuto más.
Cuando Hades ya estaba considerando marcharse y volver en otro momento, Océano finalmente habló:
“Hades, querido sobrino… ¿qué razón te ha traído por aquí el día de hoy? Espero que no estés teniendo inconvenientes en mi reino.”
Su voz era serena, profunda e imponente, cargada con siglos de experiencia y la autoridad indiscutible de un gobernante eterno.
“Saludos, tío. Nah, estoy bien, las cosas por aquí son bastante relajadas” respondió Hades con tono despreocupado, encogiéndose de hombros. “Bueno… de hecho vine por dos pequeños asuntos” añadió, haciendo un gesto con los dedos para enfatizar el número.
Al escuchar eso, Océano se mostró interesado. No esperaba que su sobrino fuera directo al punto.
“Estoy intrigado… ¿qué asuntos serían esos, sobrino?”
“Bueno, primero que nada…” Hades juntó los dedos frente a su barbilla, adoptando una expresión analítica. “Tío, ¿no has notado que el diseño de tu ciudad es… bastante defectuoso?”
“¡¿Disculpa?!”
El ceño de Océano se frunció mientras los músculos de su cuerpo se tensaban por el enojo. Aun así, se contuvo, apretando los dientes.
“Sobrino, ¿acaso te estás burlando de mí justo en mi propia cara? De ser así, te sugiero que te retires antes de que pierda mi paciencia” dijo con un tono cortante, cargado de advertencia.
(Qué mecha tan corta…) pensó Hades, recordando vagamente ciertos sucesos de los mitos relacionados con dioses particularmente vengativos, (Bah, supongo que en general todos los dioses son así cuando se sienten ofendidos.)
La expresión cada vez más severa de su tío solo confirmó esa idea. Sin embargo, lejos de burlarse u ofenderse, Hades levantó ambas manos y las agitó en señal de apaciguamiento.
“No, no, no, no, tío, creo que malinterpretaste lo que quise decir. No estaba tratando de insultar tus dominios. La estética de la ciudad es magnífica, y tu castillo impone una presencia verdaderamente majestuosa… pero tiene un defecto serio.”
Intrigado, Océano decidió reprimir su ira y escuchar. Aunque seguía molesto por haber oído la palabra “defectuoso” referida a su amada ciudad, le concedió el beneficio de la duda.
“Explícate.”
El titán cruzó los brazos, dispuesto a escuchar… al menos mientras su paciencia se lo permitiera.
Entonces, ante su mirada expectante, Hades metió la mano en el vacío y sacó…
¿Muñecas?
(¿Qué rayos…?) pensó Océano al ver cómo Hades extraía un muñeco de madera tras otro. Su confusión aumentó al notar que aquellas figuras tenían un parecido inquietantemente familiar con personas que él conocía.
Una de ellas era un muñeco de aspecto serio, con una corona de plástico dorado, barba larga y un quitón hecho de trapos que imitaba ropas reales. En su mano estaba cosida una versión diminuta de su artefacto divino: el tridente.
Océano, que hasta hacía poco mantenía un semblante severo, ahora miraba a Hades con confusión… y un leve toque de ¿lástima?
(Así que los rumores eran ciertos…) pensó el titán con pesar, observando el extraño hobby de su sobrino. (Resultó que sí estaba loco.)
Mientras tanto, Hades continuó sacando muñeco tras muñeco de su inventario sin siquiera mirar a su tío o a los guardias que comenzaban a asomarse furtivamente desde la entrada del salón del trono.
Entre las figuras había una pequeña Tetis, un pequeño Poseidón, una pequeña Hestia, una pequeña Deméter, una mini Hera y muchos otros más.
¿El porqué de la existencia de esos muñecos?
¿De verdad hacía falta explicarlo?
Obviamente, era por una misión del sistema.
Una que implicaba cuatro cupones de bronce y siete puntos de estadística.
Ese día no solo completó la misión, sino que también aprendió el arte de coser tela y tallar madera.
En cuanto a lo que los presentes pudieran opinar al respecto… a Hades le importaba tres hectáreas de ver#$.
[Sistema: ¡Lenguaje!]
Tres hectáreas de aquello que se encuentra cerca del área inferior del abdomen del organismo homosapiente masculino.
Finalmente, Hades sacó el último muñeco: una versión en miniatura de sí mismo, con ropa hecha de retazos de algodón negro y ojos de botón.
