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Un Dios De La Muerte Como Ningún Otro En Animé World - Capítulo 42

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Capítulo 42: 35. part.1

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En los inmensos cielos azules de Grecia, donde espesos cúmulos de nubes cubrían el firmamento hasta donde alcanzaba la vista, una sombra negra surcaba los mares de nubes a una velocidad vertiginosa.

Era tan rápida que incluso el ojo humano sería incapaz de seguir siquiera su estela.

La figura oscura estaba envuelta en un manto de tela negra que difuminaba por completo su presencia.

Sin sombra.

Sin reflejo.

Sin aura perceptible.

Era como si, sencillamente, no existiera.

La silueta continuó volando a una velocidad imposible para cualquier mortal, avanzando en una dirección indescifrable… hasta que, de repente, se detuvo en seco.

Su velocidad disminuyó de forma abrupta hasta quedar completamente suspendida en el aire.

Allí quedó la imagen de un hombre envuelto en una tela tan oscura como la noche misma, flotando en el cielo como si la gravedad no tuviera ningún efecto sobre él.

El silencio se volvió denso durante unos segundos inquietantes.

La figura no se movió.

Luego, lentamente, levantó la cabeza cubierta por el velo oscuro y, desde el interior de la capucha que ocultaba sus rasgos, unos ojos profundos y cautivadores se alzaron hacia el cielo.

¡¡¡Whoooosh!!!

En las alturas apareció un punto de luz deslumbrante y llamativo.

Su llegada fue repentina, casi violenta, captando de inmediato la atención de la sombra.

Esta fijó su mirada hacia lo alto, a más de 19.000 pies de altura, donde distinguió un punto de luz roja que parecía fundirse con el reflejo del propio sol.

El calor que emanaba era tan intenso que el espacio a su alrededor vibraba y fluctuaba, distorsionando la imagen y ocultando cualquier rasgo reconocible.

Desde la distancia, lo único visible era una mancha roja atravesando el cielo.

Los ojos de la figura se agudizaron al máximo, pero aun así no lograron atravesar el manto de calor.

Sus sentidos carecían, por el momento, de la capacidad necesaria para percibir más allá de aquellas llamas.

“Hmmm… ¿es algún tipo de ocultación mágica?” murmuró la figura para sí mismo con interés.

“No… no parece ser eso, el calor es tan intenso que resulta difícil incluso mirarlo fijamente…”

Guardó silencio por un instante.

“…pero bueno, que sea difícil no significa que sea imposible.”

De repente, los ojos oscuros de la figura sufrieron un cambio abrupto.

El negro del iris fue reemplazado por un color morado intenso, y las pupilas de esclerótica negra se transformaron en dos ojos de esclerótica púrpura, atravesados por inquietantes patrones de ondas que giraban lentamente.

El aire a su alrededor, antes tranquilo, se volvió pesado y opresivo en el instante en que aquellos ojos aparecieron.

La figura volvió a fijar la vista en el objeto en el cielo.

Y entonces, finalmente, lo vio con total claridad.

A través del velo de llamas y calor pudo distinguir un lujoso carruaje dorado de aspecto antiguo, tirado por cuatro caballos negros envueltos en intensas llamas carmesí.

“Eso es…”

“…bueno, claramente no es biológicamente posible.”

Dijo la figura con un tono entre sorprendido y crítico, observando lo que, a sus ojos, parecían cuatro Rapidash versión shiny latinoamericana.

Pero eso no fue lo único que llamó su atención.

Al mirar con mayor detenimiento, también pudo ver la figura de un hombre de ojos resplandecientes y una salvaje cabellera rojiza… ¿o tal vez dorada?

No podía discernirlo con exactitud; las llamas que emanaban de su cuerpo distorsionaban los colores.

(Análisis)

Con un simple pensamiento, una pantalla de interfaz que solo él parecía poder ver se desplegó ante su vista.

{Analizando…}

{Helios}

{Raza: Forjador del Éter / Aithyropoioi}

{Títulos: Dios del Sol – Dios de la Luz – Dios de la Verdad}

{Nivel de potencia: 23.000}

“Así que ese es Helios, ¿eh?” comentó con tono crítico.

“No pensé encontrarlo tan rápido después de salir al mar… menos mal tomé precauciones y usé directamente la capa de invisibilidad, jejeje.”

Su mirada volvió a centrarse en el carruaje resplandeciente que recorría n los cielos.

“Hmmm… su fuerza individual no parece tan elevada. Apenas entra en la categoría definitiva, tal vez su capacidad de combate general ronde la clase suprema… no da aires de ser precisamente un guerrero”

Hizo una pausa.

“…pero ese carro… por alguna razón me da una sensación bastante inquietante.”

(Análisis)

{Nombre: Carruaje Solar}

{Categoría: Artefacto divino}

{Características: Artefacto divino con forma de carroza conducida cada día por el cielo por el dios del Sol, Helios, siguiendo el curso solar e iluminando el mundo}

{Habilidades}

{Revelación del Sol: El carruaje otorga a su jinete visión omnisciente. Todo lo que sea tocado por los rayos solares generados por el carruaje será visto a través de los ojos de quien lo conduzca}

{Llamarada Solar: Al ser impulsado por los cuatro corceles solares Pirois, Eoo, Etón y Flegonte puede cargar y liberar una oleada de llamas divinas capaces de igualar la temperatura de la superficie del Sol}

{Vuelo veloz: Atributos mágicos de viento y luz que le permiten surcar los cielos acelerando a velocidades supersónicas con total estabilidad}

{Bendición de Hyperion: Bendición divina que otorga al carruaje el don de la luz y resistencia absoluta al fuego. Ninguna luz divina se refleja en su superficie, pues él es la fuente misma de la luz. Ninguna llama puede dañar siquiera su estructura}

{Nivel de amenaza: Si te atropella no te matará… pero te dolerá mucho}

“…¿Qué onda con esa descripción?”

La figura no pudo evitar que una gota de sudor descendiera por su frente al leer el último apartado.

Sobre todo esa parte donde el sistema, básicamente, le decía:

“Si esa cosa te pega, te va a doler como la mierda.”

“Sistema…” murmuró con un tono entre reproche y diversión.

“¿No podrías ser un poco más sutil con tus descripciones?”

[ >⁠.⁠< Haré mi mejor esfuerzo, anfitrión ]

La figura encapuchada escuchó la habitual voz monótona y robótica en su mente.

