Un Dios De La Muerte Como Ningún Otro En Animé World - Capítulo 45
- Inicio
- Un Dios De La Muerte Como Ningún Otro En Animé World
- Capítulo 45 - Capítulo 45: 37. el misterio de la isla olvidada part.2
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 45: 37. el misterio de la isla olvidada part.2
Pov Hades.
[Felicitaciones al Anfitrión. Ha sobrevivido al asalto de la antigua maquinaria divina.]
“…¿Qué?”
La voz no sonó en mis oídos Yo sé que no había vibraciones en el aire, aquella voz no atravesó espacio alguno.
Simplemente… apareció.
Como si hubiera estado ahí desde siempre, esperando a que yo regresara para ser escuchada.
Mi conciencia volvió de forma torpe. No fue un despertar elegante ni gradual; fue más parecido a que alguien encendiera una luz en una habitación que llevaba años sellada. Un chispazo seco en medio de la nada.
“¿Quién está hablando?” Mi voz se sintió extraña.
Hueca.
Lejana.
Como si yo estuviera a varios metros de mí mismo y las palabras tuvieran que cruzar un pasillo vacío antes de salir.
La oscuridad era absoluta.
No una oscuridad común, de esas que se disipan cuando parpadeas o cuando tus ojos se adaptan.
Era una negrura compacta.
Espesa.
No había horizonte.
No había profundidad.
No había sensación de arriba ni de abajo.
Era un vacío tan completo que casi parecía sólido.
“…Momento.”
La felicitación regresó a mi mente.
¿Por qué me estaban felicitando?
¿Sobrevivido?
¿A qué exactamente?
Intenté recordar pero no vino nada a mi mente.
Como si alguien hubiera borrado el último archivo de mi memoria y dejado solo una carpeta vacía con el nombre “Evento Importante”.
Fruncí el ceño… o al menos intenté hacerlo. No estaba seguro de si realmente tenía rostro en este lugar.
Espera.
Una idea emergió con una claridad incómoda.
¿Estoy muerto?
…
¿Estoy muerto?
…
¿Esto es lo que hay después de la muerte?
La pregunta flotó en mi mente como una burbuja sin peso.
No hubo pánico inmediato. Tampoco sentí un terror visceral, eso fue lo más extraño.
Que sensación más curiosa.
Extrañamente… no me estaba alterando tanto como debería.
“Bueno… si estoy muerto, tampoco es tan diferente a antes, ¿no?”
Antes era un vacío blanco infinito.
Ahora es un vacío negro inquietante.
Supongo que el universo decidió cambiar la paleta de colores.
Mhee~, variedad estética.
Agradezco el esfuerzo artístico, pero… ¿Este es el más allá de DxD?, de ser así, ¿Dónde rayos queda eso?, ¿Hay señal o algo?, ¿Una recepción decente con buffet al menos?.
Porque si voy a estar muerto otra vez, mínimo quiero catering, y una habitación junto a la piscina.
.
.
.
El silencio siguió.
Denso, sin eco, sin viento.
“¿Sin nada, enserio?, esto empieza a preocuparme.”
Entonces—
¡PUM!
El sonido fue tan profundo que no lo escuché al principio.
Pero definitivamente lo sentí.
“…¿Eh?”
¡PUM!
¡PUM!
¡PUM! ¡PUM! ¡PUM!
Un tambor grave comenzó a retumbar en todas direcciones, no era un ruido externo, no venía de algún punto del vacío.
No.
Venía desde dentro de mi.
“…Es un latido.”
Uno latido enorme y pesado. Sonaba algo forzado.
Cada pulsación parecía arrastrar algo consigo, como si empujara un líquido espeso a través de conductos demasiado estrechos.
“Oh…”
Una sonrisa invisible se dibujó en mi mente.
“Entonces no estoy muerto.”
Otra vez… Tiene sentido.
El sistema no suele mandar notificaciones postmortem. O al menos eso espero. Sería abusivo y de muy mal gusto.
El latido continuó.
¡PUM!
Más fuerte.
Más definido.
Con cada golpe, la oscuridad parecía vibrar levemente.
Bien, eso significa que todavía hay maquinaria funcionando allí adentro. Dejando eso de lado…
¿Qué demonios estaba haciendo antes de que todo se pusiera tan… dark?.
Forcé la memoria intentando recordar.
Haber, había un destello, luego un choque, después un sonido metálico ensordecedor…
Ah, también está el gólem, aquella máquina divina que actuaba como un jefe final de nivel abusivo.
Esa aberración arquitectónica con el complejo de montaña.
‘Sonreí.’
Me estaba divirtiendo como nunca.
Nunca antes me había enfrentado a algo que realmente pudiera devolver cada golpe con la misma intensidad.
No era como aquellas bestias legendarias que colapsan tras un par de intercambios serios. Tampoco como esos dioses menores con demasiada reputación y poca resistencia. Mucho menos que con aquellas criaturas antiguas que confunden edad con poder.
Eso era distinto.
Eso era una igualdad brutal.
Incluso si el intercambio fue puramente físico, recuerdo como cada choque era una explosión de luz y dolor. Cada impacto era una conversación entre fuerzas absolutas.
Cada golpe era una pregunta, que era devuelto con un golpe como respuesta… luego una onda expansiva se formaba por los choques.
Sentía mis huesos romperse, y volver a ensamblarse en segundos, sentía mis músculos desgarrarse, y regenerarse con mayor densidad.
Sentía mis vasos sanguíneos estallar, y reconstruirse como si nada hubiera pasado.
Dolía, claro que dolía como un demonio, pero también era… estimulante.
Maldición… Debo agradecer tener un corazón secundario.
Porque estoy completamente seguro de que mi corazón divino original no habría soportado el ritmo de la batalla.
Mi corazón titánico —varias veces más grande— bombeaba icor dorado como una bomba hidráulica celestial descontrolada.
La sensación todavía me es familiar, cada latido se sentía como una orden, ada pulsación, una inyección de vida forzada.
Sin él… Probablemente me habría quedado seco en medio del combate, y eso habría sido vergonzoso.
Aunque…
Quizás…
Solo quizás…
No fue la idea más brillante entablar combate físico directo contra una montaña blindada que se movía casi a la velocidad de la luz.
Tal vez…
Solo tal vez…
Habría sido más inteligente apuntar directamente al núcleo en lugar de intercambiar golpes como un idiota intentando farmear estadísticas.
Mmmm… nah, valió la pena.
Cada punto de daño recibido aumentaba mi fuerza, cada fractura me volvía más resistente, cada límite superado expandía mis capacidades.
Además… no soy precisamente conocido por la prudencia cuando algo me divierte.
Y pelear me divierte.
MUCHO.
El latido volvió a resonar.
¡PUM!
Esta vez, con dolor.
Un dolor que no estaba solo en mi memoria, era presente.
Lo sentí de golpe, no era abstracto, no era conceptual.
Era real, ardiente y crudo.
Dolor que comenzaba en algún punto superior… y descendía. Dolor que recorría mi cuerpo—
… Espera.
“¿Por qué no siento mis pies?” Intenté moverlos.
Nada.
Ni una señal. No sentía respuesta alguna de parte de mis extensiones inferiores. ¿Acaso mis nervios allí también habían sido destruidos?
No.
No es eso.
¿Por qué no siento mi cintura?
¿Por qué el dolor parece detenerse abruptamente… en algún punto?. El latido se volvió más pesado.
¡PUM!
El dolor se intensificó.
Ahora sí lo sentía todo.
Ardía desde el cuero cabelludo hasta—
…
Hasta cierto punto.
Más abajo… vacío.
Un vacío distinto al que me rodeaba, un vacío interno, uno que no debería existir.
[¿El Anfitrión confirma que desea recibir la recompensa?]
El sistema volvió a hacerme saber de su presencia.
“¿Qué recompensa?”
La pregunta salió más tensa de lo que esperaba.
¿Había misión?
¿Cuándo?
¿Cuándo acepté eso?
Rebusqué en mi memoria.
No había registro.
¿Había una notificación previa?
¿Una condición?
No, no había nada.
[El Anfitrión desea proceder con la recompensa.]
¿Por qué sigue todo oscuro?
¿Por qué no puedo ver nada?
¿Estoy en el suelo?
¿Estoy flotando?
¿Estoy… incompleto?
El latido volvió a retumbar.
Más fuerte.
Más cercano.
[Anfitrión… por favor abra los ojos (T_T)]
…
Se hizo el silencio.
Paso un segundo.
Luego dos.
(Ah…)
[(T_T)… ]
(Ah, ah, jajaja, sí, ya lo sabía… Solo… estaba siendo estúpido.)
.
.
.
Intenté mover los párpados.
Estos pesaban más de lo normal. Como si alguien hubiera colocado placas de plomo sobre ellos.
Como si hubieran permanecido cerrados durante siglos.
Lo intenté otra vez, sentí dolor.
Un dolor pequeño, pero real. Eso era buena señal.
Seguí poniendo esfuerzo, forzando mis párpados con lentitud… Después de unos intentos, los músculos finalmente obedecieron.
Y mis ojos comenzaron a abrirse.
[Pov tercera persona]
El mundo todavía estaba ardiendo.
No en llamas abiertas —no ya—, sino en ese calor denso que queda después del fin de una catástrofe.
Las llamas visibles se habían reducido a focos dispersos, brasas obstinadas que devoraban lo que quedaba de árboles partidos y raíces expuestas.
Pero el verdadero incendio era invisible: el aire mismo vibraba, ondulante, como si la realidad hubiera sido estirada hasta el límite y aún no se hubiera atrevido a regresar a su forma original.
El suelo estaba fundido en placas irregulares, negras y rojizas, como escamas de una bestia petrificada. Vapor tenue emergía de las grietas. Cada tanto, una rama colapsaba con un crujido hueco, quebrándose bajo su propio peso carbonizado.
En el centro de aquel paisaje devastado se abría un cráter obsceno.
No era una simple depresión en la tierra. Era una herida.
Irregular. Profunda. Violenta.
Un testimonio silencioso de que algo había impactado allí con fuerza suficiente para reescribir la geografía.
En el fondo del cráter… yacía Hades.
O, más precisamente, lo que quedaba de él.
Su cuerpo descansaba de lado, parcialmente hundido en la tierra todavía tibia. El cabello oscuro se pegaba a su frente por el sudor y la sangre dorada que resbalaba en hilos espesos.
Su piel, antes firme, ahora estaba surcada por grietas, quemaduras y cortes que dejaban entrever destellos de icor bajo la carne desgarrada.
No había nada.
No era un corte limpio. No era una amputación quirúrgica.
Era un arrancamiento tosco.
Un vacío irregular donde el torso simplemente… dejaba de existir. Carne chamuscada. Huesos calcinados y fracturados. Tejido ennegrecido y restos de músculo que aún se contraían en espasmos involuntarios. El icor dorado descendía en lentos pulsos irregulares, formando pequeños charcos que hervían suavemente al tocar el suelo caliente.
Un sonido quebrado escapó de su garganta.
“Ugh…” El sonido fue bajo, rasposo, doloroso.
Sus párpados temblaron antes de abrirse lentamente, permitiendo que la luz gris del cielo nublado se filtrara en sus pupilas dilatadas.
Durante unos segundos… No hubo pensamiento.
Solo dolor.
Un dolor tan vasto que era abstracto. Tan omnipresente que no podía localizarse en un punto específico.
Intentó inhalar.
El aire entró en sus pulmones como vidrio molido.
Su torso se tensó involuntariamente, e intentó mover el brazo izquierdo.
La orden viajó desde el cerebro… pero el músculo respondió tardíamente.
¡CRACK!
El sonido seco de ligamentos rompiéndose resonó con claridad enfermiza.
“¡Santa—!”La palabra murió convertida en un jadeo estrangulado.
Sus dientes se apretaron con fuerza. Las venas doradas bajo su piel brillaron brevemente antes de estabilizarse en un pulso tenue.
Cada músculo de la parte superior de su cuerpo estaba destrozado. Vasos sanguíneos reventados. Tejido quemado. Huesos fracturados o dislocados.
Y sus órganos internos… Bueno.
Algunos ya no estaban donde deberían: “Haaarg… me duele hasta el alma…”
Giró la cabeza con lentitud, como si su propio cuerpo pesara el doble, causando que el movimiento que en circunstancias normales debería ser fácil le resultase bastante difícil de hacer. Sus ojos descendieron hasta su mano derecha.
Lo que vio fue una megra, con la superficie desquebrajada, como madera vieja expuesta al sol durante años.
(¡Haaa! ¡Mi mano para jugar tenis!)
El pensamiento apareció con un pánico absurdamente cotidiano.
Parpadeó.
Intentó mover los dedos.
Nada, sin respuesta. Ni una señal. Como si la extremidad estuviera desconectada de su existencia.
Pero Hades no era de los que aceptaban la derrota en el primer intento.
Forzó el movimiento nuevamente y los ligamentos crujieron.
‘Tac…’
Nada.
Lo intentó otra vez.
‘Tac… tac…’
La piel de sus dedos se agrietó. Los tendones cedieron y al instante siguiente dos dedos carbonizados cayeron al suelo con un sonido húmedo:
‘Ploc.’
Hades los observó unos segundos.
Su expresión no fue de horror.
Fue… incómoda, luego alzó la vista hacia el cielo gris.
(Ok…)
(Definitivamente eso no debería haber pasado.)
(¿Qué demonios está pasando con mi factor de recuperación?)
Un latido retumbó en su pecho, como si le estuviera respondiendo.
¡PUM!
El sonido fue interno… y demasiado fuerte.
¡PUM!
Su torso se elevó bruscamente con el segundo latido.
Un chorro de icor escapó del borde de su tórax desgarrado y cayó cerca de su rostro.
(Amigo… qué asco.)
Cada latido sonaba como un tambor húmedo golpeado dentro de una caverna.
Entonces—
‘Tap… tap… tap…’
Pasos sonaron a la cercanía, no eran apresurados, tampoco eran caóticos, eran deliberadamente controlados.
Desde el borde del cráter, dos figuras descendían.
Ambas tenían su mismo rostro.
Ambas eran él.
Pero no eran él.
Eran sus clones de madera.
El de la derecha bajaba con cautela, evaluando cada apoyo antes de avanzar. Su expresión era seria, concentrada. Los ojos analizaban el terreno… luego el cuerpo mutilado. Sus hombros se tensaron casi imperceptiblemente.
El de la izquierda descendía con mayor soltura. Tenía una sonrisa ligera, esa sonrisa incómoda que aparece cuando alguien intenta bromear antes de confirmar si la situación lo permite.
Fue el sonriente quien habló primero: “Hey… veo que finalmente despertaste.”
Hades apenas movió los ojos hacia él. “…¿Mmm? ¿Quién es?”
Su voz era áspera, apenas audible.
El clon serio se detuvo a pocos metros. Su mirada recorrió lentamente el cuerpo del original.
Primero la cabeza, luego el pecho, su mirada se detuvo por unos instantes en el borde de su tórax dónde todavía había un horrible desgarro, y luego fue más abajo…
Entonces se quedó rígido por unos instantes, su rostro se congelo en una expresión que se debatia entre el asco y la sorpresa.
El clon sonriente, evitando deliberadamente el mirar del todo, soltó: “Qué bien que despertaste, Darth Maul. ¿Te traigo tu café de siempre, mitad azúcar y mitad crema?”
¡THUD!
El clon serio le dio un golpe seco en el hombro sin apartar la vista del torso mutilado.
“¡Cierra la boca, idiota!”
El clon sonriente perdió el equilibrio por un instante. Entonces bajó la mirada. La sonrisa en su rostro murió al instante. E inmediatamente su expresión cambió a una de impacto, repulsión contenida y preocupación silenciosa.
Su mandíbula se aflojó antes de apretarse Y soltar una disculpa que sonaba débil: “…Ah. Lo siento. Mal momento.”
El silencio cayó como una losa.
Hades frunció ligeramente el ceño ante la extraña interacción de sus clones.
(¿Por qué lo regañó?)
Pasaron unos segundos, segundos bastante largos en los que nadie dijo nada.
Pero luego de unos segundos su cerebro finalmente pareció hacer sinapsis— (Espera…)
(¿Me llamó… Darth Maul?)
Un clic silencioso resonó en su mente.
(Un segundo…)
(No siento mis piernas.)
(Tampoco mi cintura.)
Hades finalmente recordó que Darth Maul fue partido en dos.
…
El aire pareció volverse más pesado.
Hades reunió fuerzas en el cuello y comenzó a levantar la cabeza.
El movimiento fue lento, doloroso.
“Espera… no te recomendaría hacer eso…” dijo el clon que antes bromeaba, extendiendo la mano como si pudiera detenerlo a distancia.
El clon serio lo sujetó por la muñeca, no dijo nada, solo lo miró profundamente, sus ojos color púrpura grisáceo expresaban claramente: no interfieras.
El segundo clon apretó los labios y asintió a regañadientes.
Hades siguió levantando la cabeza.
Su vista recorrió su pecho, pudo ver sus costillas parcialmente expuestas por encima de su torso, seguido de una enorme abertura que exponía su caja torácica.
Pudo ver la carne desgarrada y el borde ennegrecido, que pareció haber sido abierto por un fuerte impacto, con cada contracción de su cuerpo el icor seguía fluyendo en cantidades alarmantes.
En el instante en que Hades miro esta escena que parecía haber salido de una película de terror, el miedo comenzó a asentarse en su expresión.
No el miedo histérico causado por la adrenalina y el shock de la primera impresión, fue el miedo frío de saber que estuvo a nada de la muerte, y es más.
En su mente todavía no entendía cómo seguía vivo.
Hades respiro con fuerza, inhalo profundamente por la nariz y exhaló temblorosamente por la boca.
Entonces tomó valor nuevamente y siguió mirando más abajo.
Y más.
Y más.
Y entonces— Nada.
Dónde se supone que debería de estar su cintura y piernas… no había nada.
Desde debajo del pecho… nada.
Sus piernas ausentes, su cintura inexistente, y para colmo sus vísceras se encontraban parcialmente expuestas, el Icor dorado seguía derramándose en litros constantes sobre la tierra quemada.
El corte no era limpio.
Era violento.
Destrozado.
Como si una explosión lo hubiera arrancado con violencia en lugar de seccionarlo limpiamente.
El calor del cráter hacía que el icor chisporroteara al tocar el suelo. El aire vibraba alrededor de su torso abierto, deformando la imagen, como si el mundo mismo intentara que no mirara por demasiado tiempo.
{Se ha activado la protección de “Mente Gamer”.}
{Se ha activado la protección de “Mente Gamer”.}
{Se ha activado la protección de “Mente Gamer”.}
{Se ha activado la protección de “Mente Gamer”.}
{Se ha activado la protección de “Mente Gamer”.}
{Se ha activado la protección de “Mente Gamer”.}
{Se ha activado la protección de “Mente Gamer”.}
El mundo pareció comprimirse en un punto muerto.
Hades miraba su cuerpo moribundo con pensamientos que intentaban acelerarse… y no podían. No hubo grito, no hubo sacudida histérica, no hubo negación dramática.
Su expresión permaneció casi neutra, solo sus pupilas se contrajeron con de manera violenta, sin darse cuenta el patrón del rinnegan había aparecido en sus ojos y su corazón se comprimió en medio de un latido violento.
“Ah.” Fue lo único que dijo.
Su voz fue baja. Controlada. Casi mecánica. “Así que por eso no podía sentir las piernas.”
El clon serio se llevó una mano al puente de la nariz y exhaló lentamente por ella. Sus hombros descendieron con resignación. Desde el principio había sabido que esa conversación no sería agradable. Planeaba explicarlo con… tacto.
Lo más “suave” que se puede ser al informarle a alguien que su cuerpo fue partido en dos por una explosión que devoró casi cien kilómetros enteros de lecho marino y tierra.
Pero su compañero lo había arruinado.
“Está en shock,” murmuró el clon sonriente, cruzándose de brazos. Su sonrisa habitual había desaparecido; ahora solo quedaba incomodidad y culpa.
“Sí… definitivamente está en shock” confirmó el clon serio sin apartar la mirada del torso abierto.
Hades giró lentamente la cabeza hacia ellos.
“Oigan.”
Ambos alzaron la vista para mirarlo.
“¿Alguno podría explicarme cómo demonios sigo vivo?”