“Muy bien, gracias por la espera. Ya podemos empezar…” dijo mientras dejaba caer todos los muñecos al suelo y retrocedía hasta una de las paredes laterales del salón. “Primero que nada… déjenme mostrarles el principio del asunto.”
Océano y los dos guardias chismosos guardaron silencio, atentos a lo que estaba por ocurrir.
No entendían qué pretendía hacer con un montón de juguetes de aspecto inquietante, ni cómo planeaba explicar un problema urbano utilizando muñecos.
De pronto, Hades levantó una mano.
Ante la mirada expectante de los presentes, de las puntas de sus dedos emergieron cientos de hebras de energía azul, tan finas como agujas.
Los hilos se adhirieron a las extremidades de las muñecas esparcidas por el suelo.
Entonces ocurrió algo que dejó a todos sin palabras.
Los muñecos, que antes yacían inertes, comenzaron a flotar lentamente en el aire, como si una fuerza invisible los elevara.
Pero eso no fue todo.
Con la otra mano, Hades formó un sello, juntando los dedos en una postura ligeramente encorvada.
Lo siguiente provocó expresiones absolutas de desconcierto.
De su boca empezó a brotar una sustancia similar al cemento, con una consistencia elástica, casi gomosa.
La extraña materia se deslizó por el suelo del salón hasta reunirse en el centro de la habitación.
Entonces, como si poseyera voluntad propia, comenzó a cambiar, moldeándose lentamente hasta adquirir una forma familiar… y a la vez desconocida.
Los ojos de Océano se abrieron en comprensión.
Lo que tenía frente a él era una reproducción a escala reducida de su reino: Thalassia.
Calles, edificios, canales y los lagos que rodeaban el castillo estaban representados con un nivel de detalle sorprendente, aunque existían pequeñas imprecisiones, el resultado era asombrosamente preciso para algo creado literalmente de la nada.
Y por primera vez desde que comenzó la conversación, el titán de los mares guardó silencio absoluto… no por ira, sino por genuina sorpresa.
Con un movimiento de sus dedos, los muñecos flotantes se reposicionaron dentro de la ciudad en miniatura.
El Océano chibi fue colocado en la cima del palacio real, desde donde podía visualizarse todo el entorno circundante.
Las demás muñecas fueron distribuidas por la ciudad: los pequeños habitantes se agruparon en la gran plaza central, mientras que los guardias se posicionaron alrededor de la muralla interior.
Otro grupo de muñecos fue colocado fuera de la ciudad.
“Bueno, para empezar” comenzó Hades, “el diseño actual de Thalassia es bastante bueno… no solo en el aspecto estético, sino también en el estratégico.”
Mientras hablaba, controlaba a los muñecos como si fueran marionetas, manipulándolos mediante sus hilos de chakra.
“Por ejemplo, el beneficio estratégico más obvio es que el diseño actual permite una vigilancia exhaustiva de todas las personas y mercancías que entran y salen de la ciudad. Tener una sola entrada y salida facilita enormemente la gestión de la seguridad.”
Comentó con entusiasmo mientras controlaba a uno de los muñecos del exterior, que llevaba una pequeña maleta roja en la espalda y un gorro en la cabeza.
El muñeco caminó hacia la entrada de la ciudad en miniatura, solo para ser detenido bruscamente por uno de los “guardias” apostados allí.
“Y, por supuesto, la posición elevada y central del castillo del gobernante permite una visión completa de todo el perímetro urbano.”
Hades movió los dedos y el muñeco de Océano comenzó a girar la cabeza en todas direcciones, como si vigilara meticulosamente cada rincón de la ciudad.
Océano observó la escena con algo parecido a la diversión reflejada en su mirada.
Era, sin duda, la primera vez que presenciaba una función de títeres en directo.
De hecho, técnicamente, él, sus dos hijos metiches y Hades eran los primeros espectadores de una actuación de títeres en toda la historia de la Grecia antigua y posiblemente del mundo entero.
Sin saberlo, Hades había sentado el primer precedente de un arte que no sería inventado formalmente hasta más de seis mil años después.
“Por supuesto, eso no es todo” continuó Hades. “Este tipo de diseño también ofrece una enorme ventaja defensiva, ya que al concentrar todos los puntos débiles en un solo acceso, se reducen las brechas que el enemigo podría explotar durante una invasión.”
Entonces representó una escena en la que los títeres situados fuera de la ciudad blandían espadas y lanzas de madera, cargando directamente contra la entrada de Thalassia.
