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Un Dios De La Muerte Como Ningún Otro En Animé World - Capítulo 46

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Capítulo 46: 38. el misterio de la isla olvidada part.3

<>

[Ding]

[Felicidades al Anfitrión por haber sobrevivido al asalto de la maquinaria divina. ¿El anfitrión desea reclamar la recompensa? S/N]

“Sí.” Respondió una voz decidida.

[Ding]

[Se procede con la entrega de las siguientes recompensas de la misión.]

{Cupón plateado X2 – Cupón de bronce X4 – Puntos de estadística X10}

[Cupones disponibles.]

{Cupón común X 57}

{Cupón de bronce X 31}

{Cupón plateado X 15}

{Cupón dorado X 1}

{Cupón divino X 0}

Después de una noche de descanso —bien merecida tras una batalla tan exigente— Hades se encontraba disfrutando de la tranquilidad de la mañana, tomando un baño de sol.

Estaba sentado sobre una amplia plataforma de madera creada mediante Mokuton, con las piernas cruzadas en una postura de meditación. Su espalda permanecía recta, sus hombros relajados y su respiración fluía con una calma casi ceremonial.

Los primeros rayos del sol de la mañana atravesaban el cielo todavía cubierto por nubes grises. La luz descendía en columnas irregulares que iluminaban fragmentos del paisaje devastado, creando largas sombras sobre la tierra seca y ennegrecida.

El contraste era curioso.

Un escenario arruinado por una batalla de proporciones divinas… y en medio de todo aquello, un dios descansando tranquilamente mientras revisaba su sistema como si estuviera leyendo correos electrónicos atrasados.

Originalmente, Hades había planeado dirigirse de inmediato hacia el enorme cráter donde se encontraba el misterioso sello que había descubierto el día anterior.

Su intención inicial había sido simple: llegar, investigar… y si era necesario, romperlo para completar la misión.

Pero después de pensarlo con más calma —y recordando muy claramente cómo había terminado su último encuentro con los “mecanismos divinos”— decidió que precipitarse directamente hacia un peligro desconocido no era la mejor idea.

Al menos no esta vez.

Así que ahora se encontraba revisando con calma los cupones que tenía acumulados dentro del sistema.

Estos boletos eran el resultado de muchas misiones completadas a lo largo de los años: algunas peligrosas, otras absurdamente simples, y unas cuantas que honestamente ni siquiera recordaba haber terminado.

No era una cantidad espectacular. Pero dadas las circunstancias… Hades estaba dispuesto a apostar.

Tal vez, solo tal vez, su suerte finalmente le permitiría obtener algo útil.

Una habilidad de apoyo, o incluso un artefacto para el combate. Algún objeto que aumentara sus probabilidades de sobrevivir al siguiente desastre estaría genial para el en esos momentos.

“Mmmh…”

Hades observó la lista flotante de cupones pasar con rapidez, y de inmediato una expresión ligeramente amarga se dibujó en su rostro, el arrepentimiento invadió su corazón como una ola.

De haber sabido que las cosas terminarían escalando hasta este nivel… probablemente habría tomado mucho más en serio las misiones cotidianas del sistema.

Era cierto que, en comparación con las misiones de alto riesgo, las recompensas eran mucho más modestas. La gran mayoría de ellas dando recompensas de bajo nivel como lo son los cupones comunes.

Pero incluso así, acumular cupones de bronce con cierta regularidad no era algo particularmente difícil mediante las misiones de baja dificultad.

“Qué lástima…”

Se llevó una mano al mentón mientras hacía una pequeña mueca.

“Quizás, en vez de pasar horas jugando o paseando por Thalassia… habría sido una mejor idea dedicarle algo más de tiempo al sistema.” Dijo Hades con arrepentimiento.

El comentario quedó flotando en el aire unos segundos, y luego dejó escapar un largo suspiro.

(Suspiro)

“Pero bueno no sirve de nada lamentarse por aguas pasadas… ya estamos aquí.” Dijo sacudiendo ligeramente la cabeza. “Así que sigamos adelante con lo que tenemos.”

Con un simple gesto de la mano — aunque realmente no era necesario— cambió de ventana dentro de la interfaz del sistema, abriendo una sección que llevaba años —literalmente años— sin revisar, una función del sistema que seguía acompañándolo como una especie de recordatorio constante de su propia impaciencia juvenil.

El apartado de descargas.

La pantalla se abrió mostrando una barra de progreso casi inmóvil, su progresión era tan lenta que casi parecía burlarse de él.

Hades ya conocía la cifra aproximada de tiempo que todavía quedaba para que se completará la descarga, y aun así… verla siempre tenía el mismo efecto frustrante.

[Descarga de archivos]

[Archivos descargados {1/1}: espacio lleno]

[Tiempo de descarga]

{Ashborn, Monarca de las Sombras – Solo Leveling}

— Tiempo restante: 11 años – 5 meses – 20 días – 14 horas – 6 minutos

Hades entrecerró los ojos.

“De haber sabido que la espera sería tan larga… mejor habría descargado una versión más fuerte del monarca de las sombras, como por ejemplo a Sung Jin-Woo.” Su voz sonó algo apagada, casi resignada, mientras le dedicaba una mirada en blanco a la pantalla del sistema.

Mentiría si dijera que no sentía cierto arrepentimiento por haber iniciado una descarga tan absurda durante sus primeros años en este mundo.

Pero al final del día… Hades, no podía culpar a nadie más que a sí mismo.

Después de todo, había sido su brillante idea descargar a un personaje de nivel planetario como lo es Ashborn como su tercera descarga.

¿El resultado de su acción?, ahora su único espacio de descarga estaba bloqueado durante más de una década. Y mientras el archivo siguiera en proceso… no podía iniciar ninguna otra descarga.

La única manera de acelerar el proceso era reducir la brecha de poder entre él y el Monarca de las Sombras.

Lo cual, siendo realistas, era ridículamente difícil, casi una fantasía para el Hades actual que ni siquiera podía ser considerado el ser más fuerte de su mundo, y mucho menos podía ser comparado con el más débil de los monarcas o gobernantes.

Por lo que su mejor la alternativa de momento era simplemente esperar pacientemente durante años, mientras el archivo terminaba de descargarse.

Desde un punto de vista objetivo, aquello no debería ser un gran problema, después de todo Hades era un dios griego. Un ser que si bien no puede ser llamado inmortal, sigue siendo sumamente longevo, que gracias al sistema era una entidad cuya vida potencial podía extenderse de manera indefinida por cientos o incluso Miles de milenios.

Todo eso, al menos sobre el papel, suena increíble, de no ser porque había un pequeño detalle en todo aquello que realmente podría llegar a afectar a Hades… Su mente.

Hay que recordar que gracias al efecto del sistema conocido como “Mente Gamer”, su estabilidad mental permanecía protegida… pero en esencia su forma de pensar y mentalidad seguían siendo fundamentalmente humanas.

Lo cual, a largo plazo podría no ser algo tan bueno para Hades.

Hades al principio pensó que en algún momento el tiempo comenzaría a pasar más rápido para él.

Que las décadas de espera por la descarga se sentirían como meses, que las décadas se serían simples pestañeos, pero no fue así en lo más mínimo.

La divinidad afectó su esperanza de vida, si, pero no alteró su percepción del tiempo. Solo le permitió soportar esperas más largas sin volverse loco debido al deterioro del envejecimiento, lo cual desde la perspectiva humana de Hades, apestaba totalmente.

“Sí…” murmuró mirando el cielo. “Esperar un día de por si ya es aburrido, pero esto es simplemente ridículo.”

Hades no podía ni imaginarse el que hubiera pasado si en vez de un personaje de alto rango de “Solo Leveling”, hubiera descargado a algún personaje más poderoso como a alguna potencia de los cómics Marvel/DC, o a algún monstruo del manga, como lo son los personajes principales de los shōnen’s.

La espera, muy probablemente habría durado uno o varios siglos en completarse.

Así que desde ese punto de vista… la única solución para Hades en aquella situación era esperar con vehemencia y hacer lo posible para mantenerse ocupado y no pensar más en eso.

Aprovechar su tiempo en cosas que le interesen, como el aprender cosas nuevas, el pelear con oponentes fuertes, entrenar con sus hermanos, y el explorar lugares nuevos.

Esas eran cosas que Hades podría hacer para matar el tiempo, porque si se quedaba quieto esperando once años… Bueno. Incluso con una mente divina, eso sería una forma bastante eficaz de volverse loco, y a nadie realmente le gustaría vivir en el mismo mundo que un reencarnado con un sistema con el potencial de poner en peligro al multiverso entero, y un tornillo zafado en su cerebro.

Aunque, siendo honestos, al menos había una ventaja curiosa en su condición actual. Y es que a diferencia de los cerebros humanos —que tienen un límite natural para almacenar recuerdos e información— el núcleo divino de Hades funcionaba de una forma muy distinta.

No era exactamente un cerebro convencional, ni un alma en el sentido estricto de la palabra, ni mucho menos una mente en el sentido tradicional.

Era algo más cercano a un núcleo espiritual que almacenaba su chispa divina en forma de información… y al mismo tiempo registraba todas sus experiencias, transcribiéndolas como si fueran una especie de datos, como un banco de memoria espiritual en constante expansión.

El cual, cuanto más aprendía Hades, más espacio parecía generarse para almacenar más conocimientos, mejorando su energía espiritual y capacidades de aprendizaje. Razón por la que Hades era tan bueno en el uso de la magia —además de los rasgos de su linaje de Titán—, y a la vez poseía una mente y alma naturalmente más resistentes que las de los seres vivos basados en carbono, e incluso otros dioses.

