Un nacimiento, dos tesoros: el dulce amor del billonario - Capítulo 384
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384: Capítulo 384 – ¿Sangre?
(2° Parte) 384: Capítulo 384 – ¿Sangre?
(2° Parte) Editor: Nyoi-Bo Studio Ella le echó un vistazo y examinó su perfil extremadamente atractivo.
Tenía un puente nasal alto, labios escalofriantemente delgados y un mentón altivo.
Sus clavículas, las que estaban expuestas por el cuello de la camisa que estaba ligeramente abierta, eran sexys y bien definidas.
Parecía un antiguo dios griego que había salido del mural de una pared.
Cada pincelada era como una hábil ilustración, ¡era extremadamente apuesto!
Ella debía de admitir que, a pesar de que sus acciones eran despreciables, ella podría albergar algunos sentimientos por él… Mu Yazhe frunció el ceño cuando se dio cuenta de que ella le miraba de cerca, él bajó sus ojos escalofriantes hacia ella.
―¿Qué?
Aturdida, Yun Shishi se apresuró a calmar sus nervios y apartó su mirada de él.
¡Realmente se sintió un tanto satisfecha!
Aunque él mantenía una mirada distante, por lo que ella podía recordar, nadie más que él, la había tratado así de bien y había mostrado tal preocupación.
Cuando llegaron a la suite del hotel, él la dejó en el suelo y ella corrió al baño como un conejo huyendo.
El hombre miró la puerta cerrada y estuvo a punto de irse cuando, un segundo después, cierta mujer tímida y malhumorada abrió la puerta dejando apenas una rendija y le suplicó con la respiración entrecortada: ―¡Mu Yazhe, ayúdame a comprar una… toalla higiénica!
Habló en un tono severo.
―Haré que alguien lo compre para ti.
Ella exclamó: ―¡No!
Mu Yazhe, no dejes que otros la compren, ¿de acuerdo?
¡Era demasiado vergonzoso!
Su rostro sin expresión se endureció y se volvió sombría.
―¿Qué diferencia hay?
Estaba perpleja.
De hecho, no había mucha diferencia.
Sólo que la idea que alguno de sus fornidos choferes o ayudantes hicieran ese tipo de compras, la hacía sentir incómoda.
Estaba demasiado avergonzada para pedirles un favor de ese estilo, así que hizo pucheros y actuó de forma intencionada.
―¡No me importa!
No voy a usar ninguna si no eres tú quien la compre.
―¡No seas obstinada, mujer!
Se hizo la tímida y puso una mirada lamentable.
―Mu Yazhe… La expresión del hombre se volvió fría al ignorarla de nuevo.
No dijo nada más y se fue sin titubear.
Sus cejas se arrugaron con ira.
¡Ese hombre era demasiado despiadado!
¿Iba a ignorarla y dejarla, así como así?
Cinco minutos más tarde.
Cuando el altivo príncipe de la capital, la figura muy bien conocida del sector financiero, se detuvo en la góndola de los productos de cuidados femeninos, y cuando sus delgados dedos levantaron un lindo y delicado paquete de Toallas Higiénicas Sofy, todos en la tienda se quedaron tan atónitos que le lanzaron miradas de soslayo.
Le dieron todo tipo de miradas, juzgándolo y evaluándolo… Mu Yazhe apretó esa cosa con fuerza mientras la sangre en su pecho se agitaba.
Barrió con su mirada helada y provocó que el aire de toda la zona cayera al mismo tiempo.
A temperatura bajo cero.
¿Qué estaban pensando?
¡De todos modos, eso era algo más peligroso que ser disparado por un arma!
Como él no tenía ni idea de todo eso, compró de todo un poco, de diferentes tamaños y usos.
Mientras pagaba, la cajera se quedó atónita ante el surtido de toallas higiénicas que tenía en frente.
Los lindos paquetes rosa y azul de las toallas higiénicas contrastaban mucho con la expresión severa del hombre.
Oh, Dios.
¿Qué tan fuerte había sido el período de aquella mujer para tener que haber comprado tantas?
¡Eran suficientes para usar por un año o más!
Sin embargo, cuando vio una caja de ropa interior de algodón para damas envuelta entre los objetos, ¡miró directamente hacia el vacío!
… Emm.
No era un pervertido, ¿verdad?
Ella miró al hombre que tenía en frente, quien iba inmaculadamente vestido y guapo; ¡no podía imaginar que fuese de ese tipo!
Se metió las manos en los bolsillos y sintió una mirada inusual de la cajera, quien lo inspeccionaba.
La miró fríamente, haciendo que ella bajase dócilmente su cabeza para escanear los artículos.
Ella no se atrevió a mirarlo de nuevo y se esforzó a empacar todo muy bien.
Para cuando vio salir al hombre, su espalda estaba toda empapada en sudor frío.
¡Qué aura tan aterradora…!
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