Aunque… juraría haber percibido un ligero tono de sarcasmo divertido.

¿…?

“Bueno, dejando eso de lado…”

Su atención pasó del carruaje dorado a los corceles que lo arrastraban de este a oeste.

(Análisis)

{Descripción}

{Cuatro tiradores: Corceles de fuego descritos como extremadamente rápidos y resistentes a las llamas}

“…”

“Sistema” dijo con un claro matiz de frustración.

“¿Podrías darme una descripción más completa, por favor?, échale ganas”

{… A sus órdenes, anfitrión}

{Nombre: Pirois (Pyrois)}

{Títulos: Estrella ardiente – El azote de la llama del Sol}

{Nivel de potencia: 4.310}

{Nombre: Eoo (Eous)}

{Títulos: La luz del alba – El primer amanecer}

{Nivel de potencia: 4.290}

{Nombre: Etón (Aethon)}

{Títulos: El corcel resplandeciente – El quemado por el Sol}

{Nivel de potencia: 4.500}

{Nombre: Flegonte (Phlegon)}

{Títulos: Galope ardiente – El que arde en los cielos}

{Nivel de potencia: 4.340}

La figura permaneció en silencio unos segundos.

“…Ok.”

(Son más fuertes que muchos dioses menores juntos, si bien no entran en la clase suprema, con ese nivel de poder pueden ser considerados como seres en la sima de la clase alta)

(Si Helios llegara a detectarme con esa cosa… incluso con la capa, sería problemático… está cosa no es resistente al fuego, al menos hasta donde yo sé)

Una sonrisa ladeada apareció bajo el velo oscuro.

(Pero por suerte… no me ha visto, y a decir verdad ahora no tengo ningún asunto con el)

“¿Por qué se detuvo, Hades-sama?, ¿pasó algo?”

“¿Hm?”

De repente, una voz baja y aguda resonó a mi espalda. Al instante siguiente, una pequeña figura blanca emergió desde el borde expuesto del cuello de mi capa. Desde entre la seda negra apareció, de manera cautelosa, la cabeza blanca y brillante de una peculiar babosa.

Pov Hades

Al escuchar la pregunta, mi atención se apartó de la figura incandescente de Helios en el cielo, y giré la cabeza para encontrarme con la mirada contemplativa de la maestra. No pude evitar alzar una ceja ante lo que veía.

La maestra Katsuyu me observaba fijamente. Eso no era extraño.

Lo extraño era que aquella pequeña cabeza estaba sostenida por un cuello absurdamente largo para un ser de su tamaño.

Parecía que su cuerpo aún permanecía oculto dentro de la capa de invisibilidad, pues podía sentir claramente una masa gelatinosa arrastrándose por mi cuello y espalda. Así que, muy probablemente, la maestra había tenido que estirar su cuello (espero sinceramente que eso sea un cuello) para poder mirarme.

Era peculiar… pero, honestamente, no era ni de lejos lo más raro que había visto hasta ahora.

Dejando eso de lado, y notando la inquietud en su voz, respondí con la calma que ya se había vuelto habitual en mí. Después de todo, debía estar preguntándose por qué había detenido de golpe nuestro viaje de aventuras por el mar.

Y bueno… más bien, por el cielo.

Después de todo, el agua salada y las babosas no eran precisamente una buena combinación.

“Tranquila, no pasa nada, maestra. Solo vi una lámpara andante y me distraje” dije con simpleza.

“¿Una lámpara andante?” preguntó Katsuyu, ladeando ligeramente su pequeña cabeza en confusión. “¿Qué tipo de lámpara es esa?”

La confusión era comprensible. Si bien en el mundo ninja existían cosas como la electricidad y las lámparas modernas que iluminaban las ciudades principales, ella nunca había visto ni oído hablar de una “lámpara andante”.

No pude evitar reírme por dentro ante su reacción y decidí aclarar sus dudas… a mi manera.

“Es un tipo de lámpara muy especial” dije con un tono sabio y solemne. “Es una lámpara que se mueve por los aires a grandes alturas… y que siempre está encendida.”

“¿Siempre encendida?” preguntó nuevamente la sabia babosa, alzando la mirada hacia el cielo en busca de la supuesta lámpara. “No puedo verla.”

“Jajaja, es normal que no puedas verla, maestra” respondí con una leve ironía. “Esa lámpara suele estar demasiado alta… y mirarla fijamente no es muy buena idea.”

Después de todo, la única forma de ver directamente esa “lámpara” era mirando al sol, y eso definitivamente no era recomendable para nadie con ojos funcionales.

“¿? Pero Hades-sama” continuó Katsuyu con genuina curiosidad. “Si la lámpara siempre está encendida… ¿cómo hace la gente para dormir? Hasta donde sé, los humanos solo duermen en la oscuridad, ¿verdad?”

“¡Jajajaja!”

No pude evitar soltar una carcajada al escuchar eso.

“Cierto, muy cierto, maestra” dije aún riendo. “De hecho, sí existe una forma de apagarla. ¿Sabe cuál es?”

La pequeña Katsuyu inclinó ligeramente la cabeza, expectante.

“Pues… ¡con un golpe!”

“… ¿Un golpe?” repitió, claramente dudosa.

“Sí, un golpe” afirmé con entusiasmo. “Bien fuerte… en la parte de arriba.”

“Yo… ya veo” respondió Katsuyu tras unos segundos de silencio. “Suena… interesante.”

Luego, como si aceptara que ese era simplemente otro de los misterios incomprensibles de su discípulo, añadió:

“Entonces, Hades-sama… ¿a dónde vamos ahora?”

Me quedé en silencio unos instantes, observando el cielo y recordando la información que había obtenido hacía poco.

“Veamos…”

De momento tenía varias opciones en mente para hacer turismo, lo cual era la principal razón por la que habíamos venido al mar abierto.

Ya que, al menos por ahora, no tenía ninguna intención de volver a tocar suelo griego. Después de todo, Kronos y su legión de inadaptados todavía ejercían un férreo control sobre el territorio de Grecia.

Ir allí como si nada solo desencadenaría una persecución interminable hacia mi persona.

Si bien era cierto que no les tenía miedo a los Titanes sobre todo porque, hasta donde sabía, los más fuertes de ellos se encontraban extremadamente dispersos por toda Grecia en estos momentos , tampoco tenía la menor intención de buscar problemas innecesarios ahora mismo.