El silencio que siguió fue incómodo y pesado. El viento arrastró ceniza entre los tres mientras la pregunta todavía flotaba en el aire.
Los clones intercambiaron una mirada incómoda al principio pero finalmente, el serio habló: ” tú fuiste quien elevo obsesivamente su vitalidad a diez mil puntos, así que tú dinos.”
El sonriente añadió, encogiéndose apenas de hombros: “Y no olvidemos tu habilidad de ‘Continuación de Batalla’ nivel A, estoy más que seguro de que esa habilidad tiene algo que ver con tu condición actual”
“Haaa… cierto…” murmuró Hades.
Por un segundo, pareció aceptar la respuesta.
Pero pronto su respiración comenzó a volverse irregular. Un temblor casi imperceptible recorrió su mandíbula. El pánico, reprimido, intentó trepar por su garganta como una criatura desesperada.
Al finalmente darse cuenta de su repentina situación el miedo creciente arañó la superficie de su mente por unos instantes.
{Se ha activado la protección de “Mente Gamer”.}
{Se ha activado la protección de “Mente Gamer”.}
{Se ha activado la protección de “Mente Gamer”.}
{Se ha activado la protección de “Mente Gamer”.}
Para su buena suerte la ansiedad fue aplastada con precisión quirúrgica, no suavizada, no consolada.
Aplastada de la manera más literal posible, su cuerpo fue forzado a entrar en un estado de calma repentina.
Su respiración se estabilizó de forma antinatural. Sus latidos volvieron a un ritmo constante. Su expresión recuperó esa neutralidad clínica inquietante.
“Entonces… técnicamente… estoy vivo porque soy absurdamente resistente.”
“Básicamente,” respondió el clon sonriente. Luego señaló el torso abierto con un gesto amplio. “Además, tienes cuerpo de jugador. No envejeces, no te deterioras. El sistema dijo que cualquier daño eventualmente se curaría con descanso y nutrición suficiente.”
“Eso y porque tu corazón titánico sigue bombeando como una maldita central hidroeléctrica,” añadió el clon serio con frialdad técnica.
Como si respondiera al comentario— ¡PUM!
Con el nuevo latido el cráter vibró levemente.
Una onda de energía mágica se expandió desde el pecho abierto de Hades. Su torso se elevó con violencia, y por un instante su corazón brilló como un núcleo dorado latiendo en medio de la devastación.
Fue una escena casi mística… Ho al menos lo fue hasta que un nuevo chorro de icor salió disparado hacia la izquierda.
El clon sonriente dio un salto hacia atrás levantando ambas manos.
“¡Confirmo! Central hidroeléctrica portátil,” dijo con asco y diversión mezclados.
Hades cerró los ojos un instante.
¡PUM!
¡PUM!
¡PUM!
Cada latido era enorme. Forzado. Primitivo.
Cada contracción expulsaba icor por el borde desgarrado, pero también mantenía la presión suficiente para sostener la vida.
Eso era lo importante.
Seguía vivo, aunque fuese por un milagro del sistema.
“Eso explica el mareo…” murmuró.
Se recostó apenas más sobre el suelo caliente. Aspiró por la nariz, ignorando el dolor que eso provocaba en su torso abierto. Luego volvió a mirar el vacío bajo su pecho.
La realidad comenzó a asentarse. No como una explosión. Sino como una piedra que le pesaba.
(Estoy partido.)
(Estoy literalmente partido.)
Sus manos destrozadas se clavaron levemente en la tierra, dejando surcos dorados manchando el suelo.
{Se ha activado la protección de “Mente Gamer”.}
La nueva ola de pánico fue interceptada antes de expandirse.
Su expresión volvió a esa calma artificial: “…Bueno.”
Hizo una breve pausa.
“…Supongo que ahora sí puedo decir que “literalmente” me partieron el trasero.”
Ambos clones lo miraron.
El serio abrió los ojos con incredulidad. “¿En serio amigo?, este no es momento para chistes.”
El sonriente dejó escapar una risa breve, nerviosa.
Hades giró la cabeza hacia ellos con una sonrisa tensa, claramente forzada: “Si no hago chistes ahora, siento que sufriré un colapso mental.”
Hizo una pausa. “Y preferiría no hacerlo mientras me estoy desangrando.”
El clon serio se arrodilló junto a él. Con cuidado apartó sangre y restos de tejido para observar mejor la herida, sin mostrar repulsión o al menos intentándolo, puso una expresión seria tratando de solo mostrar una expresión analítica.
Dentro del torso, pequeños filamentos dorados comenzaban a extenderse desde los bordes desgarrados. Conectaban tejido con tejido con precisión sobrenatural. Reparaban músculos. Sellaban vasos. Recolocaban órganos desplazados.
El proceso era visible.
Y lento.
Demasiado lento.
“Tu regeneración está funcionando,” concluyó el clon serio. “Pero el daño es masivo. Tomará algún tiempo para que tu cuerpo se auto-repare.”
El clon moldeó chakra de agua en su mano libre y limpió el icor restante.
“Pero mira el lado bueno, vivirás.”
“Qué bien. Voy a vivir. ¡Wuju!” respondió Hades con voz agotada, finalmente se relajó y recostó su cabeza contra el suelo caliente.
“Oye, si te sientes mal, deberías dormir,” intervino el clon sonriente, juntando las manos bajo la mejilla en un gesto exagerado. “Eso acelera la recuperación. Hasta te traigo una almohada si quieres.”
Hades soltó una risa corta.
“Pff—jaj—” se detuvo de golpe cuando el esfuerzo hizo arder sus pulmones.
“Lo siento… pero no pienso descansar ahora.”
“Como digas,” el clon sonriente se encogió de hombros.
“Entonces… ¿qué pasó con el gólem? ¿Destruí su núcleo?”
“¿Esa cosa?, ya fue desintegrada.” respondió el sonriente con clara satisfacción en su voz.
El clon serio añadió: “En el último choque llegó a su límite. Y al parecer decidió que antes de ser desactivado, lo mejor sería autodestruirse en un intento final de matarte.”
Hades frunció levemente el ceño.
“¿Hizo un kamikaze, en serio? No recuerdo nada.”
“Estabas justo frente a él cuando explotó, dudo que siquiera hubieras tenido tiempo de reaccionar a una explosión de proporciones bíblicas.”
Hades repasó el recuerdo borroso.
“Recuerdo una luz… y luego nada.”
El viento arrastró la ceniza en el aire a su alrededor, Hades miró el cielo gris y dejó escapar una risa débil.
“Entonces valió la pena.”
El clon serio apretó la mandíbula: “Casi mueres.”
Hades giró la mirada hacia él con cierta diversión. “Casi… mi buen hombre… casi.”
Sus ojos morados brillaron tenuemente y su voluntad pareció fortalecerse. “Pero no morí.”
En ese momento, el sistema habló.
[El Anfitrión tiene una recompensa disponible, ¿desea reclamar?]
[El Anfitrión tiene; +80 notificaciones no leídas]
[Atención: el cuerpo del Anfitrión presenta daños críticos. Según la directiva, no se cumplen condiciones óptimas para operar.]
[Buscando solución en protocolos de medidas correctivas…]
[Medida recomendada: aceleración de la recuperación mediante sueño.]
[Advertencia: el proceso será doloroso. Se aplicará parálisis de sueño forzada.]
Hades desvió la mirada hacia el cielo.
“…Más dolor, ¿eh?” Hades sonrío débilmente.
[Le deseo que tenga un muy buen sueño Anfitrión]
(Bueno… ya estoy a la mitad, jajaja, al menos es bueno saber que el sistema se preocupa por mí, gracias.) Sus ojos se cerraron de golpe.
El sueño no fue suave, fue impuesto con eficiencia mecánica.
Los clones suspiraron al ver que finalmente el original se había dormido.
¡PUM!
El corazón titánico retumbó con más fuerza que antes.
Más profundo.
Más estable.
El icor comenzó a fluir con mayor presión. Los filamentos dorados se multiplicaron, extendiéndose con mayor velocidad.
El cuerpo de Hades empezó a emitir calor, como una forja encendiéndose desde dentro.
Los clones intercambiaron una mirada.
“Está empezando,” murmuró el clon serio.
El sonriente retrocedió un paso cuando el aire alrededor comenzó a vibrar y la temperatura se elevó lentamente. “Sí… y esto no será discreto.”
En el fondo del cráter devastado, el dios partido en dos no se estaba apagando.
Se estaba reconstruyendo, y ninguno de los clones intentó detenerlo, porque ambos sabían que lo que él original no se detendría aquí y que lo que vendría después… no sería un evento pequeño.
.
.
.
[Cambio de escena.]
{Punto de vista tercera persona: Urano}
Más allá del mar de nubes que se alzaba sobre la isla.
A una distancia imposible de medir, más allá de coordenadas físicas, más allá incluso de la noción convencional de espacio… existía una subdimensión suspendida en la inmensidad.
No era el cielo.
No era el vacío.
No era el universo.
Era un intermedio entre todos.
Un mar de nubes densas y oscuras que flotaban sin dirección aparente, iluminado desde abajo por un resplandor estelar que parecía filtrarse desde otra realidad. No había viento, y sin embargo las corrientes se movían con lentitud cósmica, como si aquel lugar respirara.
Cada expansión era un suspiro, cada contracción, un pensamiento y en el centro de aquella vastedad… Se alzaba Urano.
Un gigante cuya silueta parecía moldeada con fragmentos del firmamento mismo. Su cuerpo no tenía límites definidos; estaba compuesto por cúmulos negros y plateados que se arremolinaban formando hombros, torso y extremidades colosales. Entre las grietas de aquella masa celestial podían verse constelaciones lejanas brillando como si estuvieran incrustadas bajo su “piel”.
Sus ojos…
No eran ojos.
Eran dos vacíos profundos donde nacían galaxias.
Ante él, el suelo —si podía llamarse suelo— era una extensión de vapor comprimido que funcionaba como espejo. Una superficie lisa, ondulante, que reflejaba lo que ocurría en un punto minúsculo del mundo inferior.
Una isla.
O lo que quedaba de ella.
La mayor parte de su superficie se había hundido en el mar, la tierra estaba fracturada en múltiples direcciones, como si una mano invisible hubiese intentado arrancarla del océano. El bosque había sido reducido a esqueletos carbonizados. El centro, dominado por un cráter colosal, parecía la herida abierta de un mundo que aún no comprendía el daño sufrido.
El reflejo no era estático.
El vapor ondulaba ligeramente, como agua perturbada por una brisa inexistente. Aun así, la imagen permanecía clara.
Precisa.
Implacable.
Urano observaba en silencio.
Las nubes que formaban su rostro se arremolinaron apenas, alterando de forma casi imperceptible su expresión.
El reflejo comenzó a acercarse.
La superficie nubosa descendió hacia el cráter, profundizando en su interior, hasta que una figura comenzó a brillar débilmente en tonos dorados.
Un latido atravesó la distancia imposible.
¡PUM!
La superficie del reflejo vibró, el eco resultante no necesitaba atravesar espacio alguno.
Urano no lo escuchó, pero lo sintió.
El latido volvió.
¡PUM!
Las estrellas incrustadas en su torso titilaron con una intensidad irregular, como si respondieran a un estímulo inesperado.
Aquella energía… No le era familiar.
No se parecía a la magia primigenia, la energía no era divina en el sentido clásico, y definitivamente no era demoníaca o dracónica.
No encajaba en ninguno de los sistema sobrenaturales en los que el primordial podría pensar.
En sus incontables eras de existencia, Urano había visto cada forma de poder manifestarse y extinguirse. Había presenciado milagros y aberraciones. Había sentido energías nacidas del caos y del orden e incluso aquellas nacidas de errores de la naturaleza.
Pero aquello… era distinto.
No parecía pertenecer al orden natural del mundo. Y sin embargo su origen estaba estrechamente ligado a aquel joven dios del inframundo.
Eso era lo desconcertante.
El espacio alrededor de la colosal figura se tensó levemente. Las constelaciones visibles entre sus nubes internas reajustaron su posición, como si ejecutaran cálculos invisibles.
El espacio alrededor de la figura colosal se tensó levemente. Algunas estrellas incrustadas en su cuerpo parpadearon como si ejecutaran cálculos invisibles, midiendo posibilidades, repasando probabilidades.
En el reflejo, el cuerpo partido de Hades irradiaba calor. Hileras de filamentos dorados avanzaban con lentitud desde los bordes desgarrados, conectando tejido con tejido con persistencia obstinada.
El método no era elegante, tampoco era divino en el sentido clásico, era… insistente, brutal, imperfecto, pero a la vez innegablemente real.
Un organismo que sobrevivía por pura terquedad existencial.
Urano inclinó apenas la cabeza.
El gesto fue mínimo.
En aquella subdimensión, sin embargo, provocó una marejada de nubes que se extendió kilómetros a la redonda. Torbellinos silenciosos se formaron y disiparon en segundos.
Su voz no fue sonido.
Fue el peso de su poder.
Una presión abrumadora que agitó la esencia misma del dominio.
“El …Sobrevivió.”
Las estrellas en su torso titilaron como si procesaran probabilidades. Escenarios alternos se reflejaron fugazmente en sus ojos-abismo: fragmentos de líneas temporales donde la isla desaparecía por completo… donde el joven dios se extinguía… donde la estrategia fallaba.
Urano sabía que aquello no era una hazaña simple.
En su mente, las probabilidades reales de que Hades hubiera sobrevivido a un enfrentamiento directo con aquellas armas antiguas eran bajas… Peligrosamente bajas.
En el espejo la isla devastada siguió reflejándose bajo sus pies: el cráter marino que abarcaba docenas de millas, los restos destrozados del antiguo gólem dispersos como fragmentos de una era olvidada, eran testigos mudos de la magnitud del enfrentamiento.
Urano sabía que aquello no era una simple victoria.
No era una hazaña que pudiera ser lograda por un dios juvenil.
En su mente, la confrontación había sido equivalente a arrojar a un dios recién ascendido, contra una maquinaria de una era que ya no existía.
Y aun así… Sobrevivió.
El primordial pensaba como un viejo monstruo que había vivido las peores edades del mundo.
No como los dioses jóvenes de la nueva era, a diferencia de aquellos arrogantes herederos de una paz artificial el había visto el mundo sangrar antes de que los océanos estabilizaran sus mareas.
Antes de convertirse en rey de los dioses, antes de ser llamado reliquia arrogante por las generaciones nuevas, Urano había combatido en la Gran Guerra Divina por los territorios de la tierra cuando el cielo aún no tenía nombre.
Había luchado al nivel de los dioses más formidables de aquella era, había enfrentado dragones que eclipsaban montañas. Había repelido demonios antiguos cuya mera presencia trastornaba la realidad, entidades que hoy solo existirían como mitos que hoy yacen fragmentados.
Repelió invasiones con su poder, quebró montañas con su presencia divina, reescribió horizontes imposibles con su propia fuerza y convicción.
Muchos de los dioses de la nueva era —incluso algunos de sus propios hijos— lo veían como una reliquia arrogante. Un ser que descansaba sobre poder heredado. Una figura cuya supremacía se sostenía más en tradición que en mérito.
Creían que su trono era una herencia cómoda.
Pensaban que su antigua arrogancia era injustificada, que su dominio era obsoleto y carecía de fundamento, pensaban que su control podía desafiarse.
Pero estaban equivocados.
No podían estar más equivocados.
Antes de convertirse en la “vieja reliquia” que murmuraba desde lo alto del firmamento, Urano había sido la tormenta que traía sentencia y juicio a sus enemigos.
En el pasado, ¿Urano había ostentado una arrogancia más grande que el cielo mismo?, definitivamente si.
Pero definitivamente dicha arrogancia no era vacía.
Era el resultado de haber sobrevivido a eras que habrían reducido a polvo a cualquier dios moderno.
Después de todo el fue uno de los dioses originales que luchó en la gran guerra divina.
Hace incontables eras, vio el surgimiento del misterio en el mundo. Vio cómo las montañas se alzaban y los continentes se fracturaban, dando forma al planeta. Vio catástrofes repetirse como estaciones inevitables.
Vio naciones levantarse sobre las ruinas de antiguos panteones… y luego caer, devoradas por nuevas facciones.
Vio pactos sellados con sangre… y romperse con fuego.
Vio guerras arrasar la tierra una y otra vez, vio de primera mano a los océanos teñirse de rojo bajo guerras que hoy solo sobreviven como mitos.
Vio a los peces abandonar el mar para empezar a andar en tierra.
Vio las primeras aves surcar los cielos que él reclamaba como suyos.
Vio al primer primate inteligente caminar en dos patas..
Vio cómo, bajo la influencia de una deidad olvidada, las primeras especies mágicas tomaban forma.
Desde que el cielo tomó forma… Urano estuvo allí, observando, midiendo, aprendiendo y sobre todo… Porque si algo había aprendido tras milenios de guerras y cataclismos… era que los cambios verdaderamente peligrosos no anunciaban su llegada con estruendo.
Comenzaban así.
Con algo tan simple como un latido.
Por eso ahora, al sentir aquel latido imposible proveniente de un dios joven partido en dos… No sintió simple curiosidad, sintió algo más peligroso. Un atisbo de genuino interés.
La vasta conciencia de Urano no estaba acostumbrada a la incertidumbre.
Él era el cielo.
No el cielo que se contempla, sino el que contempla el mundo desde lo alto.
Es por eso que Urano no sabía cómo reaccionar ante las acciones de su descendiente, Hades.
Desde lo alto de su dimensión superpuesta al mundo material, su mirada atravesó océanos, capas atmosféricas y velos mágicos hasta fijarse en el punto exacto donde el metal antiguo comenzó a rugir. El espacio vibró. Las runas inscritas en aquellos titanes mecánicos resplandecieron con un fulgor que no pertenecía a esta era.
Cuando aquellos colosos se activaron por primera vez en esa isla olvidada, el titán del cielo ya estaba preparado para intervenir si la situación lo requería.
No era una reacción impulsiva, no era porque dudara de las capacidades de Hades, era el cálculo frío nacido de la memoria.
Porque sabía bien quién era el creador de aquellas cosas, también sabía muy bien que aquellas cosas no eran simples máquinas antiguas.
Después de todo nada que hubiera sido creado por “aquel Dios de la luz” era simple.
El cielo dentro de Urano se agitó con un murmullo distante cuando recordó.
Mucho antes de que el nombre de Yhave resonara en el mundo sobrenatural, Urano ya lo había observado.
En los tiempos antiguos, antes incluso de que aquel ser crease al primero de sus hijos predilectos, el rey de los ángeles había tenido enormes dificultades para asentarse en este mundo. No por debilidad. Jamás por debilidad. Sino por contexto.
En aquel entonces solo era un dios desconocido que llegó de más allá de la grieta dimensional, sin territorio, sin aliados, sin historia.
Ser un dios solitario en medio de potencias antiguas, panteones consolidados y facciones politeístas con ambiciones desmedidas era desventajoso.
En un mundo donde el estatus y el territorio lo eran todo, solo el puño más fuerte tenía la última palabra, el estar solo no era en lo absoluto apropiado… aquello equivalía a ser insignificante a los ojos de otros.
Y, cuando aquel extraño dios llegó desde más allá de la grieta dimensional…
Nadie le prestó atención.
¿Por qué lo harían?
En una era repleta de dioses primordiales, coaliciones eternas y bestias cuyo nombre se había perdido incluso antes de que la historia comenzara a escribirse, un dios sin facción, sin aliados, sin territorio y sin respaldo político era apenas una nota al pie de una página.
Una molestia potencial a lo mucho, cómo una chispa débil entre hogueras eternas.
Ni Urano ni ninguna otra facción movieron un dedo cuando aquel recién llegado reclamó uno de los múltiples fragmentos dimensionales dispersos por el mundo.
Ni siquiera cuando tuvo la osadía de fortificarlo.
El mundo siguió girando.
Mientras los celtas y los fomorianos se despedazaban por ambición y sangre, mientras los todavía jóvenes Aesir chocaban contra los Vanir por el dominio del norte, y mientras en aquellas islas que hoy se conocen como Japón, un grupo de dioses nacidos de primordiales cometió la osadía casi suicida de declarar la guerra simultáneamente al panteón budista y a la corte celestial.
