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Un mundo: Empezando desde cero en un mundo desconocido - Capítulo 1

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1: Nuevo destino 1: Nuevo destino Como es habitual en todo Isekai, nuestra historia comienza en el mundo real.

Conoce a Hiroki Haruno, un joven otaku y aspirante a ingeniero robótico.

Su gran obsesión: construir robots a imagen y semejanza de sus chicas de anime favoritas.

El problema es que, casi siempre, sus creaciones terminan siendo un desastre.

Hace apenas unas horas, la vida le dio un golpe bajo: su novia lo dejó al descubrir su “secreto vergonzoso”.

Hiroki, sumido en una profunda depresión, buscó consuelo en lo más cercano: la cerveza.

Dio el primer trago de su vida e inmediatamente sintió un asco visceral.

—¿Cómo puede la gente beber esto?

Es amargo y horrible…

—masculló.

Se acercó para apoyarse en el balcón, pero en su aturdimiento, olvidó un detalle crucial: el balcón no tenía barandilla.

Dio un paso en falso, perdió el equilibrio y cayó de espaldas desde el quinto piso.

—¡¿Eh?!

¡No puede ser!

—gritó, mientras el aire escapaba de sus pulmones.

Hiroki asumió que era su final.

Al impactar contra el suelo, todo se volvió negro.

La sensación de un suelo frío y duro lo trajo de vuelta.

Abrió los ojos lentamente.

Lo primero que vio fue un grupo de Elfos Silvanos rodeándolo, un círculo mágico incompleto, y un cristal blanco hecho pedazos.

—¿Ah?

¿Qué me ha pasado?

—preguntó, totalmente desorientado.

Se suponía que debería estar muerto, pero su cuerpo se sentía intacto, extrañamente ileso.

Se tocó la cabeza, las manos, el torso y los pies; todo en perfecto orden.

Fue entonces cuando reparó en las orejas puntiagudas de los que lo rodeaban.

—Vaya…

¿Se supone que son cosplays de Elfos?

Están increíblemente bien hechos, francamente…

—comentó con una pizca de admiración.

Una de las Elfas Silvanas, temblando, sostenía un arco.

Miraba a Hiroki con una mezcla palpable de miedo y respeto.

Los demás Elfos estaban visiblemente desconcertados por sus palabras.

—¿Cosplays?

¿Qué se supone que es eso?

—preguntó uno de ellos.

Hiroki miró al Elfo, sintiendo un escalofrío de sospecha.

Miró a su alrededor: se encontraban en una cabaña que no se parecía en nada al Japón moderno.

—¿Qué lugar es este, y cómo llegué aquí?

—dijo con creciente confusión y tensión.

La Elfa del arco finalmente habló, su voz apenas un susurro tembloroso: —¿E-eres tú el guerrero de la pro-profecía…?

¿E-el campeón del otro mu-mundo…?

La Elfa hiperventilaba, al borde del colapso por el pánico.

Hiroki notó su temblor, más intenso que el de alguien a la intemperie bajo cero.

Se acercó a ella, entrecerrando los ojos.

—¿Guerrero de la profecía?

No sé de qué hablas, pero ¿podrías decirme a qué le temes tanto?

—preguntó, genuinamente confundido.

La Elfa bajó el arco, mirándolo con timidez.

Pero al darse cuenta de lo cerca que estaba, soltó un grito agudo, creyendo que él iba a hacerle daño.

—¡¡¡Kyaaaa!!!

¡No me haga daño, por favor!

—Se dejó caer de rodillas, implorando clemencia.

Hiroki estaba más que confundido; no lograba procesar la escena.

Los otros Elfos lo observaban con una mezcla de pavor y reverencia, como si estuvieran frente a una deidad.

—¿Me van a decir algo o se van a quedar callados?

Su miedo es muy extraño —dijo Hiroki, con frustración.

Empezaba a dudar de su ubicación y de la gente que le tenía más miedo que un niño a la oscuridad.

Uno de ellos se armó de valor para hablar, a pesar de su terror: —Joven guerrero, ¿va a lastimarnos?