Por lo tanto, Hades no tenía que preocuparse por “llenarse” de recuerdos, ni por qué su cuerpo fuera destruido.

Ya que incluso si su cuerpo físico moría, mientras su núcleo divino siguiera existiendo Hades podría volver a reformarse a partir de la esencia e su poder divino, y de la información que se encontraban almacenados en el interior de su núcleo divino. Núcleo cuya capacidad de almacenamiento y poder espiritual crecerán junto con la existencia de Hades. A medida que este siga viviendo y fortaleciéndose.

Aunque, siendo sinceros… No es que hubiera una enorme variedad de conocimientos dentro de ese archivo mental.

La mayor parte estaba compuesta por fragmentos de su vida anterior.

Recuerdos incompletos, escenas sueltas y borrosas, conocimientos variados pero bastante dispersos como para ir más allá de ser referencias vagas de la cultura de los 2000. Algunos libros de ciencia, y cultura además de varias novelas de fantasía y varios animes que parecían ser bastante buenos.

Pero si había algo que destacar era el sorprendente número de recetas de cocina a la parrilla, basados en carné y pescado. Aunque muchas estaban incompletas.

Pero, lo más curioso para Hades no era lo que recordaba, lo curioso era justamente lo que no recordaba.

No recordaba a su familia, o siquiera haber tenido una, no recordaba nada de su vida cotidiana más allá de breves fragmentos de rutinas y lugares difuminados, ni siquiera recordaba su propio rostro, su apariencia física, o el como sonaba su voz.

¡Es más!, Hades ni siquiera estaba completamente seguro de si realmente había sido un hombre antes de reencarnar.

Cuando “El” le permitió elegir la apariencia con la que reencarnaría… simplemente asumió que lo era, ¿El por qué?, bueno la respuesta es tan sencilla como absurda.

Porque la mayoría de los conocimientos almacenados en su mente parecían corresponder a un perfil muy específico:

Un otaku treintañero amante de la fantasía que pareciera no haber tenido una sola relación romántica en su vida.

Por eso nunca se le pasó por la cabeza él la idea de qué podría en realidad haber sido una mujer, después de todo… ¿Qué chica se tomaría el tiempo de leer los 66 tomos de Dragon Ball, desde el clásico hasta Super?

A menos que fuera una fanática extremadamente dedicada a la obra del sensei Akira con demasiado tiempo libre… aunque eso Hades lo consideraba poco probable.

Además, los isekai tenían una especie de “regla no escrita” que solian seguir el noventa por ciento de las veces… El reencarnador o protagonista de la obra, por lo general era un hombre.

“Vastante simple, ¿Verdad?”

De todos modos, en aquel momento, cuando estaba apunto de empezar su nueva e incierta vida, el comenzar como un hombre le había parecido la opción más segura.

Porque, solo imaginemos el siguiente escenario, al principio Hades no sabía si su reencarnación sería un renacimiento total o si sería transferido a un nuevo mundo ya siendo un adulto con el cuerpo de su avatar auto-creado, y si al contrario de su decisión final Hades hubiera reencarnando como una mujer. Y recordando que el método de reencarnación sería al azar, en vez de empezar desde cero como un bebé, de repente transmigrado a un mundo diferente y hubiera caído en un lugar peligroso como por ejemplo una cueva Llena de goblins…

“Dios santo…” Hades se llevó una mano a la cara. “No. Mejor no pensar en eso.”

Hades al igual que cualquier persona que hubiera leído novelas de fantasía de principios de los 2000, o hubiera visto el anime de goblin Slayer, sabía perfectamente lo que esos pequeños y monstruosos ¡hijos de P###! solían hacerle a las mujeres.

Hades, de ninguna manera aceptaría ese tipo de ruta histórica para su nueva vida, ¡primero muerto antes que eso.!

Sacudiendo la cabeza para alejar esos pensamientos desagradables, Hades finalmente centró su atención en lo verdaderamente importante.

La ventana del sistema volvió a cambiar, para mostrar el apartado de gacha, en medio de la pantalla los cupones flotaban frente a él como fichas de casino, mientras que por encima de ellos una colorida rueda multicolor permanecia inerte.

Eran los 104 cupones que había pasado dos años acumulándo… y por fin había llegado el momento de utilizarlos. Solo que a diferencia del uso casual que solía darles, esta vez pensaba usar todos y cada uno de ellos.

Con suerte… Quizás obtendría algo verdaderamente útil, que pudiera aumentar su poder.

“Muy bien…”

Hades estiró los músculos de su espalda, con un giró de hombros. Luego tronó lentamente los dedos de ambas manos.

¡Crack!

Todo mientras una sonrisa llena de expectación aparecía en su rostro.

“¡Sistema!” Sus ojos brillaban con entusiasmo.

“¡Es hora de empezar!”

Su tono era tan confiado que casi parecía que había olvidado un pequeño pero fundamental detalle.

El sistema de gacha funcionaba mediante un algoritmo de selección completamente aleatorio, para el sistema no existía el destino ni la probabilidad asegurada, tanto en el sistema de Hades como en los juegos de gacha, la suerte era el único factor real que podía ejercer alguna influencia.

Pero Hades, claramente, había decidido ignorar ese hecho por el momento, y poner todo su corazón en sus preciosos cupones.

[A sus órdenes, Anfitrión.] respondió la voz mecánica del sistema.

“Muy bien, empecemos con los cupones comunes”, dijo Hades.

[Entendido, Anfitrión. ¿Cuántos cupones desea utilizar?] se escuchó la voz interrogativa del sistema.

Hades apenas lo pensó antes de responder.

“Sistema… úsalos todos”.

[Ding~]

[Entendido, Anfitrión. Se están usando 57 cupones comunes.]

En la pantalla del sistema, la rueda multicolor que antes estaba inerte de repente comenzó a girar a gran velocidad. A medida que rotaba, miles de nombres de artículos diferentes aparecían y desaparecían en sus casillas como destellos fugaces.

La rueda giró durante varios minutos hasta que finalmente se detuvo.

Entonces el aviso del sistema volvió a sonar.

[¡Ding!~]

[Felicidades al Anfitrión por haber obtenido las siguientes recompensas.]

{Camiseta de recuerdo del Museo Smithsoniano: X1}

{Un millón de dólares sin marcar}

{Media tonelada de uranio — sin refinar}

{Caja de municiones calibre .50: X4}

{Paquete misterioso de Amazon: X1}

{Caja de cerveza x12 unidades}

{Paquete de DVD Un Show Más, edición coleccionista: X1}

{Antena parabólica helicoidal de larga distancia: X1}

{Set PC Gamer de alta gama personalizado: X1}

{Un machete oxidado: X1}

{Técnica del clon ilusorio de los tres cuerpos — Naruto}

{cargamento de; <> X1}

{Paquete de cartas coleccionables Yu-Gi-Oh; Deck/Mazo: Mago Oscuro X1}

{Rastreador de poder de tercera generación — Dragon Ball: X1}

{Poción de Mana mediana: X5 — Exiled Kingdoms}

{Las llaves de un búnker de la tercera guerra mundial: X1}

{Bloque de esponja marina — Minecraft}

{Una bota mordida}

{Contenedor perdido de Apple: X1}

{Ojos de araña — Minecraft: X3}

{Gafas de trucho: X1}

{Motor de combustión V8 biturbo; Ferrari: X1}

{El hueso de la pierna de un Ankylosaurus: X1}

{La Chancla del infinito: X1}

{Cargamento de frituras: X4}

{Caja de voz cybertroniana: X1}

{Misil Balístico Intercontinental – ICBM: X3}

{Chicle masticado por Scarlett Johansson: X1}

{Bote de remos —sin remos incluidos: X1}

{Motor de empuje fusiforme — Incom 4L4 — Modelo T-65B: X2}

{Hueso del alma del dedo meñique del pie de 10 años: X1}

{Dolor de riñones repentino: X1}

{Cámara Polaris: X1}

{Cáncer de tiroides: X1}

{Planos de la estación espacial Crysalis — proyecto hyperion: X1}

{Patada fantasma en los bajos: X1}

{Medio grano de arroz: X1}

{Linterna de 2000 lúmenes sin batería: X1}

{Desodorante old spice: X12— ¡huele a hombre, hombre de pies a cabeza! ¡¡¡Hooooooooooo!!!}

.

.

.

Hades siguió mirando la larga lista de objetos que había obtenido a través del gacha del sistema con una expresión de interés.

La mayoría de las recompensas que obtuvo, aparte del hueso de dinosaurio, no valían lo suficiente como para dedicarles una segunda mirada. Después de todo, los cupones comunes no suelen dar recompensas valiosas o llamativas como artefactos místicos o factores de superhabilidades.

Por el contrario, existe cierta posibilidad de obtener desventajas como enfermedades u objetos dañinos para uno mismo, como por ejemplo el… Cáncer… Por supuesto, lo bueno es que Hades es completamente libre de decidir si aceptar o no las recompensas.

Pero entre todas ellas hubo una que llamó fuertemente su atención: el rastreador de poder de combate del mundo de Dragon Ball.

Esto interesó enormemente a Hades.

Después de todo, si bien no era extraño obtener artículos de tecnología avanzada por medio de un cupón de bronce, estos normalmente eran tecnologías de uso cotidiano, sin ningún tipo de función ligada al combate.

Además, también estaba el hecho de que, a menos que el artículo obtenido a través de un cupón común fuese de una rareza extremadamente baja, era prácticamente imposible obtenerlo.

Hades no recordaba con precisión si el rastreador de las fuerzas especiales de Freezer era un artículo de uso común o si era una tecnología exclusiva de sus tropas.

Aunque parecía recordar vagamente que, en el manga de Dragon Ball, aparecieron algunas variantes de ese dispositivo que utilizaban tecnología similar.