Después de todo, la razón principal por la que me esforcé tanto en abandonar la ciudad de Thalassia fue para poder disfrutar plenamente de las maravillas del mundo junto a la maestra.

Algo que no había podido hacer antes debido a múltiples factores.

Por ejemplo, cuando estaba en Creta no podía simplemente irme a donde quisiera.

¿La razón?

Bueno… no es fácil escabullirse durante largos periodos de tiempo cuando tienes una abuela capaz de escucharte en cualquier lugar que tenga plantas o esté conectado al suelo.

E incluso en aquellas ocasiones en las que lograba, de puro milagro, salirme con la mía y evadir su vigilancia para salir de la isla, todavía estaba obligado a volver eventualmente. Si no, mis hermanos empezaban a preocuparse por mí.

Y realmente no me gustaba preocuparlos o dejarlos solos por demasiado tiempo.

Después de todo, no todos ellos son muy… estables.

Hera y Poseidón no me preocupaban en absoluto; eran lo suficientemente maduros como para sobrevivir sin mi presencia.

Pero Hestia y Deméter…

Bueno, si Hestia no terminaba causando un alboroto y Deméter no caía en una depresión profunda por la preocupación, ya era un buen resultado.

Ellas eran las más sentimentales del grupo y, sinceramente, las más propensas a tomar decisiones precipitadas bajo presión.

Por supuesto, siempre tenían a Rea para cuidarlas… y a la guardiana privada de la isla, Gaia, quien se encargó de proteger y ocultar cualquier rastro de nosotros durante nuestra estancia en Creta.

… … …

Ah, sí… también estaba Zeus.

Pero a él no parecía importarle mucho lo que me pasara, así que… no cuenta.

Pero ahora que había logrado obtener el permiso de Océano para salir a explorar usando habilidades de engan ejem, quiero decir, ahora que había recibido la bendición del gran señor del mar Océano gracias a mis extraordinarias habilidades de convencimiento para emprender mi increíble odisea en el vasto océano…

Finalmente podía ir libremente a donde quisiera.

Así que… ¿qué haría primero?

Abajo solo había agua.

A lo lejos, había todavía más agua.

Sin señales de tierra en una amplia extensión.

Arriba estaba Helios, quien ya comenzaba a desvanecerse en la distancia.

Hmmmm…

Quizás… ¿podría derribarlo y robarme su carruaje solar?

Sonaba como una idea interesante.

Después de todo, ya estaba vestido de negro y tenía varias tarjetas de descuento latinas en mi inventario, con sus cargadores totalmente funcionales.

Podría convertirme en el Jack de la era antigua y armar un atraco vehicular al puro estilo Hollywood.

Espera.

Si yo era Jack… ¿dónde estaba mi Jill?

Porque debería tener una compañera del crimen, ¿verdad?

Quiero decir, no tenerla me dejaría como un Sherlock sin su Watson, o un Rayo McQueen sin su Mate.

Simplemente no daría el mismo efecto.

¡Ah, no, espera!

Tengo a la maestra Katsuyu.

Si le pongo una capucha negra para que Helios no la identifique y la confunda con otras babosas, podría efectuar el atraco sin problemas.

En cuanto a los roles…

Yo sería el ladrón intrépido pero carismático.

Y la maestra podría ser la ladrona gentil pero astuta, de esas que se te meten hasta en los bolsillos para sacarte toda la lana.

¡Perfecto!

Ahora solo necesitaría:

Un pasamontañas tamaño babosa,

Una mini radio, Una pistola de dardos, Dos kilos de TNT, Una llave inglesa, Una caja de chicles, Un taladro con punta de diamante, Unos zapatos con cohetes, Una navaja Suiza con soplete, Bombas de humo Y un extintor.

Todo lo necesario para poner en marcha mi primer robo en las alturas.

“Hades Sama”

(¿Eh?)

Fui arrancado abruptamente de mis pensamientos al escuchar la familiar voz de la maestra.

Me giré para mirarla y noté que seguía observándome fijamente.

“Yooo… ¿qué estábamos haciendo?” pregunté con genuina confusión.

Katsuyu me miró con lo que, para mí, era una expresión extraña antes de responder con su voz suave y calmada.

“Bueno… Hades Sama, yo le acababa de preguntar si tenía algún plan para nuestro próximo destino.”

Ah, eso.

Cierto.

Estábamos de vacaciones.

Me había perdido demasiado en mis pensamientos y había olvidado la razón principal por la que había venido con mi maestra a visitar el mar.

(Lo siento mucho, Helios.)

(El día en que te asalte y me robe con estilo tu magnífico carruaje no será hoy… pero pronto llegará.)

(Eso te lo aseguro.)

A cientos de millas de distancia, Helios, el Dios del Sol, sintió de repente un escalofrío recorrerle el cuerpo desde las plantas de los pies hasta la punta de la cabeza.

Frunció el ceño, increíblemente incómodo, girando la cabeza en todas direcciones sin saber de dónde provenía aquel inquietante presentimiento.

Se detuvo un instante, girando la cabeza en todas direcciones, con una incómoda sensación de que…

Alguien, en algún lugar, acababa de pensar seriamente en hacerle daño.

.

.

.

“Bueno, maestra, la verdad…” hice una breve pausa dramática antes de continuar

“no tengo la menor idea de a dónde ir.”

Sonreí con tranquilidad antes de añadir con convicción:

“¡Pero eso no es importante! Después de todo, la aventura no es algo que pueda ser planeado. La aventura es algo que uno mismo debe encontrar.”

Miré hacia la lejanía mientras el viento golpeaba mi rostro, sin tener la menor idea de dónde estaba exactamente… ni mucho menos a dónde iba.

Pero bueno, esa era precisamente la verdadera emoción de explorar lo desconocido.

(¿Quién sabía qué podría encontrar en este viaje?)

Tal vez lugares increíbles.

Tal vez tesoros inimaginables.

Claro, no esperaba algo del nivel de encontrar el One Piece, pero con cualquier cosa que lograra saciar aunque fuera un poco las ansias de emoción en mi corazón, me daba por satisfecho.

“Entiendo, entonces lo dejo en sus manos, Hades Sama” dijo Katsuyu con su habitual tono de voz suave.

Acto seguido, su pequeña cabeza se retrajo lentamente hasta volver a esconderse bajo la capa de invisibilidad.

No era que Katsuyu tuviera miedo a volar, ni que no lo disfrutara.

Pero el simple hecho de saber que debajo de ella se extendía una cantidad interminable de agua salada la ponía inquieta.