Todos le tememos porque la leyenda dice que usted es un hombre de fuerza inigualable, el único capaz de vencer al gran Zargoth.

—¿Lastimarlos?

No voy a hacerlo.

Pero ¿quién es ese tal Zargoth?

Todo esto me confunde más y más.— El chico se sentía incómodo.

Las miradas aterrorizadas de los Elfos no cesaban.

La Elfa del arco se levantó, mirándolo con una mezcla de seriedad y miedo.

—Zargoth…

es el ser más maligno que ha existido en todo Aethel.

Su nivel de Peligro es el más alto, alcanzando el nivel Z.

Ha atormentado nuestro mundo con sus aberraciones y sus ejércitos de Kuro Onis.

Por eso lo invocamos.

¡Queremos que lo derrote y nos libere de este sufrimiento!

—La Elfa sollozaba, la angustia de su pueblo evidente en sus lágrimas y en su tono.

Hiroki sintió un nudo en la garganta.

No tuvo el valor de decirle que solo era un fracasado, ni de mentirle a alguien que solo buscaba paz.

—Oye, no llores.

No sé qué está pasando, pero todo va a estar bien —le dijo, sonriéndole con gentileza para mostrar su empatía.

Creyendo que había encontrado a su salvador, la Elfa le devolvió la sonrisa llena de emoción y se levantó para abrazarlo con una fuerza que casi lo asfixia.

—¡Gracias!

¡No sabíamos qué hacer!

Pero ya tenemos a alguien que puede vencerlo, alguien que nos librará de estas cadenas de sufrimiento…

—No soy tan fuerte como creen…

—soltó el chico, directo y sin rodeos.

Las expresiones de emoción de los Elfos se congelaron.

Algunos dudaron, empezando a reír con nerviosismo.

—Qué buena broma.

Solo quiere ponernos a prueba, ¿verdad?— Hiroki los miró con pesar.

No sabía cómo explicarles.

—Solo soy un humano…

No soy el guerrero del que hablan.

Lo siento.— La Elfa se separó de él.

Su sonrisa nerviosa se transformó en frustración.

—¡No bromee así!

Usamos nuestro último cristal para invocarlo.

¡Usted es el guerrero de la profecía!

—gritó, rompiendo en llanto, frustrada y triste por lo que acababa de escuchar.

Los demás Elfos bajaron la mirada con tristeza, pensando que tal vez no tenían salvación.

Hiroki se sintió terrible, arrepentido de sus palabras.

Antes de que pudiera decir algo más, la Matriarca de la aldea abrió la puerta, encontrándose con la extraña escena.

—¿Qué es todo esto?

¿Por qué hay un humano en el círculo?

—Observó el libro en el suelo y el círculo mágico, comprendiendo de inmediato.

—¿¡Es usted el guerrero de la profecía!?

¡Todos lo hemos estado esperando!

La culpa y la confusión de Hiroki aumentaron.

Sentía un intenso agotamiento mental que le impedía pensar con claridad.

La Elfa Matriarca, cuyo nombre era Elderan, entró y cerró la puerta.

Se acercó a Hiroki y lo miró con respeto.

—Joven, permítame presentarme.

Mi nombre es Elderan, soy la líder y Matriarca de esta aldea.

Es un placer conocerlo —se inclinó, usando su bastón como apoyo, en señal de respeto y adoración.

Hiroki comenzó a hiperventilar.

—Yo…

solo soy un humano.

No soy la gran cosa —dijo con pesadez y cansancio.

Estaba mentalmente exhausto por la situación.

La Elfa no dudó ni por un segundo de él.

Se levantó con una cálida sonrisa y se dirigió a la puerta.

—Sígame.

En mi cabaña tengo una bola de cristal que mide la fuerza de cualquier criatura, desde su rango de peligro hasta su poder de destrucción.

Salió de la cabaña.

Hiroki la siguió, resignado a que esa “bola de cristal” era la única manera de convencerlos.

—No sé qué es esa cosa, pero si revela la fuerza…

Probablemente me mate al instante de saber que soy un chico débil y fracasado…

—suspiró profundamente, siguiendo a la Matriarca.