“Mmm… quizás sea una buena idea releerlos después”, dijo finalmente Hades.

Ahora estaba bastante curioso por el rastreador, así que con una orden mental envió el resto de los artículos al almacenamiento del sistema.

Con otro pensamiento, un artefacto de aspecto exótico apareció en su mano. Parecía una extraña combinación entre un auricular y un monóculo futurista.

“Genial… siempre quise uno de estos”, dijo Hades mientras sujetaba el pequeño aparato con cuidado y lo examinaba con creciente interés.

Su apariencia consistía en una diadema curva de color blanco con pequeñas decoraciones negras. En uno de sus lados sobresalía un visor cristalino verde de forma rectangular.

Al enfocar su vista en el cristal, Hades pudo distinguir vagamente el contorno de los diminutos circuitos que componían el pequeño panel que se fijaba frente al ojo izquierdo para mostrar la información visualmente.

Hades lo tanteó.

El diseño era pequeño y ligero, claramente pensado para mantener la comodidad incluso en medio del combate.

Al presionar el botón en la parte posterior del auricular, una interfaz con símbolos extraños de colores verde claro y amarillo apareció en el pequeño panel.

Al principio, Hades se emocionó.

Pero pronto se dio cuenta de que no entendía en absoluto lo que significaban aquellos símbolos.

Después de todo, Hades no sabía leer el idioma que utilizaban los aliens de Dragon Ball.

Es más, incluso si hubiera obtenido la versión del rastreador modificada por Bulma Brief para mostrar el texto en símbolos japoneses, seguiría sin poder entender lo que decía la pequeña pantalla.

Después de todo, el cerebro de Hades estaba predeterminado para el idioma griego antiguo.

Y si bien, como reencarnado, por supuesto conocía otros idiomas, estos se limitaban al español y al inglés.

Por lo tanto, Hades no tenía ni la menor idea de lo que mostraban aquellos números y símbolos extraños.

Mucho menos podría hacer algo como realizar una medición precisa de poder… o utilizar las funciones de receptor y transmisor que sabía que el rastreador poseía.

Hades lo observó por unos instantes antes de decidirse a utilizar la función de análisis de su sistema.

[Rastreador de Poder de Combate — Modelo Frieza Force 3.7]

[Estado: Activo — sin conexión a la red galáctica]

[Idioma: Idioma universal estándar — Traducción requerida]

{Funciones disponibles}

-Escaneo de poder de combate

-Detección de energía a larga distancia

-Comunicación interplanetaria

-Conexión a la red informática universal / red privada del ejército de Freezer

-Registro de firmas de energía

-Historial de combate y registro de audio en tiempo real

[Frecuencia abierta]

–Canales disponibles:

–Canal militar estándar

–Canal de escuadrón

–Canal privado

–Canal abierto [inhabilitado]

Estado de señal: [Desconectado]

{No se detecta ninguna red disponible para vincular}

“Tiene más funciones de las que creí”, dijo Hades mientras observaba la descripción del sistema.

“Solo es una lástima que no pueda leerlo por mi propia cuenta… pero no es como si no tuviera otras opciones”.

Al momento siguiente, Hades sacó un objeto de su inventario.

Eran unas aparentemente simples gafas de lectura.

Pero por supuesto, aquellas gafas no tenían nada de simples. En el mismo instante en que Hades se las colocó, los símbolos ilegibles que se encontraban en la pantalla cambiaron para asemejarse más a letras del dialecto griego que él era totalmente capaz de entender.

Hades apuntó el rastreador hacia la distancia, donde se encontraba uno de sus clones de madera. En ese momento, el clon estaba utilizando su chakra Mokuton para hacer que una pequeña montaña, rodeada por un denso mar de árboles, brotara del suelo con la intención de restaurar la ya bastante maltratada isla.

[Escaneo iniciado…]

{Resultado}

Nombre: Desconocido

Raza: Botánica / Xiloide — desconocida

Firma de energía: Biológica — desconocida

Poder de combate: 342

Nivel de amenaza: clase baja

Estado físico: ¿? — Desconocido

Salud: ¿?% — Desconocido

Fatiga: ¿?% — Desconocido

Distancia: 12.235 metros

“…¿?”

Hades se detuvo por unos momentos, mirando los datos de la pantalla con evidente confusión.

“¿342?… pero eso no es correcto”.

“Si bien mis clones de madera no son ni la mitad de fuertes que yo, al menos deberían superar las mil unidades de poder de combate. Después de todo, cada uno posee una cantidad considerable de chakra en su interior”, murmuró Hades con desconcierto.

Es decir, si bien en comparación con el el Chakra que poseen sus clones palidece notablemente, cada uno de ellos sigue teniendo una cantidad considerable de Chakra en su interior, al menos siendo superiores al nivel de un kage ordinario, no por nada son los legendarios clones de madera, una técnica que en términos de desgaste es incluso más exigente que la técnica de los clones de sombra.

Un jutsu tan complicado y con requisitos de chakra tan altos que incluso personajes de nivel jōnin como Yamato solo podrían crear uno de ellos antes de agotar todo su chakra, y solo personajes del nivel más allá de kage como Hashirama Senju podrían usar el máximo potencial de la técnica.

Para comprobar las cosas mejor, giró la cabeza hacia la distancia y apuntó el lente del rastreador en dirección a sus demás clones Mokuton.

[Radar de energía activado]

Objetivos detectados: 6

1 — Poder: 180

2 — Poder: 200

3 — Poder: 278

4 — Poder: 420

5 — Poder: 196

6 — Poder: 250

Distancia máxima del objetivo: 25 km

“Esto… ¿acaso el radar se equivocó?”

Hades no estaba seguro de si lo que se mostraba en la pantalla era correcto, pero por si acaso decidió apuntar el visor hacia sí mismo y presionar el botón para activar el escaneo.

[Escaneo iniciado…]

{Resultado}

Nombre: Desconocido

Raza: Desconocida / Humanoide

Firma de energía: Orgánica — desconocida

Poder de combate: 72

Nivel de amenaza: clase baja

Estado físico: 100%

Salud: 98%

Fatiga: 87%

Distancia: 0,3 metros

Hades no pudo evitar sonreír al ver los datos en la pantalla del rastreador.

Gracias a aquello, ahora tenía una idea bastante clara de lo que estaba ocurriendo.

Lo más probable era que los rastreadores del mundo de Dragon Ball funcionaran con estándares energéticos muy diferentes a los de su sistema.

Incluso cuando estaba suprimiendo la mayor parte de su poder y dejando escapar apenas una fracción —algo equivalente al poder de un ser mágico de clase media a alta, suficiente como para destruir una buena parte de una ciudad pequeña— el rastreador apenas mostraba que Hades poseía 72 unidades de poder de combate.

Algo que a primera vista sonaba bastante ridículo.

Al menos hasta que finalmente recordó que el Ki en Dragon Ball era una energía completamente diferente a la energía mágica del mundo de DxD o al chakra de Naruto.

Todas ellas pertenecían a sistemas de poder completamente distintos.

Si bien el Ki de Dragon Ball y el chakra de Naruto son energías que se forman mediante la unión de la energía vital, espiritual y mental de un individuo, sus naturalezas y orígenes difieren bastante.

El Ki es una energía que surge de manera completamente natural en los cuerpos de los artistas marciales que aprenden a manifestar su energía vital para el combate.

Mientras que el chakra del mundo de Naruto es el resultado de una alteración en la biología de los seres vivos, causada por las incursiones del clan Ōtsutsuki en la Tierra, lo que permitió que las formas de vida del planeta desarrollaran la capacidad de manifestar y manipular esa energía.

¿En cuanto al poder mágico del mundo de DxD?

Hades ni siquiera iba a molestarse en rascarse la cabeza pensando de dónde provenía.

Después de todo, el maná que recorría su mundo —y muchos otros más allá de la grieta dimensional— parecía menos una energía natural y más una regla cósmica fundamental que regía la realidad.

Ni siquiera sabía si era generado por el propio planeta o si provenía de algún reino superior.

Tampoco es que le importara demasiado.

Después de todo, Hades ya ni siquiera necesitaba absorber maná del ambiente para reponer su poder divino, ya que su corazón de titán se encargaba de ese aspecto, al ser un órgano capaz de producir energía mágica por sí mismo.

Pero de lo que sí estaba seguro era de que el Ki de Dragon Ball poseía una potencia bruta muchísimo mayor que la magia de DxD o el chakra de Naruto.

Aunque estas últimas probablemente superaban al Ki en ciertos aspectos con lo son la versatilidad y requisitos más bajos para su usó.

Después de todo, tomando como ejemplo al todo mentiroso mister estafa— quiero decir, el excelentísimo Mr. satan, que teniendo menos de 50 unidades de poder todavía fue capas de arrastrar una fila de autobuses escolares con tan solo su fuerza física, además de tener la fuerza suficiente como para atravesar el acero con sus puños e incluso reaccionar a disparos de bala. Ha, tampoco hay que olvidar la vez en qué Cell, literalmente lo estrelló contra una montaña con un golpe casual, y el tipo sobrevivió con apenas algunas heridas graves.

Simplemente bestial para los estándares de cualquier otro mundo, incluyendo a mundos de menor nivel que se especializan en artes físicas como Naruto y One piece.

Incluso personajes de las primeras etapas de la serie, con menos de 500 unidades de poder de combate ya eran capaces de destruir un satélite natural como la Luna… y poner en peligro la existencia del planeta Tierra.

Por supuesto, Hades no dudaba de que aquello fuera cierto.

