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Un mundo: Empezando desde cero en un mundo desconocido - Capítulo 2

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  3. Capítulo 2 - 2 Una misión y gran determinación
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2: Una misión y gran determinación 2: Una misión y gran determinación Hiroki y Lyra se detuvieron frente al tablón de anuncios del Gremio.

Lyra señaló una de las pocas misiones de Rango F disponibles.

—Mira, esta es la más sencilla: “Eliminación de Goblins en las afueras del Bosque de los Susurros.

100 Yeris por cabeza.” —dijo Lyra, con un tono algo nervioso.

—¡Perfecto!

Rango E.

100 Yeris es una miseria, pero hay que empezar por algún lado —replicó Hiroki, con su habitual despreocupación.

Anna, que pasaba cerca, se detuvo y les dedicó una sonrisa enérgica.

—¡Esa es una buena elección!

Es una misión básica, pero la experiencia en combate es valiosa.

¡Buena suerte, Rango F!

Tras tomar el formulario, los dos partieron hacia las afueras del bosque.

El sol de la tarde filtraba su luz a través de las copas de los árboles mientras Hiroki y Lyra se adentraban en el territorio de los Goblins.

Lyra avanzaba con cautela, sus orejas élficas, aún ocultas bajo la capucha, atentas a cualquier sonido.

—Recuerda, Hiroki.

Los Goblins son pequeños, pero se mueven rápido y atacan en grupo.

No subestimes su número —susurró Lyra, sosteniendo su arco con firmeza.

—Relájate, Lyra.

Ya vencí a unos cuantos en la aldea.

Su tamaño es su peor enemigo —dijo Hiroki, desenvainando la espada de acero que le había dado Elderan.

No tardaron en encontrar a los primeros.

Dos Goblins merodeaban cerca de un tocón.

—¡Allá van!

—exclamó Lyra.

Disparó una flecha, pronunciando un breve conjuro.

Las puntas de las flechas se envolvieron en una tenue aura verde de Magia de Naturaleza principiante.

La flecha impactó a uno de ellos en el pecho; instantáneamente, unas raíces delgadas se aferraron al Goblin, inmovilizándolo antes de asfixiarlo.

—¡Guau!

Esa magia es genial —admitió Hiroki.

Él se lanzó contra el segundo Goblin, que intentó esquivarlo, pero Hiroki, aprovechando su mayor alcance, lo alcanzó con un corte limpio.

La pareja continuó cazando en las siguientes horas, acumulando tres cabezas de Goblin más.

Lyra usaba su magia de enraizamiento para ralentizarlos o inmovilizarlos, mientras Hiroki, con su voluntad de hierro, se encargaba del golpe final.

Aunque su técnica era tosca, la adrenalina le permitía reaccionar con reflejos sorprendentes.

—¡Llevamos cinco!

¡A este paso seremos Rango E en una semana!

—exclamó Hiroki, limpiando su espada.

Lyra, sin embargo, se sentía intranquila.

—Hiroki, debemos irnos.

Matamos a muchos Goblins y eso atraerá a la manada.

Ya puedo oler su rastro más denso en el viento.— —Solo uno más, Lyra, ¡solo uno!— Antes de que Lyra pudiera protestar, una docena de siluetas verdosas salió de entre los arbustos, armadas con garrotes y dagas oxidadas.

Un ruido de alarma más fuerte vino desde el fondo del bosque.

—¡Aléjense del territorio!

¡Ladrones de carroña!

—gritó un Goblin más grande que el resto, probablemente el líder del grupo.

—¡Son demasiados, Hiroki!

¡Te lo dije!

— Lyra alzó su arco, pero su mano temblaba visiblemente ante el número que se acercaba.

El sonido de los pasos y los gritos guturales de la manada se acercaban desde todas las direcciones.

Los jóvenes estaban acorralados.

Hiroki apretó la empuñadura de su espada, su respiración se aceleró, pero su voluntad se mantuvo firme.

Se colocó frente a Lyra.

—¡No voy a correr!

—gritó a los Goblins—.

¡Los héroes no huyen!— Se lanzó al ataque, pero la coordinación de la manada lo abrumó.

Dos Goblins lo atacaron por los flancos, forzándolo a retroceder.

En ese momento, Lyra disparó dos flechas, inmovilizando a los atacantes, pero eso le dio a otro Goblin la oportunidad de derribar a Hiroki de una patada.