Llegaron a la cabaña, la más grande de la aldea, y el chico entró.

Observó los extraños objetos: pociones, espadas raras…

La Matriarca se sentó frente a la bola de cristal y colocó sus manos sobre la esfera celeste.

—Venga, joven.

Ponga sus manos sobre el cristal.

Él revelará su fuerza y habilidad.

El chico se acercó y colocó sus manos sobre la bola, pensando que todo era una broma.

Pero el cristal comenzó a brillar alrededor de Hiroki, mostrando unas letras extrañas: “Sumzli wum wemumfu: D”.

Eran letras del idioma Luryu, la lengua global de Aethel.

—Vaya…

La bola de cristal debe estar rota o algo…

—dijo Elderan, examinando el cristal.

Hiroki no entendía nada.

—¿Qué es todo eso…?

Son solo letras mezcladas.

—No son letras mezcladas, es nuestro idioma, Luryu.

Lo hablamos en todo el mundo de Aethel.

—¿Luryu?

No me sorprende…

estoy en otro mundo —suspiró Hiroki.

La Matriarca usó nuevamente su magia en el cristal para escanear su poder una vez más.

Él colocó su mano sobre el cristal, que volvió a brillar, mostrando el mismo resultado.

—¿Y qué dice?

—preguntó Hiroki.

—Tiene una fuerza de destrucción Nivel Personal…

Y su rango es F —dijo Elderan, desconcertada.

Ella esperaba algo como SS o superior.

En cambio, era el rango más débil, la fuerza de un humano ordinario.

Hiroki se sintió avergonzado y decepcionado de sí mismo.

—No puedo creer esta humillación…— Hiroki sentía el peso de la humillación, un fracaso certificado por un orbe mágico.

La Matriarca Elderan se acercó a él con un suspiro que mezclaba compasión y ánimo.

Le dedicó una sonrisa serena.

—Joven, no se desanime.

Todo gran guerrero comienza como una simple semilla.

Con práctica en la magia o entrenamiento físico, es posible que usted desarrolle el poder necesario para vencer a Zargoth.— Hiroki levantó la mirada con una expresión de profundo hastío.

Suspiró y se cruzó de brazos, luciendo como si necesitara unas vacaciones de emergencia.

Elderan se giró y tomó una espada que colgaba de la pared: una hoja de acero común, pero de manufactura sólida y útil para cualquier misión básica.

Regresó y se la extendió.

—Tenga, joven.

Que esta arma le sea útil para comenzar su viaje.— Hiroki tomó la espada, sintiendo una punzada de emoción juvenil.

La desenvainó, examinando el filo bajo la luz de la cabaña.

—Acepte esta espada no como un regalo, sino como un instrumento de defensa —continuó Elderan con tono grave—.

En Aethel, muchas criaturas no son lo que parecen.

No debe confiarse.

—Claro, Abuela.

Tendré cuidado —respondió Hiroki con una sonrisa entusiasmada, sintiendo que por fin recibía el obsequio digno de un héroe legendario…

o al menos, de la introducción de uno.

Hiroki y la Matriarca salieron a la aldea, que permanecía pacífica.

La Elfa del arco, Lyra, se acercó a ellos, hablando con voz nerviosa.

—Gran Madre, ¿puedo saber…

qué tan fuerte es el humano?— Elderan miró a Lyra, debatiéndose entre la cruda verdad y la necesidad de mantener viva la esperanza de su pueblo.

Optó por la segunda.

—El humano es fuerte.

Solo necesita un poco de entrenamiento para desbloquear su potencial.

La joven elfa se emocionó al oír que Hiroki era fuerte, sin saber que solo era una excusa de la Matriarca para evitar la tristeza.

Elderan forzó una sonrisa, pero sintió una punzada de culpa por la mentira.

—Oye, no quiero ser inoportuno, pero ¿cuál es tu nombre?

—preguntó Hiroki de repente.

La elfa se quedó en silencio, pensativa por un instante, antes de susurrar su nombre con timidez.