Después de todo, en el apartado de descargas de su sistema, la mayoría de los personajes de Dragon Ball —incluyendo al Goku del final de la saga de los Saiyajin— tenían tiempos de descarga que iban desde varias décadas hasta cientos de años.

Eso sin contar las versiones de Dragon Ball Super y Heroes, donde algunos llegaban a tener tiempos de descarga cercanos a los dos mil años… o incluso superiores.

Así que Hades sabía perfectamente que, incluso si intentara medir su poder divino total sumado a su Chakra utilizando la escala de Dragon Ball, probablemente ni siquiera alcanzaría el rango de las diez mil unidades de poder.

Pero aun sabiendo eso… la curiosidad seguía ahí.

Después de todo, una cosa era hacer cálculos aproximados… y otra muy distinta era ver el número real, además ya tenía un rastreador de poder de la Frieza Force, lo mínimo que podía hacer era usarlo.

“¡Kage Bunshin no Jutsu!”

Hades cruzó los dedos formando una X frente a su pecho mientras realizaba el conocido sello del jutsu de clones de sombra.

‘¡Puf!’

Con una explosión de humo blanco, un clon idéntico a él apareció a su lado. Tenía la misma apariencia, la misma postura… e incluso la misma expresión ligeramente confiada que parecía decir “sí, soy increíble y lo sé”.

Sin perder tiempo, Hades le entregó las gafas de lectura y el rastreador de poder.

“Ve a la distancia y apúntame directamente”, dijo Hades señalando hacia un área despejada en la lejanía de la isla.

El clon observó el equipo durante un segundo antes de asentir con una expresión absurdamente seria.

“¡Señor, sí señor, entendido señor!” Luego levantó la mano en un saludo militar exageradamente rígido, con una expresión tan cómicamente seria que parecía sacada de una parodia.

Hades levantó una ceja.

Al instante siguiente el clon desapareció.

¡Whoosh!

El clon había salido disparado a la lejanía utilizando la técnica del parpadeo corporal, convirtiéndose en una sombra borrosa que cruzó la isla a una velocidad impresionante.

Pasaron varios segundos.

Finalmente, el clon se detuvo a una distancia de más de diez kilómetros de Hades. Lo suficientemente lejos como para que no se viera afectado por lo que este estaba a punto de hacer.

Una vez en posición, el clon se acomodó primero las gafas de lectura sobre el puente de la nariz con gesto profesional. Luego se ajustó el rastreador en la oreja y comenzó a manipular los controles del dispositivo hasta activar la función de escaneo.

La pequeña pantalla se iluminó inmediatamente cuando un pequeño pitido resonó en el aparato.

“¡Listo!”

El clon levantó el pulgar en dirección a Hades, aun sabiendo que desde esa distancia probablemente no podría verlo.

Pero el gesto era completamente simbólico eso era lo importante. Era el gesto clásico del “todo está preparado”.

A varios kilómetros de distancia, Hades sonrió con entusiasmo.

“Muy bien…” Sus labios se curvaron lentamente con una sonrisa llena de emoción. “Entonces es momento de hacer esto.”

Su voz estaba cargada de una emoción casi reverente, como si estuviera a punto de participar en un ritual sagrado, aunque en cierto modo… lo era.

Hades separó las piernas hasta adoptar una postura firme. En el momento siguiente separó ligeramente las piernas y flexionó las rodillas para bajar su centro de gravedad mientras sus pies se clavaban con fuerza contra el suelo.

Después llevó ambas manos a los costados del cuerpo, cerrando los puños mientras tensaba cada músculo de sus brazos, causando que los músculos de su torso se contrajeran.

Era la mítica pose clásica, la legendaria postura que cualquier fan del shōnen reconocería al instante.

La pose universal de: “Mírame, mundo… estoy a punto de aumentar mi Ki.”

Y considerando lo que estaba a punto de hacer, Hades sentía que tenía todo el derecho del mundo a usarla.

“¡HAAAAAA!”

Con un grito lleno de pura pasión shōnen, Hades dejó de contener su energía divina, al mismo tiempo que liberaba la enorme cantidad de chakra acumulado dentro de sus redes espirituales internas.

‘¡Rumble!’

Una explosión de poder recorrió su cuerpo.

Cada célula del cuerpo de Hades vibró violentamente mientras una presión abrumadora se liberaba desde lo más profundo de su ser.

Entonces apareció.

A su alrededor comenzó a manifestarse un aura oscura de miasma que parecía absorber la luz del entorno, como si la misma muerte hubiera decidido tomar forma alrededor de su figura.

Era un aura pesada y densa, la energía era tan densa que parecía absorber la luz del ambiente con un poder cargado con el peso del inframundo mismo.

Curiosamente, aquella aura no era especialmente grande.

Solo se expandía aproximadamente cuatro metros alrededor de Hades.

Pero las apariencias engañaban.

Aquella aura aparentemente pequeña era en realidad una cantidad extremadamente comprimida de poder divino del inframundo.

En cuanto a porque no era más grande, no era porque Hades no pudiera expandirla más. En realidad… era todo lo contrario.

La razón por la que la mantenía comprimida era simple, simplemente… No quería hacerlo más grande.

Todavía recordaba demasiado bien el incidente ocurrido en Creta.

Aquel pequeño “accidente” en el que liberó su poder sin pensar demasiado… y casi terminó hundiendo toda la isla en el mar.

Así que, para evitar provocar otro desastre geográfico esta vez tomó precauciones, Hades había aprendido a comprimir su divinidad y chakra alrededor de su propio cuerpo, evitando que su presencia energética se expandiera más allá de lo debido, como un límite artificial que evitaba que su energía se expandiera más allá de la isla.

De esa forma también reducía la posibilidad de atraer la atención de invitados no deseados.

Porque Hades sabía que en este mundo ser demasiado fuerte podía ser una invitación a problemas, incluso si uno era un dios…

Pero incluso conteniendo su poder al máximo, las consecuencias fueron inevitables.

Todavía había demasiadas cosas peligrosas y turbias ocultas en este loco mundo.

Incluso si se estaba conteniendo, la energía liberada por Hades todavía sacudió el terreno, las consecuencias de su poder seguían siendo devastadoras.

El suelo a su alrededor se fracturó con un crujido profundo y grietas profundas se abrieron como cicatrices en el suelo. Una violenta onda de presión —mezcla de energía del inframundo, poder sagrado y chakra— barrió el terreno en todas direcciones como una tormenta invisible.

“¡HAAAAAAAAAAAAARG!”

El grito de Hades resonó mientras liberaba aún más energía.

El miasma oscuro liberado por Hades se expandía alrededor de su cuerpo como humo viviente, comenzando a devorar la vida del entorno. Las plantas se marchitaban ante su toque decadente, y los insectos caían muertos al entrar en su rango de efecto, también los pequeños animales se descomponían después de unos segundos de contacto.

Ante el poder de la muerte cualquier forma de vida que tocara esa energía comenzaba a descomponerse casi instantáneamente.

A la distancia la hierba se marchitaba, las hojas de los árboles se ennegrecían, y los pequeños microorganismos caían muertos.

Pero en el mismo instante, una segunda energía se manifestaba.

Una energía sagrada que rodeaba a Hades como una barrera luminosa se expandió como un fuego purificador que anuló los efectos del aura de miasma, neutralizando la corrupción de la muerte con una velocidad aterradora.

Ambas fuerzas chocaron constantemente formando un equilibrio imposible.

Muerte y santidad.

Oscuridad y pureza.

Penumbras y agua.

Las dos energías opuestas que coexistian dentro del mismo ser se neutralizaban entre sí a una velocidad aterradora.

Mientras tanto, el Chakra de Hades seguía fluyendo desde su cuerpo con una presión tan intensa que, por momentos, el espacio a su alrededor parecía ondular como la superficie de un lago agitado.

Al principio, las consecuencias solo afectaron las zonas cercanas, pero pronto la perturbación comenzó a propagarse por toda la isla.

Los vientos rugieron como bestias salvajes, secciones enteras de árboles fueron arrancadas de raíz y grandes rocas rodaron por las laderas. El terreno tembló violentamente cuando un terremoto localizado sacudió la isla hasta sus cimientos.

Desde el centro de todo aquel caos, Hades observaba el desastre con una expresión de concentración absoluta.

En ese momento no podía permitirse el más mínimo error, ni una sola distracción.

Porque incluso una pequeña pérdida de control podría hacer que su poder se expandiera más allá del mar fuera de los límites del océano, y Hades definitivamente no quería que otros seres poderosos percibieran su presencia.

Esa era una de las principales razones por las que, incluso durante las batallas, siempre intentaba minimizar el impacto de su poder.

Cada vez que utilizaba magia o chakra, se esforzaba por mezclarlo con la energía natural del ambiente para camuflar su energía y disminuir el riesgo de que alguien pueda seguir su firma energética.

Era una técnica simple pero efectiva.

Porque Hades sabía un hecho muy simple pero real de su mundo.

En la mayoría de los casos, ser fuerte era una ventaja. Pero en un mundo como este ser demasiado fuerte… demasiado fuerte era una invitación para los problemas.

Después de todo nunca sabías cuándo aparecería algún loco absurdamente poderoso con la brillante idea de matarlo o sellarlo solo para demostrar que podía hacerlo, y afirmar que su frágil ego inflado tenía algún valor, para variar.

Sí, así de desquiciada estaba la cosa.

Hades podía ser muchas cosas, infantil, irresponsable y un “Don comedia natural”, pero imprudente no era una de ellas cuando realmente se le requiere.

Hades era bastante paranoico en ese aspecto, y definitivamente no era una paranoia injustificada.

Después de todo, conocía perfectamente la naturaleza depredadora de los habitantes del Dragon x Deus.