Urano, aunque jamás lo admitiría, siempre recordaba ese episodio con una leve ondulación divertida en las corrientes de su esencia, aquel episodio absurdo en el que aquel grupo de jóvenes inexpertos, inflamados por orgullo y convicción, había decidido desafiar a dos superpotencias.
El desenlace fue… entretenido.
De no haber sido por Izanagi e Izanami regresando de su retiro para intervenir a último momento, ofreciendo explicaciones diplomáticas y conteniendo el desastre, aquellos tres mocosos enérgicos y su facción entera habrían sido borrados de la existencia.
Al final los jóvenes dioses de aquellas islas fueron salvados al final por el regreso oportuno de sus creadores, es gracioso el pensar lo cerca que estuvieron de extinguirse por su propia arrogancia.
Esa fue, irónicamente, una de las épocas más entretenidas que Urano había presenciado.
Pero ni siquiera aquello fue lo más sorprendente de esa era turbulenta.
Mientras la facción hindú lidiaba con sus guerras internas y el Pandemonium aprovechaba el caos para intentar invadir y asimilar reinos bajo su causa demoníaca…
Un nuevo jugador entró al campo de batalla.
Sin anuncio.
Sin invitación.
Sin advertencia.
Y fue una sorpresa mayúscula cuando todos comprendieron que aquel participante no era otro que el dios solitario que había sido descartado como irrelevante.
Vaya error.
Porque aunque aquel dios carecía de aliados, territorio y credibilidad…Poseía poder, y a su vez poseía algo más peligroso que una alianza o un ejército de dioses.
Preparación.
Una noche, su presencia se manifestó acompañada por un ejército que jamás se había visto en este mundo.
No llego rodeado de aliados.
No descendió del cielo con el respaldado de un panteón.
Sino de un ejército de abominaciones mecánicas marcharon como una tormenta de roca y hierro.
Gólems del tamaño de montañas aplastaron ciudades celestiales a una velocidad nunca antes vista.
Armas mágicas de un poder desconocido que comprimían el maná ambiental hasta rasgar el tejido mismo del espacio.
Urano aún recordaba el silencio que cayó sobre el mundo, el cómo el y los líderes de las grandes facciones temblaron ante tal poder.
Urano aún recuerda cómo docenas de pequeñas facciones desaparecieron de la noche a la mañana bajo la marcha de aquellos colosales seres artificiales, cada uno comparable —e incluso superior— a los dioses más fuertes de la época.
No hubo discursos elaborados, no hubo advertencias preventivas, solo un avance implacable a favor de la conquista.
Y lo más aterrador… Aquel dios no pisó el campo de batalla una sola vez.
Solo observó desde lejos.
Para cuando el mundo comprendió lo que estaba ocurriendo, cuando los grandes panteones reaccionaron, ya era tarde, el recién llegado se había asegurado un lugar en este caótico mundo, varios territorios del continente oriental ya estaban bajo su dominio. Incluso parte del continente donde se encontraba el panteón de Urano había sido asimilado.
Desde entonces, el nombre de Yhave resonó en todo el plano sobrenatural. Y ninguna facción volvió a hacerlo menos o siquiera volvió a considerar la idea de provocarlo.
Urano fue uno de los más afectados.
La cercanía entre sus territorios lo obligó a contemplar, más de una vez, la posibilidad de un conflicto inevitable. Pero para su fortuna ese conflicto nunca llegó.
Para sorpresa de todos, tras consolidar su posición, el dios abrahámico no buscó nuevas guerras.
No busco expandir sus fronteras, tampoco provocó guerras, no reclamó tributos.
Retiró sus máquinas bélicas cuando ya no fueron necesarias y se aisló en sus dominios.
Se dedicó a observar el mundo con una curiosidad casi infantil, como si deseara comprender el mundo más que dominarlo, observarlo atentamente, aprendiendo de este y de los seres que vivían en el.
Urano lo encontraba ese contraste bastante desconcertante. A veces incluso pensaba que aquel dios poseía una curiosidad casi infantil, impropia de una entidad de tal magnitud.
Su único gran conflicto posterior fue con los demonios, una animosidad que terminó por convertirse en una guerra eterna entre la pureza absoluta y el caos infernal.
Con el paso de las eras, Yhave, lentamente se retiró del escenario principal, al final el dios monoteísta se replegó en su dimensión personal y no volvió a ser visto.
Su acto más reciente conocido fue la creación de una nueva raza: los ángeles.
Después de eso… todo fue silencio.
Y con el paso de las eras, sus hazañas quedaron enterradas en la memoria del mundo.
O al menos eso creyó Urano.
Hasta que descubrió que dos de aquellas máquinas seguían activas en la isla donde Hades había puesto un pie.
No solo activas, estaban intactas.
Eso lo inquietó.
Porque él sabía exactamente de qué eran capaces.
Cuando el primero se alzó, Urano tensó su voluntad. No con ira, sino con previsión. Sabía que cada una de esas cosas podía equipararse —o superar— a un dios mayor de la antigua era. Y eso hablando de generaciones como la suya. La mayoría de los dioses actuales no podrían compararse ni remotamente a la fuerza de sus ancestros.
Dudaba que uno de ellos siquiera pudiese resistir un golpe directo de esas cosas.
Y entonces lo vio.
El joven que muchos consideraban una anomalía.
Una variable incómoda.
Un error que el destino no logró borrar.
Vio cómo su nieto mayor desactivaba a uno de ellos con eficacia fría.
Hades no huyó.
No titubeó.
Con el cuerpo envuelto en poder inestable y la determinación ardiendo detrás de sus ojos, desactivó al primero con una precisión que rozaba lo imposible.
El segundo fue distinto.
El combate sacudió la isla entera e incluso fue más allá, escuchó como la piedra enfurecida chocaba contra la carne divina, impactos que partían la tierra, ondas expansivas que desgarraban el aire y el mar.
Vio cómo, con dificultad real, con el cuerpo destrozado y c su mente al borde del desmayo, vió como Hades se mantenía en pie incluso cuando lo hacían retroceder.
Urano no intervino.
Observó.
Cada intercambio.
Cada fallo.
Cada avance.
Vio cómo el cuerpo de Hades se deterioraba, cómo su alma comenzaba a desprenderse peligrosamente de su forma física, aferrándose con desesperación a la carne dañada para no ser arrastrada al inframundo.
Y entonces… vio aquella explosión final iluminó el horizonte consumiendo la isla entera en un resplandor blanco.
Urano solo pudo ver como una luz cegadora devoró la pantalla que proyectaba la escena en su conciencia, y durante un instante, incluso el cielo dentro de su ser pareció oscurecerse.
Cuando el resplandor se disipó, cuando el polvo se asentó, la figura de Hades emergió entre ruinas humeantes, todavía manteniendo su conciencia, Apenas.
Su cubierto se encontraba de sangre y grietas espirituales, su alma se aferraba con desesperación a su cuerpo, negándose a ser arrastrada al inframundo.
Estaba destruido, pero seguía de pie.
Orgulloso.
Victorioso.
Un acto que, incluso en la mente de un primordial, bordeaba lo improbable.
Urano guardó silencio al instante.
Dentro del gigante de nubes, el cielo contenido en su esencia se oscureció un tono más profundo.
No era ira.
No era orgullo.
Era contemplación.
Había presenciado algo que, incluso en su mente, rozaba lo imposible.
Un acto que desafiaba probabilidades.
Un milagro no concedido por destino, sino arrancado por voluntad.
Entonces finalmente la comprensión lo golpeó en la cabeza como un tren a toda velocidad.
El cielo dentro de Urano se volvió más denso. Nubes internas giraron lentamente mientras una chispa olvidada —algo cercano a la expectativa— despertaba en su vasto interior.
Comprendió entonces que Hades no era un accidente, no era un error que el mundo olvidó borrar.
El no era un fallo del destino, EL era una variable…
Era una voluntad que se negaba a extinguirse, una anomalía que se negaba a desaparecer solo porque su voluntad le exigía el seguir existiendo.
El titán permaneció inmóvil, observando a través de la proyección estelar donde la figura destrozada de su nieto se reflejaba entre constelaciones flotantes.
Su voz resonó como un trueno lejano, no retumbando en el mundo.
Solo resonando dentro de sí mismo.
“Muy bien… lo acepto, mocoso.”
Sus nubes internas se arremolinaron con una intensidad casi imperceptible.
“Admito que te subestimé.” Hizo una pausa.
Sus nubes se arremolinaron con una lentitud más profunda que el tiempo.
“Espero con ansias verte crecer.” Su mirada se afiló, como si atravesara no solo el presente, sino todas las posibilidades futuras.
Sus ojos —dos cúmulos de galaxias comprimidas— brillaron con intensidad contenida.
“¿Hasta dónde llegarás?”
El reflejo de Hades, tambaleante pero invicto, se proyectó en el firmamento interior del primordial.
“¿Serás quien se alce en la cima del mundo… o serás arrastrado al fondo para desaparecer en la oscuridad?”
El cielo vibró apenas.
“admito que no lo se… porque incluso con toda mi sabiduría, con todo mi poder… todavía no puedo ver quien eres…” hizo una pausa.
“No puedo sentir tu destino, ni ver los senderos de te deparan en el mañana…” admitió Urano con la incertidumbre de una persona que no sabe lo que pasara al día siguiente.
Pero en el centro de su mirada infinita… una chispa de expectación que creía extinguida desde hacía eras volvió a brillar.
“pero si puedo prometer por mi nombre, que no importara a donde vallas, no importara cuántas veces te tropieces y caigas, prometo que siempre seré el vigilante que te seguirá desde la distancia, mirando las aventuras que tendrás, recordaré los caminos que recorras y a los enemigos a los que enfrentes… así que… más te vale que no cambies y te pierdas en el camino, porque siempre estaré mirando, y más te vale que lo hagas entretenido… mocoso…”
Urano esboso una ancha sonrisa, no con ironía ni con calma burlesca, fue una sonrisa sincera que provenia desde lo mas profundo de su alma divina, y por primera vez en mucho tiempo… El cielo observó con verdadero interés.
.
.
.
{5 horas después.}
{Pov Hades.}
La conciencia regresó como una marea lenta.
Primero fue la sensación del suelo, se sintió tibio.
Una superficie áspera bajo su espalda, todavía caliente por la devastación reciente. Hades abrió los ojos con pesadez, y lo primero que vio fue el cielo. Gris. Cubierto por nubes que se extendían hasta el horizonte sin un límite visible, como si el mundo entero hubiese decidido vestirse de luto.
El aire ya no era fresco ni salado.
Ahora olía a madera quemada. A ceniza. A metal fundido.
Durante varios segundos no se movió. Solo respiró.
(Estoy vivo.)
El pensamiento llegó antes que la emoción.
Entonces la memoria lo golpeó: explosión, luz, dolor… la sensación de su alma desgarrándose, intentando escapar de un cuerpo que ya no podía sostenerla.
Sus ojos, aún algo vidriosos, descendieron lentamente hacia su parte inferior.
Primero se hizo el silencio.
Luego vino un leve parpadeo de su parte.
“Gracias al sistema…” murmuró, dejando escapar un suspiro largo, casi reverente.
Una manta improvisada de hojas cubría su zona íntima. Alguien —probablemente él mismo antes de perder la conciencia— había tenido la decencia mínima de mantener cierta dignidad.
Pero eso no era lo realmente importante.
Lo importante era la sensación.
Movió uno de los dedos del pie.
Luego el otro.
Las piernas respondieron.
Hades se quedó inmóvil unos segundos más… y entonces una sonrisa se abrió paso en su rostro, lenta, incrédula, infantil.
Podía sentirlas.
Podía sentir todo.
“Ja…”
Se incorporó ligeramente apoyándose en los codos y, sin perder tiempo, levantó la cubierta de hojas con gesto solemne… como si estuviera revelando un tesoro nacional.
Observó su entorno evaluando su situación, inspecciono el lugar en el que se encontraba y luego reviso con atención su propio cuerpo.
Giró un poco el ángulo para ver mejor, y luego de confirmar lo que quería sonrío inclinando la cabeza con aire crítico.
“Es bueno saber que Hades.Jr sigue conmigo.”
Su tono fue completamente serio durante medio segundo… hasta que una risa contenida escapó de su garganta.
(Perfectamente funcional. Visualmente intacto. Nada fuera de lo esperado.)
Asintió satisfecho, volviendo a cubrirse con las hojas como si acabara de concluir una auditoría oficial. Luego centró su atención en las piernas recién regeneradas.
La piel era tersa. Ligeramente rojiza. Demasiado limpia para pertenecer a un campo de batalla.
Deslizó la mano por la superficie del muslo, al instante sitio como un leve escalofrío lo recorrió.
Su piel se encontraba en un estado de extrema sensibilidad, la cual le causaba una picazón suave.
Esa sensación incómoda pero inconfundible de piel nueva adaptándose al mundo que lo rodeaba.
“No me voy a quejar… piernas de fábrica no se reciben todos los días.”
Flexionó una rodilla, luego la otra, el movimiento fue fluido, natural, sin alguna clase de dolor más allá de la leve molestia de la piel rozándose contra el suelo irregular.
Se sentó por completo, observando su cuerpo como si fuese una obra recién terminada.
Las quemaduras que habían ennegrecido su carne habían desaparecido sin dejar rastro. La piel antes carbonizada ahora lucía clara, uniforme, casi irreal.
Pasó los dedos por su antebrazo, se sentía suave, demasiado suave.
“Ni un bebé tendría esta calidad premium…” murmuró Hades con genuina admiración.
Cerró los ojos un instante y se concentró en su interior.
No había punzadas internas, ya no encontraba aquella extraña sensación de tener sus órganos desplazados.
Nada estaba fuera de lugar, podía sentir el latido estable de su corazón junto con el flujo constante de energía recorriendo sus venas, y el aire llegando a cada rincón de su cuerpo a la par de sus pulmones expandiéndose sin dificultad.
(Se regeneró todo…)
Recordaba con absoluta claridad cómo el contraataque suicida del gólem lo había destrozado por dentro. Había sentido órganos romperse. Huesos pulverizarse. Carne desgarrarse.
Y ahora… no sentía nada, todo estaba en su sitio perfectamente alineado y funcionando como se supone que debería.
No iba a cuestionarlo.
Ni siquiera iba a preguntarle al sistema cómo diablos órganos completamente destruidos podían crecer desde cero y recolocarse como si un cirujano divino hubiese intervenido. Definitivamente no. No era momento de filosofar. Era momento de apreciar la belleza de no haber muerto como medio hombre, desangrándose en el suelo como un personaje de destino final.
Tenía que admitirlo. En términos de pura capacidad de recuperación, el Cuerpo del Jugador era una habilidad obscenamente perfecta.
Si tuviera que puntuarla… “Cien sobre diez, en definitiva.”
Asintió para sí mismo con absoluta convicción.
“¿Cuántas habilidades pasivas traen de vuelta a alguien del borde de la muerte, anulan daños críticos, regeneran extremidades completas y encima te dejan como nuevo?”
Extendió los brazos, mirando el cielo gris mientras una sonrisa torcida se dibujaba en su rostro.
“Fuera de una inmortalidad absoluta… no se me ocurre nada que compita con esto.”
Se dejó caer de espaldas nuevamente, inhalando el olor a ceniza sin molestarse. Seguía vivo. Seguía entero. Seguía creciendo.
“Agradezco de todo corazón al dios o entidad lovecraftiana que haya sido responsable de darme este sistema al reencarnar.”
Levantó una mano hacia el cielo nublado, como si brindara con una copa invisible.
“Donde sea que estés… gracias.”
El viento sopló suavemente.
Las hojas sobre su cuerpo se agitaron apenas.
Y en medio de la isla devastada, entre restos humeantes y cicatrices abiertas en la tierra…
Hades sonrió.
Porque no solo había sobrevivido.
Había vuelto más fuerte, y eso, para alguien como él, era la mejor sensación del mundo.
Sin perder el tiempo, Hades alzó la mano frente a su rostro.
Sus pupilas brillaron con ese destello familiar de anticipación friki que siempre aparecía cuando estaba a punto de revisar algo importante.
“Sistema.”
[Estado]
La interfaz apareció ante él con su habitual frialdad geométrica.
Sus ojos recorrieron los primeros renglones sin demasiada emoción… hasta que llegaron a los números.
Y entonces se agrandaron de una manera cómicamente irreal.
Como si intentaran escapar de sus órbitas.
{Nombre: Hades}
{Raza: Dios griego / Aithyropoioi – Titán primigenio / Colossus Sapien Arcana}
{Dios del Inframundo – Dios del Agua – Titán}
{Nivel de potencia: 65.429}
{Felicidades al Anfitrión por haber elevado los siguientes atributos}
{STR: 2.997 + 215} —› 3.212
{DES: 2.214 + 110} —› 2.324
{VIT: 10.311 + 347} —› 10.658
{MAG: 59.903 + 350} —› 60.273
{CHA: 45 + 1} —› 46
{KRA: 170.398 + 4.342} —› 174.740
Puntos disponibles: 569
Silencio.
Un parpadeo.
Luego otro.
“¡¿Qué carajos?!”
Su voz resonó con tal incredulidad que incluso algunas aves lejanas levantaron vuelo entre los restos carbonizados.
“¡¡¡¿Por qué subieron tanto?!!!”
Se incorporó de golpe, olvidando por completo su dignidad vegetal mientras las hojas caían a un lado.
Sí, en el pasado ya había experimentado aumentos drásticos después de entrenamientos brutales, después de forzar su cuerpo hasta sangrar, después de empujarse más allá de lo razonable.
Pero esto… Esto era otra cosa.
Más de doscientos puntos en fuerza.
Más de trescientos en vitalidad.
Varios cientos en magia.
Miles en Chakra.
Ese tipo de saltos solo ocurrían cuando su cuerpo era llevado al límite absoluto durante un periodo prolongado.
Y aun así, ni siquiera entonces los incrementos eran tan desproporcionados.
Mientras su mirada recorría los números flotantes, su mente comenzó a trabajar con frialdad.
En los últimos dos años, su fuerza, agilidad y vitalidad prácticamente se habían estancado. Había entrenado. Había peleado. Había llevado su cuerpo al extremo.
¿Resultado?
Incrementos miserables.
Unos pocos puntos aquí.
Unos pocos allá.
Nada comparado con esto.
Los atributos físicos no eran como la magia o el chakra.
MAG y KRA podían crecer con uso constante. Bastaba con gastar energía, reponerla, expandirla, repetir. Pero STR, DES y VIT.
Esos eran distintos.
Cuando su fuerza estaba por debajo de los 300 puntos, bastaba con entrenamientos intensos. Pesas. Calistenia. Resistencia.
Cuando superó los mil… Esos métodos se volvieron casi inútiles.
Y tras sobrepasar las dos mil unidades, entrenar era más una formalidad mental que un medio real de progreso.
A partir de cierto punto, el cuerpo ya no respondía a estímulos normales.
Solo quedaban dos caminos:
O usar los puntos del sistema.
O usar la autodestrucción extrema para forzar una avance.
Cada vez que su poder crecía, los requisitos para seguir creciendo aumentaban de forma exponencial.
Hades comprendió al fin como funcionaba la lógica de su sistema, que al igual que en los juegos, no emula la superación personal, sino la inflación.
Cómo en un RPG, los requisitos para subir de nivel crecen exponencialmente porque el sistema carece de alma para entender el esfuerzo; solo entiende de escalas. Ignora que el verdadero fortalecimiento no es un número alcanzando a otro, sino una metamorfosis que la lógica de un programa jamás podrá cuantificar, la verdad es que el sistema solo entendía escalas.
Si tienes 100 de fuerza, necesitas X esfuerzo.
Si tienes 1000, necesitas 100X.
Si tienes 3000… necesitas algo cercano a la aniquilación.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió.
Hades soltó una risa corta, casi nerviosa.
“Gane más de doscientos puntos en fuerza… más de trescientos en vitalidad… sin contar los demás atributos…”
Miró la cifra de puntos disponibles.
“Mis puntos ahorrados ni siquiera son una novena parte de eso…”
No se sentía eufórico.
No se sentía victorioso.
Sonrió… pero con vergüenza.
Una sonrisa torcida, consciente.
Se sentía feliz por su progreso, pero a la vez abrumado y avergonzado por la situación tan jodida por la que tuvo que pasar para obtener dicha recompensa.
Lejos de querer ser malinterpretado Hades no estaba disgustado con el tipo de sistema que poseía.
