Un nacimiento, dos tesoros: el dulce amor del billonario - Capítulo 294
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294: Capítulo 294 – Su Cara Durmiente 294: Capítulo 294 – Su Cara Durmiente Editor: Nyoi-Bo Studio ―¿Mu Yazhe?
El hombre levantó la vista para ver a Yun Shihi llevando una pesada carga de ropa sucia.
Ella vio las hojas que tenían el diseño de un juguete en sus manos y le advirtió severamente.
―¡No toques nada de lo que está aquí, o Youyou se enojara!
Ese estudio era el pequeño mundo de Youyou.
A veces ella entraba a limpiar el polvo y a ventilar la habitación, pero nunca tocaba nada más en su interior.
Colocó las hojas con el diseño y salió del cuarto.
Por el rabillo del ojo, fue como si hubiese descubierto en Nuevo Mundo, vio el dormitorio y fue directamente hacia él.
La frente de ella comenzó a su sudar frío mientras estaba de pie a un lado.
La situación era como si un noble se le diera la oportunidad de recorrer los barrios bajos.
Sin embargo, no lo pensó más y siguió llevando la ropa al cuarto de lavado.
Decidió tomarse ese tiempo para lavar todo.
Mientras tanto, el hombre procedió a seguir haciendo el “tour” al dormitorio.
Al entrar en la habitación, una cama de dos plazas, con una colcha azul claro y una sábana que desprendía alegría y calor, le daba la bienvenida.
A Youyou le gustaba el azul y prefería cosas sencillas, así que las sábanas tenían un diseño minimalista.
Había muchos libros en el velador al lado de la cama.
Tomó algunos de manera casual; había novelas, fábulas, cómics e incluso cuentos de hadas.
Sintió que, a través de esa colección de libros, finalmente había encontrado rastros de inocencia pertenecientes a un niño.
Lentamente se sentó en la cama.
Imágenes de Yun Tianyou aparecieron en su mente; apoyándose en la cabecera y hojeando perezosamente los cómics.
La escuela había recomendado esa lista de libros a los padres.
Yun Shishi compró especialmente unas cuantas series en la librería de acuerdo con la lista de libros y las colocó en el velador.
Antes de irse a la cama por la noche, acunaba al niño en sus brazos y le leía gentilmente cuentos de aquellos libros.
Por lo general, el pequeño muchacho le desagradaba esos cómics y libros que eran como un juego de niños para él; los encontraba un poco aburridos y tediosos, pero debido a que le encantaba que su mami se los leyera, toleraba escucharlos.
Su voz era realmente delicada, su suave y sedoso tono era como la de una dama de Jiangnan hablando en dialecto Suzhou.
Para él, quedarse dormido ante su hermosa voz era lo que le hacía el ser más feliz del mundo.
Ese pequeño cuarto irradiaba una atmósfera llena de vida y una tranquila calidez.
La cama en la pequeña habitación no era lo suficientemente grande como para acomodar el cuerpo de Mu Yazhe, y no podía colocar sus miembros cómodamente sin importar en qué posición estuviese, pero al oler el aroma particular de niño y el olor refrescante y único de Yun Shishi, de alguna manera se sintió en paz en su interior.
La mezcla de fragancias era serena y refinada.
No era ni extravagante ni intensa y era, en cambio, dulce para el alma y curativo para los huesos.
Un momento de tranquilidad lo envolvió en su cálido abrazo.
Cuando ella volvió a entrar en el dormitorio y vio al hombre quien estaba profundamente dormido sobre la cama, dejó escapar una sonrisa de satisfacción.
Recordó claramente a cierto hombre que le había dicho antes que tenía mucho vigor.
Se movió cautelosamente hacia un lado de la cama y se inclinó para observar de cerca la cara durmiente del hombre.
Tenía los ojos ligeramente cerrados.
Bajo las tenues luces, se formaban débiles sombras bajo sus definidos rasgos.
Sus ojos alargados y finos junto a sus pestañas gruesas y negras azabache eran hermosas y atractivas.
Levantó una ceja sorprendida.
Ella recordó que, cuando Youyou nació, él ya tenía el pelo grueso y negro, y una vez que se dormía, unas pestañas suaves y largas enmarcaban sus ojos, eran mucho más tupidas que las de ella.
Resultó que los había heredado de ese hombre.
El tabique de su nariz aguileña era alto.
Parecía ser una estatua había sido creada a través de una artesanía superior y bien hecha.
Ese era en especial el caso de esos labios delgados y besables; eran de una forma que hoy en día eran deseables para besar.
Eran delgados pero arrogantes.
Cuando sonreía, la comisura de sus labios era fría pero encantadora.
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