Fueron detenidos de inmediato por una barrera de guardias y una barricada improvisada.
Lo que siguió fue una “batalla encarnizada” en la que los muñecos se golpeaban torpemente con sus armas de madera.
El espectáculo fue tan absorbente que toda la atención de los presentes quedó centrada en la escena.
Incluso Océano olvidó momentáneamente el propósito de la visita de su sobrino.
La batalla concluyó con la expulsión de los invasores, que huyeron en pánico bajo una lluvia de pequeñas piedras arrojadas desde la muralla.
La sincronización era tan precisa y los movimientos tan fluidos que los títeres parecían casi reales.
Uno de ellos -un muñeco de cabello blanco, ojos pintados con rotulador y una guadaña de plástico torcida- alzó el puño en señal de “venganza” antes de huir hacia el borde del salón.
“¡JAJAJAJA!” Océano no pudo contener la risa.
Había reconocido perfectamente a quién representaba aquel muñeco.
Sin lugar a dudas, se trataba de su hermano menor, kronos.
La escena lo divirtió enormemente.
Al verlo, Hades no pudo evitar sonreír con satisfacción ante la reacción del titán.
“Hmm~ me alegra mucho que esté disfrutando de mi actuación, tío, pero le pediría que mantenga la compostura… aún no he terminado de exponer los puntos importantes.”
“¡Tos!”
Océano carraspeó con fuerza, sofocando su risa antes de recuperar su habitual expresión serena.
“Por supuesto, continúa” dijo, alzando la mano con dignidad, como si no hubiera estado a punto de estallar en carcajadas segundos atrás.
“Claro, si usted lo dice” respondió Hades, riendo entre dientes.
“Bien, el siguiente punto que quiero tratar -con todo respeto, tío- son los puntos débiles de Thalassia.”
Mientras hablaba, los títeres comenzaron a desplazarse libremente por la ciudad réplica.
Aunque decir que caminaban no era del todo exacto: más bien saltaban sobre los edificios, ya que, con sus casi veinticuatro centímetros de altura, seguían siendo demasiado grandes para las estrechas calles.
Océano frunció el ceño.
“Sobrino… ¿estás diciendo que mi ciudad es imperfecta?” preguntó con cautela. No había enojo en su voz, pero sí incertidumbre.
Era la primera vez que alguien cuestionaba algo que él mismo había ayudado a construir con sus propias manos.
En circunstancias normales, aquella insinuación habría desatado su ira.
Pero tratándose de Hades, decidió escuchar.
Hades notó la mirada, pero no se intimidó.
“Con todo respeto, tío, sí. Esta ciudad posee múltiples defectos, tanto arquitectónicos como logísticos. A simple vista no son evidentes, pero desde un análisis estratégico a largo plazo, Thalassia presenta vulnerabilidades serias.”
Levantó un dedo.
“La primera: la posibilidad de sufrir un bloqueo.”
“¿Bloqueo?” preguntó Océano.
“Sí, un bloqueo” confirmó Hades. “Tener una única vía de acceso crea un punto crítico donde todo puede fallar de manera catastrófica.”
Para ilustrarlo, los títeres exteriores volvieron a atacar, pero esta vez lograron tomar el control de la entrada.
“En una situación así, las consecuencias pueden ser devastadoras: la ciudad puede quedar aislada del exterior, perder su principal defensa y transformarse de un refugio seguro en un matadero.”
Los invasores avanzaron hacia el centro de la ciudad, acorralando a los “habitantes”.
Océano sintió un nudo en el pecho.
Algunos muñecos -claramente alusivos a sus propios hijos- temblaban y se abrazaban entre sí.
“Además, al priorizar la estética sobre la funcionalidad, Thalassia carece de rutas de evacuación y protocolos de emergencia. Las calles son hermosas, sí, pero inútiles si la única salida está bloqueada.”
Los títeres corrieron desesperados, solo para quedar atrapados contra la barrera mágica que, irónicamente, ahora funcionaba como una prisión.
Océano comenzó a reflexionar.
Lentamente la imagen de una ciudad perfecta empezó a resquebrajarse en su mente.
“Y por último…” dijo Hades de repente, “permítame hacerle una pregunta, Océano, titán de los mares. ¿Qué es lo más importante en una guerra?”
El titán reflexionó un instante.
“El poder de los ejércitos. Su número, su fuerza y su capacidad para aplastar al enemigo.”
Hades no mostró aprobación.