Ya que, desde un punto de vista objetivo, este puede ser tanto la mayor ventaja de Hades en este mundo al tener el poder real de un crecimiento prácticamente sin límites, asi como su mayor debilidad al tener límites cada vez más altos que debe de superar para lograr una mejora real.
Por lo menos debería de estar agradecido por los puntos que le otorgan las misiones del sistema, porque de no ser por este añadido en serio, que su crecimiento se habría estancado hacia mucho.
Hades en vez de emocionarse por sus inesperadas ganancias no pudo evitar sonreír con vergüenza y hacerse la pregunta.
“¿Qué tan duro me tubo que golpear esa cosa para que mis estadísticas incrementarán tanto?”
“ho mejor dicho, ¿Cuántas heridas graves tuvo que sufrir mi cuerpo para llegar a este estado…?”
Por un momento, su expresión se volvió más seria.
Recordó el impacto.
La explosión.
El instante en que sintió que su torso se abría desde dentro.
(He estado más muerto que vivo…)
Alzó el brazo derecho.
Flexionó el codo.
Sus músculos respondieron con una tensión limpia, compacta, como si cada fibra hubiese sido reescrita.
Hizo un movimiento de apretón violento con el puño.
‘BOOM’
El aire explotó.
No fue una metáfora.
La presión liberada por la contracción muscular generó una onda de choque visible que barrió el polvo a su alrededor como un anillo expansivo.
La fuerza cinética descendió por su brazo, atravesó su torso y se transfirió al suelo bajo sus pies.
La tierra crujió.
Una fractura en forma de telaraña de casi siete metros de diámetro se expandió desde donde estaba sentado.
Pequeñas piedras saltaron.
El aire vibró durante un segundo más antes de calmarse.
Hades miró el cráter improvisado.
Luego observó su puño.
Lo abrió.
Lo cerró otra vez.
Una sonrisa lenta, satisfecha, casi peligrosa, apareció en su rostro.
“Sí…” Se puso de pie con naturalidad, estirando el cuello de un lado a otro mientras sentía cómo su nuevo cuerpo respondía con una potencia contenida: “Definitivamente me siento más fuerte.”
En el fondo de su mirada, más allá del alivio y el humor… Había algo más, era expectativa.
Porque si este era el resultado de casi morir…
Entonces, ¿qué pasaría la próxima vez que sobreviviera a lo imposible.?
Hades no lo sabía, pero lo que si entendía era que mientras siguiera en este feroz mundo, mientras siguiera sobreviviendo a lo que quisiera matarlo… todo crecimiento, por absurdo que fuera el precio, nunca sería suficiente, por lo que se aseguraría de que su crecimiento nunca se detuviera.
.
.
.
Hades, ya vestido con algunas prendas sencillas extraídas de su inventario —unas prendas oscuras bastante ligeras y botas reforzadas— apoyó una mano en el borde del cráter y salió de un salto.
Sus botas tocaron el suelo agrietado con un crujido seco.
Al alzar la mirada… no encontró la imagen paradisíaca que aquella isla alguna vez debió haber sido.
No había verde, ni había vida.
Solo tierra desnuda, quemada al punto en que pareciera estar carbonizada.
El horizonte estaba salpicado por cráteres del tamaño de pequeñas ciudades, heridas abiertas en la superficie que aún exhalaban un tenue vapor caliente. Entre ellos, cientos… no, miles de cadáveres de animales yacían esparcidos: algunos calcinados, otros mutilados por la onda expansiva, otros simplemente inmóviles como si el alma hubiese sido arrancada de golpe.
El viento arrastraba ceniza.
El silencio era pesado.
Para cualquier mortal —o incluso para muchos dioses jóvenes— aquella escena habría sido insoportable. El olor a carne quemada y destrucción bastaría para hacerlos caer de rodillas.
Pero Hades… Hades ya había visto su propio cuerpo partido en dos.
Había sentido sus órganos desintegrarse.
Había experimentado la inminencia del vacío.
Comparado con eso, el paisaje era… distante.
Aun así.
“Haah… mi culpa.”
La frase salió baja, incómoda.
Una gota de sudor descendió por su sien mientras desviaba la mirada.
Desir que estaba avergonzado sería exagerado no estaba horrorizado sería erróneo no sería correcto, tampoco estaba devastado.
Pero tampoco era indiferente.
Lo que sentía era una culpa tenue, difusa y desgastada por demasiadas Giró el rostro para apartar la vista de los cadáveres… y entonces algo extraño captó su atención al otro lado del cráter.
¿?
Allí, en medio de la devastación absoluta, un rincón parecía intacto.
Desde el suelo emergía un majestuoso árbol de madera densa y chakra vibrante. Sus raíces se extendían formando un círculo protector, y su copa frondosa proyectaba una sombra fresca que contrastaba violentamente con el paisaje desolado.
“¿Qué…?”
Bajo aquel árbol, sentados frente a una mesa con total tranquilidad, había dos figuras idénticas a él.
Eran sus clones de madera.
Hades parpadeó.
Los observó con incredulidad mientras ambos sostenían un montón de hojas pintadas con absoluta concentración formándose entre ellos, sobre una pequeña mesa formada de chakra sólido, descansaba un montón de cristales brillantes a modo de apuesta.
El primer clon lanzó un cristal al centro con gesto confiado y miró a su oponente directamente a los ojos.
“¿Qué te tocó?”
El segundo clon reviso sus hojas con un gesto amargo, “no pintan bastos, parece que la suerte no quiere sentarse conmigo hoy”
El primer clon mueve su mano hacia el mazo de hojas pintadas que se encontraba en la esquina de la mesa, pero se detiene a último momento, “Paso. Si vas tan mal, no vale la pena que arriesgue más”
El primer clon rápidamente suelta un Rey de Copas. “¡Entonces me llevo el pozo bebe!”
El primer clon rápidamente bloquea su mano con firmeza. “Ni lo pienses. Esa no vale, te tocaba robar antes de jugar.”
Ante tales palabras el segundo clon suelta una carcajada nerviosa. “jajaja, si casi se me olvida, pero hombre te pones muy técnico cuando vas ganando… Aunque no me fío de ti, te veo cara de póker desde que empezamos el juego”
El primer clon se queda inmóvil, observando la última carta que el segundo sostiene con fuerza analizando su siguiente movimiento. “Tal vez. Pero dime… ¿Es tu última carta, o vas a robar?”
El ambiente bajo el árbol era absurdamente pacífico, demasiado pacífico para cierto dios.
“¡EJEM!”
El juego de los clones es repentinamente interrumpido cuando un Hades desconcertado por la escena tose para llamar su atención.
“¿He? Hooo, resulta que eres tu jefe, es bueno verte de nuevo “caminando” entre nosotros” El segundo clon, aún sosteniendo su última hoja, fue el primero en reaccionar.
“¡Hey!” saludó el primero con una sonrisa relajada. “Por fin te vemos totalmente recuperado.”
Hades los miró en silencio unos segundos, su expresión oscilaba entre desconcierto y resignación.
Asintió lentamente.
“Sí… supongo que si, gracias por lo de las hojas allá atrás.”
Mientras hablaban, notó algo.
Mientras el segundo clon estaba distraído, el primero, con una naturalidad casi artística, intercambió una hoja de su mano por la superior del mazo con un movimiento tan limpio que habría hecho llorar de orgullo a cualquier mago profesional.
Luego miró su nueva carta y se encogió de hombros mientras su rostro permanecia completamente neutro.
El segundo clon volvió a sentarse con la vista concentrada en su última carta y pregunto “Qué bueno que llegaste jefe, vaya que tienes suerte todavía estás a tiempo para verme arrasar con el juego, ¿en qué estábamos?”
“Estabas a punto de robar” le respondió el primero con tono afable.
“¡Muy bien!” El segundo frotó sus manos. “Esta vez la suerte está de mi lado. Mi fe en el Jesús del póker está al máximo.”
Con una mirada decidida el segundo clon no dudó en robar una hoja de la baraja. “¿He?…” pero su expresión de confianza se volvió una de consternación al ver la terrible carta que obtuvo.
Hades cruzó los brazos, observando con una mezcla de lástima y entretenimiento, el segundo clon acababa de caminar directo hacia una trampa abierta.
El primero mantuvo su cara de póker impecable, aunque una pequeña sonrisa traicionera asomó en la comisura de sus labios.
“¿Qué sucede?” preguntó con falsa inocencia. “¿No vas?”
El segundo miró su mano, luego el pozo, luego al primero.
“No… creo que paso.”
Hizo una mueca de dolor, dejando caer ligeramente los hombros.
Hades negó con la cabeza.
“Ustedes dos…”
Miró el paisaje devastado a su alrededor.
Luego el árbol.
Luego la mesa.
Luego los cristales.
Un rincón verde de vida y apuestas en medio del apocalipsis que él mismo había provocado.
No pudo evitar que una sonrisa genuina se formara en su rostro.
(Al menos alguien la está pasando bien.)
Por primera vez desde que despertó, el peso de la destrucción pareció un poco más ligero.
La escena absurda de sus clones jugando cartas en medio de un paisaje postapocalíptico había aliviado algo en su pecho.
Hades se acercó al árbol, cruzándose de brazos mientras observaba al clon derrotado recoger los cristales con resignación.
“Mmmm… por cierto,” comentó con aparente naturalidad, “¿dónde se encuentra la maestra Katsuyu? No la he sentido desde que desperté.”
Lo dijo sin preocupación real.
Si no estaba allí, seguramente estaría explorando o comiendo hojas.
Porque Hades estaba seguro que de no ser así su pequeña maestra estaría allí mismo dándole un discurso moral severo sobre responsabilidad ambiental.
Hades no se molestó ni siguió insistiendo, pero… No notó el cambio inmediato.
Ambos clones se quedaron rígidos, completamente inmóviles.
El viento a su alrededor movió apenas las hojas del árbol sobre sus cabezas.
“…”
“…”
El silencio fue tan abrupto que casi se pudo escuchar el eco.
Hades entrecerró los ojos y pregunto. “¿Qué sucede?”
El segundo clon tragó saliva.
El primer clon sonrió con demasiada rapidez.
Su sonrisa era demasiado amplia, casi antinatural.
“¿Suceder? Nada sucede, jefe. Todo en orden. Isla destruida, clima gris, clones jugando cartas. Normal.”
El segundo clon asintió con energía exagerada.
“Sí, sí, todo perfecto. Absolutamente perfecto.”
Silencio.
Hades frunció el ceño, estaba a punto de repetir la pregunta cuando ambos clones se levantaron al mismo tiempo con una sincronización inquietante.
Luego, como si hubiesen recibido una orden simultánea, ambos se dieron la vuelta al mismo tiempo.
“¡Voy a orinar, ya vuelvo!” dijo el segundo señalando hacia el interior devastado de la isla.
“¡Revisaré aquellos peces que vi en ese arrecife!” declaró el primero apuntando en la dirección completamente opuesta… donde claramente no había arrecife alguno.
Ambos dieron media vuelta con pasos rígidos… demasiado rígidos.
Sus frases salieron atropelladas y superpuestas.
Sin esperar respuesta, en el momento en que ambos se giraron sobre sus talones y, como fantasmas huyendo de una maldición, salieron disparados en direcciones opuestas hacia el centro de la isla devastada.
Y en el siguiente segundo se dispersaron como fantasmas, desapareciendo entre el humo y las ruinas en direcciones contrarias.
El árbol quedó solo.
Las cartas abandonadas sobre la mesa.
El viento soplando entre las ramas.
Hades parpadeó.
Una vez.
Dos veces.
Miró a la izquierda, luego a la derecha.
“…¿?”
Se quedó quieto varios segundos, procesando lo sucedido.
(…)
Su ceja derecha se alzó lentamente.
(Qué sospechoso…)
Se llevó una mano al mentón.
Repasó mentalmente la escena.
1: sus posturas tensas.
2: el silencio incómodo.
3: aquella huida coordinada.
(Definitivamente están ocultando algo.)
Se quedó quieto unos segundos más… hasta que otro pensamiento, completamente fuera de contexto, emergió con fuerza.
“Espera…”
Miró hacia la dirección en la que el segundo clon había corrido.
“¿Acaso los clones pueden orinar?”
Se quedó pensativo ante tal idea ya que sus clones técnicamente estaban hechos de chakra y madera.
Asi que para empezar ¿Tenían siquiera sistemas biológicos completos?
¿O Simulaban procesos fisiológicos mediante el Chakra?, después de todo había visto que sus clones de sombra podían comer y hasta beber liquidos, más nunca los había visto en la necesidad de expulsar los desechos de sus cuerpos.
¿O simplemente desaparecían cuando fingían ir al baño?
Su expresión pasó de sospecha a genuina curiosidad científica.
“¿Eso cuenta como gasto de chakra innecesario…?”
Se cruzó de brazos, mirando el horizonte como si esperara ver a uno de sus clones reaparecer con una respuesta académica.
Luego entrecerró los ojos.
“…Más importante.” Al instante su tono se volvió más serio.
Se preguntó el porqué ambos ambos reaccionaron así… como si estuvieran huyendo de algo…
Entonces una posibilidad se dibujó en su mente, una muy específica que no le gustaba.
Hades giró lentamente la cabeza hacia la parte más devastada de la isla.
Donde la explosión había sido más intensa.
“…No me digan que…”
El silencio respondió.
El viento arrastró una carta fuera de la mesa improvisada.
Mientras tanto en diferentes puntos lejanos de la isla devastada, dos clones de madera corrían grandes distancias a velocidades supersónicas con un único pensamiento compartido: (Que la sabia babosa siga viva… que la sabia babosa siga viva…)
Mientras tanto, en el centro del cráter, Hades suspiró.
Algo le decía que aquel momento de tranquilidad absurda acababa de terminar.
.
.
.
El tiempo pasó sin que Hades realmente lo notara.
Cuando volvió a levantar la vista del suelo devastado, el sol ya se estaba ocultando en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y púrpuras que contrastaban con el gris ceniza de la isla destruida.
En ese momento, Hades estaba acostado boca arriba sobre el tejado de una casa recién construida mediante la técnica de los Cuatro Pilares de Mokuton. La estructura era simple pero sólida: madera viva, aún con vetas visibles, ligeramente tibia por el calor acumulado durante el día.
Una brisa suave movía su cabello mientras el cielo se oscurecía poco a poco.
Sus ojos, sin embargo, no estaban en el paisaje.
Se movían con inquietud de un lado a otro, revisando la cascada de notificaciones que su sistema había estado acumulando.
La primera brillaba con especial intensidad.
[¡Felicitaciones, Anfitrión! La habilidad “Continuación de Batalla: A” ha evolucionado a “Continuación de Batalla: A+”!]
Hades levantó una ceja.
“Ah… así que también subiste de nivel.”
La descripción se desplegó ante él con un brillo tenue.
{Habilidad: Continuación de Batalla A+}
{Una voluntad de hierro llevada al extremo absoluto. El usuario es capaz de ignorar heridas que resultarían instantáneamente fatales para cualquier otro ser y continuar luchando como si su cuerpo no hubiese sido perforado, desgarrado o destruido parcialmente.
Mientras el núcleo vital no sea completamente aniquilado, su determinación lo mantendrá en pie hasta que el combate concluya o su cuerpo sea reducido a un estado irreparable.}
Hades entrecerró los ojos.
(“Reducido a un estado irreparable”… suena sospechosamente específico.)
La siguiente sección apareció.
{Características de la habilidad}
La habilidad Continuación de Batalla A+ otorga el estado especial “Guts” (Agallas) con los siguientes efectos:
— Supervivencia Absoluta: Permite al usuario sobrevivir a un golpe mortal y revivir automáticamente una vez cada 24 horas.
— Persistencia Forzada: Tras activarse, el usuario puede seguir combatiendo durante 5 minutos adicionales, incluso cuando su cuerpo debería haber colapsado.
— Negación del Colapso: Mientras el efecto esté activo, el dolor y la pérdida de sangre no afectan la movilidad ni la capacidad ofensiva del usuario.
{Efectos secundarios}
— Vida Recuperada (HP): Al activarse, el usuario revive con el 50% de su salud total.
Además, recibe un aumento adicional equivalente al 30% de su estadística de [Vitalidad], reforzando temporalmente su resistencia física.}
{Nivel de habilidad: Básico}
En su estado básico, el usuario revive con el 50% de su salud total.
Si la habilidad alcanza su nivel máximo, podrá revivir con hasta un 50% adicional de salud sobre ese valor base, aumentando significativamente su capacidad de prolongar combates extremos.
{Enfriamiento (Cooldown)}
En nivel básico, el tiempo de reutilización es de 24 horas.
Nota: La reducción del enfriamiento dependerá del dominio progresivo de la habilidad.}
Silencio.
El viento sopló con más fuerza.
Hades dejó escapar una risa corta y seca.
“Así que básicamente… ahora soy oficialmente ese tipo molesto que se niega a morir.”
Pero su mirada se volvió más seria cuando leyó el apartado de efectos secundarios.
Revive con 50% de salud total… más un aumento adicional del 30% de su estadística de Vitalidad.
Su mente hizo el cálculo casi al instante.
(Con más de diez mil puntos en Vitalidad… ese 30% no es precisamente simbólico.)
Se llevó una mano al pecho.
“Genial. Soy un jefe de raid con segunda fase.”
La notificación se desvaneció lentamente.
La notificación desapareció mientras qué otra notificación aparecía en su lugar.
────────────────────────
[¡Felicidades, Anfitrión, por desarrollar la habilidad “Piel Dura”!]
{Habilidad: Piel Dura}
{Tu cuerpo ha trascendido los límites normales de la biología. Posees una piel anormalmente resistente capaz de absorber y disipar parcialmente el daño producido por impactos contundentes.}
{Características de la habilidad}
{— Endurecimiento Adaptativo: Tu piel puede aumentar su densidad en fracciones de segundo, tornándose tan sólida como la obsidiana pulida.
— Resistencia Física Superior: Eres resistente a cualquier ataque que no supere tu límite de resistencia física total.
— Inmunidad Parcial a Cortes: Los ataques cortantes de bajo y medio nivel pierden gran parte de su efectividad al impactar contra tu piel endurecida.
— Absorción de Impacto: Parte de la fuerza de los golpes contundentes es dispersada a través de la estructura muscular y ósea, reduciendo el daño interno.}
Hades soltó un suspiro largo.
“Claro… cómo no.”
Leyó con atención la descripción de su nueva habilidad, que al parecer era algún tipo de endurecimiento Adaptativo que le otorga resistencia Física Superior junto con una inmunidad Parcial a Cortes y algún tipo de capacidad para absorber Impactos cinéticos.
Su expresión se volvió ligeramente incómoda.
La brisa nocturna recorrió su piel recién regenerada, ahora suave y aparentemente perfecta.
“Curioso…” murmuró mientras flexionaba los dedos. “Primero me parten por la mitad… y lo que el sistema decide darme es piel más dura.”
Se quedó en silencio unos segundos.
Recordó vívidamente la sensación de su cuerpo desgarrándose bajo la lluvia de golpes del coloso. El latido de su corazón retumbando en la intensidad del momento, el cómo la sangre dorada salia a chorros de su cuerpo.
Quizás por casualidad recordó también otra notificación antigua y no pudo evitar sentir la ironía.
“si no recuerdo mal obtuve resistencia al ácido… después de bañarme en jugos gástricos de kronos.”
Hades cerro los ojos.
“Ah…” soltó una carcajada en voz baja. “Así que esa explosión no solo me hizo pedazos… también me convirtió en una roca con actitud.”
Inmediatamente quiso probar su nueva capacidad, flexionó el antebrazo lentamente tensando si piel y músculos mientras activaba la habilidad.
Al instante su piel respondió.
Por una fracción de segundo, una textura oscura y brillante recorrió su superficie como obsidiana pulida antes de disiparse y volver a su apariencia normal.
Al menos eso es lo que parecía en el exterior, pues Hades pudo sentir el cambio nada sutil en su piel y músculos.
Agitó si brazo un par de veces y luego le dio un ligero golpe con la otra mano.
‘crack’
El crujido que se generó fue sutil y controlado, sono como si su mano hubiera sido golpeada contra una superficie dura similar al granito.
Hades asintió con satisfacción al ver esto.
“Me gusta.”
“…Supongo que el patrón es claro.”