La sal y ella simplemente no se llevaban bien.

Como babosa, esa era una de sus pocas y muy serias debilidades.

Lo había experimentado una vez en un pasado que ahora parecía muy lejano.

En aquel entonces, cuando aún era una babosa joven y vivaz, había vagado por distintos lugares del continente shinobi en busca de aventuras.

Durante uno de esos viajes había decidido desplazarse hacia el noroeste del País del Rayo, llegando eventualmente a las costas que conectaban dicho territorio con las fronteras de la Tierra de la Tierra.

Ya fuera por casualidad o pura coincidencia, terminó llegando a una costa que daba directamente al mar.

En aquel entonces, Katsuyu aún era joven y descuidada.

Había decidido explorar la playa.

Sentir la arena bajo su cuerpo y percibir la brisa con aquel aroma extraño habían sido sensaciones completamente nuevas para ella.

Pero cometió un error terrible.

No supo diferenciar el agua del mar de la de un lago.

Y decidió introducir su cuerpo en ella.

Entonces comenzó uno de los momentos más dolorosos de su vida.

Cuando su piel entró en contacto directo con la sal del mar, sintió un dolor agonizante que jamás había experimentado antes.

No fue como si fuera a matarla de inmediato, pero el ardor intenso fue suficiente como para dejarle una marca imborrable.

Una lección grabada para la posteridad.

Y si bien ahora ya no era la babosa frágil e indefensa que solía ser en aquel entonces pues tras cientos de años incluso había encontrado métodos para mitigar los efectos de la sal sobre su cuerpo tan solo recordar cómo su piel se secaba hasta enrojecerse…

Cómo la humedad de su cuerpo se evaporaba lentamente hasta dejarla casi seca…

Le provocaba una sensación profundamente desagradable.

Katsuyu no era alguien que se aferrara al pasado.

Pero sin duda aprendía de sus errores.

Y siempre los mantenía presentes para no repetirlos.

En resumen…

Katsuyu detestaba el agua de mar.

E incluso siendo consciente de que ahora era muy poco probable que el contacto le causara algo más que un leve ardor, había algo que tenía muy claro:

Eso era algo que jamás haría por voluntad propia.

—

Salto de tiempo

POV Hades

Después de aquel pequeño encuentro con el “solecito” de Hiperión, seguí volando sin rumbo alguno por los cielos de… bueno, de donde sea que esté ahora mismo.

Solo podía ver agua.

Agua, agua y más agua hasta donde alcanzaba la vista.

Sí, definitivamente no era lo que tenía en mente cuando decidí salir a explorar el mar abierto por primera vez.

Porque, si bien ya había salido a explorar el océano en el pasado, cuando todavía me alojaba en la isla de Creta, siempre lo hacía dentro de un área relativamente delimitada, sin alejarme demasiado de donde se encontraban mis hermanos y Rea.

Además, cada una de esas salidas tenía restricciones bastante claras.

Siempre debía utilizar mis dones divinos al mínimo.

Puesto que, aunque el territorio de Océano se considera una zona “segura” un dominio en el que mis hermanos y yo podemos utilizar nuestro poder sin interferencias directas ni riesgo inmediato de atraer la atención de los Titanes , eso no significa que sea completamente infalible.

Después de todo, incluso si el control absoluto de Océano sobre el mar le permite bloquear la mayoría de los métodos de detección mágica convencionales, no puede suprimir por completo todas las firmas de energía que se generan dentro de su dominio.

Siempre hay fugas.

Siempre hay rastros.

Por esa razón, nunca pude utilizar mis habilidades mágicas o dones divinos con libertad fuera de la barrera que rodeaba la isla de Creta.

Básicamente, cada vez que salía a explorar debía estar reprimiendo mi poder de forma constante; y en más de una ocasión, para evitar cualquier riesgo innecesario, incluso salía utilizando la capa de invisibilidad, y el vuelo por telequinesis para evitar utilizar magia.

Pasar desapercibido no era sencillo.

Y no porque me faltara técnica, sino porque para ese punto mis reservas de magia ya eran… absurdamente grandes.

Pero, por suerte, tenía algo que la mayoría de los dioses no poseían: control.

Un control casi quirúrgico sobre la cantidad de energía que fluye a través de mi cuerpo.

Podía regular mi firma mágica con una precisión extrema, reduciéndola al mínimo absoluto, hasta el punto de que mi presencia se volvía increíblemente difícil de percibir incluso a distancias medias.

Esa es una de las grandes ventajas de ser un maestro en el control del Chakra.

Porque, si bien la magia y el Chakra difieren enormemente en origen, estructura y naturaleza energética, ambas siguen principios sorprendentemente similares.

Incluso en este mundo, los dioses poseen diversos métodos para reconocer a otros seres.

Métodos rústicos, como sentir la presión divina del otro; una técnica que permite discernir tanto la cantidad de energía que posee un individuo como su calidad, afinidad y naturaleza.

Es un método simple, directo y, en la mayoría de los casos, bastante confiable para identificar a otros seres, ya sean de origen biológico, mágico o divino.

Incluso aquellos que no poseen un origen místico como los animales comunes o especies aparentemente ordinarias tienen al menos una pizca de energía mágica en sus cuerpos.

Esa firma siempre varía según el individuo y la especie.

Por lo que, técnicamente, incluso un pequeño insecto puede ser percibido por los sentidos de un dios.

Y luego están aquellos individuos excepcionales.

Seres con capacidades sensoriales innatas tan desarrolladas que no solo pueden sentir las firmas mágicas a su alrededor, sino también distinguir sus matices más sutiles, diferenciando personas específicas incluso a grandes distancias.

Pero, por supuesto… eso no era un problema para mí.

Como sensor experimentado, estaba más que familiarizado con las formas de percibir la presión mágica de otros seres vivos.

Y, lo que es más importante, con las formas de evitar ser detectado.

Por ejemplo, reducir deliberadamente mi poder mágico y divino a niveles anormalmente bajos, ocultando así cualquier rastro evidente de mi presencia.

Sí, suprimo mi propio poder dentro de mi cuerpo divino.

Lo comprimo.

Lo contengo.

Lo encierro.

Hasta que, ante los sentidos ajenos, mi existencia prácticamente desaparece.

Claro, esta técnica no es perfecta.

Tiene defectos importantes.