Más bien, lo miró como si acabara de escuchar un error inocente.
“¿Sucede algo?” preguntó Océano. “¿No es correcta mi respuesta?”
Tras unos segundos, Hades suspiró y negó con la cabeza.
“No. Lo más importante en una guerra no es el poder ni el tamaño de tus ejércitos. Son dos cosas: inteligencia y recursos.”
La ciudad miniatura quedó completamente bloqueada.
“Las guerras no se ganan solo con fuerza, también importan los suministros necesarios para mantener en pie a tus ejércitos y la información, la cual es clave para conocer las estrategias de tus enemigos, pero sin suministros, sin comunicación y sin salida, Thalassia dejaría de ser una ciudad… para convertirse en una prisión gigante.”
Los invasores arrasaron zonas enteras de edificios hasta llegar al centro de la ciudad.
Finalmente, el muñeco chibi de Océano fue presionado contra los escombros por el pie del muñeco de kronos, con la guadaña de plástico firmemente apoyada en su cuello.
El rostro del verdadero Océano se endureció.
Se levantó lentamente de su trono y caminó hacia Hades.
Antes de que este pudiera reaccionar, fue atrapado en un fuerte abrazo.
(¡¿Qué demonios?!) pensó Hades, completamente desconcertado, con la cabeza aplastada contra el musculoso pecho de su tío.
Se sentía profundamente incómodo.
El contacto físico nunca había sido lo suyo.
Solo permitía ese tipo de cercanía con sus hermanas, su madre… y su maestra Katsuyu.
Y definitivamente no con otros hombres.
Y ahora estaba ahí, siendo estrujado contra el cuerpo de un titán de más de tres metros, con músculos dignos de una estatua viviente.
(Hoy definitivamente no era mi día…) En su opinión esa situación era lo más gay que pudo haberle pasado
Al menos agradecía que Océano llevara un quitón completo.
Si el contacto hubiera sido directo, Hades estaba seguro de que habría reaccionado de forma… explosiva, sin importarle si habría estallado o no el palacio entero habría empleado toda su fuerza con tal de alejarse de ahí lo más rápido posible.
“Te lo agradezco mucho, sobrino. De no ser porque viniste esta vez, es posible que nunca me hubiera dado cuenta de las severas deficiencias presentes en mi territorio” dijo de repente Océano con un tono sinceramente agradecido, mientras le daba unas fuertes palmadas en la espalda a Hades.
Hades, por su parte, mantenía una sonrisa torcida en el rostro, claramente incómodo por el contacto repentino y completamente innecesario que estaba teniendo con su anciano tío.
En su mente, sin embargo, pensaba en algo muy distinto.
(Viejo… esas solo fueron las vulnerabilidades principales, las más evidentes y fáciles de explicar. Tu reino tiene tantas deficiencias y errores de infraestructura civil que podría llenar una libreta entera con ellos.)
Pero, por obvias razones, Hades jamás diría algo así en voz alta.
No estaba seguro de cómo reaccionaría el viejo titán de los mares si lo hiciera, y definitivamente no quería arriesgarse a otra ronda de abrazos con la montaña de músculos que era su tío Océano.
“No es una molestia ayudarle, tío. Después de todo, somos familia” respondió Hades, restándole importancia a los agradecimientos.
Acto seguido, y sin ningún tipo de sutileza, se apartó de él con un movimiento brusco.
Océano no replicó ante el gesto.
En ese momento estaba demasiado contento como para molestarse por la evidente incomodidad de su sobrino.
“Ejem… bien” dijo Hades, aclarándose la garganta. “Con el primer asunto terminado, pasaré al tema principal por el que vine aquí el día de hoy.”
Esta vez, su mirada era distinta.
Seria. Determinada.
“Vine a hacer una petición, y espero sinceramente que usted pueda atenderla, lord Océano.”
Al percibir el cambio en el tono de su sobrino -y notar que esta vez lo llamaba por su título en lugar de decirle ‘tío’- Océano no dudó.
Regresó a su trono y se sentó con calma, apoyando el tridente a su costado, listo para escuchar.
Después de todo, Hades ya le había hecho un gran favor.
A los ojos del titán, cualquiera que fuera la petición de su sobrino, mientras no resultara irrazonable, haría lo posible por cumplirla.
“Te escucho, sobrino” dijo Océano con un tono relajado y sereno. “Estoy bastante curioso, ya que desde que llegaste a mis dominios nunca has venido a mí para pedirme nada. Así que dime… ¿qué favor deseas solicitarme?”