La manada se cerró sobre ellos.

El líder levantó su garrote para dar el golpe final.

Lyra cerró los ojos, preparándose para usar un hechizo de naturaleza de último recurso, uno que la dejaría exhausta.

¡CRASH!

Antes de que el garrote impactara, un proyectil mágico de viento tan rápido como el rayo se estrelló contra el líder Goblin, lanzándolo varios metros atrás.

De repente, una lluvia de flechas, precisas y rápidas, cayó sobre los Goblins restantes.

No eran flechas comunes; estaban imbuidas de una energía que los paralizaba antes de que cayeran muertos.

De entre la niebla del bosque emergió una figura.

Era una mujer alta y esbelta, con una capa de viaje gris y un arco exótico de madera oscura.

Su porte era serio y su rostro, de rasgos definidos, no mostraba emoción.

—¡Retírense, carroña!

—ordenó con una voz firme.

Los Goblins, superados por la precisión de la recién llegada y la derrota de su líder, gritaron de miedo y se dispersaron en la espesura.

Hiroki se levantó, limpiándose la suciedad de su ropa.

—¡Nos salvó!

¡Muchas gracias!

¡Usted es asombrosa!

—exclamó, emocionado.

Lyra se acercó con cautela a la arquera, bajando su arco.

—Gracias…

por la ayuda.

¿Quién es usted?

La arquera guardó su arco en la espalda, sin inmutarse por la efusividad de Hiroki.

—No deben perder el tiempo dando las gracias.

Solo estaba de paso —dijo, con un tono frío y serio—.

Nunca se confíen del número de enemigos.

Si no pueden manejar un grupo, no tomen la misión.— Hiroki ignoró la reprimenda.

—¿Es usted una aventurera?

¡Su puntería es increíble!

¡Parecía magia de combate!

¿Qué rango tiene?

—Soy una aventurera.

Mi rango es C —respondió ella, mirando la insignia de cobre de Hiroki—.

Ustedes son Rango F.

No deberían estar tan lejos de la ciudad.— —¡Rango C!

Eso es genial, ¿verdad, Lyra?

¡Podría enseñarnos unas cuantas cosas!

Por cierto, mi nombre es Hiroki.— La arquera se mantuvo distante.

—No voy a ser su maestra.

Y no tengo interés en compartir mi nombre.

Pueden llamarme Reina.— —¿Reina?

Es un nombre muy serio.

¿Por qué tan seria, Reina?

—preguntó Hiroki.

Lyra le dio un codazo a Hiroki para que se callara, avergonzada por su descaro.

Reina suspiró, pero una ligera curva se dibujó en su boca, rápidamente reprimida.

Miró a los dos jóvenes.

—No deben seguirme.

No busco compañía.

Pero —dijo, señalando a la pila de Goblins muertos con un movimiento de cabeza—, no olviden llevar sus cabezas.

Es por lo que vinieron.— Reina se giró y se dispuso a marcharse con la misma calma con la que había llegado.

—¡Espera, Reina!

¿No quieres unirte a nosotros para la próxima misión?

—gritó Hiroki.— Ella se detuvo por un instante, sin girarse.

—No pierdan el tiempo.

Concéntrense en subir de rango con su propia fuerza.

Si los veo otra vez en peligro por pura negligencia, no intervendré —sentenció, antes de desaparecer entre los árboles, tan rápido como había aparecido.

Lyra y Hiroki se quedaron solos entre los Goblins derrotados.

—Vaya, esa mujer es…

muy seria —dijo Hiroki, sonriendo de oreja a oreja.

—Hiroki, casi morimos.

Y esa arquera Rango C nos sermoneó —replicó Lyra, sintiéndose un poco humillada, pero aliviada—.

Pero…

ella fue increíblemente valiente.

Y fuerte.— —Tienes razón.

Pero al menos sabemos que hay gente buena y muy fuerte en este mundo.

Vamos, Lyra.

Recojamos estas cabezas y volvamos al Gremio.

Quiero ver la cara de Anna cuando entreguemos esta pila.— Con una renovada determinación, Hiroki y Lyra se pusieron a recolectar las pruebas de su misión, sabiendo que el mundo de Aethel era mucho más complejo y peligroso de lo que la Matriarca había descrito.

Cuando llegaron a la recepción, Colocaron el saco de cabezas de Goblins sobre el mostrador.