En el mundo mágico, el poder siempre atraía conflictos, esa era una verdad ineludible, había múltiples ejemplos qué demostraban ese punto, bastaba con observar la historia de su propio panteón.

Los dioses griegos tenían una costumbre bastante peculiar para cambiar de liderazgo en cada generación: El patricidio.

kronos derrocando a Urano, Zeus derrocando a Cronos, y padres devorados por hijos en un retorcido ciclo eterno de poder y traición.

Así que, considerando el historial familiar… La ligera paranoia de Hades estaba, honestamente, perfectamente justificada.

.

.

.

“420… 550… 598… 680… 970… 1000… 1180… 1300… 1560…”

Al otro lado de la isla devastada, el clon de sombras que sostenía el rastreador observaba con los ojos muy abiertos cómo los números seguían aumentando sin detenerse, escalando de forma constante como si no existiera un límite claro para lo que estaba registrando.

“Increíble… con este poder ya superó a Raditz… y sigue subiendo,” murmuró el clon con una expresión analítica, aunque la emoción latente en su voz traicionaba su aparente compostura.

Después de todo, incluso con Hades conteniéndose deliberadamente, el nivel de poder que estaba demostrando era, sin exagerar, abrumador.

Apenas habían pasado unos pocos segundos desde que comenzó a liberar su energía, pero las secuelas ya eran visibles incluso a kilómetros de distancia, no solo el aire vibraba con una frecuencia irregular e incluso la presión ambiental había aumentado de manera notable.

Incluso la gravedad parecía estar fallando en ciertos puntos, como lo demostraban pequeñas piedras que flotaban lentamente en el aire antes de agrietarse y finalmente desintegrarse en partículas finas, incapaces de soportar la presión invisible que las rodeaba.

“Sé que ni de broma podría llegar al nivel de Goku o Vegeta en la saga Saiyajin…” continuó el clon, entrecerrando los ojos mientras seguía leyendo los datos.

“Pero sería interesante ver si al menos puede acercarse al nivel de Nappa.” Su tono se volvió ligeramente más reflexivo.

Después de todo, Nappa y Hades se encontraban —al menos en teoría— dentro de una escala comparable.

Ese punto donde un individuo deja de ser simplemente poderoso y pasa a ser una amenaza capaz de devastar continentes enteros con relativa facilidad.

Aunque incluso eso era discutible.

El clon ajustó el rastreador con un leve movimiento de dedos.

“Además, este aparato solo mide niveles de energía…” añadió con un leve chasquido de lengua. “No toma en cuenta habilidades, resistencia, regeneración ni características físicas especiales.” Así que todavía era muy difícil decir cuál de los dos era más fuerte.

Desde un punto de vista puramente objetivo, podría argumentarse que Nappa tendría ventaja gracias al poder destructivo directo del Ki.

Pero Hades… Hades era otra historia completamente distinta, no se quedaba para nada lejos de un Nappa a toda potencia como la digna anomalía de la naturaleza que era.

Después de todo Hades tenía una gran variedad de habilidades tanto pasivas como activas, todo cortesía de una mezcla absurda de sistemas de poder incompatibles entre sí.

Su increíble cuerpo venía con regeneración extrema, una resistencia desproporcionada a su raza y complexión física, y una cantidad bastante considerable de habilidades pasivas que podrían ser consideradas rotas y una fuerza física que no seguía ningún estándar lógico del mundo real.

“…Sí,” murmuró el clon, ladeando la cabeza. “Es como comparar a un guerrero de élite con… una cucaracha inmortal dopada con esteroides divinos, no se puede subestimar a ninguno, sobre todo a la cucaracha.”

Se quedó en silencio un segundo. “ok… decir eso da más miedo de lo que debería.”

“¿Qué está haciendo ese tipo ahora…?”

“¿Hm?”

De repente, el clon de sombras giró la mirada.

Sin darse cuenta de cuándo ocurrió, una pequeña multitud se había reunido a su alrededor.

Eran los siete clones de madera que Hades había distribuido previamente por la isla.

Todos observaban el espectáculo a la distancia, con expresiones que variaban entre cansancio, resignación y un toque de diversión.

“¿Amigo… es en serio?” dijo uno de los clones de madera, cruzándose de brazos mientras soltaba un suspiro pesado. “¿Acabábamos de arreglar este lugar y ya nos está dando más trabajo?”

“Esto ya es el colmo…” añadió otro mientras se jalaba los cuernos con frustración evidente. “¡Exigiré un aumento!”

Hizo una pausa dramática.

“…¡No! ¡Primero exigiré un salario para empezar!”

Al escuchar eso, varios clones no pudieron evitar soltar pequeñas risas divertidas. Otros simplemente negaron con la cabeza, claramente divertidos por el dramatismo innecesario de su compañero.

‘¡RETUMBAR!’

.

.

De forma súbita, casi como si el propio mundo hubiese decidido rebelarse contra su existencia, la tierra bajo sus pies se estremeció con una violencia descomunal. El suelo crujió, se agrietó y se onduló como si fuese una superficie líquida atrapada en un frenesí caótico. Los vientos, por su parte, no se quedaron atrás; rugieron con una intensidad ensordecedora, formando corrientes turbulentas que azotaban todo a su paso con una ferocidad casi primitiva.

Los clones reaccionaron al instante.

Sin perder un solo segundo, canalizaron su chakra hacia la planta de sus pies, adhiriendose al terreno con una precisión casi automática. La energía fluyó como raíces invisibles que los anclaban a la isla, estabilizando no solo sus cuerpos, sino también pequeñas porciones del terreno a su alrededor, evitando así ser arrastrados por aquella tempestad desatada.

“¡Mierda…!” exclamó uno de los clones de sombras, entrecerrando los ojos mientras alzaba una mano para cubrirse del violento vendaval que amenazaba con arrancarle la piel.

“Esta isla no aguantará mucho…” declaró otro clon con tono analítico, su mirada tornándose rojiza al activar el Sharingan. Sus pupilas giraron lentamente, escaneando cada detalle del entorno con precisión quirúrgica. “La superficie se está fracturando a una velocidad alarmante. Hay erosión acelerada, deformación estructural… y—” hizo una breve pausa, afinando su percepción “—sí, la placa tectónica que sostiene la isla está comenzando a ceder.”

“¿Y eso es malo?” preguntó otro clon a su lado, ladeando la cabeza con genuina curiosidad, como si aún no procesara del todo la gravedad de la situación.

El clon de madera con el Sharingan simplemente se encogió de hombros, cruzándose de brazos con aparente despreocupación.

“Depende de cómo lo veas. A nosotros… realmente no nos afecta demasiado. Somos reemplazables.” Su tono era plano, casi indiferente. Luego, giró la mirada hacia el centro de la isla, donde la barrera que sellaba el pilar de piedra permanecía firme en medio del caos. “Pero dudo que el original pueda completar la misión si esta cosa colapsa antes de tiempo…”

Los demás clones de Mokuton asintieron en silencio, aceptando aquella lógica sin necesidad de añadir más palabras.

“¡En ese caso, yo me encargo!” anunció de pronto uno de los clones de madera.

Antes de que alguien pudiera responder, su cuerpo comenzó a hundirse lentamente en el suelo, como si la tierra hubiese dejado de ser sólida para convertirse en una sustancia maleable que lo engullía con docilidad.

En cuestión de segundos, desapareció por completo bajo la superficie.

Descendió con rapidez, atravesando capas de tierra, roca y sedimentos, guiado únicamente por su percepción del flujo de energía. Más de cien metros bajo la isla, alcanzó finalmente una vasta red de cavernas naturales, sostenidas por enormes pilares de roca que conectaban la estructura insular con el lecho marino.

No perdió el tiempo.

Apoyó ambas manos contra la superficie pétrea y cerró los ojos, concentrando su chakra con una precisión milimétrica.

Entonces, lo liberó.

El chakra de atributo Doton se expandió como una marea invisible, infiltrándose en cada grieta, cada fisura, cada punto débil de la estructura. No se limitó a la zona inmediata: lo extendió, lo empujó, lo forzó a abarcar la totalidad de la isla, desde sus cimientos más profundos hasta la capa superficial que besaba el aire.

{Manipulación de Chakra — Elemento Tierra: Marea de flujo de tierra}

Una vez que su energía cubrió por completo la isla y su conexión con el lecho marino, comenzó la verdadera tarea.

Moldeó la tierra a gran escala, rellenando las grietas en la estructura compactando los minerales naturales como si fuera una prensa hidráulica, reforzando la densidad estructural de la isla hasta niveles absurdos.

Cada fragmento de roca, cada partícula de arena, cada estrato fue comprimido y reconfigurado, formando una estructura mucho más resistente, cohesionada y estable.

El efecto fue inmediato.

En la superficie, los temblores comenzaron a disminuir gradualmente. El violento terremoto que amenazaba con escalar a una magnitud devastadora se redujo a un temblor constante, todavía perceptible, pero lejos de la catástrofe inminente que había sido segundos atrás.

“Bueno… supongo que eso lo soluciona.” comentó con ligereza el clon de madera que poseía el Mangekyō Sharingan.

A través de su visión, podía observar cómo una capa casi etérea de chakra envolvía la isla en su totalidad. Desde el suelo que pisaban hasta los árboles que se aferraban a las montañas, todo estaba conectado, unido por una red invisible de energía que evitaba que la isla se desmoronara bajo las ondas de poder liberadas por Hades.

El clon observó en silencio durante unos segundos más antes de dejarse caer con tranquilidad, sentándose cerca de la figura del clon de sombras, quien permanecía con la mirada fija en el centro de aquel vórtice de energía caótica.

No tenía ni la más mínima intención de criticar al original.