Como el hecho de que no puedo desviar mi concentración ni siquiera por un instante durante el proceso de ocultación, ya que debo mantener todo ese poder desbordante sellado dentro de mí para evitar que se filtre al exterior.

Un solo descuido… y mi firma se dispararía como una bengala en la noche.

Por suerte, existen formas de compensar esas carencias.

Una de ellas es utilizar la energía natural del entorno, envolviendo mi cuerpo con ella, camuflándome con el ambiente y cubriendo cualquier fuga mínima de energía mágica que pudiera producirse.

No es el método ideal.

Y, siendo honesto, dudo mucho que funcione contra seres considerablemente más fuertes que yo.

Pero, hey…

Sigue siendo infinitamente mejor que andar usando la capa de invisibilidad todo el tiempo.

(Además, es mucho más divertido.)

Durante el transcurso del vuelo no sucedió nada interesante.

Durante bastante tiempo no ocurrió absolutamente nada digno de mención; no hubo problemas, ni encuentros inesperados, ni eventos extraños… lo cual, siendo honesto, se me hizo raro.

No porque estuviera esperando activamente ser atacado por algún enemigo desconocido o algo por el estilo… bueno, quizás un poco.

¿Pero se me puede culpar?

Después de todo, como reencarnado, mi vida nunca ha sido precisamente normal.

Incluso en los momentos de menor peligro siempre termina sucediendo algo inesperado que me obliga a actuar con fuerza. Aunque, ahora que lo pienso mejor, debo admitir que la mayoría de esos eventos suelen estar ligados a mis propias acciones un poquiiiito irresponsables.

Aun así, hay algo que no puedo ignorar.

He notado que incluso cuando paso mis días sin hacer absolutamente nada cuando simplemente me relajo y dejo que el tiempo fluya , los eventos extraños siempre parecen encontrarme.

Como aquella vez en la que decidí tomarme un día libre para explorar los arrecifes subterráneos debajo de Thalassia.

Y, de alguna manera, terminé encontrando un yacimiento de uranio.

Y no uno normal .

No era la típica parcela de tierra con un pequeño porcentaje de uranio sin refinar… no, era una gigantesca roca del tamaño de una pequeña colina, compuesta casi en su totalidad por ese elemento.

En su momento, el hallazgo fue confirmado tanto por el sistema como por el escáner de ondas ionizantes que llevaba conmigo.

Ese tipo de cosas no son normales.

Porque, siendo sinceros… ¿cuáles son las probabilidades de que una persona se encuentre por pura casualidad con una mina de materiales radioactivos de la más alta calidad?

Las probabilidades son ridículamente bajas, y aun así, de alguna forma, me terminó pasando.

Y ese no es ni de lejos el único ejemplo.

También están esos encuentros inesperados con objetos o personas que parecieran querer empujarme deliberadamente hacia una especie de aventura caótica.

Como aquella vez en la que, nuevamente por casualidad, terminé encontrando las ruinas de una antigua civilización hundidas a miles de metros bajo el mar… pero cuyo punto exacto se encontraba a menos de dos kilómetros de la isla de Creta.

Y en ese lugar, de alguna manera que aún me resulta incomprensible, terminé encontrando los restos de un antiguo mapa grabado en una tablilla de un material desconocido.

La tablilla estaba deshecha casi por completo, excepto en las zonas donde, convenientemente, se encontraba un mapa con instrucciones detalladas para llegar a una misteriosa ciudad que supuestamente existe dentro de una brecha dimensional.

Sí… eso ya era demasiado incluso para mí.

Una cosa es que yo mismo me meta en problemas por mis propios errores, y otra muy distinta es que, por pura “casualidad”, termine encontrándome una y otra vez con eventos que claramente buscan empujarme hacia peligros desconocidos.

Está más que claro que esos sucesos no son simples coincidencias.

Después de todo, aunque sea un reencarnado con un sistema que supuestamente posee autonomía total, todavía debo recordar algo importante: no estoy solo en esta situación, también están “ellos”.

El ser que me reencarnó en esta nueva vida y sus llamados “amigos”, quienes, si mis especulaciones son correctas, podrían ser errores cósmicos… o quizás dioses.

Bueno, en su momento dijo que no era el dios en el que yo pensaba, pero jamás negó ser algún tipo de deidad.

Aquellos seres que muy probablemente estén observando mi vida como si fuera una telenovela en este preciso instante podrían ser los responsables de esos “encuentros afortunados” que he tenido a lo largo de los años.

Porque, aunque no es imposible encontrar ruinas antiguas o tesoros por pura suerte, la frecuencia con la que me suceden estas cosas es demasiado alta como para atribuirla al azar.

Incluso cuando comencé a vivir bajo la protección de Océano, estos encuentros no hicieron más que aumentar.

Es como si una mano invisible quisiera guiarme deliberadamente para que me aventurara cada vez más en lo desconocido.

(…y no sé si eso debería emocionarme… o preocuparme.)

Incluso el propio sistema, en repetidas ocasiones, ha emitido misiones para que vaya a lugares a los que, honestamente, no creo estar calificado ni siquiera para ver todavía.

Como aquella misión que me pedía ir al Inframundo, más específicamente al Valle del Dragón, y robar todos los árboles de manzanas dragón del área.

Incluso para mí, eso es exagerado.

No solo porque no tengo la menor idea de cómo llegar al Inframundo, sino también por el peligro implícito de la misión en sí.

Porque, incluso si lograra llegar a ese supuesto valle, ¿qué haría con los residentes del lugar?

¿Habría un tannin custodiando la zona junto a docenas de dragones furiosos?

¿O quizás un dragón antiguo, muchísimo más poderoso, vigilándolo todo?

No tenía forma de saberlo.

Y aun así, la recompensa era tentadora: treinta puntos de estadísticas y un cupón dorado.

Los puntos de estadística, si bien no parecen muy importantes, para mí en este punto si lo son.

Principalmente porque después de cierto punto, mis estadísticas ya no son fáciles de aumentar mediante el entrenamiento físico convencional.

Debido a que mí físico es tan absurdo que algo tan básico como el entrenamiento de fuerza no tiene casi ningún efecto en mí.

Incluso si me la pasará corriendo en círculos durante horas, mis estadísticas de fuerza y agilidad, posiblemente no aumentarían más de un punto por cada cesión de entrenamiento.

Es un método de fortalecimiento… demasiado ineficiente.

Después de ése punto sólo me quedan dos opciones para aumentar mi fuerza.

El primero, que también es el más difícil.

