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Un nacimiento, dos tesoros: el dulce amor del billonario - Capítulo 332

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332: Capítulo 332 – Extrañándola 332: Capítulo 332 – Extrañándola Editor: Nyoi-Bo Studio Ella no pudo ni terminar de decir sus palabras cuando él la sujetó de la muñeca y al instante la arrastró a sus brazos, sus largos dedos pellizcaron su barbilla.

Con los ojos semi-cerrados, la besó un poco con impaciencia y frotó sus labios contra los de ella, moviéndose de un lado a otro.

¡Él la había extrañado un poco!

Durante su viaje de negocios a los Estados Unidos, había extrañado a esa mujer a todas horas.

Echaba de menos su mirada avergonzada, echaba de menos su mirada furiosa con la que lo veía, y aún más, echaba de menos verla florecer lentamente como una flor.

Era absolutamente tentadora.

Pensó tanto en ella que parecía que había sido envenenado.

Parecía que el veneno que corría por sus venas sólo podía ser curado por ella.

Ella era a la misma vez su veneno y su cura.

Cuando la besó, la fragancia del humo del cigarrillo permaneció entre sus labios y dientes.

De repente, el latido del corazón de Yun Shishi aumentó su ritmo, y un efusivo sonrojo apareció en sus mejillas.

Al principio, el beso fue algo dominante; él siguió atacando y ella siguió retrocediendo.

Eso continuó hasta que ella llegó a un callejón sin salida.

Poco a poco, su beso se fue volviendo más suave y parecía que estuviera confortando sus emociones.

Mu Yazhe se sentó a medias, con una mano sosteniendo su cuerpo y la otra rodeando firmemente la cintura de ella.

Se movió un poco y se inclinó lánguidamente sobre el sofá mientras la abrazaba.

Una de sus manos procedió a llevarla a su muslo, y la otra viajó hasta su nuca donde la envolvió.

Profundizó el beso ayudado del ángulo en que estaban unidos.

Suavemente, recorrió el contorno de sus labios.

Rayos de electricidad parecían fluir a través del tacto de él, que hacía temblar su corazón.

Era una reacción innata que venía de lo más profundo de su ser, pero era desencadenada fácilmente por él.

La respiración de ella perdió la estabilidad y lentamente se volvió intensa.

Sus besos siempre contenían una aterradora cantidad de magia.

Él tenía una sonrisa traviesa en el rostro, y tiró maliciosamente de su cuello.

Desabrochó la ropa de ella de forma casual mientras sus helados dedos se deslizaban suavemente sobre su piel.

Sorprendida, se alargó para detener su mano inquieta.

­―¿Qué estás haciendo?

―Tengo hambre.

―¡No te entiendo!

―exclamó ella.

Su cara se volvió ardiente mientras fingía ignorancia del significado oculto de sus palabras.

Él puso una leve sonrisa y volteó la mano de ella parar sujetar la punta de sus dedos, guiándola.

Las puntas de sus dedos se encontraron con los botones de su camisa, y su tez se puso rojo al instante.

Habían pasado unos cuantos días desde la última vez que la había tocado, y ella parecía haberse vuelto aún más tímida.

Había sido sólo un beso, pero su rostro hasta las orejas estaba de un intenso color rojo.

Se veía tan linda.

Le recordó: ―¿No te he dicho que tengo hambre?

―¡Si tienes hambre, entonces, ve a comer!

Ella se estaba enojando y ruborizando al mismo tiempo.

Ella se quejó: ―¿Por qué me dices que tienes hambre?

La forma en que se veía cuando se enfadaba, era tan linda.

Simplemente le encantaba burlarse de ella de esa manera.

―Mujer, ¿realmente no lo sabes, o estás fingiendo que no lo sabes?

Él se lamió y besó la comisura de sus labios, la punta de su nariz tocando la de ella, mientras le susurraba: ­―Quiero comerte, ¿no lo entiendes?

Ahora, ella lo entendía.

Y le tiró dagas con ojos.

¿Cómo podía ese hombre decir esas palabras tan descaradas con tal audacia?

¿No tiene vergüenza?

Respiró profundamente una bocanada de aire frío y se lo tragó.

Sus manos presionaron su pecho.

―No.

―¿No?

―Mmm.

―¿Por qué no puedo dormir con mi mujer?

¿Cómo podía ser tan dominante ese hombre?

Estaba enloqueciendo un poco, pero con el cansancio que tenía, sólo había querido disfrutar de una buena comida y de una cómoda siesta, pero… las cosas no estaban saliendo como ella las había deseado.

Él examinó sus ojos penetrantes y se decepcionó un poco.

Así que le pellizcó la barbilla y volvió a cubrir sus pequeños labios con los suyos.

Presionó sus labios, respiró y dijo: ―Te extrañé.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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