Hiroki sonrió con orgullo antes de hablar.

—14 cabezas, Te dije que seria fácil…—Suelta una risa nerviosa—Bueno, No tanto que digamos.— Anna abre la bolsa, asombrada por la cantidad de cabezas en la bolsa.

—Increíble pero…

¿No era suficiente con una oreja o una mano…?— Hiroki se quedó perplejo ante la pregunta, No había cuestionado esa posibilidad.

—No lo tuve en cuenta…

Pero de igual forma está ahí la evidencia.— —Oye, recuerda que nos ayudaron —susurró Lyra, dándole un suave codazo.

Hiroki se cubrió la cara con vergüenza, mientras Anna soltaba una risa contagiosa, su energética personalidad a flor de piel.

—¡Un trabajo en equipo con ayuda externa, entonces!

Lo anotaré.

En total son 1400 Yeris.

¡Buen inicio, Rango F!

Con las monedas de plata en el bolsillo, Hiroki decidió que era hora de empezar a entrenar de verdad.

Se dirigió a la escuela de esgrima más cercana.

Al principio, todo marchaba con normalidad.

El maestro, un hombre robusto y de bigote recio, le mostró la postura básica y un par de estocadas simples.

Hiroki, con su voluntad férrea, intentaba imitarlo con entusiasmo.

—¡Más fuerza en la muñeca, muchacho!

¡Siente el Chi de la espada!

—gritó el maestro.

—Ya lo sé…

Eso intento hacer—Dijo con pesadez y cansancio mental por el esfuerzo.

Levanta la espada para lanzar un corte al principal objetivo.

Y su objetivo era un muñeco de entrenamiento, pero falló por poco.

La espada se desvió, el golpe resultó en un violento impacto contra una pila de escudos antiguos colocados en un estante.

¡CRASH!

El estante se vino abajo, arrastrando consigo una armadura completa que se estrelló contra una vitrina llena de trofeos de latón.

Hiroki se congela al ver el desastre que acaba de hacer.

—Maldición…

Ya lo he hechado a perder…

¿Verdad?— El maestro, lívido, se acercó a Hiroki con las venas marcadas en la frente.

—¡Fuera!

¡Fuera de mi escuela, vándalo sin remedio!

¡Me has destrozado años de historia!

¡Lárgate, antes de que te corte el Chi a ti mismo!— Hiroki salió expulsado del lugar, cabizbajo y avergonzado, dejando una estela de polvo y escombros.

—Talvez la esgrima no sea mi talento…— ——— Mientras Hiroki causaba destrozos, Lyra se había dirigido a la Gran Biblioteca de la Ciudad para estudiar.

Necesitaba entender la Magia de Naturaleza más allá de lo básico si querían sobrevivir.

Sentada en un rincón tranquilo, absorta en un viejo tomo, apenas notó cuando un joven de la capital se acercó.

—Disculpa, eres muy bonita.

¿Puedo…

—empezó a decir, hasta que su mirada se fijó en la capucha de Lyra que, por un descuido, se había resbalado.

Las orejas puntiagudas, claramente élficas.

El chico soltó un grito agudo, apuntando a Lyra con el dedo.

—¡Un Elfo!

¡Hay un Elfo en la biblioteca!

¡Monstruo!— El grito atrajo la atención de docenas de personas, y peor aún, de un par de Caballeros de Plata que patrullaban cerca.

—¡Quieta ahí, criatura!

—ordenó uno de los caballeros.

Lyra entró en pánico.

Se puso la capucha de golpe y huyó por los pasillos.

—¡No puedo quedarme aquí!

—pensó, sintiendo el miedo helarle la sangre.

La Matriarca Elderan tenía razón; la discriminación era real y peligrosa.

Comenzó una persecución caótica.

Lyra era ágil, pero la biblioteca no era un bosque.

En un pasillo lleno de gente, los Caballeros intentaron rodearla.

En un instante, Lyra lanzó un hechizo básico: un chorro de agua embarrada que golpeó una pila de cajas de pergaminos.

Los caballeros se tropezaron con las cajas, cayendo unos sobre otros.

Lyra aprovechó para doblar la esquina.

En su huida, Lyra pasó velozmente junto a un callejón.

Hiroki salía justo en ese momento, todavía maldiciendo al maestro de esgrima.