—M-mi nombre…

es…

Mi nombre es Lyra.— La Elfa enrojeció, debatiéndose entre gritar de vergüenza o simplemente permanecer congelada.

—Lyra —repitió Hiroki, pensándolo un momento—.

Es un nombre muy bonito, siendo sincero.

Ante el cumplido, Lyra se ruborizó aún más.

Soltó un grito ahogado y se encogió en el suelo, abrazando sus rodillas.

La Matriarca soltó una carcajada ante el comportamiento de la joven, y Hiroki se unió a la risa contagiosa.

—Esta chica está llena de sorpresas —comentó él.

Pasaron un par de horas en las que Elderan llevó a Hiroki por la aldea para que lo conocieran todos los habitantes.

—¿Hiroki?

Suena a un nombre de otro lugar —dijo un elfo.

—Los humanos tienen las orejas redondas —comentó una niña elfa, pellizcándole las orejas con curiosidad.

—¡Yo no confío en los humanos!

—gruñó un elfo anciano, el señor Russell, cerrando su puerta de golpe, una clara señal de viejos conflictos con la humanidad.

—Ignórelo.

El señor Russell está teniendo fiebre últimamente —dijo la Matriarca, sonriendo con impecable compostura.

Siguieron visitando cabañas hasta llegar a la de Lyra.

—Hiroki, ya que es nuevo, le daremos hospedaje en una de las habitaciones de esta cabaña.

Si necesita algo, solo llámeme.— —De acuerdo, Abuela.— Hiroki estaba emocionado.

Había dejado de lado sus dudas y aceptaba su destino Isekai.

—No es la Mansión Roswaal, ni el reino de otro anime…

pero con esto es más que suficiente.— En ese momento, una campana de alarma resonó por toda la aldea.

—¡Los Goblins nos atacan!

¡Todos a refugiarse y protejan su—!

El grito de un elfo fue interrumpido bruscamente al ser derribado por un grupo de Goblins: humanoides de piel verde, pequeños en tamaño, pero mortales en grupo.

Los Elfos que caminaban por la plaza corrieron a esconderse.

Lyra salió junto a Hiroki, presenciando el caos: Elfos heridos, cabañas dañadas y pérdidas materiales.

—¡Ay no!

¡Nos están atacando!

—Lyra sacó su arco, imbuyéndolo de un aura verde vibrante.

—Saku-ya —susurró.

La flecha disparada desprendió un puñado de flores antes de impactar en la pierna de un Goblin.

La criatura se confió, pero sintió un picor extraño.

Instantáneamente, plantas comenzaron a brotar de su cuerpo, saliendo por su boca y otros orificios, drenando sus fluidos hasta que colapsó, muerto por deshidratación.

Los demás Goblins, dándose cuenta del peligro que representaba Lyra, se lanzaron a atacarla.

Más de veinte se dirigían hacia ella.

Hiroki desenvainó su espada, listo para el combate, aunque sin ninguna experiencia previa.

—¡Miren, un humano nos está desafiando!

—se burló el líder Goblin.

Una expresión irritada creció en el rostro de Hiroki.

—¿De qué se ríen?

¡Ustedes no son más que enanos!— Levantó su espada para atacar, pero dos Goblins se abalanzaron sobre él y lo sujetaron de los brazos.

—¡Ya lo tenemos!

¡Nos darán una recompensa al venderlo como esclavo!— Hiroki, en un arranque de fuerza inesperada, levantó a los dos Goblins, golpeándoles las cabezas entre sí.

Volvió a tomar su espada y, con un corte limpio, le amputó un brazo al líder Goblin.

Los otros se asustaron, pero rápidamente tomaron sus armas para rodear y atacar a Hiroki.

Uno a uno, el chico los iba cortando, impulsado por la adrenalina.

—Su tamaño es su debilidad, ena— ¡AAHH!

Uno de los Goblins le perforó el pie con una daga, sonriendo sádicamente.

Su sonrisa duró poco, pues Hiroki lo apartó de una patada.

—¡¿Estás bien?!

¡¿Qué te hizo ese Goblin?!

—gritó Lyra, alarmada por el pie herido del joven.