Consiste encontrar de manera deliberada la forma de ponerme en peligro, un peligro lo suficientemente grande como para amenazar mi integridad física y desafiarmis límites corporales.

Y la segunda forma, que a mí parecer es la más fácil y mi preferida personal.

Es utilizar los puntos de estado ganados en las misiones para aumentar mi poder, es rápido, relativamente fácil, y sobre todo, casi exento de riesgos mortales aparte de los que puedo enfrentar en las misiones un método que nunca falla.

Por otro lado el cupón dorado.

Un tipo de cupón que el sistema solo otorga cuando la dificultad de una misión está al límite o directamente por encima de mis capacidades actuales.

Pero que es capaz de otorgar habilidades y objetos de enorme poder, algunos teniendo directamente la capacidad de subvertir por completo la escala de poder de este mundo.

No voy a mentir: la idea de conseguir uno de esos preciados cupones dorados es bastante tentadora.

Después de todo, entre las cientos y cientos de misiones acumuladas en el sistema, solo unas pocas ofrecen ese tipo de recompensa. Menos de un par de docenas..

Claro, dejando de lado las misiones que ofrecen cupones divinos, los cuales tienen el potencial de otorgarme habilidades y objetos, con la capacidad de romper directamente cualquier escala de poder o cosmología qué puedan existir en el universo en el que ahora resido.

Eso dice mucho sobre lo raras que son.

Pero incluso así, no es suficiente como para lanzarme de cabeza al peligro.

Porque puedo ser muchas cosas: irresponsable, alocado, pirómano, amante de los experimentos mágicos absurdos, fanático de la ingeniería y de todo lo que le dé un poco de emoción extra a mi nueva vida.

¡Pero definitivamente no soy un maldito suicida!

No le tengo miedo a la muerte… pero tampoco soy un idiota que la busca activamente.

No voy a ir a un lugar completamente desconocido sin preparación ni información previa, confiando únicamente en mi fuerza.

No estoy tan loco.

Una cosa es adentrarse en un sitio peligroso del que ya se tiene información, con planes de contingencia y medios para sobrevivir.

Y otra muy distinta es lanzarse a lo desconocido sin nada, esperando que todo salga bien.

¡No soy el maldito Tang San, por dios!

No tengo al destino de mi lado ni a una deidad maligna todopoderosa respaldándome.

Solo soy un dios común y corriente.

Con una fuerza que, si bien es considerable para los estándares actuales de este mundo, está muy lejos de la cima absoluta del poder del Dragon Deus.

Incluso contando con mi mayor carta del triunfo Gungnir, la lanza capaz de atravesar cualquier cosa a nivel fundamental y que nunca falla no puedo considerarme completamente invencible.

Después de todo, en DxD la escala de poder no siempre garantiza la victoria.

En este mundo existen habilidades y situaciones capaces de romper por completo la lógica de un combate, ignorando diferencias absurdas de poder.

Todavía recuerdo a ese sujeto… ¿cómo se llamaba? Ah, sí. Issei.

Ese mocoso con el cerebro hecho papilla logró derrotar a un enemigo del nivel de los satanes, Shalba Beelzebub, usando una técnica tan absurda que ni siquiera a mí se me habría ocurrido.

El tipo literalmente drenó los senos de la heroína principal, Rias Gremory, y utilizó ese “poder” que por alguna razón tomó la forma de un chorro de una sustancia sospechosa para forzar la evolución de su fuerza.

Pasó de ser un demonio de clase alta a alcanzar el pináculo de un demonio de clase suprema… e incluso rozar, por unos instantes, el poder de un dios de clase alta.

¿Es absurdo? Sí.

¿No tiene sentido? Por supuesto que no.

Pero de alguna manera, ser el protagonista de este mundo te otorga ese tipo de privilegios.

Un privilegio que claramente yo no poseo.

Porque, siendo honesto, si no fuera por el sistema, mis límites no estarían muy lejos de los del Hades original.

Quizás un poco más altos gracias a mis conocimientos de otro mundo… pero ni de lejos comparables a monstruos como Sirzechs Gremory, los dragones celestiales o los dioses dragón.

De hecho, incluso si hubiera logrado sobrevivir hasta la época del canon, lo más probable es que hubiera muerto durante la invasión de los Evies.

Solo una víctima más de los dioses máquina en una de las innumerables líneas temporales de High School DxD.

(Eso es bastante triste…)

(Pero lo bueno es que nada de eso pasará.)

(Tengo el sistema.)

(Mi destino ya se ha desviado por completo de la línea temporal original… y para mejor.)

(Y lo más probable es que ni siquiera tenga que esperar a que los invasores del otro mundo lleguen…)

(Porque yo iré hacia ellos.)

De repente levanté la mirada, con los ojos desenfocados, mi mirada se fijó en un punto lejano al horizonte que recién había notado.

“¿?… Eso es?…¡¡¡!!!”

De repente mí mirada pudo discernir la forma de la silueta y no pude evitar emocionarme, una sonrisa ligeramente maniaca se dibujó en mi rostro, y aceleré repentinamente el ritmo del vuelo.

La onda expansiva destrozó las nubes a nuestro alrededor.

Mientras tanto, una Katsuyu completamente conmocionada se aferraba a mi espalda con un agarre desesperado.

—

POV: ???

En algún espacio anómalo desconocido, repleto de nubes doradas de apariencia sedosa y un cielo oscuro, colmado de estrellas, que parecía estar separado de cualquier espacio físico de la realidad conocida.

El lugar parecía completamente deshabitado de cualquier forma de vida…

A excepción de una.

En algún punto de aquella gigantesca dimensión podía distinguirse la figura colosal de un ser humanoide de proporciones absurdas.

Decir que era alto sería quedarse corto.

Su cuerpo era tan inmenso que tan solo una de sus piernas podría confundirse fácilmente con una montaña.

Su apariencia era algo imposible de describir con simples palabras, porque, literalmente, no había nada con lo que compararlo.

Era ominoso… pero no en el sentido de resultar terrorífico.

Su cuerpo poseía una apariencia singular: una “piel” de tonos azulados que variaban constantemente entre azules claros, brillantes y oscuros, como un cielo cambiante. En su interior se formaban nubes de tormenta, relámpagos silenciosos y corrientes de viento, sin rastro alguno de órganos biológicos o estructuras propias de un ser vivo convencional.

Aquello lo hacía parecer completamente inhumano.

Y aun así… majestuoso.