Si sobrevive a algo lo suficientemente traumático, el sistema lo convierte en una adaptación fría para mejorar su cuerpo.
“Bueno… veamos que sigue”
────────────────────────
[¡Felicidades, Anfitrión, por desarrollar la habilidad “Interceptación”!]
{Habilidad: Interceptación}
Una capacidad instintiva que sincroniza mente y cuerpo en un estado de respuesta automática ante el peligro.
El usuario puede interceptar, desviar o bloquear ataques de manera subconsciente, minimizando su letalidad incluso en situaciones aparentemente inevitables.
{Descripción detallada}
Mediante principios avanzados de artes marciales, defensa corporal y manipulación de la inercia, el usuario adapta su postura, ángulo y distribución de fuerza en el último instante posible.
Incluso cuando el impacto es inevitable, la trayectoria del ataque es alterada lo suficiente como para:
{Efectos}
— Evitar puntos vitales.
— Reducir penetración y profundidad.
— Transformar un golpe letal en uno crítico pero sobrevivible.
{Efecto pasivo}
La habilidad funciona de forma automática ante amenazas detectadas, aumentando significativamente la tasa de supervivencia en combates cuerpo a cuerpo.
{Limitación}
No puede anular ataques que superen ampliamente la capacidad física o perceptiva del usuario.
────────────────────────
Hades abrió los ojos de nuevo.
“¿Interceptación?”
Esta vez no bromeó y leyó con atención.
Al parecer la habilidad se basaba en la sincronización mente-cuerpo y la adaptación de la postural en el último instante mediante la alteración de la postura corporal y el control del ritmo del cuerpo para lograr desviar la trayectoria del ataque enemigo, transformando un golpe letal en uno sobrevivible.
Sus pupilas brillaron levemente.
“Así que… mi cuerpo aprendió a no dejarse matar tan fácil.”
La descripción detallada hablaba de manipulación de inercia, ángulos, microajustes automáticos.
Está habilidad técnica era eficiente.
Era exactamente el tipo de habilidad que se desarrolla cuando alguien ha estado a centímetros de la aniquilación total.
“Es como una versión humilde del ultra instinto…” murmuró con una sonrisa torcida. “solo que sin ki divino, los reflejos agudos sobrenaturales y sin el aura plateada dramática… pero sigue siendo funcional.”
Se imaginó el combate contra el golem. Luego la explosión seguido de aquella onda expansiva de proporciones bíblicas.
Si esta habilidad hubiera estado activa en su punto máximo…
(¿Quizás habría perdido solo un brazo en vez de la mitad del cuerpo?)
Se quedó en silencio unos segundos.
El viento nocturno movía su cabello mientras las nubes en el cielo se teñían de púrpura.
“Qué inesperado…” murmuró finalmente, apoyando la cabeza contra la madera y dejando que el cielo ocupara su campo visual.
Subestimó ese enfrentamiento.
Gravemente.
No solo varias de sus habilidades evolucionaron, sino que desarrolló otras nuevas basadas exclusivamente en supervivencia física.
Eso decía mucho.
Demasiado.
La mayoría estaban inclinadas hacia la defensa, la resistencia, y la mitigación del daño.
Por supuesto Hades veía que esto no era casualidad.
Su cuerpo había sido llevado al límite absoluto, y el sistema respondió optimizando sus probabilidades de no morir la próxima vez.
Era como si el sistema estuviera diciendo [ponte las pilas, vas a necesitar esto.]
“No es que me moleste volverme aún más increíble…” murmuró con una sonrisa ladeada. “Pero que casi todo sea defensivo es un poco… revelador.”
Después de todo nunca se descarta la posibilidad de que aya algo lo suficientemente peligroso allí afuera como para justificar múltiples capas de “seguro de vida”.
Hades suspiró, mirando el cielo oscuro.
“Bueno… tampoco es algo malo.”
Movió su visión nuevamente hacia {Interceptación}.
“Hay varias habilidades que complementan mis defectos en combate cercano.”
¿Era fuerte?, claro, también era resistente y tenía los”hax” absurdos del sistema.
Pero en combate cuerpo a cuerpo puro… aún dependía demasiado de su fuerza bruta y capacidades de recuperación, de hecho su habilidad”dominio del combate cuerpo a cuerpo” se había detenido en el nivel {experto} hacia años, no había podido avanzar al nivel de un {maestro}.
Esta habilidad le daba una capa extra de refinamiento a su técnica e instintos.
“Sí…” murmuró Hades con una sonrisa leve. “Si voy a seguir metiéndome contra armas divinas antiguas… más vale que mi cuerpo aprenda a esquivar antes de volver a ser decorativamente seccionado.”
El viento frío sopló su cabello mientras esté se acomodaba para ver mejor las estrellas, la superficie del tejado de madera crujió suavemente.
En la oscuridad creciente, Hades permaneció acostado, contemplando no el cielo… sino la trayectoria invisible que su propio crecimiento estaba marcando, en su mente los pensamientos volaron mientras que las notificaciones finales de su sistema siguieron haciendo eco en su cabeza.
{Ding~…}
{Ding~…}
{Ding~…}
────────────────────────
Fin del capítulo.
Este capítulo tiene 13.000 palabras.
Muchas gracias por leer.
<>
[Ding]
[Felicidades al Anfitrión por haber sobrevivido al asalto de la maquinaria divina. ¿El anfitrión desea reclamar la recompensa? S/N]
“Sí.” Respondió una voz decidida.
[Ding]
[Se procede con la entrega de las siguientes recompensas de la misión.]
{Cupón plateado X2 – Cupón de bronce X4 – Puntos de estadística X10}
[Cupones disponibles.]
{Cupón común X 57}
{Cupón de bronce X 31}
{Cupón plateado X 15}
{Cupón dorado X 1}
{Cupón divino X 0}
Después de una noche de descanso —bien merecida tras una batalla tan exigente— Hades se encontraba disfrutando de la tranquilidad de la mañana, tomando un baño de sol.
Estaba sentado sobre una amplia plataforma de madera creada mediante Mokuton, con las piernas cruzadas en una postura de meditación. Su espalda permanecía recta, sus hombros relajados y su respiración fluía con una calma casi ceremonial.
Los primeros rayos del sol de la mañana atravesaban el cielo todavía cubierto por nubes grises. La luz descendía en columnas irregulares que iluminaban fragmentos del paisaje devastado, creando largas sombras sobre la tierra seca y ennegrecida.
El contraste era curioso.
Un escenario arruinado por una batalla de proporciones divinas… y en medio de todo aquello, un dios descansando tranquilamente mientras revisaba su sistema como si estuviera leyendo correos electrónicos atrasados.
Originalmente, Hades había planeado dirigirse de inmediato hacia el enorme cráter donde se encontraba el misterioso sello que había descubierto el día anterior.
Su intención inicial había sido simple: llegar, investigar… y si era necesario, romperlo para completar la misión.
Pero después de pensarlo con más calma —y recordando muy claramente cómo había terminado su último encuentro con los “mecanismos divinos”— decidió que precipitarse directamente hacia un peligro desconocido no era la mejor idea.
Al menos no esta vez.
Así que ahora se encontraba revisando con calma los cupones que tenía acumulados dentro del sistema.
Estos boletos eran el resultado de muchas misiones completadas a lo largo de los años: algunas peligrosas, otras absurdamente simples, y unas cuantas que honestamente ni siquiera recordaba haber terminado.
No era una cantidad espectacular. Pero dadas las circunstancias… Hades estaba dispuesto a apostar.
Tal vez, solo tal vez, su suerte finalmente le permitiría obtener algo útil.
Una habilidad de apoyo, o incluso un artefacto para el combate. Algún objeto que aumentara sus probabilidades de sobrevivir al siguiente desastre estaría genial para el en esos momentos.
“Mmmh…”
Hades observó la lista flotante de cupones pasar con rapidez, y de inmediato una expresión ligeramente amarga se dibujó en su rostro, el arrepentimiento invadió su corazón como una ola.
De haber sabido que las cosas terminarían escalando hasta este nivel… probablemente habría tomado mucho más en serio las misiones cotidianas del sistema.
Era cierto que, en comparación con las misiones de alto riesgo, las recompensas eran mucho más modestas. La gran mayoría de ellas dando recompensas de bajo nivel como lo son los cupones comunes.
Pero incluso así, acumular cupones de bronce con cierta regularidad no era algo particularmente difícil mediante las misiones de baja dificultad.
“Qué lástima…”
Se llevó una mano al mentón mientras hacía una pequeña mueca.
“Quizás, en vez de pasar horas jugando o paseando por Thalassia… habría sido una mejor idea dedicarle algo más de tiempo al sistema.” Dijo Hades con arrepentimiento.
El comentario quedó flotando en el aire unos segundos, y luego dejó escapar un largo suspiro.
(Suspiro)
“Pero bueno no sirve de nada lamentarse por aguas pasadas… ya estamos aquí.” Dijo sacudiendo ligeramente la cabeza. “Así que sigamos adelante con lo que tenemos.”
Con un simple gesto de la mano — aunque realmente no era necesario— cambió de ventana dentro de la interfaz del sistema, abriendo una sección que llevaba años —literalmente años— sin revisar, una función del sistema que seguía acompañándolo como una especie de recordatorio constante de su propia impaciencia juvenil.
El apartado de descargas.
La pantalla se abrió mostrando una barra de progreso casi inmóvil, su progresión era tan lenta que casi parecía burlarse de él.
Hades ya conocía la cifra aproximada de tiempo que todavía quedaba para que se completará la descarga, y aun así… verla siempre tenía el mismo efecto frustrante.
[Descarga de archivos]
[Archivos descargados {1/1}: espacio lleno]
[Tiempo de descarga]
{Ashborn, Monarca de las Sombras – Solo Leveling}
— Tiempo restante: 11 años – 5 meses – 20 días – 14 horas – 6 minutos
Hades entrecerró los ojos.
“De haber sabido que la espera sería tan larga… mejor habría descargado una versión más fuerte del monarca de las sombras, como por ejemplo a Sung Jin-Woo.” Su voz sonó algo apagada, casi resignada, mientras le dedicaba una mirada en blanco a la pantalla del sistema.
Mentiría si dijera que no sentía cierto arrepentimiento por haber iniciado una descarga tan absurda durante sus primeros años en este mundo.
Pero al final del día… Hades, no podía culpar a nadie más que a sí mismo.
Después de todo, había sido su brillante idea descargar a un personaje de nivel planetario como lo es Ashborn como su tercera descarga.
¿El resultado de su acción?, ahora su único espacio de descarga estaba bloqueado durante más de una década. Y mientras el archivo siguiera en proceso… no podía iniciar ninguna otra descarga.
La única manera de acelerar el proceso era reducir la brecha de poder entre él y el Monarca de las Sombras.
Lo cual, siendo realistas, era ridículamente difícil, casi una fantasía para el Hades actual que ni siquiera podía ser considerado el ser más fuerte de su mundo, y mucho menos podía ser comparado con el más débil de los monarcas o gobernantes.
Por lo que su mejor la alternativa de momento era simplemente esperar pacientemente durante años, mientras el archivo terminaba de descargarse.
Desde un punto de vista objetivo, aquello no debería ser un gran problema, después de todo Hades era un dios griego. Un ser que si bien no puede ser llamado inmortal, sigue siendo sumamente longevo, que gracias al sistema era una entidad cuya vida potencial podía extenderse de manera indefinida por cientos o incluso Miles de milenios.
Todo eso, al menos sobre el papel, suena increíble, de no ser porque había un pequeño detalle en todo aquello que realmente podría llegar a afectar a Hades… Su mente.
Hay que recordar que gracias al efecto del sistema conocido como “Mente Gamer”, su estabilidad mental permanecía protegida… pero en esencia su forma de pensar y mentalidad seguían siendo fundamentalmente humanas.
Lo cual, a largo plazo podría no ser algo tan bueno para Hades.
Hades al principio pensó que en algún momento el tiempo comenzaría a pasar más rápido para él.
Que las décadas de espera por la descarga se sentirían como meses, que las décadas se serían simples pestañeos, pero no fue así en lo más mínimo.
La divinidad afectó su esperanza de vida, si, pero no alteró su percepción del tiempo. Solo le permitió soportar esperas más largas sin volverse loco debido al deterioro del envejecimiento, lo cual desde la perspectiva humana de Hades, apestaba totalmente.
“Sí…” murmuró mirando el cielo. “Esperar un día de por si ya es aburrido, pero esto es simplemente ridículo.”
Hades no podía ni imaginarse el que hubiera pasado si en vez de un personaje de alto rango de “Solo Leveling”, hubiera descargado a algún personaje más poderoso como a alguna potencia de los cómics Marvel/DC, o a algún monstruo del manga, como lo son los personajes principales de los shōnen’s.
La espera, muy probablemente habría durado uno o varios siglos en completarse.
Así que desde ese punto de vista… la única solución para Hades en aquella situación era esperar con vehemencia y hacer lo posible para mantenerse ocupado y no pensar más en eso.
Aprovechar su tiempo en cosas que le interesen, como el aprender cosas nuevas, el pelear con oponentes fuertes, entrenar con sus hermanos, y el explorar lugares nuevos.
Esas eran cosas que Hades podría hacer para matar el tiempo, porque si se quedaba quieto esperando once años… Bueno. Incluso con una mente divina, eso sería una forma bastante eficaz de volverse loco, y a nadie realmente le gustaría vivir en el mismo mundo que un reencarnado con un sistema con el potencial de poner en peligro al multiverso entero, y un tornillo zafado en su cerebro.
Aunque, siendo honestos, al menos había una ventaja curiosa en su condición actual. Y es que a diferencia de los cerebros humanos —que tienen un límite natural para almacenar recuerdos e información— el núcleo divino de Hades funcionaba de una forma muy distinta.
No era exactamente un cerebro convencional, ni un alma en el sentido estricto de la palabra, ni mucho menos una mente en el sentido tradicional.
Era algo más cercano a un núcleo espiritual que almacenaba su chispa divina en forma de información… y al mismo tiempo registraba todas sus experiencias, transcribiéndolas como si fueran una especie de datos, como un banco de memoria espiritual en constante expansión.
El cual, cuanto más aprendía Hades, más espacio parecía generarse para almacenar más conocimientos, mejorando su energía espiritual y capacidades de aprendizaje. Razón por la que Hades era tan bueno en el uso de la magia —además de los rasgos de su linaje de Titán—, y a la vez poseía una mente y alma naturalmente más resistentes que las de los seres vivos basados en carbono, e incluso otros dioses.
Por lo tanto, Hades no tenía que preocuparse por “llenarse” de recuerdos, ni por qué su cuerpo fuera destruido.
Ya que incluso si su cuerpo físico moría, mientras su núcleo divino siguiera existiendo Hades podría volver a reformarse a partir de la esencia e su poder divino, y de la información que se encontraban almacenados en el interior de su núcleo divino. Núcleo cuya capacidad de almacenamiento y poder espiritual crecerán junto con la existencia de Hades. A medida que este siga viviendo y fortaleciéndose.
Aunque, siendo sinceros… No es que hubiera una enorme variedad de conocimientos dentro de ese archivo mental.
La mayor parte estaba compuesta por fragmentos de su vida anterior.
Recuerdos incompletos, escenas sueltas y borrosas, conocimientos variados pero bastante dispersos como para ir más allá de ser referencias vagas de la cultura de los 2000. Algunos libros de ciencia, y cultura además de varias novelas de fantasía y varios animes que parecían ser bastante buenos.
Pero si había algo que destacar era el sorprendente número de recetas de cocina a la parrilla, basados en carné y pescado. Aunque muchas estaban incompletas.
Pero, lo más curioso para Hades no era lo que recordaba, lo curioso era justamente lo que no recordaba.
No recordaba a su familia, o siquiera haber tenido una, no recordaba nada de su vida cotidiana más allá de breves fragmentos de rutinas y lugares difuminados, ni siquiera recordaba su propio rostro, su apariencia física, o el como sonaba su voz.
¡Es más!, Hades ni siquiera estaba completamente seguro de si realmente había sido un hombre antes de reencarnar.
Cuando “El” le permitió elegir la apariencia con la que reencarnaría… simplemente asumió que lo era, ¿El por qué?, bueno la respuesta es tan sencilla como absurda.
Porque la mayoría de los conocimientos almacenados en su mente parecían corresponder a un perfil muy específico:
Un otaku treintañero amante de la fantasía que pareciera no haber tenido una sola relación romántica en su vida.
Por eso nunca se le pasó por la cabeza él la idea de qué podría en realidad haber sido una mujer, después de todo… ¿Qué chica se tomaría el tiempo de leer los 66 tomos de Dragon Ball, desde el clásico hasta Super?
A menos que fuera una fanática extremadamente dedicada a la obra del sensei Akira con demasiado tiempo libre… aunque eso Hades lo consideraba poco probable.
Además, los isekai tenían una especie de “regla no escrita” que solian seguir el noventa por ciento de las veces… El reencarnador o protagonista de la obra, por lo general era un hombre.
“Vastante simple, ¿Verdad?”
De todos modos, en aquel momento, cuando estaba apunto de empezar su nueva e incierta vida, el comenzar como un hombre le había parecido la opción más segura.
Porque, solo imaginemos el siguiente escenario, al principio Hades no sabía si su reencarnación sería un renacimiento total o si sería transferido a un nuevo mundo ya siendo un adulto con el cuerpo de su avatar auto-creado, y si al contrario de su decisión final Hades hubiera reencarnando como una mujer. Y recordando que el método de reencarnación sería al azar, en vez de empezar desde cero como un bebé, de repente transmigrado a un mundo diferente y hubiera caído en un lugar peligroso como por ejemplo una cueva Llena de goblins…
“Dios santo…” Hades se llevó una mano a la cara. “No. Mejor no pensar en eso.”
Hades al igual que cualquier persona que hubiera leído novelas de fantasía de principios de los 2000, o hubiera visto el anime de goblin Slayer, sabía perfectamente lo que esos pequeños y monstruosos ¡hijos de P###! solían hacerle a las mujeres.
Hades, de ninguna manera aceptaría ese tipo de ruta histórica para su nueva vida, ¡primero muerto antes que eso.!
Sacudiendo la cabeza para alejar esos pensamientos desagradables, Hades finalmente centró su atención en lo verdaderamente importante.
La ventana del sistema volvió a cambiar, para mostrar el apartado de gacha, en medio de la pantalla los cupones flotaban frente a él como fichas de casino, mientras que por encima de ellos una colorida rueda multicolor permanecia inerte.
Eran los 104 cupones que había pasado dos años acumulándo… y por fin había llegado el momento de utilizarlos. Solo que a diferencia del uso casual que solía darles, esta vez pensaba usar todos y cada uno de ellos.
Con suerte… Quizás obtendría algo verdaderamente útil, que pudiera aumentar su poder.
“Muy bien…”
Hades estiró los músculos de su espalda, con un giró de hombros. Luego tronó lentamente los dedos de ambas manos.
¡Crack!
Todo mientras una sonrisa llena de expectación aparecía en su rostro.
“¡Sistema!” Sus ojos brillaban con entusiasmo.
“¡Es hora de empezar!”
Su tono era tan confiado que casi parecía que había olvidado un pequeño pero fundamental detalle.
El sistema de gacha funcionaba mediante un algoritmo de selección completamente aleatorio, para el sistema no existía el destino ni la probabilidad asegurada, tanto en el sistema de Hades como en los juegos de gacha, la suerte era el único factor real que podía ejercer alguna influencia.
Pero Hades, claramente, había decidido ignorar ese hecho por el momento, y poner todo su corazón en sus preciosos cupones.
[A sus órdenes, Anfitrión.] respondió la voz mecánica del sistema.
“Muy bien, empecemos con los cupones comunes”, dijo Hades.
[Entendido, Anfitrión. ¿Cuántos cupones desea utilizar?] se escuchó la voz interrogativa del sistema.
Hades apenas lo pensó antes de responder.
“Sistema… úsalos todos”.
[Ding~]
[Entendido, Anfitrión. Se están usando 57 cupones comunes.]
En la pantalla del sistema, la rueda multicolor que antes estaba inerte de repente comenzó a girar a gran velocidad. A medida que rotaba, miles de nombres de artículos diferentes aparecían y desaparecían en sus casillas como destellos fugaces.
La rueda giró durante varios minutos hasta que finalmente se detuvo.