“Bueno…” comenzó Hades. “Mi petición -o más bien el favor que quisiera pedirte, rey Océano, y espero que puedas cumplirlo- es que deseo salir de la ciudad para explorar los alrededores.”
‘¡Choque!’
El tridente de Océano azotó con fuerza contra el suelo del salón haciendo que toda la habitación temblará.
El choque fue tal que se las repercusiones se sintieron en todo el castillo.
Los guardias apostados en la puerta hasta ese momento todavía seguían escuchando a escondidas rápidamente encogieron sus cabezas, decidiendo abandonar el lugar temporalmente.
Porque tuvieran dieron miedo, claro que no, simplemente recordaron que ya era momento de seguir con su ronda de vigilancia, la cual decidieron hacer en ese preciso momento.
El arrebato de Océano no fue un arrebato de ira, sino un reflejo instintivo provocado por la sorpresa absoluta.
Por unos segundos, el silencio se apoderó del lugar.
Entonces, Océano habló.
“Hades… puede que seas mi sobrino, y puede que te deba un favor por lo ocurrido el día de hoy” dijo con voz grave. “Pero no puedo permitirte esa petición.”
Al escuchar la negativa y percibir el tono serio del titán, Hades no dio marcha atrás.
No bajó la mirada.
No se disculpó.
La razón por la que había hecho esa petición no era urgencia ni necesidad.
Era simple curiosidad.
Quería saber si podía obtener un pase de salida de Thalassia sin tener que escabullirse como un ninja.
Lo cual resultaba irónico, considerando que técnicamente estaba versado en dichas artes.
Pero el punto era ese.
Hades quería probar suerte.
Quería saber hasta dónde podía llegar sin recurrir a métodos poco ortodoxos.
(Siempre es mejor agotar las vías diplomáticas antes de empezar a colarse por conductos de ventilación inexistentes.)
Y, para bien o para mal, acababa de chocar de frente con el primer muro real de su estadía en Thalassia.
“Tío, no tienes por qué estar tan alterado. Mi intención es solo echarle un vistazo a los alrededores… ¿acaso eso está mal?”
“¡¿Qué si está mal?!… Sobrino, tú…”
Océano frunció el ceño ante las palabras de Hades.
Técnicamente hablando, no había nada inherentemente incorrecto en la petición de su sobrino.
Tanto dentro como fuera de la ciudad, mientras Hades permaneciera en el mar -su dominio absoluto- Océano poseía un control total y una claridad casi omnisciente de todo lo que ocurría en sus aguas. Si algo llegaba a suceder, podría responder de inmediato para protegerlo.
Pero aun así…
Océano no podía permitirse cumplir aquel capricho.
Porque incluso si Hades se encontraba dentro de su dominio, todavía existían dos variables que escapaban parcialmente a su control.
El sol que cruzaba el cielo durante el día.
Y la luna que iluminaba el mar por las noches.
Así es… recientemente habían comenzado a surgir avistamientos inquietantes.
El hijo mayor de su hermano menor, Hiperión, había sido visto surcando los mares con su carruaje solar durante el día, y con el carruaje lunar desplazándose sobre las aguas durante la noche.
No había duda alguna.
Se trataba de sus sobrinos: Helios y Selene.
Y muy probablemente estaban buscando a los hijos prófugos de su hermano, Kronos.
En circunstancias normales, aquello no le habría preocupado.
Incluso si los carruajes de sus sobrinos patrullaran los cielos de su territorio las veinticuatro horas del día, jamás encontrarían nada.
La barrera que rodeaba Thalassia no era una simple cúpula diseñada para mantener el agua fuera de la ciudad.
Era un manto protector absoluto.
Un velo que aislaba toda la ciudadela de la percepción exterior, ocultándola de miradas divinas, sentidos sobrenaturales y augurios celestiales.
No era más débil que la barrera erigida por su madre para proteger toda Creta.
Así que incluso si el mismísimo Kronos apareciera junto a sus hermanos frente a los límites de su reino, no encontrarían absolutamente nada.
Pero ahora…
Ese impertinente sobrino suyo estaba pidiendo permiso para abandonar voluntariamente la cúpula protectora que lo mantenía oculto de la vista de sus enemigos.
Océano no sabía si Hades era increíblemente valiente… o simplemente muy, muy tonto.