(Al final del día… solo soy un clon… y si muero, ¿que importa?, al menos morí joven y guapo.)

Su existencia era efímera, transitoria. Probablemente desaparecería antes de ver las consecuencias reales de todo aquello.

En lugar de eso, su atención se desvió hacia otro asunto mucho más interesante.

El clon que llevaba el rastreador.

“Oye… llevas un rato con eso.” dijo, inclinando ligeramente la cabeza. “¿No piensas decirnos qué tan alta es su puntuación?”

El clon de sombras, que portaba unas gafas junto con el dispositivo de rastreo, percibió de inmediato cómo todas las miradas se posaban sobre él.

Y entonces… sonrió.

Una sonrisa torcida, cargada de intención.

“Su poder…” comenzó, alzando lentamente el puño.

Hizo una pausa dramática.

“¡¡¡Su poder es de más de 8000!!!”

Se hizo el silencio y un segundo después—

“Pffff— ¡JAJAJAJAJA!”

La carcajada colectiva fue inmediata.

Los clones estallaron en risas, algunos incluso doblándose sobre sí mismos, incapaces de contener la reacción.

“¡Jajaja! Eso estuvo bueno…” dijo uno desde atrás, sujetándose el estómago. “Pero ya, en serio… dinos la cifra real.”

El clon del rastreador suspiró, ajustándose ligeramente las gafas mientras volvía su mirada hacia la pantalla.

“Es… complicado. Parece que su poder ha alcanzado algún tipo de límite inestable.” Ajustó el dispositivo con cuidado. “Las lecturas fluctúan constantemente entre 2300 y 2500 unidades.”

Hizo una breve pausa antes de concluir:

“Podríamos decir que el original está en la escala de las dos mil unidades de poder.”

El ambiente se calmó ligeramente.

Esta vez, no hubo risas.

Pero tampoco sorpresa.

Los clones de madera y sombra intercambiaron miradas, procesando la información con calma.

Los demás clones no parecieron sorprendidos.

Después de todo, conocían bien las referencias en las cifras de poder, y después de todo, ya esperaban algo como eso.

Sabían perfectamente que, en términos de poder bruto, aún no podían compararse con los monstruos de ciertos universos.

Sobre todo con “Ese” universo, el siquiera compararse con el universo de Dragon Ball era una locura para ellos ahora… pero también era un estándar útil.

Y aun así…

Superar la barrera de las 2000 unidades era un logro ridículamente significativo.

Después de todo, en el universo de Dragon Ball, personajes del Maestro Roshi, con menos de 400 unidades, ya eran capaces de destruir la luna.

Y eso solo era el comienzo.

luego estaban monstruos de sagas posteriores como Raditz, un ser cuya sola presencia podía poner en jaque a todo un planeta de bajo nivel, aún pese a no ser el mas fuerte de su raza.

Ni hablar de Nappa, un guerrero de élite capaz de arrasar una ciudad con una facilidad aterradora, un saiyajin de élite en su representación más pura, un monstruo cuya mera presencia podía significar la aniquilación masiva a escala continental… o peor.

Y luego estaba él.

Vegeta.

El príncipe de los saiyajin.

El legendario ahorrador y padre presente—ausente.

El tipo al que le parten el ego y los huesos en cada ocasión en la que se enfrenta a un enemigo relevante para la trama.

El tipo que se sospecha comenzó con el “Tierra lo mas duro del sistema”

Un ser cuyo poder superaba con creces a todos los ya mencionados juntos, no solo era destructivo, sino apocalíptico.

Su ataque, el Galick Gun, tenía la capacidad de perforar la corteza terrestre y desestabilizar el núcleo de un planeta.

Un ataque así… no dejaba margen de error.

“Aunque los niveles de poder no sean equivalentes a los nuestros…” murmuró el clon del rastreador, observando cómo los números finalmente comenzaban a estabilizarse, “es útil tener una referencia.”

“Todavía estamos lejos de los monstruos de Namek…” añadió otro clon con tono reflexivo. “Pero superar el estándar energético del Dragon Ball clásico… ya es una hazaña considerable.”

Y era cierto.

El poder de Hades no solo era grande… era palpable.

El hecho de que su poder estuviese alterando el entorno a tal escala —no solo dentro de la isla, sino en millas a la redonda—, incluso mientras lo contenía activamente, era una prueba innegable de su crecimiento no solo en poder divino bruto.

Si no en su control, su influencia sobre las leyes que operan en su mundo y la presión que este ejerce sobre todo lo que lo rodea.

Aquello no era una simple demostración de fuerza, era un espectáculo de dominio.

Todo indicaba que Hades ahora se encontraba en una liga completamente distinta a la de antes.

El entorno entero reaccionaba a su existencia. El aire vibraba, la tierra se deformaba, y el mar, incluso a kilómetros de distancia, comenzaba a agitarse. Y aun conteniéndose, su presencia distorsionaba la realidad.

Sin embargo…

Aún no era suficiente.

No todavía.

Aunque, si realmente quisiera…

Podría hacerlo.

“Si quisiera…” comentó otro clon, pensativo, “podría usar la lanza Gungnir y desatar algo realmente absurdo…”

Varios asintieron.

Sabían bien de qué era capaz esa arma.

Hades ya había dejado su marca una vez, perforando el monte Otris con una facilidad insultante, creando un agujero comparable al tamaño del Empire State.

Y eso… no era normal.

Ese lugar, esa montaña… no seguía las leyes convencionales.

Era una anomalía mágica.

Un sitio donde incluso una explosión equivalente a un arma nuclear apenas lograba arrancar fragmentos de su superficie, aún cuando la lógica dicta que después de la explosión, aquella montaña junto con todo a 10 millas de distancia debería haber sido reducido a escombros por la explosión.

Y aun así—Gungnir la atravesó como si fuera mantequilla con solo una brizna de su poder.

El clon suspiró.

“Sí… definitivamente nada en este mundo es normal…”

Miró nuevamente hacia el vórtice.

Donde Hades seguía liberando su poder.

Y no pudo evitar pensar—

(No es como si no lo hubiera pensado…)

Todos los clones lo sabían.

Después de todo, compartían fragmentos de memoria con el original. Y sabían muy bien que esa idea… había cruzado sus pensamientos más de una vez.

Porque cuando tienes en tus manos un arma destructiva digna de uno de los dioses más fuertes de uno de tus universos de ficción favoritos, la tentación de probar sus límites no es una posibilidad.

Es una inevitabilidad.

Y Hades…Definitivamente no era el tipo de persona que ignoraría algo así.

“—Tienes toda la razón—” confirmó uno de los clones de madera, entrecerrando los ojos mientras elevaba una mano para cubrirse el rostro y evitar que el polvo y la arena, arrastrados por el vendaval, se le incrustaran en los ojos.

El viento seguía rugiendo con una furia constante, levantando pequeñas nubes de tierra que giraban como remolinos erráticos alrededor de los clones.

“Después de todo…” continuó, ladeando ligeramente la cabeza mientras su voz adquiría un matiz reflexivo, “no todos los personajes de ficción pueden aspirar a niveles absurdos como los de Raditz… o incluso a los de alguien aparentemente más modesto, pero ni de lejos débil, como Rey Demonio Piccolo Daimaō.”

Al escuchar aquellas comparaciones, algunos clones soltaron pequeños resoplidos de aprobación, mientras otros simplemente permanecieron en silencio.

No hacía falta decir nada.

Todos compartían pensamientos similares. (…Sí, compararse con ese tipo de monstruos ya es otro nivel.)

(El estándar está completamente roto cuando se habla de Dragon Ball, después de todo los seres de allí no juegan limpio… no solo tienen un poder destructivo abrumador desde las primeras etapas, si no que su sistema de poder tan inconsistente que pueden lograr hazañas completamente ilogicas.)

(como la capacidad de crear artefactos especiales que invocan a seres capaces de revivir a los muertos a escala galáctica, controlar almas, ejercer un control completo y a distancia de su propia fuerza vital “Ki” a través de técnicas, pueden transportarse a distancia es imposibles, e incluso a través de dimensiones complejas, tienen la capacidad de recrear materia y energía a través del uso del ki y la magia, y algunos incluso pueden convertir la materia orgánica de los seres vivos en cosas inorgánicas como dulces permitiéndoles conservar su alma y conciencia)

(Pero lo más aterrador no es solo eso, resulta que también existen entidades cuyos poderes superan la escala universal típica, qué son capaces de ejercer control sobre fuerzas conceptuales del universo, cómo lo son el poder de la destrucción absoluta y la creación de todas las cosas, el poder manipular el tiempo o incluso destruir el tiempo mismo, y la capacidad de ejercer un control total sobre la realidad que abarque la totalidad de una línea espacio temporal)

Pese lo sobrevalorado o infravalorado que pueda ser para algunos, dragon ball no era un motivo de risas, ni un mundo de ficción que debiera ser tomado como una broma, pese a su escala de poder inestable, y a la baja consistencia en su narrativa.

Así que, sin necesidad de palabras, el grupo de clones de Hades permaneció en su lugar, observando el espectáculo frente a ellos.

Y qué espectáculo era.

A lo lejos, en el epicentro del caos, el cuerpo del original se encontraba envuelto en un vórtice de energía oscura tan denso que el aire mismo parecía distorsionarse a su alrededor como si fuera un agujero negro. Ondas invisibles de poder se propagaban en todas direcciones, deformando el entorno, arrancando fragmentos del terreno y obligando a la realidad a “adaptarse” a su presencia.

Era exagerado.

Era innecesario.

Era… absolutamente Hades.

“Definitivamente…” murmuró uno de los clones, cruzándose de brazos mientras observaba la escena con una sonrisa ladeada, “este es oficialmente el momento más chunibyo que le he visto hacer en su vida.”