Entonces el aviso del sistema volvió a sonar.
[¡Ding!~]
[Felicidades al Anfitrión por haber obtenido las siguientes recompensas.]
{Camiseta de recuerdo del Museo Smithsoniano: X1}
{Un millón de dólares sin marcar}
{Media tonelada de uranio — sin refinar}
{Caja de municiones calibre .50: X4}
{Paquete misterioso de Amazon: X1}
{Caja de cerveza x12 unidades}
{Paquete de DVD Un Show Más, edición coleccionista: X1}
{Antena parabólica helicoidal de larga distancia: X1}
{Set PC Gamer de alta gama personalizado: X1}
{Un machete oxidado: X1}
{Técnica del clon ilusorio de los tres cuerpos — Naruto}
{cargamento de; <> X1}
{Paquete de cartas coleccionables Yu-Gi-Oh; Deck/Mazo: Mago Oscuro X1}
{Rastreador de poder de tercera generación — Dragon Ball: X1}
{Poción de Mana mediana: X5 — Exiled Kingdoms}
{Las llaves de un búnker de la tercera guerra mundial: X1}
{Bloque de esponja marina — Minecraft}
{Una bota mordida}
{Contenedor perdido de Apple: X1}
{Ojos de araña — Minecraft: X3}
{Gafas de trucho: X1}
{Motor de combustión V8 biturbo; Ferrari: X1}
{El hueso de la pierna de un Ankylosaurus: X1}
{La Chancla del infinito: X1}
{Cargamento de frituras: X4}
{Caja de voz cybertroniana: X1}
{Misil Balístico Intercontinental – ICBM: X3}
{Chicle masticado por Scarlett Johansson: X1}
{Bote de remos —sin remos incluidos: X1}
{Motor de empuje fusiforme — Incom 4L4 — Modelo T-65B: X2}
{Hueso del alma del dedo meñique del pie de 10 años: X1}
{Dolor de riñones repentino: X1}
{Cámara Polaris: X1}
{Cáncer de tiroides: X1}
{Planos de la estación espacial Crysalis — proyecto hyperion: X1}
{Patada fantasma en los bajos: X1}
{Medio grano de arroz: X1}
{Linterna de 2000 lúmenes sin batería: X1}
{Desodorante old spice: X12— ¡huele a hombre, hombre de pies a cabeza! ¡¡¡Hooooooooooo!!!}
.
.
.
Hades siguió mirando la larga lista de objetos que había obtenido a través del gacha del sistema con una expresión de interés.
La mayoría de las recompensas que obtuvo, aparte del hueso de dinosaurio, no valían lo suficiente como para dedicarles una segunda mirada. Después de todo, los cupones comunes no suelen dar recompensas valiosas o llamativas como artefactos místicos o factores de superhabilidades.
Por el contrario, existe cierta posibilidad de obtener desventajas como enfermedades u objetos dañinos para uno mismo, como por ejemplo el… Cáncer… Por supuesto, lo bueno es que Hades es completamente libre de decidir si aceptar o no las recompensas.
Pero entre todas ellas hubo una que llamó fuertemente su atención: el rastreador de poder de combate del mundo de Dragon Ball.
Esto interesó enormemente a Hades.
Después de todo, si bien no era extraño obtener artículos de tecnología avanzada por medio de un cupón de bronce, estos normalmente eran tecnologías de uso cotidiano, sin ningún tipo de función ligada al combate.
Además, también estaba el hecho de que, a menos que el artículo obtenido a través de un cupón común fuese de una rareza extremadamente baja, era prácticamente imposible obtenerlo.
Hades no recordaba con precisión si el rastreador de las fuerzas especiales de Freezer era un artículo de uso común o si era una tecnología exclusiva de sus tropas.
Aunque parecía recordar vagamente que, en el manga de Dragon Ball, aparecieron algunas variantes de ese dispositivo que utilizaban tecnología similar.
“Mmm… quizás sea una buena idea releerlos después”, dijo finalmente Hades.
Ahora estaba bastante curioso por el rastreador, así que con una orden mental envió el resto de los artículos al almacenamiento del sistema.
Con otro pensamiento, un artefacto de aspecto exótico apareció en su mano. Parecía una extraña combinación entre un auricular y un monóculo futurista.
“Genial… siempre quise uno de estos”, dijo Hades mientras sujetaba el pequeño aparato con cuidado y lo examinaba con creciente interés.
Su apariencia consistía en una diadema curva de color blanco con pequeñas decoraciones negras. En uno de sus lados sobresalía un visor cristalino verde de forma rectangular.
Al enfocar su vista en el cristal, Hades pudo distinguir vagamente el contorno de los diminutos circuitos que componían el pequeño panel que se fijaba frente al ojo izquierdo para mostrar la información visualmente.
Hades lo tanteó.
El diseño era pequeño y ligero, claramente pensado para mantener la comodidad incluso en medio del combate.
Al presionar el botón en la parte posterior del auricular, una interfaz con símbolos extraños de colores verde claro y amarillo apareció en el pequeño panel.
Al principio, Hades se emocionó.
Pero pronto se dio cuenta de que no entendía en absoluto lo que significaban aquellos símbolos.
Después de todo, Hades no sabía leer el idioma que utilizaban los aliens de Dragon Ball.
Es más, incluso si hubiera obtenido la versión del rastreador modificada por Bulma Brief para mostrar el texto en símbolos japoneses, seguiría sin poder entender lo que decía la pequeña pantalla.
Después de todo, el cerebro de Hades estaba predeterminado para el idioma griego antiguo.
Y si bien, como reencarnado, por supuesto conocía otros idiomas, estos se limitaban al español y al inglés.
Por lo tanto, Hades no tenía ni la menor idea de lo que mostraban aquellos números y símbolos extraños.
Mucho menos podría hacer algo como realizar una medición precisa de poder… o utilizar las funciones de receptor y transmisor que sabía que el rastreador poseía.
Hades lo observó por unos instantes antes de decidirse a utilizar la función de análisis de su sistema.
[Rastreador de Poder de Combate — Modelo Frieza Force 3.7]
[Estado: Activo — sin conexión a la red galáctica]
[Idioma: Idioma universal estándar — Traducción requerida]
{Funciones disponibles}
-Escaneo de poder de combate
-Detección de energía a larga distancia
-Comunicación interplanetaria
-Conexión a la red informática universal / red privada del ejército de Freezer
-Registro de firmas de energía
-Historial de combate y registro de audio en tiempo real
[Frecuencia abierta]
–Canales disponibles:
–Canal militar estándar
–Canal de escuadrón
–Canal privado
–Canal abierto [inhabilitado]
Estado de señal: [Desconectado]
{No se detecta ninguna red disponible para vincular}
“Tiene más funciones de las que creí”, dijo Hades mientras observaba la descripción del sistema.
“Solo es una lástima que no pueda leerlo por mi propia cuenta… pero no es como si no tuviera otras opciones”.
Al momento siguiente, Hades sacó un objeto de su inventario.
Eran unas aparentemente simples gafas de lectura.
Pero por supuesto, aquellas gafas no tenían nada de simples. En el mismo instante en que Hades se las colocó, los símbolos ilegibles que se encontraban en la pantalla cambiaron para asemejarse más a letras del dialecto griego que él era totalmente capaz de entender.
Hades apuntó el rastreador hacia la distancia, donde se encontraba uno de sus clones de madera. En ese momento, el clon estaba utilizando su chakra Mokuton para hacer que una pequeña montaña, rodeada por un denso mar de árboles, brotara del suelo con la intención de restaurar la ya bastante maltratada isla.
[Escaneo iniciado…]
{Resultado}
Nombre: Desconocido
Raza: Botánica / Xiloide — desconocida
Firma de energía: Biológica — desconocida
Poder de combate: 342
Nivel de amenaza: clase baja
Estado físico: ¿? — Desconocido
Salud: ¿?% — Desconocido
Fatiga: ¿?% — Desconocido
Distancia: 12.235 metros
“…¿?”
Hades se detuvo por unos momentos, mirando los datos de la pantalla con evidente confusión.
“¿342?… pero eso no es correcto”.
“Si bien mis clones de madera no son ni la mitad de fuertes que yo, al menos deberían superar las mil unidades de poder de combate. Después de todo, cada uno posee una cantidad considerable de chakra en su interior”, murmuró Hades con desconcierto.
Es decir, si bien en comparación con el el Chakra que poseen sus clones palidece notablemente, cada uno de ellos sigue teniendo una cantidad considerable de Chakra en su interior, al menos siendo superiores al nivel de un kage ordinario, no por nada son los legendarios clones de madera, una técnica que en términos de desgaste es incluso más exigente que la técnica de los clones de sombra.
Un jutsu tan complicado y con requisitos de chakra tan altos que incluso personajes de nivel jōnin como Yamato solo podrían crear uno de ellos antes de agotar todo su chakra, y solo personajes del nivel más allá de kage como Hashirama Senju podrían usar el máximo potencial de la técnica.
Para comprobar las cosas mejor, giró la cabeza hacia la distancia y apuntó el lente del rastreador en dirección a sus demás clones Mokuton.
[Radar de energía activado]
Objetivos detectados: 6
1 — Poder: 180
2 — Poder: 200
3 — Poder: 278
4 — Poder: 420
5 — Poder: 196
6 — Poder: 250
Distancia máxima del objetivo: 25 km
“Esto… ¿acaso el radar se equivocó?”
Hades no estaba seguro de si lo que se mostraba en la pantalla era correcto, pero por si acaso decidió apuntar el visor hacia sí mismo y presionar el botón para activar el escaneo.
[Escaneo iniciado…]
{Resultado}
Nombre: Desconocido
Raza: Desconocida / Humanoide
Firma de energía: Orgánica — desconocida
Poder de combate: 72
Nivel de amenaza: clase baja
Estado físico: 100%
Salud: 98%
Fatiga: 87%
Distancia: 0,3 metros
Hades no pudo evitar sonreír al ver los datos en la pantalla del rastreador.
Gracias a aquello, ahora tenía una idea bastante clara de lo que estaba ocurriendo.
Lo más probable era que los rastreadores del mundo de Dragon Ball funcionaran con estándares energéticos muy diferentes a los de su sistema.
Incluso cuando estaba suprimiendo la mayor parte de su poder y dejando escapar apenas una fracción —algo equivalente al poder de un ser mágico de clase media a alta, suficiente como para destruir una buena parte de una ciudad pequeña— el rastreador apenas mostraba que Hades poseía 72 unidades de poder de combate.
Algo que a primera vista sonaba bastante ridículo.
Al menos hasta que finalmente recordó que el Ki en Dragon Ball era una energía completamente diferente a la energía mágica del mundo de DxD o al chakra de Naruto.
Todas ellas pertenecían a sistemas de poder completamente distintos.
Si bien el Ki de Dragon Ball y el chakra de Naruto son energías que se forman mediante la unión de la energía vital, espiritual y mental de un individuo, sus naturalezas y orígenes difieren bastante.
El Ki es una energía que surge de manera completamente natural en los cuerpos de los artistas marciales que aprenden a manifestar su energía vital para el combate.
Mientras que el chakra del mundo de Naruto es el resultado de una alteración en la biología de los seres vivos, causada por las incursiones del clan Ōtsutsuki en la Tierra, lo que permitió que las formas de vida del planeta desarrollaran la capacidad de manifestar y manipular esa energía.
¿En cuanto al poder mágico del mundo de DxD?
Hades ni siquiera iba a molestarse en rascarse la cabeza pensando de dónde provenía.
Después de todo, el maná que recorría su mundo —y muchos otros más allá de la grieta dimensional— parecía menos una energía natural y más una regla cósmica fundamental que regía la realidad.
Ni siquiera sabía si era generado por el propio planeta o si provenía de algún reino superior.
Tampoco es que le importara demasiado.
Después de todo, Hades ya ni siquiera necesitaba absorber maná del ambiente para reponer su poder divino, ya que su corazón de titán se encargaba de ese aspecto, al ser un órgano capaz de producir energía mágica por sí mismo.
Pero de lo que sí estaba seguro era de que el Ki de Dragon Ball poseía una potencia bruta muchísimo mayor que la magia de DxD o el chakra de Naruto.
Aunque estas últimas probablemente superaban al Ki en ciertos aspectos con lo son la versatilidad y requisitos más bajos para su usó.
Después de todo, tomando como ejemplo al todo mentiroso mister estafa— quiero decir, el excelentísimo Mr. satan, que teniendo menos de 50 unidades de poder todavía fue capas de arrastrar una fila de autobuses escolares con tan solo su fuerza física, además de tener la fuerza suficiente como para atravesar el acero con sus puños e incluso reaccionar a disparos de bala. Ha, tampoco hay que olvidar la vez en qué Cell, literalmente lo estrelló contra una montaña con un golpe casual, y el tipo sobrevivió con apenas algunas heridas graves.
Simplemente bestial para los estándares de cualquier otro mundo, incluyendo a mundos de menor nivel que se especializan en artes físicas como Naruto y One piece.
Incluso personajes de las primeras etapas de la serie, con menos de 500 unidades de poder de combate ya eran capaces de destruir un satélite natural como la Luna… y poner en peligro la existencia del planeta Tierra.
Por supuesto, Hades no dudaba de que aquello fuera cierto.
Después de todo, en el apartado de descargas de su sistema, la mayoría de los personajes de Dragon Ball —incluyendo al Goku del final de la saga de los Saiyajin— tenían tiempos de descarga que iban desde varias décadas hasta cientos de años.
Eso sin contar las versiones de Dragon Ball Super y Heroes, donde algunos llegaban a tener tiempos de descarga cercanos a los dos mil años… o incluso superiores.
Así que Hades sabía perfectamente que, incluso si intentara medir su poder divino total sumado a su Chakra utilizando la escala de Dragon Ball, probablemente ni siquiera alcanzaría el rango de las diez mil unidades de poder.
Pero aun sabiendo eso… la curiosidad seguía ahí.
Después de todo, una cosa era hacer cálculos aproximados… y otra muy distinta era ver el número real, además ya tenía un rastreador de poder de la Frieza Force, lo mínimo que podía hacer era usarlo.
“¡Kage Bunshin no Jutsu!”
Hades cruzó los dedos formando una X frente a su pecho mientras realizaba el conocido sello del jutsu de clones de sombra.
‘¡Puf!’
Con una explosión de humo blanco, un clon idéntico a él apareció a su lado. Tenía la misma apariencia, la misma postura… e incluso la misma expresión ligeramente confiada que parecía decir “sí, soy increíble y lo sé”.
Sin perder tiempo, Hades le entregó las gafas de lectura y el rastreador de poder.
“Ve a la distancia y apúntame directamente”, dijo Hades señalando hacia un área despejada en la lejanía de la isla.
El clon observó el equipo durante un segundo antes de asentir con una expresión absurdamente seria.
“¡Señor, sí señor, entendido señor!” Luego levantó la mano en un saludo militar exageradamente rígido, con una expresión tan cómicamente seria que parecía sacada de una parodia.
Hades levantó una ceja.
Al instante siguiente el clon desapareció.
¡Whoosh!
El clon había salido disparado a la lejanía utilizando la técnica del parpadeo corporal, convirtiéndose en una sombra borrosa que cruzó la isla a una velocidad impresionante.
Pasaron varios segundos.
Finalmente, el clon se detuvo a una distancia de más de diez kilómetros de Hades. Lo suficientemente lejos como para que no se viera afectado por lo que este estaba a punto de hacer.
Una vez en posición, el clon se acomodó primero las gafas de lectura sobre el puente de la nariz con gesto profesional. Luego se ajustó el rastreador en la oreja y comenzó a manipular los controles del dispositivo hasta activar la función de escaneo.
La pequeña pantalla se iluminó inmediatamente cuando un pequeño pitido resonó en el aparato.
“¡Listo!”
El clon levantó el pulgar en dirección a Hades, aun sabiendo que desde esa distancia probablemente no podría verlo.
Pero el gesto era completamente simbólico eso era lo importante. Era el gesto clásico del “todo está preparado”.
A varios kilómetros de distancia, Hades sonrió con entusiasmo.
“Muy bien…” Sus labios se curvaron lentamente con una sonrisa llena de emoción. “Entonces es momento de hacer esto.”
Su voz estaba cargada de una emoción casi reverente, como si estuviera a punto de participar en un ritual sagrado, aunque en cierto modo… lo era.
Hades separó las piernas hasta adoptar una postura firme. En el momento siguiente separó ligeramente las piernas y flexionó las rodillas para bajar su centro de gravedad mientras sus pies se clavaban con fuerza contra el suelo.
Después llevó ambas manos a los costados del cuerpo, cerrando los puños mientras tensaba cada músculo de sus brazos, causando que los músculos de su torso se contrajeran.
Era la mítica pose clásica, la legendaria postura que cualquier fan del shōnen reconocería al instante.
La pose universal de: “Mírame, mundo… estoy a punto de aumentar mi Ki.”
Y considerando lo que estaba a punto de hacer, Hades sentía que tenía todo el derecho del mundo a usarla.
“¡HAAAAAA!”
Con un grito lleno de pura pasión shōnen, Hades dejó de contener su energía divina, al mismo tiempo que liberaba la enorme cantidad de chakra acumulado dentro de sus redes espirituales internas.
‘¡Rumble!’
Una explosión de poder recorrió su cuerpo.
Cada célula del cuerpo de Hades vibró violentamente mientras una presión abrumadora se liberaba desde lo más profundo de su ser.
Entonces apareció.
A su alrededor comenzó a manifestarse un aura oscura de miasma que parecía absorber la luz del entorno, como si la misma muerte hubiera decidido tomar forma alrededor de su figura.
Era un aura pesada y densa, la energía era tan densa que parecía absorber la luz del ambiente con un poder cargado con el peso del inframundo mismo.
Curiosamente, aquella aura no era especialmente grande.
Solo se expandía aproximadamente cuatro metros alrededor de Hades.
Pero las apariencias engañaban.
Aquella aura aparentemente pequeña era en realidad una cantidad extremadamente comprimida de poder divino del inframundo.
En cuanto a porque no era más grande, no era porque Hades no pudiera expandirla más. En realidad… era todo lo contrario.
La razón por la que la mantenía comprimida era simple, simplemente… No quería hacerlo más grande.
Todavía recordaba demasiado bien el incidente ocurrido en Creta.
Aquel pequeño “accidente” en el que liberó su poder sin pensar demasiado… y casi terminó hundiendo toda la isla en el mar.
Así que, para evitar provocar otro desastre geográfico esta vez tomó precauciones, Hades había aprendido a comprimir su divinidad y chakra alrededor de su propio cuerpo, evitando que su presencia energética se expandiera más allá de lo debido, como un límite artificial que evitaba que su energía se expandiera más allá de la isla.
De esa forma también reducía la posibilidad de atraer la atención de invitados no deseados.
Porque Hades sabía que en este mundo ser demasiado fuerte podía ser una invitación a problemas, incluso si uno era un dios…
Pero incluso conteniendo su poder al máximo, las consecuencias fueron inevitables.
Todavía había demasiadas cosas peligrosas y turbias ocultas en este loco mundo.
Incluso si se estaba conteniendo, la energía liberada por Hades todavía sacudió el terreno, las consecuencias de su poder seguían siendo devastadoras.
El suelo a su alrededor se fracturó con un crujido profundo y grietas profundas se abrieron como cicatrices en el suelo. Una violenta onda de presión —mezcla de energía del inframundo, poder sagrado y chakra— barrió el terreno en todas direcciones como una tormenta invisible.
“¡HAAAAAAAAAAAAARG!”
El grito de Hades resonó mientras liberaba aún más energía.
El miasma oscuro liberado por Hades se expandía alrededor de su cuerpo como humo viviente, comenzando a devorar la vida del entorno. Las plantas se marchitaban ante su toque decadente, y los insectos caían muertos al entrar en su rango de efecto, también los pequeños animales se descomponían después de unos segundos de contacto.
Ante el poder de la muerte cualquier forma de vida que tocara esa energía comenzaba a descomponerse casi instantáneamente.
A la distancia la hierba se marchitaba, las hojas de los árboles se ennegrecían, y los pequeños microorganismos caían muertos.
Pero en el mismo instante, una segunda energía se manifestaba.
Una energía sagrada que rodeaba a Hades como una barrera luminosa se expandió como un fuego purificador que anuló los efectos del aura de miasma, neutralizando la corrupción de la muerte con una velocidad aterradora.