Pero independientemente de la razón, no podía permitirlo.
Su madre Gaia y su hermana Rea le habían confiado una tarea sagrada: ocultar y proteger a sus sobrinos.
Y Océano no era un titán que rompiera juramentos.
“Lo lamento, sobrino” habló finalmente con un tono calmado, aunque firme.
“Pero no puedo acceder a esta petición tuya. Independientemente de tus razones, se me confió tu seguridad y la de todos tus hermanos. No puedo dejarte salir de los límites de esta ciudad.”
En su mente, ya se estaba preparando para una réplica airada.
Para un reclamo.
Para una discusión.
Pero, contra todo pronóstico…
Hades no protestó.
Ni siquiera frunció el ceño.
“Ah… está bien” dijo con total simpleza, encogiéndose de hombros como si la negativa no le importara en lo absoluto.
Aquello dejó a Océano ligeramente desconcertado.
Para ese punto, era conocimiento común entre los habitantes del mar lo terco que podía llegar a ser su sobrino mayor.
“Es solo que…”
Hades no había terminado de hablar.
“¿Es solo que… qué?” preguntó Océano, frunciendo ligeramente el ceño.
Sus instintos comenzaron a inquietarse.
No sabía por qué, pero una vaga sensación de peligro se agitó en el fondo de su ser.
“Es solo que en realidad hay una razón por la que deseo abandonar la ciudad… temporalmente” continuó Hades sin perder el ritmo de la conversación.
Mientras hablaba, y sin que nadie lo notara…
Convocó algo desde su inventario.
Entre sus manos, ocultas detrás de su espalda, apareció un pequeño cristal verde.
Era translúcido.
Hermoso.
Y emanaba leves destellos de una energía siniestra y poderosa.
{Gema de la Verdad Engañosa}
(Sip… ya es hora de usar a la vieja confiable.)
“Verás, tío” continuó Hades “… la razón por la que deseo encarecidamente salir de los confines de la ciudad es bastante seria” dijo Hades con un tono solemne.
Su expresión era tan seria que parecía estar a punto de anunciar una misión divina de la que dependía el destino del mundo.
Mientras tanto, la gema que sostenía a sus espaldas comenzó a emitir una densa niebla invisible, acompañada de destellos de aura verde.
La energía se expandió lentamente por todo el salón del trono…
Luego por los pasillos.
finalmente comenzó a propagarse desde diferentes secciones del castillo de Océano, hasta cubrir lentamente toda la ciudad.
El titán, completamente ajeno a los cambios invisibles a su alrededor, escuchó atentamente a su sobrino.
Sin saberlo, había puesto toda su atención en sus palabras.
Y no notó cómo su subconsciente comenzaba a ser lentamente manipulado…
Sutilmente.
Lentamente.
Inevitablemente.
Como una marea que avanza sin que nadie perciba su llegada.
La Gema de la Verdad Engañosa, aunque a simple vista pudiera parecer un objeto mágico más con algunas propiedades peculiares, no era algo sencillo en lo absoluto.
Era un artefacto extremadamente poderoso.
Un objeto mágico de naturaleza psíquica, proveniente de uno de los universos ficticios más extraños, brutales y peligrosos que Hades conocía.
El universo de Warhammer 40k.
Un mundo que, en términos generales, podía describirse sin exagerar como el mismísimo infierno.
Un lugar donde la supervivencia para la gente común era casi un milagro.
Warhammer era un universo saturado de poderes psíquicos fuera de toda escala, plagado de monstruos y entidades tan peligrosas que parecían sacadas directamente de las pesadillas más retorcidas del mismísimo H. P. Lovecraft.
Y, por supuesto, no se podía olvidar a los malditos Dioses del Caos.
Seres malignos que recorrían la existencia arrasando galaxias enteras como si cortaran maleza, destruyendo civilizaciones completas no por necesidad, sino por puro entretenimiento.
Era un mundo que Hades, con total sinceridad, nunca querría siquiera tocar.
Ni siquiera con un palo largo.
Después de todo, ni los propios humanos de ese universo -con sus ejércitos colosales, sus tecnologías absurdamente avanzadas y sus poderosos psíquicos- estaban realmente a salvo de la extinción total.
Aunque Hades no se consideraba un experto en el lore de Warhammer, sí tenía algo muy claro:
Cualquier cosa que proviniera de ese universo podía llegar a ser terriblemente poderosa.
Más aún cuando se la comparaba con universos de menor escala de poder, como lo era High School DxD.