Como si fuera un fragmento del cielo arrancado de la realidad y moldeado sin cuidado por las manos de un niño jugando con plastilina.

En ese momento, su gigantesca figura se encontraba recostada sobre un suelo hecho de nubes dentro de aquella dimensión.

El coloso, que parecía capaz de tocar las estrellas con solo estirar el brazo, yacía apoyando la cabeza sobre sus enormes brazos.

Cada vez que respiraba, su cuerpo se hinchaba lentamente y poderosos huracanes se formaban a su alrededor, dispersando las nubes cercanas… solo para que estas volvieran a reunirse al instante siguiente, envolviéndolo nuevamente mientras continuaba dormitando.

Pero aquel estado no duró demasiado.

‘¡Rumble!’

En algún punto, el gigante dejó de respirar de manera apacible y comenzó a moverse con inquietud. Su cuerpo se sacudió y estiró sus titánicas extremidades con una pereza casi palpable.

Parecía un trabajador de oficina despertando tras una noche demasiado corta.

“¡Haaaaaaaaaaaaa~!”

Un largo suspiro escapó de su cuerpo, cargado de apatía, desinterés y una profunda falta de motivación hacia todo lo que lo rodeaba.

El suelo de nubes retumbó bajo sus movimientos, y las propias nubes parecieron reajustarse de forma consciente para adaptarse a su nueva postura.

“Hmmm…”

El gigante dejó escapar un gruñido grave mientras finalmente se sentaba, cruzando las piernas una sobre la otra.

Sacudió la cabeza de un lado a otro y, en su rostro carente de rasgos definidos, se abrieron dos enormes ranuras blancas repletas de auroras que cumplían la función de ojos.

“¿Hm?”

Su movimiento se detuvo de golpe.

“¿ha vuelto a aparecer?”

El coloso se sentó erguido, con sus ojos moviéndose a una velocidad casi imperceptible de un lado a otro como si estuviera buscando algo… o mas bien a alguien.

“Así que aquí es donde te encuentras…”

Pronto su mirada quedó fija en un punto específico del suelo.

Su voz profunda y atronadora resonó por toda la dimensión.

El suelo de nubes bajo sus pies comenzó a descender y abrirse, revelando una vasta capa de cielo azul que cubría toda la superficie, en el fondo se podían ver grandes extensiones de tierra y agua cubriendo la totalidad del plano.

Aunque extremadamente algunas zonas en aquel panel se veían severamente atenuados y distorsionados, haciendo casi imposible el ver a través de ellos.

Pronto, aquella “pantalla” se onduló como si fuera agua, y la imagen cambió.

El cielo azul desapareció.

Ahora se mostraba una isla de aspecto exótico e inquietante, de la cual emanaba una aura siniestra casi imperceptible, como si ocultara algo maligno en su interior.

“Por todos los infiernos… ¿qué está haciendo ese niño en ese lugar?”

La inquietud se filtró ligeramente en su voz.

Sus ojos se enfocaron entonces en una zona específica de la isla, donde un grupo de árboles se sacudía violentamente, siendo arrancados y apartados a la fuerza por algo invisible.

Al acercar la imagen, el gigante pudo ver con mayor claridad una enorme sombra moviéndose a gran velocidad entre los senderos, derribando árboles, provocando temblores en la tierra y emitiendo ruidos ensordecedores.

‘Raaaawr!’

Cuando la sombra llegó a un claro, su forma se reveló por completo.

Un reptil bípedo de más de catorce metros de altura emergió rugiendo con furia.

La bestia rojiza se sacudía violentamente de un lado a otro, y si se observaba con atención, en la parte posterior de su cabeza, cerca del cuello, se podía distinguir a una persona aferrada con desesperación a su cuerpo.

Aullidos de emoción, movimientos frenéticos y carcajadas resonaban con fuerza.

En ambas manos, aquella diminuta figura sostenía dos pequeños objetos que explotaban repetidamente, generando estruendos ensordecedores.

“¡Yahoo!”

‘¡Bang, bang, bang, bang!’

Los disparos sonaban como pequeñas explosiones.

Los gritos de euforia y los estallidos se mezclaban con los rugidos enfurecidos del reptil.

La criatura, presa de la rabia, comenzó a correr en línea recta, estrellando los costados de su cuerpo contra todo lo que se interponía en su camino en un intento desesperado por quitarse a la molestia que llevaba encima.

Pero lejos de asustarse, la persona solo se emocionó más, disparando con mayor frecuencia al aire y produciendo un ruido aún más ensordecedor, lo que solo incrementó la irritación de la bestia.

“…”

“¿Qué demonios estoy viendo?”

El gigante murmuró con voz baja mientras observaba la escena ridícula y, francamente, hilarante.

Pero tras unos segundos, su expresión pasó de la confusión… a la incredulidad.

Y finalmente, a la risa.

“Je… jejeje… ¡jajajaja!”

Una carcajada atronadora sacudió los cimientos de toda la dimensión mientras el gigante reía con un entusiasmo casi infantil.

“¡Ja… jajaja… jajajajajajaja!”

“¡Oh, por el caos! ¿Qué se supone que está haciendo ese niño?”

“Es tan ridículo… que me va a matar de risa, ¡jajaja!”

Y así, el gigante celeste continuó riéndose, disfrutando de una vista única…

Una que, en ese preciso instante, solo él era capaz de presenciar.

El coloso no sabía cuánto tiempo había pasado riéndose, pero tras un rato comprendió que debía detenerse.

Poco a poco, la expresión risueña que había deformado su rostro dio paso a una mueca compleja, cargada de molestia y reflexión.

“Ese chico… sí que sabe meterse en problemas, ¿no?” murmuró para sí mismo.

“Podría ser que…” la duda bailó un instante en la punta de su lengua, antes de que negara con la cabeza.

“No. No hay forma de que sepa lo que se encuentra sellado ahí. Lo más probable es que haya llegado a ese lugar por mera coincidencia.”

“Hmph… aunque vaya coincidencia,” añadió, con un dejo de diversión en la voz.

Desde hacía tiempo había estado siguiendo el rastro del muchacho; más concretamente, desde el momento en que hizo estallar el estómago de su padre y les bajó los humos a sus arrogantes descendientes.

Pero esa no fue la verdadera razón.

En realidad, había convertido al chico en su pasatiempo personal.

Lo observaba porque era divertido.

Porque era caótico.

Porque actuaba de formas que ningún dios ni en su sano juicio ni en la más absoluta locura se atrevería a intentar.