Sus miradas se cruzaron por una fracción de segundo.

Lyra vio a Hiroki.

Hiroki vio una figura encapuchada.

Ambos estaban demasiado inmersos en sus propios desastres para reconocerse y se separaron al instante.

La persecución continuó.

Dos caballeros más se unieron.

Lyra, acorralada en una plaza, recurrió a la táctica de la desesperación.

Uno de los caballeros la atrapó.

Ella, con un reflejo de supervivencia, le asestó un golpe de rodilla en su punto más sensible.

El caballero soltó un grito de dolor inimaginable, cayendo al suelo y retorciéndose.

El otro caballero, al ver a su compañero neutralizado de forma tan vil, dudó.

Lyra usó ese instante para saltar sobre un carro de frutas, esparciendo manzanas y peras, y desaparecer por la siguiente calle.

Mientras tanto, un confuso Hiroki caminaba por las calles.

Creyó ver a la figura encapuchada que le pareció familiar, pero se encogió de hombros, pensando que era su imaginación.

Mientras Lyra seguía su frenética huida, Hiroki se sentó en el borde de un pequeño estanque en un parque.

Su fracaso en la esgrima y la vergüenza en el Gremio lo pesaban.

Sacó una roca del agua con el pie y la lanzó sin rumbo.

—Qué hago…

Si no puedo ni entrenar ni concentrarme, ¿cómo se supone que voy a vencer a un monstruo Nivel Z?

—murmuró, observando su reflejo en el agua—.

Soy un otaku ingeniero, no un guerrero.

Esta es mi nueva vida, pero no sé cómo empezar…

¿Volver a la aldea?

No.

Les prometí que los ayudaría.— La voluntad de hierro de Hiroki empezaba a chispear, superando el bochorno.

No se rendiría.

Decidió que, si no podía usar la espada o la magia, usaría su ingenio.

Mientras tanto, Lyra seguía corriendo sin aliento.

Sus pulmones ardían.

Dobló una esquina oscura y, con la vista fija en la calle principal, se estrelló de lleno contra alguien.

—¡Auch!— Lyra cayó al suelo, y el hombre al que había golpeado se tambaleó.

Era un tipo corpulento, completamente envuelto en una capa gastada y una capucha que ocultaba casi todo su rostro, dejando ver solo una barba áspera y unos ojos fríos y calculadores.

Llevaba varios sacos sospechosos colgando de su hombro.

—¡Mira por dónde vas, niña!

¿Acaso quieres que mis mercancías se dañen?

—gruñó el hombre, con un acento duro y extraño que Lyra no reconoció.

Lyra se levantó rápidamente, pidiéndole disculpas, pero el hombre la sujetó por el brazo.

—Espera.

Esas orejas…

y esa ropa de viaje.

Huyendo de los Caballeros, ¿verdad?— Lyra palideció y tiró de su brazo, intentando zafarse.

El hombre sonrió, revelando una dentadura irregular.

—Qué suerte tengo.

Justo lo que buscaba.

Niña Elfa fresca.

Serás una excelente adición a mi próxima entrega.— Lyra comprendió al instante: había chocado con un Contrabandista, conocidos por traficar con razas no humanas.

El caos la había llevado directamente a un peligro aún mayor.

Hiroki, sintiéndose revitalizado por su decisión de no rendirse, se levantó del estanque y se dirigió nuevamente hacia el Gremio, decidido a buscar una misión que se ajustara a su inteligencia en lugar de a su fuerza.

—Entonces…

Sino puedo ser espadachín, Talvez podría practicar magia…— Mientras caminaba por las calles, escuchó el fuerte galope de un caballo.

Vio un hombre grueso, envuelto en un abrigo oscuro y montado a caballo, que se movía a una velocidad imprudente a través de la multitud.

Lo peor fue lo que notó sobre la grupa: el hombre llevaba a dos personas, una de las cuales era una figura pequeña y encapuchada que se retorcía.

Una punzada helada le recorrió la columna vertebral.

A pesar de la capucha, el tamaño y la desesperación de la persona le gritaron que era ella.

Era Lyra.

—¡Lyra!

—gritó Hiroki, sin pensarlo dos veces.

Comenzó a correr.

El caballo, sin embargo, era rápido, su galope se convirtió en un eco lejano mientras se dirigían hacia las puertas de la ciudad.

Hiroki no se rindió.