Y esta pequeña gema era la prueba perfecta de ello.
Al tratarse de un artefacto místico de naturaleza psíquica, creado por un Dios del Caos, poseía la capacidad de influir en la mente y la percepción de casi cualquier ser de ese mundo.
Hades no conocía con exactitud los límites reales del objeto.
Pero había algo que sí sabía con absoluta certeza.
Si la gema había sido capaz de influir en la voluntad de un ser tan colosal como la mismísima primordial Gaia…
No veía ninguna razón por la cual no funcionaría en alguien considerablemente más débil como Océano.
Después de todo, los individuos del mundo DxD no se especializaban en habilidades de naturaleza psíquica.
Ni mucho menos poseían defensas adecuadas contra una contaminación mental tan profunda y peligrosa como la que emanaba de un artefacto nacido del Caos.
En ese sentido…
Océano estaba completamente indefenso.
“Bueno… la principal razón por la que deseaba abandonar la seguridad de Thalassia se debe a una profecía que recibí” dijo Hades con una voz calculadora y magnética.
“¿Una profecía?” preguntó Océano, visiblemente sorprendido.
“Sí, tío, una profecía.”
Por dentro, Hades se estaba divirtiendo mucho más de lo que dejaba ver, pero en el exterior su rostro permanecía completamente imperturbable, sin revelar ni una pizca de sus verdaderas emociones.
La expresión de Océano se volvió seria.
Después de todo, en su mundo las profecías y el destino no eran conceptos abstractos, sino fuerzas reales y tangibles, capaces de moldear tanto el curso de la historia como el destino de los propios dioses.
Por esa razón, los oráculos, los sueños proféticos y las visiones tenían un peso enorme ante los ojos de los seres divinos.
Bastaba recordar a su sobrino Prometeo, de quien se decía que desde su nacimiento era capaz de ver fragmentos del futuro y prever acontecimientos que se extenderían a lo largo y ancho de la historia.
Si Hades realmente había recibido una profecía, por vaga que fuera, aquello requería toda su atención.
Más aún cuando su sobrino había dejado claro que dicha profecía estaba directamente relacionada con su deseo de abandonar la seguridad de sus dominios y explorar las profundidades del mar.
Océano miró a Hades con total seriedad.
“Sobrino… dime exactamente qué información contenía esa profecía.”
Hades sonrió de forma casi imperceptible.
“Bueno, ya que deseas saberlo, tío… todo comenzó cuando-“
Cambio de escena.
POV: Hades
Allí me encontraba yo, sentado frente a la mesa de noche en mi habitación, estudiando vehementemente las múltiples aplicaciones de la magia.
Grababa fórmulas mágicas en hojas de papel, intentando inmortalizar cada uno de mis hallazgos antes de que se perdieran en el caos de mi mente.
La noche era tan tranquila como cualquier otra.
Las lámparas iluminaban el ambiente con una luz cálida, y cada pergamino, cada nota, estaba cuidadosamente colocada en su lugar.
Pero mi sesión de estudio fue interrumpida de forma abrupta por un fenómeno completamente inesperado.
“¡Fushhh!”
La habitación fue inundada por una luz tan intensa que parecía devorar la oscuridad misma.
Los papeles salieron volando, esparciéndose por el suelo, mientras el espacio entero temblaba bajo la presencia de un poder desconocido.
Era una energía tan cálida como el sol… y tan abrasadora como sus llamas.
Y entonces, apareció.
“¿Qué más, ve…?”
Era hermoso.
Con un rostro que parecía haber sido tallado por los propios dioses.
Una magnífica estrella… con la cara de un ángel esculpida en ella.
“¡¿Quién eres?! ¡¿Cuál es tu propósito al venir aquí?!” grité, más por instinto que por valentía.
Mis sentidos me gritaban que la entidad frente a mí era un ser de poder y autoridad absoluta… uno que jamás debía ser ofendido.
“Yo soy la estrella Walter, y he venido a cumplirte un deseo” dijo aquella estrella con una naturalidad insultante, como si estuviera hablando del clima.
“¿Un… deseo?” repliqué, completamente en shock.
No podía creer que un ser misterioso, salido de la nada, se ofreciera a concederme un deseo al azar.
“Sí pues. Originalmente iba rumbo a Noruega para cumplir el deseo de esos dioses desahuciados que quieren acabar con su trágico ciclo de muerte y reencarnación… pero tú me pareciste más chévere” explicó la estrella.