“Y eso que somos él…” respondió otro, dejando escapar una pequeña risa nasal.

Mientras tanto—

A más de mil metros bajo la superficie de la isla, donde la luz del sol no existía y la presión del océano se hacía sentir incluso a través de la roca, la situación era muy distinta.

Allí, en el corazón estructural de la isla, el clon de madera encargado de mantener la estabilidad estaba teniendo serios problemas.

Las paredes de roca crujían.

Los pilares naturales que sostenían la isla vibraban con una intensidad alarmante.

Las grietas, que apenas unos minutos antes había sellado con precisión, comenzaban a reaparecer… y a multiplicarse.

El desgaste era brutal.

El constante bombardeo de ondas de energía provenientes de la superficie estaba debilitando la estructura más rápido de lo que él podía repararla.

“¡Maldición…! ¿Cuánto tiempo más va a durar esto?!” gruñó el clon, apretando los dientes mientras mantenía ambas manos firmemente apoyadas contra la roca.

El chakra fluía sin descanso desde su cuerpo, expandiéndose como una red luminosa que intentaba mantener todo unido.

Pero no era suficiente.

Cada vez que sellaba una grieta, dos más aparecían.

Cada vez que reforzaba un pilar, otro comenzaba a fracturarse.

Era como intentar contener una presa rota con las manos desnudas.

“Joder… esto ya no es gracioso…”

Su respiración se volvió más pesada, aunque técnicamente no lo necesitaba. Era un reflejo heredado, una ilusión de fatiga que, aun siendo un clon, se sentía demasiado real.

Miró a su alrededor.

Solo había una oscuridad absoluta que era acompañada por un silencio inquietante, no se podía ver ni escuchar a nadie además de el mismo y el sonido de fragmentos de rocas cayendo a su alrededor.

“Claro… perfecto…” masculló con amargura. “Ni un maldito clon cerca para escuchar mis quejas…”

(…aunque pensándolo bien…)

Una vena marcó su sien.

(Esos idiotas seguro estarían pescando o haciendo cualquier tontería en lugar de ayudar.)

“¿Por qué demonios tuve que hacerme el duro…?” murmuró, dejando caer brevemente la cabeza contra la roca. “Hubiera sido mejor dejar que otro se luciera…”

El eco de su propia voz se perdió entre las cavernas.

Durante un instante— Solo hubo silencio.

Luego, exhaló lentamente.

“…Tsk.”

‘Suspiro.’

“Bueno… ya no se puede hacer nada.” Sus ojos se endurecieron.

Su postura cambió.

Y una determinación renovada comenzó a arder en su interior.

“¡¡Máximo esfuerzo!!”

Con un rugido contenido, el clon liberó una nueva oleada de chakra de tierra, mucho más densa, mucho más intensa que las anteriores. La energía se expandió violentamente por toda la red subterránea, envolviendo los pilares, filtrándose en cada grieta, reforzando cada centímetro de la estructura.

El suelo tembló.

Las cavernas vibraron.

Pero esta vez— Las grietas comenzaron a cerrarse a un ritmo mucho más rápido.

Las placas tectónicas, que ya estaban al borde del colapso, se estabilizaron temporalmente bajo la presión del chakra.

Era una solución forzada, abrupta, pero muy efectiva.

Arriba, en la superficie, los efectos no tardaron en manifestarse.

El temblor, que había comenzado a intensificarse nuevamente, se redujo de golpe, como si una fuerza invisible hubiera contenido el desastre en el último segundo.

Uno de los clones en la superficie alzó una ceja.

“Vaya…”

Otro sonrió levemente.

“Parece que alguien decidió dejar de quejarse y hacer su trabajo.”

“Ya era hora.”

A lo lejos, el vórtice de energía alrededor de Hades seguía creciendo. Y aunque la isla seguía en pie… Era evidente que aquello no podría mantenerse para siempre.

(…si el original no termina pronto…) Pensó uno de los clones de madera que yacía sentado en el ahora árido suelo. (…ni el chakra combinado de todos los presentes va a ser suficiente para salvar este pedazo de roca flotante.)

El viento volvió a rugir con una intensidad violenta, la tierra volvió a crujir y a partirse como si estuviera aullando de dolor, el espacio se distorsionó hasta doblarse y temblar, y en el centro de todo—

Hades continuaba liberando su poder, no, no solo eso, lo estaba aumentando lentamente como si apenas estuviera comenzando… todo mientras una sonrisa de emoción se plasmaba en su rostro.

.

.

[Escaneo completado… recalculando…]

{Resultados marcados…} Nombre: Desconocido

Raza: Desconocida / Humanoide

Firma de energía: Orgánica — desconocida

Poder de combate: 3.143

Nivel de amenaza: Clase alta

Distancia: 12.000 metros

Hades sostuvo con calma el pequeño panel del rastreador, sus dedos firmes a pesar de la presión ambiental que aún vibraba a su alrededor. La pantalla emitía un tenue resplandor verdoso que contrastaba con la distorsión del aire causada por su propia energía residual.

Sus ojos recorrieron los datos una vez más, como si esperara que cambiaran.

Pero no lo hicieron.

“no sé si sentirme satisfecho… o decepcionado por mi propio poder…” murmuró en voz baja, casi para sí mismo, mientras una sonrisa ladeada y extraña se dibujaba en la comisura de sus labios.

Su expresión era una mezcla curiosa entre autocrítica y diversión, como si ni siquiera él estuviera completamente seguro de lo que sentía.

No era ignorante.

(3.143…), No era un número pequeño, ni remotamente, y sabía perfectamente lo que significaban esos números.

Dentro de los estándares de Dragon Ball, incluso superar las mil unidades de poder no era algo trivial, de hecho representamos un salto cualitativo de poder enorme, ese poder ya colocaba a un individuo en una categoría absurda para la mayoría de los mundos en dragón ball. Era el tipo de fuerza capaz de arrasar ciudades enteras sin demasiado esfuerzo, capaz de alterar paisajes completos con simples gestos, capaz de imponer la voluntad propia sobre la geografía mediante el impacto de la pura energía liberada con una mano.

Y, sin embargo… 3.143, el número flotaba en su mente con un peso extraño.

“No es poco…” continuó, entrecerrando ligeramente los ojos mientras inclinaba la cabeza. “Pero tampoco es… impresionante, si lo comparas con los verdaderos monstruos.”

“…sigue sin ser suficiente.”Su mirada se entrecerró ligeramente, y la palabra “insuficiente” resonó como un eco en su cabeza.

Las imágenes vividas, recuerdos latentes de una época distinta comenzaron a cruzar su mente.

Recordando a Nappa, con su brutalidad desmedida, capaz de borrar ciudades con un simple movimiento de dos dedos.

Y al príncipe Vegeta, orgulloso, despiadado incluso con sus aliados, y con un poder lo suficientemente alto como para amenazar la integridad misma de un planeta.

Incluso recordó a figuras menos destacadas dentro de la siguiente etapa, como Guldo o Dende, representaban puntos de referencia incómodos para Hades, ya que quedaban dentro de la misma escala donde su cifra, aunque respetable, no era la dominante.

No porque fueran invencibles o más experimentados que el, sino porque a pesar de las obvias diferencias de habilidades y capacidades entre ellos, éstos últimos todavía evidenciaban una obvia brecha de poder que los separa, una distancia invisible que aún no había cruzado.

“Si tomamos como referencia…” murmuró, levantando ligeramente el rastreador, como si el objeto pudiera responderle, “Nappa estaría alrededor de los… ¿qué? ¿entre las cuatro mil y seis mil unidades de poder de combate?”

Exhaló lentamente, “bueno, digamos que si el estándar mínimo para empezar a jugar en las grandes ligas ronda las 4.000 o 5.000 unidades…” Hades murmuró, ladeando ligeramente la cabeza mientras hacía cálculos mentales, “entonces todavía estoy… en la antesala.”

“Eso ya es otra liga, una muy diferente a la mía” Hades sabía que su condición no se debía a la debilidad, ni porque sus habilidades fueran inferiores a las de los seres humanos y Saiyajin de otros mundos, era simplemente… una diferencia en sus sistemas de poder, así que no se decepcionaría después de todo, todavía tenía un gran margen para crecer.

Sin embargo, sus pensamientos no se detuvieron ahí, su análisis siguió adelante porque Hades no comparaba únicamente dentro de un solo universo.

Su mente, moldeada por recuerdos de múltiples ficciones, saltó a otro plano narrativo completamente distinto.

El mundo de Naruto.

“Ni siquiera estoy cerca de algo como…” su voz se apagó por un instante, su sonrisa desapareció por completo mientras sus ojos adquirían un brillo más serio, “Obito Uchiha en su estado de los Seis Caminos.” Sabía perfectamente lo que implicaba ese nivel.

Poder sobre la vida y la muerte, manipulación de la realidad y el espacio a escala masiva, la capacidad de crear reinos y dimensiones de bolsillo, junto con un poder capaz de diezmar a cualquier ninja o ser vivo en el planeta que no posea un retrovirus en la sangre.

Los seis caminos representan un nivel de existencia que trasciende lo meramente físico alcanzando un nivel en el que un individuo deja de ser un mero ser humano y tiene derecho a considerarse un “Dios” en todo el sentido de la palabra.

[aún sí en etapas posteriores en la era de boruto la categoría de “seis caminos” junto con el Rinnegan dejaron mucho que desear, al perder la característica de ser únicas y exclusivas de los personajes/antagonistas principales, al haber muchos individuos que poseen características o habilidades en dicho nivel, haciendo que el nivel de los seis caminos básicamente parezca un chiste recursivo para la trama]

Potencias como Obito Uchiha ya eran entidades absurdamente poderosas, y eso que, dentro de la jerarquía de los Seis Caminos, él apenas podía considerarse como el “más débil”.