Corrió por las calles, esquivando a la gente, sintiendo cómo el aire le quemaba los pulmones y el corazón le saltaba en la garganta.

Corrió hasta que salió de la capital, viendo cómo el caballo se convertía en un pequeño punto en la distancia.

Siguió corriendo hasta que sus piernas cedieron.

Cayó de rodillas sobre la tierra, jadeando y tosiendo, sus músculos protestando violentamente.

Lágrimas de frustración e impotencia se acumularon en sus ojos.

Había fallado.

En su primera gran crisis como aventurero, no pudo proteger a su compañera.

—¡No puede ser!

¿¡Por que ahora!?

—susurró, golpeando el suelo con el puño.

Justo en ese momento, una carreta tirada por un solo caballo y conducida por una figura seria se detuvo a su lado.

Era Reina, la arquera Rango C que los había salvado de los Goblins.

Reina lo miró con su habitual expresión de fría severidad.

—¿Por qué está tirado en el camino?

Parece que ha corrido un maratón sin sentido.— Hiroki, sin importarle la burla, se levantó tambaleándose y se apoyó en la carreta, recuperando el aliento.

—Lyra…

Fue secuestrada por unos hombres y se dirigen al sur.

No pude detenerlos por que iban demasiado rápido.— Reina escuchó con atención, su expresión inmutable.

—Al sur…

Ahí se encuentra el Archipiélago Shadownet.—preguntó ella, sin emoción.

—No sé que lugar sea ese, pero necesito apresurarme antes de que la vendan o algo.

¡Tengo que ir a buscarla!— Fue entonces cuando Hiroki, en su desesperación, cometió un error.

—¡Ella es mi amiga!

¡Tiene orejas largas y cabello rubio!

Ya debes haberla visto…— Reina se quedó en silencio.

El aire se enfrió.

Reina permaneció inmóvil por un buen rato, mirando un punto fijo en la distancia.

La severidad habitual de su rostro se tornó en algo más oscuro, casi sombrío.

Finalmente, su voz emergió, profunda y decidida.

—Sube.— Hiroki parpadeó.

—¿Qué?— —Sube a la carreta.

Esos contrabandistas solo pueden dirigirse a un lugar, y mi camino coincide.

No te preocupes, te prometo que la salvaré.— El corazón de Hiroki dio un vuelco.

Se subió a la carreta sin dudarlo, la esperanza encendida por el juramento inquebrantable de la arquera Rango C.

Mientras Hiroki y Reina se alejaban de la capital, el pánico por la huida de Lyra no solo se sentía en la gente, sino también en las altas esferas del poder.

——— En el castillo real, el Rey Theron V recibió un informe de sus Caballeros de Plata: “Una Elfa Silvana se infiltró y huyó de la capital, evidenciando un posible espionaje de razas no humanas”.

El Rey Theron V, dominado por su miedo a los no-humanos y bajo la constante manipulación de los Caballeros Blancos, no dudó en actuar, temiendo que la Elfa fuese una espía de Zargoth o de las razas discriminadas.

—Escúchenme, Buscarán a esa elfa por todo el reino.

No puede estar lejos.

Quien la capture, Recibirá una recompensa de mil monedas de oro.

No importa si la traen viva o muerta, Traerán su cadáver frente a mí para comprobar.— Uno de los caballeros blancos soltó una risa burlona.

Levantándose de pie y mirando al resto.

—En marcha.

No dejemos que esa maldición viviente ande merodeando por este lugar.

Va a saber lo que se siente el verdadero infierno.— Soltó otra risa burlona antes de salir del castillo junto con otros cuatro caballeros blancos.

Todos sonriendo con burla, Excepto uno que llevaba una máscara blanca en la parte inferior de su cara, Dejando sus ojos serios.

——— Mientras tanto, Hiroki y Reina viajaron hacia el sur durante varias horas.

A lo lejos se observaba una pequeña aldea, Un lugar para quedarse en la noche.

Reina miró dentro del carruaje y notó que Hiroki seguía dormido.

—¿Por qué fui tan blanda con él…?— Dijo con un tono sereno mientras tiraba la cuerda.

Pronto llegan a la aldea, Reina se detiene cerca de una licorería y baja.

Hiroki despertó poco a poco, Notando el suelo frío y seco de la madera.

Se incorpora y observa que no está en el reino.