Ambas fuerzas chocaron constantemente formando un equilibrio imposible.
Muerte y santidad.
Oscuridad y pureza.
Penumbras y agua.
Las dos energías opuestas que coexistian dentro del mismo ser se neutralizaban entre sí a una velocidad aterradora.
Mientras tanto, el Chakra de Hades seguía fluyendo desde su cuerpo con una presión tan intensa que, por momentos, el espacio a su alrededor parecía ondular como la superficie de un lago agitado.
Al principio, las consecuencias solo afectaron las zonas cercanas, pero pronto la perturbación comenzó a propagarse por toda la isla.
Los vientos rugieron como bestias salvajes, secciones enteras de árboles fueron arrancadas de raíz y grandes rocas rodaron por las laderas. El terreno tembló violentamente cuando un terremoto localizado sacudió la isla hasta sus cimientos.
Desde el centro de todo aquel caos, Hades observaba el desastre con una expresión de concentración absoluta.
En ese momento no podía permitirse el más mínimo error, ni una sola distracción.
Porque incluso una pequeña pérdida de control podría hacer que su poder se expandiera más allá del mar fuera de los límites del océano, y Hades definitivamente no quería que otros seres poderosos percibieran su presencia.
Esa era una de las principales razones por las que, incluso durante las batallas, siempre intentaba minimizar el impacto de su poder.
Cada vez que utilizaba magia o chakra, se esforzaba por mezclarlo con la energía natural del ambiente para camuflar su energía y disminuir el riesgo de que alguien pueda seguir su firma energética.
Era una técnica simple pero efectiva.
Porque Hades sabía un hecho muy simple pero real de su mundo.
En la mayoría de los casos, ser fuerte era una ventaja. Pero en un mundo como este ser demasiado fuerte… demasiado fuerte era una invitación para los problemas.
Después de todo nunca sabías cuándo aparecería algún loco absurdamente poderoso con la brillante idea de matarlo o sellarlo solo para demostrar que podía hacerlo, y afirmar que su frágil ego inflado tenía algún valor, para variar.
Sí, así de desquiciada estaba la cosa.
Hades podía ser muchas cosas, infantil, irresponsable y un “Don comedia natural”, pero imprudente no era una de ellas cuando realmente se le requiere.
Hades era bastante paranoico en ese aspecto, y definitivamente no era una paranoia injustificada.
Después de todo, conocía perfectamente la naturaleza depredadora de los habitantes del Dragon x Deus.
En el mundo mágico, el poder siempre atraía conflictos, esa era una verdad ineludible, había múltiples ejemplos qué demostraban ese punto, bastaba con observar la historia de su propio panteón.
Los dioses griegos tenían una costumbre bastante peculiar para cambiar de liderazgo en cada generación: El patricidio.
kronos derrocando a Urano, Zeus derrocando a Cronos, y padres devorados por hijos en un retorcido ciclo eterno de poder y traición.
Así que, considerando el historial familiar… La ligera paranoia de Hades estaba, honestamente, perfectamente justificada.
.
.
.
“420… 550… 598… 680… 970… 1000… 1180… 1300… 1560…”
Al otro lado de la isla devastada, el clon de sombras que sostenía el rastreador observaba con los ojos muy abiertos cómo los números seguían aumentando sin detenerse, escalando de forma constante como si no existiera un límite claro para lo que estaba registrando.
“Increíble… con este poder ya superó a Raditz… y sigue subiendo,” murmuró el clon con una expresión analítica, aunque la emoción latente en su voz traicionaba su aparente compostura.
Después de todo, incluso con Hades conteniéndose deliberadamente, el nivel de poder que estaba demostrando era, sin exagerar, abrumador.
Apenas habían pasado unos pocos segundos desde que comenzó a liberar su energía, pero las secuelas ya eran visibles incluso a kilómetros de distancia, no solo el aire vibraba con una frecuencia irregular e incluso la presión ambiental había aumentado de manera notable.
Incluso la gravedad parecía estar fallando en ciertos puntos, como lo demostraban pequeñas piedras que flotaban lentamente en el aire antes de agrietarse y finalmente desintegrarse en partículas finas, incapaces de soportar la presión invisible que las rodeaba.
“Sé que ni de broma podría llegar al nivel de Goku o Vegeta en la saga Saiyajin…” continuó el clon, entrecerrando los ojos mientras seguía leyendo los datos.
“Pero sería interesante ver si al menos puede acercarse al nivel de Nappa.” Su tono se volvió ligeramente más reflexivo.
Después de todo, Nappa y Hades se encontraban —al menos en teoría— dentro de una escala comparable.
Ese punto donde un individuo deja de ser simplemente poderoso y pasa a ser una amenaza capaz de devastar continentes enteros con relativa facilidad.
Aunque incluso eso era discutible.
El clon ajustó el rastreador con un leve movimiento de dedos.
“Además, este aparato solo mide niveles de energía…” añadió con un leve chasquido de lengua. “No toma en cuenta habilidades, resistencia, regeneración ni características físicas especiales.” Así que todavía era muy difícil decir cuál de los dos era más fuerte.
Desde un punto de vista puramente objetivo, podría argumentarse que Nappa tendría ventaja gracias al poder destructivo directo del Ki.
Pero Hades… Hades era otra historia completamente distinta, no se quedaba para nada lejos de un Nappa a toda potencia como la digna anomalía de la naturaleza que era.
Después de todo Hades tenía una gran variedad de habilidades tanto pasivas como activas, todo cortesía de una mezcla absurda de sistemas de poder incompatibles entre sí.
Su increíble cuerpo venía con regeneración extrema, una resistencia desproporcionada a su raza y complexión física, y una cantidad bastante considerable de habilidades pasivas que podrían ser consideradas rotas y una fuerza física que no seguía ningún estándar lógico del mundo real.
“…Sí,” murmuró el clon, ladeando la cabeza. “Es como comparar a un guerrero de élite con… una cucaracha inmortal dopada con esteroides divinos, no se puede subestimar a ninguno, sobre todo a la cucaracha.”
Se quedó en silencio un segundo. “ok… decir eso da más miedo de lo que debería.”
“¿Qué está haciendo ese tipo ahora…?”
“¿Hm?”
De repente, el clon de sombras giró la mirada.
Sin darse cuenta de cuándo ocurrió, una pequeña multitud se había reunido a su alrededor.
Eran los siete clones de madera que Hades había distribuido previamente por la isla.
Todos observaban el espectáculo a la distancia, con expresiones que variaban entre cansancio, resignación y un toque de diversión.
“¿Amigo… es en serio?” dijo uno de los clones de madera, cruzándose de brazos mientras soltaba un suspiro pesado. “¿Acabábamos de arreglar este lugar y ya nos está dando más trabajo?”
“Esto ya es el colmo…” añadió otro mientras se jalaba los cuernos con frustración evidente. “¡Exigiré un aumento!”
Hizo una pausa dramática.
“…¡No! ¡Primero exigiré un salario para empezar!”
Al escuchar eso, varios clones no pudieron evitar soltar pequeñas risas divertidas. Otros simplemente negaron con la cabeza, claramente divertidos por el dramatismo innecesario de su compañero.
‘¡RETUMBAR!’
.
.
De forma súbita, casi como si el propio mundo hubiese decidido rebelarse contra su existencia, la tierra bajo sus pies se estremeció con una violencia descomunal. El suelo crujió, se agrietó y se onduló como si fuese una superficie líquida atrapada en un frenesí caótico. Los vientos, por su parte, no se quedaron atrás; rugieron con una intensidad ensordecedora, formando corrientes turbulentas que azotaban todo a su paso con una ferocidad casi primitiva.
Los clones reaccionaron al instante.
Sin perder un solo segundo, canalizaron su chakra hacia la planta de sus pies, adhiriendose al terreno con una precisión casi automática. La energía fluyó como raíces invisibles que los anclaban a la isla, estabilizando no solo sus cuerpos, sino también pequeñas porciones del terreno a su alrededor, evitando así ser arrastrados por aquella tempestad desatada.
“¡Mierda…!” exclamó uno de los clones de sombras, entrecerrando los ojos mientras alzaba una mano para cubrirse del violento vendaval que amenazaba con arrancarle la piel.
“Esta isla no aguantará mucho…” declaró otro clon con tono analítico, su mirada tornándose rojiza al activar el Sharingan. Sus pupilas giraron lentamente, escaneando cada detalle del entorno con precisión quirúrgica. “La superficie se está fracturando a una velocidad alarmante. Hay erosión acelerada, deformación estructural… y—” hizo una breve pausa, afinando su percepción “—sí, la placa tectónica que sostiene la isla está comenzando a ceder.”
“¿Y eso es malo?” preguntó otro clon a su lado, ladeando la cabeza con genuina curiosidad, como si aún no procesara del todo la gravedad de la situación.
El clon de madera con el Sharingan simplemente se encogió de hombros, cruzándose de brazos con aparente despreocupación.
“Depende de cómo lo veas. A nosotros… realmente no nos afecta demasiado. Somos reemplazables.” Su tono era plano, casi indiferente. Luego, giró la mirada hacia el centro de la isla, donde la barrera que sellaba el pilar de piedra permanecía firme en medio del caos. “Pero dudo que el original pueda completar la misión si esta cosa colapsa antes de tiempo…”
Los demás clones de Mokuton asintieron en silencio, aceptando aquella lógica sin necesidad de añadir más palabras.
“¡En ese caso, yo me encargo!” anunció de pronto uno de los clones de madera.
Antes de que alguien pudiera responder, su cuerpo comenzó a hundirse lentamente en el suelo, como si la tierra hubiese dejado de ser sólida para convertirse en una sustancia maleable que lo engullía con docilidad.
En cuestión de segundos, desapareció por completo bajo la superficie.
Descendió con rapidez, atravesando capas de tierra, roca y sedimentos, guiado únicamente por su percepción del flujo de energía. Más de cien metros bajo la isla, alcanzó finalmente una vasta red de cavernas naturales, sostenidas por enormes pilares de roca que conectaban la estructura insular con el lecho marino.
No perdió el tiempo.
Apoyó ambas manos contra la superficie pétrea y cerró los ojos, concentrando su chakra con una precisión milimétrica.
Entonces, lo liberó.
El chakra de atributo Doton se expandió como una marea invisible, infiltrándose en cada grieta, cada fisura, cada punto débil de la estructura. No se limitó a la zona inmediata: lo extendió, lo empujó, lo forzó a abarcar la totalidad de la isla, desde sus cimientos más profundos hasta la capa superficial que besaba el aire.
{Manipulación de Chakra — Elemento Tierra: Marea de flujo de tierra}
Una vez que su energía cubrió por completo la isla y su conexión con el lecho marino, comenzó la verdadera tarea.
Moldeó la tierra a gran escala, rellenando las grietas en la estructura compactando los minerales naturales como si fuera una prensa hidráulica, reforzando la densidad estructural de la isla hasta niveles absurdos.
Cada fragmento de roca, cada partícula de arena, cada estrato fue comprimido y reconfigurado, formando una estructura mucho más resistente, cohesionada y estable.
El efecto fue inmediato.
En la superficie, los temblores comenzaron a disminuir gradualmente. El violento terremoto que amenazaba con escalar a una magnitud devastadora se redujo a un temblor constante, todavía perceptible, pero lejos de la catástrofe inminente que había sido segundos atrás.
“Bueno… supongo que eso lo soluciona.” comentó con ligereza el clon de madera que poseía el Mangekyō Sharingan.
A través de su visión, podía observar cómo una capa casi etérea de chakra envolvía la isla en su totalidad. Desde el suelo que pisaban hasta los árboles que se aferraban a las montañas, todo estaba conectado, unido por una red invisible de energía que evitaba que la isla se desmoronara bajo las ondas de poder liberadas por Hades.
El clon observó en silencio durante unos segundos más antes de dejarse caer con tranquilidad, sentándose cerca de la figura del clon de sombras, quien permanecía con la mirada fija en el centro de aquel vórtice de energía caótica.
No tenía ni la más mínima intención de criticar al original.
(Al final del día… solo soy un clon… y si muero, ¿que importa?, al menos morí joven y guapo.)
Su existencia era efímera, transitoria. Probablemente desaparecería antes de ver las consecuencias reales de todo aquello.
En lugar de eso, su atención se desvió hacia otro asunto mucho más interesante.
El clon que llevaba el rastreador.
“Oye… llevas un rato con eso.” dijo, inclinando ligeramente la cabeza. “¿No piensas decirnos qué tan alta es su puntuación?”
El clon de sombras, que portaba unas gafas junto con el dispositivo de rastreo, percibió de inmediato cómo todas las miradas se posaban sobre él.
Y entonces… sonrió.
Una sonrisa torcida, cargada de intención.
“Su poder…” comenzó, alzando lentamente el puño.
Hizo una pausa dramática.
“¡¡¡Su poder es de más de 8000!!!”
Se hizo el silencio y un segundo después—
“Pffff— ¡JAJAJAJAJA!”
La carcajada colectiva fue inmediata.
Los clones estallaron en risas, algunos incluso doblándose sobre sí mismos, incapaces de contener la reacción.
“¡Jajaja! Eso estuvo bueno…” dijo uno desde atrás, sujetándose el estómago. “Pero ya, en serio… dinos la cifra real.”
El clon del rastreador suspiró, ajustándose ligeramente las gafas mientras volvía su mirada hacia la pantalla.
“Es… complicado. Parece que su poder ha alcanzado algún tipo de límite inestable.” Ajustó el dispositivo con cuidado. “Las lecturas fluctúan constantemente entre 2300 y 2500 unidades.”
Hizo una breve pausa antes de concluir:
“Podríamos decir que el original está en la escala de las dos mil unidades de poder.”
El ambiente se calmó ligeramente.
Esta vez, no hubo risas.
Pero tampoco sorpresa.
Los clones de madera y sombra intercambiaron miradas, procesando la información con calma.
Los demás clones no parecieron sorprendidos.
Después de todo, conocían bien las referencias en las cifras de poder, y después de todo, ya esperaban algo como eso.
Sabían perfectamente que, en términos de poder bruto, aún no podían compararse con los monstruos de ciertos universos.
Sobre todo con “Ese” universo, el siquiera compararse con el universo de Dragon Ball era una locura para ellos ahora… pero también era un estándar útil.
Y aun así…
Superar la barrera de las 2000 unidades era un logro ridículamente significativo.
Después de todo, en el universo de Dragon Ball, personajes del Maestro Roshi, con menos de 400 unidades, ya eran capaces de destruir la luna.
Y eso solo era el comienzo.
luego estaban monstruos de sagas posteriores como Raditz, un ser cuya sola presencia podía poner en jaque a todo un planeta de bajo nivel, aún pese a no ser el mas fuerte de su raza.
Ni hablar de Nappa, un guerrero de élite capaz de arrasar una ciudad con una facilidad aterradora, un saiyajin de élite en su representación más pura, un monstruo cuya mera presencia podía significar la aniquilación masiva a escala continental… o peor.
Y luego estaba él.
Vegeta.
El príncipe de los saiyajin.
El legendario ahorrador y padre presente—ausente.
El tipo al que le parten el ego y los huesos en cada ocasión en la que se enfrenta a un enemigo relevante para la trama.
El tipo que se sospecha comenzó con el “Tierra lo mas duro del sistema”
Un ser cuyo poder superaba con creces a todos los ya mencionados juntos, no solo era destructivo, sino apocalíptico.
Su ataque, el Galick Gun, tenía la capacidad de perforar la corteza terrestre y desestabilizar el núcleo de un planeta.
Un ataque así… no dejaba margen de error.
“Aunque los niveles de poder no sean equivalentes a los nuestros…” murmuró el clon del rastreador, observando cómo los números finalmente comenzaban a estabilizarse, “es útil tener una referencia.”
“Todavía estamos lejos de los monstruos de Namek…” añadió otro clon con tono reflexivo. “Pero superar el estándar energético del Dragon Ball clásico… ya es una hazaña considerable.”
Y era cierto.
El poder de Hades no solo era grande… era palpable.
El hecho de que su poder estuviese alterando el entorno a tal escala —no solo dentro de la isla, sino en millas a la redonda—, incluso mientras lo contenía activamente, era una prueba innegable de su crecimiento no solo en poder divino bruto.
Si no en su control, su influencia sobre las leyes que operan en su mundo y la presión que este ejerce sobre todo lo que lo rodea.
Aquello no era una simple demostración de fuerza, era un espectáculo de dominio.
Todo indicaba que Hades ahora se encontraba en una liga completamente distinta a la de antes.
El entorno entero reaccionaba a su existencia. El aire vibraba, la tierra se deformaba, y el mar, incluso a kilómetros de distancia, comenzaba a agitarse. Y aun conteniéndose, su presencia distorsionaba la realidad.
Sin embargo…
Aún no era suficiente.
No todavía.
Aunque, si realmente quisiera…
Podría hacerlo.
“Si quisiera…” comentó otro clon, pensativo, “podría usar la lanza Gungnir y desatar algo realmente absurdo…”
Varios asintieron.
Sabían bien de qué era capaz esa arma.
Hades ya había dejado su marca una vez, perforando el monte Otris con una facilidad insultante, creando un agujero comparable al tamaño del Empire State.
Y eso… no era normal.
Ese lugar, esa montaña… no seguía las leyes convencionales.
Era una anomalía mágica.
Un sitio donde incluso una explosión equivalente a un arma nuclear apenas lograba arrancar fragmentos de su superficie, aún cuando la lógica dicta que después de la explosión, aquella montaña junto con todo a 10 millas de distancia debería haber sido reducido a escombros por la explosión.
Y aun así—Gungnir la atravesó como si fuera mantequilla con solo una brizna de su poder.
El clon suspiró.
“Sí… definitivamente nada en este mundo es normal…”
Miró nuevamente hacia el vórtice.
Donde Hades seguía liberando su poder.
Y no pudo evitar pensar—
(No es como si no lo hubiera pensado…)
Todos los clones lo sabían.
Después de todo, compartían fragmentos de memoria con el original. Y sabían muy bien que esa idea… había cruzado sus pensamientos más de una vez.
Porque cuando tienes en tus manos un arma destructiva digna de uno de los dioses más fuertes de uno de tus universos de ficción favoritos, la tentación de probar sus límites no es una posibilidad.
Es una inevitabilidad.
Y Hades…Definitivamente no era el tipo de persona que ignoraría algo así.
“—Tienes toda la razón—” confirmó uno de los clones de madera, entrecerrando los ojos mientras elevaba una mano para cubrirse el rostro y evitar que el polvo y la arena, arrastrados por el vendaval, se le incrustaran en los ojos.
El viento seguía rugiendo con una furia constante, levantando pequeñas nubes de tierra que giraban como remolinos erráticos alrededor de los clones.
“Después de todo…” continuó, ladeando ligeramente la cabeza mientras su voz adquiría un matiz reflexivo, “no todos los personajes de ficción pueden aspirar a niveles absurdos como los de Raditz… o incluso a los de alguien aparentemente más modesto, pero ni de lejos débil, como Rey Demonio Piccolo Daimaō.”
Al escuchar aquellas comparaciones, algunos clones soltaron pequeños resoplidos de aprobación, mientras otros simplemente permanecieron en silencio.
No hacía falta decir nada.
Todos compartían pensamientos similares. (…Sí, compararse con ese tipo de monstruos ya es otro nivel.)
(El estándar está completamente roto cuando se habla de Dragon Ball, después de todo los seres de allí no juegan limpio… no solo tienen un poder destructivo abrumador desde las primeras etapas, si no que su sistema de poder tan inconsistente que pueden lograr hazañas completamente ilogicas.)
(como la capacidad de crear artefactos especiales que invocan a seres capaces de revivir a los muertos a escala galáctica, controlar almas, ejercer un control completo y a distancia de su propia fuerza vital “Ki” a través de técnicas, pueden transportarse a distancia es imposibles, e incluso a través de dimensiones complejas, tienen la capacidad de recrear materia y energía a través del uso del ki y la magia, y algunos incluso pueden convertir la materia orgánica de los seres vivos en cosas inorgánicas como dulces permitiéndoles conservar su alma y conciencia)
(Pero lo más aterrador no es solo eso, resulta que también existen entidades cuyos poderes superan la escala universal típica, qué son capaces de ejercer control sobre fuerzas conceptuales del universo, cómo lo son el poder de la destrucción absoluta y la creación de todas las cosas, el poder manipular el tiempo o incluso destruir el tiempo mismo, y la capacidad de ejercer un control total sobre la realidad que abarque la totalidad de una línea espacio temporal)
Pese lo sobrevalorado o infravalorado que pueda ser para algunos, dragon ball no era un motivo de risas, ni un mundo de ficción que debiera ser tomado como una broma, pese a su escala de poder inestable, y a la baja consistencia en su narrativa.