“¿Y puedo desear cualquier cosa?” pregunté, nervioso.
Sentía la lengua entumecida y la bilis subiéndome por la garganta solo de pensarlo.
La estrella se encogió de sus inexistentes hombros.
“Sí pues, nomás tú dime.”
En ese instante vi una oportunidad.
Una oportunidad de obtener, por fin, una ventaja real para que mis hermanos y yo pudiéramos ponerle un alto definitivo al tiránico gobierno de nuestro padre.
“En ese caso… no seré cortés” dije con decisión.
“¡Oh, gran y poderosa estrella Walter! Mi deseo, desde lo más profundo de mi corazón, es obtener un método para que mis hermanos y yo podamos detener las aberrantes acciones de nuestro padre. ¡Por favor, cumple mi deseo!”
“Órale, yo ya estoy-“
La estrella comenzó a brillar.
Brilló como nada que hubiera visto jamás.
Su luz era tan intensa que sentí cómo mis retinas ardían.
“Aish… bueno, ya está” dijo con desdén.
En ese instante, recuerdos e instrucciones aparecieron en mi mente.
Instrucciones que me indicaban que debía dirigirme a un lugar situado entre los límites del mar y el Inframundo.
Allí encontraría aquello que me permitiría ganar la futura guerra contra Kronos.
“Si vas a ese lugar encontrarás lo que necesitas” continuó la estrella.
“Pero ten en cuenta que tu viaje será duro. Las pruebas que te esperan no serán fáciles. Te deseo suerte… y que los cielos te guíen, joven viajero. Bueno, ya me voy.”
“¡Pop!”
Y así, la estrella Walter se desmaterializó, desapareciendo en motas de luz y polvo estelar, como si nunca hubiera estado allí.
Después de aquello reflexioné durante mucho tiempo.
Sabía que, si quería encontrar aquello que necesitaba para derrotar a mi padre, debía seguir las señales dejadas por la estrella.
Así que me llené de valor y determinación, y me dispuse a iniciar un camino lleno de obstáculos para cumplir lo que el destino me había dictado.
Fin de la escena retrospectiva.
Pov Tercera persona.
“Y después de eso vine aquí” dijo Hades con total simpleza, como si acabara de contar la cosa más normal del mundo.
“Eso… ¿fue realmente lo que pasó?” preguntó Océano, confundido.
Algo en su interior le decía que aquella historia tenía algo extraño… algo que no encajaba del todo.
Pero por más que analizara cada palabra, cada detalle, no podía encontrar ninguna incoherencia ni rastro de mentira en el relato de Hades.
Bajo la influencia de la Gema de la Verdad Engañosa, la mente de Océano estaba siendo manipulada de forma sutil y constante.
Para él, todo lo que Hades decía tenía perfecto sentido.
Y fue incapaz de darse cuenta de que, en lo más profundo de su mente… que en esos instantes funcionaba con la lógica de un loco.
Algo estaba terriblemente mal, solo que no sabía qué…
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Final del capítulo.
Este capítulo lo tiene poco más de 10,400 palabras.
Originalmente en este mismo capítulo a ver si va a empezar a explorar el mar, pero surgió un imprevisto, tendré que irme de viaje por unos días debido a las vacaciones y no tendré el tiempo de completar el capítulo.
Disculpen las molestias.
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Estás son las estadísticas de Hades antes del salto de tiempo.
{Nombre: Hades}
{raza: Dios griego/ Aithyropoioi- Titán primigenio/Colossus Sapien Arcana }
{Dios del Inframundo – Dios del Agua- Titan}
{Nivel de potencia: 57.401}
{STR: 2.692}
{DES: 2.014}
{VIT: 9.014}
{MAG: 53.960}
{CHA: 45}
{KRA: 140.150}
Puntos: 113
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Estos son las estadísticas actuales del protagonista
[Estado]
{Nombre: Hades}
{raza: Dios griego/ Aithyropoioi- Titán primigenio/Colossus Sapien Arcana }
{Dios del Inframundo – Dios del Agua- Titan}
{Nivel de potencia: 62.623}
{STR: 2.992}
{DES: 2.214}
{VIT: 10.304}
{MAG: 59.900}
{CHA: 45}
{KRA: 170.390}
Puntos: 569
Rango: Dios rey de nivel maximo/ primordial de bajo nivel.
(En términos prácticos todavía dentro de la clase de “Dios”)
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com