—¿Pero que cara-…?— Sale del carruaje y mira a todos lados.

Estaba confundido por haber despertó en otro lugar, Hasta que recordó por qué estaba ahí.

—Ah…

Maldita sea.— Reina sale de la licorería con un tarro de licor en la mano y lo observa.

—Oye ¿Quieres un trago?— Hiroki levanta la vista y se negó inmediatamente, Recordando el sabor de el alcohol en su vida pasada.

—No gracias.

No me gusta beber.— Reina soltó una risa y rodeo a Hiroki en su brazo, Apretandose contra él.

—Debí haber pensado antes de venir con esta alcohólica…— Hiroki intenta separarse de ella pero Reina es muy fuerte y no lo deja.

Él finalmente se rinde y suelta un suspiro frustado, Dejando que ella hiciera lo que le diera la gana.

Horas después, Reina se había agotado y había caído rendida en el carruaje.

Hiroki estaba sentado en la esquina del piso de madera, pensando sobre lo que hará para salvar a su compañera.

Saca su tarjeta y mira que su rango F ha ascendido a E.

Eso lo dejó confundido ¿Las tarjetas se actualizan al detectar al usuario?

—Vaya…

Esto es nuevo.

Supongo que me estoy volviendo más fuerte, Pero aun no tengo un rol.— Se levanta de la carreta y se baja para ir a una biblioteca cercana.

Entró y se dirigió a la selección de magia, toma el libro de magia elemental, Categoría Hielo.

—Supongo que empezaré por esto.— Se dirige hacia la anciana que está sobre el escritorio y coloca el libro frente a ella.

—Disculpe ¿Por cuanto podría venderme este libro?— La anciana levanta la vista hacia el libro y luego a él, Examinandolo.

—Puedo vendérselo en cincuenta monedas de Plata.— Hiroki se quedó atónito, No sabía cuánto era eso.

—¿Y cuantos Yeris es eso…?— —5.000 Yeris.— Hiroki se quedó boquiabierto con el número, Solo tenía alrededor de mil Yeris.

Baja los hombros y deja el libro en la estantería, Regresando hacia la puerta.

—Disculpe las molestias…— Sale de la biblioteca con una expresión de frustración.

Subiendo a la carreta y mirando a Reina, La cual se suponía que estaba ahí.

—¿Donde se habrá ido…?—Suelta un bostezo—De todos modos, Volverá en cualquier momento…— Lentamente cerró los ojos, Durmiendo profundamente.

— Al día siguiente, Hiroki despertó sintiendo el movimiento de la carreta.

Se incorpora y se frotó los ojos.

Mira alrededor y observa que ya no están en la aldea.

—¿Reina…?—Mira hacia el frente y ve a Reina tirando de las cuerdas del caballo—Ah ahí estas…

¿Donde estabas anoche?— Reina ni siquiera tuvo la intención de mirar hacia atrás.

—Eso no te importa.—Señala una bolsa detrás de ella—Saca lo que está dentro del saco.— —¿Por qué no lo haces tú?

Está más cerca de ti—Dijo Hiroki, Aún bostezando.

—Hazlo tú.

Yo estoy ocupada.—Siseo con irritación.

Hiroki decidió no seguir discutiendo y tomó la bolsa.

Metió la mano y sacó un libro, Era el libro de magia elemental de hielo.

Él se quedó confundido y sorprendido al verlo.

—¿Qué?

¿Por qué este libro está aquí, Lo robaste?— —¿¡Me ves cara de ratera!?—Gritó furiosa—¡Te lo he comprado por que vi que no tenias suficiente dinero!

Deberías estar agradecido.— Hiroki se asustó un poco con el tono enojado de Reina, Levanta las manos en señal de rendición.

—No tenias que molestarte…

Pero gracias de nuevo— —También hay una espada a tu lado.

La que usabas era de metal pesado.—Dijo sin bajar su enojo —¿Una espada?

Pero soy malo con ellas…—Toma la espada del suelo y la levanta, Sintiendo el peso liviano y el filo de ella—Increíble.

Es perfecta.

Gracias Reina, Haces demasiado por mí.— —No te estoy ayudando.

Pronto tendrás que pagarme eso.— Hiroki baja la espada, Entendiendo las intenciones de Reina.

Se sienta en el suelo de madera, Observando la espada.

—Lyra…

Ya voy a salvarte.— CONTINUARÁ…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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