—No te preocupes.

Estoy bien —aseguró Hiroki, levantando el pulgar.

Pero otro Goblin pateó su herida.

Los Goblins rodearon a los dos jóvenes.

Estaban en clara desventaja numérica: ellos dos contra más de treinta Goblins, el refuerzo había llegado al ver a su líder herido.

—Lyra…

¿qué hacemos?

—No lo sé.

Tengo miedo —dijo ella, con la voz temblorosa.

Hiroki se mordió el labio.

No podía defraudar la súplica de la Elfa.

Con una sonrisa cargada de determinación, que le calentó el corazón a Lyra, declaró: —No te preocupes.

¡Tu héroe va a salvarte!

Apretó la empuñadura de la espada.

Impulsado por una inmensa voluntad, se lanzó a la carga, derribando a varios Goblins.

Su espada chocó con el hacha del líder, que aún se mantenía en pie.

—No creas que porque me cortaste el brazo intentaré rendirme —rugió el líder.

—¡Eso veremos ahora!

Las dos armas se encontraron con un metálico y agudo estruendo, haciendo resonar chispas.

El choque se intensificó, pero el líder Goblin estaba en desventaja por la pérdida de su brazo derecho.

En un descuido, el hacha del Goblin alcanzó a Hiroki, abriéndole un corte superficial en el pecho.

El chándal se tiñó rápidamente de rojo por la sangre.

Hiroki retrocedió, sujetándose la herida.

A pesar del dolor, levantó su espada.

Una llama de voluntad empezó a arder en su arma, y una mirada seria se clavó en el líder Goblin.

—Protegeré esta aldea, ¡cueste lo que cueste!

Lanzó su espada contra el Goblin.

El duelo continuó hasta que los pies del líder comenzaron a temblar.

La pérdida de sangre y la intensidad del choque lo estaban agotando.

El Goblin perdió el equilibrio y cayó inconsciente.

Al ver a su líder derrotado, los Goblins restantes miraron a Hiroki, se asustaron y huyeron, llevándose consigo algunas pertenencias de los Elfos.

—¡Un momento!

¡Regresen, malditos enanos!

—gritó Hiroki, cojeando tras ellos para intentar recuperar los bienes.

——— Lentamente, los Elfos salieron de sus cabañas, contemplando el desastre dejado por el ataque.

Hiroki estaba sentado en el suelo, con vendajes improvisados en el pecho y el pie.

Lyra usaba Magia de Naturaleza para sanar sus heridas.

—Gracias.

Por haberme salvado…

—dijo ella con calma y gratitud.

—Tenía que hacerlo, después de todo…

Soy el héroe que ustedes invocaron —respondió Hiroki con un tono sereno, aceptando finalmente su rol.

Lyra sonrió con empatía.

—Por supuesto.

Sin ti, no hubiese sobrevivido.— Los Elfos se reunieron alrededor de la Matriarca, mirando al joven con respeto y devoción.

—El humano nos salvó —comentó uno.

—¡Viva Hiroki!

—dijo la niña Elfa.

—¡El humano solo quiere ganarse su confianza, y cuando menos lo esperemos, traerá un ejército de caballeros blancos!

—vociferó el viejo elfo Russell.

Elderan le hizo una seña a Hiroki para que ignorara a Russell.

Pero Hiroki, siempre curioso, preguntó a la Matriarca.

—Abuela, ¿de qué hablaba el viejo?

Dijo algo sobre caballeros blancos…— La Matriarca Elderan se puso notablemente nerviosa, y la pregunta de Hiroki hizo que la tensión se disparara en el ambiente.

Se produjo un silencio incómodo; nadie se atrevía a hablar.

—¿Por qué tanto silencio…?

¿Me van a decir o qué?

—insistió el chico, impaciente.

—Joven, eso es algo que no debe mencionar en voz alta.

Sígame, le contaré en mi cabaña.— Hiroki se encogió de hombros y siguió a la Matriarca.

Una vez dentro, Elderan se sentó frente a la mesa, invitando a Hiroki a sentarse enfrente.