Aun así, ese “más débil” seguía estando en una liga completamente fuera del alcance de la mayoría de los seres.

Incluso teniendo en cuenta sus reservas de energía divina, su refinado control del chakra y la amplia variedad de habilidades que había acumulado hasta ese punto, la diferencia entre ellos no era simplemente grande… Era abismal.

Una brecha que no podía ignorarse.

Una que no podía cruzarse con simples deseos.

Y si decidía subir un peldaño más en esa escala—

“Y luego están cosas como Kinshiki Ōtsutsuki… o Madara Uchiha…”

Hades dejó escapar una leve risa nasal, negando con la cabeza con cierta incredulidad.

(No… ni siquiera estoy cerca.)

Sus ojos se entrecerraron ligeramente, analíticos.

(Esos dos… ya juegan en una categoría completamente distinta.)

No había frustración en su voz.

Ni rabia.

Ni siquiera una pizca de resignación.

Solo había una aceptación fría, casi quirúrgica.

Porque Hades no era un soñador ingenuo con delirios de grandeza.

Tampoco era un arrogante cegado por su propio poder.

Era alguien que entendía perfectamente su posición actual.

Y más importante aún— Entendía sus límites.

Porque ya fuera Kinshiki o Madara, ambos eran entidades capaces de alterar continentes con una facilidad insultante, de fracturar paisajes enteros con el simple impacto de sus ataques, e incluso de distorsionar dimensiones completas con el peso de su poder.

Seres que operaban en un nivel donde las leyes físicas eran… opcionales.

“Aunque usara todo mi poder…” murmuró Hades, alzando ligeramente la mano mientras pequeñas descargas de energía mágica chisporroteaban entre sus dedos como relámpagos contenidos, “incluso con mis reservas divinas y mi chakra al máximo…”

Observó aquella energía por un instante.

“…pelear en igualdad de condiciones contra ese tipo de entidades sería… extremadamente complicado.”

Su voz descendió ligeramente, volviéndose más introspectiva.

“…incluso si luchara sin restricciones.”

Una pausa.

El viento a su alrededor siguió soplando, aunque ya no con la violencia de antes. Era más bien un murmullo constante, como si el mundo mismo estuviera escuchando.

Hades bajó lentamente la mano.

“Si soy completamente honesto conmigo mismo…”

Sus ojos se desviaron levemente.

“…en una pelea hipotética…”

Hizo otra pausa más breve, más pesada.

“…yo… probablemente perdería.”

No era una declaración dramática, no había tensión en sus facciones, no había emoción desbordada en su forma de pensar.

Era simplemente un hecho.

Una conclusión lógica.

Hades no decía cosas sin fundamento.

Había analizado demasiados sistemas de poder, demasiadas habilidades, demasiadas variables como para engañarse a sí mismo.

En el mundo de Naruto, los usuarios del poder de los Seis Caminos no solo eran fuertes.

Eran peligrosos en un sentido mucho más profundo.

Manipulación del espacio.

Control del tiempo.

Alteración de la materia.

Distorsión del destino y control de la causalidad.

Los habitantes del mundo ninja no eran simples combatientes tradicionales que se basaban en el poder bruto para ganar sus batallas.

Eran anomalías que controlaban aspectos fundamentales de la realidad para aplastar a sus enemigos con una fuerza que opera en un nivel superior.

(Si me enfrentara a uno de ellos ahora mismo…)

Su mirada se endureció levemente.

(Lo más probable… es que perdería.)

No porque fuera inherentemente inferior… Sino porque la diferencia no estaba únicamente en la cantidad de poder, sino en la naturaleza del mismo.

Porque en la ficción— No siempre gana quien destruye más.

No siempre vence quien golpea más fuerte y quién crea la explosión más grande.

A veces.

La victoria pertenece a quien posee la habilidad adecuada en el momento preciso, a quien controla mejor las leyes bajo las cuales opera el propio tablero de juego.

Una técnica correcta en las circunstancias adecuadas puede volverse una ventaja a nivel conceptual, en pocas palabras un “hax”.

Hades lo entendía perfectamente.

Podía tener tendencias algo infantiles, podía disfrutar del espectáculo de una buena pelea frontal, pero no era estúpido… del todo.

También era realista.

Sabía que había brechas que no podían cerrarse únicamente acumulando más energía.

Sus ojos descendieron lentamente hacia el rastreador que aún sostenía en su mano.

(…a menos que…)

Un destello fugaz cruzó su mirada mientras miraba el rastreador.

(…A menos que lo use todo.)

Sus dedos se cerraron ligeramente alrededor del dispositivo.

(Artefactos místicos… armas divinas…) Su mente comenzó a repasar cada recurso disponible en su repertorio de habilidades.

(…y mis habilidades “hax” del sistema.) Ahí estaba la verdadera anomalía.

Porque los “trucos” que le otorgaba el sistema no seguían ninguna lógica convencional. No respondían a escalas, no respetaban jerarquías ni seguían límites preestablecidos.

Eran habilidades que rompían reglas ya establecidas, que ignoraban límites de la biología convencional, cosa que, en muchos casos, contradecían la propia naturaleza de la existencia.

Como tener “cheats” en la realidad.

(Y aun así.)

Hades entrecerró los ojos.

(No son una garantía absoluta.)

Porque incluso con todo eso… La victoria nunca estaba asegurada.

El silencio se extendió durante unos segundos.

Solo el murmullo del viento y el chisporroteo de la energía llenaban el entorno.

Finalmente Hades soltó un largo suspiro.

“No importa…”

Negó lentamente con la cabeza, como si apartara esos pensamientos a un rincón de su mente.

El aire a su alrededor comenzó a estabilizarse gradualmente. Su aura, que antes distorsionaba el entorno, se redujo a niveles mucho más manejables.

“El tiempo a su debido tiempo.” Su voz recuperó su calma habitual. “De todas formas… no es como si fuera a enfrentarme a alguno de ellos en el corto plazo…”

Hizo una leve pausa.

“…pero aun así.”

Su postura cambió.

No de forma abrupta.

No de manera agresiva.

Pero sí lo suficiente como para que el ambiente reaccionara.

Su espalda se enderezó.

Su mirada se afiló.

Y la energía a su alrededor vibró levemente, como si respondiera a su voluntad.

“Puede que ahora no esté al nivel de esos monstruos de otras realidades…”

Sus ojos se alzaron hacia el cielo nublado una vez más.

Pero esta vez había algo distinto en ellos, su mirada se tornaba brillante, con una claridad, y una determinación ardientes.

“…y puede que ni siquiera sea el ser más fuerte de mi propio mundo.”

El viento zumbó a su alrededor, y la presión del aire cambió sutilmente.

Y entonces Hades bajó la mirada, fijándola en el rastreador.

“Pero…”

Su tono cambió.

No había duda en su expresión.

No había arrogancia en sus palabras.

Solo la certeza de alguien que se conocía a la perfección y tenía sus ideas claras.

“Yo sé que llegará el día en que los superaré a todos.”

El aire vibró levemente con sus palabras, como si el mundo mismo reconociera su resolución.

No era una afirmación vacía.

Era la convicción nacida de la experiencia y del conocimiento acumulados en toda vida llena de peligros y agitación.

De su fe absoluta en su propio crecimiento, en su sistema de calidad dudosa, y en su camino a seguir.

La mirada de Hades sería mente determinada pareciera llevar el impacto y experiencias de toda su vida.

Y entonces—

Toda esa tensión acumulada se rompió abruptamente en un instante.

“Y bueno…” Hades dejó escapar una pequeña carcajada, llevándose una mano a la nuca con gesto despreocupado. “Al menos sé que soy más fuerte que un Saibaman.”

Su sonrisa se ensanchó ligeramente.

“Si ni siquiera pudiera superar eso…” Negó con la cabeza, divertido. “…creo que mi imagen moriría en el salón de la vergüenza de los reencarnados.”

El contraste era ridículo, casi absurdo, pero al mismo tiempo— Completamente fiel a quien era.

A lo lejos, el cielo seguía cubierto por nubes densas y cargadas.

La isla, aunque estabilizada, continuaba crujiendo bajo tensiones invisibles.

Y en las profundidades—

Un pobre clon de madera seguía sosteniendo todo, luchando contra el colapso inminente con pura fuerza de voluntad y chakra.

Hades, por su parte, simplemente guardó el rastreador en su inventario y miro al centro de la isla sin saber lo que el destino le tenía preparado.

Aunque, siendo honestos—

En su mente, no importaba demasiado.

Fuera cual fuera el problema que apareciera, para cuando llegase el ya lo había superado.

O al menos eso quería creer.

Porque en ese preciso instante, su prioridad era otra muy distinta.

Su mirada brilló con un destello familiar.

Uno peligrosamente entusiasta.

(…Hora del gacha.)

“¡Sistema…!” Su voz recuperó ese tono animado, casi infantil que lo caracterizaba.

“¡Girar los cupones de bronce!”

Un breve silencio.

Y entonces el sistema respondió.

[¡Ding!~…]

La notificación en la pantalla invisible resonó con claridad.

Como el preludio de algo… impredecible.

.

.

.

—————————————————————————————

Fin del capítulo.

11.765 palabras.

Gracias por leer mi historia.

Por favor deja un comentario con tus sugerencias o ideas, me ayudan mucho para no estancarme con la trama, sobre todo en los capítulos donde se incluye la mecánica de gacha.

Bueno éso es todo, espero que hayan disfrutado de la lectura.

<<>> (⁠╥⁠﹏⁠╥⁠)

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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