Así que, sin necesidad de palabras, el grupo de clones de Hades permaneció en su lugar, observando el espectáculo frente a ellos.
Y qué espectáculo era.
A lo lejos, en el epicentro del caos, el cuerpo del original se encontraba envuelto en un vórtice de energía oscura tan denso que el aire mismo parecía distorsionarse a su alrededor como si fuera un agujero negro. Ondas invisibles de poder se propagaban en todas direcciones, deformando el entorno, arrancando fragmentos del terreno y obligando a la realidad a “adaptarse” a su presencia.
Era exagerado.
Era innecesario.
Era… absolutamente Hades.
“Definitivamente…” murmuró uno de los clones, cruzándose de brazos mientras observaba la escena con una sonrisa ladeada, “este es oficialmente el momento más chunibyo que le he visto hacer en su vida.”
“Y eso que somos él…” respondió otro, dejando escapar una pequeña risa nasal.
Mientras tanto—
A más de mil metros bajo la superficie de la isla, donde la luz del sol no existía y la presión del océano se hacía sentir incluso a través de la roca, la situación era muy distinta.
Allí, en el corazón estructural de la isla, el clon de madera encargado de mantener la estabilidad estaba teniendo serios problemas.
Las paredes de roca crujían.
Los pilares naturales que sostenían la isla vibraban con una intensidad alarmante.
Las grietas, que apenas unos minutos antes había sellado con precisión, comenzaban a reaparecer… y a multiplicarse.
El desgaste era brutal.
El constante bombardeo de ondas de energía provenientes de la superficie estaba debilitando la estructura más rápido de lo que él podía repararla.
“¡Maldición…! ¿Cuánto tiempo más va a durar esto?!” gruñó el clon, apretando los dientes mientras mantenía ambas manos firmemente apoyadas contra la roca.
El chakra fluía sin descanso desde su cuerpo, expandiéndose como una red luminosa que intentaba mantener todo unido.
Pero no era suficiente.
Cada vez que sellaba una grieta, dos más aparecían.
Cada vez que reforzaba un pilar, otro comenzaba a fracturarse.
Era como intentar contener una presa rota con las manos desnudas.
“Joder… esto ya no es gracioso…”
Su respiración se volvió más pesada, aunque técnicamente no lo necesitaba. Era un reflejo heredado, una ilusión de fatiga que, aun siendo un clon, se sentía demasiado real.
Miró a su alrededor.
Solo había una oscuridad absoluta que era acompañada por un silencio inquietante, no se podía ver ni escuchar a nadie además de el mismo y el sonido de fragmentos de rocas cayendo a su alrededor.
“Claro… perfecto…” masculló con amargura. “Ni un maldito clon cerca para escuchar mis quejas…”
(…aunque pensándolo bien…)
Una vena marcó su sien.
(Esos idiotas seguro estarían pescando o haciendo cualquier tontería en lugar de ayudar.)
“¿Por qué demonios tuve que hacerme el duro…?” murmuró, dejando caer brevemente la cabeza contra la roca. “Hubiera sido mejor dejar que otro se luciera…”
El eco de su propia voz se perdió entre las cavernas.
Durante un instante— Solo hubo silencio.
Luego, exhaló lentamente.
“…Tsk.”
‘Suspiro.’
“Bueno… ya no se puede hacer nada.” Sus ojos se endurecieron.
Su postura cambió.
Y una determinación renovada comenzó a arder en su interior.
“¡¡Máximo esfuerzo!!”
Con un rugido contenido, el clon liberó una nueva oleada de chakra de tierra, mucho más densa, mucho más intensa que las anteriores. La energía se expandió violentamente por toda la red subterránea, envolviendo los pilares, filtrándose en cada grieta, reforzando cada centímetro de la estructura.
El suelo tembló.
Las cavernas vibraron.
Pero esta vez— Las grietas comenzaron a cerrarse a un ritmo mucho más rápido.
Las placas tectónicas, que ya estaban al borde del colapso, se estabilizaron temporalmente bajo la presión del chakra.
Era una solución forzada, abrupta, pero muy efectiva.
Arriba, en la superficie, los efectos no tardaron en manifestarse.
El temblor, que había comenzado a intensificarse nuevamente, se redujo de golpe, como si una fuerza invisible hubiera contenido el desastre en el último segundo.
Uno de los clones en la superficie alzó una ceja.
“Vaya…”
Otro sonrió levemente.
“Parece que alguien decidió dejar de quejarse y hacer su trabajo.”
“Ya era hora.”
A lo lejos, el vórtice de energía alrededor de Hades seguía creciendo. Y aunque la isla seguía en pie… Era evidente que aquello no podría mantenerse para siempre.
(…si el original no termina pronto…) Pensó uno de los clones de madera que yacía sentado en el ahora árido suelo. (…ni el chakra combinado de todos los presentes va a ser suficiente para salvar este pedazo de roca flotante.)
El viento volvió a rugir con una intensidad violenta, la tierra volvió a crujir y a partirse como si estuviera aullando de dolor, el espacio se distorsionó hasta doblarse y temblar, y en el centro de todo—
Hades continuaba liberando su poder, no, no solo eso, lo estaba aumentando lentamente como si apenas estuviera comenzando… todo mientras una sonrisa de emoción se plasmaba en su rostro.
.
.
[Escaneo completado… recalculando…]
{Resultados marcados…} Nombre: Desconocido
Raza: Desconocida / Humanoide
Firma de energía: Orgánica — desconocida
Poder de combate: 3.143
Nivel de amenaza: Clase alta
Distancia: 12.000 metros
Hades sostuvo con calma el pequeño panel del rastreador, sus dedos firmes a pesar de la presión ambiental que aún vibraba a su alrededor. La pantalla emitía un tenue resplandor verdoso que contrastaba con la distorsión del aire causada por su propia energía residual.
Sus ojos recorrieron los datos una vez más, como si esperara que cambiaran.
Pero no lo hicieron.
“no sé si sentirme satisfecho… o decepcionado por mi propio poder…” murmuró en voz baja, casi para sí mismo, mientras una sonrisa ladeada y extraña se dibujaba en la comisura de sus labios.
Su expresión era una mezcla curiosa entre autocrítica y diversión, como si ni siquiera él estuviera completamente seguro de lo que sentía.
No era ignorante.
(3.143…), No era un número pequeño, ni remotamente, y sabía perfectamente lo que significaban esos números.
Dentro de los estándares de Dragon Ball, incluso superar las mil unidades de poder no era algo trivial, de hecho representamos un salto cualitativo de poder enorme, ese poder ya colocaba a un individuo en una categoría absurda para la mayoría de los mundos en dragón ball. Era el tipo de fuerza capaz de arrasar ciudades enteras sin demasiado esfuerzo, capaz de alterar paisajes completos con simples gestos, capaz de imponer la voluntad propia sobre la geografía mediante el impacto de la pura energía liberada con una mano.
Y, sin embargo… 3.143, el número flotaba en su mente con un peso extraño.
“No es poco…” continuó, entrecerrando ligeramente los ojos mientras inclinaba la cabeza. “Pero tampoco es… impresionante, si lo comparas con los verdaderos monstruos.”
“…sigue sin ser suficiente.”Su mirada se entrecerró ligeramente, y la palabra “insuficiente” resonó como un eco en su cabeza.
Las imágenes vividas, recuerdos latentes de una época distinta comenzaron a cruzar su mente.
Recordando a Nappa, con su brutalidad desmedida, capaz de borrar ciudades con un simple movimiento de dos dedos.
Y al príncipe Vegeta, orgulloso, despiadado incluso con sus aliados, y con un poder lo suficientemente alto como para amenazar la integridad misma de un planeta.
Incluso recordó a figuras menos destacadas dentro de la siguiente etapa, como Guldo o Dende, representaban puntos de referencia incómodos para Hades, ya que quedaban dentro de la misma escala donde su cifra, aunque respetable, no era la dominante.
No porque fueran invencibles o más experimentados que el, sino porque a pesar de las obvias diferencias de habilidades y capacidades entre ellos, éstos últimos todavía evidenciaban una obvia brecha de poder que los separa, una distancia invisible que aún no había cruzado.
“Si tomamos como referencia…” murmuró, levantando ligeramente el rastreador, como si el objeto pudiera responderle, “Nappa estaría alrededor de los… ¿qué? ¿entre las cuatro mil y seis mil unidades de poder de combate?”
Exhaló lentamente, “bueno, digamos que si el estándar mínimo para empezar a jugar en las grandes ligas ronda las 4.000 o 5.000 unidades…” Hades murmuró, ladeando ligeramente la cabeza mientras hacía cálculos mentales, “entonces todavía estoy… en la antesala.”
“Eso ya es otra liga, una muy diferente a la mía” Hades sabía que su condición no se debía a la debilidad, ni porque sus habilidades fueran inferiores a las de los seres humanos y Saiyajin de otros mundos, era simplemente… una diferencia en sus sistemas de poder, así que no se decepcionaría después de todo, todavía tenía un gran margen para crecer.
Sin embargo, sus pensamientos no se detuvieron ahí, su análisis siguió adelante porque Hades no comparaba únicamente dentro de un solo universo.
Su mente, moldeada por recuerdos de múltiples ficciones, saltó a otro plano narrativo completamente distinto.
El mundo de Naruto.
“Ni siquiera estoy cerca de algo como…” su voz se apagó por un instante, su sonrisa desapareció por completo mientras sus ojos adquirían un brillo más serio, “Obito Uchiha en su estado de los Seis Caminos.” Sabía perfectamente lo que implicaba ese nivel.
Poder sobre la vida y la muerte, manipulación de la realidad y el espacio a escala masiva, la capacidad de crear reinos y dimensiones de bolsillo, junto con un poder capaz de diezmar a cualquier ninja o ser vivo en el planeta que no posea un retrovirus en la sangre.
Los seis caminos representan un nivel de existencia que trasciende lo meramente físico alcanzando un nivel en el que un individuo deja de ser un mero ser humano y tiene derecho a considerarse un “Dios” en todo el sentido de la palabra.
[aún sí en etapas posteriores en la era de boruto la categoría de “seis caminos” junto con el Rinnegan dejaron mucho que desear, al perder la característica de ser únicas y exclusivas de los personajes/antagonistas principales, al haber muchos individuos que poseen características o habilidades en dicho nivel, haciendo que el nivel de los seis caminos básicamente parezca un chiste recursivo para la trama]
Potencias como Obito Uchiha ya eran entidades absurdamente poderosas, y eso que, dentro de la jerarquía de los Seis Caminos, él apenas podía considerarse como el “más débil”.
Aun así, ese “más débil” seguía estando en una liga completamente fuera del alcance de la mayoría de los seres.
Incluso teniendo en cuenta sus reservas de energía divina, su refinado control del chakra y la amplia variedad de habilidades que había acumulado hasta ese punto, la diferencia entre ellos no era simplemente grande… Era abismal.
Una brecha que no podía ignorarse.
Una que no podía cruzarse con simples deseos.
Y si decidía subir un peldaño más en esa escala—
“Y luego están cosas como Kinshiki Ōtsutsuki… o Madara Uchiha…”
Hades dejó escapar una leve risa nasal, negando con la cabeza con cierta incredulidad.
(No… ni siquiera estoy cerca.)
Sus ojos se entrecerraron ligeramente, analíticos.
(Esos dos… ya juegan en una categoría completamente distinta.)
No había frustración en su voz.
Ni rabia.
Ni siquiera una pizca de resignación.
Solo había una aceptación fría, casi quirúrgica.
Porque Hades no era un soñador ingenuo con delirios de grandeza.
Tampoco era un arrogante cegado por su propio poder.
Era alguien que entendía perfectamente su posición actual.
Y más importante aún— Entendía sus límites.
Porque ya fuera Kinshiki o Madara, ambos eran entidades capaces de alterar continentes con una facilidad insultante, de fracturar paisajes enteros con el simple impacto de sus ataques, e incluso de distorsionar dimensiones completas con el peso de su poder.
Seres que operaban en un nivel donde las leyes físicas eran… opcionales.
“Aunque usara todo mi poder…” murmuró Hades, alzando ligeramente la mano mientras pequeñas descargas de energía mágica chisporroteaban entre sus dedos como relámpagos contenidos, “incluso con mis reservas divinas y mi chakra al máximo…”
Observó aquella energía por un instante.
“…pelear en igualdad de condiciones contra ese tipo de entidades sería… extremadamente complicado.”
Su voz descendió ligeramente, volviéndose más introspectiva.
“…incluso si luchara sin restricciones.”
Una pausa.
El viento a su alrededor siguió soplando, aunque ya no con la violencia de antes. Era más bien un murmullo constante, como si el mundo mismo estuviera escuchando.
Hades bajó lentamente la mano.
“Si soy completamente honesto conmigo mismo…”
Sus ojos se desviaron levemente.
“…en una pelea hipotética…”
Hizo otra pausa más breve, más pesada.
“…yo… probablemente perdería.”
No era una declaración dramática, no había tensión en sus facciones, no había emoción desbordada en su forma de pensar.
Era simplemente un hecho.
Una conclusión lógica.
Hades no decía cosas sin fundamento.
Había analizado demasiados sistemas de poder, demasiadas habilidades, demasiadas variables como para engañarse a sí mismo.
En el mundo de Naruto, los usuarios del poder de los Seis Caminos no solo eran fuertes.
Eran peligrosos en un sentido mucho más profundo.
Manipulación del espacio.
Control del tiempo.
Alteración de la materia.
Distorsión del destino y control de la causalidad.
Los habitantes del mundo ninja no eran simples combatientes tradicionales que se basaban en el poder bruto para ganar sus batallas.
Eran anomalías que controlaban aspectos fundamentales de la realidad para aplastar a sus enemigos con una fuerza que opera en un nivel superior.
(Si me enfrentara a uno de ellos ahora mismo…)
Su mirada se endureció levemente.
(Lo más probable… es que perdería.)
No porque fuera inherentemente inferior… Sino porque la diferencia no estaba únicamente en la cantidad de poder, sino en la naturaleza del mismo.
Porque en la ficción— No siempre gana quien destruye más.
No siempre vence quien golpea más fuerte y quién crea la explosión más grande.
A veces.
La victoria pertenece a quien posee la habilidad adecuada en el momento preciso, a quien controla mejor las leyes bajo las cuales opera el propio tablero de juego.
Una técnica correcta en las circunstancias adecuadas puede volverse una ventaja a nivel conceptual, en pocas palabras un “hax”.
Hades lo entendía perfectamente.
Podía tener tendencias algo infantiles, podía disfrutar del espectáculo de una buena pelea frontal, pero no era estúpido… del todo.
También era realista.
Sabía que había brechas que no podían cerrarse únicamente acumulando más energía.
Sus ojos descendieron lentamente hacia el rastreador que aún sostenía en su mano.
(…a menos que…)
Un destello fugaz cruzó su mirada mientras miraba el rastreador.
(…A menos que lo use todo.)
Sus dedos se cerraron ligeramente alrededor del dispositivo.
(Artefactos místicos… armas divinas…) Su mente comenzó a repasar cada recurso disponible en su repertorio de habilidades.
(…y mis habilidades “hax” del sistema.) Ahí estaba la verdadera anomalía.
Porque los “trucos” que le otorgaba el sistema no seguían ninguna lógica convencional. No respondían a escalas, no respetaban jerarquías ni seguían límites preestablecidos.
Eran habilidades que rompían reglas ya establecidas, que ignoraban límites de la biología convencional, cosa que, en muchos casos, contradecían la propia naturaleza de la existencia.
Como tener “cheats” en la realidad.
(Y aun así.)
Hades entrecerró los ojos.
(No son una garantía absoluta.)
Porque incluso con todo eso… La victoria nunca estaba asegurada.
El silencio se extendió durante unos segundos.
Solo el murmullo del viento y el chisporroteo de la energía llenaban el entorno.
Finalmente Hades soltó un largo suspiro.
“No importa…”
Negó lentamente con la cabeza, como si apartara esos pensamientos a un rincón de su mente.
El aire a su alrededor comenzó a estabilizarse gradualmente. Su aura, que antes distorsionaba el entorno, se redujo a niveles mucho más manejables.
“El tiempo a su debido tiempo.” Su voz recuperó su calma habitual. “De todas formas… no es como si fuera a enfrentarme a alguno de ellos en el corto plazo…”
Hizo una leve pausa.
“…pero aun así.”
Su postura cambió.
No de forma abrupta.
No de manera agresiva.
Pero sí lo suficiente como para que el ambiente reaccionara.
Su espalda se enderezó.
Su mirada se afiló.
Y la energía a su alrededor vibró levemente, como si respondiera a su voluntad.
“Puede que ahora no esté al nivel de esos monstruos de otras realidades…”
Sus ojos se alzaron hacia el cielo nublado una vez más.
Pero esta vez había algo distinto en ellos, su mirada se tornaba brillante, con una claridad, y una determinación ardientes.
“…y puede que ni siquiera sea el ser más fuerte de mi propio mundo.”
El viento zumbó a su alrededor, y la presión del aire cambió sutilmente.
Y entonces Hades bajó la mirada, fijándola en el rastreador.
“Pero…”
Su tono cambió.
No había duda en su expresión.
No había arrogancia en sus palabras.
Solo la certeza de alguien que se conocía a la perfección y tenía sus ideas claras.
“Yo sé que llegará el día en que los superaré a todos.”
El aire vibró levemente con sus palabras, como si el mundo mismo reconociera su resolución.
No era una afirmación vacía.
Era la convicción nacida de la experiencia y del conocimiento acumulados en toda vida llena de peligros y agitación.
De su fe absoluta en su propio crecimiento, en su sistema de calidad dudosa, y en su camino a seguir.
La mirada de Hades sería mente determinada pareciera llevar el impacto y experiencias de toda su vida.
Y entonces—
Toda esa tensión acumulada se rompió abruptamente en un instante.
“Y bueno…” Hades dejó escapar una pequeña carcajada, llevándose una mano a la nuca con gesto despreocupado. “Al menos sé que soy más fuerte que un Saibaman.”
Su sonrisa se ensanchó ligeramente.
“Si ni siquiera pudiera superar eso…” Negó con la cabeza, divertido. “…creo que mi imagen moriría en el salón de la vergüenza de los reencarnados.”
El contraste era ridículo, casi absurdo, pero al mismo tiempo— Completamente fiel a quien era.
A lo lejos, el cielo seguía cubierto por nubes densas y cargadas.
La isla, aunque estabilizada, continuaba crujiendo bajo tensiones invisibles.
Y en las profundidades—
Un pobre clon de madera seguía sosteniendo todo, luchando contra el colapso inminente con pura fuerza de voluntad y chakra.
Hades, por su parte, simplemente guardó el rastreador en su inventario y miro al centro de la isla sin saber lo que el destino le tenía preparado.
Aunque, siendo honestos—
En su mente, no importaba demasiado.
Fuera cual fuera el problema que apareciera, para cuando llegase el ya lo había superado.
O al menos eso quería creer.
Porque en ese preciso instante, su prioridad era otra muy distinta.
Su mirada brilló con un destello familiar.
Uno peligrosamente entusiasta.
(…Hora del gacha.)
“¡Sistema…!” Su voz recuperó ese tono animado, casi infantil que lo caracterizaba.
“¡Girar los cupones de bronce!”
Un breve silencio.
Y entonces el sistema respondió.
[¡Ding!~…]
La notificación en la pantalla invisible resonó con claridad.
Como el preludio de algo… impredecible.
.
.
.
—————————————————————————————
Fin del capítulo.
11.765 palabras.
Gracias por leer mi historia.
Por favor deja un comentario con tus sugerencias o ideas, me ayudan mucho para no estancarme con la trama, sobre todo en los capítulos donde se incluye la mecánica de gacha.
Bueno éso es todo, espero que hayan disfrutado de la lectura.
<<>> (╥﹏╥)
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com