—Lo que escuchará ahora no es una simple historia ni un cuento de hadas.

Es la dura realidad de Aethel —dijo ella, sopesando cuidadosamente sus palabras.

—Los Caballeros Blancos no son lo que usted cree.

No son bondadosos ni nada parecido.

Esa es solo la máscara para ocultar su verdadera naturaleza.

Son la fuerza militar de élite y el rostro público del Reino, dominado por ellos.

Su arrogancia y su naturaleza despreciable son un peligro para toda raza que no sea humana.

El Rey de Aethel es un mero peón de los Caballeros Blancos; lo dominan a través del miedo, y ellos explotan esa debilidad.

Hiroki escuchaba con atención, su rostro volviéndose serio.

—Existen pocos caballeros que no discriminan a las razas.

Pero cuando son descubiertos, son ejecutados por el Arzobispo Syran.

No permiten que ningún miembro del reino trate con igualdad a humanos y no-humanos, pues creen que las razas no humanas son seres inferiores y sin derechos.

Se podría decir que son más crueles que Zargoth.

Mientras uno busca dominio puro, los otros buscan un falso equilibrio basado en la superioridad.

Joven, este mundo no es color de rosa.— Hiroki asimiló la información, consternado.

No podía creer que el mundo al que había sido invocado estuviera tan corrupto.

—Entonces, ¿qué sucede con los Demonios Oscuros?

¿Ellos son peores que los Caballeros Blancos?— Elderan asintió lentamente, su mirada profunda.

—Los Demonios Oscuros son diferentes.

Por instinto, son criaturas sedientas de sangre, pero si logran controlar esa naturaleza, pueden vivir entre humanos, aunque el impulso de asesinar nunca desaparece.

Por ello, la raza de los Demonios Oscuros está casi extinta; los Caballeros Blancos los cazan con el pretexto de salvar a la gente, pero solo es una fachada de egoísmo y superioridad.

Sin embargo, hay algunos Demonios Oscuros entre los caballeros.

Por ejemplo, Elior Yakima.

Un caballero que finge ser humano, pero en verdad es un Demonio Oscuro controlado.

Pero, ¡cuidado!, no es un asesino como usted podría creer.— Hiroki procesó la información.

—Así que, ¿ese Elior Yakima es un buen caballero?— —Sí.

Nos ha visitado en secreto.

Muchos lo ven como alguien frío y estricto, pero nosotros lo vemos como alguien bondadoso y generoso —dijo ella con una leve sonrisa.

—Pero dejando un momento el tema, hablemos de la facción de Zargoth.

El mismo Rey Oscuro es una criatura que aún no se define como demonio o espíritu.

Dicen que es la criatura más poderosa de Aethel.

Los caballeros que lo han visto lo describen como un gigante capaz de cambiar el terreno de un solo golpe.

Su rango es Z.

Él y otro ser más son las únicas criaturas con ese nivel de poder.

Hiroki escuchaba con mirada seria y atenta.

—Ahora, hablemos de sus comandantes.

El primer Comandante es Valerius, el Lich de la Plaga.

Es un humano corrupto y transformado por Zargoth.

Es su general táctico, dominando la Oscuridad y la Nigromancia para levantar ejércitos de no-muertos.

Su poder es superior al de los Caballeros Blancos, aunque inferior a Zargoth.

El siguiente es el General Kage.

Él es un Demonio Oscuro, con el poder de alterar y clonar objetos a nivel molecular a voluntad, pero solo funciona con lo que toca.

Es extremadamente peligroso, con un poder de rango SSS, un poco por debajo de Valerius.

No puedo contarle más, pues la información sobre la facción de Zargoth es muy escasa.

—Ya veo…

Son demasiado peligrosos.

Tendré cuidado —dijo Hiroki.

—Ah, olvidaba algo.

En Aethel existe una raza llamada Zooni.

Son una mezcla de humanos y animales.

Tienen características animales como orejas, nariz y cola, y comparten las habilidades físicas del animal que asimilan.— Hiroki sonrió para sí.

¿Personas con partes de animal?

Serían como furros, ¿no?