En más de una ocasión lo había visto tomar decisiones tan absurdas que desafiaban toda lógica divina.

Su vida era comedia pura: exagerada, caótica, impredecible… y, en ocasiones, peligrosamente desmedida.

Y eso le encantaba.

Precisamente por eso, al darse cuenta de que el chico muy posiblemente sin saberlo se había adentrado en uno de los lugares más peligrosos del mundo, sintió una punzada de duda.

Después de todo, si por casualidad perturbaba a la bestia sellada en aquel sitio…

O peor aún, si por pura mala suerte llamaba la atención de él…

Eso sí que era preocupante.

Porque si el chico moría…

“¿Con qué demonios me voy a entretener ahora?” pensó con fastidio.

Tras su “derrocamiento” y posterior expulsión de Grecia, ya no tenía muchas formas de matar el tiempo.

Antes también se aburría, claro, pero al menos podía observar a sus sirv— carraspeó mentalmente.

a sus hijos causando estragos por el mundo, o simplemente dedicar su tiempo a compartir lecho con su esposa…Bueno.

Exesposa ahora.

Después de todo, no había forma de que su relación volviera a ser como antes. Mucho menos después de que ella lo traicionara… y de aquel ataque cobarde que sufrió cuando bajó la guardia.

Le había dolido.

Mucho.

Pero eso ya no importaba.

Las heridas de aquella época habían sanado hacía milenios, y los recuerdos, por desagradables que fueran, no eran más que ecos de un pasado que ya no tenía relevancia.

Originalmente, su interés había estado centrado en aquel descendiente menor que había escapado de las manos de su hijo ingrato.

Después de todo, sus sueños proféticos habían sido claros: ese niño estaba destinado a cerrar el ciclo de traición y venganza que sus hijos habían iniciado.

Pero ahora…

Ahora ya no estaba tan seguro.

Desde que el otro niño apareció aquel surgido del infierno mismo creado por las entrañas de su padre , el futuro predestinado había cambiado.

Y él lo sabía.

Como uno de los dioses más antiguos y experimentados que aún quedaban en el mundo, entendía perfectamente lo que eso significaba.

Después de todo, ¿cómo podría el destino controlar a un individuo al que ni siquiera es capaz de tocar?

Al principio aquello lo había desconcertado. Incluso lo había preocupado.

Una anomalía que negaba su existencia ante el largo río del tiempo no era algo que se hubiera visto jamás.

Sí, existían dioses capaces de manipular la causalidad, de observar fragmentos del futuro o incluso de leer el flujo del destino.

Pero todos ellos estaban atados por los mismos grilletes.

Una fuerza universal.

Un poder superior.

Una ley absoluta.

A lo largo de los milenios, aquella fuerza había recibido muchos nombres: destino, karma, voluntad del cielo… Pero todos se referían al mismo fenómeno.

Uno omnisciente.

Uno omnipotente.

Él lo había comprendido hacía mucho tiempo.

No se puede ir contra el destino.

Y jamás debe desafiarse.

O las consecuencias pueden ser… desastrosas.

Todavía recordaba con claridad cómo sus sueños le habían advertido del futuro en el que sus descendientes se alzarían en armas contra él.

Pero su orgullo… su maldito orgullo… le había ahogado la razón, habían negado que yo sueños como simples pesa pasajeras y decidió no hacer nada.

¿Y cómo terminó todo?

Exactamente como estaba previsto.

Fue derrotado por su hijo menor, Kronos, fue despojado de su trono en los cielos y terminó siendo reducido del gran rey de los dioses a un simple vigilante que observa el mundo desde las alturas.

Y aun así…

No estaba verdaderamente enojado.

Aquello había sido una lección dura, pero necesaria.

Aunque…Bueno.

Quizá sí estaba un poco molesto.

No tanto por haber sido derrotado, sino por cómo ocurrió.

Después de todo, no habría sido tan irritante si el chico hubiera tenido la decencia de derrotarlo de frente.

Pero no.

Aquella pequeña escoria cobarde decidió atacarlo mientras estaba teniendo relaciones con su esposa.

L

Y peor aún…

Lo atacó en el lugar menos noble posible.

Para el gigante, aquel momento había sido un acto humillante y extremadamente vergonzoso.

Incluso viejos veteranos como él, no se atreverían a realizar un ataque tan bajo, ¡sobre todo en medio de una situación tan inapropiada!.

“¿No podía haber elegido un sitio más digno para hacerlo?” pensó con amargura.

“Al menos así podría decir que fui destronado por una traición honorable, y no por… eso.”

Suspiró internamente.

Pero ya no importaba.

Si bien aún guardaba algo de resentimiento hacia sus descendientes, este ya no era tan grande.

Especialmente después de ver cómo su sobrino se empeñaba en hacer sufrir a su indigno padre de las formas más creativas y tortuosas que jamás hubiera imaginado.

Eso había sido… terapéutico.

Aun así, el dilema persistía.

¿Debía intervenir?

¿O dejar que todo siguiera su curso natural?

Habían pasado milenios desde la última vez que había interferido directamente en el mundo, y cualquier movimiento de su parte podría causar un gran impacto.

Después de todo su poder aunque algo mermado, seguía siendo inmenso, un solo movimiento suyo podría atraer la atención de sus ingratos hijos… O peor aún, la de algún otro de esos viejos cascarrabias que aún se ocultaban en los rincones del mundo.

Sin mencionar que el chico se encontraba en territorio ajeno.

Técnicamente, no debía interferir.

Y, sinceramente, no tenía ni la intención ni la energía para iniciar otro conflicto divino por violar fronteras que no le pertenecían.

Él no era como cierto dios de la luz, cuya fuerza era tan absurda que podía ir campante de un dominio a otro sin consecuencias.

Pero, por otro lado… Sería una verdadera lástima que un dios tan joven, con tanto potencial, se perdiera por culpa de un simple descuido.

‘Suspiro.’

“Supongo que si no queda otra opción…” murmuró finalmente. “Este viejo actuará para salvarte, mocoso.”

“Pero más te vale que, si llega ese momento, me lo agradezcas.”

“No suelo hacer esto por cualquiera.”

Con esa decisión tomada, el coloso se acomodó nuevamente entre las nubes, cruzó los brazos y fijó su mirada en la escena.

Observando.

Esperando.

Con una calma calculadora… y una sonrisa peligrosa apenas insinuándose en su rostro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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