—Entiendo.

Tendré en cuenta también eso.— A pesar de la confusión por la avalancha de información, se esforzó por memorizarlo todo.

Después de unos minutos, ambos salieron de la cabaña.

Hiroki, con la adrenalina del ataque Goblin, había decidido que era hora de viajar a la capital para investigar y empezar su aventura.

—¿Estás seguro?

Me da miedo ir y que los humanos me llamen monstruo —dijo Lyra, con nerviosismo.

—No te preocupes.

Voy a protegerte —Hiroki le sonrió, lo que la calmó un poco.

Los dos salieron de viaje, enfrentando pequeños peligros en el camino.

Cruzaron mar del continente Eldoria para llegar a Aerthos, El continente de la Luz.

Tras varias semanas, vieron a lo lejos unos muros gigantescos: era el Reino de la capital de Aerthos.

Lyra se puso una capucha para ocultar sus rasgos élficos, especialmente sus orejas.

Ambos pasaron por las calles.

Algunas personas caminaban con tranquilidad, mientras que otras parecían sospechosas.

Finalmente, llegaron a un gran edificio: el Gremio de Aventureros.

—Este es el lugar.

Aquí podemos empezar a investigar y conseguir ayuda —dijo Hiroki, con una mezcla de emoción y cautela.

Entraron al gremio, un lugar ruidoso y lleno de aventureros.

Hiroki se acercó al mostrador de recepción.

Detrás, una mujer de cabello castaño y ojos vivaces lo miró con curiosidad.

—Hola, bienvenido al Gremio de la Capital.

Mi nombre es Anna.

¿En qué puedo ayudarte?

—preguntó la recepcionista con una sonrisa profesional.

—Buen día, Anna.

Mi nombre es Hiroki Haruno.

Vine a inscribirme como aventurero.— Anna parpadeó, sorprendida por su acento extranjero.

—Claro.

¿Tienes alguna prueba de habilidades o algún documento de registro en otro gremio?— —Ah…

No.

Soy completamente nuevo.

En mi mundo no hay de esto.— Lyra, desde atrás, le dio un codazo suave.

Anna notó el intercambio y tecleó algo en un cristal mágico.

—Entiendo.

Bueno, si es un aventurero nuevo y sin referencias, comenzará en el rango más bajo, el Rango F.

Necesitaré que complete esta solicitud.

Tendrá que poner sus manos sobre la bola de cristal.— Hiroki coloca sus manos sobre la bola de cristal y ésta brilla con intensidad como la vez anterior.

—Listo — Dijo Anna.

Su ceja se arqueó en algunas partes, pero asintió con una sonrisa.

—Todo parece correcto.

Espere un momento.— Anna regresó con una tarjeta de Plata en las manos, Mirándola con sospecha pero sin preguntar por ello.

—Felicidades, Hiroki Haruno.

Ya eres un aventurero registrado.

Esta es tu tarjeta.

Tu Rango es F.

Por favor, asegúrate de devolver los formularios de misión a tiempo.— Hiroki tomó la tarjeta, sintiendo la emoción de haber dado el primer paso en su aventura.

Anna repasó los datos en la tarjeta que ella misma acababa de crear Nombre: Hiroki Haruno Rango de Aventurero: F (Novato) Especialidad: Desconocida Nivel de poder: 70.

Fuerza: 30 Habilidades: Mago; 0.

Poder Mágico: 40 Bendiciones: Cuchillo Implacable.

Compañeros: Lyra (Elfa Silvana – Arquera Nivel Tirador) —Tu primera misión como Rango F es la Recolección de Hierbas Medicinales, o tal vez eliminar algunos Goblins.

Puedes consultar el tablón para más detalles.

¡Mucha suerte en Aethel, Hiroki!— Lyra miró la tarjeta, y luego a Hiroki, con una mezcla de preocupación y orgullo.

—Bueno, héroe.

Supongo que ahora somos aventureros.

—Así es, Lyra.

Es hora de empezar a subir de rango —dijo Hiroki, levantando su nueva tarjeta con una sonrisa.— CONTINUARÁ…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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